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Vladimir Vladimirovich Putin

26 de julio de 2018

Vladimir Vladimirovich Putin

Biografía de V. V. PUTIN, por Curzio Nitoglia.

Prólogo:

Los recientes hechos bélicos en Crimea y Ucrania (enero/septiembre de 2014) han comprobado lo que hasta ayer podía aparecer, a los ojos de muchos, solamente una probabilidad. El Nuevo Orden Mundial quiere destruir a Putin y a la Rusia putiniana, porque está desempeñando el papel del Katejón, es decir el “obstáculo que retiene” (San Pablo) la fuerza de la subversión mundialista y globalizadora (Israel, USA y Arabia Saudita wahabita). Si no hubiera estado Putin, Estados Unidos habría hecho sufrir la misma suerte a Siria como lo hicieron con Irak. El obstáculo que detuvo la invasión de Siria y después de Irán y finalmente de Rusia fue Putin. Este es un hecho y “contra los hechos no hay argumento”.

Ahora Putin se ha convertido para los medios de comunicación masivos financiados por la “contra-iglesia”, en el nuevo Hitler, el nuevo Saddam, el nuevo Gaddafi, el nuevo Assad a ser eliminado. Se inicia con la manipulación del pensamiento (Putin ya es tomado por loco) por la prensa, la televisión y la radio, para terminar con una condena capital pública y ejemplar (como sucedió con Saddam y Gaddafi), una especie de “Nuremberg 1946 permanente”, que no puede terminar, como sucedió con la shoah.
La Europa y la Italia del siglo XX, esclavas de los Estados Unidos a partir ya de la primera y sobre todo de la segunda guerra mundial, se han convertido en una mera base logística de aterrizaje y lanzamiento para los aviones de Estados Unidos e Israel (que también tiene, desde hace algunos años, parte de su flota aérea en Cerdeña). La Unión Europea del siglo XXI es geopolítica y financieramente un apéndice de los Estados Unidos de América (USA), de hecho una apendicitis inflamada y ahora purulenta cercana a la peritonitis.
Además, la política de la UE hacia Rusia, como sucedió con Irán y Libia, es autodestructiva para la economía de la Vieja Europa. De hecho, el embargo decretado por los Estados Unidos y la UE contra Rusia tiene repercusiones muy graves en la economía europea, ya en semiquiebra proclamada a partir del 2010.
El aliado natural (físico, histórico, cultural y geográfico) de Europa, ¿no debería ser precisamente las naciones limítrofes del este europeo y del Mediterráneo: Rusia occidental o europea (no forzosamente la asiática), Siria y Libia?
¿No es el Atlántico un espacio demasiado vasto (respecto al Mediterráneo y Europa del Este) para poder ser atravesado fácilmente y abastecer, por ejemplo, a la Europa occidental de gas, que Rusia no nos dará más y que los yihadistas de ISIS (Daesh-ISIL) han, recientemente, quemado casi completamente en Libia después de la ejecución (decretada en USA, por el Presidente Obama y seguido por la Francia del Presidente Sarkozy) de Gaddafi?
Sin embargo, el UE se ha alineado, de manera suicida, contra sus vecinos de tierra y mar, con los que comerciaba (importando y exportando) y con los que ya no podrá hacer negocios justo en el momento de su mayor necesidad.
Los políticos europeos (marionetas en las manos de la Alta Finanza y de los Clubes Think-tank mundialistas israelamericanos) simulan que el rey está vestido (es decir que Europa e Italia gozan de plena “salud”, ver Matteo Renzi), siendo que al contrario, “el rey está desnudo” (ver Christian Andersen). En realidad, es necesario despertar y unir nuestras fuerzas para detener el “tránsito ideológico/financiero inadvertido” hacia la plutocracia israelita-americana y ver si no nos conviene mejor estar con Putin antes que con Washington, Tel Aviv o “Bruselas”.
Para comprender mejor esta cuestión, es útil conocer la vida y el pensamiento de Vladimir Putin. Para esto, nos es útil un libro bien documentado, recién publicado por el editor Mondadori de Milán, titulado “Putin. Vida de un zar”, escrito por Gennaro Sangiuliano, subdirector de TG 1 y colaborador de Sole 24 ore. Me baso en él para darle al lector las características esenciales de la personalidad de Vladimir Putin.

