Archive for the ‘Tradición’ Category

blogs interesantes…

27 de julio de 2015

http://losacordesprohibidos.blogspot.com.es/ –..Acordes Prohibidos de la Razón..
http://elazotedeltraidor.blogspot.com.es/ ………….El azote del traidor
http://divisionoder.blogspot.com.es/ –………………..El rincon de la historia..
http://doctrinans.blogspot.com.es/ ………………..—..sin valor no hay gloria..
http://ebola88.blogspot.com.es/ ………………………La Realidad Ignorada..
http://oder88.blogspot.com.es/ ………………………..Alea Jacta Est…harto de rojos..
http://oderns.blogspot.com.es/ …………………………Alea Jacta Est..escuadrones por la verdad
http://laopinionprohibida.blogspot.com.es/ ………..—La Opinión Prohibida ..
http://resistenciarevisionista.blogspot.com.es/ …….En Honor de la Verdad
http://sendasdelorden.blogspot.com.es/ …………….–Senderos Filosóficos de la Resistencia..
http://latrincheradeoder.blogspot.com.es/ ……..……Desde mi Trinchera…..
http://von-oder.blogspot.com.es/ ……………………..–La Sangre de Cain..

EL GRIAL EN LAS TRADICIONES ORIENTALES

31 de julio de 2013

URANIA tiene el honor de publicar un trabajo del cual es autor el pensador
Antonio Medrano, sobre cuya obra hay una bitácora: http://www.antoniomedrano.net/

===

EL GRIAL EN LAS TRADICIONES ORIENTALES

Hinduismo

Cuenta una antigua leyenda que el Grial, ante la falta de receptividad del clima europeo para su mensaje, abandonó las tierras de Occidente para refugiarse en Oriente y, más concretamente en la India (1).
Semejante indicación, tan enigmática como sorprendente, permite entrever la existencia de un nexo especial entre la India y el Grial.

En la tradición hindú, el Grial se corresponde, ante todo, con el vaso sacrificial que contiene el soma o bebida sagrada del antiguo ritual védico, o incluso con el soma mismo. Es este un detalle ya puesto de relieve por mitólogos v orientalistas como Emile Burnouf y Leopold von Schroeder.

Según Burnouf, el samudra o recipiente del soma es el vaso que «contiene la sangre del dios viviente», de Agni, personificación del fuego, del mismo modo que «el graal contiene la sangre de Cristo inmolado». Tanto el uno como el otro representan el «Vaso universal» o «vaso de purificación» en que se recoge el principio del calor y de la luz, de la vida y de la sabiduría (2). Por su parte, Leopold von Schroeder, que llama la atención sobre la identidad existente entre el soma y la luna, caIifica al «soma celestial», origen del soma terreno utilizado en el rito, de «modelo de Grial». En su opinión, el Grial o «recipiente milagroso» no es otra cosa que «el fondgefass o vaso celeste de la luna, dispensador de milagrosas bendiciones», generador de la lluvia, propiciador de la vida y despertador del entusiasmo, que más tarde sería identificado con el vaso de la última cena de Cristo. Schroeder no deja de señalar que el soma podría aludir asimismo al Sonnengefäss o vasija solar, en cuanto que el Sol puede ser considerado como “una vasija llena de leche caliente o como un gran puchero que ayuda a satisfacer todos los deseos y a dar eterna bienaventuranza”. Lo único que hay que lamentar en las tesis sustentadas por los dos autores mencionados es el naturalismo al que pretenden reducir correspondencias y significaciones simbólicas tan certeramente captadas.

La identificación del Grial con el soma es también subrayada, esta vez en un plano de rigurosa coherencia tradicional, por Ananda Coomaraswamy, el cual emplea como sinónimas las expresiones Soma-thief («ladrón del soma») y Grail-winner («conquistador del Grial»), calificando de tales a Indra y Garuda. Del primero, que, tras conquistar por esposa a Apala, beberá de sus labios el soma, dice el citado autor que «es el Grail-winner de los Vedas». Otro tanto puede decirse de Garuda, el ave solar de Vishnú, la. cual, pasando a través de la rueda de bruñido acero, «radiante como el sol», que protegía al soma, se apodera de éste para entregarlo a los dioses y los hombres (4). Comentando el fragmento del «Satapatha Brahmana» en el que se dice que «la luna es el alimento de los dioses», Coomaraswamy, tras puntualizar que la luna no es aquí más que el símbolo del «mundo» o «universo» -es decir, de todo aquello que está “bajo el sol”, afirma que este es el Grial que mantiene y alimenta al «Sol sobre­natural», el «ojo de Varuna, Rey del Cielo, al tiempo que es alimentado por él, por el acto de su visión». «Es de este Grial, como medio de rejuvenecimiento y procesión del que depende la vida de Varuna, el Rey Pescador, la deidad ab intra (5). Arquetipo del vaso sacrificial que contiene el soma, y exacto gemelo, por consiguiente, del Santo Caliz cristiano, es la «Copa del Asura» o «Cuenco del Padre Titán» del que habla el Rig-Veda. Esto es, el cuenco, cáliz o recipiente (camasa, patra) que, fabricado por Tvashtri, el artista divino, fue posteriormente dividido en cuatro por los tres Ribhus (expresión simbólica que alude a la pérdida de la unidad primordial y al alejamiento del Centro que la misma lleva consigo: el número cuatro ha de entenderse como referencia a las cuatro direcciones del espacio, los cuatro puntos cardinales. Según Coomaraswamv esta “Copa del Asura” no es, en realidad, otra cosa «el platel o disco (patra= mandala) del sol». o para decirIo más exactamente, del sol y la luna unidos, como corresponde al estado de los orígenes, cuando aún no se había producido la escisión de la dualidad y Cielo y Tierra eran perfectamente coincidentes. Es este «Grial solar», concebido como «un vaso nutritivo que satisface todos los deseos» (un an all-wish-fulfilling vessel) y cuyo modelo es «el orbe, patena o bandeja solar que contempla todas las cosas y participa así de ellas en un mismo instante», el que se erige en «prototipo de toda patena sacrificial».

Para comprender mejor la apuntada identificación entre el Grial y el soma, será conveniente aclarar que éste último, llamado en el Rig-Veda «el padre de los dioses» y «la deidad semejante al sol», es el néctar celestial, el elixir de la inmortalidad (amrîta), el «agua de la vida», y tiene su equivalente en el haoma avéstico, la «ambrosía» del mito griego (servida a los dioses en el Olimpo) o el «hidromiel» de la mitología nórdico-germánica, el milagroso Odrerir, brebaje de la poesía y de la eterna juventud. De ahí, la correspondencia del vaso del soma con el Grial, en el cual se guarda la sangre de Cristo. A esto se añade que las virtudes del soma son, de acuerdo a los textos védicos, las mismas que las del Grial del Medioevo europeo: protege el cuerpo, cura la enfermedad, da salud de cuerpo y alma, aleja las dificultades y los peligros, conforta y consuela, proporciona fuerza y alegría, inflama e ilumina, prolonga la vida, inspira a los poetas y sabios, hace surgir un sentimiento de paz con los dioses, otorga la inmortalidad (8). El soma aparece, por otra parte, Iigado a la roca y la montaña, símbolo del centro, del eje cósmico y de la elevación espiritual. Traído de los Cielos por el águila mensajera de Vishnú (del mismo modo que el águila de Zeus es portadora del néctar divino en la mitología griega) (9), el soma es depositado en lo alto de la montaña, recibien­do los calificativos de «crecido en la montaña» y »morador de la montaña». Todo lo cual ofrece también un significativo paralelismo con la copa milagrosa del mito cristiano, la cual, si por un lado recoge la sangre de Cristo en el monte Calvario, por otro, es conservada en el castillo de Monsalvat, el monte santo o montaña de salvación.

Vinculado al «Árbol de la Vida» -el soma era extraído del jugo de una planta, probablemente la asclepias acida, también llamada «planta de la luna» (obsérvese la semejanza con la sangre de Cristo que mana del Arbol de la Cruz, réplica del «Arbol de la Vida» del Paraíso terrenal)-, se le menciona también, al igual que el Grial, como un tesoro oculto (10). De Indra se dice que «encontró el tesoro extraído del Cielo que estaba oculto», lo que evidentemente va referido al soma que es la bebida favorita del dios indoeuropeo del rayo; y en otro lugar se define al soma como «el néctar inmortal oculto en el Cielo» (11). El soma aparece, por otra parte, relacionado con la luz y el sol: Ser celeste y luminoso, se revela como «un campeón de la luz contra las tinieblas» (12). Los textos védicos lo asimilan a menudo al Sol, comparando sus rayos con los del astro-Rey (13).

Por lo que se refiere al nexo que une al soma con la luna, hay que hacer notar que «soma» es precisamente el nombre más usual que el astro nocturno recibe en sánscrito y que la luna, por otra parte, se presenta a la mirada simbólica del hombre tradicional como un recipiente que recoge en medio de la oscuridad de la noche la luz del sol, que es precisamente la que le hace brillar. De ahí que el astro nocturno sea contemplado por los hindúes, según observa Alain Danielou, como «el cáliz de ambrosía divina que beben los antepasados y los dioses», y la sustancia lunar como el esperma o simiente de vida. Si el Sol es el principio de la vida, la luna representa a las aguas primordiales, «origen de todo, de lo que es visible e invisible», según el Prashna Upanishad (14). La imagen de la luna como recipiente solar resulta especialmente evidente en su variante de cuarto creciente, que reproduce la forma semicircular de una copa o cáliz. Aquí no estará de más recor­dar que la media luna, emblema por excelencia del Islam -a la que se añade usualmente la estrella, símbolo del germen de inmortalidad- no simboliza otra cosa que el Grial, en su calidad de receptáculo de la Luz del Sol divino. También cabría mencionar la semejanza que esta figura de la media luna y la estrella guarda con la letra árabe nûn, la letra de la luz (nûr) y «letra planetaria del sol», que, como mostrara Guénon, simboliza tanto la copa de la inmortalidad como el arca de Noé, portadora del germen de la vida en el seno del caos de las aguas y equivalente en este sentido a la barca solar (la cual es, curiosamente, una de las versiones del Grial) (15). En la iconografía cristiana la Virgen María, mensajera de la luz en medio de la oscuridad, portadora en su seno de la semilla solar, del germen de vida y promesa de eter­nidad que es el Verbo divino, recibiendo en tal sentido los títulos de «Vaso de perfección» y «Arca de la Alianza», es simbolizada precisamente por una media luna.

Otro objeto simbólico de la tradición hindú que presenta un estrecho paralelismo con el Grial es el disco o rueda de Vishnú, la segunda de las divinidades que for­man la Trimûrti y que encarna la tendencia conservadora del orden universal.

Este disco o rueda (chakra), que Vishnú sostiene con uno de sus cuatro brazos representativos del dominio sobre las cuatro direcciones del espacio) y concretamente en su mano superior derecha, no es otro que el disco solar. «Brilla como el jo­ven Sol», dice la Gopala-Uttara-Tapini-Upanishad. Es una rueda de seis radios (las seis estaciones del año, según el calendario hindú) que porta en el centro la sílaba mági­ca hrim, la cual »representa la inmovilidad del centro, la inmutabilidad del continuo causal», y que está rodeada por un círculo que simboliza a Mâyâ, el poder divino que engendra la manifestación universal (17). Recibe el nombre de Sudar-shana (bello-de-ver) ­y tiene como signo geométrico equivalente al de la esvástica. Arma inven­cible con la que el dios solar se abre paso y destruye a sus enemigos, el chakra de Vishnú se perfila así como la materialización de la fuerza aniquiladora de la ignorancia y del desorden, como la quintaesencia misma de la paz y la armonía universales. Según enseña el Vishnú-Purâna, el disco de Vishnú simboliza la «Mente universal» que con su luz y su poder, rige el orden cósmico (18).

El paralelismo entre el Grial y el chakra de Visnú queda puesto en evidencia no sólo por sus virtudes milagrosas por su función central (corroborada aparte de por su carácter solar, por la sílaba hrim) sino también por su forma circular. Baste recordar que el Grial se presenta como un plato y que incluso bajo la forma más usual del cáliz o vaso, éste, cuando es contemplado desde arriba, reproduce precisamente la forma de un círculo; forma que es; a su vez, la de la «Tabla Redonda» y la trazada por la planta arquitectónica del Templo del Grial, según el relato del joven Titurel.

Por otra parte, hay que tener presente que Vishnú, divinidad solar por excelencia es el dios sustentador del cosmos, que personifica la luminosidad. Especial interés, a la hora de considerar la conexión con el Grial -en cuanto vaso que nutre milagrosamente-, reviste aquel rasgo de Vishnú que lo relaciona con las plantas y los alimentos y que lo presenta como preservador de la simiente universal, como dios de la subsistencia y de la fecundidad (19). Dios benéfico y protector, encarnación de la síntesis perfecta de inteligencia y compasión, Vishnú es el «Guía universal», el refugio de todas las criaturas. Maryvonne Pierrot (20) ha hablado, en este sentido, del simbolismo que posee el chakra de Vishnú en cuanto poder distribuidor de maná o potencia de vida, fuente «de esa energía vital, creadora que se alimenta en la fuente del Centro Absoluto» (21). Hay que añadir que el «disco solar» va inseparablemente ligado al «Arbol universal» O «Arbol de la Vida», del cual Vishnú es justamente el tronco (en su función de Eje universal) (22).

Junto al disco hay que mencionar al loto, otro de los distintivos de Vishnú, que éste porta en su mano superior izquierda. Formado por seis pétalos, que se corresponden con los seis radios del Vishnú-chakra (éste mismo es definido por un texto upanishádico como «equivalente de un loto de seis pétalos») y que representan los seis poderes (bhaga) de la Divinidad, es el símbolo de la manifestación divina, de la Creación universal que brota de las aguas primordiales.

El loto es la planta de mas rico contenido simbólico en la cultura oriental. Flor que, brotando de las aguas cenagosas se eleva por encima de ellas, manteniéndose pura y limpia, para ofrecer su cáliz de pétalos blancos o rosados a la luz del Sol, posee un claro significado solar. «El loto -escribe V.C. Srivastava- ha estado muy íntimamente conectado con el sol desde tiempos remotos»; de ahí que aparezca como emblema principal del dios que encarna «el espíritu de los rayos solares» (23). En los jeroglíficos egipcios, el dios-sol «es representado naciendo en el cáliz de un loto» (24). Horus suele aparecer sentado sobre una flor de loto a guisa de trono y Ra es llamado «el joven dorado que vino del loto», mientras que »el loto emergiendo del agua se convirtió en el símbolo del sol que surge después de la noche» (25). EI loto es como la plasmación vegetal de la fuerza solar, que triunfa como poder vertical, iluminante y creador sobre las aguas de lo horizontal, informe, oscuro y caótico. Por su forma circular -cuando se abre traza un círculo perfecto- presenta una extraordinaria coincidencia con la rueda, viniendo a ser prácticamente sinónimos los términos padma (loto) y chakra (rueda). Como vaso que recoge la lluvia, el rocío de la aurora, el néctar celestial, la sangre o las lágrimas de los dioses viene a significar el recipiente que contiene la bebida de inmortalidad, siendo para el Oriente lo que la rosa es para el Occidente (y en este punto, bastará recordar las conexión de la rosa con el Grial, en cuanto florido cáliz receptor de la sangre de Cristo y en cuanto broche rojo de perfección que sella el centro de la cruz: la rosa-cruz del esoterismo cristiano).

Para no extendernos demasiado en este tema, de por sí inagotable, nos limitaremos a detallar aquellos aspectos simbólicos de dicha planta que presentan mayor correlación con la figura del Grial. Y, en este sentido, hay que señalar que, además de lo ya apuntado, el loto significa el Centro del ser, la presencia divina, la eclosión espiritual, la regeneración interior, la plenitud de vida. En el Taoísmo, el loto se presenta, aparte de como equivalente de la «Flor de oro», como emblema de Ho Hsien-Hu, uno de «los ocho inmortales», en cuyas manos su cáliz aparece lleno de flores o melocotones, perfilándose así como una copa de plenitud o cuerno de la abundancia (ni que decir tiene que el simbolismo del cuerno -estrechamente ligado, por otro lado, al de la luna- es, en este sentido, en cuanto instrumento para beber, idéntico al de la copa). El loto es la copa del sol que, por tener oculto en su interior al principio de la luz y de la vida, se convierte en fuente de todas las gracias y receptáculo de todos los bienes.

Por lo que se refiere al simbolismo central del loto -ya implícito en su valencia de rueda o chakra- pueden recordarse los siguientes detalles: el loto del cual nace Brahmâ brota exactamente del ombligo de Vishnú, que yace recostado sobre la ser­piente Ananta (el ombligo -véase el omphalos griego- es símbolo del Centro, mientras que la serpiente simboliza aquí el Caos primordial de lo Absoluto no-manifestado); el tallo del loto simboliza el «Eje del mundo», y en numerosas ocasiones en el interior del loto es representado el monte Meru, símbolo asimismo del Eje universal. Y no podría dejar de mencionarse la expresiva frase de la Maitri Upanishad que habla de «el loto del corazón, habitado por la Persona dorada del Sol» en otras pa­labras: el centro del centro, sede del Grial solar) (26).

No podríamos concluir estas consideraciones en torno al Grial hindú sin mencionar el «ojo frontal» de Shiva la tercera divinidad de la Trimûrti, que personifica la tendencia destructiva y aniquiladora.

Como es sabido, Shiva posee un tercer ojo situado en el centro de la frente entre los dos ojos, y que representa su omnis­ciencia. Es «el ojo del fuego de la percepción trascendente», y por su mirada «son destruidos todos los dioses y todos los seres creados en cada una de las destrucciones periódicas del universo» dice Karaprati en su «Sri Shiva tattva» (27). Este «tercer ojo», ojo frontal o central representa, como pusiera de relieve Guénon, el «sentido de la eternidad», el «núcleo» o «germen de inmortalidad» -significado que, como hemos visto, va implícito en la figura del Grial-, y tiene su equivalente en el «ojo del corazón» u «ojo de inmortalidad» (cuyo nombre en árabe, aynu-l-juld, significa también «fuente de inmortalidad» lo que viene a indicar su relación con la herida del costado de Cristo, fuente de la que ma­na el «licor de inmortalidad» -la sangre del Sagrado Corazón- recogido por José de Arimatea en el Grial) (28). Es el «ojo que lo ve todo», que se ha liberado de la ilusión dualista y mira en el Centro del ser, en el Eterno presente, en la pura instantaneidad del «aquí y ahora»; es decir, allí donde se sitúa el Grial. Lo destruye todo -esto es, aniquilando cuanto ha hecho surgir la ilusión cósmica-, para hacerlo retornar a lo Abso­luto. Es también el ojo que salva al universo, al devolverle la luz y la vida, según rela­ta el mito que nos habla de su aparición (29); lo que nos hace recordar la acción redentora de la sangre y agua que manan de la herida del costado de Cristo.

Detalle no menos interesante es el hecho de que este «tercer ojo» de Shiva aparezca siempre junto a la media luna, que el dios hindú del amor y de la muerte porta asimismo sobre su frente, como otro de sus principales distintivos. Lo que nos hace volver a lo que antes decíamos cerca del soma como «licor de inmortalidad» y como equivalente del Grial. Karapatri escribe a este respecto: «La luna es la copa de soma, de elixir sacrificial. Colocado cerca del tercer ojo que es de fuego, el creciente de luna muestra el poder de procreación próximo al de destrucción». Y Daniélou comenta dicho texto diciendo que la luna simboliza en este caso «el cáliz de esperma. el poder sublimado de Eros, cercano al fuego de la ascésis» o «la oblación colocada junto al fuego sacriflcial» (30). Las palabras de Daniélou nos llevan a considerar el nexo que une la media luna con el lingam (el falo er­guido verticalmente), otro de los símbolos de Shiva; nexo que tiene su exacto equivalente en el vínculo que une al cáliz y la lanza en el mito medieval europeo. Tanto la lu­na como el cáliz representan el elemento femenino), horizontal, receptivo y engendra­dor, mientras que la lanza (que posee una innegable significación fálica) y el Iingam simbolizan el principio masculino, vertical, símbolos del Eje del mundo, del pilar sagrado que une Cielo y Tierra, del «Árbol de la Vida», del que caen las gotas del rocío celestial, el agua de vida o «jugo de inmortalidad» (simbolizados, a su vez, en el cuerpo humano, por la sangre y el esperma), siendo tales gotas recogidas precisamente en la copa, para producir el milagro de la vida universal. A todo esto puede aún añadirse que el lingam suele ser representado dentro de un triángulo invertido que simboliza el yoni, el órgano femenino -la pareja lingam-yoni es uno de los elementos más característicos de la simbología shivaita-, y en este punto es conveniente recordar que el triángulo invertido es tam­bién el símbolo geométrico de la copa y del corazón (31).

Budismo

En la tradición budista, heredera de la tradición hindú en más de un aspecto, reaparecen la mayor parte de los símbolos que hasta ahora hemos considerado.

