“El coño de la Bernarda”

21 de febrero de 2018 by

“El coño de la Bernarda”

Al parecer, una mujer, de nombre BERNARDA, de la que se decía que era hija natural del rey musulmán ABEN HUMEYA, y nacida en torno a mediados del S. XVI, en ARTEFA, pequeño pueblo de LAS ALPUJARRAS granadinas, era una reconocida santera; […], en unos tiempos difíciles, recorría las calles de ARTEFA armada con sus tablillas de oraciones,[…] y era la sacristana de la pequeña ermita en la que los artefaños guardaban y veneraban la imagen reverendísima del SEÑOR DEL ZAPATO.

Aunque la fama, como hemos dicho, le venía de santera, que lo mismo enderezaba la pata torcida de un cordero, como remediaba las más diversas dolencias, como dirigía los rezos en ausencia del cura… por lo que era, ciertamente, mujer conocida y querida entre sus vecinos.

Una buena noche la mujer fue sorprendida por unos toques en la puerta de la pequeña ermita, en la que de común solía habitar, en una pequeña dependencia aneja.

Asustada abrió la puerta y vio que, embozado en su capa, no sabiendo muy bien si por el frío, o por salvaguradar su intimidad, se encontraba D. AURELIO DEL ALTO OTERO, a la sazón segundo Conde de ARTEFA, que venía, pese a lo alto de la madrugada, a solicitar su consejo, ya que, según él, había tenido un sueño que le tenía profundamente alterado:

Tuvo una visión en la que vide los graneros de ARTEFA todos vacíos, y secos, con homnes e mulleres famélicos, que ploraban lagrimas a sus puertas y nadie podía façer nada… de repente, en medio de todos eles, aparecíase el Conde mesmo, lamentándose por la suerte de las gentes de su pueblo, y sin poder façer nada, alzaba los ollos al cielo esperando una respuesta, aparecióse entonces la figura, que él creyera de SAN ISIDRO LABRADOR, y una voz en el cielo que decía desta manera: San ISIDRO labrador, quita lo seco y devuélvele la verdor…

Sorprendióse la buena mujer con el relato del Conde y contóle que ella había tenido otro sueño parecido, una noche en el que se acostó apesadumbrada por haber dedicado su vida a los demás, no haberse casado y no haber tenido hijos, pues, según ella: “No es buena la mujer de cuyo higo non salen fillos”, pero que en ese momento, apareciósele, de semejante manera, en su habitación, la figura de San ISIDRO labrador que metiéndole la mano en la raja, de donde gustóse tanto la santa mujer que creyera entender por fin el significado de la expresión “tener mano de santo” y al punto casi de morir, por el arrobamiento experimentado, creyó ella oír, por boca del santo labriego, la misma expresión: San ISIDRO, labrador, quita lo seco y le devuelve el verdor… Tras compartir su sueño con el Conde dijóle que “las cosas del Senyor no son para los ignorantes entendellas, por eso fuera la divina misericordia las que las desentrañase, si plúgole a Dios esa gracia”.

El Conde se fue, casi con la misma duda que traia, pero lo cierto es que, desde su entrevista con BERNARDA, las cosechas de ARTEFA se sucedieron sin parar y no hubo la hambruna temida por el Conde a raíz de su sueño. Por eso, el Conde, hombre religioso y devoto donde los hubiera, compartió el secreto de su visita a donde la BERNARDA, con el cura del lugar D. HIGINIO TORREGROSA, quien, en la homilía del día siguiente, se dedicó a cantar, desde el púlpito, las alabanzas de Dios que tantos “bienes e menesteres plugóle mandar sobre esta sancta terra nuestra de ARTEFA, por mediación de la muy noble, e sancta muller de BERNARDA, o más bien, por medio del figo della, o sea, del coño suyo benedito” Con todo, había un artefaño, conocido como MANOLICO, EL TONTICO, que se pasó todo el día, en la plaza del pueblo, gritando a voz pelada “que non se creyera lo de la sancta BERNARDA, que ninguna muller es sancta por donde mea, así en el infierno arda”. Indignada BERNARDA con estas palabras mandólo traer a su presencia y allí, en la intimidad de la ermita díjole: “Mete tu mano en el coño bendito, a ver si miento, en lo que siento, y sea tu escarmiento” Hízolo así el pobretico MANOLICO, EL TONTICO, que desde entonces, pues nadie vio el milagro escondido, se hizo el más célebre predicador del figo benedito de su paisana artefaña por toda la ALPUJARRA granadina.

Las bendiciones se sucedían sobre el pueblo de ARTEFA, diciendo las crónicas que: “todos los homnes, e mulleres, de los derredores, allegábanse a casa la BERNARDA, a tocar su coño benedito, y por doquiera la abundancia manaba: las mulleres daban fillos sietemesinos fuertes como cabritillos, y las guarras parían cochinillos a porrillo, las cosechas se multiplicaban y hasta las gallinas empollaban ovos de sete yemas…”

Más BERNARDA murió, como corresponde a todo ser mortal, y la enterraron entre gran llanto y duelo de sus gentes, que a partir de ese momento, como maldecidos por la ausencia de la buena mujer, sufrieron en sus carnes todo lo que aquella, quizás en vida evitara: Terremotos, abortos en el ganado y las mujeres, cosechas baldías, todo parecía perderse y la vida se malograba en ARTEFA… Sin embargo cuenta la leyenda que un buen día que: “Una muller del pueblo, ploraba lagrimas de seus ollos al sepolcro della, vióse sorprendida por unas luminarias que ascendían del sepolcro, asustada e enloquecida corrió a presencia del señor cura párroco, que ordenó desenterraran el corpo morto de la BERNARDA, hallando, todos los presentes, con el Notario de ARTEFA al frente, que la BERNARDA polvo era, como es la suerte de nuestros padres, salvo su figo incorrupto, rojo y húmedo qual breva” El párroco, D. HIGINIO TORREGROSA ordenó el traslado del despojo santo a la parroquia, donde enseguida lo colocaron en un relicario, llamado desde entonces el COÑO DE LA BERNARDA, por la urna de oro y la forma de lo que dentro conservara… y que no hubo nadie que al contacto del relicario no recuperara la abundancia en cualquier empresa que emprendiera.