Introducción panorámica
Vladimir Putin nació el 7 de octubre de 1952 en Leningrado (hoy, San Petersburgo), que fue la ciudad soviética que sufrió el asedio más masivo y sangriento en la guerra entre Alemania y la URSS, asedio que duró unos 3 años y en el cual murieron alrededor de un millón de ciudadanos.
Los padres de Putin, que vivían en Leningrado durante la segunda guerra mundial, escaparon a la muerte, pero la madre casi muere de hambre y el padre fue herido gravemente de una bala en su pierna en batalla, herida que lo dejará semi-inválido por toda su vida.
El joven Vladimir era pequeño de estatura, grácil, pero muy fuerte de carácter, muy valiente, casi temerario; con una inteligencia viva y ágil que lo llevó a leer mucho, aunque su talante era de un joven “de calle” turbulento y, como él mismo lo ha dicho, “un sinvergüenza”.
A los 12 años Vladimir leyó “El escudo y la espada”, un best-seller que cuenta las aventuras de un 007 soviético, que se convirtió en un popular programa de televisión, una especie de James Bond soviético. De su amor por este personaje nació su vocación de entrar en el KGB, el servicio secreto soviético, después de haber obtenido un brillante título de abogado en una de las universidades más prestigiosas de la URSS, convirtiéndose después en coronel y luego Director de la KGB (así como Vicealcalde de Leningrado y Presidente de Rusia desde el 2000).
La mentalidad de Putin representa el intento de Rusia después del colapso de la URSS (1989) de resistir la americanización, la occidentalización y, por ende, la globalización del mundialismo. Él, además, ha evitado la restauración del comunismo en Rusia después de 1989, debido a la incompetencia de los “demócratas”, es decir, los partidarios de Boris Yeltsin.
Ciertamente Vladimir ha combatido con firmeza y despiadadamente la guerra contra Chechenia, que fue una “guerra sucia, como lo fue la de los americanos en Vietnam, pero con la diferencia que la primera era parte de Rusia, mientras que Indochina estaba a miles de kilómetros de Washington”. (G. Sangiuliano, Putin. Vida de un zar, Milano, Mondadori, 2015, p. 6).
Además, “la presencia masiva de guerrilleros chechenos en Siria, Irak, -al lado de los talibanes e ISIS, revela que, si Putin no hubiera masacrado a la Chechenia islámica, surgiría en Rusia un califato islámico que amenazaría la seguridad global” (ibíd.)
La Rusia de Putin no es una democracia, y esta es la objeción más frecuente contra el Presidente ruso, pero “Rusia no puede ser una democracia porque si lo fuera no existiría” (L. Caracciolo, la Repubblica, 7 marzo 2015).
Los politólogos hablan de “democracia controlada” para distinguir el régimen de Putin del totalitario soviético, del régimen zarista autoritario y al mismo tiempo de la “democracia libertaria y agnóstica” occidental, que olvida sus tradiciones culturales y religiosas, las que, por el contrario son la base común de la Rusia de Putin.
Por Putin el gobierno de Rusia no puede tenerse sin un apego profundo al sentido de la jerarquía y el mando, al pueblo entendido como comunidad arraigada en la misma tierra o Patria, que tiene una tradición religiosa bien específica (el Cristianismo) y una cultura, (especialmente literaria y musical, física, matemática y química) de primer orden.
En cambio, los intelectuales occidentales han perdido el contacto con la realidad y el pueblo (que no son las masas) ha instalado una sociedad desarraigada, sin tierra, Patria, religión, tradición, jerarquía, orden, disciplina y sobre todo sin alma cultural y religiosa.
En términos generales, la cultura, la tradición, la religión, una cierta metafísica han tenido un papel fundamental. Según Putin, para poder mantener en pie un país.
La deficiencia de todo eso ha llevado, según Putin, al derrumbamiento de la URSS en 1989 y llevará al derrumbamiento de EE.UU. y el Occidente atlántico, que ha cortado sus raíces europeas para instalarse, contra su naturaleza, en el desierto cultural, espiritual y tradicional de América del Norte, que puede relacionarse a lo sumo con el Iluminismo británico, que es la negación de la metafísica europea o sea grecoromana y cristiana.
Un personaje, que es un punto de referencia para la cultura metafísica y tradicional, ha desempeñado un papel de padre y maestro para Putin: Alexander Soljenitsin, el cual siempre le ha recordado a oriente como a occidente que la solución a los problemas creados por el comunismo soviético a Rusia, no podía ser el liberalismo anglosajón y especialmente el americano.