En primer lugar, el chakra. La rueda o disco solar, arquetipo del Grial, se presenta aquí bajo la forma de Dharma-chakra, la «rueda del Dharma» o:«rueda de la Iey». Es ésta la rueda que, según la poética expresión de los textos pali, el príncipe Siddharta hizo girar en su sermón de Benarés, anunciando así al mundo la nueva doctrina. De aquí el nombre de rueda de la enseñanza, de la predicación o de la buena nueva con que se la conoce.

El Dharma-chakra es, por consiguiente, la materialización simbólica de la doctrina y vía búdicas. Representada en forma de círculo con un número variable de ravos o radios, alude al mismo tiempo a la Verdad que el Buddha reveló en su enseñanza y al «noble óctuple sendero» que permite realizarla; sendero que se configura como una auténtica «vía solar», como una vía hacia el Grial. En su figura se hallan plasmados tanto el objetivo alcanzado como el «Despierto» (la Iluminación o Liberación), como el camino que al mismo conduce (la «Vía del Despertar» o «Camino del Medio»).

El centro de la «rueda del Dharma« significa la Verdad que es principio y fin, origen y meta. Es el núcleo y fundamento de la existencia, que es también, y por ello, la meta a alcanzar, el blanco de la diana: el Nirvana, el Vacío o Vacuidad (Shunyata), la Talidad (Tathatá), la Realidad Suprema o Verdad Absoluta (Paramartha Satya), la Eternidad o Presente Absoluto, la Naturaleza-Búdica la «Tierra Pura» (o Isla de los Bienaventurados), la Inmortalidad (amrita o amata), la Mente o Corazón universal. Los radios de la rueda son los rayos que irradian del Centro luminoso hacia la periferia samsárica, a la vez que los cauces que desde dicha periferia hacia el Centro convergen; simbolizando así los caminos que, iluminados por el resplandor de ese mismo Centro a él conducen. Son los senderos que desembocan en el Centro oculto; las rutas que llevan a la cumbre de la «Montaña Gloriosa» o a la Isla central de la Beatitud, los puentes que permiten atravesar la corriente y pasar a «la otra orilla»; las flechas que apuntan al Corazón (Kokoro-­Hsin) (32), al Sol de la Bodhi; los dardos que dan en el blanco. De aquí que en la versión mas generalizada del Dharma-ckakra budista, aparezcan en número de ocho, indicando así las ocho normas que integran el »óctuple sendero noble». Esos ocho radios, unidos entre sí, integrados en esa misma tendencia concéntrica que les es común, forman la perfecta representación grafica de la «Vía media» o «Camino del Medio» (Majjhima-patipada). En otras palabras: la «Vía del Centro» o «Vía del Grial».

Y es en el centro de la rueda -en ese centro inmóvil, que mueve sin moverse, que es el lugar del wu-wei o mu-i (no-acción), del wu-hsin o mu-shin (no-mente); es decir, del «no-ego» y «no-dualidad», de la actividad perfecta- donde se encuentra el Buddha, el Hombre universal, que desempeña así la función de Chakravartin, de Señor universal o Rey del Grial, que hace girar la rueda del orden cósmico. Es en ese punto central donde se produce la integra­ción de contrarios, donde queda trascendida toda dualidad: de ahí que en algunas versiones del Dharma-chakra aparezca en el centro la figura del Tai-ki, con su síntesis del yin y el yang, símbolizando la identidad de Nirvana y Samsara.

Desde otra perspectiva, inseparable de la anterior, el disco solar del Buddha se nos presenta como imagen de la «puerta solar», a la cual es consustancial la idea de «medio» o «centro» y cuyo simbolismo va íntimamente vinculado al del Grial. Vinculación ésta última que puede entenderse en un doble sentido: ya sea la «puerta solar» en cuanto vía de acceso al Grial (33), ya sea el Grial mismo considerado como «puerta solar» que conduce a las esferas superiores del ser (Cristo cuando dice «Yo soy la puerta», el Buda Amida que se ofrece como puerta al Paraíso de la «Tierra Pura»).

Si los radios de la rueda son el camino o los caminos de la búsqueda, el centro vacío en el que aquellos confluyen es la puerta que conduce al tesoro oculto. Si los radios simbolizan el sendero que hay que recorrer para alcanzar la meta, el paso a través de su centro significa el logro de dicha meta; el logro de la Iluminación, la conquista del satori. Es el tema del «ojo de la aguja» evangélico (simbolizado a nivel gráfico en el extremo circular superior de la P en el Crísmón, que es a su vez el disco solar), coincidente con el del arquero que atraviesa la diana justo en el centro, que tanta importancia adquiere en la doctrina Mahâyâna. Los rayos que parten del centro y al centro vuelven son las vías del Sol; el centro, sede del Buda Maha-Vairochana (el Gran Sol), es la «puerta solar» que lleva a la experiencia suprema de la luz.

Especialmente sugestiva en relación con el tema que aquí estamos tratando es la comparación establecida por Alan Watts entre la custodia cristiana y la cruz florida en su extremo-superior (rosa-cruz), por un lado, y el Dharma-chakra budista colocado sobre una columna o pilar sagrado, tal y como ha llegado hasta nosotros en los restos de la stupa de Sanchi, por otro. Ambas formas, observa Watts, reproducen la misma estructura básica: la de un tronco o eje sobre el que se alza una figura circular, representativa del disco solar, plasmando así «el motivo perenne del Árbol-Eje que asciende desde la tierra hacia el sol, y a través del corazón del sol -la Puerta del Sol- hacia el mundo del más allá (34).

Quien ha pasado victoriosamente a tra­vés de la «puerta solar» conquista el estado incondicionado y goza de la fuente inagotable del amrîta, el néctar de la inmortali­dad. Así, de Milarepa se decía que necesitaba muy escasos medios para su subsistencia material, pues estaba en posesión de dicho néctar de la inmortalidad: «había atravesado los portales de la pura luz intelectual, y a partir de entonces su alimento fue el amrîta, la ambrosía de los dioses« (35). Conviene recordar que en la tradición budista el néctar de la inmortalidad se identifica con el Nirvana, y que el Nirvana está representa­do, según veíamos, por el vacío del cubo de la rueda, vacío que es precisamente lo que le hace girar.

En la simbología budista volvemos a encontrar también el «tercer ojo». Es el urna, «perla de sabiduría» o «punto brillante», que resplandece sobre la frente del Buddha como signo de su Iluminación. Es interesante señalar que esa urna, que es el «ojo divino» (diuya chaksus), «ojo de la verdad« (Dharma-chaksus) o «ojo del conocimien­to» (prajna-chaksus), surge al mismo tiempo que se integran los cuatro cuencos (punto éste del que hablaremos más adelante) y en el mismo instante en que la mirada interior llega al Centro. La apertura del «tercer ojo» coincide con el paso a través de ese «ojo» o abertura central de la rueda solar a que antes nos hemos referido. Todas estas son expresiones simbólicas que apuntan a una sola y misma realidad.

Símbolo capital del Budismo es también el loto, el cual hace continuo acto de presencia tanto en los textos sagrados como en las obras de arte del mondo budista. El Buddha Sakyamuni nace en el interior de un loto y tiene el loto por trono, sobre el que está sentado precisamente en la llamada «postura del loto« (padmasana), que es la empleada preferentemente en la meditación budista. Los Bodhisattva son asimismo representados sobre un loto y, en muchos casos, sosteniendo un loto en la mano. El loto es también otro de los signos que porta el pie del Buddha. Y la misma «rueda del Dharma«, al igual que ocurría con el disco de Vishnú, es identificada con el loto de ocho pétalos, símbolo de la armonía cósmica.

Gran parte de lo dicho al hablar del loto de Vishnú es válido aquí, por lo que, para evitar repeticiones, nos limitaremos a des­tacar algunos aspectos peculiares del sim­bolismo del loto en la tradición budista.

El loto representa, ante todo, la esencia luminosa del hombre,. su Naturaleza búdi­ca, que no se ve afectada por el contorno cenagoso del Samsara. La flor de la luz y de la pureza «expresa la idea de que todos so­mos virtualmente Buddhas, emanaciones o reflejos de la esfera imperecedera y trascendente « (36). Si, por un lado, el loto que sostiene al Buddha es «la naturaleza de las cosas, la fatalidad serena y pura de la existencia, de su ilusión, de su desvanecimiento«, por otro, «es también el luminoso Centro de Mâyà de donde surge el Nirvana hecho hombre» (37).

El loto es la flor del Despertar y de la Ilu­minación; el cáliz de la Budeidad y del Nir­vana; el vaso que contiene la esencia de la compasión (karuna) y la sabiduría (prajna). En los dohas de la escuela tántrica Sahajika se habla del «néctar de loto» que el yogui bebe de labios de su compañera ritual. Prithwindra Mukherjee explica esta expresión con las siguientes palabras: «en el Centro del loto-de-mil-pétalos se encuentra una luna sutil que desborda en una corrien­te tenue pero constante el brebaje de inmortalidad« (38). Todo lo cual nos hace volver a lo dicho acerca de las relaciones existentes entre la luna y el soma védico.

Si el cáliz del Grial conserva la sangre de Cristo, que es luz y vida del mundo, el cáliz del loto contiene la Luz del Buda, que es sangre vivificante y liberadora del cosmos. Al igual que ocurre con la Santa copa en relación con la espiritualidad cristiana, el loto encierra dentro de sí la quintaesencia búdica.

Pero donde el paralelismo con el Grial resulta más directo y llamativo es quizá en el patra o patta, el cuenco o escudilla mendicante del Buddha. La correspondencia re­sulta aquí evidente, si tenemos en cuenta que se trata en ambos casos de objetos relacionados con la nutrición, y más concreta­mente con una nutrición milagrosa, que lleva consigo la idea de salud y plenitud, de algo inagotable y que colma por completo.

Como ha puesto de relieve Coomaraswamy, el cuenco de Siddharta Gautama es descrito simbólicamente como un «cuenco lleno« (punna patta), «provisto de toda clase de alimentos«, Extremo éste que se ve corroborado por el hecho de ser símbolo no sólo del Buddha Gautama sino también del Sambhogakaya, el «Cuerpo de Beati­tud», con el mismo nombre -que significa literalmente «Cuerpo de Omnifruición» (kaya= cuerpo; bhoga= comer; sam= completa o absolutamente)- «implica úna fruición perfecta; universal y sin esfuerzo» (39). El cuenco de Buddha reaparece, pues, el tema de la copa de la abundancia y del alimento que satisface todas las necesidades, uno de los leit-motiv capitales del mito del Grial.

Pero esto no es todo. A este significado de recipiente de plenitud, el patra del Buddha incorpora los de centralidad, unidad y totalidad. Sakyamuni realiza el prodigio de deshacer lo hecho por los cuatro Ribbus al dividir la Copa de Tvashtri. Expía la acción, en expresión de Coomaraswamy, de los artistas celestes convirtiendo en una las cuatro copas por ellos forjadas. En efecto: habiendo recibido un cuenco de cada uno de los cuatro reyes de los diversos puntos cardinales (expresión simbólica de la totalidad del universo), el Buddha lo reduce a uno sólo, reintegrándolos al Centro, a la Unidad, y haciendo así de su cuenco o patra el símbolo mismo del omphalos, del Centro universal. «Para el Buddha, que ahora es un ser unificado -escribe Coorna­raswamy-, el Grial es una vez más como había sido en el principio» (40). Una vez reintegrado el cuenco, que se convierte entonces en copa de plenitud, el Buddha comerá de él, simbolizando así su nutrición integral, andrógina, hecha de amor y sabiduría.

En algunas ocasiones, el patra del Buddha, en especial en ciertas irnágenes tibetanas o indochinas, presenta forma casi triangular o cónica, acentuando así su semejanza con la copa y el corazón. De su interior, en el centro mismo, surge a veces un loto, lo que viene a subrayar aún más el paralelismo con el Grial en cuanto copa de la abundancia y vaso del sol. En las representaciones de los Boddhisattvas y del Buddha Trascendente, el lugar del patra se halla ocupado por el recipiente que contiene el néctar de la inmortalidad. Tal es el caso, por ejemplo de Amida, Maitreya o Avalokiteshvara. Entre los atributos de éste último, junto a la vasija que contiene la ambrosía del amrita, figuran otros objetos simbóli­cos de clara significación griálica, como el loto, la joya Chintamani (que satisface todos los deseos y que, por su misma purísima transparencia, es invisible) y el ojo que todo lo ve (representado como una serie innumerable de ojos, localizado cada uno de ellos en el centro de cada una de sus cien manos, como otras tantas heridas que la compasión hubiera producido en su palma cordial).

En relación con este tema hay que destacar que, así como el soma y el vaso con lo contiene están inseparablemente ligados al «Arbol de la Vida», el patra del Buddha lo está al «Árbol de la Bodhi«, que no es sino una variante del Árbol del Sol. No ha de perderse de vista que la lucha que el Buddha sostiene con Mara es, en realidad una lucha por el Centro y el Eje del Mundo, por el cuenco y el Árbol, o, lo que es lo mismo, por el fruto de éste último: el licor de la inmortalidad (41).

La relación entre el patra y el Árbol de la Bodhi, tiene su exacta correspondencia en el mito medieval del Grial, en el nexo que une al Santo Cáliz con la Santa Lanza, símbolo asimismo del Eje universal, equivalente al árbol. El patra es al «Árbol de la Iluminación» lo que el Cáliz cristiano es a la Lanza (o también al Árbol de la Cruz, con el que aquélla está íntimamente relacionada).

La polaridad copa-lanza reaparece, incluso con una similitud más llamativa y evidente, en otros muchos pares de objetos simbólicos de la tradición budista, como la rueda y cl tridente (trisûla), el disco y el pilar (tal y como se conservan en muestras como las de Sarnath y Sanchi, a las que ya antes nos hemos referido), el ghanta y el vajra en el budismo tibetano (Símbolos de receptividad femenina y de la energía viril de la Sabiduría y de la Compasión) o el cuenco el bastón, tan frecuentes en la simbología Mahâyâna. Como ejemplos de esta última figura histórica y simbólica a la vez, pueden mencionarse: el patra y el khatvanga(o bastón mágico) de Padma­sambhava, el legendario fundador del Lamaísmo; el Boddhisattya Kichitigarbha que porta el bastón con anillos prodigiosos y la joya que colma los deseos; el cuenco mágico del maestro Shoko y el bastón mi­lagroso, «coronado por argollas tintilantes«, del maestro Cho, los cuales, como explica Taisen Deshimaru, «simbolizan el poder del Buda, la esencia del Zen (42). Ejemplos todos especialmente interesantes todos por el modo como en ellos resalta la virtud milagrosa de ambos objetos, similar a la que poseían la Lanza y el Cáliz cristianos. Puede también citarse al MahakaIa tántrico, que en una de sus cuatro manos sostiene una «bóveda craneal llena de amrîta, el néctar divino», mientras que en otro esgrime una espada, instrumento integrador de todas las energías (los otros dos objetos que el Mahakala tiene en sus otras dos manos -una «cuchilla curva que simboliza el enriquecimiento» y el tridente que simboliza la destrucción de la ignorancia, la pasión y la agresión- pueden verse como expresiones complementarias de los dos anteriores) (43). En la postura de Za-zen, el binomio cuenco-bastón o copa-lanza se halla, por así decirlo, somatizado, plasmado a nivel cor­poral: la lanza o el bastón es la columna vertebral, bien recta y erguida, apuntando hacia lo alto, firmemente hincada en la tierra, como eje de la montaña que forma el cuerpo; el cáliz o cuenco es el mudra -mudra de paz, armonía y plenitud- formado por las dos manos que, colocadas en posición de reposo la una sobre la otra, reproducen precisamente la forma de un recipiente, emplazado exactamente en el centro, a la altura del hara (44).

Todos los símbolos del Budismo nos hablan, pues, del misterio del Grial. La cumbre que tiene por meta el arya-marga pregonado por el «León rugiente» oriental es la misma que el mito medieval situó en Montsalvat. Es la cumbre donde resplandece el Sol metafísico y donde se abre el loto de la Iluminación y Liberación.

Vía regia, el «noble óctuple sendero» conduce a las cimas del Satori, a la tierra inaccesible del Nirvana tan inaccesible como Montsalvat, el lejano «Reino del Grial»; allí donde se oculta ese recipiente misterioso y milagroso hecho de luz y Amor, de prajna y karuna, que siempre hemos portado en nosotros, pero que no vemos porque aviydya, la ignorancia, nubIa y oscurece nuestra mirada.

Teniendo por cauce la «Vía del Medio» -la vía central del Sol, la senda de los cisnes (45) (según la poética expresión del Dhammapada), «el sendero medio que da la luz» (según la definición del Samyutta -Nikaya)- ; por meta, la conquista del néctar del amrita, que es una misma cosa que el hallazgo del corazón o Centro absoluto; y como guía, la esvástica y el disco solar del Dharma, la marcha espiritual de quien sigue los pasos del Buda se perfila como una auténtica «búsqueda del Grial».

Taoísmo

En el Taoísmo, el Cáliz del Grial encuentra su equivalente en el vaso de Kuan-­Yin, la Virgen celestial taoísta que encarna la armonía, la sabiduría y la compasión, la pureza y la fertilidad, y que se caracteriza por su disposición a ayudar a cuantos se hallan perdidos o han extraviado su camino en la vida. En sus manos Kuan-Yín -identificada de forma generalmente ad­mitida, incluso a nivel popular, con el Bodhisattva Avalokiteshvara de la tradición budista- porta, al igual que éste último, un vaso que contiene el «agua de vida» o «néctar de la inmortalidad». Un vaso que, en virtud de las cualidades que distinguen a su portadora, se presenta además como copa de la abundancia, como vaso de compasión y sabiduría. Rasgos todos ellos presentes en el Grial.

Otro de los emblemas de Kuan-Yin es el loto. Su mismo nombre sánscrito, Padma pani, quiere decir «la nacida del loto». Pe­ro, en realidad, el loto, por su forma de cáliz, coincide en su identificación fundamental con la copa. Flor solar por excelencia del Oriente, simboliza la «Copa del Sol», que recoge la sustancia solar o el oro espiritual, la sustancia luminosa del Tao. Desde otra perspectiva, en cuanto síntesis de los principios solar y lunar -lo primero, por abrirse virilmente a la luz del sol; lo segun­do, por hundir sus raíces en el mundo femenino de las aguas- el loto materializa «el equilibrio de los dos poderes», el yin y el yang, o, lo que viene a ser lo mismo, el Andrógino, lo autoexistente» (46). Por otro lado, el loto es una misma cosa con la «flor de oro», que tanta importancia adquiere en la doctrina taoísta y que encierra la quinta-esencia de su mensaje. La flor de oro», de la cual tenemos un exacto paralelo occidental en la «rama de oro de los antiguos misterios helénicos, no es sino la plasmación simbólica de la meta que corona la «vía del Tao»: la conquista de la inmortalidad.

La búsqueda de la «flor de oro» y del «eli­xir de la inmortalidad» -versión extremo­-oriental de la «búsqueda del Grial»- centró siempre la atención de los sabios taoístas o, para ser más exactos, de los aspirantes a tales. Su meta no era otra que descubrir el secreto de la longevidad, alcanzar el estado de los «Inmortales» (Hsien). Todo lo cual no ha de entenderse, evidentemente, en el sentido material de prolongación indefinida de la vida física y terrena, como se suele afirmar, sino como realización de un nivel del ser incondicionado que trasciende la vida y la muerte, lo que en otras tradiciones se designa con el nombre de «liberación« o iluminación»). La idea de inmortalidad o longevidad se erige, pues, en fuerza motriz de la vía del Tao, que se configura así como una «vía de inmortalidad» (Hsien-Tao). Pero para alcanzar ese estado hay que adoptar una nueva actitud existencial, hay que aplicar a la propia vida aquella disciplina o conjunto de técnicas espirituales que permita llevar a cabo la necesaria transformación del ser. Traducido al lenguaje sim­bólico de la alquimia taoísta: hay que encontrar y beber el elixir mágico de la vida.

Este último recibe diversos nombres: «elixir de vida» (Ming-tan), «elixir inmortal» (Hsien-tan), «elixir de oro» (Chin-tan), «esencia de oro« (Chin-shing), o «esencia de jade» (Yü-sing). Llamado también «medicina de los inmortales (Hsien-yao), se corresponde con la «Piedra filosofal» de los alquimistas occidentales, calificada de verdadera medicina» en los antiguos tratados alquímicos.

Se trata de una bebida mística y simbólica, relacionada con una diversidad de sustancias minerales y vegetales -el oro, el jade, el cinabrio, la canela, el jugo de ciertos frutos, el rocío- y resultante en la mayoría de los casos de una mezcla de varios de ellos, que es bebida en una copa de jade. A pesar de la presencia de elementos minerales, como lo indica su nombre de esencia y elixir, el Hsien-tan es básicamente una esencia vegetal. Tal es al menos la tesis que sostiene René Guénon, el cual ha puesto de relieve cómo la alquimia china da especial realce al aspecto vegetal, a diferencia de la alquimia occidental, en la que adquiere mayor predominio el aspecto mineral. Incluso en aquellos casos que se hace referencia a una sustancia mineral, como el jade, hay que tener presente que éste es concebido como jugo de plantas petrificado o cristalizado (47).