Tanta fe le tenían en ARTEFA al coño de la BERNARDA que el propio párroco, y siempre según las crónicas: “Decidió, junto con el Ajuntamiento de la ciudad, elevar el asunto a la disquisiçión de los notables de la Sancta Madre Ecclesia Metropolitana de GRANADA, solicitando si pluga a ella, la sancta e pronta canonizaçión de la santa BERNARDA de ARTEFA”. Al parecer, el por aquel entonces Arzobispo de GRANADA, D. PEDRO CASTRO VACA Y QUIÑONES, más preocupado en vigilar de cerca de los moriscos falsamente convertidos a la “fe verdadera y noble de nostro Senyor Iesu Christo”, y alentando a la Inquisición, no estaba mucho por la labor de apoyar una petición de canonizar a una santera nada más conocida en su pueblo, amén de que, como expresivamente decía la misiva, remitida al Ayuntamiento de ARTEFA: “Dicen los senyores teologos e dominicos desta Ecclesia de GRANADA que nunca oyóse en toda la christiandad, que el Senyor Papa gobierna, y Christo benedice, que nada bueno saliera del coño de una muller, a no ser el Senyor mesmo Iesu Christo, de su Sancta Madre, con todo Virgen, e que por eso la devoçión popular del coño de la BERNARDA era cosa perniçiosa que devía ser desterrada, so pena de mandar la inquisición a façer las pesquisas oportunas”.

Con tal respuesta, D. HIGINIO TORREGROSA, según siempre las crónicas: “Una noche del 9 de Abril, del año de Nuestro Senyor Iesu Christo de 1.609, alumbrado solo por dos candelas, y con el Notario por único testigo dello, colocó el sancto reliquario del coño de la BERNARDA, tras un emparedado debaixo de la ventana de la Sacrestía, donde permaneciera hasta que la Ecclesia mudara su razonamiento sobre este singular suceso, y asi la buena BERNARDA trajera de nuevo la benediçión sobre el pueblo della”
Y no sé si verdad o mentira, esto es lo que se cuenta del célebre coño de la BERNARDA, con todo, si queréis saber algo más de la historia, podéis leer la crónica, que en su día redactara D. HIGINIO TORREGROSA titulada:

“Relación de las cosas verdaderas que acotescieron en Las Alpuxarras en lo que se refiere á una piadosa muller llamada la Bernarda, y al coño della, que fizo grandes milagros para la gloria eterna de Dios nuestro Senyor y de la Sancta Madre Ecclesia, escrita por el Licenciado Higinio Torregrosa, Cura Propio de la Ecclesia del Sancto Christo del Zapato desta ciudád de Artefa”.

Enrique Area Sacristán

Samantha Fox, una sex symbol en plena forma

11 de febrero de 2018 by

Samantha Fox, una sex symbol en plena forma

Derechos de bragueta y marxismo / Juan Manuel de Prada

2 de febrero de 2018 by

Derechos de bragueta y marxismo

por JUAN MANUEL DE PRADA

“Los discípulos de Marx se centraron en combatir aquella “superestructura” que el capitalismo siempre había aborrecido, porque para entonces era ya el único freno que dificultaba su expansión. Esa “superestructura”, por supuesto, era la moral cristiana.”

Hace ahora un año publicábamos una serie de cuatro artículos, titulada Capitalismo y derechos de bragueta, en los que mostrábamos cómo el antinatalismo fue una obsesión recurrente de todos los padres fundadores del pensamiento capitalista, desde Adam Smith a David Ricardo, desde Malthus a John Stuart Mill. Entendieron aquellos hombres protervos que el capitalismo sólo podría imponer sus postulados si lograba debilitar la posición de los trabajadores; y, para ello, tuvo desde el principio claro que debía hacerlos infecundos. Pues, cuantos menos hijos tuviesen, se conformarían con salarios más bajos; y lucharían con menos ardor por sus derechos, pues sólo los hombres fecundos miran hacia el horizonte. Los hombres estériles, en cambio, se miran el ombligo.

El capitalismo se dedicó desde el principio, pues, a destruir la institución familiar, alentando el divorcio, provocando la lucha entre los sexos y escarneciendo las viejas virtudes, hasta instaurar una nueva religión que, a la vez que exaltaba la lujuria, prohibía la fecundidad. Chesterton ha descrito este designio del capitalismo con palabras imperecederas que, lamentablemente, el catolicismo farisaico y pompier, lacayo del Dinero, ha procurado siempre ocultar. La apoteosis de esta religión promovida por el capitalismo se está produciendo en nuestra época, que celebra con eufórico orgullo el sometimiento de nuestra generación a los imperativos del antinatalismo más aberrante. Y que exalta una serie de derechos de bragueta cuyo poder narcotizante hace pasar inadvertida la simultánea consunción de los derechos derivados del trabajo.

Que al capitalismo le interesa promover de los derechos de bragueta resulta evidente; pues sabe que el trabajador que carece de una prole por la que luchar acaba convirtiéndose en un conformista. Pero, ¿cómo se explica que aquellas ideologías surgidas para combatir al capitalismo hayan terminado siendo sus mamporreros más abnegados y eficaces en la propagación y proliferación de estos derechos de bragueta? ¿Cómo es posible que quienes supuestamente defendían a los trabajadores de los embates del capitalismo se hayan convertido en sus apacentadores hacia el redil de esclavitud?

Nos confrontamos aquí con la traición de las ideologías izquierdistas a los trabajadores, uno de los fenómenos más estremecedores e inicuos de nuestra época. Para Marx, la liberación del hombre y la erradicación de las diversas alienaciones que lo atenazaban sólo se lograría alterando las circunstancias económicas. Sólo el cambio en las relaciones de producción desencadenaría el consiguiente desmoronamiento de la “superestructura” (que, en la jerga marxista, es el conjunto de instituciones jurídicas y políticas, así como las representaciones ideológicas, filosóficas y religiosas propias de cada época). Pero cambiar las relaciones de producción capitalistas allá donde no triunfaron las revoluciones cruentas se demostró pronto una labor ímproba para los discípulos de Marx. Y, para mantener engañados a sus adeptos, ya que no podían cambiar las relaciones de producción del capitalismo, se lanzaron a la quimera utópica de cambiar la “superestructura”. De este modo, mantenían viva una retórica “liberacionista” que disimulase su incapacidad para cambiar las relaciones de producción. Curiosamente, en esta maniobra de despiste, los discípulos de Marx se centraron en combatir aquella “superestructura” que el capitalismo siempre había aborrecido, porque para entonces era ya el único freno que dificultaba su expansión. Esa “superestructura”, por supuesto, era la moral cristiana. Y es que, como escribió Belloc, “la anarquía moral es siempre muy provechosa para los ricos y los codiciosos”.