La adolescencia de Putin
Un episodio en la vida de Putin a los 13 años nos hace comprender su personalidad, su carácter y su modo de pensar y actuar (cfr. G. Sangiuliano, cit., cap. I).
Una mañana un niño amigo de Vladimir es golpeado, en el patio de su casa en un barrio popular y periférico, sin razón alguna, por un bribón grande y gordo de 18 años. Vladimir asiste impasible a la escena y no interviene porque el pillo está acompañado por una nutrida “banda”. Pero para él, la amistad es sagrada y, por lo tanto, decide vengar a su amigo. Se sienta en el medio del patio y espera que el acosador vuelva a casa por la noche. La lucha sería desigual, pero Vladìmir salta sobre el bribón y lo coge a puños, patadas, arañazos, mordidas. (G. Sangiuliano, cit., p. 13). El bribón es superado por la agresividad de Putin, la cual uno de los componentes de su carácter juvenil, la que fue domada después con el judo, la reflexión, los estudios y su deseo de entrar en la KGB. El no abandonar a un amigo, sobre todo si éste se encuentra en desgracia o en dificultades, forma parte de la personalidad de Putin, y esto no debe olvidarse ni siquiera a nivel internacional, político y bélico.
El padre de Vladimir se alistó como voluntario en un cuerpo de élite de la Armada Roja, perteneciente a la NKVD (la antigua KGB) y combatió en la batalla en las orillas del Neva donde los enfrentamientos fueron muy crueles e incluso feroces, y regresó a casa terminada la batalla de Leningrado, como inválido permanente de una pierna. Se inscribió desde joven en el Partido Comunista Soviético y era un comunista convencido y militante.
La madre estuvo a punto de morir de hambre en el largo asedio de Leningrado y ha padeció por ello toda su vida caminando a duras penas y siempre apoyándose a un bastón. Putin ha confesado haber sido bautizado en secreto por su madre, ferviente cristiana, contra el parecer del padre, convencido ateo bolchevique.
Acabada la guerra el padre de Vladimir encuentra un puesto como obrero especializado en una fábrica de material ferroviario.
La casa de la familia Putin mide 20 metros cuadrados, consta de una sola habitación en la que se duerme, se come, se estudia. Naturalmente la calle se convierte en el lugar preferido del joven Vladìmir, que admitirá haber sido un pequeño bribón callejero y de haberse conquistado un espacio vital en la dura vida de la periferia de Leningrado. La agresividad es una característica del carácter de Vladimir, que no soportaba ser insultado, y recurría inmediatamente a los puños de manera muy violenta y casi furiosa.
En la escuela, es vivaz, inteligente, indisciplinado, agresivo, pero capaz de tener éxito en los estudios. “A medida que crecía, Putin, a pesar de mantener un carácter vivaz, mejoró mucho en las relaciones con la escuela, comenzándose a distinguir por su inteligencia y empeño. Para los 13 años era uno de los elementos más brillantes, seguía con atención las lecciones, profundizaba y leía constantemente. […]La predisposición a los gestos de violencia permanece, pero Vladìmir trata de dirigirla en una actividad deportiva: prueba el boxeo, pero le fracturan el tabique nasal. Entonces elige una lucha típicamente rusa, que combina elementos de karate y judo con la añadidura de algunos movimientos de cuerpo a cuerpo populares rusos. […] La pasión por las artes marciales continuará en los años sucesivos y Vladimir se dedicará al judo, convirtiéndose en 1976 en el campeón de la ciudad de Leningrado, después de haberse convertido en cinturón negro del sexto dan” (G. Sangiuliano, cit., p. 22).

El amor por la KGB
La sede de la KGB de Leningrado infunde temor a todos, pero en 1968 un muchacho delgado de 16 años entra rápido en aquel edificio y pregunta a un agente de guardia informaciones para trabajar en la KGB. El agente responde con fastidio que no se elige al KGB, sino que se es elegido. Además se requiere un título en derecho (G. Sangiuliano, cit., p. 39). Vladimir finaliza sus estudios secundarios, aprende alemán e inglés bastante bien y rinde el examen para ser admitido en la Facultad de Jurisprudencia de Leningrado, cosa muy difícil en aquellos años en que la universidad estaba reservada para los hijos de los burócratas del Partido Comunista soviético. A pesar de esto, Vladimir supera el examen y entra en la facultad de leyes en 1970.
Pero también en sus años universitarios, Vladimir “mantiene su carácter introvertido y sospechoso de todos […] No bebe alcohol, no juega, es frío de carácter”. (G. Sangiuliano, cit., p. 42).
Otra pasión de Vladimir es la música clásica.
Además es ordenado y cauto también en las amistades femeninas. Durante los estudios conoce a una estudiante de medicina muy bonita, con quien emprende una relación importante […].
“Fue un amor muy importante, estábamos decididos a casarnos”, recuerda años después Vladimir, “pedimos una licencia matrimonial, todo estaba listo… anular la boda fue la decisión más difícil de mi vida. Fue verdaderamente tremendo, me sentí muy mal. Pero decidí que era mejor sufrir entonces a que ambos tuviéramos muchos problemas después”.
Se concedía el divorcio en la URSS, pero se veía mal en el Partido para los que se proponían hacer carrera. ¿Por qué el joven Putin rompió la promesa de matrimonio? Nunca lo aclaró, pero es probable que se debió a la carrera […] el KGB habría sugerido no casarse demasiado joven” (G. Santangelo, cit. p. 44-45).
En la facultad de jurisprudencia de Leningrado, Vladimir se cruza por primera vez a Anatolij Sobciack, un jurista valioso y erudito. Ahora, definir a Sobciack como un disidente, como Sacharov y Soljenitsin, es excesivo, pero pertenece al círculo de intelectuales que no están en sintonía con el régimen soviético. Él propugna, en sus lecciones universitarias, el paso de una economía socialista a una economía de mercado. El joven Putin queda fascinado.