Su carácter áureo, indicado por su nombre de esencia de oro o elixir de oro, no hace sino aludir a la naturaleza so­lar de dicha bebida de inmortalidad, por ser el oro el metal del sol. El «elixir de vida» taoísta es, pues, una auténtica bebida del Sol. Otro tanto ocurre con el jade, la piedra preciosa más estimada por los chinos, cuyo simbolismo es paralelo al del sol. Mineral de esencia yang, al igual que el oro, materializa las virtudes celestes y luminosas y simboliza la regeneración, el alimento espiritual, el retorno al estado primordial. Es la piedra mágica del Centro, que refleja el fulgor solar, que renueva la vida del Sol en el hombre. De ahí que fuera el símbolo de la función imperial y que el cielo (Tien) estuviera representado en la tradición china por un disco de jade perforado en el centro, que estaba en posesión del Emperador y por medio del cual éste entraba en contacto con el Cielo (48). La copa de jade en que se re­coge y bebe el «elixir de inmortalidad» se define, por lo tanto, como una auténtica copa del Cielo, respondiendo así al arquetipo del Grial. Beber de la copa de jade significa asimilarse todas sus propiedades sim­bólicas, hacerlas realidad en el propio ser.

Su naturaleza de «esencia vegetal» asocia inmediatamente al «elixir de vida» taoísta -al igual que ocurre con el «brebaje de inmortalidad» en el resto de las tradiciones-con el «Árbol de la Vida», símbolo del Axis mundi, del Eje que une Cielo y Tierra, y que es a su vez un «Árbol del Sol». La «esen­cia de jade» o «elixir de oro» es, en efecto, el jugo extraído del «Árbol de la longevidad», el cual aparece identificado bien con el melocotonero (el árbol paradisíaco cuyos frutos dan la vida eterna), bien con el sauce (el árbol siempre verde que da nombre a la «Ciudad de los sauces», que es la «Casa de la Gran Paz» y la «sede de los Inmortales»), bien con el ciruelo (el árbol de la juventud y de la primavera, bajo el cual nació Lao-­Tse y del cual recibió su nombre), bien con el laurel (la planta de la victoria inmortalizante, consagrada a Apolo en la antigua Grecia) o con el pino (cuya resina se convierte en el ámbar, coagulación del dorado y transparente fluido solar). Especial mención merece el melocotonero «Árbol de la Inmortalidad» por excelencia de la tradición china, en la cual se presenta como «el Árbol de la Vida en el centro del Paraíso» (49). El melocotón, cuyo tono dorado-rojizo evoca la vitalidad solar, es el fruto del que se alimentan los inmortales y el emblema del dios de la longevidad, Peng-Tsu: su jugo interviene como ingrediente capital. en la construcción del «elixir de vida». En otras ocasiones la «Planta de larga vida» es identificada con el Ling-chih, hongo sagrado que crece en las raíces de los árboles y que forma parte también, junto con el melocotón, de los emblemas del dios de la Iongevidad. Es interesante obseryar que de la figura del Ling-chih toma su forma el.Joo-i o «maza de diamante», instrumento cere­monial y emblema de longevidad, que, relacionado con el falo y el cetro de supremacía civil, se corresponde con el vajra o rayo de Indra; (50) lo que permite relacionarlo con la Lanza de Grial, símbolo del Eje Cielo-Tierra.

El «elixir de vida» taoísta se halla, por otra parte, en relación con la «Fuente de Vida», así como con la isla, la roca y la montaña, símbolos todos ellos del Centro. Los mitos taoístas hablan de una «Isla de los Bienaven­turados» (Peng-Lai), situada al Oriente, en la que crecen con especial profusión los hongos sagrados Ling-chih y en la que brota la «Fuente de la Vida», cuyas aguas, que manan de una roca de jade, dan la eterna juventud. Otros mitos sitúan la sede de la inmortalidad de jade (Yü-lou) de la diosa ­hada Hsi-Wang-Mu (la Madre-reina del Occidente), la reina del fénix y de la garza, y su esposo Tung-Wang-Kung (el Señor-rey del Oriente). Dicho. palacio está rodeado de unos magníficos jardines en los que crecen los melocotoneros mágicos de la longevidad y el «Árbol del dulce rocío», cuyas hojas y flores confieren el don de la inmortalidad. Al pie de la montaña Kuan-lun surge la fuente milagrosa Tan-Shui («Agua de elixir»), de «cualidades otorgadoras de vida eterna» (51). Aún en aquellos casos en que no se hace explícita referencia a tales lugares míticos, se mantiene la referencia al simbolismo central de la montaña. Los textos taoístas sitúan siempre los lugares donde crecen las plantas o minerales de la longevidad en lo alto de las montañas, bien sea ocultas en el fondo de cavernas inaccesibles o luciendo sobre elevadas rocas de peligroso acceso (en este último caso, resulta significativo que se trate generalmente de rocas mojadas o humedecidas por el rocío).

Interpretando ahora todo este rico material simbólico, hay que decir que el «elixir de inmortalidad», la «flor de oro» o «esencia de jade» no es otra cosa que el pulso del Tao convertido en aliento y sangre de la propia vida. Descubrir el «elixir de vida» es armonizarse con el Tao, llegar a la conjun­ción con el Centro absoluto que está presente en todas partes, sin poder ser abarcado por ninguna. Es alcanzar «la unión con el principio primordial eterno e indestructible» que rige el orden universal; unión que hace todo posible y permite dominar todos los secretos de la naturaleza (52). «Destilar dentro del cuerpo un elixir de oro» o «tomar la píldora de oro», dice John Blofeld, significa purificar el espíritu de escorias y volver a la «Fuente del Ser», atrayendo así «la esencia, vitalidad y espíritu cósmicos» (53). Quien bebe el «brebaje de jade» o el «dulce rocío celeste» se alimenta de la fuerza del Tao.

Al fundirse con el Tao, el hombre se libera de la dualidad, del ego y de la existencia condicionada; se identifica con el Todo universal, se armoniza con el ritmo cósmico, consigue el perfecto equilibrio entre el yin y el yang, y alcanza de éste modo la plenitud de vida. «Monta en el carro del sol», desde el que goza de la visión del «Centro del anillo», según la poética expresión de Chuang-Tse; ocupa el lugar central, el «Eje» o «Pivote del Tao», donde se resuelven todas las contradicciones y donde se realiza el Orden Total (54). Alcanza la libertad absoluta; «participa en la infinitud del universo y en su inmortalidad», no pudiendo ser aferrado por la muerte, pues «vive de la vida misma del Tao» (55). Una vez que se ha logrado la «visión del Uno», de lo Infinito y Absoluto del Tao, se trasciende la distinción del pasado y presente -dice Chuang-Tsé- y se penetra en «el reino donde ya no hay ni vida ni muerte»; esto es, en la Eternidad, en el Eterno Presente o Ahora Absoluto (56).

He aquí el misterio que se oculta en el Grial taoísta: en el vaso de Kuan-Yin y en la Copa de jade que contiene el «elixir de oro». Bien podemos afirmar que el Grial es, en definitiva, el Tao mismo. Si el Grial se presenta siempre como fuente, tesoro y refugio, el Tao es definido como «la fuente de todas las cosas, el tesoro del hombre bueno y el refugio del malo» (57). El Tao -«la gran plenitud» que «semeja vaciedad, pero que nunca se agota en su uso», según Lao­-Tse (58)- es auténtico vaso de plenitud.

El mismo emblema del Tao, el Tai-ki, presenta la forma circular del disco o pate­na solar, arquetipo del Grial (59). Forma circular en cuyo interior, por añadidura, está contenida aquella síntesis primordial del sol y de la luna de que habla Coomaraswamy; síntesis que, según el mito védico, caracterizó a la «Copa de Tvashtri», el Grial hindú, antes de su disociación, y que aquí se halla expresada por la unión indisociable de las dos mitades yin y yang (60). Es la misma imagen que veíamos materializada en el loto, la flor sagrada de Kuan-Yin, símbolo, al igual que el Tai-ki, del Andrógino primor­dial y de la «copa de plenitud». El Andrógino, como ha indicado J. C. Cooper, no es más que «el yin-yang recuperando la completa y absoluta unidad en el Tao; reali­dad simbolizada en el loto, que, «por conte­ner ambos poderes, del yin y del yang, del agua y de la luz, es una totalidad; como auto-creado, auto-existente, es el Tao» (61).

Descubrir el «elixir de oro», llegar a la montaña santa de Kuan-lun o a la «Isla de los Bienaventurados» es conquistar el Grial y conquistar el Grial es hacerse uno con el Tao.

Shinto

En el Shinto, el Grial éstá representado por los «Tres divinos tesoros» (Senshu-no-Jingi), que constituyen el más sagrado patrimonio de la religión nacional japonesa, y en especial por dos de ellos: el Espejo y las Joyas.

El «Espejo divino», (Yata-no-Kagami) es el centro mismo del Shinto. Símbolo dé Amaterasu, la diosa del Sol, divinidad central del panteón shintoista, progenitora de la familia imperial, fue entregado por ella a Ninigi, el fundador del Imperio del Sol Naciente, con la recomendación de que lo tuviera siempre presente, pues en él reside su espíritu. Por su forma circular es la representación plástica del disco solar, y su superficie pura y limpia que refleja con plena fidelidad la luz del sol simboliza la irradiación amorosa y difusiva del Astro-rey. Imagen visible del Sol espiritual, del Intelecto divino, del Logos o Eros solar, simbo­liza la Presencia de Dios; presente en el mundo como el sol en el espejo, al reflejarse en él, y, a través del espejo, en todas las cosas, al reflejar éste sus rayos y proyec­tarlos sobre cuanto le rodea (62). El Espejo siignifica, según Chakafusa Kitabatake, la imparcialidad de la Voluntad eterna. El Espejo sagrado es el «Sol terreno» en que se encarna sacramental y simbólicamente el Sol celestial.

El Yata-no-Kagami es la materialización sensible del Centro del universo, del núcleo vital del macrocosmos y del microcosmos. Es el Centro supremo, que lo refleja todo (proyectándolo fuera de sí y dándole así la vida) y donde todo se refleja (haciéndole retornar al Origen); el Centro que todo lo contiene (por reflejar todas las cosas tal y como son), que hace surgir todo de sí mismo y que atrae todo hacia Sí; el foco central y luminoso de donde todo arranca y donde todo encuentra su verdadera realidad, su paz y su reposo. Es el Corazón (kokoro) que anima y sostiene la existencia universal. Es la «Fuente de Vida»: el centro del que mana el elixir de la inmortalidad (63).

Es la copa resplandeciente donde se refleja el mundo entero (64). El plato de la nutrición universal, la patena del pan celestial que alimenta integralmente -al cuerpo, al alma y al intelecto- con su solo resplandor. El cáliz sacrificial que pone en contacto Ciclo y Tierra: receptor del fluido vivificante de lo alto -la sangre o aliento divino; la luz de Amaterasu-, que transmite a la humanidad terrena, del mismo modo que recoge las energías terrenas, para transfigu­rarías y elevarías hacia las esferas divinas, como ofrenda al Sol supremo.

Encerrado en un cofre y oculto a la mirada de los hombres (detalle que evoca la imagen del «tesoro oculto», meta de toda vía iniciática), celosamente guardado desde milenios en lo más recóndito, en el sancta sanctorum del Gran santuario de Ise, centro espiritual del Imperio del Sol Naciente -esto es, en el centro del centro- en lo alto de la montaña que a dicho templo da nombre, el paralelismo con el Grial europeo no puede ser más evidente. La peregrinación hacia ese centro sagrado donde se conserva el Espejo divino -peregrinación que es, sin lugar a dudas la más im­portante en la religión shintoista-, tiene el valor de una auténtica búsqueda del Grial. A la idea de imagen de la peregrinación se añade aquí, por otra parte, la del ascenso a la montaña, para subrayar aún más el paralelismo.

El mensaje espiritual del Espejo sagrado shintoísta podría resumirse en la fórmula «Contempla la Verdad y vive conforme a ella» , o, lo que viene a ser lo mismo:

«Identifícate con el Sol divino, hazte uno con Él». Fórmulas que encierran, en el fondo, el mismo contenido que el aforismo délfico Conócete a ti mismo (65). Todo lo cual se halla perfectamente simbolizado en el espejo, el cual, si por un lado simboliza la Verdad -en cuanto que en él se refleja la verdad de las cosas y la luz del sol-, otro, es el instrumento que nos permite conocernos tal y como somos, contemplar nuestro verdadero rostro. He aquí, pues, la enseñanza materializada en el «Espejo divino»: busca ante todo la Verdad, la Realidad que constituye tu misma naturaleza. Dicho con otras palabras: descubre el Grial que se oculta en el altar de tu corazón; encuentra tu propio centro, que es el Centro divino; despierta al Sí metafísico que luce en lo más hondo de tu ser.

El collar de joyas (Yasakani-no-maga­tama), «collar de joyas curvas siempre brillantes») es otro de los objetos que integran el «Triple Tesoro Imperial» en el que están presentes muchos de los signifícados del Grial. Se trata, como su nombre indica, de una serie de piedras preciosas de forma curva, cuyo aspecto guarda una gran seme­janza con cada una de las dos mitades, yin y yang, que forman el Tai-ki taoísta, y que llevan implícitos los significados simbólicos de centralidad y estabilidad.

Entregadas por Amaterasu al fundador de la dinastía imperial, encarnan, según Seishizai Aizawa, «la virtud de Amaterasu». De ellas se puede decir, por tanto, que son piedras del sol. En su doble cualidad pétrea y solar -la piedra y el sol simbolizan por igual el Centro, en las más diversas tradiciones- las joyas imperiales materializan el Centro que se personifica en el Ten-no. Su origen -aparte de haber sido recibidas de Amaterasu, fueron fabricadas por el Kamí celeste Ame-no-akaru-tama-no­mikoto (Ame quiere decir justamente «cielo») -las define como «piedras celestiales», punto en el que también coincide con el Grial, que en algunas versiones del mito medieval es descrito precisamente como lapis ex coelis, «piedra del cielo».

Al simbolismo central de la piedra, se añade el luminoso y prodigioso de la joya, a la cual se atribuye en numerosas tradiciones un misterioso poder curativo e inmortalizante (67). Se las ha comparado, en este sentido, con el urna budista que, por su identificación con el «tercer ojo», se corresponde a su vez con la «piedra frontal» de Lucifer, el Príncipe de la Luz (hay que apuntar que el magatama tiene un orificio que guarda una cierta similitud con el ojo; el hecho de que por él pase el hilo que lo inserta en el collar lo asimila, por otra parte, al «ojo de la aguja» o «puerta solar»). Esto permite considerar a los magatamas como piedras que confieren o restituyen el «sentido de la eternidad» (expresión sinónima del «tercer ojo»). De ellas se ha dicho que abren las puertas de la eternidad y que fuerzan el paso angosto que conduce al Paraíso (de aquí su presencia en los antiguos enterramientos del Japón).

En las joyas shintoístas puede verse la condensación o cristalización de lo que en otras tradiciones recibe el nombre de «néctar de la inmortalidad» o «elixir divino». Su misma forma, que recuerda la de la gota de agua o «gota de rocío» (figura ésta de especial importancia en la cosmogonía y simbología shintoistas) parece sugerir esta conexión con el «agua de la vida» (no ha de olvidarse que el rocío se identifica en la simbología tradicional con el néctar que mana del «Árbol de la vida» (68). Chikafusa Ki­tabatake decía que las joyas contienen la «esencia de la luna», lo cual permitiría establecer cierto nexo analógico con el soma, el licor de inmortalidad védico, identi­ficado asimismo con la luna. La forma de magatama presenta, por otra parte, una extraordinaria similitud con el jambu, el fruto del árbol que dio nombre a la India (jambu-dvipa = la isla del fruto de jambu, identificada con el continente central de Meru), el cual, es, a su vez, semejante al fruto del Árbol de la Bodhi, según es representado en algunos relieves budistas de los primeros tiempos (como, por ejemplo, el pilar de Bharhut). Datos todos ellos que vienen a subrayar la vinculación de las joyas imperiales con el néctar o fruto del «Arbol de la Vida», del cual los últimos ejemplos citados no son sino adaptaciones concretas. Interesante es también a este respecto la equiparación establecida por algunos autores entre los magatama shintoistas y el maná bíblico, o el recipiente en que él mismo era recogido; pues el maná viene a ser una variante de la ambrosía o alimento celestial, y en él claramente aparece el motivo de la copa de la abundancia, inseparable de la imagen mítica del Grial. En los magatama puede verse, por otra parte, un notable parentesco con la «joya mágica» Chintamani, que es uno de los atributos del Chakravarti hindú y que, por ser la joya que satisface todos los deseos, guarda una estrecha relación con la copa de la abundancia. En las gemas sagradas del Shinto podemos ver, por tanto, la materialización simbólica de una fuerza mágica que alimenta y renueva las fuerzas del cuerpo y del alma, que acrecienta el poder espiritual, reintegra y da la unidad (69).

En relación con los magatama convendrá también mencionar la hipótesis que sostiene que podría tratarse de una imitación de uñas de oso, animal que tanta importancia cobra en las tradiciones chamánicas de Asia (a cuyo tronco pertenece el Shlnto) y que aparece vinculado, por una parte, a la miel, el alimento áureo -entre pétreo y líquido- que simboliza la sabiduría y evoca la ambrosía celestial y, por otra, el árbol, la montaña y la caverna, y, por ende, el Centro (70).

Añadamos, por último, que la forma de los magatama, sugiere otras muchas comparaciones con el feto humano, con la semilla, con las mitades curvas del yin-yang, que permiten considerarlas como una materialización simbólica del principio de la vida, del núcleo invisible en que se encierran todas las posibilidades del ser, del tesoro soterrado que el hombre ha de buscar, del Centro oculto y secreto que mueve toda la existencia. Las gemas sagradas son, para la visión shintoísta, las semillas de la inmortalidad.

Considerados conjuntamente, el Espejo y las Joyas sagradas presentan aún otros significados suplementarios, que ponen en evidencia la conexión con el Grial. Según Ichiro Tokutomi, las Joyas representan la benevolencia o el amor que todo lo abraza, mientras que el Espejo simboliza la inteligencia o el conocimiento que lo refleja todo con perfecta claridad. La unión de ambos vendría, por tanto, a significar la síntesis de caridad y claridad, de amor y sabiduría; significación que es justamente la que encierra el Santo Grial cristiano. A todo ello habría que añadir que la Santa Lanza del mito medieval se corresponde con la Espada divina Kusanagi, tercero de los te­soros del Shinto (71).

Añadamos, por último, que los «Tres divinos tesoros» son símbolo de la realeza sacral del Emperador, autoridad suprema de la religión shintoísta. Son los signos que consagran y legitiman su autoridad de Rex sacerdos. El «Triple Tesoro Imperial» hace así del Tenno un auténtico Rey del Grial, un «Rey pescador»; pescador de hombres para el mundo de la Luz.

En los Senshu-no-jingi se halla sintetizada la meta y la vía del Shinto. En ellos se oculta el secreto que han de buscar y desvelar a lo.largo del sendero de su vida los hijos del Sol Naciente. En ellos esta el misterio que, desde el fondo de sus orígenes les llama a la realización de su destino personal y colectivo. En esos divinos tesoros está la esencia misma del .Kami-no-michi «Camino de los Kami», verdadero camino del Grial.

NOTAS:

(1). En su búsqueda se lanzarán en el siglo XV los navegantes portugueses que, siguiendo los ecos de esta leyenda, ponen proa hacia las Indias y dan así inicio a la gesta de los descubrimientos, magistralmente cantada por Luis de Camoens en «Os Lusíadas». Esta última se presentaría así, al igual que tantas otras hazañas históricas de los pueblos europeos, como una empresa de raíces míticas y sacrales, y no como una simple iniciativa mercantil y profana, como tantas veces se ha dicho.

(2).E. Burnouf, «Le Vase Sacré», París, 1856, págs. 23-51.

(3). L. Von Schroeder, Der arische Naturkult als Grundlage der Sage vom Heiligen Gral en Reden und Aufsatze, Leipzig, 1913.

(4). A. K. Coomaraswamy, «On the Loathly Bride» y «Symplegades«, en «Selected Papers: Tradítional art and symbolism», ed. por R. Lippsey, Princeton, 1977, págs. 351 sig., 537 sig.

(5). A. K. Coomaraswamy, «The symbolisme of the Do­me», en obr. cit., pág. 418.

(6). Tvashtri, que recibe también los nombres de Asu­ra Maya, Vishva Karman (el Creador de todo), y Pra­japati (el Señor de las criaturas), es «el artífice de los dioses» y configurador de todas las formas. Llamado el mas diestro de los artesanos, viene a ser el equivalente del Hephaistos griego. Creó, además del cáliz del amrita los rayos de Indra. En el Rig-t/eda se alaba su habilidad para crear o fabricar «cuencos para conservar el amrita» »recipientes que contengan la bebida de los dioses» (Rig Veda, X, 53, 9-it)). Los ribhus son los artesanos celestes, que a veces han sido identificados con los rayos del sol.

