Archive for the ‘Tercer Reich’ Category

ANGELA MERKEL: ¿aria ó judía?

30 de enero de 2013

merkel-nazi_470x327ANGELA MERKEL
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Con motivo de su visita a Chile, la canciller de la República Federal de Alemania está siendo objeto de comentarios.
Unos, los más falaces y absurdos, la acusan de “nazi”…
Otros afirman que es de ascendencia judía…
He aquí una muestra de tales decires:

juanjo dijo…
No creo que se sienta muy aria la tal Merkel, puesto que si es cierto lo que se lee en la red es hija de una judía de Polonia (por lo tanto y segun los judíos ortodoxos es judía) la señora Herlind jentzsch. Su padre era un pastor luterano, Horst Kasner.Ello no quiere decir, ni mucho menos, que deje de ser racista. Lo que si es verdad es que no para de regalarle a Israel armamento de última generacion como son los submarinos invisibles que fabrica.
28 de enero de 2013 15:18

http://www.jmalvarezblog.blogspot.com.es/2013/01/raul-castro-no-saludo-la-reencarnacion.html#more
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NOTA DE URANIA: EL comentario emitido por “JUANJO” se ha publicado en un blog de tendencia estalinista… y por tanto es coherente que desde esa óptica se llame “racista” a la Sra. Merkel. Evidentemente no es “racista” en el sentido que da a esta palabra la propaganda del Sistema, sino que se somete totalmente a las fuerzas que hacen de Europa un continente invsadido por todo tipo seres humanos de razas exóticas y, por supuesto, es más devota de Israel que de Alemania, lo cual es perfectamente lógico…dadas las circunstancias…
La fotografía de más arriba corresponde a los ataques demagógicos y antialemanes de cierta prensa de Grecia…

la sexualidad en la Helade y las mentiras “modernas” sobre la Antigüedad

3 de enero de 2012

En un blog titulado EUROPA SOBERANA se publicó íntegramente un libro de los que no se distribuyen en librerías. Su título es “El míto de la homosexualidad en la Antigua Grecia” y su autor firma como Eduardo Velasco.  Se puede leer en esta dirección de internet:

http://europa-soberana.blogia.com/2011/062406–homosexualidad-en-la-antigua-grecia-el-mito-se-esta-derrumbando.php

Nota de TRESMONTES7:

No es casual que este blog tenga como título tresmontes7 / URANIA.

Urania es la diosa celeste que simboliza el amor en su significado más noble y espiritual. Su imágen está entre las siguientes arriba  expuestas y que paso a describir: 1) Soldados griegos.- 2) Afrodita,- 3) Apolo y Dafne, del escultor alemán Arno Brecker.- 4) Demóstenes,- 5) Gea,. 6) PLatón,- 7) Proserpina,- 8) Sapho,- 9) URANIA,- 10) soldados griegos,- 11) Soldados alemanes izan la bandera de la Swastika  por considerarse depositarios del legado griego,- 12) la Familia europea, obra artística de Wolfgang Willrich.

IKONOS … y Símbolos… (via HYRANIA)

19 de febrero de 2011

Los símbolos bellos… en el fondo tienen el mismo
significado.

Verdad, belleza, honor,…bondad,

Profundizando… todos los símbolos, estandartes, lábaros,

si hacen referencias a valores tradicionales, son

equivalentes…

Por supuesto, el odio, la mentira, el mal… son contra-valores

del Enemigo, de los enemigos de Nuestra Civilización,

de los enemigos de nuestro Dios ó de nuestros Dioses…

Quizás en nuestro tiempo, frente a las mentiras que dominan todos los
medios de “comunicación”, nuestra única respuesta es saber
que LA VERDAD NOS HARÁ LIBRES…!

 Imágenes...

via HYRANIA

Dresden: 300.000 muertos no descansan en paz

29 de marzo de 2010

http://www.dresden.de/de/02/110/03/c_015.php

http://geschichtspuls.de/art1173-historikerkommission-korrigiert-opferzahl-der-bombenangriffe-auf-dresden

Dresden 630216 Einwohner per 01.09.1939
Dresden 368519 Einwohner per 30.04.1945
Dresden 261697 Einwohner weniger
Leipzig 707365 Einwohner per 01.09.1939
Leipzig 581528 Einwohner per 30.04.1945
Leipzig 125837 Einwohner weniger
Chemnitz 337646 Einwohner per 17.05.1939
Chemnitz 243613 Einwohner per 01.12.1945
Chemnitz 94033 Einwohner weniger

Diese offiziellen Zahlen belegen , das in Dresden während der Bombenangriffe ca. 125000 Menschen getötet wurden.

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Bombas incendiarias sobre Dresden

El criminal bombardeo de Dresde también conocido como la Masacre de Dresde, se llevó a cabo hacia el final de la Segunda Guerra Mundial por parte de la Royal Air Force (Gran Bretaña) y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Con esos dos nombres se suele hacer referencia a los cuatro ataques aéreos consecutivos que se realizaron entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, apenas doce semanas antes de la capitulación de Alemania.

Durante los mismos, entraron en acción la increíble cifra de más de mil bombarderos pesados, que dejaron caer sobre la “Florencia del Elba” cerca de 4.000 toneladas de bombas altamente explosivas y dispositivos incendiarios, arrasando gran parte de la ciudad y desencadenando una tormenta de fuego que consumió el centro histórico de la misma.[1]

El segundo ataque, mayormente con bombas incendiarias de termita, se programó para tres horas más tarde de modo tal que los bomberos (que arribarían tambien de otras ciudades para apagar el fuego) resultasen víctimas del ataque. No hubo ninguna oposición en absoluto. Ningún caza alemán y ningún fuego antiaéreo.

Antes del alba, se produjo un tercer ataque con casi 150 mil bombas incendiarias y bidones de fósforo, para activar la horrorosa pira. Los cazas escoltas tenían la instrucción de descender al nivel de los tejados y barrer “blancos de oportunidad”. Abrieron fuego sobre masas de gente que atestaban las rutas fuera de Dresden y sobre cualquier cosa visible. Un grupo de niños, del famoso coro de la Iglesia de Kreuzkirche, fue masacrado en la calle del zoológico. Prisioneros de guerra británicos, que habían sido puestos en libertad ya que sus campos de internación estaban ardiendo, fueron ametrallados también.

Ciudad abierta

Dresde (Dresden, en alemán) era una ciudad de Alemania ubicada a 120 km. del frente del Este y albergaba a 800 mil refugiados que huían del avance soviético de Zhukov. Dresden, la hermosa y culta capital de Sajonia, fue declarada durante la Segunda Guerra Mundial, como ciudad abierta, ciudad blanca, ciudad hospital, es decir, no albergaba tropas, ni poseía fábricas de guerra, ni objetivos militares de ninguna clase. No poseía siquiera artillería antiaérea, pues había sido llevada al frente del Oder.

El número de víctimas varía enormemente en función de la fuente, pero la línea mantenedora de la historia oficial, lo sitúa entre 18.000 y 35.000 muertos. Por su parte, otros sectores, como la revista bimensual The Barnes Review o el historiador revisionista David Irving manejan cifras de hasta por encima de los 200.000 fallecidos.

El bombardeo de Dresde sigue siendo uno de los episodios más infames de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad ya no hay ninguna duda de que la capital sajona no era un objetivo de interés estratégico tal y como aseguran fuentes militares Aliados. Al contrario, el bombardeo fue una represalia desproporcionada e indiscriminada,[1] o incluso si pudo tratarse de un crimen de guerra.[1]

Trasfondo y fines del ataque aéreo

A principios del año 1945, cuando el final de la guerra ya estaba cerca, los aliados acordaron realizar un golpe decisivo en la guerra contra Alemania. Los países occidentales habían alcanzado en noviembre de 1944 el río Rin, el ejército soviético había penetrado a finales de enero en la región del Gran Berlín atravesando el río Óder y por el Sur se disponía a la conquista de Silesia.[1] Desde el Este, millones de refugiados llegaban a Alemania Central. Unidades aisladas del ejército alemán intentaban reagruparse de alguna forma a lo largo del variable frente, mientras el ejército soviético se preparaba en febrero y marzo para lanzar el ataque final sobre Berlín. Por el Oeste el proyecto de los Aliados consistía en llegar a la cuenca del Ruhr.

Por aquellas fechas la clara superioridad aérea del ejército aliado se utilizaba para preparar un ataque decisivo que permitiera la ocupación de Alemania. Las ofensivas se desarrollaban en todos los frentes, dirigidas a objetivos militares, de comunicación, administrativos y a lugares esenciales de producción, así como a minar la moral de la población. Con este fin, en los últimos meses de la guerra se llevaron a cabo incontables bombardeos sobre las ciudades alemanas, tanto grandes como pequeñas, hasta dejar algunas de ellas convertidas en escombros.

Durante el verano de 1944, el alto mando aliado ya había barajado la posibilidad de atacar por aire las ciudades del este de Alemania bajo el nombre en clave de Operation Thunderclap, pero el proyecto se había archivado el 16 de agosto.[1] En enero de 1945, la Oficina de Inteligencia británica decidió reabrir la operación, al considerar que el ejército alemán podría cambiar la posición de 42 divisiones en el Frente Oriental.[1] De este modo, la Royal Air Force modificó sus planes y Dresde, junto con Berlín, Chemnitz y Leipzig, se convirtió en un objetivo militar de primer orden.