La llamada de la KGB
Después de cuatro años de universidad, Putin recibe una llamada telefónica. Era un funcionario de la KGB que quería encontrar a Vladimir y quedó bien impresionado del carácter reservado, no particularmente efusivo, pero lleno de energía, de flexibilidad mental y de valor del joven Putin, quien además hablaba a la perfección el alemán y el inglés. Entonces fue reclutado en el KGB.
A los 23 años Putin se gradúa con una tesis de derecho internacional, lo que le abrirá las puertas más tarde para su trabajo de agente secreto en Alemania oriental [la DDR]. Estamos a mediados de los años setenta, la URSS está en la cúspide de su poder militar, tecnológico y político. En cambio, Estados Unidos está en dificultades: la guerra en Vietnam acaba de terminar con la derrota estadounidense (abril de 1975), y el escándalo Watergate obliga al presidente Richard Nixon a renunciar. El nuevo presidente Jimmy Carter no tiene experiencia ni una clara visión de política exterior. Esta debilidad de Estados Unidos terminará en 1981 con la llegada a la Casa Blanca de Ronald Reagan y URSS intenta explotar la momentánea crisis norteamericana.
Después de 4 años de la renuncia de Nixon, los soviéticos estaban convencidos, gracias a los reportes de la KGB, que la caída de Nixon había sido determinada… por un complot urdido por los enemigos de la distensión. Los servicios secretos soviéticos indicaban expresamente a los sionistas o mejor, el lobby hebreo”. (G. Sangiuliano, cit., p. 50).
Sin embargo, la potencia de la URSS corresponde solo a la superficie de la sociedad civil soviética. La realidad es el fracaso social, económico y político. El socialismo real ha producido una miseria generalizada en toda la Unión Soviética. Lo único que lamentablemente no falta, es el vodka, que alimenta la plaga social de un alcoholismo muy extendido.
No obstante, la universidad soviética continúa formando una clase de físicos, matemáticos y químicos geniales, cuyos descubrimientos son, sin embargo, abrumados por la burocracia.
El comunismo soviético ha fracasado
La KGB ya desde los años Setenta fue bien consciente de esta situación real de deterioro interior y sustancial, que estaba opuesta diametralmente a la fachada de potencia, ya solamente exterior y accidental, de la URSS. Esta es otra paradoja soviética: el hecho de que el KGB, o la punta de diamante del socialismo real, esté perfectamente consciente del fracaso y la implosión del comunismo ruso, negado por la clase dominante y apenas advertido por la población.
Por un lado, la propaganda política del Partido Comunista exaltó la magnitud aparente de la URSS y, por otro, los servicios secretos soviéticos “estaban concientizados de que el sistema estaba podrido y no duraría mucho”. Pero en los años setenta, la implosión todavía está lejos, incluso si los gérmenes de la ruina son una constante”. (G. Sangiuliano, cit., p. 55).
También el nivel altamente especializado de la KGB comenzaba a crujir. Putin se da cuenta de inmediato.
En febrero de 1976 se le ordena sustentar un curso operativo en Ochta, uno de los centros más calificados de la inteligencia soviética y lo define: “una escuela absolutamente insignificante” (G. Sangiuliano, cit., p. 56).
En la década de 1970, estalló el caso de la disidencia de los grandes intelectuales rusos. Alexandr Soljenitsin escribe Archipiélago Gulag en 1972, que se traduce al inglés y se disemina en medio mundo en 1974.
El consenso es abrumador también en la URSS. Breznev pierde el control y lo califica como “una grosera caricatura antisoviética escrita por un matón”.
Soljenitsin repite sosegadamente y con argumentos sólidos: el comunismo querría durar para siempre, pero ha fracasado irremediablemente; la única vía de salvación por Rusia es abandonar el marxismo-leninismo para adherirse a una ideología política nacional y patriótica de base religiosa.
Putin está plenamente de acuerdo con Soljenitsin. Andropov, el entonces director de la KGB, está preocupado ya que entiende que la situación real es aquélla descrita por Soljenitsin.
Putin siempre ha afirmado, en varias entrevistas reportadas por Gennaro Sangiuliano en su libro, que nunca participó en las actividades represivas de los intelectuales disidentes ya que su misión era la de contraespionaje.
Por el contrario, algunos colegas de Putin declararon que Vladímir “había desarrollado los mismos puntos de vista que Sajarov y tenía un respeto especial por Soljenitsin”. (G. Sangiuliano, cit., p. 62).
“El agente Putin se convence progresivamente de que la URSS está podrida en el sistema, de que el estancamiento económico nunca se superará a menos que se tenga el valor de romper el molde del socialismo real y avanzar hacia una economía de mercado, porque la propiedad privada es un elemento natural de la esencia humana” (ibíd.).