(7). A.K. Coomaraswamv, obr .cit., págs. 41 y sig.

(8) H. D. Griswold, «The Religion of the Rig-Veda», Delhi, 1971, págs. 211-238.

(9) También el Odrerir del mito nórdico es arrancado a la montaña y llevado al Walhalla por Odín, que asume para ello la forma del águila.

(10). Para Oldenberg, en el soma védico perviven las primitivas concepciones indogermánicas de la luna como «escanciadora del rocío celeste» y el “Árbol celestial que gotea miel» («Die Religion des Veda», Berlín, 1894, págs. 177 sig.). Según Siecke, la conquista del soma o de la copa dorada del Sol es una misma cosa con el acto heroico de dar muerte al dragón que custodia el tesoro guardado en la caverna y mantiene prisionera a la doncella. Como prueba de ello, cita el ejemplo del cáliz de oro encontrado por Beowulf tras matar al dragón (obr.cit., pág. 239).

(11). Rig-Veda 1,130,3; VI, 44,23-24.

(12). H. Oldenberg, obr. cit. págs. 183 sig.

(13). A. Bergaigne, «La religio» védique«, París, ed., 1963, T. I. págs. 160-163.

(14). A. Daniélou, «Le polytheisme hindou», París, 1971, págs. 156 sig.

(15). René Guénon, Símbolos de la Cien­cia Sagrada, trad., Buenos Aires, 1969, pág. 139.

(16). La relación de la virgen con la bebida de la inmor­talidad se percibe de forma más patente en las imágenes de «la virgen con la leche». Observemos que la leche guarda una especial relación con el soma, cuya transformación en el sacrificio es comparada a la conversión del agua en leche. La fuente de la leche de la Vaca cósmica es «el océano infinito del soma en lo Universal o Parameshthi«, la Gran Madre (v: S. Agra­wala, «Sparks from Vedic Fire», Varanasi, 1962, págs. 85-87).

(17). A. Daniélou, obr. cit., pág. 237.

(18).Vishnú-Purana, 1.22.68.

(19). V. C. Srivastava, obr. cit., págs. 96 sig.

(20). L. P. Mishra. «Ramanuja e il misticismo visnuita dell ‘India meridionale, Roma, 1978, p. 41.

(21). M. Pierrot, «Le symbolisme de la Roue», París, 1980, pág. 138.

(22). El «Arbol de la vida» es también el «Árbol del Sol». En el arte hindú, el disco solar es a menudo represen­tado:en el centro del «Árbol de la vida de donde arrancan todas sus ramas. En la simbología china el «Árbol de la Vida» es identificado con la sede del Sol, donde éste tiene su nido. En ocasiones el sol es considerado como el fruto del árbol (frutos como la manzana o la naranja tienen un claro significado solar ligado a su vez al jugo de la inmortalidad; recuérdese el caso de las «manzanas de oro» del jardín de las Hespérides en el mito helénico)

(23). V. C, Srivastava, «Sun worship in ancient India», Allahabad, 1972, págs 27 4 y sig.

(24). F. Portal, «Les symboles des egyptiens», París, 1979, pág. 72.

(25). M. Lurker, «The gods symbols of ancient Egypte», trad., London, 1980, pags 66 78.

(26). Maitri Upanishad, VI, 2

(27). A. Daniélou, obr. cit., pag. 331

(28). René Guénon, obr.cit., págs. 385 sig

(29). Mientras Shiva se hallaba sumido en meditación, su mujer Parvati se le acercó por la espalda y le tapó los ojos con sus manos. Como consecuencia sobrevino el caos v los tres mundos quedaron sumidos en las tinieblas. Afortunadamente, se abrió en ese instante el tercer ojo, con lo que el universo se salvó (Cf. A. Morretta, «(Gli dei dell ‘India», Milano. 1966 pags. 18 sig.).

(30). A. Daniélou, obr. cit , págs. 332

(31). La polaridad existente entre principio masculino y elemento femenino, o, lo que es lo mismo entre el lingam y el yoni, entre el triángulo normal ” el triángulo invertido, se repite en el caso del soma en relación con Agni. Como observa V. S. Agrawala, ambos forman una pareja inseparable, al igual que el padre y la madre: la paternidad está asociada a Agní como la maternidad lo. está al soma (obr. Cit. pag 38)

(32). En la terminología budista, la voz japonesa Koko­ro y la china hsin que significan por igual «mente» y «corazón», se utilizan para designar el Corazón o Men­te universal, la Naturaleza Buda

(33). En una de las versiones más frecuentes en los mitos y leyendas tanto de Oriente como de Occidente, la sede del Grial -conforme a un simbolismo que no es sino una variante del de las «Simplégades» o del paso peligroso- esta guardada por una rueda o disco que gira verticalmente y a través de cuyo orificio central ha de pasar el «héroe solar» en un instante fulgurante para conquistar la bebida de la inmortalidad.

(34). A. W. Watts, Myth and Ritual in Christianity, Londres, 1959, pag. 198 sig.

(35). B. Bromage, Tibetan yoga, Londres, 1971, pág. 46.

(36). H. Zimmer, Myths and Symbols in indian art and civilization, New York, 1947, pág. 102.

(37). F. Schuon, «Images de l’esprit», París, 1961, pág. 89.

(38). L. Silburn, Le Bouddhisme, París, 1977, pág. 332.

(39). A. K. Coomaraswamy, The Symbolisme of the Dome, ob. cit., pág. 418.

(40). Ibid., pag. 419 sig.

(41). El Arbol de la Bodhi, de la Iluminación o de la Sabiduría «representa la ciencia, la inmortalidad, el so­berano poder» (L. de la Vallée-Poussin, «Bouddhisme París, 1909, pág 231) Para Sénart, el lugar donde se alza el «Árbol de la Bodhi” es la sede de la inmortalidad padamm amritam (H. Oldenberg, «Buddha», Stuttgart, Berlín, 1903, pag 103)

(42). T. Deshimaru, «El cuenco y el bastón», trad., Barcelona, 1981, pág. 155

(43). Ch. Trungpa, Le mythe de la liberté, París, l979, pág. 88.

(44). Para no extendernos en demasía, repitiendo cosas ya dichas en otros lugares, remito a lo expuesto en las obras Shinto y Zen y «Parsifal y la Vía del Buddha», donde se analizan con detenimiento las coincidencias que estos y otros muchos elementos rituales v simbólicos de la tradición budista presentan con el mito del Grial occidental.

(45) El cisne animal hiperbóreo y solar, es el ave del Grial. Lohengrin el «Caballero del cisne», es también caballero del Grial.

(46). J. C. Cooper, Yin and Yang, Wellingborough, 1981, pag 53

(47). M. Chkashige. «Oriental alchemy», New York, 1974. pags 31 sig.

(48). Obsérvese la semejanza de este disco de jade con el disco dorado que representa al disco solar o Dharma chakra en la tradición hindú-búdica. El orificio central apunta, entre otras cosas, al simbolismo de la Puerta del Sol o umbral celeste.

(49). J. C. Cooper, Ob. Cit., pág. 52.

(50). C. A. S. Williams, «Chinese symbolism and art motives», Tokyo, 1974.

(51). C. A. S. Williams, ob. cit., pags 172, 226 sig. El Paraíso de la montaña de Kuan mu ha sido comparado al monte Sumeru de la tradicion hindo-búdica, al Paraíso occidental del Buddha Amida (Sukhavati, la «Tierra Pura ) Por lo que se refiere a los melocotones de la longevidad se ha subrayado también la correspondencia que los mismos presentan con las «manzanas doradas de las Hespérides las cuales a su vez han sido equiparada» a las doncellas de Hsi Wang Mu, una de la» cuales sostiene un gran abanico mientras la otra porta un cesto de los mencionados melocotones de la longevidad Aquí podríamos añadir que Kuan lun se corresponde tambien con Monsalvat, la montaña del Grial, de la que también mana una maravillosa fuente de aguas vivas Las doncellas de Hsi Wang Mu en­cuentran equivalente en las doncellas guardianas del Grial.

(52). F.E.A. Kause, «Ju-Tao-Fo», Munchen, 1924, pág. 177 sig.

(53). J. Blofeld, «Taoismo. La búsqueda de la inmortalidad», trad., Barcelona, 1981, págs. 59 y 163.

(54). M. Granet, «La pensée chinoise», París, 1968, pág. 430.

(55). M. Kaltenmark, «La filosofía china», trad., Madrid, 1982, pág. 43.

(56). Chuang-Tse, Cap. VI. (Cit. Fung Yu-Lan, «A History of Chinese Philosophy », Peiping, 1937, pág. 239).

(57). Tao-Tse-King, LXII.

(58). Ibid, XLV. Es curioso observar que, en el citado fragmento, el Tao es comparado a una copa, vasija o puchero, a «pot or vessel« (A. Waley, »The Way and its power», Londres, 1968, pág. 198).

(59). Una de las representaciones más usuales de la simbología taoísta es aquella en la que el círculo del Tao aparece en posición central rodeado por los sig­nos de los ocho trigramas y a veces incluso por las doce signos del ciclo chino- imagen que guarda una estrecha analogía con las figuraciones cristianas que nos muestran al Grial o Sagrado Corazón como el centro de los doce signos del Zodiaco (o lo que es lo mismo, en el centro de la “Tabla Redonda rodeado de sus doce caballeros).

(60). Tras afirmar que el símbolo del Tao podría ser «el símbolo del sol», Frida Wion escribe: poniendo un punto en un círculo, es decir un punto en el yin y en el yang, los chinos simbolizan el sol y la luna («Les svm­boles de la Chine», París, 1970, págs. 71 sig.

(61). J.C. Cooper, «Taoism, the Way of the mystic», Wellingborough. 1972, pág. 111.

(62). En el Budismo el espejo simboliza la «Mente Verdadera», “Mente Búdica» o »Naturaleza-Buddha«.. En Jakob Böehme la Sabiduría divina, a partir de la cual surge la Creación, es descrita como “Espejo de la Divinidad», “el espejo de todos los seres, en el que todas las cosas han sido contempladas desde la Eternidad» («De Incarnatione Verbi», 1, 1, 12; II, 1, 9).

(63). Conviene señalar que el lago, la fuente o el estanque, cuyas aguas cuando están limpias y en calma se convierte en un espejo -el espejo natural por excelencia- son a su vez símbolo del Centro y del Corazón. En la simbología islámica se habla de la “Fuente de la Vida, enclavada en el Sinaí rnístico, que contiene el «agua de inmortalidad»; quien bebe de ella “no conduce la vejez ni la muerte y se transforma en ‘el Eterno Adolescente’. En una miniatura persa, en la que aparecen. Khidr y Moisés sentados en torno a dicha “Fuente de la Vida, ésta es representada con forma circular, asemejando a un espejo (H. Corbin, «L ‘Imagination créatrice dans le Soufisme d ‘Ibn Arabi», París, 1976, págs. 50 y 59).

(64). La copa, la patena o la bandeja, cuando su metal está limpio y bruñido, reflejan las cosas como un espejo, y el espejo shintoísta, que es metálico, bien pudiera ser una patena. La relación de la copa del Grial con el espejo queda puesta de manifiesto en la “Copa de Jamshid, equivalente islámico del Grial, a la cual Hafiz califica de «copa en que se refleja el mundo» y «espejo» en el que “se presentaban cien visiones al “Maestro de los Magos (Feirefiz, «La via del cuore», Carmagnola, 1979, pág. 80).

(65). No es casualidad que el templo de Delfos, en cuyas, puertas se hallaban grabadas estas palabras, estuviera consagrado al Apolo solar, figura equivalente en más de una aspecto a la Amaterasu shintoísta.

(66). El carácter chino utilizado para la palabra japonesa tama, “joya, es el mismo que el empleado para el chino yü, jade. Ya hemos visto que el jade, símbolo del Sol y del cielo, es la piedra celestial por excelencia de la tradición china. Es también, según hemos visto, la piedra imperial. El carácter yü es idéntico al wang, “Rey» o “Emperador», del que sólo se diferencia por un punto en la parte inferior, y ambos poseen el mismo significado de unión de Cielo (trazo superior) y Tierra (trazo inferior), unión que se realiza precisamente en el punto medio (la cruz central).

(67). Sobre la relación del Grial con las piedras preciosas o «piedras de virtud» Cf. P.G. Sansonetti, «Graal et Alchimie», París, 1982, págs. 47-64). Como ejemplo del poder inmortalizante de las joyas cabría recordar que, según ciertas leyendas chinas, éstas constituyen el sustento de los Inmortales.

(68). En el centro del recinto sagrado del Tenri-Kyo, secta shintoísta popular, fundada en el siglo XIX por la vidente Miki Nakayama, se alza un pilar vertical, el Kanrodai, que simboliza el «Eje del mundo» y que sostiene en su extremo superior una copa en la que se recoge el «rocío celestial» o “maná de longevidad, enviado por Tenri-no-mikoto, “el dios de la Sabiduría.

(69). Recuérdese que en el relato de Wolfram los caballeros del Grial «viven de una piedra», cuya esencia “es toda pureza (P. Ponsoye, «L ‘Islam et le Graal», Milano, 1976, pág. 102). Según otras versiones, esta piedra que alimenta a los caballeros del Grial sería el “agua de vida» cristalizada o la sangre divina solidificada en forma de rubí (G. von dem Borne, «Der Gral in Europa», Stuttgart, 1976, págs. 141-146).

(70). En la antigua China la miel tenía una nítida significación central, axial y polar; de ahí que desempeñara un importante papel en la alimentación imperial. En los Vedas, la miel es a menudo comparada al soma.

(71). Para lo relativo al simbolismo de la Espada imperial, así como a otros muchos detalles de la tradición shintoísta que aquí quedan tan sólo esbozados, remito a mi obra «Kami-no-michi. La vía divina del Shintoísmo japonés», donde se encontrarán además las referencias bibliográficas pertinentes.

http://www.labusqueda.org

Fuente: http://perso.wanadoo.es/ricardo.cob/medrano.htm

….DEBEMOS REENCONTRARNOS A NOSOTROS MISMOS…!

2 de junio de 2013

Pensamientos aryas, pensamientos blancos (III). In Memoriam Dominique Venner (1935-2013).

Manu Rodríguez. Desde Europa (22/05/13).