En la Conferencia de Yalta, que tuvo lugar del 4 al 11 de febrero de 1945, los aliados, a petición de los soviéticos, acordaron llevar a cabo nuevos ataques aéreos en la zona oriental y por lo tanto sobre Dresde. Tenían que acabar con un nudo de comunicaciones y un centro productivo de primer orden situado en la retaguardia del Frente Oriental para impedir en lo posible la reubicación de tropas y la llegada de refuerzos a la vanguardia. Al mismo tiempo, los bombardeos tenían el propósito de evitar que el Ejército Rojo sufriese contraataques que demorasen su avance.

Bombardeo inútil

El informe que la RAF distribuyó a sus pilotos la noche del ataque decía lo siguiente:

“Dresde, la séptima ciudad más grande de Alemania y no mucho menor que Manchester, es también el área urbanizada sin bombardear más extensa que tiene el enemigo. En pleno invierno, con refugiados desplazándose en masa hacia el oeste y tropas que necesitan descanso, los tejados escasean, no sólo para dar cobijo a trabajadores, refugiados y tropas por igual, sino para albergar los servicios administrativos que se han desplazado desde otras zonas. Antaño famosa por sus porcelanas, Dresde se ha convertido en una ciudad industrial de importancia prioritaria. […] Las intenciones del ataque son golpear al enemigo donde más lo sienta, en la retaguardia de un frente a punto de desmoronarse […] y enseñar a los rusos cuando lleguen de lo que es capaz el Comando de Bombarderos de la RAF.[1][1]

Curiosamente, las principales zonas industriales de la periferia, que tenían una extensión enorme, no fueron bombardeadas. Y si, las zonas centrales repletas de civiles inocentes. [1] De acuerdo con Donald Miller, “El trastorno económico habría sido mucho mayor si el Comando de Bombarderos se hubiese fijado como objetivo las áreas del extrarradio donde se concentraba la mayor parte de la capacidad industrial de Dresde”.[1] Otros académicos sostienen que, en cualquier caso, “las plantas industriales de Dresde ya no desempeñaban un papel significativo en la industria militar alemana en esta fase de la guerra”.[1] En la misma línea, el punto de vista revisionista reconoce que gran parte de las industrias estaban alejadas de la zona que fue bombardeada y que no constituía de ningún modo un objetivo “industrial, estratégico o militar de primer orden”.[1]

Cronología de la masacre

Ataques anteriores a febrero de 1945

Desde marzo de 1944 los aliados fueron obteniendo progresivamente la superioridad en el espacio aéreo alemán así como sobre las zonas conquistadas del país. Desde la primavera de 1944 las alarmas aéreas eran cada vez más frecuentes en Dresde.

El 24 de agosto de 1944 se realizó un primer bombardeo destinado a la industria de Freital, la zona industrial de Dresden-Gittersee y Freital–Birkigt. Una de las bombas cayó sobre Dresden-Coschütz. Como resultado del ataque murió un número indeterminado de personas, el periódico Sächsische Zeitung hablaba de 241 muertos.

El 7 de octubre de 1944 treinta bombarderos estadounidenses atacaron con unas 80 toneladas de bombas explosivas la estación de ferrocarril Friedrichstadt. Algunas bombas cayeron en la zona occidental de la ciudad antigua (Altstadt) y murieron 312 hombres.

El 16 de enero de 1945 133 aviones de la fuerza aérea estadounidense lanzaron 279,8 toneladas de bombas explosivas y 41,6 toneladas de bombas incendiarias a lo largo del día nuevamente sobre la estación Friedrichstadt. También cayeron bombas sobre Dresden-Lötbau y Leutewitz. El ataque resultó en 334 muertos.

Las defensas antiaéreas de Dresde estaban seriamente dañadas y a pesar de los crecientes ataques la mayor parte de estas defensas se trasladaron en enero al frente oriental. En el aeropuerto de Dresden-Klotzsche permanecieron 30 cazabombarderos, los cuales además no tenían carburante de reserva.

Arthur Harris, comandante supremo del “British Bomber Command” desde 1942, dio la orden de ataque. Como venía siendo habitual, el ataque nocturno lo realizaba la RAF y el ataque diurno las fuerzas aéreas estadounidenses. La palabra clave del ataque sobre Dresde fue Chevin. Seis escuadrillas de bombarderos despegaron hacia las 17:30 de sus hangares en el sur de Inglaterra, volando por dos rutas hasta llegar a las regiones de Alemania. Al pasar el frente occidental despegaron otros aviones con una ruta diferente cuyo fin consistía en despistar al enemigo.

Ataque nocturno en la madrugada del 13 al 14 de febrero de 1945: primera oleada

El martes de carnaval, 13 de febrero de 1945 hacia las 21:45, sonó en Dresde la alarma antiaérea. Los habitantes de la ciudad se dirigieron a los sótanos de sus casas o bloques de viviendas.

Los ataques empezaron en una noche clara y sin nubes. Hacia las 22:03 el centro de la ciudad se llenó de cascadas de luz o árboles de Navidad (bengalas cuya función era iluminar la zona), dos minutos más tarde se arrojaron bengalas rojas para marcar el primer objetivo, que fue el estadio Heinz-Steyer-Stadion, situado al noroeste de la ciudad. De 22:13 a 22:28 cayeron las primeras bombas. 244 bombarderos británicos, la Unidad Pionier Número 5, destruyeron los tejados de las casas con 529 bombas blockbuster (con capacidad para destruir una manzana entera) y 1800 bombas explosivas e incendiarias, en total unas 900 toneladas. Los aviones bombardearon al sudoeste del punto de marcaje formando un abanico de 45 grados desde la gran curva del río Elba al oeste de la ciudad, la zona industrial de “Ostragehege” y la estación de Ferrocarril principal, en una línea de unos 2,5 km de longitud hacia el sur.

Estos 15 minutos de bombardeo incendiaron unas tres cuartas partes de la Altstadt de Dresde. Con este ataque nocturno la RAF no pretendía destruir lugares o edificios puntuales, al contrario, más bien se pretendía destruir completamente el centro de la ciudad mediante un ataque denominado bombardeo en alfombra.

Ataque nocturno en la madrugada del 13 al 14 de febrero de 1945: segunda oleada

Hacia la 1:23 empezó una segunda oleada de ataques realizado por 529 bombarderos británicos Lancaster. Hasta la 1:54 lanzaron en total 650 000 bombas incendiarias -1500 toneladas- sobre la zona que va desde Löbtau hasta Blasewitz y desde Neustadt hasta Zschertnitz. El incendio monstruoso que siguió al primer ataque sirvió de guía para el segundo ataque, las bombas de este segundo ataque cayeron sobre los campos que rodean el Elba así como sobre el Großer Garten, a donde muchos habitantes de la ciudad se habían dirigido huyendo del incendio del primer ataque así mismo se dañaron varios hospitales, como la clínica de Pfotenhauer y el Diakonissenkrankenhaus. Entre los dos bombardeos destruyó un área de la ciudad de unos 15 kilómetros cuadrados.

El segundo ataque impidió la continuación de operaciones de extinción de incendios, de este modo, los incontables incendios rápidamente se unieron en uno solo para formar una tormenta de fuego huracanada. La tormenta destruyó las arterias principales de la ciudad, las fortísimas temperaturas que se alcanzaron derritieron el vidrio y el metal. El remolino creado por el monstruoso consumo de oxígeno succionó hacia su interior a todo lo que encontraba incluyendo todo tipo de objetos y personas. Los hombres murieron calcinados, de shock térmico o de sobrepresión, o bien, asfixiados en los refugios por los gases de la combustión o la falta de oxígeno. El que pudo salir corriendo a la superficie se exponía a la tormenta de fuego así como a las bombas retardadas existentes que continuaban explotando.

La organización de defensa aérea, tras el primer ataque de 1944, se había ocupado de que las bodegas y refugios de las casas quedaran conectados a través de sus muros. Según testigos presenciales algunos pudieron ponerse a salvo mediante estos pasos llegando a zonas de la ciudad donde el ataque había sido menor, otros a través del laberinto de bodegas y por debajo de la Altstadt consiguieron llegar a la ribera del río Elba. A muchos, por el contrario, les alcanzaron los gases tóxicos del incendio y murieron asfixiados; en el caos, las familias se separaron. Los supervivientes, que resistieron en las bodegas o bien consiguieron encontrar una forma de salir, quedaron traumatizados para el resto de sus vidas.

Miles de personas huyeron a zonas de la ciudad no tan bombardeadas o no bombardeadas como Mockritz, Leuben, Blasewitz, Pieschen, Löbtau o los alrededores. Edificios oficiales como las oficinas de la NSDAP, hoteles y escuelas se utilizaron como centros de acogida provisionales. Solo en los cinco centros de acogida de Dresde-Plauen hasta mediados de marzo se registraron 16.000 refugiados. Las autoridades enviaron a muchos de los refugiados bombardeados a los pueblos de las cercanías.

Ataque diurno del 14 de febrero de 1945

A los ataques nocturnos les siguió un ataque diurno que tuvo lugar de 12:17 a 12:27 del día 14 de febrero, ataque que fue realizado por 311 bombarderos B-17 escoltados por 5 cazas de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Con peor tiempo atmosférico y usando el radar volvieron a lanzar sobre la ciudad 1800 bombas explosivas y 136.800 bombas incendiarias. Los objetivos de este ataque eran una vez más la estación de Friedrichstadt y sus talleres de mantenimiento. Las bombas también cayeron sobre el hospital de esa zona y zonas circundantes de la ciudad.

Ataque diurno del 15 de febrero de 1945

El 15 de febrero hacia las 10:15 se desplomó la Iglesia de Nuestra Señora (Frauenkirche) que había ardido completamente. De 11:51 a 12:01 aún hubo otro ataque aéreo realizado por 211 B17 estadounidenses. Con peor visibilidad arrojaron 460 bombas diseminadas en diversas zonas entre Meißen y Pirna.