El matrimonio
El 28 de julio de 1983 Vladímir se casó, después de 3 años y medio de noviazgo, con una joven llamada Ludmila. Ella también había sido bautizada secretamente a la edad de 5 años por su madre, cuya religiosidad nunca dormida sería decisiva para el despertar religioso de Putin unos años más tarde.
Un hecho que ocurrió entre Vladímir y Ludmila durante su noviazgo, del que informa Sangiuliano, nos hace comprender aún mejor la personalidad de Putin. Es muy celoso y no acepta comportamientos demasiado alegres u occidentales.
“Una vez, durante una velada en un club donde Ludmila se desató bailando con sus amigos, Vladìmir la lleva a un lado y le dice con un tono duro: “Nuestra historia no tiene futuro”. La chica estaba conmocionada…” (G. Sangiuliano, cit., p. 71).
En 1985 María, la primera hija, nació en Leningrado; la segunda, Katerina, nació en Dresde. La primera lleva el nombre de la madre de Putin y la segunda el de su madre, según la tradición.

En Alemania del Este
Putin llegó a Dresde en 1985, justo después de la muerte de Cernenko y de la llegada de Gorbachov al Kremlin.
“La crisis moral y material del comunismo, latente desde hace al menos veinte años, estalla e inicia el período de turbulencias que culminará con la disolución de la URSS”. (G. Sangiuliano, cit., p. 79).
En noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín y la sede de la Stasi (la policía política de Alemania Oriental) fue sitiada; el 3 de diciembre le toca a la sede de la KGB de Dresde donde residía Vladimir, que seguía siendo un mayor de la KGB. Él decide no usar armas; la policía de Alemania Oriental está paralizada y no está ayudando a sus colegas de la KGB. Putin va a hablar a la multitud de manifestantes y sólo cuando llegó un destacamento militar soviético mucho más tarde se dispersó la multitud amenazante.
“Hubo muchas amenazas verbales, pero no pasó nada violento. Los agentes de la KGB estaban armados, pero el joven mayor había recomendado moderación y calma. Por lo demás, todo estaba claro: “Tenía la impresión de que el país ya no era más. Estaba claro que la URSS estaba enferma de esa enfermedad mortal que se llama parálisis del poder”.(G. Sangiuliano, cit., p. 84).

El colapso del comunismo soviético y el regreso a Leningrado
La ciudad está en caos, el suministro de alimentos es escaso, la calefacción es un lujo, el caos y la anarquía reinan en la URSS.
Putin sintió una gran decepción por el colapso de todo. Decepcionado, se preguntó: “¿Cómo han podido equivocarse? ¿No escucharon nuestras palabras? ¿Nadie en Moscú leyó nuestros informes? Les advertimos lo que iba a suceder”. (G. Sangiuliano, cit., p. 87).
La perestroika de Gorbachov (reestructuración) y la glasnost (transparencia) no logran nada. Gorbachov es un líder comunista que piensa que puede resolver el problema soviético distinguiendo entre el verdadero y el buen comunismo contra el falso y el malo. No tiene intención de derrocar al Partido Comunista Soviético, quiere rejuvenecerlo y curarlo, pero dentro de la URSS no tiene tanto éxito como en el extranjero. La degradación económica va acompañada de un caos político y de la presencia constante de la delincuencia organizada. Además, el fin del comunismo trae consigo el despertar religioso cristiano y también el peligro del nacimiento de una especie de califato islámico en las antiguas repúblicas soviéticas de fe musulmana. En 1988 comenzaron los primeros conflictos en el Cáucaso entre Azerbaiyán musulmán y Armenia cristiana, y en 1992 se inició una guerra abierta.
Mientras tanto, el ingeniero Boris Yeltsin asciende, demostrando desde el principio que realmente quiere cambiar el status quo de la URSS y no sólo la fachada, como Gorbachov. El 15 de marzo de 1989 Gorbachov fue elegido Presidente de la URSS, pero el 29 de marzo Yeltsin fue elegido Presidente del Congreso de la República rusa y no soviética.
Desde ese momento, Moscú tuvo dos parlamentos de facto, con dos presidentes: una estructura soviética y otra rusa. Esta situación no puede durar. Gorbachov está cada vez más aislado dentro de su país, parece un visionario que sueña con el restablecimiento del comunismo soviético de una forma menos radical como había ocurrido en el proceso de des-stalinización.
“El 17 de agosto de 1991 se produjo un golpe de estado comunista radical contra Gorbachov, que permaneció pasivo. Yeltsin se opone enérgicamente al golpe y Putin está con Yeltsin. La actitud decisiva de Yeltsin provocó el fracaso del golpe. Gorbachov es removido por Yeltsin, quien decretó el fin de la URSS y del PCUS” (G. Sangiuliano, cit., p. 101-103).
Putin está tentado de dejar la KGB y dedicarse a su carrera universitaria como ayudante de su antiguo profesor Sobcak, el más grande jurista ruso, que en 1990 se convirtió en alcalde de Leningrado con Putin como vicealcalde. Pero en 1993 se produjo un segundo golpe de los veteranos comunistas contra Yeltsin y Sobcak. En las horas más críticas, Sobcak se atrinchera en la dacha de Yeltsin cerca de Moscú y el arresto de Yeltsin fracasa dos veces (el comunismo soviético está realmente en crisis). Putin regresa urgentemente a Leningrado, ahora llamado San Petersburgo.
“Recoge hombres armados y los alinea en el aeropuerto” (G. Sangiuliano, cit., p. 114).
El golpe fracasó debido a la “reacción militar eficiente”. Yeltsin ordena el asalto a las fuerzas especiales del Grupo Alfa, entre los atacantes hay una unidad especial, el tradicional cuerpo de cabezas de cuero rusas, llegado de San Petersburgo. El ex Teniente Coronel Vladìmir Putin coordina la transferencia y se encarga de su logística” (G. Sangiuliano, cit., p. 137).

La conversión de Putin
En 1991 la dacha de la familia Putin se incendió. Dentro estaban María, la hija mayor, y la secretaria de Putin (quien era entonces vicealcalde de San Petersburgo).
Putin entró en la casa en llamas, tomó a su hija y la arrojó por el balcón hacia los brazos de algunas personas que acudieron y que la agarraron al vuelo, luego ayudó a la secretaria a bajar gracias a unas sábanas rasgadas y atadas. Pero cometió una imprudencia: regresó a la dacha, ahora llena de gases tóxicos, para recuperar una bolsa en la que tenía todos sus ahorros, pero fracasó y para encontrar la salida tuvo que envolverse en una manta que le había dado su madre, que la consideraba bendita. Luego salió un segundo antes de que todo colapsara.
“A este episodio se atribuye la conversión de Putin, aunque ya había sido bautizado en la religión cristiana ortodoxa”. (G. Sangiuliano, cit., p. 129).

Los oligarcas y la mafia rusa se apoderan de la familia Yeltsin.
Rusia, sin embargo, habiendo terminado su rigor soviético, entró en un estado todavía incierto e indefinido en el que Yeltsin, caído víctima del alcoholismo, la enfermedad y de la avaricia de sus hijas, acabó en los brazos de algunos especuladores (oligarcas) que habían empezado a comprar a los gigantes de la industria rusa por poco dinero. Además, la mafia había comenzado a aprovechar este estado de vacío de autoridad y había penetrado en los ganglios vitales del Estado y la economía.
Sobcak era un hombre de cultura pero no de gobierno y no podía remediarlo, parecía desconectado de la realidad. Gennaro Sangiuliano compara Rusia a principios de los años noventa con Palermo en los años setenta, sufriendo dos enfermedades graves: el capitalismo desenfrenado y desordenado y el crimen organizado que busca reemplazar al Estado.
El único político capaz de hacer frente a esta situación era Vladímir Putin.
“Yeltsin ha tenido indudables méritos históricos y al mismo tiempo innegables deméritos. Fue el hombre que defendió a Rusia de los restauradores del estalinismo, pero que permitió un auténtico Far West económico-social. […]. Yeltsin creía que Rusia podía convertirse en una economía de mercado como la estadounidense y confió la dirección de la economía a los economistas llamados neo-Chicago boys de Leningrado, liderados por Egor Gajdar y Anatolij Cubais [el encarnizado enemigo de Putin porque no lo considera manipulable], que abogaban por una terapia de choque según las teorías ultraliberales”.(G. Sangiuliano, cit., p. 138).
En el 1996 la salud tambaleante de Yeltsin se hunde. En 1998, llegó a Rusia un apoyo financiero del Fondo Monetario Internacional (FMI) de 11.000 millones de dólares, un año después de que una investigación del Tribunal de Cuentas ruso demostrara que una gran parte de esos dólares, en lugar de ir a apoyar a la agonizante economía rusa, habían entrado en las arcas de 27 bancos comerciales, muchos de ellos no rusos… Por lo tanto, el apoyo a Rusia era sólo una ayuda a los bancos americanos y europeos y quizás a algún oligarca “ruso” de origen israelí. (G. Sangiuliano, cit., p. 147-148).
“El 25 de julio de 1998 Putin fue nombrado director de la nueva KGB (FSB), pero la FSB ya no tenía el poder del pasado, de hecho muchos de sus agentes estaban al servicio de los oligarcas o de la mafia rusa”. (G. Sangiuliano, cit., p. 151).
Durante este tiempo Sobcak había caído en el olvido, pero Putin no lo ha olvidado y lo hace regresar de Francia, donde había emigrado. Uno de los rasgos sobresalientes de su carácter es que no abandona a un amigo, especialmente si ha caído en desgracia.
El 9 de agosto de 1999 Yeltsin, que, a pesar de su dependencia del alcohol y de la mala familia que lo rodea, mantiene un rayo de sentido común y amor patrio, nombró a Putin primer viceministro. De hecho, entiende que ya ha terminado como hombre y como líder y entiende que sólo Putin tiene la fuerza, la inteligencia y el coraje para enfrentarse a los oligarcas “rusos” y a la mafia que ha invadido toda la sociedad rusa.

La guerra contra el islamismo checheno
El 13 de septiembre de 1999, un edificio entero fue volado en Moscú, hogar de las familias de policías rusos. Se trata de terrorismo. La responsabilidad recae en los islamistas chechenos. La respuesta de Yeltsin es muy dura, pero quien toma las riendas de la reacción es Putin, que pronuncia una frase que sigue siendo famosa:
“Es inútil que se escondan, los perseguiremos dondequiera que huyan, dondequiera que se escondan. También en el retrete. Y los mataremos en el retrete”. (G. Sangiuliano, cit., p. 168).
Comienza el trágico enfrentamiento entre Rusia y los separatistas chechenos de origen islámico. En 1991, Chechenia, aprovechando la debilidad de Rusia, proclamó su completa independencia de Moscú. En 1994 Yeltsin envió 40.000 soldados a Chechenia para recuperarla, pero el Ejército Rojo es ahora un fantasma y después de dos años Yeltsin se ve obligado a reconocer la independencia de Chechenia.
Putin, que se ha convertido recientemente en jefe de gobierno, entiende que la cuestión chechena es crucial para la supervivencia de Rusia. Comenzó, por lo tanto, un uso masivo de la aviación, bombardeando las posiciones de la guerrilla chechena. Los ataques son ahora masivos y brutales. El 25 de agosto de 1996, los generales rusos anunciaron la derrota y la eliminación de más de mil guerrilleros chechenos.
Putin afirma: “Estaba convencido de que si no hubiéramos detenido a la guerrilla, habríamos acabado convirtiéndonos en una segunda Yugoslavia. Era necesario recuperar Daguestán y expulsar a la guerrilla chechena”. (G. Sangiuliano, cit., p. 173).
La segunda guerra emprendida por Putin es contra los oligarcas. Él…
“No sólo no quiere ser manipulado por los oligarcas, sino que decide que ha llegado el momento de separarse de ellos” (G. Sangiuliano, cit., p. 176).
Yeltsin sigue siendo de jure el líder, pero debe renunciar al poder porque ya no puede ejercerlo, ahora esclavo del alcohol, de los oligarcas y de la mafia rusa (que es una especie de brazo armado de la oligarquía “rusa” neoliberal).
Occidente, sin embargo, no quiere que el poder pase a Putin, que serviría a los intereses de Rusia. Pero el poder debe ser ejercido, si no por Putin, por los “demócratas”, soñadores e incompetentes; en el mejor de los casos sería un regreso a la era Gorbachov.
Intervienen Sajarov y Zinóviev que, junto con Soljenitsin, han empujado a la opinión pública a rebelarse contra la americanización y la globalización de Rusia. (G. Sangiuliano, cit., p. 181).
Yeltsin todavía mantiene un poco de amor patrio y sentido común. Por lo tanto, el 31 de diciembre de 1999, cedió el poder real a Putin:
“Dos coroneles de las Fuerzas de Misiles Estratégicos se reúnen con Putin en su oficina del viceprimer ministro y le entregan los códigos de lanzamiento de armas nucleares. Es el verdadero cetro del poder”. (G. Sangiuliano, cit., p. 182).
Luego Yeltsin anunció su anticipada dimisión.
Gennaro Sangiuliano escribe que el “conservadurismo” putiniano es muy diferente del neoconservadurismo liberal estadounidense. De hecho, para Putin la base de la vida política de Rusia debe ser la tradición social, cultural y religiosa de Rusia y no una referencia general a los valores liberal-demócratas de Occidente.
“El día de la Pascua Ortodoxa, con toda la familia, estuvo en la Catedral de San Isaac en San Petersburgo. Inauguró así una costumbre que lo vería presente, a lo largo de los años, en todos los servicios religiosos. “Si Rusia se ha hecho grande”, repite Putin, “no es por un zar, una guerra o un partido político, el mérito está en el cristianismo”. (G. Sangiuliano, cit., p. 188-189).