*

*Dominique Venner ha partido hacia el espacio simbólico, hacia el mismo cielo, allí donde moran nuestros antepasados. Nos ha dejado el testimonio de su vida, y un testamento del que entresaco estas palabras:
À défaut de posséder une religion identitaire à laquelle nous amarrer, nous avons en partage depuis Homère une mémoire propre, dépôt de toutes les valeurs sur lesquelles refonder notre future renaissance…
Lacking an identitarian religion to moor us, we share a common memory going back to Homer, a repository of all the values ​​on which our future rebirth will be founded…
Falta una religión identitaria que nos una, compartimos una memoria en común que se remonta a Homero, un depósito de todos los valores en los cuales nuestro futuro renacer será fundado…
***
*Nosotros no necesitamos una nueva religión, sino tomar conciencia de nuestras culturas pre-cristianas. Que recuperemos tales culturas en vista a educar a nuestros hijos de acuerdo con el variado legado que estas representan. Pienso en los Eddas, en el Mabinogion, en Homero, Virgilio… Por no hablar de nuestros trágicos, nuestros poetas, nuestros filósofos… Extraer de ese riquísimo fondo cultural ejemplos y máximas morales.
Necesitamos también templos o iglesias. Recintos acotados de religación. Un fuego siempre vivo en estos recintos será suficiente. Necesitamos lugares donde reunirnos y donde rememorar nuestra(s) historia(s); donde cultivar nuestro precioso legado. Lecturas de textos, comentarios, mesas redondas y demás. Algo colectivo, social. Centros religioso-culturales donde nuestra gente pueda tener apoyo psicológico o espiritual, o recibir información cumplida y veraz acerca de nuestros ancestros, o las incidencias de nuestra historia. Repartir el año con conmemoraciones especiales relacionadas con hitos felices o luctuosos de nuestro pasado –la cristianización o islamización de nuestros pueblos, por ejemplo. Calendarios con un ‘santoral’ propio (nuestros héroes o figuras más representativas). Recuperar los nombres griegos, romanos, celtas, germanos y demás…
Es decir, hacer lo que no pudimos hacer. Tener nuestra propia historia, pues nuestra historia fue usurpada por los clérigos cristianos. Tuvimos una historia cristiana.
En fin, tenemos que crear la comunidad (‘ecclesia’) arya. Lo que, por las circunstancias citadas, nunca tuvimos. Las ‘ecclesias’ aryas tienen que pulular en nuestros pueblos y ciudades. Nuestros ‘sacerdotes’ (a falta de otra palabra mejor) serán expertos en teologemas y mitemas aryas, en historia, en antropología, en lingüística indoeuropea… Deben ser expertos en las variadas tradiciones indoeuropeas.
Es obvio que tales centros religiosos (vinculantes) serán sólo para los aryas. El resto de los pueblos o razas están excluidos. Esto es, no será una ‘fe’ universal, sino étnica. Los fieles serán, pues, aryas.
Tenemos que completar la crítica destructiva hacia nuestros enemigos con alternativas positivas y constructivas para nuestro pueblo. Tenemos que ofrecer caminos, salidas.
La creación de la ‘comunidad arya’ (la palabra ‘ecclesia’, de donde nuestra ‘iglesia’ en castellano, viene a decir también ‘comunidad’ –es su sentido originario) es un sueño. ‘Aryan Community of…’ Ésta es la idea. Los templos han de tener sus bibliotecas y salas de lectura. Tales templos llevarán nombres relacionados con las divinidades o personajes (de cualquier rama) de relevancia en nuestra historia. Tenemos que articular una suerte de ‘año arya’, con sus fiestas y celebraciones. Dedicar días especiales al grupo germano, al grupo celta, al grupo romano, etc. Esto requerirá un trabajo conjunto, de equipo, en el que participen especialistas de todas las disciplinas relacionadas con la historia de los pueblos indoeuropeos –desde su origen hasta nuestros días.
Debemos tener incluso escuelas aryas para nuestros pequeños. Hay que elaborar textos pedagógicos adecuados en los que potenciemos nuestros valores. Nuestros textos teológicos o literarios son una buena fuente para la educación moral de nuestros hijos. Nosotros no necesitamos recurrir a ninguna tradición extranjera, estamos sobrados de conocimiento y sabiduría. E incluso pienso que ningún pueblo puede superarnos en esto.
Volver a llegar a ser un pueblo
*Dos personajes de la antigua tradición arya védica son importantes en nuestra memoria. Hablo de Manu y de Aryaman.
De las ramas iranias e indias, fundadas por aryas hace unos cuatro mil años, hemos de tomar su legado lingüístico-cultural arcaico (los Vedas) y adoptarlos como cosa propia. Recomiendo a todos la lectura de los Vedas (sobre todo el Rig-Veda). Los grupos aryas puros (blancos) desaparecieron hace alrededor de tres mil años. Los aryas que llegaron a esa zona debieron ser pocos en número, fueron absorbidos en unos pocos siglos por las razas autóctonas. Poco más tarde aparecieron el hinduismo y otras ideologías de salvación (budismo, jainismo…) absolutamente contrarias al espíritu arya védico y a todas nuestras tradiciones culturales. El espíritu arya védico (épico, heroico, belicoso; activo, afirmativo) que recorría el Rig Veda desapareció absolutamente en toda la literatura india post-védica (hinduista, budista o jainista). El hinduismo y las otras ideologías similares (nihilistas) tienen al parecer más que ver con las culturas indias pre-aryas que con los Vedas citados.
Hay otras lenguas y culturas indoeuropeas que hace tiempo dejaron de existir, como las del grupo hitita, de los que conservamos textos jurídicos y religiosos y que forman parte del legado indoeuropeo. De todo hemos de cuidar, y todo lo nuestro ha de ser conservado.
Los aryas o indoeuropeos no somos de ayer o antes de ayer.
*Debemos lograr textos unificados que le valgan tanto a un celta, como a un eslavo, como a un germano… Debemos crear la mentalidad arya, el espíritu arya. Más allá de los matices raciales o nacionales que nos dividen. Tenemos que llegar a ser un sólo pueblo. Éste es el trabajo, ésta es la meta.
El nacionalismo blanco afecta ahora a todas las naciones blancas. Los estadounidenses (y australianos y canadienses…) cada vez tienen más conciencia de sus raíces culturales europeas, sin distinción; cada día se sienten más europeos. Se ha producido una evolución ideológica al respecto. Los parámetros actuales requieren, y exigen, otra estrategia, otro discurso, más ambicioso si cabe que el de los nacionalismos de la primera mitad del siglo pasado. Necesitamos conciencia de pueblo, de raza, de cultura.
La evolución de los diversos pueblos europeos ha sido conjunta. Hemos compartido la misma arquitectura, la misma música, la misma literatura, la misma ciencia… Hemos elaborado una cultura común desde hace cientos de años –a pesar de nuestras diferencias lingüísticas. Nada de esto hubiera sido posible si nuestras sensibilidades bio-culturales hubieran sido distintas.
*La raza es evidente por sí misma. No necesitamos proclamarla. Pero no basta la raza, a la raza le sigue el genio. El genio es creador, es el creador de la lengua y la cultura. El genio responde a la raza (hablamos de genes). La cultura responde a la raza.
Somos blancos de raza, y somos indoeuropeos por las lenguas y las culturas que nuestros pueblos han generado. Es el genio de mi raza el que ha creado o generado tales culturas, tales mundos.
Los mundos generados por nuestros pueblos (griegos, romanos, germanos… aryas védicos…) son sagrados. Así como es sagrada nuestra raza, son sagradas también nuestras culturas. Ésta es la actitud que hay que observar con nuestras culturas pre-cristianas. Con las nuestras, con las generadas por nuestros antepasados. Es nuestra raza la que ahí habla; nuestro genio.
Así de indisolubles, de indisociables, han de estar nuestra naturaleza genética, y nuestra naturaleza cultural o simbólica. Como una doble hélice. El logos natural, y el logos simbólico. Abrazados; como una sola cosa.
El logos simbólico procede del logos natural, de la raza, de una comunidad, en un principio, racial –es una relación como de madre e hijo. También los individuos son hijos de la comunidad. La comunidad genera por igual naturaleza y cultura.
La lengua y la cultura (simbolemas y culturemas) son como los elementos constructivos que maneja nuestro genio para crear. Como los aminoácidos para el genoma.
Las culturas generadas por los pueblos son sus señas de identidad. Lo más natural y propio.
La cultura marca el camino de un pueblo, y es, en un principio, indisociable de su ser genético, de su genio, de su raza. Cada raza, o pueblo, un mundo.
Como almas escindidas los individuos y pueblos que han sido privados de sus tradiciones y les ha sido impuesto una ajena. Privados de su lengua, de su voz, de su ser. Pueblos que hablan con lenguaje prestado, extranjero.
Cuerpos aryas que hablan en términos judeo-mesiánicos o musulmanes, o… Lejos de su hogar, de su cielo; de su lengua, de su mundo.
Recuperar la palabra, recuperar la voz propia, recuperar el ser. De esto se trata; es lo primero.
La nación arya ha de pasar primero por esta restitución y esta afirmación de lo propio; del legado ancestral y propio. Las voces de nuestros pueblos; de nuestro genio, de nuestra raza.
Hay que prestarle la debida atención a la herencia lingüístico-cultural, a la dotación simbólica. Esta dotación es la que hace de nosotros seres simbólicos.
Los aryas tenemos que reconocernos en todas las culturas generadas: la griega, la romana, la arya védica, la germana, la celta… Los mundos creados por nuestra raza. El haber, la riqueza, los bienes más espirituales. El múltiple legado. Es también lo más próximo, lo más cercano, lo más nuestro; nuestro rostro, nuestro ser.
La dotación simbólica nuestra hace seres simbólicos nuestros. Así como la dotación genética nuestra hace seres genéticos nuestros. Nos reproducimos en la tierra y en el cielo. Nos perpetuamos.
La educación de nuestros pequeños es esencial, tienen que llegar a ser lo que son por naturaleza, uno de nosotros.
Voluntad de futuro. En la tierra como en el cielo. En la naturaleza como en la cultura. Perpetuar nuestro cuerpo y nuestra alma; nuestro ser total.
*Conseguir que los aryas vuelvan a su casa, a su hogar, a sus mundos. Volverlos a su ser. No podemos descuidar el alma, el legado espiritual de nuestros antepasados. El alma nuestra; el espíritu, el genio de nuestros antepasados –el ‘icor’ que corre por nuestras venas.
Sin ese ser nuestro somos ciegos, y esclavos. Servimos a otro; otro nos lleva por donde quiere. Carecemos de libertad y de luz. Es el destino de muchos pueblos, los nuestros incluidos, cristianizados o islamizados (espiritualmente alienados y colonizados). Su destino se les ha ido de las manos, está en manos de otro.
Que el arya vuelva a tomar las riendas de su destino. Que recupere la dirección y el sentido. Para ello ha de despojarse de todo lo extraño, de todo lo ajeno; ha de volver a su ser.
Es una purificación, una purgación, una catarsis. Se suda lo ajeno, como una mala fiebre. Se recupera la salud.
Si esto se cumpliera sería una nueva primavera, una nueva promesa para los pueblos aryas. La negrura, las tinieblas, se disiparían y quedarían en nada ante los primeros rayos de nuestro nuevo sol, ante las primeras luces de nuestro nuevo día.
La unidad espiritual es tan importante como la unidad racial. De nada vale la homogeneidad racial sin la homogeneidad espiritual. Andaríamos dispersos –como ahora–; ninguna unidad. Un solo cuerpo y una sola mente, la nación arya. Es la condición ‘sine qua non’ de la victoria.
No conseguiremos tal unidad hasta que no quede ni un solo arya que sea o se diga cristiano, musulmán, o budista. Un pueblo libre de judaina y de budaina, y de cualquier otra ‘fe’ extraña. Aryas puros de cuerpo y de alma. Ésta es la condición que nos pone la diosa Victoria. Y es también la primera ‘empresa’ –conseguir semejante unidad.
Limpiar, purificar a nuestro pueblo de tanta impureza. Una catarsis colectiva de los pueblos aryas.
*Nuestro espacio. Nuestra atmósfera, y nuestra luz. Allí donde nos instruimos; allí donde bebemos de las fuentes de nuestro saber. Un recinto santo exclusivo para aryas. Nada profano, nada ajeno. Nada impuro. Tan sólo los variados y abundantes frutos de nuestros pueblos (germanos, romanos, celtas, griegos… aryas védicos). Nuestros cantos, nuestros relatos, nuestra sabiduría…
El alma arya. La conciencia arya. El ser simbólico, espiritual, arya. El actual, el renovado, el recién nacido. Éste recoge en si el múltiple legado. Es la suma. Es el alma múltiple, rica; experimentada, sabia. Madura.
Los nuevos aryas. Lo que viene. Una renovación y una reivindicación de nuestro pasado, incluido el más reciente, el de la primera república arya. Nuestro ser saldrá de nuevo a la luz. Nos reivindicamos; reivindicamos nuestro ser biosimbólico (étnico y cultural) –nuestra memoria, nuestra herencia. Que nadie ose arrebatarnos el ser, que nadie ofenda nuestras señas de identidad (la esvástica sobre todo).
Nuestra primera misión es limpiar a todos los nuestros de elementos extranjeros. Purificarlos, y volverlos a su ser ancestral.
Necesitamos más guerreros, los necesitamos a todos. Esta vez venceremos con la sola palabra, con la sola voz. Nuestra palabra prevalecerá.
Una dulce tormenta. Un murmullo, un clamor, un fervor colectivo, luminoso, radiante; como una aurora. Nuestro despertar, nuestro renacer, nuestra victoria.
*
Hasta la próxima,
Manu
===
FUENTE: http://www.larespuestadeeuropa.blogspot.com.es/2013/05/91-pensamientos-aryas-pensamientos.html
===
COMENTARIOS:

ENSPO31 de mayo de 2013 20:13
¿Te has planteado, Manu, que quizá nuestra identidad no sea una religión, sino un sistema de valores? ¿Crees realmente que “resucitando” religiones ya muertas y, lo peor, religiones que en su momento fueron abandonadas por los propios europeos de forma voluntaria en la mayoría de los casos, marcamos el camino futuro de Europa? No te niego la buena intención, pero creo que estás cayendo en la misma trampa que el enemigo: para él, lo más importante es la RELIGIÓN, pero nosotros, aunque tuvimos nuestras religiones, superamos el estadio religioso con los griegos porque esas mismas religiones conducían derecho a la verdad racional y en eso consistía precisamente su valor. El problema no es nuestra religión perdida, sino que con el cristianismo retrocedimos a un estadio ya superado de nuestra evolución y maduración como pueblo, un estadio de desarrollo que la ciencia y la filosofía habían dejado atrás en tiempos de Adriano, cuando no éramos paganos y todavía no éramos tampoco criatianos, cuando el cielo se quedó vacío y la MUERTE se mostró por fin desnuda en toda su abismal inmensidad. NO ESTUVIMOS A LA ALTURA DE NOSOTROS MISMOS, POR RAZONES QUE HE EXPLICADO EN MI BLOG, y Europa se aferró a un “salvador” indigno de ella. En consecuencia, entiendo que estás señalando un camino errado y, por el bien de Europa, por el bien de nuestra causa, no me queda más remedio que contestar a tus consignas. Lo haré en el blog nombrándote abiertamente, si me lo permites. No se trata de ningún ataque personal, sino de la crítica debida a las ideas que estás exponiendo y que, supongo, esperas que sean debatidas. Saludos cordiales.

Responder

ENSPO1 de junio de 2013 12:53
abierto debate en el foro

http://adecafcom.puntoforo.com/viewtopic.php?t=2210

Responder

ramiro1 de junio de 2013 18:04
Europa fue indigna de su salvador.

Responder

ENSPO1 de junio de 2013 19:58
El “salvador” hebreo era indigno de Europa, no te equivoques. Pero Europa no estuvo a la altura de su reto por razones que es nuestro deber analizar, comprender y superar. No otra es la propuesta de ENSPO desde hace treinta años, pero clama en el desierto de la hedionda ultra católica y evoliana.

Responder

10 blogs con texto y belleza

23 de septiembre de 2012

POR ESTA MUJER  VALE LA PENA SUBIR A LA MONTAÑA…

El sublime legado indoeuropeo

29 de mayo de 2012

El sublime legado indoeuropeo. A propósito de algunos artículos publicados recientemente en el recomendable blog de K. Elst (http://koenraadelst.blogspot.com/).