En Neustadt in Sachsen, a 35 km de Dresde, cayó una lluvia de cenizas. Algunos incendios continuaron ardiendo cuatro días más. Durante los días siguientes se recogieron los cadáveres con camiones y carros por toda la ciudad y agrupados en las plazas donde se apilaron a miles para proceder a su identificación. Sin embargo la mayor parte de los muertos no pudo ser identificada. Por temor a un posible epidemia el 25 de febrero se incineraron 3.865 cuerpos en la actual plaza del mercado viejo (Altmarkt Platz) y posteriormente en el crematorio de Tolkewitz.

Hasta el 17 de abril se enterraron en el cementerio de Heidefriedhof unos 25.000 muertos. El Gobernador ordenó que determinadas zonas de la ciudad fueran cercadas y declaradas zona catastrófica.

Siete días

Dresde ardió durante siete días, de acuerdo al diario de un prisionero de guerra inglés que se hallaba allí. Durante varios días después del ataque, Dresde se mantuvo cubierta por una niebla de humo y hollín. Y una constante lluvia de cenizas, húmedas y negras, cayó sobre la campiña circundante.

De toda la provincia partieron inmediatamente convoyes transportando provisiones. En la ciudad los esperaban escenas increíblemente macabras. Dos trenes, repletos de niños evacuados, habían recibido impactos directos. Los cuerpos de los pequeños se hallaban apilados, en montículos, en el patio de la estación. Seiscientos refugiados, que habían buscado cobertura en el sótano abovedado de la estación, resultaron muertos. Cien de ellos murieron quemados vivos por las bombas incendiarias y el resto pereció asfixiado por las emanaciones y el humo.

De los 19 hospitales más importantes de Dresde, 16 resultaron dañados y 3 totalmente destruídos. En la escuela de Vitzhum, que estaba siendo usada como hospital de emergencia, sólo 200 de los 500 pacientes resultaron evacuados a tiempo. Los 300 sin evacuar murieron en sus lechos. En la maternidad de Johannstadt resultaron muertas 200 personas, pero sufrieron tantas y tan horribles mutilaciones que sólo 138 pudieron ser identificadas. Muchas de las víctimas estaban tan achicharradas y carbonizadas que, literalmente, hubo que despegarlas del asfalto derretido y palear sus restos. Muchos cuerpos habían quedado reducidos por el fuego a menos de la mitad de su tamaño normal.

Otros ataques contra Dresde hasta el final de la Guerra

El 2 de marzo 455 bombarderos B-17 bajo las órdenes de las Fuerzas Aéreas de EEUU sobrevolaron la planta de licuefacción directa Hydrierwerk Schwarzheide, pero se desviaron y atacaron Dresde en su lugar. Desde las 10:27 cayeron 940,3 toneladas de bombas explosivas y 140,5 de bombas incendiarias en vías de ferrocarril de Friedrichstadt y Neustadt así como en los edificios colindantes.

Werner von Gilsa, después del ataque de febrero y como continuación de Friedrich-Wilhelm Liegmann, había tomado el poder del Comando Dresde en la denominada Fortaleza de Dresde. Su mando se desarrolló en el palacio Taschenberg (Altstadt), para pasar finalmente a Albertstadt. Puso a disposición de los afectados por el bombardeo los almacenes de alimentos así como los medios sanitarios de las líneas aéreas de Dresden-Nickern. Redirigió y desvió las diferentes tropas y refugiados que pasaban por la ciudad; así mismo los soldados que estaban de permiso y heridos leves fueron llamados para formar nuevas tropas.

El 10 de abril el Jefe de Distrito Mutschmann ordenó la construcción de locales para los escolares. En la terraza de Brühl se construyeron refugios.

La flota aérea de EEUU sobrevoló nuevamente Dresde el 17 de abril con 572 aparatos, siendo este el último ataque a la ciudad. En la zona de la estación se arrojaron 1526,4 toneladas de bombas explosivas y 164,5 toneladas de bombas incendiarias, sobre una zona industrial no mencionada se arrojaron 28 toneladas de bombas explosivas. Con motivo de este bombardeo la circulación ferroviaria a través de Dresde quedó seriamente dañada.

El 23 de abril la Royal Air Force arrojó 40.000 hojas de propaganda sobre la ciudad (en total se arrojaron 10 millones), hojas que ya circulaban desde el frente. El 2 de mayo capituló Berlín. Gilsa disolvió la zona de defensa de Dresde y comenzó su evacuación. Como consecuencia grupos diseminados iniciaron la defensa de la ciudad destruida hasta su rendición el 8 de mayo de 1945. Ese último día de guerra el Ejército Rojo conquistó totalmente la ciudad.

Balance material

El centro de Dresde, densamente poblado, constaba principalmente de edificios del Renacimiento, del Barroco y superficies de uso mixto comercial-residencial creadas en tiempos de la Gründerzeit siguiendo un tipo de planificación urbanística medieval.[1] Por aquel entonces, era usual que se estableciesen fábricas en los patios traseros de las viviendas, o bien que se agrupasen en complejos más grandes directamente junto a las casas.

La Altstadt ardió completamente en su mayor parte; en algunos casos permanecieron en pie algunos edificios terriblemente dañados. La Seevorstadt, Johannstadt y la parte oriental de Südvorstadt quedaron en su mayor parte destrozadas. Del mismo modo, también resultaron destruidos los núcleos poblacionales primitivos y los edificios históricos de las localidades de Mickten, Strehlen y Gruna. A esto hay que añadir los graves daños que sufrieron Reick, Friedrichstadt, Plauen, Zschertnitz y la Neustadt, así como los incendios que se produjeron en Prohlis. Entre las calles Schandauer y Bodenbacher Straße quedaron completamente destruidas casi 800 casas con cerca de 7.000 viviendas, fábricas y talleres.[1] Hubo daños de diversa magnitud en hileras de casas aisladas en Hechviertel, Pieschen, Niedersedlitz y Albertstadt. La densamente poblada Äußere Neustadt permaneció en gran medida indemne, por lo que en la actualidad se da la circunstancia de que muchos edificios de la Neustadt (“ciudad nueva”) son en realidad más antiguos que muchos de la Altstadt (“ciudad vieja”).

El ataque aéreo destruyó muchos monumentos irremplazables del Barroco tardío de la “Florencia del Elba”, entre otros la Semperoper, la Frauenkirche, el palacio, la Iglesia de Santa Sofía o “Sophienkirche” y el Zwinger. Las autoridades civiles de la República Democrática Alemana ignoraron en gran medida el diseño urbanístico previo de la ciudad y mandaron demoler muchos edificios quemados (entre otros, la Sophienkirche, la Große Meißner Straße y el Sekundogenitur). También mantuvieron ruinas y montañas de escombros como “monumento” (Frauenkirche, Kurländer Palais), reforzando con ello aún más la impresión de destrucción absoluta del centro de la ciudad.[1]

A pesar de que los ataques nocturnos no apuntaban directamente a las fábricas de armamento de Dresde, destruyeron el 70% del tejido industrial de la ciudad y dañaron enormemente las infraestructuras necesarias para su funcionamiento, como el gas, el agua o la electricidad. Los posteriores ataques diurnos de la USAAF fueron poco precisos debido a la baja visibilidad. En las zonas habitadas, sobre un total de 222.000 viviendas, hasta mayo de 1945 resultaron totalmente destruidas entre 60.000 y 75.000, incluyendo mobiliario. Otras 18.000 estaban seriamente dañadas y unas 81.000 habían sufrido daños de poca consideración. El 30% de los locales de venta al por menor quedaron totalmente inutilizados, entre ellos 3 grandes almacenes en la Altstadt y los mercados de Weißeritzstraße, Antonsplatz y la Innere Neustadt, donde se concentraba el comercio de frutas y verduras.

La circulación quedó totalmente paralizada tras el 13 de febrero. Las catenarias quedaron destruidas en un 75% y las calles estaban llenas de escombros y cráteres causados por el impacto directo de bombas (la Concejalía de Obras Públicas de la ciudad contabilizó hasta 1.100). Todos los puentes sobre el Elba resultaron afectados. El centro de la ciudad, importante nudo de la circulación, quedó intransitable. Los trabajadores y las autoridades tenían atravesar a pie la escombrera en que se había convertido la ciudad vieja. La circulación ferroviaria pudo ponerse en funcionamiento de modo provisional dos semanas más tarde. El transporte de tropas llegó incluso a reanudarse a los pocos días, pues las vías de recorridos largos que atravesaban Dresde permanecieron prácticamente intactas hasta el bombardeo del 2 de marzo de 1945.

La mayor parte de las fábricas tuvieron que parar su producción, bien por estar destruidas o muy dañadas, bien porque muchos de sus trabajadores habían muerto o bien porque no podían llegar de ninguna manera hasta sus puestos de trabajo. Según un comunicado (a la postre el último) del SS- und Polizeiführer del Elba del 15 de marzo de 1945,[1] sólo había seis fábricas en toda la ciudad con capacidad para continuar su producción con un volumen indeterminado. El matadero de Ostragehege reanudó su trabajo el 19 de febrero. La panadería y carnicería de Rosenstraße, a finales de marzo.

En el centro de la ciudad, en el distrito cuarto, se contabilizaban en marzo de 1945 todavía 4.000 habitantes. La parte norte de Striesen acogió a miles de refugiados. A pesar de que se abrieron los almacenes de víveres, estos pronto resultaron escasos y no se podía ni siquiera imprimir la tarjetas de racionamiento. A las personas que no tenían a su disposición medios para cocinar se les remitió a partir del 10 de abril de 1945 a cocinas colectivas. Resultó imposible volver a poner en marcha la administración, dado que los edificios o estaban destruidos o quemados; muchos funcionarios habían huido o muerto. Según el Gauleiter Mutschmann, la ciudad ya no se encontraba en disposición de llevar a cabo sus tareas administrativas. Debido a falta de personal, se encargó este trabajo a otros funcionarios de provenientes de toda Sajonia.