La guerra contra los oligarcas apátridas y mundialistas
Putin da esta definición del oligarca: “un exponente de las altas finanzas, que quiere influir en la política, permaneciendo en las sombras” (G. Sangiuliano, cit., p. 198).
En pocas palabras: un miembro de una sociedad secreta, que dirige a los políticos y al mundo a través de las finanzas.

Los tres enemigos de Putin, representados por el oligarca, son
-las sectas secretas,
-la alta finanza apátrida que busca el beneficio y la riqueza como fin, y
-el mundialismo que gobierna el mundo entero a través del poder abrumador de las finanzas bancarias sobre la política.
Si se lee atentamente el párrafo (pp. 198-208) que Sangiuliano reserva para los oligarcas “rusos” con los que Putin ha entrado en conflicto, se comprende que son casi todos de origen israelí, y que se han apoderado -con la ayuda del crimen organizado- de la industria, los medios de comunicación y los bancos rusos para dominar la totalidad de Rusia desde detrás de las escenas y hacerla desembocar en el caldero del Nuevo Orden Mundial, dirigido por Estados Unidos e Israel, los bancos y la francmasonería.
La lucha comenzó en 1996 y terminó con la victoria de Putin en 2013 sin excluir golpes, incluso cruentos.
Putin insiste en que para que un país se mantenga en pie debe redescubrir su propio origen religioso, que en Rusia es cristiano, y que da a sus ciudadanos la base moral para vivir rectamente. Además, uno no puede ignorar sus propias tradiciones culturales e históricas, que para Rusia no son ni atlánticas ni islámicas.
La fuerza de una nación es intelectual, moral y espiritual. Debe basarse en familias unidas, numerosas, ordenadas moralmente y religiosas.

Conclusión
En el desorden mundial de hoy, Putin encarna (en la medida en que la fragilidad humana lo permite) la fuerza saludable que:
1) Resiste a la globalización;
2) ha evitado la restauración del comunismo en Rusia;
3º) ha anticipado por veinte años la lucha actual contra Isis, habiendo aplastado, en 1996, la Chechenia islámica, lo que habría amenazado la seguridad no sólo de Rusia, sino también del mundo;
4) lucha contra la democracia liberal occidental, que olvida sus tradiciones culturales y religiosas;
5) prevé que la llamada democracia liberal llevará al colapso del Occidente atlántico, ya que ha cortado (como hizo el bolchevismo en 1917) sus raíces culturales y religiosas, y un árbol sin raíces se seca;
6) entendió, desde los años setenta, la situación real de degradación de la URSS frente a una fachada puramente externa de poder inexistente de facto;
7) entiende muy bien, por lo tanto, hoy en día que la grandeza de los EE.UU. – UE es absolutamente aparente: la deficiencia cultural, moral, espiritual y, en consecuencia, económica y financiera de Occidente es el cáncer que lo ha quemado por dentro dejando sólo su apariencia intacta: el sistema occidental está podrido (como el soviético en los años setenta) y no se mantendrá por mucho tiempo;
8) ha luchado contra las altas finanzas mundialistas apátridas, que querían tomar posesión de Rusia, y da así un ejemplo a Occidente para que comprenda cuál es el verdadero enemigo de las naciones y de la patria;
9º) EE.UU. no lo quería en el poder de Rusia porque defendería los intereses de su Patria y no los del Nuevo Orden Mundial, pero a su lado intervinieron Sajarov, Zinóviev y Soljenitsin (la fuerza de los verdaderos “intelectuales” que faltan en Occidente, el cual se debate entre Charlie y Bataclán) que convencieron a la opinión pública de la rebelión contra la globalización de Rusia;
10) tiene tres grandes enemigos despiadados y muy poderosos porque son diabólicos: las sectas secretas, las altas finanzas apátridas y el mundialismo;
11) En suma y para resumir: Putin insiste en que para que un país permanezca en pie debe redescubrir su origen religioso, que es lo que da a sus ciudadanos la base moral para vivir rectamente. De hecho, uno no puede ignorar sus propias tradiciones culturales e históricas, que no son ni atlánticas ni islámicas para Rusia, sin consecuencias catastróficas. La fuerza de una nación es intelectual, moral y espiritual. Debe basarse en familias unidas, numerosas, ordenadas moralmente y religiosas. Estas son las lecciones y ayudas que Putin ofrece al pobre mundo contemporáneo enfermo terminal del agnosticismo y el amoralismo.
Es significativa la sentencia pronunciada por Putin el 4 de diciembre de 2015 en la Asamblea Federal Rusa:
“Nuestra fuerza reside en la unidad, en la combatividad. En el apego a la familia, en el desarrollo demográfico, en el progreso de nuestra vida interior”.
Curzio Nitoglia
11/1/2016

FUENTE:
http://nonpossumus-vcr.blogspot.com/2018/07/vladimir-vladimirovich-putin.html#more


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