Manu Rodríguez. Desde Europa (04-20/05/12). *

*La India no musulmana y los parsis son los únicos reductos en los que se conservan vivas tradiciones ancestrales indoeuropeas. El resto de los pueblos indoeuropeos hemos perdido nuestras culturas; hemos sido islamizados o cristianizados. El ámbito persa en su totalidad (salvo los citados parsis), armenios, partes de la India, y el conjunto de los pueblos europeos (indoeuropeos o no) han sucumbido. En estas zonas los dioses propios, los Padres propios, y el legado cultural propio están semi-destruidos, u obliterados. No circula entre nosotros la comunidad de origen, la solidaridad entre los pueblos hermanos. Ninguna ‘koiné’ indoeuropea. Nos ignoramos a nosotros mismos. Carecemos de conciencia cultural común. Esta conciencia haría de nosotros un frente único contra los adversarios de nuestro ser; contra aquellos que pretenden destruir nuestro ser ancestral y autóctono; contra nuestro mal. El islam y el cristianismo en la India, en Pakistán, en el mundo persa, en toda Europa, dividen y enfrentan a nuestros pueblos desde hace milenios. Hace ya mucho tiempo que vivimos culturalmente alienados, instrumentalizados, divididos, y enfrentados. Como peones. Ingleses, franceses, rusos, afganos, kurdos, paquistaníes, armenios, tayikos, españoles, suecos… Todo parece indicar que somos pueblos de débil voluntad, fáciles de conquistar y manipular. Que tenemos en poco a nuestros dioses, a nuestros Manes; a nuestro genio, a nuestro ser; a nuestra historia milenaria. Nuestro comportamiento ante las oleadas cristianas y musulmanas del pasado nos lo muestra; la cristianización o la islamización, a la fuerza o de grado, de nuestros pueblos. Estas experiencias fueron la piedra de toque, la prueba de fuego. En aquellos momentos se media y se pesaba nuestro ser. Y no dimos la talla, no estuvimos a la altura. No fuimos dignos. Debimos seguir siendo fieles a nuestros antepasados, fueran cuales fuesen las circunstancias, y fueran cuales fuesen las consecuencias que nos acarrease tal fidelidad. Pero abandonamos, en cambio, nuestro ser, como todos sabemos. De ahí nuestros males y debilidades. La mayor parte de los pueblos indoeuropeos fuimos desarraigados cuando las cristianizaciones y las posteriores islamizaciones, y aún seguimos desarraigados. Una ver cortado el nexo con los antepasados flotan a la deriva, sin norte, sin criterio, sin esperanza; nuestros hombres y mujeres, nuestros pueblos, nuestras sociedades. Hay pueblos sanos y envidiables. Pueblos que no pierden ni abandonan así como así el legado ancestral, el nexo con los antepasados; que no pierden ni abandonan el ser propio; que se perpetúan en el tiempo. Pueblos con voluntad de futuro. No es, lamentablemente, nuestro caso. Para recuperar la salud, la fuerza, el orgullo, el honor, la dirección y el camino, se ha de recuperar, en primer lugar, el nexo con los antepasados. Se ha de restablecer la conexión con nuestro pasado, con el propio, no con el ajeno; con nuestros mundos pre-cristianos o pre-islámicos: griegos, romanos, indios, persas, germanos, eslavos, bálticos… El sublime legado indoeuropeo. En lo que concierne a los momentos actuales y la relación de nuestros pueblos con la ofensiva islámica (demográfica e ideológica) de última hora, con la tercera ola como dicen, hemos de lograr la unidad. En Europa y en la India mantenemos la misma lucha por sobrevivir. Nos jugamos el ser ancestral y autóctono. Todos los herederos de culturas indoeuropeas estamos (o deberíamos estar) comprometidos en esta lucha por la defensa y la recuperación de nuestras tradiciones. Para que éstas vuelvan a ocupar en nuestra memoria el lugar que les corresponde, el más alto lugar. *Es preocupante el problema del proselitismo cristiano y musulmán en tierras de la India. Estos proselitismos agresivos buscan convertir, ganar miembros para su causa, esto es, privar a los pueblos de los suyos. Van contra la unidad simbólica del pueblo, de la comunidad, de la madre-patria, del Reino… Son sediciosos por naturaleza. Debilitan al anfitrión. Le restan número, fuerza, potencia. Terminan dividiendo y enfrentando a la comunidad. Son fatales aquí y allí; son sumamente destructivos; son letales. Semejantes proselitismos deberían estar prohibidos; semejantes dioses, semejantes principios. No deberían circular entre nosotros. Vengan de dentro o de fuera. Por la salud del Reino. Este proselitismo no tiene otra intención (a corto, medio, o largo plazo) que la de suplantar o sustituir a la cultura anfitriona, la de usurpar su lugar. Es un acto de guerra, es un sabotaje, es una ofensiva. Se trata, en toda época y en todo lugar, de la destrucción del otro. Los pueblos no cristianizados o no islamizados son pueblos a cristianizar o islamizar. Así, desertizando, agostando pueblos y culturas, prosperan estas ideologías. Sus éxitos son bien patentes: cristianos y musulmanes dominan ‘espiritualmente’ la casi totalidad del planeta; lo dividen y enfrentan también. Estas ideologías son culturas étnicas (como todas las demás) que se propagan mediante slogans universalistas (para todos los pueblos, para todos los hombres) que enmascaran lo particular y propio –lo árabe, lo judío (lo judeocristiano), lo indio (pienso en el budismo en el Tíbet y en otros países asiáticos). Culturas étnicas que crecen y engordan a expensas de las demás –devorándolas. Llamo la atención sobre la reciente campaña de distribución del Corán en Alemania. Aunque el islam lleva décadas haciendo impunemente proselitismo por toda Europa. Bajo el amparo de nuestra libertad (que fue duramente conquistada) se difunde una ideología totalitaria contraria y opuesta a todas nuestras tradiciones culturales (jurídicas, políticas, estéticas, culinarias…). Pocos, por desgracia, parecen advertir el peligro. Conseguirán adeptos que pasarán a formar parte de la sombría ‘umma’. Los conversos son o ‘conciencias robadas’ (cautivas, cautivadas; almas débiles, manipulables), o abiertos traidores. En su momento lucharán contra sus hermanos europeos, contra su sangre, contra su genio; contra ellos mismos. Comienza el proceso de división y enfrentamiento de la población autóctona. El futuro es la discordia civil, y la desaparición de la Europa europea. Abundan los ejemplos en la historia mundial: los pueblos escindidos, deshechos, destruidos; las culturas erradicadas. Sin olvidarnos del pasado, obsérvense los casos contemporáneos (Sudán, Somalia, Etiopia, Nigeria, Kenia, Mali… Líbano, India, Indonesia, Malasia, Filipinas… algunas de las antiguas repúblicas soviéticas). ¿Qué nos hace pensar que el islam (la tenebrosa ‘umma’) se comportará de manera diferente aquí, en nuestra Europa? Seremos igualmente desgarrados. Añado que la clase política y la población europea ya están divididas con relación a la masiva presencia de musulmanes extranjeros en nuestros países. Ese objetivo estratégico ya está cumplido. Los musulmanes cuentan con partidarios de su presencia entre la población autóctona: la izquierda política (mendigando los votos), las sectas cristianas (apaciguando a la fiera y previendo una futura Europa islamizada), los intelectuales y ciudadanos ‘progresistas’ (por confusión, ignorancia, cobardía, connivencia, o hipocresía), los ‘conversos’… Hoy por hoy, ir contra esta masiva e inquietante presencia está mal visto. Los que se oponen son tildados de fascistas, xenófobos y demás. Hay que tener valor y coraje moral para manifestar en público nuestros temores y preocupaciones. No es sólo el ostracismo al que nos vemos abocados por nuestros propios conciudadanos, la ‘umma’ amenaza y dispara contra aquellos que se le oponen con mayor contundencia y éxito. Entretanto, esta peligrosa comunidad sigue creciendo y fortaleciéndose en nuestras tierras. El futuro es sombrío, muy sombrío. Me temo lo peor, la pérdida de Europa. Perderemos, nosotros los europeos, nuestras tierras y nuestras culturas. *Estos apóstoles de dioses únicos nos insultan con su prédica y sus sofismas cuando discuten desvergonzadamente nuestras tradiciones; nos ofenden cuando niegan o censuran nuestros dioses o nuestros principios sin el menor respeto. Estos necios, estos conversos, estos infieles. Es una ofensiva contra nuestras tradiciones culturales todas; una ofensiva en toda regla contra nuestras señas de identidad. Estos ignorantes que amenazan con borrar de un manotazo siglos, milenios de cultura. Pero, ¿qué juego es éste? El más siniestro, el más tenebroso de todos; el juego del único dios. Ya está bien de excusar y difuminar nuestro politeísmo, de avergonzarnos de él. Además, no se trata de politeísmo. Ni de religión, exclusivamente. Se trata de cultura, y éste término lo abarca todo, esto es, todo el ámbito lingüístico-cultural de un pueblo, todo su mundo simbólico; todo su cielo, vale decir. La cultura de un pueblo es su religión, pues es la cultura la que religa a un pueblo y le hace uno. Si perdemos este cielo perdemos nuestra alma, perdemos nuestro ser simbólico milenario, ancestral. Tengamos en cuenta que nuestra edad es la edad de nuestra cultura, somos tan viejos y tan sabios como ella. No nacimos ayer, con el islam; ni antes de ayer, con el cristianismo. Por lo demás, es un deber el que tenemos con nuestros Padres, con nuestros Manes; el deber de perpetuar su memoria y preservar su legado. Y en el cumplimiento de este deber consiste la fidelidad. “Deserere Patriam” y “Sacrae Patria desererem” (abandonar a los Padres, desertar de los Padres) eran expresiones usadas por los romanos para referirse a aquellos que abandonaban las ancestrales tradiciones heredadas y adoptaban una extranjera (se cristianizaban, por ejemplo) –pues en esto consiste la infidelidad; y no hay otros infieles que aquellos que tal cosa hacen. El abandono de su familia, de su gente, de su pueblo, de su sangre, de sus antepasados… Ese abandono, esa deserción, esa traición. Ese acto vergonzoso, indigno, reprobable. Dicho sea de paso, términos como pagano, idólatra, infiel y similares, usados exclusivamente por judíos, cristianos, y musulmanes para referirse al resto de las culturas, tienen la función de anular o borrar las diferencias entre las peculiares y diversas culturas del planeta, de negar la entidad misma de tales culturas. Son conceptos negativos y destructivos. A un cristiano o un musulmán no le interesa la cultura otra; para estos el mundo está dividido en cristianos y paganos, o en musulmanes e infieles. No hay, pues, armenios, persas, griegos, romanos, germanos, egipcios, chinos, indios y demás, sino paganos o infieles. Estos términos no son ni descriptivos, ni ilustrativos, ni informativos, por supuesto; no dicen absolutamente nada acerca de las culturas así denominadas –cuando se aplican por igual a egipcios y a griegos (lo único que dicen es que tales culturas no son (o no fueron) ni judías, ni cristianas, ni musulmanas). De ningún modo son términos adecuados para que una cultura se refiera a sí misma. Los términos adecuados son cultura griega, egipcia, china, india, o japonesa. Decir que un pueblo ha dejado de ser pagano (para hacerse cristiano o musulmán) es decir que un pueblo y una cultura han dejado de ser, que han dejado de existir (lo que, en efecto, les sucedió a muchos). Aplicar el término ‘pagano’ a los egipcios, a los fenicios, a los griegos, a los caldeos… a los numerosos pueblos milenarios del entorno era una manera de destruirlos; de destruir su diferencia, su particularidad; de hacerlos indistinguibles. Primero había que renombrar al oponente; desdibujarlo, desrealizarlo, deshumanizarlo. El resultado es una masa confusa, amorfa, sin identidad, que es lo que se pretendía. Contra esta masa ‘pagana’, y ni siquiera humana, se hacía la guerra. Entonces como ahora. Completamente desafortunado es el uso de términos como ‘neopagano’ o ‘neopaganismo’, que algunos grupos adoptan para sí. En estos grupos se habla incluso de ‘matrimonio pagano’ y cosas semejantes. Como si el paganismo hubiese sido alguna vez una religión, o una cultura, o un conjunto de prácticas. El término ‘pagano’ es latino y quiere decir ‘campesino’, y sus cultos son los únicos que podemos llamar con justicia paganos, esto es, cultos campesinos. Estas tradiciones no representaban sino una parte del mundo religioso-cultural romano; componían una región, un sub-espacio en la compleja cultura romana. A estos ‘neopaganos’ les digo que quizás sean más apropiados términos como neo-griego, neo-celta, neo-germano, neo-romano y demás (neo-egipcio, neo-persa…). Tal vez, en el futuro, neo-europeos, o neo-indoeuropeos. Cristianos y musulmanes denominan, sin el menor pudor, a los períodos pre-cristianos y pre-islámicos de los pueblos a cristianizar o islamizar como ‘era del pecado’ y ‘era de la ignorancia’ respectivamente. La crítica del politeísmo no es más que una excusa. En cada medio se usa una retorica diferenciada. Allí es el politeísmo, aquí es el ateísmo o el laicismo. Es una guerra abierta (fría y caliente) contra el resto de las tradiciones culturales. Los pueblos cristianizados o islamizados hemos sido privados de nuestra historia, privados de la evolución natural de nuestras tradiciones. Nuestro devenir propio ha sido usurpado. Hemos tenido una historia impostada, una historia cristiana o musulmana. Estas ideologías han dirigido nuestra creación literaria, arquitectónica, científica, filosófica, o musical. Durante siglos los temas o personajes bíblicos o coránicos han llenado nuestra literatura, nuestra arquitectura (templos dedicados a divinidades extranjeras), nuestra música… Nuestra Edad Media europea, por ejemplo; no encontrarás en los vitrales o muros de templos, catedrales, o mezquitas a nuestros personajes históricos o legendarios, o nuestros pensadores; o los hitos de nuestra propia historia. No son, pues, lugares de culto para los europeos milenarios, sino para los cristianos o los musulmanes. Durante cientos de años nuestro genio se vio obligado a expresarse en términos ajenos a su ser. Hay que pensar en la literatura, en la música o en la arquitectura que hubiéramos tenido si no hubiéramos sido dominados por una ideología/cultura extranjera; si hubiéramos seguido siendo persas, griegos, germanos, eslavos… También las distinciones conceptuales entre sagrado y profano, o religioso y civil fueron introducidas o reelaboradas por los sacerdotes de divinidades extranjeras. Lo profano y civil era lo propio, restos de la antigua cultura que no pudieron ser destruidos, o que la ideología extranjera no aportaba. Lo sagrado o religioso se reservaba para la ideología/cultura extranjera (judeo-cristiana o musulmana). En la hora actual, y con relación a Europa, cristianos y musulmanes compiten de nuevo por nuestras almas, por nuestras conciencias, pero también por nuestras tierras. Cada cual con su estrategia. Ambos quieren el poder, y el poder absoluto. El dominio de cuerpos y almas, de mentes y voluntades. ¿Quién lo conseguirá? El final es una Europa cristiana o una Europa musulmana (o ambas cosas, se la repartirán). La Europa europea es ignorada o desconsiderada por unos y por otros: la Europa pre-cristiana y pre-islámica, y la de los últimos doscientos años, tras la caída del Antiguo Régimen y las revoluciones políticas y jurídicas americana y francesa; la Europa emancipada, la Europa renacida. No contamos para nada –ni nosotros, ni nuestra historia, ni nuestras culturas. Somos, para unos y para otros, presas; espacio que someter, que dominar –en la tierra y en el cielo; el medio geográfico y humano a conquistar. *Con respecto al lenguaje de nuestros mitos, leyendas, héroes, dioses, monstruos y demás podemos decir que componen el territorio más hermético de nuestro ser. Pero se trata de un lenguaje, simplemente, de un juego de lenguaje. Es un lenguaje figurado, un modo de representación; una manera de decir el mundo y todo cuanto nos rodea, incluyendo a los grupos humanos y a las relaciones que estos mantienen entre sí. También el hombre interior. Son las vicisitudes de uno, y de todos. Es un discurso íntimo, y social. Los dioses, personajes, conceptos y demás son términos de la lengua, de un determinado juego de lenguaje, y tienen su uso, entran en expresiones, en textos. (“Este juego se juega”). Estas regiones de nuestros mundos simbólicos son una transfiguración, una sublimación de lo real; de lo real cotidiano. Nos habla de los momentos felices de una cultura y de un pueblo (de sus edades de oro); de su decadencia y de su renacimiento; de aquello que lo salva y de aquello que lo pone en peligro… Nos habla también de nuestro futuro, si se sabe penetrarlo y descifrarlo, pues esos relatos son matemas, enseñanzas, saberes. El secreto de estos teologemas, mitemas y demás está en su uso. Hay que usarlos. Son relaciones, estructuras; son alegorías. Son como los dichos o refranes (o las ‘nyaya’), que se usan cuando vienen a cuento, cuando vienen al caso. Es cuestión de encontrar otra relación (logos) con la que poder establecer una analogía, esto es, una relación entre relaciones –una semejanza entre relaciones, entre logos. La analogía se expresa así: A:B::A’:B’ Y se lee así: “A es a B, lo que A’ es a B’”. La relación que A mantiene con B es la misma que la que A’ mantiene con B’. Hay una analogía o semejanza entre ambas relaciones. Pondré un ejemplo: “Eco es a Narciso lo que un cristiano es a Cristo, un budista a Buda, o…” Eco carece de discurso, repite las palabras de otro. Narciso no ama sino su imagen. Tendrías que ser él para recibir su amor, pues él no se ama más que a sí mismo. Tenemos que negarnos a nosotros mismos, nos dicen, para que Jesús o Buda puedan ser/nacer en nosotros. Morimos nosotros y vive él (Jesús, Buda, o Mahoma). Se trata, pues, de vivir la vida de otro. ¿No son acaso los mejores cristianos, budistas, o mahometanos, aquellos que más se asemejan a Jesús, Buda o Mahoma; aquellos que mejor y más fielmente viven la vida que vivió el prototipo; aquellos que mejor lo re-producen? (Ya los cristianos encontraron una relación entre el Narciso mítico y el personaje Jesús: F. de Aldana (s. XVI) llama a Jesús en un poema ‘Narciso sobre-sustancial’, y Sor Juana Inés de la Cruz (s. XVII) le dedicó el auto sacramental ‘El divino Narciso’.) “El legado ancestral son palabras vacías”, nos dicen con unas u otras palabras estos ‘salvadores’ (¿no decía Buda que no creyésemos en las palabras de nuestros padres, o en los textos revelados?). ¿Por qué ese interés en desacreditar, en desautorizar el legado del otro, en destruir su ser simbólico ancestral, en desarraigarlo? Forma parte de la estrategia de dominio, primero hay que reducirlo a cero –vaciar el nido para poder depositar el huevo propio. Son unos cucos estos narcisos. Es la estrategia habitual de estas ideologías. Obsérvense a los musulmanes en la Europa contemporánea tratando de minar la confianza de los europeos en sus propias tradiciones culturales (políticas, jurídicas y demás), al tiempo que nos ofertan descaradamente las suyas. O la literatura apologética cristiana en el espacio cultural greco-romano antes de conseguir allegarse al poder. Se predica la renuncia a uno mismo; se procura el suicidio simbólico del otro –su rendición, su entrega, su sumisión. Nosotros ya conocemos esta liberación o salvación que nos tratan de vender, ya sabemos de su oferta, de su ganga espiritual; de su mortífera ganga, hay que decir, pues no sólo morimos (espiritualmente) nosotros para darle vida al prototipo (Jesús, Mahoma…), muere también nuestro mundo, nuestra cultura ancestral, y prevalece y perdura la cultura otra (la judeo-cristiana, la árabe…). Su triunfo es nuestra derrota; su vida es nuestra muerte; su día es nuestra noche; su esplendor es nuestra miseria. Su milenio es nuestro invierno supremo. Estamos ante aberraciones psicosociales, ante individuos y tradiciones ‘espirituales’ que perduran y prosperan mediante procedimientos que en circunstancias normales nos harían estremecer de horror (alienación cultural y extrañamiento espiritual de los pueblos sometidos; destrucción de las almas propias (la propia individualidad) y clonación psicosocial de los prototipos). Pero no son circunstancias normales (las regidas por el ‘Rt’, por la verdad) las que vivimos. Hay que decir que las tradiciones cristiana y musulmana practican desde sus comienzos un pan-judaísmo (o pan-judeocristianismo) y un pan-arabismo expansivos y agresivos y que son responsables de la pérdida de numerosas culturas étnicas. Cristianos y musulmanes han logrado imponerse en buena parte del mundo (sobre las ruinas de las culturas destruidas). No somos pocos los pueblos culturalmente desposeídos que vivimos bajo el dominio simbólico judeo-cristiano-musulmán y padecemos sus respectivos discursos egocéntricos, sus demenciales y fratricidas querellas, y sus despiadadas e insaciables ambiciones de dominio. El camino hacia el poder de cristianos y musulmanes está lleno de cadáveres culturales: Egipto, Persia, Grecia, Roma, parte de la India…, las culturas germanas, celtas, finesas… Multitud de pueblos, lenguas y culturas han desaparecido por su causa. Fue un etnocidio, un genocidio cultural a escala planetaria. Un etnocidio planificado; deliberado y voluntario. Y aún hoy sigue siendo la principal estrategia de dominio de estas ideologías universalistas. El árbol de los pueblos y culturas del mundo forma parte del árbol de la vida; es la verdad, es la realidad, es el ser múltiple nuestro; es nuestra historia, dice de nosotros (los humanos). Es intocable, es tótem, es tabú. Tendríamos que considerarlo sagrado. *El lenguaje de los muchos o varios dioses tiene un sentido primordialmente social de reconocimiento y aceptación de modos de ser diversos y bien caracterizados. Aquellos que se repiten en el tiempo, que no desaparecen, que no cesan; las constantes en nuestro devenir social. En lo que sigue haré no tanto una interpretación como un uso de mitemas y teologemas griegos principalmente, que son aquellos con los que estoy más familiarizado. Sabido es que Dumézil no pudo reducir la estructura olímpica y el mundo mítico griego (esa región de la superestructura simbólica) a su teoría de las tres funciones. Este pueblo/esta cultura se le resistió. Y así lo reconoce él mismo en algunos de sus escritos: “la mitología griega escapa a las categorías indoeuropeas” –en “dioses de los germanos”, p. 59 (edición española). Sin entrar en discusiones, yo diría que el espacio olímpico es un mundo indoeuropeo evolucionado, y mejorado. Hablemos del dios principal, del primer principio; del bienaventurado Zeus-Dyaus, el padre de los dioses y de los hombres. El mismo cielo. Hablemos de la madre, de la inconmensurable Hera, la de muchos nombres; de la tierra. Hablemos de los hijos. No nace Zeus en aquella cueva cretense, sino que se revela; lo que nace es su conocimiento. Estamos ante una revelación espiritual y cultural. Zeus es ‘hijo’ de Crono y ‘nieto’ de Urano. Estos son los ‘dioses’ que le precedieron; las épocas, podríamos decir, los periodos que precedieron a su revelación. Estos dioses únicos que nos ofertan estos infieles no son tan nuevos para nosotros. No, no nos era desconocido aquel dios que predicaba Pablo. Estos dioses de los judíos, los cristianos, y los musulmanes recuerdan a Urano y Crono. Urano es el dios-padre represor, opresor; impide el nacimiento de los hijos, no los deja ser. Impide el dinamismo, el surgimiento mismo de la vida; el fluir de aquella generación que la Madre Gea guardaba en su seno. Andando el tiempo Crono, uno de sus hijos reprimidos, con la ayuda de la Madre, le derriba y ocupa su lugar. Éste, una vez en el poder, se dedica a devorar a sus propios hijos. Es aún peor que el dios opresor, el que impedía ser; éste no impide el ser, pero lo suprime apenas recién nacido. Estos dioses únicos son todos opresores o supresores, o ambas cosas. Zeus (la idea de Zeus) se opone a estos dos tipos de dioses, o de primeros principios. Zeus es generador de vida, padre de dioses y de hombres. No es un dios ni opresor, ni supresor. Urano, el broncíneo Urano, un cielo opaco, hosco y duro; y Gea, la tierra pétrea, impotente, detenida. Crono, el que siembra y el que siega, un cielo que lo genera todo, pero que también lo devora todo; y Rea, la tierra blanda, receptiva, fértil; fluyente, multiforme, viva. El mundo inmóvil y sombrío de Urano-Gea (una acople infecundo; un mundo oscuro, silencioso, frío); el mundo sin sentido de Crono y Rea (un devenir insípido, sin memoria). Recuérdese el teologema del ‘nacimiento’ de Zeus. La Madre Rea lo rescató del olvido; lo reservó, lo apartó del implacable devorador de todas las cosas. Mantuvo vivo aquel fuego, aquella luz. Impidió su olvido; mantuvo su memoria, su recuerdo. La abuela Sarasvati, la fluyente Rea; la Señora de los fluidos. Gea y Rea son madres privadas del fruto de su seno. En el tiempo de Gea es esta misma la que retiene en su seno los hijos que Urano impide nacer. En el tiempo de Rea es Crono el que retiene en su estomago los hijos que Rea da a luz pero que él inmediatamente devora. Cuando Zeus hubo crecido lo suficiente (su luz, su mensaje) trabó combate contra este ‘padre’ y le venció, posteriormente le obligo a beber una pócima que le hizo devolver a los otros ‘hijos’ engullidos: Hera (la proto-comunidad, la futura esposa), Hestia (el fuego colectivo, común), Deméter (el mundo agrícola, la madre tierra, la tierra productiva)… Madre Gea, Madre Rea, Madre Hera. Fue en el período Crono-Rea que se reveló Zeus/Dyaus; que se dio a conocer. Y fueron hombres y mujeres de aquel período los primeros que tuvieron noticia de él. Fue el salvador. El cielo protector y benefactor. Zeus es un tercer período para la memoria colectiva de aquellos pueblos. Un nuevo cielo. Con él se inicia otra cosa. Fue una aurora, una primavera. Fue el amanecer de una comunidad simbólica, de una ‘koiné’ (los certámenes pan-helénicos, por ejemplo). Por primera vez consciente de sí, de su fuerza, y de su futuro. El cielo es la materia simbólica, el recuerdo, la memoria colectiva autóctona y ancestral; el Reino de lo alto… La tierra es la madre natural, pero también el pueblo al que pertenezco. El seno en el que vengo a nacer; la cuna. La ciudad (la ‘polis’ como lugar de reunión de los muchos) como madre, como metro-polis. La comunidad como madre. Zeus/Dyaus, el padre cielo. Hera, la madre comunidad. (El término ‘vaca’ aplicado a estas