Balance de víctimas

Desde el fin de la guerra el número de fallecidos en el bombardeo de Dresde ha sido objeto de constante revisión por parte de la comunidad académica. Las cifras exactas son difíciles de determinar. Los cálculos cuentan con la dificultad añadida de que, la ciudad, que en 1939 tenía una población de 642.000 habitantes, estaba en el momento del bombardeo atestada con cerca de 200.000 refugiados y miles de soldados heridos.[1]

El nacionalismo alemán defiende la cifra del cuarto de millón de muertos, como en el artículo de Thomas Brehl, político y cofundador de la organización Kampfbund Deutscher Sozialisten.[1] Esta es una cantidad superior inclusive a las de otros bombardeos aliados contra ciudades del Eje, como Tokio (100.000 muertos) o el Bombardeo de Hamburgo (Operación Gomorra) de casi 40.000 muertos.

Primeras estimaciones

Las primeras informaciones que se publicaron en los medios, se hacían eco de cantidades de seis cifras. El periódico sueco Svenska Morgenbladet apuntaba el 17 de febrero de 1945 “por encima de los 100.000” y el 27 de febrero a “cerca de los 200.000” muertos. En 1948, el Comité Internacional de la Cruz Roja mencionaba 275.000 cuerpos “identificados” en la región de Dresde. En 1951, Axel Rodenberger hablaba de entre 350.000 y 400.000 muertos. F.J.P. Veale escribió en 1955 en Advance to Barbarism que el número estaba entre los 300.000 y los 500.000. El británico David Irving calculó en 1963, en su libro “La destrucción de Dresde”, entre 135.000 y 250.000; Hans Dollinger en 1973, 250.000; y Rolf Hochhuth en 1974, 202.000.

El Süddeutsche Zeitung hablaba en 1975 de 135.000 y Die Welt de “250.000 o incluso 400.000” fallecidos.[1] El antiguo oficial del alto mando de Dresde Eberhard Matthes afirmaba ya entrada la década de los 90 que el 30 de abril de 1945 tuvo lugar en su presencia una conversación telefónica con Adolf Hitler a petición de este, en la que se informó al Führer de 3.500 cadáveres identificados, 50.000 identificables y 168.000 inidentificables.

Lápida conmemorativa en el cementerio Heidefriedhof. Dice:”Wieviele starben? Wer kennt die Zahl?/An deinen Wunden sieht man die Qual/der Namenlosen die hier verbrannt/im Hoellenfeuer aus Menschenhand.” (“¿Cuántos murieron? ¿Quién conoce el número?/En tus heridas se ve el sufrimiento/de los sin nombre que aquí murieron calcinados/en el fuego infernal creado por la mano del hombre.”)

Debate histórico

Consecuencias para el desenlace de la Guerra por parte de los Aliados

Entre algunos aliados occientales, los area bombings nocturnos en los últimos meses de la guerra eran controvertidos. Sobre todo tras los bombardeos de febrero de Dresde, los dirigentes militares de EEUU pidieron a los británicos que cesaran este tipo de ataques. La Royal Air Force, sin embargo, había sido específicamente equipada y entrenada para los bombardeos de superficie.

El 28 de marzo de 1945, Winston Churchill tomó en consideración la suspensión de los ataques contra las ciudades alemanas y se distanció de ellos redactando un telegrama dirigido al General Ismay y a los jefes del estado mayor británico que no llegó a enviar:

“Pienso que ha llegado el momento de replantearse la cuestión de bombardear las ciudades alemanas con el mero propósito de propagar el terror o bajo otros pretextos. De lo contrario, al final sólo controlaremos un país completamente arrasado… La destrucción de Dresde pone seriamente en entredicho la conducta de los aliados en lo referente a bombardeos. El Secretario de Exteriores me ha hablado de este tema y percibó la necesidad de una concentración más precisa en objetivos militares, tales como combustible y comunicaciones en la retaguardia de la zona donde se esté combatiendo, en lugar de meros actos de terror y destrucción gratuita, por impresionantes que éstos puedan parecer.[1][1][1]

Pero en el telegrama que finalmente sí envió, Churchill hacía hincapié en que seguir destruyendo zonas residenciales y similares era contrario a los intereses de Gran Bretaña tras la guerra.[1]

Asi, Churchill reconocía que eran concientes que bombardeaban zonas civiles.

Propaganda

El comunista Walter Weidauer, primer alcalde de Dresde en la postguerra, describió en 1946 los ataques como una catástrofe evitable pero provocada por “los fascistas alemanes”. Tres años después, acusó a las potencias occidentales en términos de “únicos culpables del bombardeo criminal de Dresde sin ninguna necesidad militar”.

Desde 1949, la propaganda comunista de la RDA acusó a los aliados de querer dejar a la Unión Soviética una Alemania Oriental innecesariamente destruida. Como si Alemania Oriental fuese de pertencia soviética…

Carnicería

La revista Das Reich (“El Imperio”) el 4 de marzo de 1945 en el artículo “Der Tod von Dresden” (“La muerte de Dresde”) afirma: “En la medianoche apareció en el cielo al rojo vivo del valle del Elba una segunda flota aérea británica que con bombas altamente explosivas y con su armamento de a bordo causó una carnicería sobre la muchedumbre que estaba en las zonas verdes, tal como podría haberlo inventado la imaginación de un Ilia Ehrenburg.”

Actualmente los historiadores discuten extensa y públicamente acerca de los aspectos militares y éticos de la guerra aérea y sobre las relaciones de éstos entre sí. Por un lado, se cuestiona si el bombardeo moral (moral bombing) junto con la caída de millones de panfletos podría producir una brecha entre el pueblo y los dirigentes y romper la moral de combate de los alemanes, o por el contrario los ataques aéreos de los últimos meses de guerra tuvieron más bien el efecto contrario. Por otro lado, se analiza si la guerra aérea en los últimos meses de guerra se dirigió sobre todo hacia objetivos militares principales.

Frecuentemente se considera que los ataques aéreos sobre Dresde son un ejemplo importante de conducta militar incorrecta de los Aliados, quienes a partir de 1945 se habrían aplicado principalmente contra la población civil y ya no eran decisivos para el final de la guerra. Como indicios de ello cabe citar los proyectos para dar un golpe de aniquilación, y la elección de centros urbanos muy densamente poblados y que no tenían grandes industrias. Se duda de que los ataques se dirigieran a las infraestructuras militares prinicipales de Dresde. Justamente lo contrario indicaban los lugares donde cayeron marcadores de objetivos, la caída nocturna de bombas incendiarias en la Altstadt y la circunstancia de que los aeropuertos, las fábricas y los cuarteles del norte de la ciudad resultaron mucho menos dañados. Además se alega que Dresde carecía de interés militar y de defensas.

Se afirma que entonces la puntería de la caída de bombas era todavía imprecisa porque faltaba la técnica del radar para objetivos y dependía del tiempo atmosférico. Precisamente la baja tasa de aciertos en objetivos puntuales fue en 1943 motivo para intensificar los bombardeos por zonas (area bombings). Por otra parte, la RAF tuvo que llevar al frente occidental nuevos equipos de radar para aumentar la puntería, y con ello favorecer el avance de las tropas de tierra aliadas.

La adecuación y la justificación ética de la estrategia aliada de guerra aérea fueron polémicas en Gran Bretaña ya desde el principio. El obispo anglicano George Bell declaró en la Cámara Alta en febrero de 1943, de manera vehemente y repetida, que los bombardeos de ciudades por los británicos infringían las leyes internacionales, amenazaban los fundamentos éticos de la civilización occidental y destruían las posibilidades de una futura reconciliación con los alemanes. Con él sólo se alinearon algunos representantes laboristas en la Cámara de los Comunes, que se opusieron a los bombardeos de área.

Autores como Alexander McKee (corresponsal de guerra británico) y Kurt Vonnegut (entonces prisionero de guerra americano) han publicado informes sobre su experiencia de los ataques aéreos sobre Dresde, sin dar una valoración concluyente. Vonnegut era joven cuando sobrevivió a ellos e incluyó sus recuerdos su novela Slaughterhouse Five (literalmente Matadero Cinco), que tituló así por el matadero y establo municipal donde había estado preso, que estaba situado en la zona industrial de Ostragehege, en Dresde.

El historiador Jörg Friedrich, en su libro El incendio (2002), ha dado especial importancia al punto de vista de las personas afectadas. Para él los bombardeos de muchas ciudades alemanas carecían militarmente de sentido sólo en los últimos meses de la guerra, y no apuntaron deliberadamente a una exterminación de masas. Frederick inició con ello un nuevo debate, que continúa hasta hoy día, sobre la guerra aérea en Gran Bretaña y Alemania. También los revisionistas de la historia se refieren a su libro.

Para el historiador Michael Schröders, los ataques deberían ser considerados y perseguidos como crímenes de guerra, según la ley internacional de la guerra válida en aquel tiempo –igual que la mayoría de los bombardeos de ciudades-. Y esto porque la disposición de La Haya de 1907 prohibió a los países signatarios, entre ellos Gran Bretaña y Alemania, la selección de objetivos civiles, incluidos los centros de las ciudades.