“Si en el pensamiento marxista originario no hallamos (a diferencia de lo que ocurría con el pensamiento capitalista) odio a la procreación sí hallamos, en cambio, aversión hacia la institución familiar.”

Habría que empezar señalando que los padres del socialismo no fueron antinatalistas. Proudhom, en La filosofía de la miseria, había afirmado sin rebozo que «sólo hay un hombre de más sobre la faz de la tierra: el señor Malthus». Y Marx, en El capital, afirma que las teorías de Malthus fueron aclamadas por las oligarquías inglesas porque en ellas descubrieron «el extintor de todas las aspiraciones del progreso humano». El marxismo originario consideraba que la natalidad sería un instrumento poderosísimo en la liberación del proletariado; pues el anhelo de brindar a sus hijos un futuro mejor enardecería a los obreros en su lucha. Esta posición nítida del marxismo originario la encontramos todavía en líderes comunistas posteriores tan destacados como el francés Maurice Thorez, quien en 1956 escribía en L’Humanité: «Nosotros luchamos, frente al malthusianismo reaccionario, por el derecho a la maternidad y por el futuro de Francia. (…) El camino que conduce a la liberación de la mujer pasa por las reformas sociales, por la revolución social, y no por las clínicas abortivas».

Ni siquiera puede afirmarse que el totalitarismo soviético tuviese un designio antinatalista. Aunque Lenin, sabiendo que la anarquía moral favorecería el triunfo de la revolución, despenalizó el aborto y la homosexualidad, enseguida Stalin rectificó, prohibiendo el aborto y persiguiendo sañudamente la homosexualidad. A mediados de los años cincuenta, una vez superados los estragos causados por la guerra, la Unión Soviética volvió a promover leyes de control de la población; en cambio, extremó su vigilancia contra la homosexualidad, cuya práctica consideraba una vía de infiltración del decadente y abominable modo de vida capitalista. El comunismo soviético, pues, sólo fue antinatalista por razones de coyuntural conveniencia política, o porque la aritmética del horror de los planes quinquenales así lo establecía.

Si en el pensamiento marxista originario no hallamos (a diferencia de lo que ocurría con el pensamiento capitalista) odio a la procreación sí hallamos, en cambio, aversión hacia la institución familiar. En sus Tesis sobre Feuerbach, por ejemplo, Marx afirma que para combatir la «autoenajenación religiosa» no basta con disolver el mundo religioso, reduciéndolo a su «base terrenal», sino que hay que transformar esta base terrenal. Y pone un ejemplo muy ilustrativo : «Después de descubrir, v. gr., en la familia terrenal el secreto de la sagrada familia, hay que criticar teóricamente y revolucionar prácticamente aquélla». Esta “deconstrucción” de la familia que propone Marx (y que sus discípulos harán suya con entusiasmo) se explica porque en ella descubre una pervivencia del principio de autoridad que es el fundamento de instituciones políticas como la monarquía. Resulta paradójico que la perspicacia de Marx descubriese al instante lo que los monárquicos de opereta ni siquiera huelen; y tampoco, por cierto, el clericalismo merengoso que oculta o tergiversa las palabras de San Pablo sobre la familia, temeroso de provocar las iras del mundo. En efecto, la familia natural es una escuela de autoridad amorosa y obediencia responsable, en donde interiorizamos el concepto de jerarquía. Marx creyó que criticando teóricamente y revolucionando prácticamente la familia podría combatirse más fácilmente la autoridad política (para entonces ya degenerada) que amparaba unas relaciones de producción injustas. Pero al capitalismo también le interesaba esta revolución de la familia, como dejó claro John Stuart Mill; y tenía la fórmula idónea para preservar las estructuras que facilitaban su hegemonía, mientras los marxistas se dedicaban a destruir las superestructuras que la dificultaban.

“El marxismo gramsciano fue el mamporrero intelectual que el capitalismo requería, la vaselina teórica que facilitaría sus violencias prácticas.”

Pronto los discípulos de Marx, incapaces de liberar a los pueblos de las relaciones de producción capitalistas, se lanzaron a la destrucción de las “superestructuras”. Y, entre todas las “superestructuras” existentes, se centraron en la demolición de la religión y la moral cristianas, que eran el escudo que protegía –si bien de forma cada vez más precaria, a medida que la autoridad política no reconocía la soberanía divina– a los pobres de la rapacidad de los poderosos. Así ocurrió, por ejemplo, durante la Segunda República española, en la que las izquierdas se empeñaron en combatir la religión de forma obsesiva, lo que a la postre no hizo sino beneficiar los propósitos del capitalismo. Pues, a la vez que dotaba a sus partidarios de una coartada excelente, permitiéndoles presentarse como protectores de la religión, asociaba la salvación de la religión a la salvación del capitalismo, que es lo que hasta nuestros días ha defendido el catolicismo pompier.

Entre todos los discípulos de Marx que se lanzaron a la quimera utópica de cambiar las “superestructuras”, debemos citar a Antonio Gramsci. Fue él quien, en flagrante contradicción con la metodología establecida por Marx, preconizó que el cambio en las relaciones de producción sólo se lograría después de una “larga marcha” hacia la hegemonía cultural. Y esa hegemonía se lograría subvirtiendo ideológicamente las “superestructuras” asociadas a la moral cristiana. Desde entonces, para los intelectuales marxistas la familia se convirtió en una “superestructura patriarcal” abominable; y se pusieron a criticarla teóricamente, mientras el capitalismo –mucho más pragmático– la revolucionaba prácticamente con los métodos descritos por Chesterton: alentando divorcios, provocando la lucha moral y la competencia laboral entre los sexos, obligando a emigrar a los trabajadores, favoreciendo una publicidad que se burlaba de todas las virtudes domésticas, desde la obediencia a la fidelidad. El marxismo gramsciano fue el mamporrero intelectual que el capitalismo requería, la vaselina teórica que facilitaría sus violencias prácticas.

El marxismo gramsciano, en fin, consumó una traición a los trabajadores de magnitudes colosales, pues fue la cobertura ideológica que el capitalismo necesitaba para destruir la institución familiar y supeditarla a la organización económica, tal como había reclamado John Stuart Mill Y su legado más evidente sería a la postre el indigno Estado de Bienestar, amalgama de capitalismo y socialismo que Belloc anticipó bajo el nombre de “Estado servil”, en donde el trabajo asalariado de una mayoría abrumadora se hace obligatorio, en beneficio de una minoría propietaria; y en donde, para que esta iniquidad no resulte del todo insoportable, se procura la «satisfacción de ciertas necesidades vitales y un nivel mínimo de bienestar». El marxismo gramsciano fue a la postre el caballo de Troya del capitalismo para que –citamos de nuevo a Belloc– «los hombres estuviesen conformes en aceptar ese orden de cosas y seguir viviendo en él»; es decir, para que acatasen las relaciones productivas del capitalismo y la autoridad política degenerada que, en lugar de combatir el poder del Dinero, se arrodillaba ante él. Autoridad política degenerada que, sin embargo, los hombres llegaron a adorar, pues entretanto habían dejado de creer en la propiedad y en la libertad, y ya sólo anhelaban «el mejoramiento de su condición mediante regulaciones e intervenciones venidas de lo alto».

No hace falta añadir que, a falta de propiedad y libertad política, el capitalismo confabulado con el marxismo gramsciano ofreció a los hombres un “mejoramiento” que a ambos iba a resultar muy rentable: los derechos de bragueta.

“Se atribuyen al “marxismo cultural” unas responsabilidades que en gran medida corresponden a este conservadurismo, por su connivencia con las formas capitalistas más depravadas.”

En esta exaltación de los derechos de bragueta que propicia la alianza entre capitalismo y marxismo la llamada Escuela de Fráncfort desempeñó un papel bastante relevante; aunque no tanto, desde luego, como cierto conservadurismo conspiranoico pretende, en su afán por asociar la salvación de la religión a la salvación del capitalismo. En el fondo, se atribuyen al “marxismo cultural” unas responsabilidades que en gran medida corresponden a este conservadurismo, por su connivencia con las formas capitalistas más depravadas; lo cual no deja de ser una curiosa maniobra a la vez victimista y ponciopilatesca. Es verdad que esta Escuela de Fráncfort urdió teorías que atentaban contra la familia; pero la revolución práctica la llevó siempre a cabo el capitalismo, que controlaba los parlamentos y las fábricas de anticonceptivos.

Para entender plenamente la consolidación de esa religión que, «a la vez que exalta la lujuria, prohíbe la fecundidad», tenemos que referirnos a la aberrante síntesis entre marxismo y psicoanálisis. Freud, mediante la exploración del inconsciente, llegó a la delirante conclusión de que la inmensa mayoría de las faltas y errores humanos se pueden atribuir a unas causas sobre las que el ser humano tiene poco o ningún control. El psicoanálisis se convirtió, de este modo, en la coartada perfecta para evitar el juicio sobre la maldad objetiva de nuestras acciones; y en una negación de nuestra responsabilidad. En este contexto, surgieron hombres como el psiquiatra marxista Wilhelm Reich, autor de La liberación sexual, para quien la represión sexual es un efecto de la dominación capitalista, que de este modo se asegura la existencia de sujetos pasivos y obedientes. Esta represión sexual, a juicio de Reich, sólo se podría solucionar mediante una revolución que garantizase la liberación absoluta de energías sexuales. Y esta liberación de energías sexuales sería, a juicio del visionario o demente Reich, capaz de transformar el mundo.

Esta lectura sui generis de la undécima tesis sobre Feuerbach de Marx sería después legitimada por la Escuela de Fráncfort, que preconizó la aniquilación del orden natural (por considerar que sostenía… ¡los valores capitalistas!) y la transformación revolucionaria del mundo a través de la liberación de la libido. Tales ideas serían posteriormente exaltadas por los agitadores de Mayo del 68. Aunque sería injusto no recordar también que desde la propia Escuela de Fráncfort se desarrolló una crítica muy lúcida a esta presunta “liberación sexual”. Así, por ejemplo, Herbert Marcuse advierte en Eros y civilización de los peligros de la “desublimación represiva”, mediante la cual el capitalismo enfoca la “energía libidinal” hacia el ámbito de la pura genitalidad, creando una sociedad de hombres que se conforman con la satisfacción de apetencias sexuales inducidas por la élite dominante. Y no podemos dejar de mencionar, entre los marxistas críticos, al cineasta y escritor Pier Paolo Pasolini, quien en su ensayo Demasiada libertad sexual os convertirá en terroristas advierte proféticamente que el capitalismo se ha aliado con las fuerzas de la izquierda; y que la libertad sexual que la izquierda había abrazado insensatamente era una vil argucia capitalista que, concediendo «una tan amplia como falsa tolerancia», sometía aún más y de una manera más vil a los seres humanos, lucrándose con lo que disfrazaba de transgresión.

Pero el capitalismo aún se reservaba una argucia más vil, una golosina más deslumbrante, que los epígonos del marxismo correrían a comprar, para traicionar más eficazmente a los trabajadores. Nos referimos a las “políticas de identidad”.

“El capitalismo, en alianza con sus mamporreros marxistas, había logrado desintegrar las estructuras tradicionales de autoridad que conformaban la comunidad política, dejando a las gentes huérfanas y desposeídas de vínculos, convertidas en una masa amorfa ensimismada en sus genitales.”

Para los años setenta, la izquierda se había convertido en una caricatura degradada: absolutamente incapaz de hacer mella en las relaciones de producción capitalistas, plenamente integrada en regímenes políticos que le permitían disfrutar opíparamente del poder, sus líderes amparaban leyes cada vez más lesivas para los trabajadores. Es en este contexto cuando la plutocracia antinatalista lanza un último cebo que resultará extraordinariamente eficaz para sus fines.

Durante los años sesenta, las reivindicaciones de diversos grupos étnicos (v.gr. los negros de Estados Unidos) habían obtenido unos resultados que, apenas unos años antes, hubiesen resultado inimaginables. Enseguida la plutocracia antinatalista descubrió que, si lograba utilizar estos movimientos para exaltar el aborto, así como preferencias sexuales excéntricas, podrían matar dos pájaros de un tiro: por un lado, quebrarían la solidaridad de los trabajadores, entreteniéndolos en reivindicaciones que causarían una división creciente entre sus filas; por otro lado, podrían hacer avanzar su lucha contra la procreación, asociándola a movimientos que, además, los Estados financiarían, para que no los acusasen de “discriminación”. Era un método bueno, bonito y barato de conseguir sus fines antinatalistas; y, por supuesto, para ponerlo en marcha recurrieron a su tonto útil predilecto, la izquierda post-marxista y cipaya, traidora y pancista.

El capitalismo, en alianza con sus mamporreros marxistas, había logrado desintegrar las estructuras tradicionales de autoridad que conformaban la comunidad política, dejando a las gentes huérfanas y desposeídas de vínculos, convertidas en una masa amorfa ensimismada en sus genitales. Mediante estas “políticas de identidad”, se podía sobornar a esa masa amorfa con caramelitos muy apetitosos –discriminación positiva, cuotas laborales, “ampliación de derechos”, quirófanos gratis, etcétera– que estimularían la formación de diversos grupúsculos identitarios, ávidos de privilegios. Así se logró hacer añicos la tradición solidaria y universalista del marxismo originario.

La izquierda, desde entonces, se convertiría en un mosaico de intereses minoritarios, definidos por la pertenencia a una raza, por la preferencia sexual o la adscripción (cambiante) a tal o cual “género”. Estos grupúsculos se mantienen frágilmente unidos mientras existe un enemigo común real o ficticio (por ejemplo, una Iglesia católica cada vez más eclipsada); pero siembran la cizaña, arrastrados por sus intereses egoístas nunca suficientemente satisfechos, cuando ese enemigo desaparece, favoreciendo el triunfo de un capitalismo globalizado e inexpugnable (entre otras razones, porque los marxistas traidores dejaron de combatirlo, ocupados en halagar la bragueta de sus adeptos). Las políticas de identidad (feminismos, homosexualismos, ideologías de género, etcétera) desactivan por completo la vieja “lucha de clases”, atomizándola en un enjambre de luchas sectoriales y dejando a las personas a merced de su sexualidad polimorfa, que exige la satisfacción de caprichos cada vez más estrambóticos y su conversión en “derechos civiles”. Así se alcanza la apoteosis de esa religión que, a la vez que exalta la lujuria, prohíbe la fecundidad.

Y esos trabajadores traicionados por la izquierda, mientras disfrutan de pornografía gratuita, mientras abortan a mansalva o se cambian de sexo, mientras permiten que sus escasos hijos sean envilecidos con las formas más corruptoras de propaganda, se conforman con salarios cada vez más birriosos. La anarquía moral, como nos enseñaba Belloc, es siempre muy provechosa para los ricos y los codiciosos.
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FUENTES:
https://www.religionenlibertad.com/derechos-bragueta-marxismo–57852.htm y “ABC”, Madrid, 3 julio 2017
https://www.religionenlibertad.com/derechos-bragueta-marxismo–57949.htm y “ABC”, Madrid, 8 julio 2017
https://www.religionenlibertad.com/derechos-bragueta-marxismo-iii-58005.htm y “ABC”, Madrid, 10 julio 2017
https://www.religionenlibertad.com/derechos-bragueta-marxismo–58114.htm y “ABC”, Madrid, 15 julio 2017
https://www.religionenlibertad.com/derechos-bragueta-marxismo–58117.htm y “ABC”, Madrid, 17 julio 2017

La parodia en el Quijote: el objetivo de Cervantes es ridiculizar a todos los idealistas

16 de enero de 2018 by



La parodia en el Quijote: el objetivo de Cervantes es ridiculizar a todos los idealistas

Introducción al Quijote. Nueve criterios para interpretar el Quijote de Cervantes



Lo mejor de Putin

8 de enero de 2018 by

https://www.youtube.com/watch?v=dvptV6mVKqY

 https://youtu.be/dvptV6mVKqY

 

 Lo mejor de putin 1

 VLADIMIR PUTIN ENTRADA MUY ELEGANTE

 https://www.youtube.com/watch?v=ZuOr7EHH8_4

 https://youtu.be/ZuOr7EHH8_4

 

Vladímir Putin celebra la llegada del 2018 dirigiéndose al pueblo ruso

https://www.youtube.com/watch?v=QqyNA3D4SXA

https://youtu.be/QqyNA3D4SXA

 

https://youtu.be/FQLfKj2XzTQ

https://www.youtube.com/watch?v=FQLfKj2XzTQ

https://www.youtube.com/watch?time_continue=135&v=1rcjzYjnnrQ

https://youtu.be/1rcjzYjnnrQ

ПЛАН КЛАН владимира путина убийца миллиардер вор лжец

https://www.stormfront.org/forum/t876336/

 

LIA CRUCET – TE FALTA CORAJE AJJA

7 de enero de 2018 by

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rodri lia
Publicado el 14 nov. 2009

Misa de Navidad en la Catedral del Cristo Salvador en Moscú

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Los ortodoxos asisten a la misa de Navidad en la Catedral del Cristo Salvador en Moscú

varios post del blog de ANTONIO PARRA GALINDO

31 de diciembre de 2017 by

LOS CEMENTERIOS NO HAY RELOJES

MEDITACION EN LA TARDE DE SAN SILVESTRE

SYLVESTER ABEND EN ALEMÁN

Tarde de San Silvestre, último papa el de las profecías y último día del año. Nos anochece mirando para los relojes. Tempus fugit. Cronos dios implacable la otra cara de las barbas saturninas el cancerbero de la laguna Estigia, devora a sus hijos. Y aguarda a Queronte para abrir la puerta en un remanso del terrible río. es una emboscada. Los clementes dioses entonan cada noche cantos epinicios. Acelera sus mecanismos de arena la clepsidra del tiempo y llega la noche eternal.

Hoy noche de san silvestre de 2018 igual que San Silvestre 1992. La vida, que pende de un hilo el de Ariadna, transcurre rápida como el maratón de la carrera pedestre Vallecana, es algo más que una carrera de obstáculos.

El día primero de junio enterramos a mi padre. Su recuerdo se agolpa en mi memoria entre la congoja y la veneración. Ya está viendo desfilar al serafín que marcha de gastador tras el Cabo Pieza de la Batería a arriar bandera al toque de oración. La muerte no es el final, sólo un paso al frente, cara la eternidad. Compañía !A cuadrarse!. ¡Ar!

La plebe se deleita con las saturnales de los días fastos que luego serán nefastos. En el desaforado despelote de la Nochevieja.

Bajaron, mientras tanto, hace un cuarto de siglo, los ángeles a la cabecera del moribundo al Gómez Ulla a reclinar su cabeza sobre la almohada.

Al pasar la hoja del 31 de diciembre es como decir adiós a algo imperceptible, inasible, impredecible, intocable como todo ente de razón pero que deja arrugas en la frente y alopecia en el corazón. Hace 425 años murió Colón. Va para un cuarto de siglo que dimos tierra en el camposanto de Fuentesoto a mi progenitor. Yo guardo su memoria. Conservo su sable de soldado.

Impregnados de nostalgia despedimos al año que termina. El año nuevo ¿qué nos traerá? El concepto del tiempo no existe en los libros santos que escudriñan los actos de la divinidad. el tiempo es categoría inventada por los hombres para compensar algo finito como es el espacio y el tiempo y en Dios infinito no existen esas cualidades. Todos llevamos sin embargo un reloj que marca las horas y que miramos con curiosidad especial tal día como hoy. Sus manecillas inexorables apuntan el tránsito del dolor y del placer. Tempus fugit. “Vamos el enamorado la hora ya está cumplida” canta un romance castellano del siglo XV.

Estar enamorado es participar un poco de la herencia de la muerte.

Con la rueda del reloj que es la rueda de la fortuna empezó todo. Abrieronse los horizontes y las Fuentes del conocimiento. un péndulo se agita en nuestro interior mueve palancas y establece la conjugación de movimientos binarios. nuestra vida pende de un hilo. somos contingentes. somos un guarismo. Tiempo, espacio, dinero. tres tronos para una trinidad laica. “Time is money” argumentan los británicos. conviene no perderlo en habladurías y tonterías. es implacable el rostro de esa carillón de la Puerta del Sol donde se agolpan las multitudes madrileñas al igual que bajo el Big Ben Times Square la torre Spassy de Moscú o el parisino arco de Triunfo. Sólo un privilegiado como Josué pudo parar el sol. A nosotros se nos escapa. Perderemos la batalla. Esos minuteros del reloj de pulsera ahogan la vanidad humana. Los monjes cantarán vísperas cuando toque la campana que está encima del monástico reloj de sol. Luces y sombras ¿somos hijos del azar? memento mori: acuérdate de que morirás. Las horas se nos claman como espadas “omnes caedunt ultima necat” todas hieren la última nos asesina. en el carillón está escrito nuestro devenir y nuestro porvenir. el reloj todo lo sabe y todo lo ignora. Es indiferente a nuestras alegrías y tristeza a nuestros estados de ánimo. Europa siempre los amó llevado del sentido de la trascendencia cristiana y los colocó en lo alto de las torres espadañas y campanarios. la clepsidra del coro y el reloj fueron instrumentos de santificación de los que aspiraban seguir a Cristo en la vida perfecta. el reloj acompasa la salmodia del facistol coral. Somos un Libro de horas forrados de piel de becerro con las letras muy gordas para que no nos perdamos al entonar los nocturnos. La literatura en occidente emprendió cuando estos buenos frailes pendolistas comenzaron a colocar melismas y neumas al pie de los cantorales de pergamino poniendo música a los salmos del Rey David. La música se aferra al tiempo por eso dicen que es arte divino.

Y de ella nacen el compás y el concento. Tempus fugit sí pero nuestro corazón anida la melodía y esa melodía es un afán de belleza una añoranza del paraíso perdido. la rueda de santa Catalina al hilo de esto conjuga las variantes del querer, del saber y del quehacer humanos. el gran cofrade orwelliano desde arriba nos mira con cara de póquer. En una ficha consiste nuestra vida laboral que se acaba cuando cumplimos los 65. Cronos significa el puesto de trabajo y el cheque a fin de mes. si fichas, estás salvado. Estás en nómina. Es la doxología del tiempo que es tambien economía: tiempo, trabajo, dinero y amor. Los cuatro elementos como el agua el aire la tierra el fuego. Cronos es hijo de Argonio y a Argonio lo parió Minerva. Esto forma parte de nuestra gran doxología de culto al tiempo. Únicamente en los cementerios no se ven relojes. Porque medir es vivir, cronometras, tasar cubicar evaluar. morir es todo lo contrario. san silvestre me brinda hoy estas reflexiones cuando pasamos las hojas del Libro Mayor de nuestra existencia. Entonces ¿a qué tanto estrago, tanto afán? Al reloj no le hagáis demasiadas peguntas, es el rey mudo. Crassus, mutus, rufus como decía santo Tomás. Corre el camino sin detenerse
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TEMPUS FUGIT

Impregnados de nostalgia despedimos al año que termina. El año nuevo ¿qué nos traerá? El concepto del tiempo no existe en los libros santos que escudriñan los actos de la divinidad. el tiempo es categoría inventada por los hombres para compensar algo finito como es el espacio y el tiempo y en Dios infinito no existen esas cualidades. Todos llevamos sin embargo un reloj que marca las horas y que miramos con curiosidad especial tal día como hoy. Sus manecillas inexorables apuntan el tránsito del dolor y del placer. Tempus fugit. “Vamos el enamorado la hora ya está cumplida” canta un romance castellano del siglo XV
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BYRON

Byron descubre el mediterráneo para los ingleses. Es junto a Shakespeare el mayor genio que dio Inglaterra. Su Childe Harold estuvo en el índice durante 25 años. Allí inventa el romanticismo precursor de un tiempo nuevo pero ay literatura cuanto te doy y qué poco me das a cambio pero no eres literatura sólo terapéutica si acaso. Maldijo su oficio de poeta. Hubiera preferido ser un hombre de acción. Cuando los dioses no estuvieron nunca de su parte. Byron mediante la muerte alcanzó inmortalidad. Vida breve la suya pero insólita manifestación de la inmortalidad. Sus versos son loa a cumbres de la individualidad humana junto con Goethe, Napoleón, Lamertov, Nietzsche, Dostoievski. Ibsen. Representa al individuo frente a la sociedad. Es la antinomia del socialismo gregario.

He was the war of the mainy against one, decía su amigo Sheley. Un sublevado contra la madre, el padre, la Iglesia, la sociedad las convenciones sociales contra dios y contra el diablo. “Amo la lucha la he amado siempre desde la infancia dice en una carta a Walter Scott”. Su animal preferido eran el erizo y el puerco espín.

Despreciaba el rebaño, no quiso ser jefe de la manada. Fue un solo contra todos. Una de las grandes almas que produjo Inglaterra que anduvo muchas leguas por el mundo a pesar de ser cojo.

Los positivistas más o menos mesocráticos no conseguirán comprender la obra de este prometeo encandenado que sólo se entiende a través del mito de la rebelión de Luzbel. Canta a las flores del mal.

Su poesía son versos satánicos los que plagió un tal Rushdie. Decía a los amigos los colegiales de Harrow: Dont come near me I have a devil inside. Estaba poseído de una suprema fuerza.

Incestuoso con su hermana, asesino, defensor de la violencia y bacanales nocturnas en su castillo de Newstead, un antiguo monasterio. Bebía vino en cálices sagrados o en una calavera, se iba de putas, se acostaba con su hermanastra Augusta Leigh. Glorificó al mal en su poema “Caín”. Su ayo decía que era una superfetación de la animalidad. Un individuo sin moral rodeado de un harén de mujeres que en Venecia vivía rodeado de hetairas como se refleja en su personaje Childe Harold. O en el Don Juan.

Cruzó el Helesponto a nado. Fue un preocupado por la calistenia, el ejercicio físico y hacía régimen para no engordar.

Era apolíneo; la vera efigie del Apolo de Belvedere pero estaba preocupado por la deformidad de sus pies. Un ángel por lo visto tropezó con una estrella y quedó cojo para toda la vida. Dicen los quirománticos que el diablo es renco y asimétrico. Un alma contrahecha en la envoltura de un hermoso cuerpo. Bebedor y fornicador maltratador de mujeres. La misoginia y sus dificultades con las mujeres parece ser que se origina en la aversión que sentía hacia su madre. La milady al nacer maldijo a aquel muchacho que nació con un pie equino.

Carbonario en Módena y conspirador en Florencia, se hace terrorista y va a luchar a favor de la independencia de los griegos pero los griegos lo traicionan “son peores que los perros”, escribió.

En poemas como “Don Juan” “la profecía del Dante” “la maldición de Minerva” explaya sus conceptos revolucionarios de lucha por la libertad, una libertad que no alcanza. Porque la verdadera libertad no se halla en la tierra. Está en el cielo. Murió en Mishongi cerca de Atenas luchando por la libertad.
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Alberto Bárcena expone la Agenda Illuminati

21 de diciembre de 2017 by

Alberto Bárcena expone la Agenda Illuminati del Luciferismo

 

https://www.youtube.com/watch?v=TyHl3yfml5w

https://youtu.be/TyHl3yfml5w

Los logros del franquismo… y …”no había libertad”…

21 de noviembre de 2017 by

Pío Moa:
El franquismo y la libertad
Opinión / 21 noviembre, 2017
Pío Moa
Dice Muñoz Molina que tiene que explicar a los extranjeros la historia de España. ¡Sin tener idea de ella él mismo!pic.twitter.com/rUPtw9Fdlf

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Los logros del franquismo, expuestos muy en síntesis en la entrada anterior, son indiscutibles, pero según sus críticos no valen nada, porque, en definitiva, en el franquismo “no había libertad”, “era una dictadura”.

El tema requiere una aclaración. Pocos problemas más profundos que el de la libertad. “Aduéñate de la palabra libertad y podrás esclavizar a todo el mundo”. Quizá por eso las ideologías compiten entre sí por adueñarse de la palabra, la invocan sin cesar, generalmente unida a la de democracia. Así, la ETA, el PP, los separatistas, el PSOE, Podemos, C´s, los nazis, los comunistas… todos son partidarios de la libertad y la democracia, aunque es obvio que cada cual entiende a su manera tan nobles palabras. Así que habrá que plantear el asunto en términos más racionales. En Europa, una introducción a su historia he expuesto cómo las ideologías, invocando la libertad y la razón, tienden inevitablemente a anular ambas.

Vamos a la cuestión del franquismo. Quienes con más furia han atacado a aquel régimen por no permitir “la libertad” han sido, lógicamente los comunistas, y no vamos a discutir aquí lo que ellos entienden por tal cosa. El argumento lo han adoptado también muchos liberales, los separatistas, los centristas, muchos católicos políticos; y todos ellos, con más o menos ímpetu se declaran antifranquistas por esa razón. Es casi lo único que los une, junto con una hispanofobia difusa o abierta, como casi lo único que unía al Frente Popular era el odio a la Iglesia y el desprecio a España.

Pero interesa aquí especialmente el argumento en boca de muchos liberales. Que estos coincidan con los comunistas tiene una base histórica: la Alemania nazi fue vencida por los demócratas anglosajones y los totalitarios soviéticos en alianza, recayendo lo esencial del esfuerzo y el mérito en los soviéticos, y eso ha establecido una especie de afinidad ideológica, más por parte de los liberales que de los comunistas, pue el número de liberales que han mostrado simpatías o “comprensión”, por el comunismo es bastante mayor que el inverso. Los comunistas han sido mucho más radicales en su ataque al liberalismo.

Por lo dicho, cuando se afirma que en el franquismo no había libertad tendríamos que empezar por plantearnos desde qué punto de vista. Por simplificar: ¿desde el punto de vista liberal (y en tal caso debemos preguntarnos por qué no hubo oposición liberal al franquismo, salvo desde el exterior, y con rasgos criminales)? ¿O desde el comunista ( y en tal caso deberíamos aclarar el tipo de libertad que había en regímenes comunistas)?

Lo primero será distinguir entre libertad personal y libertad política. Cuando Solzhenitsin vino a España constató la gran libertad personal de la gente: podían viajar dentro y fuera del país, leer los periódicos extranjeros y libros de todo tipo traducidos, podían hacer huelga sin graves consecuencias, etc. Cabría añadir otras cosas: menos delincuencia y menos gente en la cárcel que en los demás países eurooccidentales, más seguridad en las calles, en particular para las mujeres, facilidad para cambiar de trabajo con una economía de práctico pleno empleo, o de buscarlo fuera, o para comprar o vender propiedades, o para crear empresas… Y así con otros muchos índices de libertad. Esto es lo que suele llamarse libertad personal, y en ella la España franquista no tenía nada que envidiar a la Europa más rica, más bien al contrario en varios aspectos. Y era así desde el mismo final de la guerra. Julián Marías, nada profranquista, lo ha explicado bien. Y el ex stalinista polaco Kolakowski constataba que un régimen totalitario no podía vivir con las fronteras abiertas, y el franquismo siempre las había mantenido así. La única excepción fue cuando Francia, que no España, cerró la de los Pirineos por un tiempo.

Claro que estos críticos, comunistas, liberales o seudoliberales y otros, no se refieren a esa libertad personal, sino a las libertades políticas, concretadas en los partidos. Y es verdad que no estaban permitidos los partidos al estilo de las democracias “burguesas” o “socialistas”, cosa explicable por la experiencia de la república y la guerra. Pero quienes habían vencido al Frente Popular no eran un pequeño grupo de oligarcas, sino un conjunto de fuerzas políticas que durante la república habían llegado a representar a la mayoría (no contamos las elecciones del Frente Popular, por su carácter fraudulento). Es decir, el franquismo sí permitía libertad política… para los suyos, en rigor cuatro partidos principales y bastante distintos entre sí. El principal, el de los católicos políticos ligados al Episcopado; después, con más o menos fuerza según las circunstancias, los carlistas, la Falange y los monárquicos. Cada uno de estos partidos, que se llamaron “familias”, tenía sus órganos de prensa, sus organizaciones particulares con asociaciones juveniles, femeninas o sindicales. Y en cada una de esas familias existió siempre un sector antifranquista.

Por tanto, podríamos decir que el franquismo era un régimen de libertad política para sus partidos componentes, los cuales, desde luego representaban a la mayor parte de la población. Y de falta de libertad política para los partidos vencidos en la guerra, y que casualmente habían llevado al país a la máxima confrontación, impidiendo la convivencia en paz y en libertad.

Ahora bien, ¿hasta qué punto carecían de libertad los partidos derrotados? En los años 40 fueron sin duda drásticamente reprimidos. Era una época de enormes riesgos para España (guerra mundial, aislamiento, maquis, hambre provocada…) y no podía ser de otra forma. Pero obsérvese que al terminar la guerra mundial existieron las mejores condiciones para que los vencedores de Alemania nos impusiesen la “libertad” a base de bombardeos y tanques, lo que debiera haber motivado una rebelión de los “oprimidos” españoles contra el régimen. Pero nada de esto ocurrió, y el maquis quedó aislado y fue vencido.

Y pasados aquellos peligrosos años, los vencidos volvieron a disfrutar de cierta libertad de expresión, creciente, y de influencia más o menos consentida en medios universitarios, obreros y otros. En los años 60 y 70 aumentaron mucho la expresión y organización de esas fuerzas, generalmente girando en torno a organizaciones abiertas o semiclandestinas comunistas y eclesiásticas, aunque nunca llegaron a poner al régimen en aprietos. Así, el editor del Grupo 16, Juan Tomás de Salas, podía jactarse de su liberalismo y al mismo tiempo decir que la prensa de ese género “que era la de más credibilidad y lectores”, tenía a la ETA “por uno de los nuestros” (y lo era).O tener la revista comunistoide Triunfo una fuerte difusión en ámbitos universitarios. O prensa eclesial-progresista como Cuadernos para el Diálogo podía criticar a la URSS por haber dejado salir del GULAG a Solzhenitsin, en medio de una amplia campaña de denigración en la prensa contra dicho premio Nobel. Por poner algunos ejemplos bastante significativos.

La base de la crítica al régimen por su falta de libertad era que entonces “no se podía votar”. Es cierto –salvo en referendos por lo demás muy indicativos–, y diversos observadores extranjeros se asombraban de que el pueblo, en general, se tomase con tanta calma o indiferencia esa “grave mutilación” de sus libertades. Pero la cosa tiene su explicación. Por una parte, la gente recordaba todavía la república, con posibilidad de votar a partidos que eran poco mejores que mafias, al paso que veía cómo la oposición al régimen era básicamente comunista o comunistoide, mientras su libertad personal permanecía y sus condiciones materiales de vida mejoraban cada año. Votar a este o el otro partido, de los que desconfiaban por la experiencia republicana, no parecía demasiado importante a casi nadie.

Y algo más: los logros mencionados en la entrada anterior, en particular la resistencia del régimen a las presiones, amenazas y chantajes de fuerzas exteriores tan tremendas, solo pudieron ser posibles por el apoyo, abierto o implícito, de una gran mayoría del pueblo, como pudo comprobar el maquis. Un apoyo que, por lo arriba señalado, no fue forzado por el terror, sino por la experiencia histórica que volvía indeseable para la gran mayoría la vuelta a algo parecido a la república. Sobre todo esto hay todavía más que decir.
FUENTE:
https://gaceta.es/opinion/franquismo-la-libertad-20171121-2137/