madres-comunidades es común a varios pueblos indoeuropeos, así como el de ‘toro’ aplicado a los dioses-padres celestiales.) Gea-Rea-Hera (la evolución de estas madres-comunidades) son también las madres de los sucesivos cielos, de las sucesivas superestructuras simbólicas. Los cielos no tienen otro origen; sus madres no pudieron ser otras. Y son ellas mismas las que, llegado el caso, luchan o conspiran contra estos hijos suyos, como Gea contra Urano, y posteriormente contra Crono (es Gea la que, solicitada por su hija Rea, elabora un plan para salvar a Zeus, y la que proporciona la pócima que hará devolver a Crono los hijos que se tragó). A ellas, a estas madres-comunidades, les debemos la evolución de los cielos. Hasta alcanzar el clímax olímpico. Esto me recuerda algo leído en algún lugar del Rig Veda: “lo mortal es el padre de lo inmortal”. Así parece ser, lo caduco y pasajero (las fugaces generaciones) es la fuente de lo inmutable e imperecedero. Por amor. Contra el tiempo; contra la muerte y el olvido. Éste es el origen. Hera y Zeus inauguran un nuevo período para aquellos pueblos; un nuevo cielo y una nueva tierra tras los inaceptables cielos y tierras de Urano-Gea y de Crono-Rea, aquellos períodos crueles y sombríos. Fue un renacimiento, una regeneración. Un nuevo comenzar. Los seres humanos venimos a nacer en comunidades regidas por un determinado discurso simbólico (generado a través de los tiempos por la misma comunidad). Es a un mundo lingüístico-cultural al que venimos; es un mundo simbólico el que nos recibe. Es éste mundo el que nos dotará de ser. Es muy importante el mundo simbólico, el cielo bajo el que venimos a nacer (nosotros y nuestros herederos), pues es el ‘padre’ que genera y modela nuestro ser social y cultural, esto es, nuestro ser simbólico. ¿Qué queremos para nosotros y para nuestros hijos? Libertad, excelencia, fidelidad, honra… –nuestras condiciones espirituales de existencia. Aquellas que nos legaron nuestros antepasados; el ‘mundo’ que hemos recibido, y el que hemos de legar, enriquecido, si es posible, a los venideros. Pero volvamos a lo nuestro, hablemos de los dioses, hablemos de los hijos. Los hijos son como modos de la sustancia única. La estructura olímpica incluye un subgrupo de ocho nuevos dioses. Son alegoría de la multiplicidad de la tribu. Zeus, el padre- cielo, y Hera, la madre-comunidad (la ‘koiné’), son los padres de Apolo, de Atenea, de Hermes, de Hefaistos, de Eros-Afrodita, de Ares, de Dioniso, de Artemisa; de estos ocho dioses jóvenes. ¿Nadie conoce a Apolo, a Hermes, a Dioniso… o a Hefaistos? Son nuestros vecinos, nuestros hermanos; están entre nosotros. Hefaistos, por ejemplo, el Tvashtr griego; el artífice, el ingeniero. ¿No conoces a ninguno? Es el ingenio aplicado; la invención, el artificio. El arquitecto, el ingeniero, el herrero, el inventor; los creadores de cosas útiles y beneficiosas. Son héroes culturales, dioses incluso. O lo fueron. Esta divinización conducía al respeto de su ser. Son los ingenieros de la tribu, hijos perfectos de Zeus. Hefaistos/Tvashtr es el dios tutelar adecuado para la reciente ingeniería informática (computadoras y demás). De Hefaistos sabemos que llegó a fabricar autómatas. Apolo pertenece al orden de lo gratuito. Aquí, el ingenio o intelecto, no se propone hacer cosas útiles, solidas arquitecturas y obras de ingeniería, así como experimentar con los metales, cosas todas a las que se dedica su hermano Hefaistos. Apolo es el poeta, el creador de formas. Es la misión de Orfeo en los Argonautas. Marca el ritmo de la expedición, de la singladura; canta la gesta, canta la acción (la pinta, la esculpe, la escenifica). Hablo de los creadores natos en el orden de las artes (literarias, musicales, plásticas…). La obra de arte incita no sólo a deleitarse sino a pensar también; no son tan sólo obras o acciones buenas de ver, leer, o escuchar, son también buenas para pensar. Apolo tiene que ver con nuestras condiciones espirituales de existencia, con nuestras necesidades noéticas, poéticas, y estéticas (en el sentido más griego, y tal vez más indoeuropeo, de estas palabras). Hermes, el dios intermediario (entre cielo y tierra, pero también entre hombre y hombre). Psicopompo. El mensajero de los dioses. Creador de la moneda, de la retórica (las artes del discurso), de la escritura, de la administración, del comercio…. Siempre sirviendo de puente o enlace entre unos y otros. El área de Hermes es extensa. Es también un dios ambiguo; es el tramposo, el ‘trickster’. Desde que nace: atiéndase a las jugadas que le hace a su hermano Apolo nada más nacer (aún en la cuna). Recuérdese el mitema del “robo del ganado”. Con toda su ambigüedad, a este dios lo necesitamos a veces, y solicitamos su ayuda y su inspiración. Hermes es, en la naturaleza, la capacidad de cálculo y de estrategias de dominio de todo lo viviente. Es la heurística en la naturaleza. No puede faltar, por supuesto. Atenea es el intelecto aplicado al saber y a la verdad. La devoción por el saber y la verdad. No cede, no pacta, no cambia, no vende su saber (no se vende). La insobornable y fiel Atenea. Y éste es el sentido de su virginidad, de su pureza. Y la pureza de aquellos que viven bajo su tutela. La Atenea Promachos, la Atenea militante; la que entra en combate, la que interviene. La que no se hace a un lado e ignora lo que pasa. La sabiduría militante. Armada de pies a cabeza, armada de conocimiento y de verdad. El mito de Medusa, sacerdotisa de Atenea, que fue transformada en un ser monstruoso por la misma Atenea, merece ser meditado. Sus cabellos convertidos en serpientes denotan sus pensamientos perversos o diabólicos. Téngase en cuenta que, para varios pueblos, la lengua bífida de la serpiente vino a alegorizar la lengua doble, la ambigüedad (véase también la relación de la serpiente con Hermes –en su caduceo), la doblez, la falsedad, la mentira, el engaño… El término griego ‘dia-boulein’ (el doble consejo, la doble intención), de donde la palabra ‘diablo’, tiene que ver con este conjunto semántico-alegórico. Medusa se vendió, se entregó a Poseidón en el mismo templo en el que ella profesaba de sacerdotisa; profanó el recinto sagrado, no merecía ocupar tal puesto. Dioniso es Soma, el entusiasmo; la embriaguez espiritual. Están aquellos que conocen la miel y la hiel del éxtasis. A propósito de esto, yo propongo que no interpretemos el éxtasis, esto es, que no lo ocultemos con ropaje griego, hindú, budista, cristiano, musulmán, taoísta, o chamánico. Es un sentimiento inefable. Como un rayo (brusco, súbito y fugaz) nos atraviesa cuando pasa, y nos deja atónitos y balbucientes. ¿Por qué iluminación, por qué liberación, por qué renacimiento…? No hay palabras ni discursos en el éxtasis. Y todo el que lo haya vivido y experimentado tiene que convenir conmigo en esto. Es una experiencia sublime, mas silenciosa, muda. Su inefabilidad es su verdad, su única verdad (su único mensaje, su única marca, su única señal). El silencio es obligado, debido. En el nombre de la honestidad espiritual. ¿Y Ares, no conocemos tampoco a Ares? El Ares guerrero no es la Atenea Promachos. Aquí es la guerra en la tierra. Allí es en los cielos. El factor bélico, la guerra real. Su hecho o su posibilidad. Pregunto, ¿podemos prescindir de Ares; pueden los pueblos prescindir de sus guerreros natos? Invito a los lectores a que comenten, dentro del juego de lenguaje en el que nos estamos moviendo, a Artemisa y a Eros-Afrodita, divinidades que completan este octeto de los dioses jóvenes, esta verdadera vía óctuple. Les invito a que participen en este juego. La estructura olímpica, la estructura plural, podemos correlacionarla con la democracia, institución política (social, ciudadana) que también ‘nació’ en aquella comunidad, en aquella ‘koiné’. Aquí encontramos ideologías propias de hombres libres, de comunidades que aman y estiman la libertad (la suya y la ajena). Pues la libertad está emparentada con el ser y la verdad (a menos libertad, menos ser y menos verdad). Nuestros dioses y principios responden a nuestro genio, a nuestro ser, a nuestra verdad. Responden a nuestras necesidades, a nuestras condiciones espirituales de existencia. Así queremos vivir, y así queremos seguir viviendo. Los dioses son lo necesario, lo que no cesa. Mayores o menores representan a un sector de la comunidad. Ir contra un dios es ir contra un sector de la comunidad. Podemos decir que en la estructura olímpica el otro es verdaderamente otro, Hermes, Dioniso, o Apolo. La multiplicidad de los dioses jóvenes, que son modos de la sustancia única, la advertimos también en nosotros mismos. Pues todos tenemos un poco de Hefaistos, de Atenea, o de Apolo. Es un alma olímpica lo que poseemos, tan amplia como el espacio de donde procede. Que en cada momento fluya en nosotros el dios requerido. En este recorrido no debemos olvidar a los seres negativos y destructivos: los monstruos, las monstruosidades… Entonces como ahora. Seres temibles que ponen en peligro el Olimpo, monstruos que perturban la paz del Reino, personajes siniestros que acechan en los caminos…: Pitón, Procrustes, Sinis, Medusa, la Hidra, la Quimera, Tifón… Vencerlos una y otra vez es la labor que aguarda a los dioses y a los héroes: Apolo, Hércules, Teseo, Perseo… *Un único dios, o un solo principio, nos deja un único modelo. Supone un prototipo social deseado, un único prototipo. Es el caso de cristianos, budistas, mahometanos… Únicamente los enviados o hijos de ese dios –de ese discurso–, tienen voz y presencia aquí. Supone la negación radical del otro, la erradicación de las diferencias, de la multiplicidad; la negación de los hermanos, de los otros: de los poetas, de los industriosos, de los filósofos… El enviado, el profeta, el mensajero, la voz del dios es, ahora, un sacerdote. Un pueblo de sacerdotes (como el hebreo), allí donde el sacerdote es el señor. Esto fingieron, esto inventaron. Es un dios de sacerdotes lo que tenemos; nos impusieron ese dios. Se impuso también el modelo sacerdotal. El sacerdote es ahora la cúspide de la jerarquía social, ya no el guerrero. Es lo que tenemos con las revoluciones sacerdotales en India con el brahmanismo e hinduismo y el posterior budismo, en Persia con Zarathushtra, y en las tradiciones judía (Moisés), cristiana (Jesús), y musulmana (Mahoma). Son negados todos los otros modos de la sustancia única. La multiplicidad de caracteres y personalidades. La estructura plural que conllevaban las viejas sociedades politeístas. La vieja sabiduría politeísta. Aquí hay que considerar al pueblo o la comunidad como madre, y como familia, como una gran familia (Hera y Hestia (el fuego común) respectivamente). Está la madre, y están los hermanos, los parientes. Hablamos de la familia olímpica, de la familia plural, bien lejos de la familia cristiana, con su único hijo, y su único dios. El monismo se opone al pluralismo como la tiranía a la democracia. Estos monismos religiosos, esto es, religantes, que de un modo nuevo quieren religar a la sociedad, no proponen sino una sola figura emblemática, un sólo modelo, un sólo dios, un sólo discurso, una sola voz. Es uno de los hermanos el que se impone como señor. El sacerdote de los dioses es ahora el señor. Ya no el guerrero, ya no el ingeniero, ya no el filósofo, ya no el creador… Estos quedan negados, o subordinados al nuevo y único señor. Aquí la perfección es la adecuación a un sólo modelo (el modelo sacerdotal): Moisés, Jesús, Buda, o Mahoma –en este último se da la fusión entre el sacerdote y el guerrero. La subversión sacerdotal tiene algo de crimen de Edipo. El padre fecundador plural es sustituido por uno de sus hijos que niega de inmediato la divinidad de los hermanos (recuérdese el caso Akhnatón, en el antiguo Egipto, el primer monismo teológico). Se convierte en el ‘padre’, en el esposo, en el fecundador de la comunidad; pero ésta no produce sino buenas o malas copias (clones) de él mismo. La sagrada familia olímpica, la familia plural, se ha visto reducida, drásticamente reducida al uno –a ‘uno’. Ha quedado podada, deshecha; mancillada. Dioses o principios que no generan voces, como nuestro Zeus/Dyaus, sino ecos de su voz. Los individuos son convenientemente ‘recortados’ o ‘alargados’ para parecerse al señor, al prototipo, al modelo, al ‘gran hermano’. Son un lecho de Procrustes estas ideologías de modelo único. Son un lecho de divisiones también; la patria de las heterodoxias. Las escisiones (las inevitables mutaciones, variaciones, diferencias) pululan y son tan virulentas como la cepa original, también nacen con vocación de únicas. Es la vía de la discordia eterna. (Véanse las sectas budistas, las cristianas, las musulmanas… cómo se niegan entre sí y procuran su mutua aniquilación). Los monismos son un pésimo modelo superestructural. Los totalitarismos religiosos o políticos. Ideologías regresivas, desde la perspectiva olímpica. El modelo único, el ‘gran hermano’. Sociedades paranoicas, enfermas. Violentas, inestables, inseguras. Cuando no reprimidas, sofocadas. Lejos de la verdad, de la libertad, del ser. Esto me recuerda de nuevo a Urano y Crono. Los periodos que precedieron a la revelación olímpica. De dioses opresores y supresores nos libró Zeus, el luminoso Dyaus. Tuvimos nuevo día, nueva era con Zeus. Se abrieron perspectivas, se multiplicaron los hijos. Vinieron las Musas, las Horas, las Gracias… vino Atenea. El Cielo luminoso, padre de muchos. El viejo y siempre renovado Cielo. Un primer principio abierto, luminoso, plural. El Cielo de todos. Un Cielo para todos. Los hijos son como voces de un coro. Es un contrapunto. Es una polifonía. Son muchas las voces, los modos, los caminos. Ésta era, y es, la armonía politeísta. Su razón de ser: concordar a los diferentes, a los muchos, en el seno de una misma familia, de una misma comunidad, de un mismo pueblo, de un mismo Reino –los diversos dioses, las diversas razones; los diversos modos de la sustancia única. Y éste es el divino juego que vienen a romper los monismos. Con su razón única, con su único dios, agreden al resto de los hermanos. ¿Qué quieren? Quieren acabar con todos. ¿Por qué? Quieren ser los únicos en todo momento y en todo lugar; no admiten otros. Son numerosas las culturas étnicas que han sido destruidas por estos celosos dioses ‘únicos’ a lo largo de sus periodos de expansión y dominio. En los cinco continentes, en todas partes, en todo el mundo. Es legítima nuestra lucha contra estos devastadores monismos, contra estos devoradores de ‘mundos’. Por la defensa y la recuperación del legado de los pueblos otrora cristianizados o islamizados. Porque somos grandes los pueblos subyugados; pueblos europeos y asiáticos, y africanos. Egipto y Persia, y parte de la India. Y Europa entera. Durante milenios ha sido regateado, discutido, o negado nuestro ser. *Leer detenida y repetidamente los Vedas, el Rig Veda en particular, y sobre todo las partes más antiguas de éste. Hasta impregnarse de su solo lenguaje, de su solo discurso. Para distanciarse, para retornar, para recuperar el espíritu védico. Mitra, Varuna, Aryaman, Yama, Indra, Agni, Soma, Vayu, Rudra, Ushas, Surya, Manu… Cielo y Tierra. El espíritu védico. La aurora, la mañana, el día; el aire, el agua, la luz… el sol. Atendamos al múltiple uso de las palabras: ¿qué mañana, qué aurora, qué aire, qué agua, qué luz, qué sol…? El aroma, el perfume espiritual que despiden los cantos. Hay tanta fuerza, tanta jovialidad, tanta alegría. Son epinicios, son cantos de victoria. Fue, ciertamente, una aurora; el nacimiento de una comunidad simbólica, la ‘koiné’ védica, semejante a aquella de los helenos. Está también la madurez filosófica y espiritual en el concepto ‘Rt’, y su parentesco con el ser (‘sat’). No hay contradicción entre el orden y el ser; entre ‘Rt’ y ‘sat’. La verdad y la mentira se articulan, lingüísticamente, en torno al ser y al orden. La mentira es ‘anrta’ y ‘asat’ (ambos términos son equivalentes), va contra el orden (‘Rt’) y el ser (‘sat’). El orden y el ser son la verdad. La verdad (‘satya’) proviene del ser (‘sat’). Una sola y misma cosa son el orden, el ser, y la verdad. Es no sólo un lenguaje íntimo sino social, cultural. Esto significa que es compartido. No es, pues, un discurso solipsista o individualista. Es un lenguaje común, simbólico. Y sirve en lo grande y en lo pequeño, dentro y fuera. Puedo aplicarlo a las circunstancias íntimas y personales que estoy viviendo, así como a las históricas y sociales, o a las vicisitudes por las que pasa mi pueblo. Puedo establecer la analogía y usar el mitema adecuado. Es un juego de lenguaje actual, vivo. Tan válido como el griego, o el germano. Hay que estar a la altura de todos estos juegos de lenguaje. *Decía Nietzsche en “más allá del bien y del mal” (aforismo 20) que los pueblos indoeuropeos le debían su filosofía a su lenguaje, esto es, a la gramática de ese lenguaje. Merece la pena citar este pasaje del aforismo (traducción de Sánchez Pascual): “…El asombroso parecido de familia de todo filosofar indio, griego, o alemán se explica con bastante sencillez. Justo allí donde existe un parentesco lingüístico resulta absolutamente imposible evitar que, en virtud de la común filosofía de la gramática –quiero decir, en virtud del dominio y la dirección inconscientes ejercidos por funciones gramaticales idénticas–, todo se halle predispuesto de antemano para un desarrollo y sucesión homogéneos de los sistemas filosóficos: lo mismo que parece estar cerrado el camino para ciertas posibilidades distintas de interpretación del mundo…”. Todas las lenguas indoeuropeas comparten la misma o parecida gramática. Es la misma estructura, son las mismas categorías (verbos, nombres, pronombres, adjetivos…). Esta gramática modela el mundo a su hechura; establece diferencias, semejanzas, causalidades, agentes y pacientes… sujetos y verbos. Cuando Wittgenstein dice aquello de “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, el término ‘lenguaje’ está usado como sinónimo de ‘discurso’ (lo que él posteriormente denominaría ‘juego de lenguaje’). Quiere decir, simplemente, que el mundo es para mí el discurso que sobre el mundo sostengo. En esto coincide con la antropología estructural (Lévi-Strauss). Ésta es la sabiduría (gnómica) más prominente del siglo pasado (hablando en términos europeos u occidentales). La reflexión de Nietzsche me parece tanto más profunda y sutil. Son las mismas categorías del lenguaje las que establecen el mundo. Porque bajo las teorías o el discurso subyace el lenguaje que los articula; subyacen categorías del lenguaje, categorías gramaticales. La estructura del lenguaje se reproduce en el mundo creado; genera mundos que se le asemejan. La lengua y la cultura responden al genio particular (al ser) de cada pueblo o comunidad. A tal genio, tal lengua y tal cultura. Los mundos generados por los pueblos indoeuropeos son estructuralmente compatibles. Pueden ser intercambiados. Podemos tomar de aquí y de allá. Heracles o Indra. Ahriman, Surt, Vritra, o Tifón. Podemos compartir estos mundos; usar sin distinción estos juegos de lenguaje. Forman parte del patrimonio común de los indoeuropeos, es un bien común. Hablemos, por ejemplo, del espacio intermedio, de la atmósfera, de Antáriksha; el espacio heroico, el espacio donde se realizan los combates espirituales, simbólicos. Es el espacio de Heracles, de Indra, de Thor (como héroes o dioses espirituales, culturales). Es el cometido de estos el mantener la atmósfera, el aire simbólico que se respira, limpio, puro, y libre de obstáculos y amenazas. Estos juegos de lenguaje forman parte de la sabiduría de nuestros antepasados. Es un legado útil y maravilloso. Es camino, vehículo, alimento… Es el camino de un pueblo, el suelo que pisa, el mundo en el que vive; es la nave que le transporta; es su alimento espiritual. Encontrarás también armas conceptuales y alegóricas: el martillo, el rayo, la maza, el ‘vajra’; arco y flechas (de las que tienen su estancia en el oído). *Solidaridad lingüístico-cultural. Y ahora más que nunca, cuando nuestros mundos se ven de nuevo amenazados. Que se recuperen las tradiciones pre-cristianas y pre-islámicas, que se recuperen los cielos, que se recuperen los pueblos. Un despertar para todos los pueblos indoeuropeos. Solidaridad indoeuropea. Si no cuidamos de nosotros, nadie lo hará. Que indios, persas, eslavos, baltos, germanos, celtas y demás se sientan indoeuropeos, como partes de la ‘koiné’ indoeuropea. ¿Es posible esto? Propongo esta solidaridad. El mismo enemigo nos está atacando desde hace siglos, milenios; mordisqueando las raíces de nuestro ser. Ha destruido nuestros templos, nuestros lugares de culto, nuestras culturas. Ha pisoteado, ha mancillado a nuestros antepasados. Nos ha robado nuestra vida (la vida que pudimos tener bajo nuestras genuinas y ancestrales claves culturales y en el marco de nuestra propia historia). Nuestro caso es semejante al de los niños secuestrados y llevados lejos de su entorno familiar y social a los cuales se les niega u oculta su verdadero origen y se les dota de un ser espurio, falso (estos es, se les dota de un pasado que no es el suyo, de padres y antepasados que no son los suyos). Al igual que esos niños, somos pueblos secuestrados, desposeídos, y engañados. Las comunidades cristiana (María, la Madre Iglesia cristiana –el término ‘iglesia’, derivado del griego, significa, entre otras cosas, ‘comunidad’) y musulmana (la ‘umma’) se comportan como madrastras de los pueblos. Vienen con su propio esposo (el dios bíblico o el coránico), y con su propio hijo –su único modelo de conducta (Jesús o Mahoma). Como todas las madrastas de nuestros cuentos populares, usurpan el lugar de la madre y maltratan a los hijos adoptados. Esto, que pertenece a la recopilación de cuentos de Afanasiev (nº 265, ‘La patita blanca’), me recuerda lo sucedido en Europa cuando la cristianización y la parcial islamización: “¡Ay mis hijitos del alma, / mis hijitos adorados!/ Esa vieja bruja, dañina serpiente, / que os a dado muerte, / pérfida serpiente, áspid venenoso/ es la que os ha dejado sin padre; / sin padre a vosotros y a mí sin esposo. / Luego convertidos en patitos blancos, / nos arrojó al agua de un raudo regato/ y ocupó mi sitio en mi propia casa…”. Es nuestra madre Hera-Europa la que así se lamenta. Estos cuentos ‘maravillosos’ (como los denominó Afanasiev) son también una buena fuente de alegorías. Los pueblos cristianizados o islamizados padecemos un proceso de aculturación y enculturación indigno, aberrante. Es una alienación espiritual, cultural, lo que vivimos; y un extrañamiento que nos exilia a otras tierras, a otras tradiciones, a otros pueblos. Se nos priva de lo nuestro y se nos impone lo ajeno. Las lenguas sagradas, las tierras sagradas, las historias sagradas son otras. Pero, ¿qué tenemos que ver nosotros con árabes y hebreos; con sus tierras o con sus lenguas; con sus historias y con sus tradiciones todas? No pertenecen a nuestro pasado, no son nuestros antepasados. A modo de ejemplo recordaré a los salafistas musulmanes –de Indonesia a Marruecos. El retorno a los antepasados que estos preconizan no va más allá del tiempo de Mahoma y los primeros califas. ¿Qué pasa con los verdaderos antepasados de esta multitud de pueblos islamizados (sometidos)? Piénsese en el Egipto antiguo, pre-cristiano y pre-islámico, que los salafistas egipcios desprecian, odian, o ignoran (porque era ‘pagano’). Cientos, miles de años de historia y experiencia arrojados a la muerte y al olvido, como si nunca hubieran sido. Tienen que ser sagradas nuestras tierras. Tienen que ser sagradas nuestras lenguas, nuestras culturas, nuestras historias, nuestros antepasados. Con estas consignas venceremos. Éste es el status espiritual requerido para no ser arrastrados por ningún diluvio, por ninguna marea, por ninguna oleada; sea la cristiana, sea la musulmana. Así, anclados firmemente en nuestro ser (a la manera de Manu cuando el diluvio). Fieles a nuestros antepasados. Necesitamos una moral de grupo, de pueblo; una moral cultural. Propia, nuestra, no universal (dejemos a los pueblos en paz). Necesitamos escuelas indoeuropeas donde se instruya a las nuevas generaciones acerca de su origen, y acerca de sus antecedentes culturales y espirituales. Necesitamos, nosotros, los pueblos indoeuropeos, recuperarnos a nosotros mismos, retomar nuestra propia historia; renacer. Necesitamos una empresa grande, sublime, y común. Capaz de entusiasmar a los indoeuropeos todos; capaz de encenderlos en una llama viva. Una renovación, una nueva primavera. Una nueva aurora. De nuevo se requiere a Zeus/Dyaus, un primer principio liberador y generador. El dios-padre nuestro. Para que de nuevo vuelvan a ser Aryamán, y Ushas, e Indra, y Soma, y Agni… y Apolo, y Atenea, y Hefaistos… y Balder, y Cúchulainn… y tantos otros. Para que las culturas indoeuropeas vuelvan a ser. Invoquemos desde esta tablilla electrónica, desde este rectángulo sagrado, desde este ‘vedi’ doméstico y colectivo, el retorno del espíritu heroico, la presencia de la ‘sabiduría militante’; el aliento de Heracles, de Indra, de Thor. *Reanudemos nuestra propia historia. Volvamos al punto de origen. Hay un tema de nuestros cuentos populares que nos vale para estos momentos. Un grupo de hermanos parte hacia distintas direcciones a la busca de aventuras y quedan en reunirse después de cierto tiempo para compartir sus historias y aquello que hubieran podido conseguir. En el reencuentro cada uno de los hermanos trae consigo algún objeto ‘maravilloso’. Los hermanos son aquellos antepasados nuestros que se desgajaron en sucesivas oleadas de núcleos poblacionales culturalmente homogéneos. Llevaban consigo su ‘mundo’ –sus reservas simbólicas (su lengua y su cultura toda). Los objetos ‘maravillosos’ son la evolución de aquel primitivo universo lingüístico-cultural en las distintas ramas: la floración celta, la germana, la griega, la india, la persa… El sublime patrimonio cultural indoeuropeo. Tengamos un recuerdo también para los hermanos caídos en el camino (hititas, frigios, tracios… escitas, tocarios…). Estos son los momentos del reencuentro. Ahora que hemos vuelto a tener noticia acerca de nosotros mismos (los estudios indoeuropeos apenas tienen doscientos años). Nuestra historia puede aún tener un final feliz. * Saludos, Manu Publicado por Manu Rodríguez en 07:31 0 comentarios