También el filósofo británico A. C. Grayling, en su libro Among the Dead Cities (Entre las Ciudades Muertas) llega al resultado de que el bombardeo de área de la RAF tendría, al igual que las bombas nucleares americanas sobre Hiroshima y Nagasaki, un valor estratégico militar irrelevante, por lo cual, tanto legal como éticamente serían actos criminales.

El hecho de que Arthur Harris, a diferencia de otros militares de alto rango de Gran Bretaña, no recibiera ningún honor oficial, y sólo tardíamente fuera elevado a la nobleza, se interpreta por algunos como una indicación de que Winston Churchill se había distanciado de su “bombardero”, aunque había sido el propio Churchill quien decidió el bombardeo de área…

Conmemoraciones

Religiosas

El 13 de febrero de cada año tienen lugar actos conmemorativos en Dresde. En el primer aniversario de la devastación, hacia las diez de la noche, dos jóvenes estudiantes escalaron la torre de la Iglesia de la Cruz y tocaron las campanas. Desde entonces, cada 13 de febrero se tocan las campanas de todas las iglesias de Dresde, aproximadamente a las diez menos cuarto de la noche, que fue cuando entonces sonaron las alarmas aéreas. En 1995, con motivo del 50º aniversario de los ataques, se tocó una sinfonía de campanas en la cual intervinieron todas las campanas de Dresde.

Ya inmediatamente después del final de la guerra, la congregación anglicana de Coventry (Inglaterra), se puso en contacto con Dresde. En 1956 comenzó la cooperación entre ambas ciudades. En 2002 los invitados de Coventry visitaron a sus compañeros de Dresde, bajo el lema “Construir puentes – Vivir la reconcilicación”. La reunión tuvo lugar en Dresde, en las obras de la Frauenkirche, cuya reconstrucción había comenzado en 1990.

Mientras tanto, se reconstruye a su estado original, con la ayuda de importantes aportaciones de fondos procedentes sobre todo de asociaciones británicas y alemanas, cuyo objetivo es la reconciliación.

Políticas

Ya desde 1946 hubo en Dresde (antes que en otras ciudades alemanas) actos políticos conmemorativos, con regularidad. La conmemoración oficial de los muertos por el bombardeo experimentó desde el final de la guerra una serie de cambios esenciales.

En primer lugar, se habló de una “devastación de Dresde provocada conscientemente por los criminales fascistas…”, y se declaró que “la debilidad política del pueblo alemán tiene la culpa de esta guerra…” Según instrucciones de la administración militar soviética, había que evitar dar un carácter de luto a los acontecimientos conmemorativos.

Durante la Guerra Fría, en la década de 1950, el asunto de los ataques aéreos fue cada vez más utilizado propagandísticamente contra los Aliados occidentales. En un recuerdo oficial de toda la RDA para los muertos de Dresde, se retiró la cuestión de la culpabilidad de los alemanes. Según las declaraciones más destacadas de los políticos, no había en Dresde ningún objetivo militar, y por tanto los bombardeos no sólo no habrían tenido ninguna importancia estratégica para el final de la guerra, sino que habían sido bárbaros e inciviles. De vez en cuando se decía incluso que los Aliados habían destruido Dresde deliberadamente, a fin que la ciudad no quedara en manos de la Unión Soviética. Además, por primera vez se volvió a emplear la expresión acuñada por Goebbels de “los aerogángsters angloamericanos”.

En 1990 David Irving se encontró durante un acto en Dresde con 500 participantes que estaban de acuerdo con él. Por el contrario Helmut Schnatz, durante la presentación de su libro que critica la leyenda de los vuelos rasantes, fue molestado por habitantes furiosos de Dresde furiosos.

Nacionalistas y marxistas

Pancarta del partido nacionalista NPD, en la cual se lee “¡Nunca más el terror de las bombas!”, el 13 de febrero de 2005 en Dresde.

Contramanifestación en febrero de 2006 con banderas soviéticas, estadounidenses, británicas e israelíes a favor del criminal bombardeo. La pancarta azul dice: “Todo lo bueno viene de arriba”, en referencia a las bombas arrojadas por los aviones aliados.

Desde 1998 está aumentando cada vez más el número de nacionalistas que participan en los actos conmemorativos anuales de Dresde. En 1998, unas decenas de jóvenes neonazis intentaron entrar en la Frauenkirche pero fueron rodeados por la policía, y cantaron entonces canciones de protesta. En el año siguiente hubo ya varios cientos, que se mezclaron con los ciudadanos de Dresde y pusieron numerosas coronas decoradas con los símbolos y colores nacionales alemanes en las vallas de las obras de reconstrucción de la Frauenkirche.

En el año 2000, la JLO (una asociación de emigrados de Prusia Oriental, que promueve el retorno de esos territorios a la soberanía alemana) organizó por primera vez una marcha funeral nocturna bajo el lema “Honor a las víctimas del bombardeo terrorista”, en la que participaron unas 500 personas, entre ellas Franz Schönhuber, Horst Mahler y Gerd Sudholt.

Entre 2001 y 2004, el número de participantes en estos actos aumentó de 750 a unos 2100. En el año 2005, la organización y registro de esta marcha conmemorativa quedó en manos del NPD (Partido Nacional-Demócrata de Alemania), que se presentó como siendo un frente popular de derechas. El 13 de febrero de 2005, unos 6500 nacionalistas se manifestaron mediante una marcha que duró varias horas por el centro de Dresde.

Este tipo de marchas se consolidó como uno de los más importantes actos habituales del nacionalismo en todo el país desde el comienzo de la República Federal. Sirven no sólo como demostración de fuerza, sino también para ponerse en contacto a diversos grupos. Entre los participantes se encuentran votantes y simpatizantes de todas las edades, tanto de los partidos nacionalistas legales como de asociaciones neonazis, y también de algunos grupos prohibidos. Además, cada vez vienen más personas y organizaciones de otros países europeos y extraeuropeos.

Las marchas siempre son utilizadas como propaganda mediante pancartas y discursos en que se habla del holocausto de los bombardeos. Se declara a Gran Bretaña y a los Estados Unidos especialmente inhumanos y crueles.

Contra esto protestan algunos grupos de marxistas de extrema izquierda (los llamados Autonomen) y de antialemanes con lemas como “Los culpables alemanes no son víctimas”, “Ninguna lágrima por Dresde” o “Bombardero Harris, hazlo otra vez”. Celebran así, el bombardeo de Dresde.

El 13 de febrero de 2007, unas 1500 personas participaron en la “Marcha Fúnebre” a la que había convocado una “Alianza activa contra el olvido” formada por el JLO (Asociación de Emigrados de Prusia Oriental), el NPD (el principal partido nacionalista de Alemania) y grupos regionales de extrema derecha. Además, esta vez con ocasión del aniversario hubo una “Semana Activa” para hacer olvidar la culpabilidad alemana en la guerra, que incluía entre otros actos una manifestación con luces y un recorrido por la ciudad “en los restos de los ataques”.

A causa del temor por el aumento del nacionalismo, la ciudad de Dresde promulga desde hace años una prohibición de manifestaciones los días 13 y 14 de febrero en los alrededores de la Frauenkirche.

Crimen de guerra

El ataque a Dresde ha entrado en la historia como el bombardeo más atroz que jamás haya sido llevado a cabo. Las cifras de muertos no desciende de 250 mil personas. Fue la horrenda magnitud de esta masacre lo que inhibió a los aliados de enjuiciar a los alemanes por haber organizado el “Blitz” sobre Londres. Sin embargo no les pareció así a los soviéticos quienes, en Núremberg, durante el nefasto proceso contra los jerarcas alemanes, demandaron que se acusase a Hermann Goering de haber realizado el bombardeo en Londres. El argumento soviético decía: “Los ataques alemanes fueron la obra de criminales de guerra nazis, quienes hicieron llover la muerte sobre trabajadores inocentes y sobre sus mujeres y niños. Los ataques aliados, por el contrario, fueron llevados a cabo por las fuerzas vengadoras de la democracia a los efectos de hacer salir a las bestias fascistas de sus madrigueras y erradicar al imperialismo y al nazismo“.

De esta manera los soviéticos “justificaban” la mundialmente conocida: masacre de Dresde.

Tapa del libro de David Irving

Artículo de opinión

(Prólogo de Joaquín Bochaca del libro “La destrucción de Dresde. El verdadero holocausto”, de David Irving)

Es un lugar común, de ámbito y vigencia prácticamente universal, que cuando se alude a grandes desastres sufridos por las poblaciones civiles en el transcurso de la II Guerra Mundial, inmediatamente, en el subconsciente de la gran mayoría de las gentes, se recuerdan los nombres de las dos ciudades japonesas, Hiroshima y Nagasaki, que fueron blancos inocentes, gratuitos y estúpidos de las bombas atómicas que mandó lanzar sobre ellas el presidente americano Harry Salomon Schippe Truman (Ver: Bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki).

Desgraciadamente, los devastadores efectos de los dos criminales bombardeos sobre aquellas ciudades japonesas fueron superados, de una sola tacada, por uno de los personajes más injustamente prestigiosos de la Historia moderna: el Honorable Sir Winston Churchill, que ordenó el bombardeo de Dresde.

En aquella hermosa ciudad de Sajonia, antaño denominada “la Florencia del Norte”, el día 13 de febrero de 1945, los aviones Aliados, ingleses y norteamericanos, bombardearon repetidamente la ciudad hasta destruirla por completo. No contentos con ello, el siguiente día, 14 de febrero, los cazas descendieron para ametrallar todo lo que aún se movía; ni los animales del zoológico se libraron de la vesania de los “Cruzados de la Democracia”.

Según los cálculos del Jefe de la Policía de la ciudad, hubieron más de un cuarto de millón de muertos, es decir, casi unos cincuenta mil más que en las dos ciudades japonesas víctimas del bombardeo nuclear. Esa cifra fue confirmada por el escritor inglés F. J. P. Veale. En cualquier caso, se hizo muy difícil evaluar el número de muertos ya que, aparte de los civiles —mujeres, ancianos y niños que residían en la ciudad—, no se podrá calcular nunca con cierta exactitud el número de decesos, pues entre los que murieron calcinados hubieron muchísimos civiles recién llegados de los territorios del Este de Alemania que huían ante el avance del Ejército Rojo que cruzaba en esos días las fronteras del Reich a sangre y fuego (Ver: Expulsión de alemanes tras la Segunda Guerra Mundial). Dresde era una ciudad sin ningún objetivo militar digno de mencionar, ni ninguna industria importante que ni remotamente pudiera utilizarse para fines bélicos. Era, prácticamente, una ciudad-hospital, y —por así decirlo— una base de tránsito para el transporte de prisioneros (de hecho fallecieron en el bombardeo cientos de aviadores británicos y norteamericanos que trabajaban en la ciudad) y de civiles evacuados que buscaban refugio en la ciudad ante el avance de las tropas soviéticas.

En realidad, el caso de Dresde sólo es único por su magnitud. Hubo centenares, miles de bombardeos que —aunque calificados por la propaganda bélica británica de “strategical bombing” — no tenían otro objetivo que tratar de minar la moral de la población alemana y forzar, de manera particularmente torticera, la rendición del III Reich.

En el libro que tienes en tus manos, lector amigo, podrás ver, en facsímil, el documento secreto, desclasificado recientemente, dirigido por el General Ismay, de la R.A.F., al Primer Ministro Churchill, desaconsejándole, por inútil, costoso e inhumano, el llamado bombardeo estratégico, que otros ingleses, como el Comodoro del Aire, MacLean y el citado historiador F.J.P. Veale, calificaron de bombardeos terroristas.

Churchill fue desmentido por sus propios subordinados militares. Y lo más grave, es que la excusa de que el bombardeo de Dresde había sido solicitado por los soviéticos para facilitar su progresión en territorio alemán también fue desmentida por los propios servicios del “Viejo Tío Joe”, como llamaban Churchill y su compadre Roosevelt al sanguinario Zar Rojo Stalin.

Bibliografía

  • Addison, Paul; Crang, Jeremy A. (2006). Firestorm: The Bombing of Dresden (en inglés). Pimlico.
  • Angell, Joseph W. (1953). Historical Analysis of the 14-15 February 1945 Bombings of Dresden (documento clasificado como secreto hasta 1978) (en inglés). USAF Historical Division Research Studies Institute Air University.
  • Länderrat des Amerikanischen Besatzungsgebiets. Statistisches Handbuch von Deutschland: 1928–1944, 1949 edición (en alemán). (se puede consultar digitalizado en: Statistisches Handbuch von Deutschland 1928 – 1944 (en alemán). Universidad de Colonia.)
  • Longmate, Norman (1983). The Bombers (en inglés). Hutchins & Co.
  • McKee, Alexander (1982). Dresden 1945: The Devil’s Tinderbox (en inglés). Souvenir Press.
  • Ross, Stewart Halsey (2003). Strategic Bombing by the United States in World War II: The Myths and the Facts (en inglés). McFarland & Company.
  • Taylor, Frederick. Dresden: Tuesday 13 February 1945, 2005 edición (en inglés), Londres: Bloombsbury.

Referencias

Artículos relacionados

Enlaces externos

Videos

Fuente: metapedia.org

Nota de URANIA:  El número de muertos del bombardeo de Dresde, ordenado por Winston Churchill han sido

revisados y redicidos.   Las víctimas del inútil bombardeo de la ciudad de Leipzig, al final de la Guerra, fueron entre 20 mil y 25 mil, según una reciente Comisión Histórica. La mayoría (2/3) eran adultos, entre 18 y 79; más mujeres que hombres. Menores de 18 y mayores de 70, eran cerca de un 10%.  Minimizando las cifras de las víctimas, se trata de evitar que Dresde no se convierta en un símbolo del genocidio cometido contra la población civil. No sólo han sido prohibidas las manifestaciones de lo que llaman “elementos de extrema derecha”, sino que además es ilegal establecer comparaciones sobre las cifras de muertos en la guerra con el fin de “crear odio entre los pueblos”.  Pese a esta prohibición este año participaron miles de manifestantes que denunciaban el “holocausto del bombardeo”, aunque no pudieron llegar al centro de Dresde, tomado por 5000 policías y unos diez mil “antifascistas”, los cuales, años atras, gritaban: “todo lo que cae del cielo es bueno” y “Harris, vuelve otra vez”. Arriba, una  “pintada” en un muro, la cifra 300.000  está  sobreescrita con la palabra “antifa” que, como es sabido es el nombre que usan los contramanifestantes que en toda Europa se destacan por sus actos de gamberrismo político.  Dado que las cifras de muertos en Dresde siguen disminuyendo cada año… vale decir que no les dejan descansar en paz.  Sin embargo, un comentarista  en la página weg de la citada comisión histórica dió las cifras de habitantes que habia respectivamente en 1939 y 1945 en ciudades como Dresde, Leipzig y Chemnitz.

el 3 de septiembre de 1939 empezó el final…?

14 de marzo de 2010

No suele decirse públicamente que con la guerra de 1939-1945  se agudizó la decadencia de Occidente, de la que ya  dió noticia el famoso y por desgracia poco leido libro de Oswald Spengler… Sin embargo, hemos encontrado un  artículo ( que aclara ciertos hechos que merecen ser conocidos),  que copiamos de http://www.id-press.eu :
1 de septiembre, ¿aniversario de qué?, Gabriele Adinolfi
01 de septiembre de 2009 – Categoría EFEMéRIDES

Mentiras de hace setenta años y mistificaciones de hoy.

Danzing era una ciudad alemana con estatuto espacial puesta bajo control polaco. Alentados por los anglo-franceses, los polacos empezaron a masacrar a la población civil alemana con una intensidad cada vez mayor.

Provocando y exasperando a los alemanes, intentaban hacerles caer en una trampa, pues estaban seguros de poder derrotarlos fácilmente y así para poder anexionarse Prusia oriental.
Después de miles y miles de advertencias, el 1 de septiembre, Alemania acudió en socorro de Danzing y sus ciudadanos alemanes. Cuarenta y ocho horas después Francia y el Reino Unido declararon la Guerra a Alemania para salvaguardar la integridad territorial de Polonia (aunque Danzing no era polaca). No hicieron lo mismo contra la URSS que había atacado a Polonia por el Este. Luego la salvaguardia de la integridad territorial polaca no tenía nada que ver con la guerra.

Alemania intentó por todos los medios de evitar que el conflicto degenerase y de llegar a un acuerdo de paz con Londres, que siempre le fue rechazado.

Aunque los alemanes que caían prisioneros de los polacos eran masacrados de modo horrible, Hitler rechazó la idea de bombardear Varsovia llena de civiles y retrasó las operaciones militares tres semanas. Su magnanimidad no tuvo efecto.

De: « Quel domani che ci appartenne », ediciones Barbarossa, Milán settembre 2005

Naturalmente hoy nos dicen que el 1 de septiembre empezó la Segunda Guerra Mundial (pero no es cierto, fue el día 3), que ésta fue declarada por Alemania (pero no es cierto fue declarada por Francia y Reino Unido a Alemania) y que sucedió porque Alemania invadió Polonia (pero tampoco es cierto, Alemania acudió en defensa de una población masacrada cotidianamente en una ciudad alemana que sólo el infame Tratado de Versalles había dejado fuera de su control).

Luego están los tópicos sobre la voluntad hitleriana de conquistar el mundo. Propaganda de cuatro pesetas “made in Chaplin” y obviamente sostenida por los instigadores reales de la guerra y por los usureros que llevan la muerte y la devastación para imponer el sistema internacional vigente fundado en el Crimen Organizado con la servil complicidad de las oligarquías de todo género y naturaleza

http://www.id-press.eu

los “nazis” no eran fascistas

6 de marzo de 2010

De una vez por todas convendría llamar a las cosas por su nombre. Es sabido que los nacional-socialistas del III Reich

nunca se consideraron a sí mismos “fascistas”. Los únicos “fascistas” que ha habido son los militantes del Partido Nacional Fascista de Benito Mussolini, cuya  última fotografía  (en la que aparece junto a Clara Petacci) , tomada tras su asesinato, publicamos a continuación:

Estas consideraciones me vienen sugeridas porque recientemente, en los programas de televisión de Inter-Economia y de Libertad Digital (que se pueden ver en España mediante TDT) han aparecido publicados mensajes SMS ,enviados por

espectadores anónimos, en los que se califica  de “nazi” al “presidente del Gobierno de España”, es decir,  a ZP, y al gobierno de Cuba, es decir, a los hermanos Castro, de “fascista”.  También es sabido que algunos “demócratas” creen ofender al presidente “bolivarioano” de Venezuela llamándole “fascista”….

Esta evidente muestra de desinformación por parte de mucha gente es lo que me hace pensar que es muy conveniente tener idea de lo que realmente fue el Fascismo histórico. Por ello reproduzco del excelente blog  llamado “filosofia crítica” el siguiente artículo:

“Yo amo a los que para hundirse en su ocaso y sacrificarse, no buscan una razón detrás de las estrellas, sino que se ofrecen a la tierra para que ésta pertenezca algún día al superhombre”.(Nietzsche)

¿Cómo? ¿Creyó el fascismo en unos ideales, en unos principios éticos, en unas normas morales por las que millones de hombres entregaron sus vidas? Esta afirmación puede parecer un escándalo y no tiene nada que ver con la cuestión teórica de si dichos ideales han de ser considerados, o no, válidos en sí mismos. Conviene subrayarlo: el sacrificio nunca convalida lógicamente aquéllo en lo que cree el individuo o el grupo. En cambio, sí acredita que dicha creencia es subjetivamente experimentada como válida de forma sincera y comprometida hasta sus últimas consecuencias por quienes la reivindican. La validez lógica de los ideales debe poder fundamentarse en otro plano de la existencia, a saber, el de la filosofía teórica. Que, como decimos, unos hombres hayan dado sus vidas por  una determinada ideología no la fundamenta, pero tampoco la refuta. Nuestra intención en el presente post es doble. Por una parte, ver las cosas, algo poco habitual, desde la perspectiva ética de los fascistas. Por otra, analizar, de manera preliminar, hasta qué punto los ideales fascistas pudieron tener sentido y fundamento a pesar de las apariencias actuales, muy condicionadas por medio siglo de propaganda antifascista. A nuestro entender, el planteamiento fascista ostentaba, como poco, un sentido racional comunicable argumentalmente. Podemos compartir o no, dicha postura, pero en cualquier caso se puede sostener que la misma nunca fue una mera locura.

Uno de los argumentos que se utiliza para diferenciar al comunismo del fascismo consiste en sostener que los ideales comunistas no se pueden confundir, por ejemplo, con las “repugnantes ideas” racistas de los nazis. El comunismo, se afirma, luchaba por una sociedad más justa, en la que ya no hubieran opresores y oprimidos, una sociedad igualitaria donde todos los hombres pudieran ser “felices” realizando al mismo tiempo sus “potencialidades” creativas. El fascismo, por el contrario, partía en dos a la humanidad, elevaba a los ciudadanos de algunos pueblos a la categoría seres superiores, elegidos para vivir en una especie de “sociedad perfecta”, y degradaba otros al rango de seres inferiores, destinados a la extinción. Los crímenes del fascismo, sean cuales fueren, serían así siempre más condenables que los del comunismo, porque éste,  en el fondo, representaría supuestamente la desviación casi accidental de un ideal intrínsecamente correcto, asumible por cualquier “persona normal” en una sociedad democrática. Aquéllo que se cuestiona del comunismo no son, en suma, los ideales, sino sólo los métodos (violentos). Un ejemplo claro de este tipo de falacia es el de ETA: los terroristas pueden reintegrarse cuando quieran a la sociedad liberal, siempre y cuando renuncien a seguir matando gente en nombre de su bello ideario marxista-leninista. Para el fascista, en cambio, las cosas son bien distintas: aunque no haya matado a nadie, aunque se limite, incluso, a reivindicar los derechos humanos (conozco el caso por mi experiencia personal en las cárceles), la etiqueta de “fascista” servirá para sentenciar su muerte civil.Cualesquiera que sean los métodos del fascismo, sus ideales resultarían inasumibles per nadie que esté en su sano juicio o se conciba a sí mismo simplemente como una “persona decente” (véase el soldado Ryan). O crees en la “alegría”, en la “felicidad”, el “bienestar”, etc., o ya eres sospechoso de herejía humanista. ¿Quién, sino un demonio, negaría todo eso que constituye el sustento axiológico de la existencia humana?

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas y vamos a demostrarlo. Basta echar una ojeada a la ideología del comunismo moderno, que es el marxismo, para darse cuenta que éste también condena al dolor y a la muerte a una gran parte de la humanidad, la cual, de forma necesaria, debe perecer para que “al final de la historia” un grupo de privilegiados disfruten de todos los placeres en una sociedad plenamente materialista. Aquí se plantean dos cuestiones:

a/ las etapas históricas por las que, según el marxismo, la sociedad debe pasar de forma necesaria para culminar en el denominado “modo de producción comunista”, es decir, en la realización de una utopía de carácter puramente material, hedonista y eudemonista (placer y felicidad como valores supremos).
b/ la exigencia ética de sacrificio y dolor que se impone a otras personas para que tal sociedad sin sacrificio ni dolor llegue a realizarse algún día.
Por lo que respecta a la primera cuestión, quisiera recordar aquí un texto de Marx en el que critica un programa político de su tiempo por el hecho de condenar el trabajo infantil. Este revelador fragmento pone en evidencia el despiadado esquema de exterminio que subyace de forma ineluctable a los “bonitos” ideales comunistas. En efecto, Marx considera que el trabajo infantil es necesario para el pleno desarrollo de la sociedad capitalista, cuya plena madurez constituye el requisito para dar el paso a la siguiente etapa de la evolución histórica (el “progreso”), a saber, el socialismo y, finalmente, el comunismo. Marx se sorprende de que no le hayan entendido algunos bondadosos humanistas de su época: el capitalismo, para Marx, debe existir igual que era menester que existiera el “modo de producción esclavista” en la antigüedad. Los esclavos que se rebelaron contra Roma estaban equivocados, porque su ideal era puramente romántico, representaba ese “buenismo” inconsecuente con el que se intenta justificar propagandísticamente el comunismo ante las masas pero que Marx, de forma brutal, rechaza y condena en sus textos teóricos más esotéricos:

“‘Prohibición del trabajo infantil’. Aquí era absolutamente necesario señalar el límite de edad. La prohibición general del trabajo infantil es incompatible con la existencia de una gran industria y, por tanto, un piadoso deseo, pero nada más. El poner en práctica esta prohibición -suponiendo que fuese factible- sería reaccionario” (K. Marx, “Crítica del programa de Gotha”, versión española revisada y ajustada a la revisión rusa de 1953, Madrid, Ricardo Aguilera Editor, 1968, p. 42. El texto original de Marx en alemán es del año 1875).

Marx muestra su desprecio por el derecho y las pautas de conducta éticas en otro texto donde, como ya he dicho en mi ensayo “¿Qué significa ser de izqueirdas? (II), eleva la anécdota anterior a categoría general de actuación revolucionaria ideológicamente sancionada:

“mostrar que era un crimen intentar, por un lado, imponer otra vez en nuestro Partido, como si se tratara de dogmas, ideas que en un período tuvieron algún significado pero que hoy son obsoleto desecho verbal, mientras, por otro lado, volvemos a pervertir la perspectiva realista, que tanto esfuerzo costó instilar en el Partido y que hoy ha encontrado en él su espacio, con el absurdo ideológico sobre derecho y otras basuras, tan comunes entre los demócratas y entre los socialistas franceses” (K. Marx, citado por Johathan Glover, “Humanidad e inhumanidad. Una historia moral del siglo XX”, Madrid, Cátedra, p. 351).

Esta “perspectiva realista” a la que apela Marx es la que llevará a algunos socialistas, como Mussolini, a fundar el fascismo. Porque, en efecto, las contradicciones éticas en las que incurre el marxismo son flagrantes. Desde una posición materialista no se le puede pedir a nadie que se sacrifique por el futuro de la humanidad. La construcción del modo de producción comunista supone, no sólo que una parte de esa misma humanidad ha de ser explotada por los capitalistas y los esclavistas, sino que, además, se le reclama al trabajador que adopte pautas de conducta heroicas, no materialistas, idealistas, a fin de ver realizado un modelo utópico que, por su parte, pondrá fin a todo idealismo, a todo heroísmo, etc., en beneficio del simple “bienestar”. Los pensadores prefascistas y fascistas se preguntaban qué diferencia podía haber entre ser explotado por un capitalista contemporáneo y ser instrumentalizado de facto por los futuros beneficiarios de la revolución, para los que quienes han muerto por ellos son meras cosas que les resultaron muy útiles y gracias a las cuales pudieron ser “felices”. Para los fascistas resultaba claro que lo superior no puede estar al servicio de lo inferior y que el hombre heroico e idealista debía ser considerado moralmente más valioso que el hombre materialista. Los socialistas que han leído a Nietzsche después de Marx no pueden sino experimentar auténtica repugnancia hacia las proclamas que, en nombre de la “felicidad del mayor número”, de la justicia y hasta del “amor”, incitan a la violencia revolucionaria, al exterminio del adversario político y, en definitiva, a un baño de sangre que se legitima a basa de retórica kitsch sobre “bellos ideales” comunistas de paz universal.

El fascismo invertirá los términos: el héroe no puede ser utilizado como un medio en provecho del hombre-masa materialista, el afortunado parásito del final de la historia, al contrario, el héroe es, frente a la masa, un fin en sí mismo, porque representa la más alta expresión de la humanidad hasta ahora conocida. Si el héroe se sacrifica por algo, será por un ser que le trascienda en la escala ética y esa figura no se corresponde ni con Dios (ideario de la derecha) ni con el energúmeno consumista actual que Nietzsche califica anticipadamente de último hombre, sino con el Übermensch. Esta palabra alemana se traduce habitualmente por “superhombre”, pero en realidad hay que entender el Übermensch no como un vulgar “superman”, sino como la figura mítica que encarna el salto evolutivo de la especie humana hacia otra de más alto rango ético en la que las potencialidades espirituales del hombre se hayan desarrollado al máximo.

(continuará)

Publicado por Jaume Farrerons en 8:03 AM

¿se puede prohibir un tatuaje de dos centímetros?

21 de enero de 2010

Parece una broma… y no lo es. Al parecer, según informa un blog muy projudío, que a su vez toma la noticia del diario digital ámbito.com, a un concursante brasileño del programa televisivo Big Brother le quieren prohibir salir en pantalla… porque en su brazo lleva un tatuaje en el que hay una cruz gammada de unos dos centímetros, un tamaño difícil de percibir… por un observador muy atento.

Según informó hoy el diario O Globo, de Brasil:

“Los representantes de entidad israelita carioca alegan que mostrar el brazo tatuado de Marcelo Dourado viola una ley brasileña que prohíbe exhibir símbolos del régimen de Adolfo Hitler (…)”

“La comunidad israelita cree que la TV globo va a retirar al joven del programa para que eso sirva de ejemplo para toda la audiencia de la emisora”, señaló el abogado Ricardo Brajterman, representante de la asociación israelita.”

“Pese a que Marcelo Dourado no se considere antisemita “él no puede portar un símbolo como ese, porque eso es crimen”, señaló el letrado.”

Nota de URANIA: Si algún lector tiene en la mano una lupa… podrá detectar que en la figura humana tatuada en el brazo de Marcelo Dourado… hay dibujada una cruz gammada…,  cuyo orígen se remonta a la “noche de los tiempos”… según dicen. Ese símbolo puede tener dos sentidos de giro. La primera  cruz swástika es la que está en el tatuaje.

La segunda es la que fue adoptada por el III Reich.

No todo el mundo se percata de esta enorme diferencia… Salvando las distancias, porque ahora nos referimos a emblemas adoptados por ideologías de tendencia marxista: Mientras que la llamada IV Internacional de los trotskistas… usaba  La Hoz y el Martillo,  en el escudo de la URSS… estaba el signo del Martillo y de la Hoz…

el monasterio de Emaús de Praha/Praga

23 de diciembre de 2009

Tomamos de radio.cz la siguiente información que resumimos:

[EL MONASTERIO,en la actualidad y antes de ser bombardeado por la aviación USA ]

El Monasterio de Emaús, uno de los dos conventos benedictinos de Praga, es un monumento gótico fundado en 1374 por el rey checo y emperador romano-germánico, Carlos IV, con el fin de renovar la liturgia eslava. Tras el inicio exitoso de sus actividades culturales y espirituales, se convirtió después de 1418 en objeto de los ataques del fanatismo religioso de los husitas checos. El convento fue saqueado y los frailes expulsados. El monasterio registró un nuevo auge en el siglo XVII, cuando fue renovado por los benedictinos españoles, quienes reanimaron las actividades religiosas en este memorable recinto del casco histórico de Praga. Después de 1780, cuando el emperador romano-germánico, José II, inició en los países del Imperio Austríaco una reforma administrativa y religiosa, los benedictinos de Emaús fueron encargados de enseñar en el liceo de Klatovy, en Bohemia Occidental. Sus actividades pedagógicas se desarrollaban en detrimento de su vida monástica. Por ello, en el siglo XIX, el monasterio atravesó nuevamente un período de decadencia, hasta 1880. En 1880 se trasladaron al monasterio los benedictinos del convento austríaco de Beuron. Desde aquél entonces, el Monasterio de Emaús se convirtió en residencia de frailes de Alemania, Polonia, Austria y posteriormente también de Yugoslavia. Una de las más destacadas personalidades de esta comunidad fue el sacerdote alemán, Alban Schachleiter. En las postrimerías del siglo XIX se propagó en las regiones fronterizas alemanas el movimiento anticatólico llamado “¡Fuera de Roma!”, patrocinado por los políticos nacionalistas de Alemania. Alban Schachleiter se afamó en aquel entonces como enérgico defensor de la fe católica. Reconociendo sus méritos al respecto, el Papa Pio X le entregó una medalla de plata. En 1908 el padre Schachleiter fue elegido abad del Monasterio de Emaús. El abad Schachleiter -amigo íntimo del sucesor del trono, Fernando del Este y confesor de su esposa checa, la condesa de Chotek- estuvo muy apegado a la causa del nacionalismo alemán y de la dinastía habsburgo. Por ello, durante la Gran Guerra de 1914-1918 el Monasterio de Emaús sirvió como hospital para los soldados austríacos, oficiando asimismo misas por la victoria de las armas imperiales. Después del desmembramiento del Imperio Austro-Húngaro y del surgimiento de Checoslovaquia en 1918, el religioso alemán fue sometido a investigaciones policiales e internado por varios días. Alban Schachleiter renunció a su cargo de abad y en 1920 abandonó Praga, seguido por la mayoría de los frailes de nacionalidad alemana. Después de la salida de Alban Schachleiter fue ordenado como nuevo abad del Monasterio de Emaús el teólogo, Arnost Vykoukal, quien había estudiado tanto en la archiabadía de Beuron, como en la ciudad belga de Lovaina y en Inglaterra. Bajo la dirección del abad Vykoukal, en el Monasterio de Emaús comenzó a desarrollarse nuevamente la liturgia eslava, según lo había postulado en el siglo XIV su fundador Carlos IV. Por su parte, el ex abad Schachleiter se acercaba desde el comienzo de los años veinte al movimiento nazi. Tras la elección de Hitler como canciller en 1933, Schachleiter publicó un artículo en el que sostuvo que para un católico no existía ningún obstáculo moral ni dogmático para su militancia en el partido nazi. Al mismo tiempo, comenzó a polemizar con la mayoría de los obispos alemanes quienes se oponían a la ideología nazi. Schachleiter fue suspendido de sus cargos pastorales y sacerdoteles, convirtiéndose asimismo en uno de los héroes del oficialismo nazi y víctima de persecución por parte de la jerarquía católica. Alban Schachleiter murió en 1937 y el ex abad fue enterado en Munich con honores estatales y con la asistencia del entonces brazo derecho de Hitler, Rudolf Hess. El ataúd de Schachleiter estuvo cubierto con la bandera del III Reich. (la una bandera roja y blanca con la cruz esvástica). El abad Arnost Vykoukal murio en el campo de concentración de Dachau, en 1942. En 1945 el histórico recinto gótico del Monasterio de Emaús, resultó destruído por la aviación americana. De la iglesia gótica quedaron solamente ruinas, y en el claustro semidestruido fueron reanudadas las actividades monásticas tan sólo después de la caída del régimen comunista en 1989.

Nota de URANIA: En relación con este post y especialmente  respecto a la personalidad del abad Alban Schachleiter merece ver un artículo del blog HURANIA titulado Adolf Hitler fue católico “no practicante”?

estas fotografías son reales y bellas

12 de diciembre de 2009

fuera caretas! Amigo o Enemigo, that is the question

7 de diciembre de 2009

Acostumbrados a creer que impera la “libertad de expresión”, es útil descubrir cómo ciertos grupos o movimientos ideolgicos marcan sus posiciones e incluso delimitan los campos y se atreven a definir claramente quiénes son sus enemigos, a los que no conceden ni el derecho a existir.  Es una palabra, descubrimos que realmente no existe ni nunca ha existido esa ilusoria “libertad de expresión”. Lo que en cada época y lugar existe es el imperio de los vencedores en las guerras, de los que por su número son mayoría  o que, aún siendo minoría, se imponen mediante la violencia, el dinero  y la propaganda.  A nadie se le regala la libertad para hablar, escribir o moverse… Esa libertad, natural y consubstancial al ser humano, se la toma uno por iniciativa propia sin esperar que te inviten a hacerlo. La libertad se gana con la fuerza y con la violencia, luego se legaliza en los parlamentos.

Creo que fue Carl Smitt y, después Parker Jockey (cuya obra cumbre “Imperium” puede descargarse desde el blog la maldición de Spengler) quienes establecieron la importancia estratégica de discriminar entre “amigo” y “enemigo”.

Un blog arabista e islamista que  dice claramente quienes son sus enemigos y en consecuencia se posiciona simultaneamente contra el Estado de Israel y contra el “nazismo”, para lo cual utiliza como bandera estos logotipos:

Ese mismo blog añade la siguiente declaración:
CSCAweb está elaborado por el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. Las opiniones del CSCA y las expresadas en las colaboraciones y contenidos no tienen porqué coincidir necesariamente. Salvo indicación contraria, autorizamos la reproducción parcial o total de los textos y gráficos a condición de que se cite su origen [CSCAweb: <http://www.nodo50.org/csca>%5D y autoría.
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—-

Nota de URANIA: Como ejemplo de lo que algunos  individuos, sin duda afectados por la agresiva propaganda e influencia del islamismo, entienden por “libertad”, reproduzco un párrafo escrito por un “sedicente” (es decir, que él se dice o dice ser) sacerdote católico en un sitio islámico (webislam).  Hay que precisar que lo que al “teólogo” Juan José Tamayo le preocupa es la “libertad” de los musulmanes en Europa, no la de los cristianos en países donde rige el islam. Tampoco cae en la cuenta de que en Europa nadie prohibe la construcción de mezquitas, mientras que es inimaginable que se permitan templos cristianos en algunos países musulmanes. Incluso nos preguntamos si este “cura” osará protestar contra la marginación, en la España de ZP y del psoe, del símbolo de la Cruz que se persigue desde el llamado “laicismo”.  Este es el párrafo del citado “teólogo”:

Prohibir la construcción de los minaretes, reconocen los obispos suizos y el Vaticano, puede aumentar los problemas de convivencia entre ciudadanos pertenecientes a diferentes tradiciones religiosas, amenaza la libertad religiosa de los ciudadanos, dificulta la apertura al otro y responde a la “lógica de exclusión”, contraria al “espíritu evangélico” y al ecumenismo. Ali Gomaa, el gran Mufti de Egipto, ha ido más lejos todavía y ha calificado, creo que certeramente, los resultados del referéndum como “una humillación” para los musulmanes. Para mí son la más crasa negación de la diversidad religiosa, uno de los pilares sobre los que se ha construido la Europa moderna.
Juan José Tamayo es teólogo y autor de Islam. Cultura, religión y política (Trotta, Madrid, 2ª ed., 2009)


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