===

Nota de Tresmontes7: Es un honor reproducir  este post del  excelente blog

LA RESPUESTA DE EUROPA

El problema del judaísmo ante el Concilio Vaticano II

4 de mayo de 2012

 

 

En este trabajo expone la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la responsabilidad de los judíos en la muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Los errores que por Mons. CARLI detenta en los esquemas y borradores conciliares terminaron haciéndose oficiales en la Declaración conciliar Nostra Aetate sobre las religiones no cristianas, y hoy son ligar común.

Por Mons. Luigi Maria Carli
Cuadernos Fides nº 21. (2).

(El Obispo de Segni, Italia, Monseñor LUIGI MARÍA CARLI, se distinguió durante el Concilio Vaticano II por ser uno de los Padres más combativos del Coetus Internationales Patrum. sisinono@mixmail.com
Se trataba de un grupo de tendencia tradicional del que formaban parte, Mons. Proença Sigaud, Mons. Castro Mayer y Mons. M. Lefebvre).

En este trabajo expone la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la responsabilidad de los judíos en la muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Los errores que por Mons. CARLI detenta en los esquemas y borradores conciliares terminaron haciéndose oficiales en la Declaración conciliar Nostra Aetate sobre las religiones no cristianas, y hoy son ligar común. Forman parte de un “meaculpismo” tan injusto con la historia de la Iglesia (que jamás ha sido RACISTA ni ANTISEMITA, considerando el judaísmo como un problema exclusivamente religioso) como ajeno de toda fundamentación doctrinal.*

*Por el contrario, de manera más convincente, J. SCHIMID comenta: “El sentido real de este versículo no puede ser que el pueblo judío, en general, vaya a subsistir como viña de Dios (es decir, dejando aparte toda metáfora, como su pueblo elegido), pero recibiendo otros jefes en sustitución de sus jefes actuales, qu son contrarios a la voluntad de Dios. Tal interpretación contradiría no solamente la realidad histórica, sino también todo el mensaje de Jesús y la fe del cristianismo primitivo. También el versículo 43 se opone ello. Dado que se habla en él de otro pueblo, al cual le será dado el “reino de Dios” y que dará sus frutos, Él no se dirige solamente a los jefes del judaísmo, en antítesis con el pueblo, sino a todo el pueblo judío (“os digo”). El versículo expresa, pues, en términos precisos y eficaces, la idea central de toda la parábola. Ésta contiene una especie de teología de la historia, que contempla la falta de Israel en toda su extensión a través del tiempo. Pero la generación presente, aquella a la cual habla Jesús, colma la medida de la falta, ya que ella entrega a la muerte al “hijo bien amado”. De este modo se ha agotado la paciencia de Dios. Resulta de ello la condenación de Israel. Será reemplazado por un nuevo Israel espiritual, que Dios suscitará entre los paganos y al cual dará también nuevos “fittavoli”, “nuevos jefes”. (O. cit., pág. 395. Téngase también presente esta profecía amenazante para los judíos: “Así yo os declaro que muchedumbres vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa en el reino de los cielos con Abraham, Isaac, y Jacob, en tanto que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas exteriores” (Mt. 8, 11).
SIMÓN-DORADO tiene la misma opinión: “Así pues, la nación judía un castigo, y en primer lugar, como ella se ha comportado indignamente, será privada de la dignidad teocrática; y los paganos ocuparán su lugar. (Praelectiones biblicae asum scholarum Novum Testamentum, vol. I, Taurini, 6ª ed. 1944, pág. 814).

2º) San Pedro, hablando el día de Petencostes a varios millares de judíos, no solamente de Jerusalén sino “de todas las naciones que están bajo el cielo (Hech. 2, 6) – por tanto una especie de representación de todo el judaísmo, tanto de Palestina como de la Diáspora -, no vacila en proclamar: “Israelitas, escuchad estas palabras: vosotros habéis hecho morir por la mano de los impíos…a Jesús de Nazareth. Que toda la raza de Israel sepa pues con certeza que Dios ha constituido como Señor y Cristo a este Jesús al que vosotros habéis crucificado” (Hech. 2, 22-36). En otros términos, el Príncipe de los Apósteles atribuye a todos los oyentes – entre los cuales quizá ninguno figuraba entre los materiales homicidas de Jesús – y por tanto, a todo Israel, la RESPONSABILIDAD DEL DEICIDIO.
SAN PEDRO usa el mismo lenguaje cuando se dirige al pueblo que acudió en gran número después de la curación milagrosa del cojo: “El Dios de nuestros padres ha glorificado a su servidor Jesús, que vosotros habéis entregado y negado…Vosotros habéis renegado del santo y del justo, y vosotros habéis pedido que se os diese más bien al homicida, y habéis hecho morir al autor de la Vida” (Hech. 3, 15). ¿Cuántos entre los oyentes de San Pedro habían efectivamente traicionado, negado, dado muerte a Jesús y reclamado a Barrabas? Esto importa poco para el principio de la responsabilidad colectiva; y, sin embargo, si existieran circunstancias en las que hubiera sido justo y útil distinguir entre un puñado de responsables y una masa de inocentes…¡en verdad ésta hubiera sido una!
3º) Los apósteles reprochan al Sanedrín entero y al pueblo de Jerusalán la responsabilidad de la muerte de Jesús: “El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que vosotros habéis dado muerte colgándole del madero” (Hech. 5, 30). ¡Y, sin embargo, bien saben que todos los miembros del Sanedrín no habían manifestado su adhesión!
4º) San Esteban, dirigiéndose al Sanedrín y al pueblo de Jerusalén (en medio del cual quizá no estaba ninguno de los que habían dado muerte a Jesús), establece una comparación entre los judíos contemporáneos y sus padres, y afirma indistintamente: “Ellos exterminaron a los que precedían la venida del Justo, a quien vosotros habéis entregado ahora y de quien sois los asesinos” (Hech. 7, 52).
5º) Para San Pablo, “los judíos”, en general, considerados colectivamente y sin tener en cuenta loables excepciones, son aquellos “que han dado muerte al Señor Jesús y a los Profetas, que no agradan a Dios, que son adversarios de todos los hombre impidiéndonos hablar a los paganos para que se salven; de este modo acrecientan ellos sin interrupción hasta el más alto grado la medida de sus pecados; pero la cólera de Dios ha terminado por alcanzarles” (I Tes. 2, 15-16). Y, sin embargo, el Apóstol se expresa así, hacia el año 50, a propósito de los judíos que persiguen a sus compatriotas convertidos, miembros de la diversas Iglesias de la Judea de las cuales muy probablemente ninguna (o casi ninguna) había participado en el crimen.

Para concluir, estimo que se puede afirmar legítimamente que todo el pueblo del tiempo de Jesús, entendido en el sentido religioso, es decir, como colectividad qu profesa la religión de MOISÉS, fue solidariamente responsable del crimen de deicidio, a pesar de que solamente los jefes, seguidos por una parte de sus fieles, hayan consumado materialmente el crimen.
Estos jefes, ciertamente, no eran elegidos democráticamente por el sufragio popular, sino que con arreglo a la legislación y la mentalidad entonces en vigor, eran considerados por Dios mismo (cfr. Mt. 23, 2) y por la opinión pública como las autoridades religiosas legítimas, responsables oficiales de todos los actos que ejecutaban en nombre de la religión misma. Pues bien, justamente por estos jefes fue condenado a muerte Jesucristo, Hijo de Dios; y fue condenado legalmente porque se había proclamado Dios (Jn. 10, 33; 19, 7); y, sin embargo, había suministrado pruebas suficientes para ser creído tal (Jn. 15, 24).
La sentencia condenatoria fue dictada por el Consejo (Jn. 11,49 y ss.), es decir, por la mayor autoridad de la religión judía, invocando la ley de MOISÉS (Jn. 19, 7) y motivando en ella la sentencia como una acción defensiva de todo el pueblo (Jn. 11, 50) y la religión misma (Mt. 26, 65). Es el sacerdocio de AARÓN, síntesis y principal expresión de la economía teocrática y hierocrática del Antiguo Testamento, el que condenó al Mesías. Por consiguiente, es legítimo atribuir el deicidio al judaísmo en cuanto comunidad religiosa.
En ese sentido bien delimitado, y teniendo en cuenta la mentalidad bíblica, el judaísmo de los tiempos posteriores a Nuestro Señor participa también objetivamente en la responsabilidad colectivamente del deicidio, en la medida en que este judaísmo constituye la continuación libre y voluntaria del judaísmo de entonces.
En ese sentido bien delimitado, y teniendo en cuenta la mentalidad bíblica, el judaísmo de los tiempos posteriores a Nuestro Señor participa también objetivamente en la responsabilidad colectiva del deicidio, en la medida en que este judaísmo constituye la continuación libre y voluntaria del judaísmo de entonces. Un ejemplo tomado de la Iglesia puede ayudarnos a comprender la realidad. Un Soberano Pontífice y un Concilio ecuménico, aun cuando no sean elegidos por la comunidad católica con sistemas democráticos, cada vez que toman una decisión solemne con la plenitud de autoridad, hacen corresponsables de esta decisión, ahora y en todos los siglos por venir, a todo el Catolicismo, a toda la comunidad de la Iglesia.

(Véase, THEODORE H. ROBINSON, “A history of Israel”. 2 vols. Oxford at Claredon Press. Reprinted 1957).

Diario Pampero Condurbensis nº 209. Instituto Eremita Urbanus
===

Nota de tresmontes7:  Post copiado íntegramente de la web

El blog de HOY…: WKR !!!

30 de enero de 2012

http://www.labsk.net/wkr/

Cada día que descubra un blog interesante y peculiar por su aspecto estético o pooir sus ideas genuinamente inteligentes voy a darlo a conocer:

Hoy, dia 30 de enero de 2012, he decubierto este:

Historia Romana

Lunes, 30 de enero de 2012

Historia Romana

Historia Romana es un wargame militar, político, económico, diseñado por Flavio Enzio, que simula (o al menos lo intenta) las numerosas guerras que aquejaron al Imperio Romano, desde su fundación en el caos de las guerras civiles del siglo I aC hasta su destrucción unos 600 años más tarde. Tiene dos niveles de reglas: básicas y avanzadas. Esta muy inspirado en “Imperium Romanum II” e incluye varios Escenarios:

– The Rise of Sulla, 85 BC – The Third Mithridatic War, 74 BC – Caesar Vs Pompey, 50 BC – The Year of the Four Emperors, 69 AD – The Crisis of the Third Century, 260 AD – The Imperial Restoration, 268 AD – Alaric at the gates, 407 AD – The Scourge of God, 451 AD – Heraclius and the Last Persian War, 622 AD

Descargar print-and-play: http://www.boardgamegeek.com/files/thing/42481

Hilo en la BSK: http://www.labsk.net/index.php?topic=81529.0

Ficha en BGG: http://www.boardgamegeek.com/boardgame/42481/historia-romana

http://seg.sharethis.com/getSegment.php?purl=http%3A%2F%2Ftresmontes7.wordpress.com%2Fwp-admin%2Fpost.php%3Fpost%3D2792%26action%3Dedit&jsref=&rnd=1327924266591

la SEXUALIDAD en la HÉLADE (I)

11 de enero de 2012

VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LA SEXUALIDAD EN GRECIA

Todo lo que sucede
No es más que
Un símbolo.

J. W. Von Goethe
Eduardo Alcántara, el prologuista de este libro (*) denuncia las grandes falsedades que ha ido tejiendo la modernidad en torno a la supuesta generalidad e las prácticas homosexuales [“hoxuales”] en la Antigua Hélade. Una demostración de la fuerza de la llamada ideología “homosexualista” [hoxualista] es la reciente publicación del “Manifiesto gay” que además amenaza con “reescribir” la Historia… especialmente, la de la Civilización Occidental.
(*) El libro firmado por Eduardo Velasco y que lleva como título “El Mito de la homosexualidad en la Antigua Grecia” ha sidio editado por http://www.edicionescamzo.com

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

INTRODUCCIÓN (por E. Velasco):
“Reescribiremos la historia, historia llena de vuestras mentiras y distorsiones heterosexuales.”
(Manifiesto gay).
pág.  019:
Está por todas partes. Se menciona por encima en tertulias televisivas, se escribe en libros de texto, está en boca de profesores de universidad, e Internet lo repite incesantemente, incluso en la Güiquipedia [Wikipedia]―como por ejemplo en este “artículo” (por llamarlo de alguna manera) sobre la pederastia [perastia] en Grecia. Todo el mundo lo parafrasea, se ha convertido en un “meme”, un eslogan que las masas repiten sin pensar, de modo similar al famoso “todos somos iguales”. Se han vertido toneladas y toneladas de basura sobre la historia griega, e innumerables autorzuelos del tres al cuarto han desarrollado páginas y páginas dando por sentado que la mentira es cierta.

(…).

En éste artículo nos ocuparemos del mito griego más desafortunadamente conocido: el mito de que la hoxualidad formaba sistemáticamente parte de la sociedad griega y de que la pefilia era una práctica común y socialmente aceptada. Como se verá, la tesis no es que no existiese hoxualidad entre ellos, sino que la moral tradicional tenía a los hoxuales mal vistos. También se demostrará que, en la mayor parte de los casos, existían castigos prescritos por conducta hoxual, como por ejemplo la pena de muerte, el exilio o la marginación de la vida pública.

pág. 020:

Esto va dirigido, ante todo, a quienes algo “no les cuadra” en eso de la hoxualidad griega y a quienes quieren fundamentar tales sospechas para que sean algo más que simples sospechas. Efectivamente, hubo hoxuales en Grecia, pero como se verá, que haya habido hoxuales no significa que haya sido una “práctica habitual” ni mucho menos que la pefilia fuese una “institución social”, como han llegado a afirmar disparatadamente algunos autores hoxuales, a quienes nadie ha arrojado a la cárcel por hacer apología de la pefilia ―y además sin bases para ello, difamando y ensuciando gratuitamente la historia de todo un país. Y es que es detestable que se utilice la mitología de hace milenios para legitimar fenómenos decadentes de la vida moderna y sólo moderna. Desde arriba, la doctrina oficial del Sistema pretende presentar a la Antigua Grecia como la tierra prometida de los gays [gallis],  una suerte de paraíso hoxual, y eso es demasiado para un amante de Grecia como un servidor, al cual nadie le puede vender la moto porque conoce bastante bien el imaginario mitológico de la Hélade, o para muchos griegos modernos, que aborrecen que otras sociedades decadentes utilicen la historia de su país para justificar sus propias desviaciones. Como veremos después, la película “Alejandro Magno” se mostró sólo 4 días en Grecia y fue un fracaso absoluto: los griegos conocen su propia historia como la palma de su mano, se han leído bien todos los libros (en griego antiguo inclusive) y saben lo que hay, como para que ahora vengan cuatro escritores neoyorkinos psicológicamente destrozados, a explicarles cómo era su propio país.

LIBERTAD PARA INVESTIGAR LA VERDAD HISTÓRICA:

p. 023:

A que lo que yo defenderé de nuevo en este artículo es precisamente la posibilidad que tiene cada hombre libre de conocer la pura y simple VERDAD, sin tener que confiar en intermediarios de dudosa reputación (medios de comunicación, revistas, programas de TV, sensacionalismo, manipulación, intereses políticos, sociales e internacionales), y recurriendo a las fuentes escritas originarias, en este caso, las fuentes griegas. Por tanto recurriré en este artículo a fuentes griegas para demostrar que la hoxualidad en la Antigua Grecia no era, ni de lejos, un fenómeno social extendido y aceptado. Escaparemos, pues, a la tiranía del pensamiento único, y a los intereses políticos que, siguiendo una agenda impuesta desde arriba, intentan hacer creer a todo el planeta que Grecia, una de las civilizaciones más encomiables que haya existido jamás, estaba basada en la hoxualidad, y examinaremos la evidencia que hay para llegar a una conclusión personal despojada de cualquier influencia que no provenga de la misma Grecia antigua, desenmascarando también a quienes predican irresponsablemente la teoría de los griegos petaojetes.

(CONTINUARÁ….)

Nota de TRESMONTES: Este post pretende ser un resumen del libro arriba citado y en la confianza de contar con el permiso de su autor. Copio los textos con absoluta fidelidad al original, pero en aras de un perfeccionamiento semántico he  substituido los términos que abusivaente ha introducido la ideología “homosexualista” por neo-palablas más acordes  con la etimología y el auténtico significado del originak griego. Así por ejemplo, junto a la palabra “heterosexual”, con frecuencia la acompaño del término, más exacto de “ortosexual”… y la palabra “homosexual” pasa a ser “hoxual” pues la raiz “homo” induce a error ya que “homo” es palabra griega que significa “igual” ó “equivalente” y también “homo” es una palabra latina que significa “hombre”, significado que por supuesto no es el pertinente en  la palabra “homosexual”, la cual significa sexualidad con persona del mismo sexo, es decir de igual sexo y no significa, por descontado, “hombre sexual” como creen multitud de gentes ignorantes.

El siguiente glosario con las equivalencias entre el lenguaje convencional y el que yo aporto trata  de evitar caer en las tergiversaciones y ambigüedades en las que –como señala el autor de este libro– incurren deliberadamente algunos  “traductores”  modernos:

gay = GALLI .-  homoerótico = HORóTICO.-  homosexual= HOXUAL.-

homosexualidad =  HOXUALIDAD.-   pederástia  = PERáSTIA.-  

pedofilia = PEFÍLIA.-     homofobia = HOFÓBIA.- 

heterosexual =  ORTOSEXUAL.-    lesbianismo = TRIBADISMO.

Miremos hacia Arriba… Volemos Alto…

30 de mayo de 2011

Cuanto más alto se vuela… nos encontramos con Espacios más  Abiertos… y con muy pocas Almas gemelas…  Esta idea me la ha sugerido mi diario deambular entre grises y obscuras multitudes de gentes amorfas, masa informe entre la cual, como una joya entre la arena, a veces brilla un Alma superior, bella, espiritual, altiva y que, por eso mismo sufre secretamente ante la devastación circundante.

Algo parecido ocurre en la blogsfera: Entre millones de blogs sin brillo especial, a veces se descubre una joya: Alguien muy sensible, con penetrante y sutil inteligencia  observa y además describe verdades por muy poca gente apercibidas. En esta ocasión he seleccionado un blog que es continuación de otro que ha  dejado de publicarse. El último post dice así:

Mi apellido es francés y puedo pasar por un blanco ibérico; aunque no por alguien con piel tan blanca como la de un ario o anglosajón. No obstante, un insólito hallazgo sobre la dilución demográfica tanto de blancos mediterráneos como de nórdicos transformó mi vida interna. Me refiero a la importación masiva de no caucásicos a Occidente. Tal reemplazo de población amenaza de extinción a los especímenes más bellos de Homo sapiens, como aquellas en la obra maestra de Maxfield Parrish en tiempos más civilizados.

Visualicemos en nuestra mente la situación actual en un diagrama de pie. La raza blanca cubría más del 30 por ciento de la población mundial cuando nació mi abuela. Nuestra generación, resultado de la llamada liberación sexual de los años sesenta, se redujo al 15 por ciento y la tendencia es que nos encogeremos al 5 por ciento. El invierno demográfico de la gente de mi grupo étnico es un tema censurado en los medios de comunicación. Entender el tabú me movió a subir una cantidad de entradas en mi blog en inglés, The West’s Darkest Hour.

El reemplazo de población que actualmente se perpetra en Europa, Norteamérica y Australia es la mayor traición en toda la historia de las elites contra su pueblo. Tal política migratoria a la par de nuestra suicida tasa demográfica se debe a una ideología que se ha adueñado de la cultura occidental, la cual muchos llaman “marxismo cultural” aunque prefiero el nombre antiguo, “liberalismo”.

Lo leído hasta la fecha en los blogs de los críticos del liberalismo me ha hecho ver que, a menos de que nos secesionemos para crear un Estado étnico dentro de los Estados Unidos, o de que expulsemos a los millones de migrantes de Europa, nos conducimos irremediablemente a la extinción.

Dado que combatir semejante traición requiere de cada onza de nuestra energía, el tema del maltrato a la infancia, que tantos años me costó entender, ha pasado a segundo plano. Eso no significa que me haya olvidado de lo que originalmente me motivó a escribir. Significa que de ahora en adelante lo que escriba tendrá como punto de partida la hora más oscura de Occidente: más oscura incluso que la caída del Imperio Romano ya que nuestro grupo étnico no estuvo entonces amenazado de extinción.

%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%

Fuente:  http://nacionalismocriollo.wordpress.com/

b con corbata

18 de abril de 2011

hURANIA

A %d blogueros les gusta esto: