Archive for the ‘SEXUALIDAD’ Category

…QUIEREN DESTRUIR LA SEXUALIDAD ENTRE HOMBRE Y MUJER !!!

28 de enero de 2012

“LA UNESCO TIENE UN PLAN PARA QUE LA MITAD DE LA POBLACION MUNDIAL SEA HOMOSEXUAL”: MONS. FERNÁNDEZ

A través de la implantación de la ideología de género.

El obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, dice que así se lo ha asegurado el «ministro» del Vaticano para las familias.
Gilberto Pérez/ReL

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha afirmado durante una misa de la Familia que el cardenal Ennio Antonelli, presidente del Pontificio Consejo para la Familia, le comentaba hacía poco “que la Unesco tiene programado para los próximos 20 años hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual”.
“Para eso, a través de distintos programas, irá implantando la ideología de género, que ya está presente en nuestras escuelas” precisó el prelado en la Catedral de Córdoba.
“Según la ideología de género, -explica el obispo- uno no nacería varón o mujer, sino que lo elige según su capricho, y podrá cambiar de sexo cuando quiera según su antojo”. Todo se trataría de una estrategia destinada a romper con el “plan de Dios” para la familia, que consiste, evidentemente, “en la unión estable de un varón y una mujer”.
En su intervención, el obispo señaló que además hay otros muchos peligros para ese plan en esta “cultura que quiere romper totalmente con Dios”: “el crimen abominable del aborto”, “las facilidades para el divorcio”, “la anticoncepción en todas sus formas”, etc.
El prelado terminó la homilía alentando a los feligreses: “No es momento de lamentarse, sino de conocer bien cuáles son los ataques a este bien precioso y de vivir con lucidez y con coherencia lo que hemos recibido de Dios, por ley natural o por ley revelada”.

la sexualidad en la Hélade (y V)

16 de enero de 2012

Posted on 15 15UTC enero 15UTC 2012by

pág. 068:

LA REALIDAD: MITOLOGÍA GRIEGA COMO APOLOGÍA DEL AMOR CREATIVO ENTRE HOMBRE Y MUJER ―O EL PODER DE LA PROCREACIÓN

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

“El rapto de Proserpina”, de Bernini.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Cabría mencionar a parejas famosas de la mitología griega para aclarar el comportamiento de los dioses y héroes, lo cual probablemente haga replantearnos cosas como la poligamia, puesto que los dioses y los héroes, más que una simple “pareja”, solían tener todo un “harén”, con el objetivo de sembrar el mundo de hijos semidivinos.

ZEUS -: Hera, Leto, Deméter, Dione, Eris, Maya, Metis, Mnemósine, Selene, Temis, Europa, Alcmena, Dánae, Antíope, Calisto, Carme, Egina, Elara, Electra, Eurínome, Himalia, Ío, Lamia, Laodamía, Leda, Mera, Níobe, Olimpia, Pluto, Pirra, Táigete, Talía, Yodama, muchas más anónimas.

ARES -: Afrodita (con quien significativamente engendró a Harmonía), Aérope, Agraulo (mujer a pesar de la resonancia del nombre), Altea, Astíoque, Atalanta, Cirene, Crisa, Demonice, Enio, Eos, Eritia, Estérope, Filómone, Rea Silvia (la madre de Rómulo y Remo, llamada Ilia en Grecia), Otrera, Pelopia, Protogenia, Tirine, Tritea y más anónimas.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

A diferencia del Marte romano, el Ares griego no era un dios de la virtud militar ni del frío valor del soldado, sino el dios de la carnicería, la matanza, la fuerza bruta, el saqueo, la rapiña y la violación, el dios de perder el control y buscar la confrontación ―en suma, el dios de la violencia pura, de una forma de guerra primitiva y barbárica. Sus epítetos (“estrago de mortales”, “manos ensangrentadas”, “salteador de murallas”, “homicida”, “impetuoso”, “brutal”) hablan por sí solos. Significativamente, la única pareja capaz de equilibrar su ardor es Afrodita, la otra cara de la moneda. En la imagen, el llamado Ares de Ludovisi.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

POSEIDÓN -: Agameda, Álope, Amimone, Anfítrite, Arne, Astipalea, Calírroe, Calquinia, Cánace, Celeno, Ceróesa, Ciona, Clito, Cloris, Córcira, Deméter, Etra, Euríale, Eurínome, Europa, Gea, Halia, Hipótoe, Ifimedia, Libia, Melia, Medusa, Melantea, Mitilene, Peribea, Quíone, Salamina, Satiria, Toosa, Tiro, más anónimas.

APOLO -: Acanta, Arsínoe, Casandra, Calíope, Cirene, Corinis, Dafne, Dríope, Etusa, Hécuba, Leucótoe, Manto, Psámate, Quíone, Reo, Sinope, Terpsícore, Urania.

HADES -: Perséfone, Mente, Leuce.

HERACLES -: Mégara, Ónfale, Deyanira, Yole, Mélite, Auge. En un episodio, Heracles llega al palacio del rey Tespio, a quien el aspecto del héroe impresionó tanto que le ofreció a sus 50 hijas doncellas (los reyes eran polígamos y tenían todo un harén de esposas, con lo cual podían padrear decenas de hijos), llamadas las téspidas, para que les hiciera el amor y las dejase embarazadas, mientras durase la cacería del león de Citerón. En siete noches (según la versión, en una sola), las dejó embarazadas a todas (Policasta, Nike, Glicera, Graya, Lalage, Alcione, Neda, Maira, Fóloe, Clyte, Adesia, Septeria, Estéropa, Plinteria, Foronea, Dorichia, Faena, Ariona, Deidia, Brima, Cleodora, Altea, Euriganea, Agalis, Ardota, Inaca, Lica, Nausitoa, Esquimforia, Gigas, Jacinta, Leuke, Kérite, Eurifilia, Elocia, Glauca, Deidamia, Crisa, Lisa, Pirena, Oreada, Talasiana, Xuta, Trisaulea… Leda era la menor y, siendo prácticamente una niña, “temblaba y parecía que iba a desmayarse”, con lo cual Policasta, la mayor, tomó su lugar y fue poseída de nuevo por el héroe) de hijos varones, quienes serían los heráclidas. Según la tradición griega, los heráclidas se asocian con los dorios, que conquistaron amplias porciones de Grecia arrasando las ciudades aqueas, y los reyes tanto de Esparta como de Macedonia remontaban su linaje a algún heráclida.

TESEO -: Perigune (hija del bandido Sinis), Ariadna, Fedra (su hermana), Antíope (una amazona).

PERSEO -: Andrómeda.

PELEO – : Tetis.

AQUILES -: Briseida, Diomeda, una serie de mujeres capturadas en poblaciones arrasadas por él.

ULISES -: Penélope, Calipso, Circe, Calídice.

AGAMENÓN -: Clitemnestra, Criseida, Casandra. Aunque tuvo también a Briseida, cuando la devuelve a Aquiles presta solemne juramento de no haberla poseído sexualmente, según se narra en la “Ilíada”.

… y muchos, muchos más. Se me dirá que algunos de estos dioses y héroes tuvieron “amantes masculinos”. Pido evidencias. Las mujeres mencionadas fueron físicamente poseídas en acto carnal por el dios o héroe correspondiente, y muchas de ellas engendraron hijos. Quiero evidencias en la mitología griega originaria, de que los dioses o héroes mantuvieron relaciones con varones que supusieran un paso más allá de una excelente amistad, camaradería o hermandad. Quiero “pruebas” de que Zeus poseyese sexualmente a Ganímedes, o de que Aquiles mantuviese sexo anal con Patroclo. [4] >>>>> 73 a pág. 104 (NOTAS).

Como ya hemos visto, esas pruebas no existen. Los famosos “amantes” son simplemente buenos amigos, unidos con vínculos muy fuertes de admiración, por experiencias profundas en combate o en aventuras, o por otros asuntos que nada tienen que ver con el amor erótico ―sino, a lo sumo, con el amor platónico―, y no hay absolutamente ninguna evidencia ni tan siquiera para suponer que había algo sexual de por medio, sino de que se trataba de un amor prácticamente equiparable al que media entre buenos hermanos.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

(Urania)

Urania, una musa de la astrología y de las matemáticas, fue amante de Apolo, con quien engendró a Lino, un magnífico músico que le enseñó a Heracles a tocar la lira. (Desafortunadamente para él, Heracles era un alumno indisciplinado que tenía mejores cosas que hacer ―como dejar preñadas a las 50 doncellas téspides―, y mató a Lino golpeándole con una lira cuando éste lo reprendió). En el “Banquete” de Platón, algunos relacionan a “Afrodita Urania” (la que nació de la fuerza reproductiva de Urano vertida sobre el mar, diferenciada de la que nació de la unión de Zeus y Dione según otra versión) con el amor hacia lo masculino, especificando claramente que era un amor “por el alma” y que, además, era “libre de violencia”. Esto excluiría una penetración fálica lujuriosa por un orificio como el ano, diseñado por la Naturaleza para evacuar desechos tóxicos e infecciosos, y residencia, según la moral helénica, de Aidós ―la vergüenza. Afrodita Urania sería, en suma, lo que entendemos por “amor platónico”.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

pág. 075:

#1:       EL “BANQUETE” DE PLATÓN

(Platon)

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

El “Banquete” es un diálogo filosófico en el que diversos participantes rinden tributo a Eros, el dios del amor, en forma de discurso ensalzándolo y aportando la visión que cada cual tiene del amor, con lo cual es una fuente de primera mano para conocer la mentalidad ateniense de la época (estamos hablando, en todo caso, del Siglo IV AdC, una etapa ya decadente). Sin duda, todos los eruditos especialistas subvencionados que se dedican a dar conferencias y vivir del cuento, apoyados por un Sistema al que le interesa difundir la mentira, sacan siempre a colación el “Banquete” de Platón como ejemplo de que “la civilización griega era homosexual”[hoxual], basándose en algunas líneas halladas en ese libro.

Sin embargo, y desafortunadamente para los apóstoles de la hoxualidad griega, todo el mundo debería saber que los diálogos platónicos consistían a menudo en un debate que contrapone puntos de vista opuestos, representados por los participantes. La razón es que, para Platón, todas las partes debían estar presentes en un debate y tener la oportunidad de exponer y defender su punto de vista. Hay personajes que representan ideas contrarias a Sócrates, precisamente con el objetivo de contrastar opiniones distintas, y por ello mismo no pueden ni deben citarse al tuntún como si las hubiese pronunciado el mismo Platón. Por estas razones, en cada cita, es preciso especificar quién la ha pronunciado e indagar sobre el personaje, para saber si representa un punto de vista afín al platónico (del cual Sócrates y otros son portavoces) u opuesto. (p. 76).

De la intervención de Pausanias se puede decir que él mismo debate diversas aproximaciones al tema, y que nunca menciona el amor carnal hoxual. Podemos destacar una cita relativamente contundente: “Sería preciso, incluso, que hubiera una ley que prohibiera enamorarse de los mancebos” (Pausanias, 181d).

En otra cita, reflexiona sobre por qué la relación de maestro y alumno es necesaria y beneficiosa y no debería abolirse, diciendo que “uno puede contribuir en cuanto a inteligencia y virtud en general y el otro necesita hacer adquisiciones en cuanto a educación y saber en general“. (Pausanias, 184d-e). En este caso, como en el espartano, se está hablando de una relación con vistas al perfeccionamiento personal y al “entrenamiento”, en la que la sabiduría de un hombre maduro ayuda a un muchacho a convertirse en hombre y en la que, de nuevo, la interacción entre soplanucas y muerdealmohadas brilla por su ausencia.

Después de estas citas bastante vagas, entra en escena Aristófanes, un personaje que no debería caer bien al buen platónico, ya que en el diálogo de la “Nube”, se burla abiertamente de Sócrates, y en el “Banquete”, muestra una conducta excéntrica que acaso fue introducida por Platón como señal para dar a entender al lector que el punto de vista expresado por él no merece reverencia. Así, podemos leer:

me dijo Aristodemo que debía hablar Aristófanes, pero que al sobrevenirle casualmente un hipo, bien por exceso de comida o por alguna otra causa, y no poder hablar, le dijo al médico Erixímaco, que estaba reclinado en el asiento de al lado:

Erixímaco, justo es que me quites el hipo o hables por mí hasta que se me pase.

Y Erixímaco le respondió:

―Pues haré las dos cosas. Hablaré, en efecto, en tu lugar y tú, cuando se te haya pasado, en el mío. Pero mientras hablo, posiblemente reteniendo la respiración mucho tiempo se te quiera pasar el hipo; en caso contrario, haz gárgaras con agua. Pero si es realmente muy fuerte, coge algo con lo que puedas irritar la nariz y estornuda. Si haces esto una o dos veces, por muy fuerte que sea, se te pasará. (185c-d-e).

Es tal el desconcierto que este pasaje siembra, que no pocos ríos de tinta han corrido especulando sobre su significado. Y es que la presentación que se hace de Aristófanes, que no puede hablar a causa de su hipo y debe cederle el turno a Erixímaco hasta que se le pase, es dudosa y algo cómica, por no hablar de que, en un acto ritualizado como lo era un diálogo filosófico, en el que cada intervención se consideraba rodeada de signos de los dioses para bien o para mal, el hipo de Aristófanes no constituye precisamente un buen augurio. (pág. 77).

Cuando finalmente termina su hipo y le toca hablar, Aristófanes desarrolla un extravagante discurso sobre el andrógino, un ser esférico con ocho patas y dos caras, que se desplazaba rodando por el suelo, que reunía las condiciones sexuales de tanto varón como hembra, aunque algunos eran varón por ambos lados o hembra por ambos lados. Según el disparatado razonamiento de Aristófanes, estos seres desafiaron a los dioses y Zeus los hizo partir por la mitad, de modo que, haciendo inverosímiles cabriolas argumentativas e inventándose toda una mitología para justificar que a dos hombres les guste irse a la cama y convertir un * en un O, Aristófanes ―el del hipo, el de las gárgaras y los estornudos, el que se burló de Sócrates― nos dice que:

En consecuencia [de la partición del “andrógino” originario], cuantos hombres son sección de aquel ser de sexo común que entonces se llamaba andrógino son aficionados a las mujeres, y pertenece también a este género la mayoría de los adúlteros; y proceden también de él cuantas mujeres, a su vez, son aficionadas a los hombres y adúlteras. Pero cuantas mujeres son sección de mujer, no prestan mucha atención a los hombres, sino que están más inclinadas a las mujeres, y de este género proceden también las lesbianas. Cuantos, por el contrario, son sección de varón, persiguen a los varones y, mientras son jóvenes, al ser rodajas de varón, aman a los hombres y se alegran de acostarse y abrazarse [5]; éstos son los mejores de entre los jóvenes y adolescentes, ya que son los más viriles por naturaleza. Algunos dicen que son unos desvergonzados, pero se equivocan. Pues no hacen esto por desvergüenza, sino por audacia, hombría y masculinidad, abrazando lo que es similar a ellos. (191de-192a). >>>>>p. 78 a pág. 104 (NOTAS)

Por la excentricidad de su propio discurso, no es de extrañar que Aristófanes ande incómodo, que en un momento dado ruegue “que no me interrumpa Erixímaco para burlarse de mi discurso” (193b) y que poco después, finalice su intervención poco menos que pidiendo clemencia:

Éste, Erixímaco, es mi discurso sobre Eros, distinto, por cierto, al tuyo. No lo ridiculices, como te pedí, para que oigamos también qué va a decir cada uno de los restantes o, más bien, cada uno de los otros dos, pues quedan Agatón y Sócrates. (193de).

A pesar de que Aristófanes sólo representa un punto de vista de tantos, de que no es presentado en modo alguno como alguien fiable y de que él mismo es consciente de que se lo deja a huevo a los demás para burlarse de su discurso, los autores pro-teoría hoxual citan sus palabras sin más, como si representase el punto de vista del mismísimo Platón.

Del homenaje de Agatón a Eros podría acaso distinguirse una cita, en la que dice que “respecto a la procreación de todos los seres vivos, ¿quién negará que es por habilidad de Eros por la que nacen y crecen todos los seres?” (197a), en la que, dejando caer que Eros es responsable de la procreación, deja también claro que el dios pertenece al ámbito del sexo heterosexual, que es el único capaz de engendrar nueva vida.

Sin embargo, la joya del “Banquete” platónico es, sin lugar a dudas, y como siempre, la intervención de Sócrates, quien había sido el maestro de Platón. Sócrates cita el discurso que había escuchado años atrás de una mujer que él mismo considera como “sabia”, diciendo a sus interlocutores: “Os contaré el discurso sobre Eros que oí un día de labios de una mujer de Mantinea, Diotima, que era sabia en éstas y otras muchas cosas”. (Sócrates, 201d). Las palabras de Diotima, además de ser sumamente interesantes en cosas sobre el amor al margen del debate heterosexual vs. homosexual [ortosexual vs. hoxual], contienen además una verdadera apología del amor heterosexual [ortosexual]como acto creativo:

¿De qué manera y en qué actividad se podría llamar amor al ardor y esfuerzo de los que lo persiguen? ¿Cuál es justamente esta acción especial? ¿Puedes decirla?

Si pudiera ―dije yo―, no estaría admirándote, Diotima, por tu sabiduría, ni hubiera venido una y otra vez a ti para aprender precisamente estas cosas.

Pues yo te lo diré ―dijo ella―. Esta acción especial es, efectivamente, una procreación en la belleza, tanto según el cuerpo como según el alma.

Lo que realmente quieres decir ―dije yo― necesita adivinación, pues no lo entiendo.

―Pues te lo diré más claramente ―dijo ella―. Impulso creador, Sócrates, tienen, en efecto, todos los hombres, no sólo según el cuerpo, sino también según el alma, y cuando se encuentran en cierta edad, nuestra naturaleza desea procrear. Pero no puede procrear en lo feo, sino sólo en lo bello. La unión de hombre y mujer es, efectivamente, procreación, y es una obra divina, pues la fecundidad y la reproducción es lo que de inmortal existe en el ser vivo, que es mortal. (206bc).

De momento, Sócrates ha elogiado la sabiduría de la señora, mientras que ella ha hecho un canto al amor heterosexual [ortosexual]como “obra divina”. Más adelante, se fija en la Naturaleza para sonsacar lecciones de conducta para los hombres civilizados:

Si bien ―dijo― podía pensarse que los hombres hacen esto [los sacrificios asociados al apareamiento y el cuidado de la prole] por reflexión, respecto a los animales, sin embargo, ¿cuál podría ser la causa de semejantes disposiciones amorosas? ¿Puedes decírmela?

Y una vez más yo le decía que no sabía.

¿Y piensas ―dijo ella― llegar a ser experto algún día en las cosas del amor, si no entiendes esto?

Pues por eso precisamente, querida Diotima, como te dije antes, he venido a ti, consciente de que necesito maestros. Dime, por tanto, la causa de esto y de todo lo demás relacionado con las cosas del amor.

Pues bien ―dijo―, si crees que el amor es por naturaleza amor de lo que repetidamente hemos convenido, no te extrañes, ya que en este caso, y por la misma razón que en el anterior, la naturaleza mortal busca, en la medida de lo posible, existir siempre y ser inmortal. Pero sólo puede serlo de esta manera: por medio de la procreación, porque siempre deja otro ser nuevo en lugar del viejo. (207bcd).

Por si no ha quedado clara la actitud de Sócrates con Diotima cuando ante sus discípulos se refiere a ella como “sabia“, cuando elogia “su sabiduría” ante ella, cuando admite que ella tiene más conocimiento que él mismo o cuando dice que “ha acudido a ella consciente de que necesita maestros“, valga el cierre que hace cuando reconoce que quedó “lleno de admiración” (208b), llamándola en persona “sapientísima Diotima” (ídem) y dirigiéndose de nuevo a sus discípulos diciéndoles “Esto, Fedro, y demás amigos, dijo Diotima, y yo quedé convencido”. (212b).

Por tanto, tenemos a un lado a Aristófanes, un personaje que no puede hablar cuando le corresponde por tener hipo (comer y/o beber demasiado rápido) que es conocido por haberse burlado de Sócrates en el pasado y que hace una enrevesada defensa de la homosexualidad… y a otro lado tenemos a Diotima, una mujer que el mismísimo Sócrates llama “sapientísima” y que hace un genial tributo a Eros ensalzando la unión de hombre y mujer como acto generador de nueva vida, y dejando claro que en el poder de procreación de tal unión radica su superioridad respecto a cualquier otra forma de amor. A estas alturas, no cabe duda de que Sócrates no está precisamente en la acera de enfrente. De hecho, el narrador nos muestra la incomodidad de Aristófanes cuando Sócrates concluyó su elogio a la heterosexualidad [ortosexualidad]:

Cuando Sócrates hubo dicho esto, me contó Aristodemo que los demás le elogiaron, pero que Aristófanes [repetimos: el único que había defendido la hoxualidad] intentó decir algo, puesto que Sócrates al hablar le había mencionado a propósito de su discurso. Mas de pronto la puerta del patio fue golpeada y se produjo un gran ruido como de participantes en una fiesta, y se oyó el sonido de una flautista. (212c).

Efectivamente, “Aristófanes intentó decir algo“, pero como no podía ser de otro modo, una vez más la Providencia, asociada en los tiempos paganos con la voluntad de los dioses, interrumpe sus palabras: “No mucho después se oyó en el patio la voz de Alcibíades, fuertemente borracho” (212d). Ahora hace su aparición uno de los personajes que constituye la guinda final del pastel platónico del “Banquete”, introduciéndose del siguiente modo:

Salud, caballeros. ¿Acogéis como compañero de bebida a un hombre que está totalmente borracho? (…) ¿Os burláis de mí porque estoy borracho? Pues, aunque os riáis, yo sé bien que digo la verdad. (212e-213a).

Alcibíades relata cómo en el pasado le tiró los trastos a Sócrates, cómo en un momento dado se le declaró y cómo poco menos que se le tira al cuello al filósofo, siendo rechazado por él. Alcibíades parece estar, en efecto, “enamorado” de Sócrates, aunque, como él mismo bien dice, “comparar el discurso de un hombre bebido con los discursos de hombres serenos no sería equitativo” (214c):

Me levanté, pues, sin dejarle decir ya nada, lo envolví con mi manto ―pues era invierno―, me eché debajo del viejo capote de ese viejo hombre, aquí presente, y ciñendo con mis brazos a este ser verdaderamente divino y maravilloso estuve así tendido toda la noche. En esto tampoco, Sócrates, dirás que miento. Pero, a pesar de hacer yo todo esto, él salió completamente victorioso, me despreció, se burló de mi belleza y me afrentó; y eso que en este tema, al menos, creía yo que era algo, ¡oh jueces! ―pues jueces sois de la arrogancia de Sócrates. Así, pues, sabed bien, por los dioses y por las diosas, que me levanté después de haber dormido con Sócrates no de otra manera que si me hubiera acostado con mi padre o mi hermano mayor. (219bcd).

A Alcibíades lo han insertado en el diálogo porque es sabido que los borrachos nunca mienten [6], y así queda clara la acción de Sócrates de rechazar a un hombre aunque éste sea muy bello y muy prestigioso. Acto seguido, Alcibíades elogia la indiferencia de Sócrates, su valor en combate, su dureza, su carácter espartano, su resistencia al frío y al alcohol, y su sabiduría. Todos estos elogios (incluyéndose como elogio el que Sócrates lo rechazase, dejando claro que no es hoxual) intentan, como se ha dicho, tener el “certificado de verosimilitud” que otorga el haber sido pronunciados por un hombre que, por estar borracho, se presupone dice la verdad. >>>>>>>>>>>>>>>>>pág. 104 (NOTAS)

En suma, Sócrates tenía a Alcibíades en la palma de su mano y hubiera podido liarse con él (cosa que, en todo caso, excluiría, por respeto a Aidós, penetración de ningún tipo), pero desgraciadamente para los hoxuales modernos, lo rechaza desdeñosamente.

#2: LAS VASIJAS “homoeróticas” [hoxuales].

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Esta imagen es una favorita de los autores volcados en representarnos a Grecia como una “civilización homosexual”[hoxual], o al menos una civilización donde las prácticas hoxuales estaban plenamente aceptadas y formaban parte del paisaje cotidiano.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Indudablemente, hay vasijas procedentes de la antigüedad griega que representan escenas claramente hoxuales. Eso no lo voy a discutir.

Lo que sí voy a hacer es puntualizar.

Se han encontrado docenas de miles de vasijas (sólo en la provincia de Ática, tenemos ¡más de 80.000!), y, de todas ellas, las vasijas con un claro contenido homoerótico [hoxuales] son… ¡sólo 30! Y eso siendo muy generosos. Estamos hablando de en torno a un 0.03% del total de vasijas encontradas. ¿Acaso no deberían ser más, si supuestamente estamos hablando de una cultura donde la hoxualidadpefílica era el pan nuestro de cada día?

Pues no, señores. Eran una desproporcionada minoría. De modo y manera que hablar de “el estatus dominante de la pederastia [pexualidad] en la vida social ateniense” (!) basándose en esta evidencia fraudulenta sería bastante más atrevido que tachar a nuestra propia cultura de hoxual sólo porque el 5% de los personajes de nuestras series televisivas sean hoxuales. Si estos ínfimos signos son muestra de una “civilización homosexual”[hoxual] (que nunca ha habido tal cosa), entonces la nuestra, con asociaciones pro-pefilia, pro-zoofilia, matrimoniohoxual (cosa que no existía en Grecia), desfiles del día del “orgullo gay“, etc., cualifica como civilización sodomita al 100%.

Pero hay más.

De este 0.03% de escenas hoxuales representadas, la mayor parte de tales actos son llevados al cabo por los sátiros, seres degenerados del imaginario colectivo griego, imaginados feos y con medio cuerpo de cabra, y que, por una pulsión sexual descontrolada y desmedida, llevaban al cabo las mayores abominaciones sexuales concebibles por la mente humana (en algunas estatuillas se los ve copulando con cabras, por ejemplo). Otro ligero detalle que se falla en mencionar es que, en la mayoría de escenas que sí representan relaciones sodomitas, el acto parece producir sorpresa y escándalo en quienes lo presencian.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

La mala fama de los sátiros, además de venir representada en escenas de zoofilia que no añado al artículo por puro buen gusto y respeto hacia el estómago del buen lector, viene bien ilustrada en este conjunto escultórico, en el que Pan, el jefe de los sátiros, importuna a Afrodita con su lascivia, espantándolo la diosa a golpes de sandalia. El “ángel” que revolotea alrededor de Afrodita es Eros, inevitablemente asociado a ella.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

El problema es que, como muchas personas han perdido la costumbre de pensar por sí mismas, les ponen un par de imágenes acompañados de letras sin faltas de ortografía, y cual buen rebaño, ya están predispuestas a creerse lo que le interese al manipulador de turno. Pero pasemos a observar algunos ejemplos de deducción sherlockholmesiana de la hoxualidad en la antigua Grecia basándonos en vasijas, de la mano de una grandísima, respetable, trajeada y curtida en conferencias autoridad: Kenneth J. Dover. [7] >>>>pág. 104 (NOTAS)

K. J. Dover presenta como pruebas supremas un total de 600 vasijas, de las cuales, siendo extremadamente (repito: extremadamente) generosos, sólo 20-25 (¡el 4%!) tienen un contenido claramente hoxual. El resto (¡575!) son vasijas completamente inofensivas, con lo cual el autor recurre a vericuetos, meandros y raíces cuadradas psicológicas para sonsacar, de manera totalmente forzada y hasta cómica, señales de hoxualidad donde simplemente no las hay. Así, en una imagen donde aparecen un bastón y un aro, el autor dice que “el bastón y el aro tienen simbolismo propio” (aunque no tiene la gentileza de explicarnos cuál es ese simbolismo a nosotros, incultos y vulgares heteros [ortosexuales]) y que el chaval se encuentra en una “pose de vergüenza”, debido seguramente a que el hombre que le gusta está conversando con una mujer (?) o porque hubiera preferido tomar la iniciativa él mismo (!). En otra representación (la E378), un pene pequeño y un escroto grande significan, según él, que hay pefília de por medio (?), y en una imagen donde Aquiles cura a Patroclo, “el artista estaba bajo una gran presión para no pintar los genitales de Patroclo” (?). Resulta un verdadero insulto a la inteligencia que un hoxual alucinado como Dover sea considerado ni más ni menos que ¡un “experto en sexualidad de la Grecia antigua”!, y que sea citado por libros medianamente serios como una autoridad en el tema.

Toda esta jerga e imaginario de relaciones pefílicas donde no las hay, es incomprensible y chocante para un hetero [ortosexual](es decir, para un normal), pero a un hoxual le parece lo más normal del mundo ver señales, guiños, ambigüedades, suposiciones y provocaciones en cada esquina. A consecuencia, no resulta extraño que tales autores, desesperados por legitimar su “opción sexual”, intenten adaptar el mundo a su mente. Y lo triste no es eso. Lo triste es que, por culpa de la acción de los poderosos lobbieshoxuales de Estados Unidos, y de la industria mediática, la opinión pública trague tales teorías. Yo digo: sed libres ―¡leed!

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

GREEK HOMOSEXUALITY”

Según K. J. Dover, la imagen de este muchacho demuestra que hay pederastia[pefilia] y hoxualidad de por medio (¡!). Indudablemente, quien piensa así es porque su mente ya es portadora de tales pensamientos, pero las personas normales y bien ajustadas biológicamente, vemos un chaval con un aro y un gallo.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Deberíamos finalizar dejando claro que la inmensa mayoría (estamos hablando de más de un 99%) de esculturas, vasijas, mosaicos, figurillas, frescos, etc., de la Grecia antigua que sí representan amor erótico, lo hacen siempre representando relaciones sexuales entre hombre y mujer. Pero resulta que incluso aunque tuviésemos escenas hoxuales gratuitas, también en el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela hay escenas de hombres incurriendo en sodomía, y a nadie se le ocurriría pensar que eso convierte en hoxual a toda la civilización católica gótica o barroca, puesto que esas escenas de sodomía forman parte de representaciones de los diversos pecados, con la intención de estigmatizarlos. Así pues, deberíamos acaso preguntarnos si, por ventura, de ese 0,03% de vasijas con temática clara o vaga o subjetivamente homoerótica [hoxual] , no habría un porcentaje importante destinado precisamente a criticar la hoxualidad o ridiculizarla ―como queda claro en el mencionado asunto de los sátiros, quienes eran los máximos exponentes de la hoxualidad además de infinidad de depravaciones sexuales, y que no gozaban precisamente de buena reputación.

pág. 104:

N O T A S :

[1] Erastes y eromenos generalmente son traducidos como “amantes” y “amados”, o “pretendientes” y “pretendidos”, pero realmente se debería buscar vocablos mejores, ya que hoy en día esas palabras van asociadas a la hoxualidad, y una mínima atención prestada a los escritos griegos revela que no era así. “Maestro” y “alumno” serían equivalentes mucho más fieles al contexto moderno. Hay que replantearse la traducción por el sencillo motivo de que no sé qué clase de relación hoxual es aquella en la que están proscritas las “relaciones carnales”. El carácter de “amante” y “amado” debería quedar, pues, como de amor puramente platónico, en una relación enmarcada por la admiración, el respeto, la veneración y la hermandad, totalmente desprovista de tintes eróticos tal y como los entendemos en los tiempos modernos.

[2] Ganímedes ha pervivido hasta nuestros días en el Zodíaco, como Acuario.

[3] Al sureste del Estado espartano, en la ciudad de Amicla, había un túmulo (al estilo de las estructuras funerarias erigidas en las antiguas culturas centroeuropeas) que era la tumba de Jacinto, y donde los espartanos llevaban al cabo las Jacintas, típicas festividades de tres días de duración, en las que se celebraba la muerte y resurrección de un ídolo religioso.

[4] Esto también se aplica en el caso heterosexual[ortosexual]: no hay prueba de que Artemisa, la diosa virgen, tuviese jamás relaciones físicas con Orión, sino de que eran buenos compañeros de caza y estaban unidos por un vínculo platónico.

[5] Obsérvese que no se habla aquí de “relaciones carnales” ni de “posesión” de ningún tipo. A pesar de que sí entraría en la categoría de sexo, el “acostarse y abrazarse” excluye la penetración por respeto a Aidós y a la revancha de Némesis, (cosa que reconocen hasta autores hoxuales tan sectarios y disparatados en sus aseveraciones como K. J. Dover o Karola Reinsberg, quienes dejan claro que la penetración anal no formaba parte de las relaciones supuestamente hoxuales de la antigua Grecia porque estaba mal vista ―con lo cual habría que preguntarse qué clase de “paraíso gay“[galli] era Grecia si no se contemplaba la penetración anal salvo como sacrilegio). Aristófanes, pues, sería, sin duda alguna, y siempre según el “Banquete”, pro-hoxual (en todo caso pro-bisexual, ya que los griegos se casaban y tenían hijos), pero ciertamente un hoxual muy light para hoy día.

[6] De hecho, se cita un proverbio griego, según el cual “vino y niños dicen siempre la verdad”, en sintonía con el refrán español “los borrachos y los niños nunca mienten”. Esta idea viene a reforzar aun más la sinceridad desmedida de Alcibíades.

[7] Acaso otra de las perlas argumentativas de Dover cuando se encuentra ante la hoxualfobia de Platón, quien busca siempre lo natural inspirándose en la inocencia de los animales, es decir que “Platón no sabía de animales”.

pág. 91

%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%

Sobre el “lesbianismo” [Tribadismo]

Probablemente, de todas las mentiras sobre hoxualidad, la de Safo de Lesbos sea la más sangrante, ya que el nombre de su isla natal ha sido utilizado para designar a las mujeres hoxuales, las lesbianas. Safo de Lesbos (siglos VII-VI AEC) es seguramente la mejor poetisa de todos los tiempos (Platón la llamó “la décima musa”). Heredera de deudas, decidió fundar una academia donde acudían muchachas jóvenes de toda Grecia a aprender poesía, música, danza, buenas maneras, ritualismo religioso y en general lo que caracterizaba a una mujer completa que aspiraba a casarse con un hombre noble y fundar su propia familia. Del mismo modo que Esparta tenía sus ageilai u hordas, donde los muchachos aprendían poco a poco a ser hombres bajo el maestrazgo de un iniciador, Lesbos tenía la academia sáfica para las señoritas de buena familia.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Las muchachas de la academia sáfica se hacían llamar “servidoras de las musas”. Las musas eran 9 deidades femeninas que acompañaban a Apolo en el monte Helicón, y que se consideraban responsables de la inspiración de los artistas. Los escultores griegos conocían bien la morfopsicología (leer el carácter de un individuo por sus rasgos físicos) y por tanto no sólo esculpían estatuas de cuerpos bellos, sino cuerpos bellos necesariamente portadores de un alma bella. Quien esculpió a la musa de esta imagen, sin duda representó de la forma más maravillosa la personificación de la bondad, la salud, la serenidad y la belleza.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

La obra de Safo nos ha llegado muy fragmentada (sólo tenemos un poema completo, recogido por Dioniso de Halicarnaso, y el resto de su obra tiene demasiados huecos para hasta a menudo saber siquiera de qué se habla, ya no digamos intentar vislumbrar hoxualiad), pero consta sobre todo de himnos y elogios a las muchachas que ella ha instruido y que han completado su educación, entrando en la edad adulta y marchándose del idílico mundo de la academia para desposarse con un hombre.

Este género poético recibía el nombre de epithalamia, “canciones de matrimonio”, que hablaban sobre la belleza de una doncella que estaba a punto de convertirse en esposa y madre. De ese modo, por los fuertes vínculos construidos entre ella y sus discípulas ―a las que ha enseñado todo lo que saben― Safo se llena de tristeza por la pérdida de quienes eran prácticamente sus hijas, pero no tenemos absolutamente nada que dé a entender una relación más allá de un intenso afecto, totalmente desprovisto de carga sexual. Incluso tenemos unos conocidos versos, dedicados a una de sus muchachas, que abandona la academia porque viene a buscarla su prometido para llevarla a su casa y convertirla en mujer:

Semejante a los dioses me parece

ese hombre que ahora se sienta frente a ti

y tu dulce voz a su lado escucha

mientras tu le hablas

Versos poco propios de una “lesbiana” hardcore”.

Según el siempre cómico Kenneth J. Dover, Safo caracteriza al hombre como “semejante a los dioses”, no porque admire su belleza, su masculinidad, su porte o su fuerza sobrehumanas, sino porque es “imperturbable”, “inimaginablemente afortunado”, porque “ha captado el interés sexual de la joven” y “no se desmaya ante su belleza” (no es broma, Mr. Dover dice exactamente estas palabras, en “Greek homosexuality“[hoxuality], página 178).

Pero el hecho más incómodo en la vida de Safo es que, aparte de ser madre (tenía una hija llamada Cleis) y además de ser esposa, murió suicidada por amor… hacia un hombre, un marino de nombre Faón que, al parecer, no la correspondía con la misma intensidad. El lector ha leído bien: la “mayor lesbiana de todos los tiempos”, la “madre fundadora del lesbianismo“, se suicidó por amor… hacia un hombre.

Otro asunto bastante revelador, y que viene a heterosexualizar [ortosexualizar] cada vez más la academia de Safo, es que las discípulas de Lesbos fueron las que desarrollaron el culto religioso a Adonis, un héroe mitológico que personificaba la belleza del hombre joven y que aun hoy día se emplea para designar a un hombre extremadamente bello. No deja de ser incómodo para los mitólogos hoxuales modernos que el supuesto epicentro del “lesbianismo” griego rindiese culto a una figura que representaba el máximo extremo alcanzable por la belleza masculina.

Todo esto por no hablar de que, a juzgar por los versos de Safo, su academia estaba muy lejos de ser un paraíso de las camioneras tatuadas, con piercings y con corte de pelo de marinematatalibanes que hoy decoran el panorama “lésbico“, ya que era un reducto de feminidad idílica, incorrupta y pura, en el que la llegada de un hombre viene a señalarles a las chicas que la adolescencia ha terminado y que ahora deben poner al servicio de su estirpe toda la feminidad cultivada.

¿De dónde viene, pues, lo de “lesbiana“, si no hay nada que sugiera entre estas muchachas una relación más allá de una gran hermandad? Viene, de nuevo, del círculo hoxual de Oxford liderado por Walter Pater y, más recientemente, de autoproclamados “especialistas en sexualidad griega” como el francés Yves Battistini (1922-2009). Este “especialista”, como ejemplo del colmo de la manipulación, se encontró con un verso que rezaba προς δ’αλλον τινα χασκει (“pros d’allon tina haskei“). Esto, traducido como es debido, viene a ser “hacia otra persona ríe”. Sin embargo, este falsificador premeditado lo tradujo como “pero el objeto de su pasión es otra cosa, una muchacha”.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Lesbia, pero no lesbiana: Safo de Lesbos se suicidó por un hombre, lo cual es acaso el acto más extremo que puede llevarse al cabo por amor heterosexual [ortosexual]. Que descanse en paz sin que profanen su memoria.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

pág. 096:

LIMPIAR NUESTRO VOCABULARIO

El vocabulario moderno concerniente a la hoxualidad está fundamentado en dos mentiras: la mentira de la palabra gay y la mentira de la palabra lesbiana.

Gay” significa (más bien significaba) en inglés, “alegre”.

Lesbiana” ya hemos visto que hace referencia a la isla griega de Lesbos, donde enseñaba Safo y, como he explicado, esa mujer de “lesbiana” tenía más bien poco.

Pederastia” procede de Paiderastia, ni siquiera significaba pedofilia, sino el maestrazgo de un muchacho. Del mismo modo, erastes y eromenos deberían traducirse como “amante” y “amado” sólo si se especifica de algún modo que estamos hablando de un amor platónico y, por tanto, casto.

Por estos motivos, las conductas sexuales entre personas del mismo sexo deberían llamarse sencillamente “homosexuales”[ó mejor, hoxuales], ya sean masculinas o femeninas, y cuando no, echar mano del rico y variado surtido de vocablos que, por nacer espontáneamente del alma popular, son auténticos, a diferencia de los siniestros y orwellianos palabros “políticamente correctos”, forzados por la industria de los medios de comunicación y por los grupos de presión de hoxuales americanos.

pág. 098:

ALGUNAS CLAVES DE LA MENTALIDAD “hoxual” MODERNA

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Pinchar en los links para acceder a este libro por partes:

I,   –   II,   –  III,   –  IV,   – V,   –  VI   – y   –  VII  .

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Es imposible entender la distorsión de estos mitos si no indagamos un poco en las mentes que los distorsionaron. Ya dice Rafael Pi en su libro “Los gays, vistos por un hetero” que los homosexuales, ilusos al cuadrado, por el tipo de ambiente pseudo-marginal en el que se mueven, necesitan ver, y de hecho ven, “señales” de hoxualidad en todos lados, razón por la cual les encanta la ambigüedad y los segundos sentidos. En el 99% de los casos, esas señales están sólo en sus cerebros. Es normal que quienes participen en desfiles y vayan a locales gays [gallis]y tengan infinidad de parejas sexuales al año, acaben viendo señales de hoxualidad hasta en los enchufes de las paredes. Que si Sherlock y Watson, que si Batman y Robin… ¿Pero dónde está la hoxualidad? La respuesta más frecuente suele ser “Jo, es que se nota“. No, no se nota. Está en su mente, y su mente está influenciada poderosamente por la variedad de experiencias sexuales que han mantenido con el mismo sexo, lo cual acaba haciéndoles creer que se trata de algo normal. Esto es lo que provoca que, cada año, un número importante de hoxuales sea agredido, no gratuitamente, sino porque su predisposición a ver señales de hoxualidad donde no las hay los predispone también a verse envueltos en reacciones violentas.

Así, del mismo modo que necesitan creer en imaginarios “reductos gays” [gallis] como según su mitología lo serían los barcos, los cuarteles, los internados, los monasterios o las cárceles, necesitan también saber que existió en algún sitio un paraíso marica, una tierra santa de la hoxualidad alocada, donde “todo Cristo” vivía fuera del siniestro y encajonado “armario” de la heterosexualidad [ortosexualidad] y donde uno podía petarle el ojete al primer efebo que pasase sin que una turba espumeante lo linchase por ser péfilo y enfermo mental. ¿Y qué mejor tierra santa que Grecia, un respetado modelo de civilización y raíz de todo lo clásico en Occidente?

Otra de las claves psicológicas recurrentes en la mente del “homogayer” moderno es que persiste en creer que dentro de cada hombre hay una maricona redomada ansiosa por salir del “armario”, y es incapaz de aceptar que sencillamente la hoxualidad es algo que la gran mayoría de hombres rechaza de pleno y considera como antinatural, cuando no repugnante. Para estos individuos, Grecia sería supuestamente el ejemplo de que todo hombre debería ser hoxual y “salir del armario“.

No creo, en la mayoría de los casos que hemos visto más arriba, que los autores hayan manipulado intencionalmente los datos. Pienso que ellos creían sinceramente que estaban ante muestras de hoxualidad y que sólo ellos eran capaces de entender las “claves ocultas”; se les encendió la bombilla y se dedicaron a escribir páginas y páginas de pura especulación infundada, a partir de “indicios” que, simplemente, no eran tales. Rechazar este entramado de mentiras no es hofobia, es defender la verdad y la identidad sexual natural (a la cual debemos nuestra existencia presente y de la cual depende la supervivencia futura de la especie humana ) que se nos adjudica biológicamente junto con nuestro sexo en el momento de ser concebidos, y negarse en rotundo a aceptar una mentira, por pequeña que sea.

Pág. 101:

¿POR QUÉ TANTA MENTIRA, TANTA ACEPTACIÓN Y TANTA HIPOCRESÍA?

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

“El otro día leí en la revista “Interviú” que los griegos se petaban el cacas entre ellos y se hacían colacaos en el ojai, y lo vi también por la pelelevisión en un programa de tertulias de babuinos monosabios, y desde entonces no hago más que decirlo por todas partes y difundirlo por Internet… incluso en la Güiquipedía.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Hoy en día, tenemos todo un entramado social de profesores decadentes e “intelectuales” hoxuales que, jaleados y subvencionados por un sistema volcado en promover la disgregación social y la nivelación de un “rebaño global” dócil, sin identidad y sin jerarquías, apto para ser sojuzgado fácilmente, se dedican a vivir sus enfermizas fantasías a costa de la historia de una gran y bella civilización europea, cuyo nombre he querido limpiar.

La mentira es propagada sin más, las fuentes mencionadas son deliberada y nerviosamente ignoradas por aquellos que quieren comparar una civilización antigua, luminosa, jerárquica y aristocrática con ciertos fenómenos decadentes de la vida moderna. El lobbyhoxual de Estados Unidos es tan poderoso que no sólo han procurado justificar la hoxualidad y des-clandestinizarla, sino de que un tiempo a esta parte vienen predicando poco menos que todos los grandes hombres históricos eran hoxuales, hasta el punto de que resulta difícil encontrar a un personaje notable que no fuera maricón. En vez de remitirse a los hechos y a la historia, los propagadores de la mentira escriben, por poner un ejemplo, “Leonardo Da Vinci era homosexual”[hoxual], cuando lo apropiado sería, en todo caso, “Mi opinión personal es que Leonardo Da Vinci era homosexual [hoxual] (y no tengo ninguna prueba salvo mi opinión)”.

¿Por qué ha pasado todo esto? La respuesta es que el mundo, especialmente el mundo europeo, viene sufriendo un proceso de estrogenización y afeminamiento gradual de los valores, de los cuerpos y de las mentes e ideas. Existen ciertos grupos de poder, especialmente grupos de poder económico, financiero y mediático, bien relacionados con el sionismo internacional, que consideran que las identidades (especialmente las identidades de la Civilización Occidental) y sus instituciones (especialmente la familia y las Fuerzas Armadas), se interponen en sus planes de lograr un rebaño internacional fácilmente manipulable y despojado de identidad ―en suma, la identidad, el poder del grupo, del “yo soy”, resulta ser un obstáculo en la consecución de una esclavitud mundial. Y para demoler tal obstáculo, los círculos del poder internacional conceden su apoyo a todos los círculos que tienden a desestabilizar todo lo “tradicional” y a destruir todas las identidades humanas del planeta, ya sean raciales, nacionales, religiosas, sexuales, familiares, etc. Promoviendo el mito de la hoxualidad griega, esos grupos de poder matan dos pájaros de un tiro: por un lado promueven la disgregación sexual y la inevitable disolución social que sigue a ésta tarde o temprano, y por el otro, contaminan también uno de los grandes puntos de referencia de la identidad europea y de cualquier renacimiento occidental.

Por otro lado, los grupos hoxuales, que naturalmente desean ver sus inclinaciones extendidas y reconocidas, desean que su gente no se sienta despreciada ni minusvalorada por la historia y la sociedad. Y puesto que los helenos son un modelo de civilización para muchos, ¿qué mejor modo de justificar la hoxualidad que conectándola con la grandeza y belleza de la civilización griega? ¿Qué mejor manera de proporcionar cobertura a algo repugnante para la mayor parte de la sociedad que invocando a la Hélade, admirada y respetada en todo el mundo? No pocos se basan en la supuesta hoxualidad griega para predicar la legalización y tolerancia de la hoxualidad. Estas buenas gentes deberían saber que, históricamente, la poligamia y las relaciones sexuales con mujeres menores de edad, estaban infinitamente más extendidas que la hoxualidad. ¿Significa eso que deberíamos correr a legalizarlas?

En suma, este artículo no es sino un ejemplo de que la cultura, leer las obras originales, siempre evitará que venga álguien a decirnos qué es lo que debemos pensar respecto a algo. Esto va por todos, y para cualquier caso: no aceptéis lo que os digan gratuitamente en cualquier revista o cualquier página web. Desgraciadamente, lo que viene ocurriendo es que si uno quiere fiabilidad, debe correr a averiguarlo por su cuenta.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

pág. 106:

Para sobrevivir a la contaminación biológica y la molicie impuesta por la civilización, la especie deberá estar constituida por hombres-macho y mujeres-hembra, y cuando no corresponda a estos dos arquetipos dadores de vida y procreadores de belleza y de amor, debería simplemente quedar fuera de cualquier plan biopolítico serio. “Familia nórdica“, Wolfgang Willrich.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Fuente: (24/06/2011 17:47 Europa Soberana #. Historia)

http://europa-soberana.blogia.com/2011/062406–homosexualidad-en-la-antigua-grecia-el-mito-se-esta-derrumbando.php

FIN////////////////////////////////////////////////////////////////

la sexualidad en la Hélade (IV)

16 de enero de 2012

la sexualidad en la Hélade (IV)

Posted on 15 15UTC enero 15UTC 2012by

LAS LEYES Y LA MORALIDAD EN GRECIA

p. 048:

Gea (o Gaya) era la equivalente griega de la Terra (o Tellus) romana y la Erda germánica, y consorte de Urano, el gran progenitor celeste. Se la relacionaba con el matrimonio, los embarazos y la fertilidad de las mujeres. Seguramente Luciano de Samóstata se refiere a ella cuando habla de una “madre primordial”.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

p. 041:

En este apartado veremos una serie de citas que atestiguan una clara hofobia, certificando que hubo Estados griegos, y de los más importantes, que prohibieron la hoxualidad con penas durísimas, y que en tal caso, mal se puede hablar de que la hoxualidad estaba “comúnmente aceptada”, que constituía una “institución social” o que Grecia era una inmensa barriada gay [galli], que es lo que nos hacen creer hoy en día el Sistema Educativo y los Medios de Comunicación.

En su “Contra Timarco”, el orador Esquines (389-314 AEC) nos relata las famosas Leyes de Solón, entre las cuales hay una que nos interesa por su hofobia:

Si algún ateniense tiene etairese [compañía del mismo sexo], no se le permitirá:

-convertirse en uno de los nueve arcontes

– desempeñar el trabajo de sacerdote

– actuar como magistrado del Estado

– desempeñar cargo público alguno, ni en el hogar ni en el extranjero, ya sea por elección o por sorteo

– ser mandado como heraldo

– tomar parte en debates

– estar presente en los sacrificios públicos

– entrar en los límites de un espacio que ha sido purificado para la congregación del Pueblo

– si alguien que se ha involucrado en actividades sexuales ilegales como las descritas, o ejerce una de estas actividades, será ejecutado.

El discurso de Esquines toma tintes cada vez más “ultraderechistas” cuando invita a los jueces a recordar a sus antepasados atenienses, “severos hacia toda conducta vergonzosa”, y que consideraban “preciada” la “pureza de sus hijos y sus conciudadanos”. Asimismo, elogia las radicales medidas espartanas contra la hoxualidad, mencionando el dicho según el cual “es bueno imitar la virtud, aunque sea en un extranjero”.

Como se ve, esta ley de la “progresista” y “avanzada” democracia ateniense, hoy en día sería calificada de “homófoba” y “fascista”, (…): incluso Atenas, acaso el Estado griego más “liberal”, sólo permitía votar exclusivamente a los ciudadanos, es decir, a varones mayores de edad descendientes de las familias autóctonas, que hubiesen superado durísimas pruebas físicas (estamos hablando de proezas deportivas que hoy no cumpliría ni el 1% de la población) y que estuviesen dispuestos a salvaguardar la integridad de la polis ateniense con sus armas y con su sangre.

Por su parte, Demóstenes (384-322 AEC), un político y orador ateniense, enumera alguna medida hófoba similar en su “Contra Androcio” (30), cuando especifica que quienes hayan tomado parte en actos de “sodomía” “no tendrán el derecho a hablar [en público] ni a presentar un caso ante un juzgado”.

La conclusión derivada inevitablemente de estas citas es que a los hoxuales atenienses que eran reconocidos, se les privaba de asistir a eventos políticos, culturales, religiosos o populares de cualquier tipo, y se convertían en ciudadanos de segunda (metoikos).

El caso de Platón (427-347 AEC) me hace bastante gracia, por un lado porque siempre elogia las medidas espartanas (que, como veremos, eran hófobas, autoritarias y “fascistas”) y, por otro, porque está todo el tiempo hablando sobre la importancia de la “continencia”, la “abstinencia”, la “moderación”, el “autodominio” y la mesura; hasta tal punto otorga importancia al control de los instintos y del placer, que cualquiera hoy en día lo consideraría un “rancio” de la vida, y que aun se sigue considerando al “amor platónico” como un amor idílico, desprovisto de carácter sexual ―como podría serlo, por ejemplo, el expresado por el poeta renacentista Petrarca hacia una etérea “amada” que no parece de este mundo, o el que sentía Hitler hacia una joven llamada Estefanía, estando en Linz: se trataba de un amor ascético y ritual, que catalizaba la excelencia del espíritu y que no necesariamente coincidía con el amor físico.

Entrando ya en materia, abrimos las “Leyes” de Platón para encontrarnos con esto:

Cuando el varón se une con la mujer para procrear, el placer experimentado se supone debido a la Naturaleza [kata physin], pero es contrario a la Naturaleza [para physin] cuando un varón se aparea con un varón, o una mujer con una mujer, y aquellos culpables de tales enormidades están impulsados por su esclavitud al placer. Todos censuramos a los cretenses por haber inventado el mito de Ganímedes. (636c).

Más adelante, el anciano ateniense da dos posibles opciones para una legislación en sentido sexual:

Podríamos forzar una de dos en las prácticas amatorias: o que nadie ose tocar ninguna persona nacida de los nobles y libres excepto el marido a su propia esposa, ni a sembrar ninguna semilla profana o bastarda en concubinato, ni, contra la Naturaleza, semilla estéril en varones ―o deberíamos extirpar totalmente el amor por varones. (841ce).

En “Fedro”, Platón habla sobre cómo los hosexuales deben temer que se les descubra, cosa que no sería lo normal en una sociedad donde la hoxualidad es una “institución social”, como declaran los ilusos autores hoxuales que hemos visto:

Tenéis miedo de la opinión pública, y teméis que si la gente se entera [de vuestro asunto amoroso], seréis repudiados. (231e).

Otra traducción reza:

Temes a la costumbre imperante, según la cual, si la gente se entera, caería sobre ti la infamia.

Por su parte, Plutarco, un autor ya posterior (46-120 EC), contrasta en su “Erótica” la unión “natural” entre hombre y mujer con la “unión con hombres, contraria a la Naturaleza”, y unas líneas después dice de nuevo que quienes “cohabitan con hombres” lo hacen para physin, es decir, contra la Naturaleza (751ce).

Otro escritor ya de la época romana, Luciano de Samóstata (125-181 EC), en su obra “Erotes” (“Amores”), tiene numerosas perlas hófobas, entre las que se pueden destacar algunas, aunque lo recomendable es leer la obra entera, que es un debate entre el amor por varones y el amor por mujeres, en el que el autor se posiciona claramente a favor del “divino Platón” y de la opción “heterosexual“[ortosexual]:

Puesto que una cosa no puede nacer de una sola fuente, a cada especie ella [la “Madre Primordial“] la ha dotado de dos géneros, el macho, a quien ha dado el principio de la semilla, y la hembra, a la que ha moldeado como recipiente para dicha semilla. Ella los junta por medio del deseo, y une a ambos de acuerdo con la saludable necesidad, para que, permaneciendo en sus límites naturales, la mujer no pretenda haberse convertido en hombre, ni el hombre devenga indecentemente afeminado. Es así como las uniones de hombres con mujeres han perpetuado la raza humana hasta el día de hoy… (19).

En el principio, cuando los hombres vivían imbuidos con sentimientos dignos de héroes, honraban aquella virtud que nos hace semejantes a los dioses; obedecían las leyes fijadas por la Naturaleza y, juntándose con una mujer de edad apropiada, padreaban niños virtuosos.

Pero poco a poco la raza cayó desde esas alturas al abismo de la lujuria, y buscó placer por caminos nuevos y errantes. Finalmente, la concupiscencia, atravesando todas las barreras, transgredió las mismísimas leyes de la Naturaleza. Más aun, el primer hombre que miró a su semejante como si de una mujer se tratase, ¿podría haber sino recurrido a la violencia tiránica, o al engaño? Dos seres del mismo sexo se encontraron en una cama; cuando miraron el uno al otro, ninguno de los dos se sonrojó por lo que uno hizo al otro, o por lo que había sufrido que le hicieran. Sembrando su semilla (como dice el dicho) sobre rocas estériles, trocaron un ligero placer por una gran desgracia. (20).

Podríamos continuar diciendo que en no pocas comedias teatrales (como por ejemplo Aristófanes) se utiliza un lenguaje extremadamente soez para despreciar a los hoxuales, especialmente a los que toman el papel pasivo del kataproktos. Si la hoxualidad era una práctica “estándar” griega, esto implicaría que el comediante estaría burlándose de la peor manera de todo su público masculino.

Sin embargo, toda la hofobia que hemos visto en este apartado palidece ante las leyes de la que era, con diferencia, la más hófoba y religiosa de todas las polis griegas: Esparta.

ESPARTA

Las disposiciones espartanas sobre los placeres me parecen ser las más bellas existentes entre los hombres.

(Megilo, en las “Leyes” de Platón, 637a).

El caso de Esparta es particularmente sangrante, porque existiendo evidencias sólidas de hofobia, algunos autores hoxuales han pretendido obviarlas para ver si colaba y, confiando ciegamente en la incultura de sus lectores, vendernos a Esparta como otro paraíso hoxual. Vayamos al grano, y para ello, saquemos un fragmento del Capítulo 14 de mi libro “Esparta y su Ley“:

El ritmo de vida que llevaba el varón espartano era de una intensidad como para matar a una manada de rinocerontes, y ni siquiera las mujeres de Esparta hubiesen podido soportarlo. Así pues, el mundo de la milicia espartana era en sí mismo todo un universo —un universo de hombres. Por otro lado, la intensa relación afectiva, el culto a la virilidad y la camaradería que se daba entre los componentes del binomio, entre maestro-alumno, en la falange de combate y en toda la sociedad —y que los débiles de nuestros tiempos no entienden ni podrán entender jamás—, sirvió para alimentar en nuestros días el falso mito de la hoxualidad. Y esto a pesar de que los componentes del binomio eran considerados hermanos, pues a cada espartano le habían inculcado que cada varón de su generación era hermano suyo.

Sobre esto, escribió Jenofonte:

Si alguien, siendo un hombre honesto, admiraba el alma de un muchacho e intentaba hacer de él un amigo ideal sin reproche y asociarse con él, aprobaba, y creía en la excelencia de este tipo de entrenamiento. Pero si estaba claro que el motivo de la atracción era la belleza exterior del muchacho, prohibía la conexión como una abominación, y así erastes y eromenos [1] se abstenían de los muchachos no menos de lo que los padres se abstienen de relaciones carnales con sus hijos, o hermanos y hermanas entre ellos. (“Constitución de los lacedemonios”, II, 13). >>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>> pág. 104 (NOTAS)

Aquí hemos visto que tal relación entre hombre y adolescente en Esparta era del tipo maestro-alumno, fundada en el respeto y la admiración, y constituía un entrenamiento, un modo de aprender, una instrucción a su manera. La sacralidad de la relación maestro-alumno o instructor-aspirante, ha sido impugnada por el Sistema desde hace tiempo, igual que la camaradería. Y sin embargo, ambos tipos de relaciones son el fundamento de la unidad de los ejércitos. Hoy en día, los niños crecen a la sombra de la influencia femenina de las maestras, incluso hasta la adolescencia. Es difícil saber hasta qué punto la falta de influencia masculina limita sus voluntades y sus ambiciones, convirtiéndoles en seres mansos, maleables y manipulables, que es lo que al Sistema le conviene.

Otros hablaron sobre la institución espartana del amor de maestro a discípulo, pero siempre dejaron claro que este amor era “casto”. El romano Aelio dijo que si dos hombres espartanos “sucumbían a la tentación y se permitían relaciones carnales, debían redimir la afrenta al honor de Esparta yéndose al exilio o acabando sus propias vidas”. Lo cual significaba básicamente que la pena por hoxualidad en Esparta era la muerte o el exilio (considerado en aquellos tiempos peor que la misma muerte).

Tenemos otra muestra del carácter platónico de las relaciones maestro-alumno en Esparta en las “Disertaciones” de Máximo de Tiro (en torno a 180 EC), en las que escribe que “Cualquier varón espartano que admira a un muchacho laconio, lo admira únicamente como admiraría una estatua muy hermosa. Pues placeres carnales de este tipo son acarreados sobre ellos por Hubris y están prohibidos” (20e). Hubris o Hybris se consideraba un estado del alma o un demonio que precipitaba al hombre mortal hacia la soberbia, la prepotencia y la ignorancia para con los dioses y sus leyes, incitándole a cometer actos sacrílegos que atentan contra el orden natural sagrado. El mito de Layo y Edipo que vimos más arriba es quizás el ejemplo perfecto de “Hubris absoluto” (violar al hijo de un rey anfitrión, matar al padre, tener hijos con la madre) y de la relación kármica de este concepto de “pecado” o sacrilegio con Aidós y Némesis.

p. 052:

A pesar de cuanto hemos visto aquí, en la sacrosanta y santosacra Güiquipedia hay toda una sección dedicada a la pefilia en Esparta, y lo cómico del asunto es que los escritores (quienes son pro-péfilos ellos mismos y deberían ser encarcelados por promover y justificar semejante perversión) no dan jamás pruebas evidentes de la presunta hoxualidad existente en la leyes y en la moralidad de Grecia (como acabo de dar yo pruebas evidentes de la hofobia allí existentes) ni mencionan fuentes originales (es más, las evitan a toda costa), sino que se dedican a deleitar su imaginación mediante la simple especulación barata, escribiendo verdaderas burradas sin parar, e “imaginándose” señales de hoxualidad donde cualquier persona sana y normal sólo ve amistad, camaradería, afecto y sí: amor, amantes y amados ―pero en ningún caso amor carnal.

Pág. 054:

SUPUESTAS PAREJAS “hoxuales” Y EJEMPLOS EN LA MITOLOGÍA E HISTORIA DE GRECIA

La mitología no hay que tomarla al pie de la letra porque no es “historia” propiamente dicha, pero lo que sí hay que hacer es concederle la importancia que se merece, porque en ella vienen plasmadas las creencias, la mentalidad y el bagaje de valores de toda una civilización, y nos ofrece la clave de su psicología, de sus ideales y de sus sentimientos, es decir, de lo que realmente movía a aquellos individuos de antaño.

Si los antuguos griegos eran supuestamente hoxuales, quiero pruebas además de las paranoias de unos autores hoxuales que escribieron bajo los efectos de la marihuana en plena época hippie. Y es que el caso de los gays [gallis] modernos, que abren un libro de historia y ven gays [gallis]hasta en las páginas en blanco, me recuerda bastante a los afrocentristas y supremacistas negros, que ven “civilizaciones negras” hasta en el Antiguo Egipto. Tales afirmaciones sólo pueden prosperar en un entorno ignorante. Pero remontándose a las fuentes literarias originales, cualquiera puede auto-liberarse de su ignorancia e inseguridad en este tema ―y de tener que creerse a pies juntillas lo que escriba algún hoxual americano en su apartamento neoyorkino sembrado de consoladores, grilletes, tubos de vaselina y material “sadomaso“.

Aquiles y Patroclo

Aquiles y Patroclo acaso son la supuesta pareja hoxual más conocida del mundo griego. Según las presiones del “lobby gay” americano, estos dos hombres eran amantes hoxuales, y por tanto, sin ningún tipo de duda, se acostaban juntos y practicaban el noble, puro y respetable arte del “cola-cao“.

Pues bien: una vez más creo que lo mejor será, como personas letradas y preocupadas que somos, comprobarlo de primera mano, remontándonos a las siempre verídicas y siempre respetables fuentes originales, escritas no por los mencionados marikas de Nueva York, sino por los griegos de la Antigüedad. ¿Y qué mejor fuente que la mismísima “Ilíada” donde se narra la cólera de Aquiles contra Agamenón, por haberle robado éste a Briseida, su esclava favorita (cólera poco propia de un hoxual, ciertamente)? Veamos pues, sin más dilación, qué tiene que decirnos la “Ilíada” acerca de la “homosexualidad” [según el citado lobby] de Aquiles y Patroclo. Señores, nos vamos al Canto IX de susodicha obra.

Aquiles durmió en lo más retirado de la sólida tienda con una mujer que trajera de Lesbos: con Diomeda, hija de Forbante, la de hermosas mejillas. Y Patroclo se acostó junto a la pared opuesta, teniendo a su lado a Ifis, la de bella cintura, que le regalara Aquiles al tomar la excelsa Esciro, ciudad de Enieo. (657-668).

Después de leer “estas aladas palabras”, nosotros, “con torva faz”, les preguntamos a todos los que defienden la supuesta hoxualidad de Aquiles y Patroclo sin más prueba que sus propios delirios de locuela de carnaval: ¿dónde, oh dónde, veis hoxualidad, almas cándidas? Si Aquiles y Patroclo eran amantes, ¿por qué se acuestan cada uno en el lado opuesto de la tienda… con una mujer cada uno? ¿Es que no deberían acostarse uno con el otro, entre ellos? ¿Dónde veis que el “amor” de Aquiles y Patroclo sea algo sexual, más allá de una intensa amistad o amor platónico entre hermanos de armas?

Eso por no mencionar que el comportamiento de Aquiles en toda la saga de Troya es, hablando en plata, de Macho Alfa al cuadrado. Se precia de haber tomado, arrasado y saqueado numerosas ciudades, de matar a infinidad de hombres y de esclavizar y poseer a sus mujeres y a sus hijas. Monta en cólera cuando Agamenón se apropia de Briseida, su esclava favorita, y cuando los aqueos quieren que Aquiles vuelva a la lucha, no le tientan con jóvenes efebos (cosa que sería lo normal para un hombre que “se casa para procrear pero se lía con hombres para divertirse”, como reclaman los hoxuales), sino con infinidad de esclavas hermosas, vírgenes y “expertas en intachables labores”, además de otra serie de presentes materiales de gran valor que no vienen al caso. Patroclo, mayor que él, y más prudente que él, es meramente su maestro y su iniciador además de su amigo, y la actitud que tiene con Aquiles es como la de un hermano mayor. La intensidad de las aventuras vividas en torno a la guerra había forjado entre ellos un vínculo de camaradería y amistad especialmente intenso, cosa que queda muy clara cuando, a la muerte de Patroclo a manos del héroe troyano Héctor, Aquiles se hunde en la más tremenda desesperación. Se alega que la reacción de Aquiles es demasiado fuerte como para que se tratase de una relación de mera hermandad, pero más adelante en la “Ilíada”, el rey Príamo coge tan tremenda aflicción cuando su hijo Héctor cae bajo la lanza de Aquiles, que se revuelca en los excrementos de los animales, cosa que demuestra cómo para los griegos el amor erótico nada tenía que ver con la desesperación por la pérdida de un ser querido.

Creo, en fin, que el ejemplo de Aquiles y Patroclo representa muy bien la imbecilidad generalizada en nuestra sociedad, y cómo los “medios de comunicación” y el lobby gay de Estados Unidos le toman el pelo descaradamente a la inculta y mal informada opinión pública occidental, abusando de ella mediante la sencilla, despreciable, antigua, detestable y deleznable práctica de la mentira.

Zeus y Ganímedes

Según ciertos círculos, Zeus y Ganímedes son otra de las “parejas hoxuales por excelencia” del panorama olímpico. Veamos el mito detenidamente.

Ganímedes era un príncipe troyano que, recién salido de la adolescencia, vivía una transitoria etapa de cazador-recolector en un entorno salvaje, cosa común en la Grecia tradicional (Esparta también tenía esta costumbre) como ritual de tránsito para marcar la llegada de la hombría. Impresionado por su porte, Zeus se convierte en águila y lo rapta en el monte Ida, llevándolo al Olimpo para ser el copero de los dioses.

¿Qué significa “copero”? ¿Stripper? ¿Gogó? ¿Travelo a domicilio acaso? ¿Gigoló ambulante quizás? ¿Locuela de carnaval, tal vez?

No.

“Copero”, como su propio nombre apropiadamente indica, significa el que sirve las copas. Y sólo a un iluso se le podría ocurrir que los dioses y diosas hubieran querido que un feo les repartiese el néctar. Que los dioses buscasen a un “camarero” lo más físicamente bello es bastante comprensible, ya que no eran los dueños de un tugurio barato, sino los reyes supremos del mismísimo Olimpo, y debemos recordar que, de todos los pueblos habidos, los griegos fueron con diferencia los que le concedían mayor importancia a la belleza física, relacionándola inevitablemente con la divinidad ―por lo cual el joven más bello del mundo debía, por fuerza, ascender a la patria de los dioses y ser inmortal a su lado como uno más. [2]>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>pág 104 (NOTAS)

Lo que pretendo dejar claro con esto es que los autores que le colocan rápidamente la etiqueta de hoxual al mito de Ganímedes desde su apartamento urbano sofisticado y del Siglo XXI, están incurriendo en un error garrafal: juzgar un mito que tiene milenios de antigüedad siquiendo patrones psicológicos de la mentalidad moderna.

Veamos, por si acaso, qué dice Homero al respecto de Ganímedes:

… y éste dio el ser a tres hijos irreprensibles: Ilo, Asáraco y el deiforme Ganímedes, el más hermoso de los hombres, a quien arrebataron los dioses a causa de su belleza para que escanciara el néctar a Zeus y viviera con los inmortales. (“Ilíada”)

Así, el prudente Zeus robó al rubio Ganímedes por su belleza, para que estuviera entre los inmortales y en la morada de Zeus escanciara a los dioses, ¡cosa admirable de ver! Ahora, honrado por los inmortales, saca el dulce néctar de una cratera de oro. (“Himno a Afrodita”).

Que levante la mano el que, en vez de leer “escanciar néctar” y “sacar néctar de una crátera de oro”, haya leído “poner el culo en pompa y untarse de vaselina para dejarse porculizar por todo el Olimpo”. ¿Dónde, pues, están las señales de hoxualidad en este mito? En la mente de quienes se lo inventaron de la nada, y de quienes se han tragado la mentira a pies juntillas y sin hacer preguntas. Repito: Zeus lo hace copero, es decir, quien sirve las copas. Yo no he visto en el mito que Zeus cohabitase con él carnalmente ni una sola vez, ni que lo viole, ni que le acose, ni que se le caiga el jabón, ni que le ordene agarrarse los tobillos o subirse los calcetines, ni que lo mande rezar cara a La Meca, ni absolutamente nada por el estilo.

Los habrá que contesten, para justificarse o para darse importancia, que las señales están “ocultas” y “en clave simbólica”. Es bien sabido que a los hoxuales les encanta la ambigüedad, puesto que enciende su imaginación ―pero la realidad es que la mitología griega es bien explícita cuando habla de estos temas: suele hablarse de “poseer”, “subir al lecho”, “unirse en el amor”, etc., y cuando hay alguna duda, el hecho de que se hayan engendrado hijos la despeja de modo definitivo. En esta leyenda, como en tantos otros supuestos “mitos hoxuales” no tenemos absolutamente nada por el estilo. ¿Por qué iban los autores de tales mitos a cubrirlos de ambigüedad, y más si procedían de una sociedad en la que la hoxualidad “se aceptaba y se daba por hecho”? La respuesta es que la hoxualidad pefílica está sólo en la imaginación de algunos de los hoxuales que han leído tales mitos, y que, subvencionados por el sistema oficial y apoyados incondicionalmente por su ejército de críticos literarios neoyorkinos, se han dedicado a difundirlo de un modo tan virulento que ahora cualquier persona sin criterio propio lo toma como una verdad.

Pues bien: debido a esto, y a pesar de la apabullante falta de evidencia de que Zeus en cualquier momento practicara “sexo anal” con Ganímedes, una búsqueda rápida en el Gúguel [es decir, Google] revelará docenas de páginas que hablan de “homosexualidad”, “mito pederástico”, etc. Asimismo, cualquiera que entre en la Güiquipedia [Wikipedia] verá cómo algún hoxual se ha sacado de la chistera que Ganímedes “fue hecho amante de Zeus”, sin más evidencia para ello que sus propias suposiciones, influenciadas inevitablemente por su orientación sexual minoritaria y su deseo de dar legitimidad histórica a algo que nunca la tuvo.

Por lo demás, y como veremos enseguida, Zeus es un dios que rapta, viola, se enrolla, etc., con docenas, por no decir cientos y miles de diosas y mujeres mortales, (en la “Iliada” casi da la sensación de que hay pocos soldados, reyes y héroes que no desciendan de él) tras convertirse en toro, cisne, lluvia, rayo de sol, etc. En cada caso, acarrea los celos y la ira de Hera, su esposa, diosa del matrimonio monogámico que parece estar en conflicto con los insaciables impulsos poligámicos del omnipotente padre celeste procreador, cuyo comportamiento puede describirse quizás como “extremadamente heterosexual”[ortosexual] o “de Macho Alfa”.

Apolo y Jacinto

En la mitología griega, Jacinto era un bello y fuerte príncipe espartano al que el dios Apolo había tomado bajo su protección para enseñarle a convertirse en un hombre. Según Filóstrato, Apolo enseñó a Jacinto a tirar con arco, a tocar la lira, a moverse y sobrevivir en bosques y montañas, y a destacar en las diversas disciplinas deportivas y gimnásticas, con lo cual queda claro su papel de maestro e iniciador, no sólo de Jacinto, sino de toda Esparta, ya que Jacinto fue transmitiendo a su vez los conocimientos adquiridos del dios a sus compatriotas. Durante una de estas prácticas, el dios y el muchacho estaban turnándose en lanzamiento de disco. En un momento dado, Apolo lo lanzó y Jacinto, para impresionarlo, intentó atraparlo, pero al caer del cielo, el disco rebotó contra el suelo, lo alcanzó en la cabeza y lo mató. Apolo, afligido, no permitió que Hades reclamase al muchacho, y con su sangre, creó la flor del jacinto.

¿Alguien ha visto hoxualidad explícita en el mito? ¿Hay alguna intervención de Eros o de Cupido? Pregunto, ¿hay alguna cosa que sugiera que entre Jacinto y Apolo mediaba otra cosa que el amor que puedan profesarse dos buenos hermanos o compañeros de fatigas? Quien tenga alguna prueba que aportar, que hable ahora o calle para siempre. Después de leer lo que tienen que decir al respecto de Jacinto autores como Heródoto (“Historias”), Pausanias (“Descripción de Grecia”), Luciano (“Diálogos de los dioses”), Filóstrato (“Imágenes”) y algunos otros, no he encontrado absolutamente nada que dé a entender amor erótico, sino una profunda amistad de maestro-discípulo.

Pues bien, para una mente hoxual, el mito de Jacinto no sólo demuestra irrefutablemente hoxualidad perástica y relaciones sexuales anales, sino que demuestra también que toda Esparta practicaba la pefilia hoxual… ¡sólo porque la festividad de Jacinto era importante en Esparta! [3] Como ya hemos visto, Esparta estaba lejos de ser un paraíso del “arco iris” y, además, el comportamiento de Apolo en la mitología griega es sin duda “poco gay” [galli] (entre otras cosas, es el dios que maldice al kinaidos Layo a instancias de Pélope), como veremos más adelante. >>>>>>>>>>>>>>>>>>>pág. 104 (NOTAS)

Una versión alternativa explica que Céfiro, el viento del Oeste, bajó desde el Taigeto (el monte desde el cual los espartanos practicaban su eugenesia arrojando al vacío a todos los bebés que no eran sanos y fuertes) y desvió el disco por celos hacia Jacinto. Sin embargo, una vez más, no encontramos connotaciones eróticas por ningún sitio, como sí las encontramos en las relaciones entre Céfiro y la diosa Iris, de cuya unión nació precisamente Eros (según Alceo).

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

“Apolo y Dafne”, de Arno Brekker. Según la mitología griega, Apolo presumió en una ocasión de ser mejor arquero que Cupido (el famoso “angelito” que hiere a los mortales con el flechazo del amor a primera vista). Como venganza, Cupido le disparó a Apolo un dardo que lo llenó de amor hacia una ninfa de los árboles llamada Dafne. Pero a ella la hirió con una flecha de punta de plomo, que le provocó desprecio y una profunda repugnancia hacia el dios. Apolo, desesperado, la persiguió (conducta acaso poco propia de un hoxual), mientras que Dafne huyó despavorida. Implorando la ayuda de un dios, Dafne se convirtió en laurel en el mismo instante en el que Apolo la alcanzaba. Aunque algunos hoxuales acorralados dirán que se trata de una parábola sobre el “desencanto para con el sexo opuesto”, la realidad es que Apolo abrazó el árbol y, llorando, dijo “Dafne, mi primer amor”, desde lo cual el laurel fue sagrado para él.

El caso de Alejandro Magno

Alejandro Magno es una figura manipulada hasta extremos inverosímiles. Los judíos metiendo las narices para reclamar que se postró en el Templo de Salomón, la ex-república yugoslava de Macedonia diciendo que era eslavo y ahora los hoxuales reclamándolo como uno de los suyos. Por ello no es de extrañar que cuando salió la película Alejandro Magno en el 2004, un grupo de 25 abogados griegos amenazaran con denunciar a la Warner Bross y a Oliver Stone (el director de la película, hijo de un agente de bolsa judío de Nueva York) por distorsionar la historia a su conveniencia. En Grecia, la película estuvo en taquilla sólo 4 días y fue un completo fracaso comercial.

Antes que nada, es preciso recordar que los hechos sobre Alejandro Magno que han llegado hasta nuestros días, fueron escritos siglos después de muerto, y que por ello han de ser leídos con cautela. Sin embargo, como siempre, tenemos suficientes evidencias como para no tener que tragarnos lo que el hijo de un capitalista judío neoyorkino nos diga sobre un emperador macedonio . Así, todas las fuentes coinciden en describir a Alejandro Magno como un hombre muy contenido sexualmente, y en modo alguno promiscuo. De hecho, Plutarco (“Vida de Alejandro”) nos explica cómo Alejandro se ofende cuando un comerciante le ofrece dos muchachos jóvenes:

Escribióle en una ocasión Filóxeno, general de la armada naval, hallarse a sus órdenes un tarentino llamado Teodoro, que tenía de venta dos mozuelos de una belleza sobresaliente, preguntándole si los compraría. Alejandro se ofendió tanto ante la proposición, que exclamó muchas veces ante sus amigos en tono de pregunta: “¿Qué puede haber visto en mí Filóxeno de indecente y deshonesto para hacerse corredor de semejante mercadería?” E inmediatamente le respondió, con muchas injurias, que mandase al mercader tarentino al diablo, y su mercancía con él. Del mismo modo arremetió con severidad contra un joven llamado Hagnón, que le había escrito que quería comprar un muchacho llamado Cróbulo, famoso en la ciudad de Corinto por su belleza. (Plutarco, “Vida de Alejandro”, XXII).

En cuanto a su supuesto “lío” con su amigo Hefestión, de nuevo, absolutamente ninguna evidencia para suponer que los amigos de la infancia eran una pareja “sodomita“, y de hecho no existe historiador serio que afirme rotundamente que eran amantes, porque no hay dato alguno que lo sugiera y sería de lo más imprudente. Es más, de regreso en Susa, capital del Imperio persa, Alejandro dio a Hefestión por esposa a la princesa Dripetis, y él mismo desposó a Estatira, la hija mayor de Darío y hermana de Dripetis. También mantuvo relaciones con Barsine (quien le dio un hijo, Heracles) y con Roxana (“la mujer más bella de Asia”), quien le dio un hijo póstumo, Alejandro.

En cuanto al famoso beso al eunuco Bagoas, que a menudo es citado como si eso constituyese una prueba de hoxualidad, de nuevo, nos encontramos con lo que pasa cuando se juzga una costumbre antigua con una vara de medir moderna: malentendido asegurado.

Plutarco nos describe cómo Bagoas ganó un concurso de danza y baile, y cómo las tropas macedonias aclamaron pidiendo que Alejandro besase al muchacho (en la mejilla, nada que ver con el morreo hollywoodiense que nos quieren vender), a lo que el emperador accedió. Para empezar, hay que dejar claro que este incidente tuvo lugar tras cruzar el desierto de Gedrosia, y que todos los presentes en la ceremonia, Bagoas incluido, eran supervivientes de esa marcha, con lo cual resulta normal esperar que los soldados pidiesen una señal de respeto hacia el muchacho cuando éste ganó el concurso. Pero lo más importante es el significado del beso. A lo largo y ancho del mundo, y ya no digamos a lo largo de la Historia, los besos han tenido significados de diversa índole. En Japón tradicionalmente el beso sólo era cosa de madre a hijo, mientras que en Occidente, el beso ha tenido connotaciones ceremoniales y públicas como saludo o como señal de respeto, por ejemplo, en Roma (besos en manos, mejilla o labios) o en el primer cristianismo, en el que los fieles se besaban en la mejilla. En la antigua Persia, donde se encontraba Alejandro Magno, los hombres de rango similar se daban un beso en los labios, mientras que si había una diferencia de rango, el beso era en la mejilla. Sencillamente, lo que para nuestro contexto social es una mariconada, en el suyo no lo era, y una vez más, no podemos juzgar una costumbre antigua ni sacar conclusiones de ella (“eran hoxuales“) a base de razonar según los patrones psicológicos de una mentalidad moderna. Por lo demás, para sonsacar una relación sexual de un simple beso en la mejilla hay que echarle bastante fe, especialmente si es la única evidencia que se tiene.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

(Alejandro Magno)

Descansa en paz hasta que en Europa volvamos a necesitar mandos como tú.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

la sexualidad en la Hélade (III)

15 de enero de 2012

APODOS GRIEGOS PARA LOS “invertidos” u “hoxuales”

―SOBRE LA IMPORTANCIA DE AIDÓS

p.032:

La mayor parte de sociedades han proscrito y estigmatizado las prácticas sexuales estériles o aquellas que conllevaban riesgo de infecciones. La hoxualidad reúne ambas condiciones, ya que por un lado es incapaz de engendrar nueva vida, y por el otro, el orificio empleado no es precisamente la parte más limpia, sana o higiénica del cuerpo humano. En la Grecia antigua, que no era una excepción a esta regla general, no existían palabros modernos como “homosexual”[hoxual], “gay”[galli] o “heterosexual”[ortosexual]. Los “heterosexuales” [ortosexuales] eran sencillamente la gente normal que cumplía con lo que era natural, y para los hoxualesse reservaban una serie de vocablos, generalmente de significado altamente infamante e indigno:

 – Euryproktos:……………………….. culo abierto.

 – Lakkoproktos: ……………………..culo de pozo.

 – Katapygon, kataproktos: ……..homosexual pasivo.

 – Arsenokoitai: ……………………….homosexual activo.

 – Marikas:…………………………….. el que salta arriba y abajo.

 – Androgynus:………………………. hombre-mujer, “travelo”, afeminado, mariquita, ambiguo.

Kinaidos (κιναίδος): Causador de vergüenza. Deriva de kineo (mover) y Aidos (vergüenza, diosa del pudor, el respeto, la modestia, la reverencia, diosa acompañante de Nemesis y castigadora de las transgresiones morales). “Aquel que acarrea la cólera de Aidos”. Como veremos, el problema de Aidós es que siempre iba acompañada del cruel Némesis (Indignación), una divinidad vengadora que encaja bien en la noción de “karma” o de castigo por los pecados, y que revela que los griegos pensaban que todo aquel que hubiese incurrido en sodomía, tenía una espada de Damocles pendiendo pacientemente sobre su cabeza, para caer tarde o temprano. Pero el dato más relevador es que en el imaginario griego, Aidós iba asociada precisamente al ano:

 Cuando Zeus creó al ser humano y a sus propiedades del alma, las introdujo en cada ser humano. Sin embargo, dejó fuera a la VERGÜENZA (Aidós, reverencia, respeto, pudor, modestia). Puesto que no sabía dónde insertarla, ordenó que fuese insertada en el ano. La Vergüenza, sin embargo, se quejó de esto y se molestó, considerando que la petición de Zeus estaba por debajo de su dignidad. Puesto que se quejaba profusamente, la Vergüenza dijo: “accederé a ser insertada de este modo, sólo a condición de que, cuando entre algo después de mi, yo saldré inmediatamente”. (Esopo, “Fábulas“, 528).

De este mito se deduce que, según la mentalidad tradicional griega, el sexo anal implica, a la vez, desvergonzarse (el pudor era considerado virtud en Grecia) y esparcir la vergüenza alrededor de uno.

Otro asunto aparte es que, en una cultura europea pagana donde cada actividad, cada oficio, cada momento de la vida, tiene su propio dios “patrón” o protector, uno esperaría encontrar ―particularmente en una sociedad donde supuestamente la hoxualidad campa a sus anchas―, una divinidad, un numen o un espíritu de algún tipo, que se ocupase de la hoxualidad, y no lo hay. O mejor dicho, sí lo hay: se trata de los sátiros, daimones degenerados que llevaban al cabo todas las perversiones imaginables para la mente humana, y que en Grecia no gozaban precisamente de buena fama. Pero esto lo trataré más adelante. Por otro lado, en una civilización que concede estatus “regular” a la hoxualidad, y que la favorece por encima de la heterosexualidad [ortosexualidad], uno esperaría que el erotismo estuviese personificado en una divinidad representada por un muchacho joven, pero la realidad, de nuevo, no es tal: la diosa del amor, la traedora de Eros y de todas aquellas cosas que hacen perder la cabeza a los hombres, es Afrodita, el arquetipo de la superhembra.

EL MITO DE LAYO COMO EJEMPLO DE AIDÓS EN ACCIÓN

 

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

p.038:

FFF

La Esfinge y Edipo. Aunque tuvo éxito acabando con ella y entronizándose como rey de Tebas, el héroe Edipo, por ser el hijo del kinaidos Layo, estaba maldecido por los dioses, y cuando supo que había matado a su padre y se había casado con su madre teniendo hijos con ella (algo así como el sacrilegio o Hubris absoluto), se sacó los ojos

.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

p. 036:

El mito de Layo es un ejemplo perfecto de lo que pasa si se insulta a Aidós atrayendo Hybris (o Hubris) y provocando la venganza de Némesis, según el concepto de la Hélade arcaica y clásica. Comenzaremos hablando sobre el primer kinaidos y péfilo de la mitología griega, Layo, y veremos qué es lo que sucede tras su “pecado”.

Layo (del griego Λάϊος o “zurdo”), era del linaje real de la ciudad de Tebas, pero cuando le correspondió ocupar el trono, sus primos lo usurparon y tuvo que exiliarse a Pisa, donde el rey Pélope (de cuyo nombre procede “Peloponeso”) lo acogió como huésped. Pélope quiso que Layo le enseñase a su hijo Crisipo a conducir caballos, con lo cual le “asigna” al niño para formar una pareja maestro-alumno. Sin embargo, Layo profana la sacralidad y el carácter platónico de esa relación y abusa sexualmente del pobre chaval. Éste, por pura vergüenza (recordemos a Aidós) se termina suicidando. La inaudita transgresión de Layo acarrea sobre él la venganza divina y, del mismo modo que Aidós había hecho que Crisispo se suicidase, Némesis, acompañante de Aidós, se ocupará de castigar el pecado de Layo. Los dioses traman un plan para canalizar su cólera ante el crimen, a la vez que dan ejemplo para el resto de los mortales, castigando la perversión y maldiciendo a todo el linaje de Layo hasta que desaparezca en un baño de sangre.

La maldición comienza cuando los dioses mandan la Esfinge a Tebas. Este ser, con cuerpo de león, cabeza de mujer y alas de pájaro, se dedica a sembrar el terror por los campos tebanos, destruyendo las cosechas y estrangulando a todos los que son incapaces de resolver sus acertijos. Layo se termina casando con Yocasta, pero el oráculo de Delfos le advierte de que no tenga progenie, porque sería un varón, mataría a su padre y se casaría con su madre. Moira (el destino) no se puede evitar, así que la profecía se cumple: Edipo, quien había sido mandado lejos de su familia, mata a su padre sin saber quién era y, por haber salvado a Tebas de la esfinge, se casa con su madre, la reina Yocasta, haciéndose rey de Tebas hasta que, cuando finalmente se conocen los hechos, por vergüenza (Aidós y Némesis entran en acción), Yocasta se ahorca y Edipo se saca los ojos. En cuanto a los hijos que habían nacido de este casamiento incestuoso, dos de ellos, Etéocles y Polínices, se matan en combate el uno al otro, mientras que las hijas, Antígona e Ismele, son condenadas a muerte. La justicia está servida, por culpa de lo que Layo, su malvado abuelo, había hecho.

 

En lo que respecta al asunto de la hoxualidad en este mito, habría que hacerse varias preguntas. ¿Por qué Crisipo se suicida si el sexo entre maestro y alumno era tan normal? ¿Por qué Zeus manda a la Esfinge a Tebas como castigo? ¿Por qué el linaje de Layo pasa a estar maldito? Este mito, claramente, fue ideado para prevenir contra la hoxualidad y contra quienes se alzan ingratos contra la hospitalidad de sus anfitriones, profanando suciamente la dignidad de criaturas inocentes. Y es que del mito de Layo y Edipo pueden sacarse bastantes moralejas. Por un lado, que la aberración siempre es castigada por los dioses tarde o temprano, téngase conocimiento de ella o no, y que Aidós SIEMPRE es seguida, tarde o temprano, por la venganza kármica de Némesis. Por otro lado, que los pecados de los padres se pagan, al menos, hasta la tercera generación. Y, por último, que los seres malignos y los monstruos (la Esfinge) son los hijos de la traición y de la aberración, creados por las transgresiones de los hombres.

Cuando pensamos que este mito era una tradición pasada oralmente de generación a generación, y representada teatralmente año tras año en una civilización que concedía extrema importancia al estar en paz con los dioses, resulta difícil pensar que los griegos ―particularmente los tebanos, en cuya polis había tenido lugar el mito de Layo― se hiciesen kinaidos a escala masiva así como así, que es lo que pretenden dar a entendernos los adoctrinadores oficiales del Sistema actual.

Por esa razón, deberíamos ahora dirigir nuestra atención hacia la Banda Sagrada, un cuerpo de élite del ejército tebano formado por Epaminondas o Górgidas en el 378 AEC, que acabaría derrotando y ocupando la misma Esparta, y que, según ciertos autores, estaba formada por 150 “parejas hoexuales“. Se cree que existe una alusión a la Banda Sagrada en el “Banquete” de Platón (178e), cuando se habla de la conveniencia de tener “un ejército de amantes y amados”. Si examinamos la fuente original de la frase, nos encontramos con el griego “genesthai e stratopedon eraston te kai paidikon“, en la que la palabra eromenos (muerdealmohadas ó sea, hoxesual pasivo) según los escritores hoxuales modernos, alumno según el sentido común de cualquier persona normal que haya leído literatura griega) no aparece por ningún lado, sino que aparece paidikon, es decir, “muchacho”. Lo que los pseudoexpertos han fallado en mencionar es que la innovación de Epaminondas consistió en modificar las tácticas de combate de su ejército. Antaño, los jóvenes (alumnos, fuerza, impulso) eran la línea frontal, y los veteranos (tutores, sabiduría, experiencia) la línea trasera. Lo que hizo Epaminondas fue mezclarlos por igual en todas las líneas, combinando a partes iguales la veteranía con el arrojo. Por lo demás, como en tantos otros casos, no existe absolutamente nada, salvo la mente de cada cual, que muestre hoxualidad en estas “parejas”, que se equiparan con el binomio de combate de la Infantería Ligera de nuestros días, o con la ya mencionada institución de maestro-alumno, de carácter platónico.

Como confirmación, el año 338 AEC, tras la Batalla de Queronea, en la que aplastó la resistencia griega a su invasión, el rey Filipo de Macedonia, padre de Alejandro Magno, contemplaba sobre los campos los cuerpos sin vida de soldados tebanos que habían luchado heroicamente hasta la muerte. Tras mirarlos largo tiempo, exclamó “¡Que perezcan miserablemente quienes piensen que estos hombres hicieron o sufrieron cualquier cosa vergonzosa!”.

Otra cita referente al caso de Layo la tenemos en las “Leyes” de Platón (836c), cuando el anciano ateniense, representante de las opiniones platónicas, habla de “la costumbre que estaba vigente antes de Layo y dice que es correcto no mantener relaciones carnales con jóvenes varones como si fueran mujeres, apoyándose en el testimonio de la naturaleza de los animales y mostrando que el macho no toca al macho con este fin porque eso no se adecua a la Naturaleza”. Layo sería visto aquí, pues, como el que transtornó la ley natural contraviniendo a los dioses. El ateniense defiende la idea de que la ley no debe de ser benevolente con la hoxualidad, ya que no inculca autocontrol en el alma del “activo” (a quien se acusa de lascivia) ni valor en el alma del “pasivo” (a quien se acusa de imitar antinaturalmente el papel femenino).

%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%%

la sexualidad en la Hélade (II)

13 de enero de 2012

pág. 28:

¿Dónde está, pues, el problema griego? El problema está en que:

• Los griegos, particularmente los de herencia jonia (como los atenienses), quienes estaban más influidos por las costumbres orientales, tendían a “recluir” mucho a sus mujeres y apartarlas de la vida pública, suprimiendo la imagen femenina, cosa que fue bastante bien satirizada por el historiador Indro Montanelli. Esta situación, como digo, no era panhelénica, ya que en Esparta las mujeres tenían una libertad realmente notable, pero, en todo caso, los vínculos personales más fuertes solían darse entre hombres, como veremos ahora.

• Los griegos ―y en esto coincidían todos― admiraban la belleza sin importar dónde se manifestase ésta, fuese en hombres ó en mujeres, pero de ahí a que tradujesen siempre tal atracción en actos sexuales hay un buen trecho, como veremos después.

  En un pueblo que daba tanta importancia al entrenamiento deportivo, al combate y a la camaradería, era normal que, en el seno de aventuras y grandes batallas lejos del hogar, se forjasen vínculos extremadamente profundos entre hombres, vínculos raramente comprendidos por una sociedad pacifista, afeminada y sedentaria como la nuestra, pero que en todo caso no iban más allá de una sólida hermandad, la propia de toda männerbund. A pesar de la enorme importancia que tenía la relación maestro-discípulo en Grecia, y de que, a no dudarlo, con el advenimiento de la decadencia algunas de estas relaciones quizás degeneraron en hoxualidad, enseguida veremos que no pocos Estados tomaron medidas para salvaguardar la sacralidad de esta institución educativa y espiritual.

• Hoy en día el ideal de belleza del imaginario colectivo es la mujer de treinta y tantos años (lo cual no convierte en “lesbianas“[tribades] a todas las mujeres), en Grecia el ideal de belleza era el muchacho que se hallaba entre la adolescencia y la madurez, porque se consideraba que era el único tipo humano que combinaba una vida de violento ejercicio al aire libre, con la salud de la juventud y la fuerza de la masculinidad.

• Los vocablos griegos para designar al maestro iniciador y al joven iniciado que aspiraba a convertirse en hombre, eran respectivamente erastes y eromenos, lo cual, traducido literalmente, sería algo así como “amante” y “amado“. Sin embargo, como veremos enseguida, la mentalidad de la Antigüedad distinguía claramente entre el amor carnal y el amor platónico, y estas relaciones estaban fundamentadas en el segundo, considerado más elevado, más desinteresado, disociado de lo carnal, y más capaz de inculcar virtud y sabiduría. Y es que en Grecia se pensaba que un hombre joven necesitaba la tutela y el consejo de uno mayor para llegar a ser sabio en la vida o excelso en el deporte, en la caza y en el combate.

(CONTINUARÁ)

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Si existia un lugar donde la conducta disonante del sodomita” estaba mal vista, era sin duda en las asociaciones de cazadores y soldados del pasado remoto (llamadas männerbunden en alemán), donde el trabajo en equipo, la hermandad, el deber y la camaradería del honor predominaban sobre los instintos individuales, los cuales se descargaban en combate o con mujeres, a menudo capturadas y tomadas por la fuerza. El mejor documento para familiarizarse con la mentalidad, la psicología y el modo de vida de una männerbund del pasado, es sin duda la “Ilíada” de Homero, gran epopeya por excelencia del mundo griego, y donde se relatan tradiciones que se remontan al mismísimo Paleolítico. (pág. 31).

la SEXUALIDAD en la HÉLADE (I)

11 de enero de 2012

VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LA SEXUALIDAD EN GRECIA

Todo lo que sucede
No es más que
Un símbolo.

J. W. Von Goethe
Eduardo Alcántara, el prologuista de este libro (*) denuncia las grandes falsedades que ha ido tejiendo la modernidad en torno a la supuesta generalidad e las prácticas homosexuales [“hoxuales”] en la Antigua Hélade. Una demostración de la fuerza de la llamada ideología “homosexualista” [hoxualista] es la reciente publicación del “Manifiesto gay” que además amenaza con “reescribir” la Historia… especialmente, la de la Civilización Occidental.
(*) El libro firmado por Eduardo Velasco y que lleva como título “El Mito de la homosexualidad en la Antigua Grecia” ha sidio editado por http://www.edicionescamzo.com

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

INTRODUCCIÓN (por E. Velasco):
“Reescribiremos la historia, historia llena de vuestras mentiras y distorsiones heterosexuales.”
(Manifiesto gay).
pág.  019:
Está por todas partes. Se menciona por encima en tertulias televisivas, se escribe en libros de texto, está en boca de profesores de universidad, e Internet lo repite incesantemente, incluso en la Güiquipedia [Wikipedia]―como por ejemplo en este “artículo” (por llamarlo de alguna manera) sobre la pederastia [perastia] en Grecia. Todo el mundo lo parafrasea, se ha convertido en un “meme”, un eslogan que las masas repiten sin pensar, de modo similar al famoso “todos somos iguales”. Se han vertido toneladas y toneladas de basura sobre la historia griega, e innumerables autorzuelos del tres al cuarto han desarrollado páginas y páginas dando por sentado que la mentira es cierta.

(…).

En éste artículo nos ocuparemos del mito griego más desafortunadamente conocido: el mito de que la hoxualidad formaba sistemáticamente parte de la sociedad griega y de que la pefilia era una práctica común y socialmente aceptada. Como se verá, la tesis no es que no existiese hoxualidad entre ellos, sino que la moral tradicional tenía a los hoxuales mal vistos. También se demostrará que, en la mayor parte de los casos, existían castigos prescritos por conducta hoxual, como por ejemplo la pena de muerte, el exilio o la marginación de la vida pública.

pág. 020:

Esto va dirigido, ante todo, a quienes algo “no les cuadra” en eso de la hoxualidad griega y a quienes quieren fundamentar tales sospechas para que sean algo más que simples sospechas. Efectivamente, hubo hoxuales en Grecia, pero como se verá, que haya habido hoxuales no significa que haya sido una “práctica habitual” ni mucho menos que la pefilia fuese una “institución social”, como han llegado a afirmar disparatadamente algunos autores hoxuales, a quienes nadie ha arrojado a la cárcel por hacer apología de la pefilia ―y además sin bases para ello, difamando y ensuciando gratuitamente la historia de todo un país. Y es que es detestable que se utilice la mitología de hace milenios para legitimar fenómenos decadentes de la vida moderna y sólo moderna. Desde arriba, la doctrina oficial del Sistema pretende presentar a la Antigua Grecia como la tierra prometida de los gays [gallis],  una suerte de paraíso hoxual, y eso es demasiado para un amante de Grecia como un servidor, al cual nadie le puede vender la moto porque conoce bastante bien el imaginario mitológico de la Hélade, o para muchos griegos modernos, que aborrecen que otras sociedades decadentes utilicen la historia de su país para justificar sus propias desviaciones. Como veremos después, la película “Alejandro Magno” se mostró sólo 4 días en Grecia y fue un fracaso absoluto: los griegos conocen su propia historia como la palma de su mano, se han leído bien todos los libros (en griego antiguo inclusive) y saben lo que hay, como para que ahora vengan cuatro escritores neoyorkinos psicológicamente destrozados, a explicarles cómo era su propio país.

LIBERTAD PARA INVESTIGAR LA VERDAD HISTÓRICA:

p. 023:

A que lo que yo defenderé de nuevo en este artículo es precisamente la posibilidad que tiene cada hombre libre de conocer la pura y simple VERDAD, sin tener que confiar en intermediarios de dudosa reputación (medios de comunicación, revistas, programas de TV, sensacionalismo, manipulación, intereses políticos, sociales e internacionales), y recurriendo a las fuentes escritas originarias, en este caso, las fuentes griegas. Por tanto recurriré en este artículo a fuentes griegas para demostrar que la hoxualidad en la Antigua Grecia no era, ni de lejos, un fenómeno social extendido y aceptado. Escaparemos, pues, a la tiranía del pensamiento único, y a los intereses políticos que, siguiendo una agenda impuesta desde arriba, intentan hacer creer a todo el planeta que Grecia, una de las civilizaciones más encomiables que haya existido jamás, estaba basada en la hoxualidad, y examinaremos la evidencia que hay para llegar a una conclusión personal despojada de cualquier influencia que no provenga de la misma Grecia antigua, desenmascarando también a quienes predican irresponsablemente la teoría de los griegos petaojetes.

(CONTINUARÁ….)

Nota de TRESMONTES: Este post pretende ser un resumen del libro arriba citado y en la confianza de contar con el permiso de su autor. Copio los textos con absoluta fidelidad al original, pero en aras de un perfeccionamiento semántico he  substituido los términos que abusivaente ha introducido la ideología “homosexualista” por neo-palablas más acordes  con la etimología y el auténtico significado del originak griego. Así por ejemplo, junto a la palabra “heterosexual”, con frecuencia la acompaño del término, más exacto de “ortosexual”… y la palabra “homosexual” pasa a ser “hoxual” pues la raiz “homo” induce a error ya que “homo” es palabra griega que significa “igual” ó “equivalente” y también “homo” es una palabra latina que significa “hombre”, significado que por supuesto no es el pertinente en  la palabra “homosexual”, la cual significa sexualidad con persona del mismo sexo, es decir de igual sexo y no significa, por descontado, “hombre sexual” como creen multitud de gentes ignorantes.

El siguiente glosario con las equivalencias entre el lenguaje convencional y el que yo aporto trata  de evitar caer en las tergiversaciones y ambigüedades en las que –como señala el autor de este libro– incurren deliberadamente algunos  “traductores”  modernos:

gay = GALLI .-  homoerótico = HORóTICO.-  homosexual= HOXUAL.-

homosexualidad =  HOXUALIDAD.-   pederástia  = PERáSTIA.-  

pedofilia = PEFÍLIA.-     homofobia = HOFÓBIA.- 

heterosexual =  ORTOSEXUAL.-    lesbianismo = TRIBADISMO.

Contra la degeneración… y contra el “feminismo”…

20 de noviembre de 2010

En libros sagrados del Hinduismo, como el Bahavad Gita, se manifiesta una verdad permanente: Cuando se quiere abatir o destruir una civilización… se empieza por corromper a las mujeres. Esto es así porque la maternidad y la familia es la base primaria y biológica de toda Sociedad civilizada e incluso de cualquier tipo de sociedad, incluidas las más salvajes.

………………………………………..****
Hoy, por azar he tropezado con páginas web de tal infranivel y degradación que incluso los animales las superan en dignidad. Me refiero a webs con titulos como pornoterrorismo, muestramarrana, etc. No doy sus dirrecciones para no hacerles publicidad. También he hallado información sobre unas “jornadas feministas” que se autocomplacen en calificarse de degeneradas… No voy a entrar en su contenido, pero sí decir que su grado de cutrez supera a unos videos que sobre “sodomia” y “zoofilia” han sido subvencionados por el ministro de Industria, Miguel Sebastián, el mismo que ha penalizado con 100.000 euros de multa un inocente spot –difundido meses atrás por Intereconomia TV–sobre “364 dias de orgullo” de la gente normal … (Evidentemente entre 365 dias del año quedaba un sólo dia para el “orgullo gay”… y el hecho de llamar normal
a la inmensa mayoria de las personas ha sido considerado ofensivo para los “gays”).

Todas estas consideraciones sirven para justificar que a continuación recomiende la lectura de un texto que supongo es un soplo de aire fresco y sano. Me refiero a un artículo de la teóloga alemana Jutta Burggraf y que tiene un título muy elocuente: ¿Es el feminismo destructor de la familia?. Se puede leer en la siguiente dirección: http://humanitas.cl/html/destacados/emf2009/30.html

1. Introducción

Hace poco, leía un artículo en que, con gran profusión de palabras, se pretendía explicar, por qué el feminismo destruye la familia. Quedé un poco sorprendida y comencé a pensar en ello. ¿Realmente destruye el feminismo la familia? Sin querer, recordé un suceso que me ocurrió hace algún tiempo en Sudamérica. En Santiago de Chile, me habían dicho que una persona, conocida como una enérgica feminista, quería discutir conmigo acerca del tema de la mujer. Se trataba de la fundadora y rectora de una universidad privada. Habíamos concertado una cita. Me preparé para una intensa discusión y, luego de unos días, acudí al encuentro con un cierto ánimo de ir a la ofensiva. Cuando entré al Rectorado, me sorprendió ver que en la muralla colgaba una imagen grande de la Virgen. La rectora era una señora muy amable y bien arreglada. “Yo trabajo, con todas mis fuerzas, para que las mujeres puedan estudiar y obtengan puestos de trabajo”, me dijo. “Sueño con un sueldo para las dueñas de casa y con la supresión de la pornografía. Me llaman feminista, porque devuelvo todas las cartas que recibo, dirigidas al Rector; porque esta Universidad no tiene un rector, sino una Rectora”. Y, entonces, señaló, sonriendo: “Y no tengo nada contra los hombres. Estoy casada hace mucho tiempo y quiero a mi marido más que hace treinta años”.
Es evidente que un feminismo así no destruye la familia. Pienso, incluso que es extremadamente favorable para la comunión de los esposos y para la familia misma, ya que devuelve a la mujer la dignidad que, en ciertas épocas y culturas, y parcialmente en la actualidad, le ha sido y le es negada. Sí, esto ocurre también hoy, no es ideología, ni exageración. No necesitamos pensar en las mujeres cubiertas por un velo, como en Arabia Saudita, ni al pueblo africano de los Lyélas, que consideran a las mujeres como la parte más importante de la herencia. Por ejemplo, una de las fórmulas con que un hombre constituye a su hijo mayor como su heredero dice: “Te entrego mi tierra y mis mujeres” [1]. No podemos tampoco juzgar con altanería el rapto de las novias de la aguerrida Esparta [2] , ni lamentarnos de la llamada oscura Edad Media, que, por cierto, no fue una época tan hostil para la mujer [3]. Como se ha dicho, no necesitamos ir tan lejos. Basta mirar a Europa ¿Se respeta a la mujer en la sociedad, en las familias? También hoy día se la considera, en innumerables avisos publicitarios, en el cine, en revistas del corazón y en conversaciones de sobremesa, como un ser no muy capaz intelectualmente, como un elemento de decoración y de exhibición, como mero objeto de deseo masculino.
Su dedicación a su casa y su familia  ni se valora, ni se apoya como se debía. ¿No ocurre con cierta frecuencia que un hijo, sólo porque es varón, después de un suculento almuerzo dominical, se siente frente al televisor junto a su padre, mientras las hijas “desaparecen”, junto con su madre en dirección a la cocina? ¿O que una joven madre, que trabaja fuera de la casa, se las tenga que arreglar sola con las labores domésticas y más encima sea enjuiciada, pues no se preocuparía lo suficiente de su marido -que trabaja a tiempo parcial- y de sus hijos y que además sea criticada por no tener la casa limpia? ¡Cuántas mujeres casadas, que carecen de ingresos propios deben mendigar de sus maridos un poco de dinero y no tienen acceso a la cuenta bancaria, ni participación en las decisiones pecuniarias de la propia familia! Concedo que estas cuestiones pueden ser superficiales; sin embargo, demuestran cuánta -o cuán poca- comprensión y cariño reciben las mujeres, a menudo, en una situación difícil.
Existe pues una promoción de la mujer que es absolutamente razonable y conveniente. Su finalidad consiste en que los derechos humanos no sólo sean derechos de los varones, sino que ambos, tanto el hombre, como la mujer, sean aceptados en su ser-persona. También se esfuerza por considerar a cada ser humano en su propia individualidad, sin colocar ningún cliché a nadie. Y esto es válido en todo sentido. Hoy en día nadie duda que la mujer puede dominar la técnica más complicada. Pero ello no significa que todas las mujeres deban ser técnicas y que gocen con las computadoras. Según un nuevo dogma: “La mujer emancipada es gerente de empresa, arquitecto o empleada en una oficina; de todas maneras, trabaja fuera de la casa”. Sin embargo, si la emancipación es entendida como un proceso de madurez conseguido, ¿por qué la mujer “emancipada” no puede ser madre de una familia numerosa? Cuando una mujer prefiere preparar un pastel, tejer chalecos, jugar con los niños y procura hacer de su casa un hogar agradable, no quiere decir que ella se haya resignado a asumir el rol que se le asignó en el s. XIX. Significa simplemente que, para ella, estas actividades son más importantes que para quienes la critican. En principio, no se trata de lo que una persona hace, sino de cómo lo hace.
Ni el trabajo fuera de la casa, ni la familia son, en sí, soluciones a problemas personales o sociales; ambos conllevan ventajas y riesgos. Así, es posible que una mujer profesional, debido a la creciente especialización de su trabajo, se le vaya empequeñeciendo su campo de acción, mientras que una dueña de casa, al tener que enfrentarse a los más diversos trabajos, adquiera una visión más amplia. En su vida profesional, la mujer está expuesta a los mismos riesgos que el hombre -deseo desmedido de hacer carrera, afán exclusivo de poder…-, incluso más que él, pues le pone a prueba y enjuicia más duramente.
No quiero, de ninguna manera proponer que la mujer debe volver a ocuparse exclusivamente de las tareas del hogar. Pienso solamente que se debe dar, a cada mujer, la posibilidad de decidir libremente lo que ella considera como bueno, sin iniciar permanentemente nuevas polémicas.
Se ha discutido mucho acerca de si las mujeres son diferentes a los hombres y en qué lo son. Primero, hay que considerar que cada ser humano es distinto de los otros. Cada uno debe tener la oportunidad de desarrollarse libremente, de ser feliz y de hacer feliz a los demás -por diferentes caminos, da lo mismo en qué estado o profesión-. Desde una perspectiva histórica y social, algunas veces, a las mujeres esto les ha sido más difícil que a los hombres. Es por ello, que se les debe ayudar más a vivir de acuerdo con su convicción personal. Esta es la finalidad de un feminismo que podemos denominar “auténtico”, “razonable” o “libertario”. Puesto que pretendo unir la verdadera promoción de la mujer con mi fe cristiana, me gustaría hablar de “feminismo cristiano”. A este tema nos referiremos más adelante.

2. El feminismo radical

Estamos casi en nuestro tema. Como se ha mencionado, existe otro tipo de feminismo, que se ha extendido mucho en los países occidentales, es denominado, con frecuencia, feminismo “radical” o “extremo”. Me parece que este tipo de feminismo, por lo menos como se presenta a sí mismo, ha sobrepasado su momento culminante. Su enorme influencia ha tenido un devastador efecto, que se deja ver en todos los ámbitos. Todos conocemos lo que se ha dicho acerca del “mito de la maternidad”, que debe ser destruido o del macho, que la mujer debe desterrar. En algunas de sus afirmaciones, las feministas han traspasado con mucho el límite de lo absurdo.
La filósofa francesa Simone de Beauvoir es considerada la precursora del feminismo de nuestro siglo, cuya influencia apenas puede superarse [4]. Su monografía “Le Deuxiéme Sexe” (“El segundo sexo”), publicado por primera vez en 1949) es denominada con frecuencia la “biblia del feminismo” [5]. En ella, Simone de Beauvoir postula, por primera vez, con gran agudeza intelectual, la igualdad de los sexos y, con ello, da un nuevo impulso al movimiento feminista en el mundo occidental, el que, hace ya tiempo, va mucho más allá de pretender la simple mejora de la situación jurídica de la mujer y una mayor posibilidad de acceder a la formación escolar, universitaria y profesional.
En aquella obra, la filósofa comienza esbozando su propia posición ideológica. “Nuestra perspectiva es la de la ética existencialista” [6], declara. Y continúa “Es la de Heidegger, Merleau-Ponty y Sartre” [7] [su compañero de hogar]. El “existencialismo”, tomado del título de un libro de Sartre, es una negación consciente de toda reflexión que parta de la esencia o naturaleza. No hay “una naturaleza humana -dice Sartre- pues no hay Dios que la hubiese podido diseñar” [8]. Sartre se refiere a la libertad creadora del hombre, que le capacita para hacer de sí mismo lo que él quiere y que no es limitada por ninguna “esencia” o “naturaleza” [9].
Simone de Beauvoir intenta traspasar el existencialismo ateo [10] de Sartre a la existencia femenina [11]. Para ella, el hombre tampoco es un “ser dado” o una “realidad fija”, sino “una idea histórica”, “una continua transformación”, que hace de la persona lo que ella es [12]. En consecuencia, en la ética de Beauvoir, toda forma de “quietud” o “pasividad” sólo puede considerarse como un gran mal [13]. Sin embargo, es precisamente esa la actitud a la cual los hombres han obligado continuamente a las mujeres.
Ya desde los nómadas, el mundo ha pertenecido al varón [14], dice Beauvoir, pues éste ha sabido influir en el mundo con ocupaciones que iban “más allá de su ser animal”. Para cazar y pescar, construyó utensilios, se puso metas y abrió caminos. Continuamente se superó y emprendió el camino hacia el futuro [15]. Añade: el privilegio del varón consiste en que “su vocación como persona con destino no contrasta con su ser varón” [16]. Sin embargo, en la mujer sucede algo distinto. Hasta hoy, a las mujeres se les ha impedido intervenir de manera creativa en la sociedad. Las mujeres han sido “aisladas” y ahora se encuentran marginadas [17]. Permanecen toda su vida encerradas y la culpa de todo, la tienen el matrimonio tradicional (con la división del trabajo según el sexo) y, sobre todo, la maternidad.
En toda la obra de Beauvoir está presente un tema dominante: la de quitar todo valor al matrimonio y la familia. A este respecto, señala que, “sin duda alguna, dar a luz y amamantar no son actividades sino funciones naturales y no está en juego ningún proyecto personal. Por eso, la mujer no puede encontrar en ello ninguna razón para una alegre afirmación de su existencia” [18]. Durante siglos, la mujer se ha contentado con llevar una “vida relativa”, dedicada al marido y a los hijos. “En realidad -continúa-, para el hombre, ella es sólo una distracción, un objeto, un bien poco importante. El varón es el sentido y la justificación de su existencia” [19]. El varón, por su parte, ha consolidado su supremacía a través de la creación de mitos e instituciones.
Por medio de muchos ejemplos de la literatura y la cultura, Beauvoir analiza el mito de la mujer, tal y como lo han inventado los varones para sus propósitos y concluye que “es tan irrisorio contradictorio y confuso que no se halla unidad alguna: como Dalila y Judit, Aspacia y Lucrecia, Pandora y Atena, la mujer es siempre la tentadora Eva y la Virgen María a la vez. Es ídolo y esclava, fuente de vida y puerta de los infiernos; es el silencioso original de la misma verdad, al mismo tiempo falsa, locuaz, mentirosa; es bruja y terapeuta; es presa del varón y su perdición; es todo lo que él no es y desea poseer, su negación y su fundamento existencial” [20], es, precisamente, el “otro” sexo.
Beauvoir se opone a todas estas afirmaciones, pues señala que las mujeres no son ni ángeles, ni demonios, ni esfinges, sino seres humanos dotados de razón [21]. Su proximidad a la naturaleza -que significa una limitación radical de su potencial humano- es exigida y también temida por el hombre. Aunque las mujeres no pueden negar, ni ignorar su propio cuerpo, éste no determina para nada su libertad existencial. Indudablemente, en la filosofía de S. de Beauvoir, hay razonamientos acertados; que, sin embargo, dan lugar a un gran empobrecimiento ideológico. Ello se aprecia claramente si consideramos su conocido aforismo, “No naces mujer, te hacen mujer” [22], completado más tarde por la lógica conclusión “¡No se nace varón, te hacen varón! Y tampoco la condición de varón es una realidad dada desde un principio” [23].
La “mujer constituye para Beauvoir un “producto de la civilización” [24]. Ella “no es la víctima de un destino misterioso e ineludible” [25] , sino la de una situación muy concreta y corregible, en la cual el “mito de la maternidad” siempre ha servido a los varones como pretexto para motivar a las mujeres a realizar sus quehaceres domésticos [26]. La mujer, por su parte, se ha resignado durante mucho tiempo ante su situación. “Al no querer que una parte de sí se ha convertido en negación, suciedad y malignidad el ama de casa maniática se encoleriza contra el polvo y exige un destino que a ella misma le exaspera” [27]. En su desesperación intenta inútilmente introducir al hombre en la cárcel de su pequeño mundo, bien como madre, esposa, amante “permanente”, parásita [28] o carcelera [29]. El hombre trata a la mujer como su esclava y la persuade a la vez de que sea su reina [30]. Hoy, sin embargo, la lucha se muestra de otra manera, “en lugar de que la mujer pretenda llevarse al hombre a su cárcel, lo que hará es intentar salir de ella. Ya no pretende penetrar en la región de la inmanencia [31]. El hombre hace bien en ayudar en la emancipación de la mujer, pues librándola a ella, se libera él mismo [32].
¿Cómo tienen que ser la emancipación? Para Simone de Beauvoir, no cabe duda que las “cadenas” o “ataduras de la naturaleza deben ser rotas”. La filósofa existencialista traza una ética radical [33], que intenta desenmascarar el matrimonio [34], la maternidad [35], la prohibición del aborto [36] y del divorcio [37], como “medidas coercitivas de las sociedades patriarcales” [38], que dejan a las mujeres en dependencia de los varones. Según sus propias palabras, “las mujeres han decidido protegerse de la maternidad y del matrimonio” [39]. “lamento la esclavitud que se impone a la mujer con los hijos… Como otras muchas feministas, también estoy a favor de que se suprima la familia” [40] dice explícitamente. Además, simpatiza con la inseminación artificial [41], las relaciones lesbianas [42] y la eutanasia [43]. Para la filósofa existencialista, el remedio para salir de la dependencia es la actividad profesional de la mujer [44], con la cual se puede alcanzar “una plena igualdad económica y social” [45] entre los dos sexos.
Aunque todas parten de sus principios, algunas de las feministas actuales superan con mucho determinados aspectos de las exigencias de Beauvoir. En su obra mundialmente conocida, “The Feminin Mystique” [46], Betty Friedan -fundadora del movimiento feminista americano de los años sesenta- critica con gran vehemencia el que la mujer se vea obligada a “la realización de su feminidad” [47] únicamente en el matrimonio, en la familia y en el trabajo doméstico y que se le impida desarrollarse intelectualmente [48].
De la misma manera, la americana Kate Milled, en su libro “Sexual Politics” [49], recurre lo señalado en “Le Deuxième Sexe”: “La mujer aún es indispensable para la concepción, la gestación y el nacimiento de un niño, pero no tiene otra atadura u obligación especial con respecto a él”. Finalmente, el objetivo del feminismo de Shulamith Firestone -la más radical de este grupo- es destruir todas las estructuras más importantes de la sociedad [50]. En “The Dialectic Sex”, propone liberar a la mujer de la “tiranía de la procreación” [51], a cualquier precio. “Lo quiero decir muy claramente: el embarazo es una barbaridad” [52], señala.
La periodista Alice Schwarzer es una de las pocas figuras sobresalientes del feminismo alemán. Después de su larga estancia en París, comenzó su labor, organizando, a principios de los años setenta, la campaña pro-aborto en Alemania [53]. En 1975, lanzó un bestseller [54] al mercado y se destacó, finalmente, como editora de la primera revista feminista, “Emma”, hasta hoy, muy difundida. Su lenguaje frívolo, la exposición de problemas humanos, la eliminación de los tabúes relativos a las normas morales, junto con algunas hipótesis racionales, no constituye una mezcla nueva; no obstante, aplicada exclusivamente a la cuestión femenina, se transforma en un asunto de carácter político.
Aunque Alice Schwarzer subraya una y otra vez su admiración por Simone de Beauvoir [55] -a la que conoció en París personalmente-, es aún más radical en la aplicación de las ideas feministas. Difunde las tesis contenidas en “Le Deuxième Sexe” y las planteadas por el movimiento feminista norteamericano. Más, en último término, para ella no se trata de la cuestión teórica de la igualdad de los sexos, sino de qué modo la mujer, siendo más valiosa y digna de ser amada que el hombre, puede huir del dominio masculino. Según A. Schwarzer, el poder masculino es el único factor que condiciona actualmente la relación hombre-mujer, y sólo puede ser destruido por un poder femenino [56]. El varón es, para ella, el enemigo al que reprocha una lista de pecados. La autora expresa: “Por eso, todo intento de una liberación de la mujer tendrá que dirigirse contra los privilegios del varón, tanto a nivel colectivo, como a nivel personal. Eso quiere decir que hay que luchar también contra el propio marido” [57]. Llama a todas las mujeres para que manifiesten su poder y se nieguen a sus maridos, rehúsen “la heterosexualidad” que ha pasado a ser “un dogma” [58] y se interesen por la bi- y la homosexualidad. En suma, Schwarzer concibe el poder sexual como un poder político, intenta iniciar una revolución en las relaciones hombre-mujer, de la cual surgirá una mujer liberada del poder masculino. Esta mujer podrá actuar positivamente en la sociedad.
A. Schwarzer crítica la “ideología del hijo propio” y lucha contra todos los lazos existentes entre madre e hijo. Según ella, tales lazos sirven únicamente para proteger los últimos baluartes de una sociedad para varones [59]. La tarea educativa debe realizarse, en gran parte, por el colectivo; el trabajo doméstico tiene que ser industrializado. Eso significa que debe existir un número suficiente de guarderías y de jardines infantiles, abiertas durante las veinticuatro horas y donde trabajen mujeres y varones [60].
Para la feminista norteamericana Mary Daly, todo lo masculino es objeto del juicio más despiadado, casi de la maldición universal. En su exitoso libro, aparecido en 1978 [61], la autora pasa revista a todas las atrocidades que los hombres han cometido contra las mujeres, desde el comienzo de los tiempos. Contrasta la maldad masculina, “contaminante”, “ponzoñosa” y “destructora”, la autora contrapone la “pureza elemental” de las mujeres. M. Daly exagera tanto las ideas de “Le Deuxième Sexe”, que realmente no se las puede tomar en serio.
Desde hace algún tiempo, el intento de liberarse de las “cadenas de la naturaleza” no es la única preocupación del feminismo radical. Desde ciertos ambientes ecologistas y desde el llamado “feminismo cultural” de Norteamérica han surgido nuevas tendencias. Mientras un grupo de las feministas continúa negando las diferencias fundamentales entre mujeres y hombres, otro grupo ha comenzado a “celebrarlas”. Actualmente, dentro del feminismo, se plantea cada día con más fuerza, que la identificación de lo femenino con la naturaleza, la corporeidad, la sensibilidad y la voluptuosidad, no es un “maldito prejuicio masculino”. Por el contrario, todo lo emocional, vital y sensual ha pasado a ser la esperanza para un futuro mejor. Después de que la racionalidad y el despotismo masculinos han conducido a la humanidad al borde del desastre ecológico y la han expuesto al peligro de la destrucción nuclear, ha llegado la hora de la mujer. La salvación se puede esperar solamente de lo ilógico, de lo instintivo, de lo afable y apacible, tal como se encuentra encarnado en la mujer [62].
Después de que, durante décadas, el deseo de tener hijos fue reprimido y negado, ahora es redescubierto, por grupos feministas [63] como una “necesidad femenina” pura [64]. Esto puede ser una reacción al esfuerzo de la emancipación entendida, con demasiada frecuencia, como una acomodación a los valores masculinos y a la competitividad.
Por supuesto, el deseo de tener hijos no significa un retorno al matrimonio y a la familia burgueses. Las feministas se interesan poco por la realidad social de las mujeres, lo que les preocupa son la vida de la mujer, el cuerpo femenino y las experiencias de dar a luz y de amamantar. “Son las mujeres las que tendrán que liberar la tierra y lo harán, porque viven en una mayor armonía con la naturaleza” [65], esta es la más conocida de las tesis propuestas. A ella se opone ahora, con renovado ímpetu, la teoría igualitaria, que continúa la línea de pensamiento inaugurada por Simone de Beauvoir [66]. Así llegamos otra vez al comienzo de nuestra reflexiones.

3. Las familias patchwork

Cuando se leen los manifiestos feministas, se podría concluir lisa y llanamente que el feminismo radical destruye la familia. ¡Ese es su objetivo declarado! Sin embargo, las cosas no son tan simples como parecen. También hay que matizar esta afirmación.
Si miramos a nuestro alrededor, podemos comprobar que la vida familia existe. Por ejemplo, tres cuartos de los europeos pasan sus vacaciones en familia, incluso con frecuencia, varias generaciones juntas, en las combinaciones más variadas. Al observar los campings y otros lugares de vacaciones, esto queda muy claro. Pese a todas las advertencias de Simone de Beauvoir y de Alice Schwarzer, pese al deseo creciente de hacer carrera y de ganar dinero, vemos, en todas partes, como las parejas forman una familia y traen niños al mundo. A pesar que, según dicen, para “autorrealizarse”, es más fácil permanecer solo, la mayoría de las personas insisten en reunirse alrededor de una familia.
Incluso, conocidas feministas han comenzado a alabar a la familia. La argentina Ester Vilar, señala que, si existiera completa igualdad, la mujer saldría por la noche, menos que el hombre. Esto no le parece nada mal, pues “que una persona sea mucho más feliz tomándose una cerveza en un bar lleno e humo que velando el sueño de su hijo pequeño en un hogar tranquilo, aún está por demostrar” [67]. Y Christiane Collange, una de las más connotadas feministas francesas sorprende al decir: “Me dan pena las mujeres que no saben la tranquilidad que da quedarse una tarde en la casa, sin hacer nada y disfrutando a su hijo. No hay ninguna otra sociedad que nos brinde tanta alegría de vivir, como la familia” [68].
La feminista de Berlín Barbara Sichtermann opina que la mujer no debe continuar orientándose de acuerdo al varón, como ha sido hasta ahora la política de la emancipación, que ha puesto al varón como ideal. Sin embargo, iguales derechos para ambos sexos es algo tan indispensable como insuficiente. “La posición del varón en la sociedad sólo puede… ser, dentro de ciertos límites, un modelo para el sexo femenino; primero, porque el mundo de los hombres, tal como funciona -o como no funciona- deja mucho que desear; segundo, porque las mujeres emancipadas no son semi-varones, ni quieren serlo” [69].
Es interesante que Sichtermann ponga de relieve la disposición de las mujeres de estar-ahí-para-otros. Señala que se trata de “una virtud clásica femenina”, cuyo exceso debe evitarse; pero “cuya esencia debe ser guardada y propagada” [70].
Sichtermann exige que “el cuidar de otros”, sea apreciada en todo su valor, precisamente cuando no es remunerado. “Nuestra civilización ha creado un clima ético en el que todo el que hace algo gratis, es considerado un tonto. Aún así, sería errado suponer que el respeto por la víctima se ha extinguido completamente. Sólo que carece de un lenguaje… Todo esto es un problema cultural y psicológico social, que sólo puede ser resuelto donde ha comenzado: no mediante transformaciones del mercado laboral, ni del estado, sino en las relaciones interpersonales, que se sustraen, tanto a las reglas que rigen el mercado, como a las que rigen el estado” [71].
El trabajo doméstico es uno de los campos en que ese ser-para-otros, esa preocupación por las necesidades inmediatas, tiene mayor relevancia. Sichtermann no se refiere a su efecto “limitante”, “opresivo” o “enfermante”, sino que lo presenta como una alternativa frente a la vida profesional agotadora y programada. Se trata de un ámbito que se puede organizar como una quiera, señala -junto con los tradicionales defensores de la familia- aquí se puede ser, simplemente un ser humano [72]. Después de todo, todo ser humano anhela tener una “vida personal no económica”, una vida privada. Este deseo se puede reprimir temporalmente, pero nunca se extingue por completo. Por lo demás, las mujeres han adquirido suficiente experiencia fuera del hogar, como para poder admitir, con sinceridad, que la exclusiva vida profesional no aporta, por sí solo, la felicidad. “Las dueñas de casa hacen muy bien cuando se niegan a acudir a la fábrica; ciertamente lo pagan con su dependencia del marido, pero ésta es siempre mejor que la dependencia de un jefe” [73].
Puede ser -continúa Sichtermann en tono provocativo- que las mujeres dependan del sueldo de su marido. Pero, por otra parte, los hombres dependen de sus mujeres, en un sentido mucho más profundo, precisamente, porque todo ser humano necesita un hogar, cuya creación se le ha asignado, durante siglos, a la mujer [74]. La protección de ese hogar debe ser tomada en cuenta por la política feminista, tanto como “el deseo, igualmente fuerte en ambos sexos, de reconocimiento profesional” [75].
Hasta aquí el debate sobre la emancipación. Hoy en día, en amplios sectores de la sociedad, no solamente se habla de una “nueva maternidad”, sino también una vida familiar agradable, seguridad y apoyo moral. Sin embargo, esa familia que anhela el movimiento feminista, nada tiene que ver con la tradición y mucho menos con el Cristianismo. Comúnmente, es denominada “familia-patchwork” o “familia de remiendos, de parches”. la imagen de una colcha hecha de trozos de telas muy diversas, es el ejemplo perfecto de esta nueva comunidad de personas, en que se reúnen padres e hijos de familias anteriores. Cuando una familia ya “no funciona más”, se va cada uno por su lado, los padres se separan, se llevan a algunos hijos consigo e intentan con otra pareja, un nuevo patchwork. Los remiendos se pueden separar y coser nuevamente, en un modelo diferente, cuando y como se desee.
Nos referimos a un tema muy doloroso y que, por tanto, no se puede tratar superficialmente. Cada uno conoce muchos casos parecidos. Todos sabemos cuánta penuria -de la que se prefiere no hablar-, cuánto sufrimiento se oculta en una situación como la descrita. ¿Quién puede dejar al padre o a la madre de sus hijos, después de años de vida en común, sin experimentar una ruptura en su vida, sin sentirse fracasado, sin dudas, ni remordimientos? Es bien sabido que quienes más sufren son los hijos. Hay que pensar en qué conflicto permanente se encuentran, cuando tienen que elegir entre sus padres “biológicos” y los “escogidos”. Hace poco, me contó una conocida mía: “Mi hijo vive con su tercera mujer. Hasta ahora, todas sus relaciones sólo han durado unos cuantos años. De su primera señora, tiene sólo una hija pequeña. La segunda trajo dos niños al matrimonio, de los cuales, él se preocupó como un verdadero padre. A veces, tenía la sensación de que mi hijo los quería más que a su propia hija. Mis dos nietas políticas estaban muy tristes cuando mi hijo y mi nuera se separaron. El ya tiene una guagua de su actual polola y quieren casarse pronto. Esto significa que pronto tendré tres nueras y un solo hijo”.
No nos corresponde juzgar a nadie. Nadie tiene derecho a hacerlo y, como espectador, se puede ser muy duro y caer, fácilmente en la altanería. Únicamente, queremos conocer el motivo del cambio de valores, que se viene observando en las últimas décadas. ¿No es cierto que el feminismo radical ha jugado un papel decisivo en la destrucción de la familia burguesa y tradicional? Yo diría que sí. Este ha sido uno de sus objetivos declarados y lo ha logrado en amplios sectores de la sociedad. Por una parte, ha llevado la lucha de clases dentro a la relación entre el hombre y la mujer; por otra parte, ha creado un nuevo concepto de familia abierta y ha tildado al “antiguo” como ridículo. En una ley finesa, se define la familia como “el grupo de personas que utiliza el mismo refrigerador” [76]. El desprecio por todas las formas tradicionales de vida queda de manifiesto en un informe de Christiane Collange: “¿La familia unida, en armonía, sin divorcios, ni separaciones, de la se nos habla continuamente para que nos avergoncemos de nuestra vida sin ataduras? ¿Cuánta frustración y fracaso se esconde detrás de la respetable fachada? ¡Cuánta mentira y traición en nombre de la indisolubilidad del matrimonio! No añoro la época de los padres (hombres) ‘estrictos pero justos’, ni los de las santas mujeres de mirada triste. Prefiero los padres (hombres) de hoy, que no son ni tan gallinas, como se piensa, ni tan gallitos como antes. También me gustan nuestras supermadres, que siempre tienen prisa, pero se sienten bien en su piel. Prefiero los jeans de fines de siglo, que el cuello de encaje de sus comienzos” [77]. ¡Por cierto, yo también los prefiero!
Es evidente que no se trata de volver a la familia burguesa. Esto sería hacer muy poco y no respondería a las inquietudes de nuestros contemporáneos. ¡No se puede responder a los desafíos actuales con provincianismo! Hemos de demostrar que es mucho más atractivo que un hombre y una mujer se amen y sean un apoyo el uno para el otro, a que se combatan e intenten vencer al otro. Asimismo, hemos de mostrar que el matrimonio, como comunión indisoluble, es la mejor garantía para la felicidad de una familia. Pienso que el testimonio de los cristianos es especialmente importante en este punto, no porque ellos sean mejores que los demás, sino porque en su fe encuentran el apoyo y la ayuda necesarios para superar los obstáculos de nuestro tiempo.
A continuación, pretendo resumir esquemáticamente, qué respuestas puede ofrecer un feminismo de orientación cristiana, para las situaciones mencionadas.

4. El feminismo cristiano

Hay que hacer una observación previa: Todo cristiano -hombre o mujer- debe ser hoy más consciente de que no es posible vivir coherentemente dejándose llevar por todo lo que nos rodea, lo que se nos exige y lo que se nos ofrece. En esta tensión en que vivimos, entre valores, valores aparentes y contravalores, resulta fácil perder la orientación. Por ello, necesitamos guardar una distancia reflexiva, para descubrir una dimensión más profunda de la vida, y tener la valentía de contradecir el espíritu de nuestra época. A lo largo de la historia, los cristianos nunca se han rendido, ni siquiera cuando han ocupado posiciones aparentemente perdidas. A pesar de todas las afirmaciones contrarias, el mensaje cristiano sigue siendo hoy día atractivo y, desde esta perspectiva, la mujer puede hacer un enfoque muy actual de su situación, que le ayude a adoptar sus decisiones existenciales.
Pienso que, precisamente, cuando se tiene una motivación cristiana, se puede trabajar por una promoción de la mujer, llena de sentido, pues la “emancipación”, entendida como libertad, independencia y madurez interior se alcanza por la fe en Cristo. El nos libera de prejuicios y clichés, de tradiciones represivas, de costumbres y formas de vida que se han hecho muy estrechas. Pero, sobre todo, nos libera del pecado y de la culpa, que nos pueden llegar a corroer y que pueden destruir mucho más que los acontecimientos externos. A El le podemos confiar todas las cargas que nos hacen sufrir y nos apesadumbran interiormente, que nos desmoralizan y nos desaniman. Sabemos que somos aceptados y amados por El, pese a todas nuestras debilidades, errores y limitaciones. De El recibimos siempre la fuerza para recomenzar y la gracia para ser osados ante las dificultades.

4. 1. Aceptarse a uno mismo

Una persona que se sabe querida sin reservas por su Padre Dios, puede aceptarse a sí misma. Tal vez la falta de aceptación propia sea el problema principal del feminismo, también en su modalidad de la nueva maternidad. Porque si yo me acepto a mí misma, también debo aceptar mis limitaciones, debilidades y los errores que cometo. Además, tengo que aceptar que no toda la bienaventuranza del mundo proviene de mí. En lo que concierne a la ideología de la igualdad, esto es aún más claro. El querer-ser-como-el-hombre ha conducido a muchas mujeres a grandes tensiones y a la frustración, incluso hasta a enfermar psíquicamente, pues sólo puede tener una personalidad equilibrada, quien vive en paz con su propio cuerpo.
Normalmente, para los cristianos no resulta difícil responder afirmativamente a su corporeidad, puesto que, para ellos, no existe la casualidad o el destino ciego, sino la sabia -aunque no siempre comprensible- y bondadosa Providencia Divina. El manifestó Su voluntad cuando creó al hombre y a la mujer. Dios inventó la naturaleza humana de un modo maravilloso, en sus dos facetas y dio a cada sexo abundancia de talentos y cualidades. Quien acepta esto, puede estar tranquilo, pues comprende que una rebelión contra su propia naturaleza es, en realidad, una rebelión contra el Creador.
La propia liberación de la mujer no puede reducirse a una mera equiparación con el hombre. Tenemos que aspirar a algo mucho más valioso y beneficioso; pero también más arduo: la aceptación de la mujer en su propia manera de ser, en su ser mujer, único e irrepetible. La finalidad de la emancipación es sustraerse a la manipulación, no convertirse en un producto, sino ser un original. Poco ayuda entender la emancipación siguiendo los modelos que nos presenta la literatura feminista; pero, sin la disposición a enfrentarse consigo misma; o interpretando las propias debilidades como represión. Precisamente, la resistencia a tales tendencias garantiza la propia libertad. La verdadera promoción de la mujer no la libera de su propia identidad de su propio ser, sino que la conduce a él.
¿Qué significa ser “hombre” o ser “mujer”? ¿En qué se diferencian los dos sexos? En la historia de la humanidad, no se han planteado sobre este materia sólo ideas sensatas y constructivas. Actualmente, es frecuente burlarse de los hombres, atribuyéndoles características, que no son más que prejuicios superficiales. Otras veces -con bastante más frecuencia-, son las mujeres a quienes se les atribuye ciertos clichés y se humilla, en la teoría y en la práctica. La verdad es que cada sexo tiene rasgos que le caracterizan; cada uno es superior al otro, en un determinado ámbito. Naturalmente, el hombre y la mujer no se diferencian en el grado de sus cualidades intelectuales o morales; pero, sí, en un aspecto ontológico elemental, como es la posibilidad de ser padre o madre y en aquellas capacidades que de ello se derivan. Es sorprendente que un hecho tan simple como éste, haya causado tantos extravíos y confusiones.

4. 2. La maternidad como regalo

Como madre, la mujer es llamada a ser “lugar” donde se efectúa el acto de la Creación divina, pues cuando surge una nueva vida, los padres cooperan, de un modo increíble con Dios. El nuevo ser humano es confiado a la mujer antes que al hombre, para que ella -primero dentro de sí- lo acoja, lo proteja y alimente. Es verdad que el embarazo no está exento de esfuerzo y agotamiento; sin embargo, ¿no demuestra una predilección especial hacia la mujer que ella pueda experimentar el amor creador de Dios incluso en lo más íntimo de su misma corporeidad? Sólo desde una perspectiva muy superficial y en la cual se ha perdido el sentido de lo esencial, se puede sostener que la maternidad disminuye o perjudica a la mujer, que, como madre, la mujer es inferior o tiene desventajas. Desde un punto de vista cristiano, al contrario, se puede decir que, debido a su maternidad, a la mujer corresponde una “precedencia específica sobre el hombre” [78], como ha señalado el Papa Juan Pablo II.
No por eso, la mujer debe quedar “encerrada en la casa”, “condenada a un trabajo de esclavos”, aunque algunos grupos feministas lo dan por demostrado. Es cierto que a bastantes mujeres, el nacimiento de un hijo les supone una carga, en parte por la poca comprensión de los demás y, en parte, debido a estructuras sociales injustas. Sin embargo, estas últimas son consecuencias del pecado, no circunstancias que necesariamente acompañen la maternidad. No pueden ser motivo para negar la vida a un nuevo ser humano, sino que esas estructuras injustas deben desaparecer. Este es, en todas las sociedades, uno de los desafíos más urgente para los cristianos.
Cuando una mujer acepta ser madre, puede seguir a Cristo, de una manera que no es espectacular, pero sí muy íntima. Ella da testimonio de “la bondad y la amistad de Dios con los hombres” [79], forma un hogar, transmite valores culturales y religiosos. En esta labor, se dará cuenta de que a Cristo se le encuentra en la cruz, a la vez que reconocerá que, desde su lugar, está llamada a trabajar activamente en la expansión del Reino de Dios. De ninguna manera, es deseable que viva “encerrada” entre cuatro paredes. Dependiendo de las circunstancias familiares y de su situación personal, puede incluso ser su deber, colaborar en la sociedad también a través de su labor profesional y que su casa esté abierta a muchas otras personas. Evidentemente, la primera y principal ocupación y preocupación de los padres es el bienestar de la propia familia.
La maternidad no puede ser reducida a su aspecto físico. En un sentido espiritual, todas las mujeres están llamadas, de alguna manera, a ser madres. ¿Qué es sino salir del anonimato, escuchar abiertamente a los demás, compartir sus deseos y preocupaciones y, con frecuencia, hecerles receptivos a la gracia de Dios? Los pensadores cristianos se han referido muchas veces a esta maternidad espiritual, que tiene muy poco que ver con la idea protectora, sensiblera y blandengue, que tanto alaba un sector del feminismo radical. La maternidad espiritual difiere con mucho de aquella visión biológico-materialista. Al contrario, caracteriza una capacidad especial de amar que tiene la mujer, que consiste en descubrir y fomentar lo individual en la masa [80]. Como dice Juan Pablo II, a la mujer, “Dios ha confiado al hombre, de un modo especial a la mujer” [81]. La maternidad espiritual no sólo expresa cualidades del corazón, sino también del entendimiento y no sólo exige una constitución natural, sino también formación.. Se refiere a la mujer dotada de espíritu, y no a aquella caricatura que, en el fondo, sólo gira alrededor de las propias necesidades corporales.
A una sencilla, normalmente no le cuesta acercarse a los demás. Su sentido de lo concreto, de la realidad y su sensibilidad ante las necesidades espirituales de los demás, le pueden ser de gran utilidad. Tiene un gran talento para la solidaridad y la amistad, así como para transmitir la fe de un modo práctico y concreto, que ha recibido de su Creador. ¿Por qué ha de negar estas cualidades, en vez de ser agradecida y hacer así la vida más amable y agradable a los ojos de Dios? Edith Stein da qué pensar, al escribir: “Cuando alguien se da cuenta de que, en su lugar de trabajo -allí donde cada uno se encuentra en peligro de convertirse en una máquina-, se espera de él cooperación y disponibilidad, conservará algo vivo en su corazón, o despertará a algo que, de otra forma, se atrofiaría” [82].
Aquí se ve con claridad cuánto bien puede hacer un cristiano en medio del mundo. Contribuir a formar un ambiente, en el que las personas se sientan a gusto es una tarea que vale la pena. La mujer -precisamente por ser cristiana- tiene el papel decisivo de dar testimonio del amor de Dios, a cada persona en particular. A ella se le pide que transmita a los demás, la firme convicción de Dios toma en serio a cada uno y que su vida es muy valiosa.

4. 3. El matrimonio como vocación divina

Con la luz de la fe, no sólo se reconoce uno a sí mismo y también reconoce la posibilidad de la propia maternidad o de la propia paternidad, sino que también se ve el matrimonio desde una perspectiva más profunda, que es la que Dios ha querido desde un principio. Como una comunidad de vida y de amor entre un hombre y una mujer. En la Nueva Alianza es todavía más, es sacramento de gracia, vocación divina, en suma, un camino concreto para seguir a Jesucristo.
El hombre y la mujer se complementan entre sí y tienen mucho que darse recíprocamente. Espiritual e intelectualmente, un hombre nunca puede ser “complementado” por otro hombre en la medida en que lo es con la mujer y lo mismo ocurre en el caso de la mujer. Pero la “ayuda” mutua sólo se hará realidad fructífera si, tanto el hombre, como la mujer están unidos a Dios. En el momento en que Adán y Eva comían del fruto prohibido, pensaban estar muy unidos, pues estaban comiendo del mismo árbol. No obstante, en realidad se abrió un foso entre ellos, pues cometer un pecado en común es quizás el mayor abismo que puede existir entre los hombres. Si cuando los amantes pecan conjuntamente, se dieran cuenta que ello supone una auténtica ruptura en su amor, se asustarían de su propio pecado. El amor verdadero y la verdadera vida en común sólo puede existir cuando Dios está presente [83]. En las sociedades secularizadas, está casi programado que se den tensiones entre los sexos, que no conducen a ninguna parte.
La escritora alemana Ida Friederike Görres, señalaba, hace algunos años: “Hace ya tiempo que tengo claro que el matrimonio está pasando desde el Antiguo testamento al Nuevo Testamento. Esto significa que, está transformándose de ser sólo o especialmente una institución jurídica, social, económica y moral, al ámbito de las decisión espiritual. Quizás no sea sólo una señal negativa que hoy se rompan tantos matrimonios. Quizás, esto quiere decir que muchas personas no aceptan más el matrimonio en esa forma corrupta, y no están dispuestas y vivirlo de ese modo” [84].
Precisamente en estas nuevas circunstancias, las parejas cristianas están llamadas a ser un ejemplo del atractivo del amor y de la fidelidad conyugales. También en épocas de crisis e incomprensión, los cónyuges tienen que aceptar el desafío de mantenerse unidos. Todo matrimonio (incluido el matrimonio cristiano) pasa por momentos duros. Se experimenta monotonía, la trivialidad de lo cotidiano, el descontento y la insatisfacción profesional; se ve cómo los planes se estropean y que los hijos son muy distintos a como se los deseaba. Y, con los años, se tiene, no rara vez, la sensación de que se es deudor de muchas deudas impagas.
Cuanto más se pone en tela de juicio la imagen clásica de la mujer, más fácil resulta que surjan conflictos del tipo ¿quién tiene que lavar los platos? ¿quién debe limpiar? ¿quién va de compras?, en fin. Tan necesario es pensar quién hará el trabajo de la casa, como absurdo es estar siempre discutiendo por ello.
Creo que para cada hombre y para cada mujer, más que cada tarea particular, son más importantes su buena disposición hacia la familia, un amor sincero entre ellos y hacia sus hijos, que siempre se manifiesta de modo diverso e individual; pero siempre con la disponibilidad de querer llevar en común las preocupaciones del hogar. Es un callejón sin salida pensar que hombre y mujer, padres e hijos deban “emanciparse” unos de otros. Sería mucho mejor que juntos redescubrieran la belleza de estar ahí para los otros, libremente y por amor. Entonces, ya no se piensa que los propios derechos vayan a salir perjudicados, ni tampoco se exige de los demás lo que uno mismo no quiere dar.
Cuando un hombre y una mujer están dispuestos a sacrificarse por su matrimonio y por su familia, es cuando el amor madura. Esta madurez del amor puede conllevar situaciones muy diversas e incluso contradictorias. Para una mujer puede ser un sacrificio quedarse en la casa, por sus hijos, sin trabajar fuera; para otra, puede ser heroico conjugar el trabajo dentro y fuera de casa, por el bien de su familia. No hay recetas fijas que indiquen cómo ha de ser la vida diaria en cada familia concreta, así como tampoco es adecuado juzgar desde fuera cada situación concreta.
Las posibilidades de cada uno son muy distintas: lo que a una persona le resulta muy sencillo, a otra le supera. También las necesidades de los hijos son diferentes, uno sólo puede requerir más energías de los padres que varios juntos. Como dice la citada I. F. Görres, el matrimonio “ya no es más patria y puerto”, sino que llega a ser una verdadera aventura mística, cuando se lo vive en su profunda dimensión espiritual. Así, añade, es la traducción del gran mandamiento cristiano del amor, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas, a un tamaño apto para los seres humanos [85].
El matrimonio se vive como una comunión corporal, psíquica y espiritual del ser humano; y en todos los planos, significa, para los cónyuges, una unión entrañable [86]. Por ello, está abierto a nuevas vidas, pues el otro es aceptado en la totalidad de su persona, esto es, también en su fertilidad y en su posible paternidad o maternidad. Sin embargo, si la unión sexual se entendiera únicamente como la procreación de descendientes, se utilizaría y denigraría al cónyuge como un simple medio, se abusaría de él. Asimismo, frecuentemente, se olvida que, si se considera a la pareja tan sólo como objeto de placer, también se la convierte en un objeto. Si en el amor matrimonial se encuentran integrados, tanto el deseo de tener hijos, como la búsqueda de la unión sexual, se puede considerar que la relación entre los cónyuges ha sido lograda. Precisamente, con la aceptación de nuevas personas, que amplían la familia, la comunión de los cónyuges es confirmada y afirmada.

5. 4. La búsqueda de la santidad

Realizarse plenamente a sí mismo, someterse a lo que para toda persona es posible y realizable y, para un cristiano, todavía más: a lo que él, en su concreta situación de vida, descubre como voluntad divina.
En este punto, tocamos la dimensión más profunda del desarrollo personal. Cuando el hombre y la mujer sean capaces de superar la resistencia a la entrega, que se percibe en nuestra sociedad, en todos los planos; cuando estén dispuestos a abandonarse de nuevo al amor de Dios, entonces serán verdaderamente libres. Y esa libertad es fruto de estar desprendidos de sí, de estar redimidos.
La filósofa francesa Simone Weil percibió la tragedia del hombre moderno. Aunque nunca se declaró creyente, juzgó con criterios cristianos, al analizar las sociedades occidentales, y mencionó un remedio sorprendente, la unión personal con Dios: “Lo que hace falta en el mundo, lo que nuestro presente necesita, es una santidad nueva, una santidad que nunca existió. Esta es, al menos hoy, una súplica permitida, porque es una súplica necesaria. Creo que es… la primera súplica que debe ser expresada, hoy, cada día, a cada hora, como un niño hambriento que mendiga pan sin cansancio. El mundo necesita santos con genio, tal como una ciudad infectada por la peste necesita de médicos. Donde hay necesidad, también hay obligación” [87].
Las promesas y exigencias del cristianismo incumben a ambos sexos en igual medida. Sin embargo, podemos preguntarnos, ¿qué significa concretamente para la mujer de hoy, vivir según la fe? Que encuentre su apoyo para desempeñar bien las exigencias, muchas veces exageradas que suponen su dedicación a la familia y a la profesión, en una profunda vida de oración. Que vuelva a descubrir el sentido del sacrificio, del esfuerzo no reconocido, del trabajo callado y aparentemente sin brillo y que también se lo haga descubrir de nuevo al hombre. Y esto no como exigencia de una ideología de tiempos pasados, sino como un desafío de su vida cristiana viva, que sigue teniendo valor para ambos sexos, en las más variadas condiciones de la vida moderna.
En todas las exigencias, protestas y discusiones, los cristianos olvidan con facilidad que Cristo vence en la cruz y no luchando contra ella, y que no triunfó sino hasta después de morir y ser sepultado. Esto no significa que no haya que defender activamente la paz y la justicia; pero sí tener en cuenta que la vida, también cuando el dolor es inseparable, no deja estar llena de sentido. Si tenemos fe, tendremos siempre esperanza, pues “¿quién podrá vencer a aquél cuyo triunfo presupone el fracaso?” [88].
Permítanme unas últimas palabras: seguramente, las cuestiones sobre un modelo de mujer propio, no se resuelven con la determinación de conceptos abstractos. Basta una mirada cariñosa y deseosa de descubrir a la “mujer” de la Sagrada Escritura, a María. Cuando la vida nos demuestra lo bajo que, a veces, puede caer la mujer, María nos muestra hasta donde puede llegar, en Cristo y por el. La Madre de Cristo, con toda la predilección que supone, seguía siendo una persona que tenía que luchar y sufrir como nosotros. Ella ha sabido llevar con dignidad la pobreza, el dolor, el desprecio y el exilio.
Si aprendemos de María a vivir de la fe en toda su dimensión, nuestra sociedad podría cambiar mucho. Un sinnúmero de problemas se resolverían más fácilmente, otros se compartirían. Así como el pecado rasga el lazo que une los dos sexos, así la gracia posibilita que vuelva a existir armonía entre ellos. Su relación es tanto más bella, cuanto mayor sea su cercanía a Dios. Como cristianos, hombre y mujer, se pueden querer mutuamente como son y disfrutar juntos, y son capaces de convivir en igualdad, de un modo responsable para el futuro del mundo. Cuanto más cristiano sea este mundo, será también más humano, y más se respetará la dignidad y libertad de cada persona.

[1] Cfr. G. Völker y K. von Welck (editores), Die Braut II. Zur Rolle der Frau im Kulturvergleich, Colonia, 1985, pp. 536 – 545.
[2] Cfr. Völker y von Welck, ob. cit., pp. 224 – 231.
[3] Cfr. E. Ennen, Frauen im Mittelalter, 4a. edición, München, 1991.
[4] Cfr. K. Bieber, Simone de Beauvoir, Bonn, 1979, p. 80.
[5] Cfr. C. Wagner, Simone de Beauvoir Wegs zun Feminismus, Rheinfelden, 1984, pp. 1 y 89.
[6] S. de Beauvoir, Das andere Geschlecht. Sitte und Sexus der Frau, Hamburgo, 1951, p. 21.
[7] Beauvoir, ob. cit., p. 49.
[8] J. P: Sarte, Ist der Existentialismus ein Humanismus?, Zürich, 1974, p. 14.
[9] Sartre, ob. cit., p. 14.
[10] La confesión de ser atea en: cfr. Beauvoir, Die Zeremonie des Abschieds und Gespräche mit Jean Paul Sartre. August – September 1974, Reinbek, 1983, p. 565 y sgtes.
[11] Cfr. ver C. Zehl Romero, Simone de Beauvoir in Selbstzeugnissen und Bilddokumenten, Reinbek, 1978, pp. 120 – 127.
[12] Beauvoir, Das andere… cit., p. 49.
[13] Beauvoir, Das andere… cit., p. 21.
[14] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p. 73.
[15] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p. 75.
[16] Beauvoir, Das andere… cit., p. 684.
[17] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p. 455.
[18] Beauvoir, Das andere… cit., p. 71.
[19] Beauvoir, Das andere… cit., p. 719.
[20] Beauvoir, Das andere… cit., p. 165 y sgte.
[21] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p. 258.
[22] Beauvoir, Das andere… cit., p. 285.
[23] S. de Beauvoir, Alles in Allem, Reinbek, 1974, p. 455.
[24] Beauvoir, Das andere… cit., p. 722.
[25] Beauvoir, Das andere… cit., p. 724.
[26] Cfr. S. de Beauvoir, Über den Kampf für die Befreiung der Frau, Interview von Alice Schwarzer, Kursbuch 35, 1974, p. 62.
[27] Beauvoir, Das andere… cit., p. 461.
[28] Beauvoir, Das andere… cit., p. 721.
[29] Beauvoir, Das andere… cit., p. 751.
[30] Beauvoir, Das andere… cit., p. 718.
[31] Beauvoir, Das andere… cit., p. 751.
[32] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p. 502 y 717.
[33] Una resumida exposición de esta ética, también llamada “nueva moral”, se encuentra en K. Lüthi, Gottes neue Eva, Stuttgart – Berlín, 1978, pp. 67 – 126. Ver también la feminsta Elisabeth Badinter, Die Mutterliebe. Geschichte eines Gefühls vom 17. Jh. bis heute, München, 1981, p. 267: “De la contradicción entre los deseos de las mujeres y los valores dominantes sólo pueden surgir nuevos modos de actuar que posiblemente transformarán la sociedad mucho más profundamente que todo cambio económico que sea de esperar”.
[34] Cfr. p. ejm. Beauvoir, Das andere… cit., p. 209; cfr. pp. 500, 697 y 721.
[35] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p.689.
[36] Cfr. p. ejm. Beauvoir, Das andere… cit., p. 504.
[37] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p.70.
[38] Beauvoir, Das andere… cit., p.70.
[39] S. de Beauvoir, entrevista con Alice Schwarzer en: Der Spiegel 15, 1976, p. 195; cfr. también Beauvoir, Über den Kampf… cit., p. 463.
[40] Beauvoir, Über den Kampf… cit., p. 463.
[41] Beauvoir, Das andere… cit., p. 697.
[42] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p. 409 y sgtes.
[43] Cfr. S. de Beauvoir, Ein sanfter Tod, Hamburgo, 1965, pp. 63 y sgte; Das Alter, Reinbek, 1972, p. 383; Alles… cit., p. 105.
[44] Años más tarde, Beauvoir insiste en que la liberación de la mujer empiece por la emancipación económica, cfr. Beauvoir, Über den Kampf… cit., pp. 65 y 66.
[45] Beauvoir, Das andere… cit., p. 679 y Über den Kampf.. cit., p. 462.
[46] B. Friedan, The feminin Mystique, 1963. Der Weiblichkeitswann, Hamburgo, 1966.
[47] Friedan, ob. cit., p. 33.
[48] Friedan, ob. cit., p. 52.
[49] K. Millet, Sexual Politics, 1969. Sexus und Herrschaft. Die Tyrannei des Mannes in unserer Gesellschaft, München, 1971.
[50] Cfr. S. Firestone, The Dialectic Sex, 1970; en alemán: Frauenbefreiung und sexuelle Revolution, Frankfurt a. M., 1976, p. 41; cfr. también Beauvoir, Über den Kampf… cit., p. 463.
[51] Firestone, ob. cit., p. 191.
[52] Firestone, ob. cit., p. 191.
[53] Ver A. Schwarzer, Frauen gegen den § 218, 2, Frankfurt a. M., 1971.
[54] A. Schwarzer, Der kleine Unterschied und seine großen Folgen, Frankfurt a. M., 1975.
[55] Cfr. A. Schwarzer (editora), Simone de Beauvoir heute, Reinbek, 1983, pp. 9, 14 y 96.
[56] Cfr. Schwarzer, Der kleine Unterschied… cit., pp. 206 y sgte.
[57] Cfr. Schwarzer, Der kleine Unterschied… cit., pp. 208 y sgte.
[58] Cfr. Schwarzer, Der kleine Unterschied… cit., pp. 200.
[59] Cfr. revista Emma, septiembre de 1978.
[60] Cfr. Schwarzer (editora), Frauenarbeit-Frauenbefreiung, Frankfurt a. M., 1973, p. 27.
[61] Cfr. M. Daly, Gyn/Ecology; en alemán, Gyn/Ökologie, München, 1982.
[62] Cfr. R. Garaudy, Der letzte Ausweg. Feminisierung der Gesellschaft.
[63] El hecho de que la actitud frente a la maternidad divide al movimiento feminista, se muestra en una conversación entre Simone de Beauvoir y Betty Friedan. Esta última senala: “Now, I think we do disagree. I think that maternity is more than a myth, although there has been a kind of false sancity attached to it”. Cfr. Sex, Society and the Female Dilemma. A Dialog between Simone de Beauvoir an Betty Friedan, en: Saturday Review (14 de junio de 1975), p. 20.
[64] B. Sichtermann, Weiblichkeit. Zur Politik des Privaten, Berlín, 1983, p. 27. Cfr. también p. 32.
[65] Cfr. L. Caldecott und S. Leland (editores), Reclaim the Earth, Londres, 1983, p. 1.
[66] Cfr. p. ejm. L. Segal, Ist die Zukunft weiblich?, Frankfurt a. M., 1989.
[67] E. Vilar, Das Ende der Dressur, München, 1977, p. 194.
[68] C. Collange, citada en E. Motschmann, Offen gefragt, offen geantwortet, Berlín, 1988, p. 70.
[69] B. Sichtermann, FrauenArbeit, Über wechselnde Tätigkeiten und die Ökonomie der Emanzipation, Berlín, 1987, p. 50.
[70] B. Sichtermann, ob. cit., p. 9.
[71] B. Sichtermann, ob. cit., p. 57 y siguiente.
[72] Cfr. B. Sichtermann, ob. cit., p. 22.
[73] B. Sichtermann, ob. cit., p. 13.
[74] B. Sichtermann, ob. cit., p. 57.
[75] B. Sichtermann, ob. cit., p. 54.
[76] Cfr. F. Geinoz, Wenn die Bevölkerungsfrage Familienwerte erstickt, en Familie und Erziehung 16 (1994), n° 3, p. 4.
[77] C. Collange, Die Wunschfamilie, Düsseldorf-Viena, 1993, p. 226.
[78] Juan Pablo II, Carta apostólica Mulieris dignitatem, 1985, N° 19.
[79] Tito 3,4.
[80] Cfr. sobre este punto J. Angst y C. Ernst, Geschlechtsunterschiede in der Psychiatrie, en: Weibliche Identität im Wandel. Vorträge im Wintersemester 1989/90, Heidelberg, 1990, pp. 69 – 84.
[81] Juan Pablo II, ob. cit., N° 30.
[82] Edith Stein, Die Frau, Ihre Aufgabe nach Natur und Gnade, Friburgo, 1959, p. 8.
[83] Cfr. A. Jourdain von Hildebrandt, Feminismus und Feminität, (manuscrito de una conferencia, sin publicar, sin fecha).
[84] I. F. Görres, Zwischen den Zeiten, Friburgo, 1960, p. 15.
[85] Cfr. I. F. Görres, ob. cit., pp. 413 y sgte.
[86] Cfr. N. y R: Martin, Johannes Paul II: Die Familie. Zukunft der Menschheit, Vallendar, 1985, p. 324.
[87] S. Weil, citada por G. Siegmund, Die Stellung der Frau in der Welt von heute, Stein am Rhein, 1981, p. 95.
[88] G. v. Le Fort, Der Kranz der Engel, 6a. edición, München, 1953, p. 302.

ORTOsexual? ó NOMOsexual?

22 de agosto de 2010

Sin ánimo de polemizar me parece sumamente interesante investigar si es correcto, desde el punto de vista de la prosodia, de la etimología, etc… llamar ortosexual ó nomosexual a la conducta sexual propiamente dicha, es decir, a la que realiza un hombre con una mujer, pues es evidente que a la relación libidinosa entre varones o entre hembras, más que sexual habría que llamarla masturbatoria si aceptamos llamar así a cualquier práctica “onanista”, es decir, que tiene como finalidad la no fecundación y por consiguiente la no procreación. Sin embargo, es sabido que según se relata en la Biblia, lo que condenó Jehowá parece ser que fue el hecho de que Onán derramase en tierra su semen para evitar hacer madre  a   la mujer con la que debía  procrear.

Casualmente, en un blog titulado exonario, he encontrado lo siguiente, que reproduzco, espero que con la conformidad del dueño de dicho blog:

Posted by jorgemux en Abril 30, 2007

Ortosexual: (Ortos = correcto) Sinónimo de nomosexual. Lo opuesto al ortosexual es el latosexual. Luego los homosexuales son latosexuales (lathos = apartamiento de la norma) y los heterosexuales son ortosexuales (y nomosexuales).

Nomosexual
: (Nomos, norma, ley ) dícese de la persona que en su comportamiento sexual no se aparta de la norma social. También de quienes se dedican a dictar y promover dicha norma (curas, rabinos, psicoanalistas, etc.)

(Gracias )

11 comentarios to “Ortosexual / Nomosexual”

<—X—< escribió

Abril 30, 2007 a 2:03 pm

Gracias Sr. X(um) por publicar mis definiciones. Antes de que todos los gays del país se abalancen enfurecidos sobre mí, debo aclarar que la identificación de homosexualidad con error (lathos) no figura en mi definición original y corre por su cuenta. Usted es un lathoso. ¿Homofobia reprimida? Un psicogoro por ahí, por favor. (¿Sabía que hasta 1974 la American Psychiatric Association definía la homosexualidad como un trastorno sicológico?) Le envío una eXteriorización de cariño y respeto.

Responder

Jorge Mux escribió

Abril 30, 2007 a 8:21 pm X: tiene usted razón; yo quise modificar su definición y me equivoqué. Entendí mal algunos conceptos; lo que no me queda claro es por qué “ortosexual” es opuesto a “heterosexual”: ahí es donde quise intervenir y, como habrá visto, quedó una definición mal armada.

<—X—< escribió

Abril 30, 2007 a 10:30 pm No se sienta mal; cualquiera comete un “lathos”. Entendí que lo opuesto a la ortosexualidad debía ser la heterosexualidad (entendida no de la manera tradicional), así como lo opuesto a la ortodoxia es la heterodoxia. Mi definición manifiestamente tramposa apuntaba a jugar con las raíces de las palabras, de modo que un mismo término (heterosexual) podía de pronto acabar con dos significados precisamente opuestos.

Responder

Ortosexual muy ortosexual escribió

Abril 30, 2007 a 11:55 pm Su heterodoxia me abruma

polaridad y… cuando la evidencia hay que demostrarla…

24 de julio de 2010

Es sabido que la polaridad exige, para que exista, que haya un polo norte… y en oposición… un polo sur.  Norte y Sur, Arriba y Abajo, Alto y Bajo, Balnco y Negro, Bello y Feo, Bueno u Malo, etc… y también Hombre y Mujer…

Son parejas  en las que si una de las partes desaparece… la otra carece de sentido… es decir que son partes nececariamente complementarias…  Esto que parece evidente es lo que se está negando por los máximos poderes que desde obscuras organizaciones  determinan y controlan lo que la gente debe pensar… por ejemplo en el tema de la familia y la sexualidad…  Lo que sigue es un fragmento de una conferencia pronunciada por el prestigioso pensador

Julián Marias. Copiamos del blog la puerta angosta:

“Heterosexual”: Una Palabra Falsa

“Este es el momento de decir una palabra de un tema que ocupa mucho la atención de nuestros contemporáneos, creo que la ocupa mucho más de lo debido, y no muy adecuadamente: Es el tema de la Homosexualidad. No voy a decir más que una palabra, porque tenemos muy poco tiempo. Yo diría lo siguiente: Ustedes saben que frecuentemente se emplea la palabra Heterosexual o Heterosexuado, y estamos acostumbrados a usar de esta palabra de un modo normal. Es una expresión redundante, es una expresión pleonástica. Decir Heterosexual o Heterosexuado. Sexual o Sexuado quiere decir justamente esa dualidad, esa polaridad, esa disyunción, varón o mujer, en la cual hemos insistido tan largamente. Por consiguiente, Sexual es Heterosexual, porque añadir Heterosexual es reforzar de algún modo pleonásticamente, de un modo redundante, lo que quiere decir, y dice ya, la palabra Sexual o Sexuado que apunta a esa polaridad. Cuando se dice Heterosexual, la palabra Heterosexual es una palabra forjada sobre y frente a Homosexual. No es una palabra autónoma, no es una palabra independiente. En ese sentido es una de las palabras que llamaba yo falsa el otro día. Es decir, se usa como si fueran términos PARALELOS y COMPARABLES, pero esto es literalmente un abuso de lenguaje. Ni más ni menos. Es decir que si no hubiera más que un sexo, ¡no habría sexo! Un sexo es no sexo. Ocurre como con el “Partido único”. Ustedes imaginen que se habla… –pero es otra corrupción del lenguaje, y no sólo del lenguaje –se habla del Partido único, pero Partido único es una contradicción en los términos. Cuando no hay más que un partido, ¡no hay partidos! ¿Comprenden Ustedes? Ocurre lo mismo con el Sexo. Un sexo único querría decir ningún sexo. El sexo es dualidad, es polaridad, es disyunción; lo mismo que el partidismo es pluripartidismo. Cuando se habla de pluripartidismo, se emplea igualmente pleonástica, igualmente redundante. Si no hay más que un partido, es que no hay ninguno; si no hay más que un sexo, es que no hay sexo.

Lo que llamamos Homosexualidad significa la introducción de la disyunción polar, dentro de un sexo; es decir, el desdoblamiento artificial de un sexo; y naturalmente, por esto, en un esquema homosexual hay una atribución de papeles sexuales o sexuados dentro de un sexo, de tal modo que se restablece una ficticia disyunción al mismo tiempo que se la niega. Un esquema homosexual niega la polaridad sexual, niega la disyunción de los dos sexos, pero al mismo tiempo la restablece ficticiamente dentro de uno. Fíjense que simplemente el análisis lingüístico de estas palabras nos lleva derecho a descubrir el elemento de perturbación de la realidad y de manipulación indebida de cómo son las cosas, que se desliza cuando se toman como dos términos paralelos, equivalentes, Heterosexual y Homosexual”.

Nota de URANIA: Está claro que con frecuencia lo que es normal o general a veces carece de término o palabra que lo denomine o califique: Así por ejemplo llamamos “águila bicéfala”… al águila que tiene dos cabezas… pero a nadie se le ocurre llamar “águila monocéfala”  a la que tiene una cabeza… pues esto es la norma de la naturtaleza.  Así también existe una palabra especifica para los animales y seres humanos que carecen del sentido de la visión: los llamamos “ciegos”…   También llamamos  “cojos” o “mancos”… a quienes carecen de una extremidad…  Del mismo modo, durante siglos y quizás milenios… a nadie se le ocurrió  llamar “heterosexuales” a los hombres y mujeres que, como casi todos los animales que tienen órganos sexuales…. realizan placenteramente  la copulación o acoplamiento   yoni-ligam (para decirlo en sánskrito, lenguaje del KamaSutra… y curiosamente, se da un emparejamiento tan obvio como el del tornillo y la tuerca)…  Por el contrario: sí existió, desde tiempos remotos, palabras para determinar a los hombres o mujeres que no seguían la ley general de la reproducción sexual…  No es hasta el siglo XIX cuando aparece el término “heterosexual”… y aparece como invención de un médico judío que precisamente también creó el término “homosexualidad”… Son palabras cuya etimología es problemática… pues —y esto es una opinión personal– sólo sirven para confundir a  la gente sencilla… Se ha dado el caso de que —y esto es una anécdota que si non e vero e ben trovata— un diputado mejicano/mexicano   insultó a otro… llamándole “heterosexual”…  Y a este respecto…  en nuestro siglo XXI vamos camino de que algún día la práctica de la sexualidad normal sea cdelito…

De momento ya es casi delito llamarla “normal”…. pues “Intereconomia” ha sido multada por el Ministerio de Industria de España …. y  ya en el terreno de la ficción… en  un blog he encontrado una peculiar forma de “salir del armario”…

la obtusa irracionalidad de la sexualidad desviada

15 de julio de 2010

A quien pretendiera subir nadar rio-arriba, contra la corriente… se le podría decir que está empeñado en una tarea con poco o nulo sentido común…  Pues bien, se sabe desde hace millones de años que los seres animales sexuados, macho y hembra, tienen como misión la reproducción de su especie.  Es decir, que un animal  macho necesita una pareja hembra para poder procrear criaturas y perpetuar su especie…  Esa tarea no la podría realizar nunca una pareja de hembras ni  una de machos. Por consiguiente no debería homologarse lo que es diferente. En la pareja macho y hembra tenemos  una famili;  en la pareja formada por dos individuos del mismo sexo, sólo habría, como mucho, una asociación amistosa de convivencia.

La anterior consideración no pretende nada más que dar adada uno lo suyo: es de justicia llamar “al pan, pan y al  vino, vino”.

Dicho lo anterior, me parece muy afortunado haber llegado a conocer las reflexiones de Rahel en su blog coscorrones.

Reproduzco íntegramente su texto:

Reflexiones:

Tan sólo cinco años después de la aprobación de la Ley del Matrimonio homosexual en España, el reducido número de enlaces de esta naturaleza oficiados refrenda dos argumentos aducidos por quienes se manifestaron antaño en contra de la norma.
El primero, que no era una cuestión demandada por la sociedad; y el segundo, que era una forma de desnaturalizar la institución del matrimonio.
Aunque la Federación de Gays y Lesbianas sube la cifra a 18.000 enlaces, el Ministerio de Justicia ha contabilizado, entre el 3 de julio de 2005 y el pasado 6 de junio, un total de 8.624 enlaces de este tipo, muy lejos de los 100.000 que los defensores de la reforma predijeron.
Si se esperaba que entre un 5% y un 10% de la población española encontrara respuesta a sus necesidades en esta ley, finalmente sólo ha afectado a un 2% de los matrimonios celebrados desde entonces.

Quienes impulsaron en España la Ley del matrimonio homosexual la alentaron también en países de Latinoamérica y consecuencia de ello es que el próximo 14 de julio el Senado argentino votará para aprobar o no una ley similar a la española.
Los argumentos de los colectivos de gays y lesbianas argentinos son los mismos que en su día enarbolaron sus homólogos españoles, entre ellos el de la igualdad de derechos ante la ley, desestimado en países como Italia donde los tribunales argumentan que no discrimina a los homosexuales, porque uniones y matrimonios no son realidades homogéneas.
El Tribunal Europeo de Derechos humanos acaba de confirmar en una sentencia que los Estados miembros del Consejo de Europa no están obligados a reconocer el derecho a casarse de las parejas del mismo sexo.
En cualquier caso, parece haber poca comunicación internacional entre estos colectivos, porque si no, los argentinos todavía estarían a tiempo de darse cuenta de que aquello por lo que luchan no es ni siquiera una prioridad entre los homosexuales.
El matrimonio no responde ni a su ritmo ni a sus ideales de vida.

S&M

» Rāḫēl @ 19:09

Reflexiones

Casar homosexuales es un experimento social inédito.
Casar personas del mismo sexo es un experimento social que nunca antes se ha intentado.
Ninguna civilización ha implantado el matrimonio homosexual.
Incluso sociedades que permitían la homosexualidad y hasta la fomentaban en ciertas edades y clases sociales, como los griegos antiguos, entendían claramente el matrimonio como la unión estable entre un hombre y una mujer abiertos a tener hijos.
Una cosa eran las prácticas sexuales de los ciudadanos y otra muy distinta la familia y la generación y educación de hijos.
La homosexualidad ha adoptado muchas formas en distintas sociedades, pero nunca se le ha relacionado con el matrimonio.
Experimentar con el modelo social es irresponsable y peligroso, sin embargo muchos defienden esa experimentación por razones ideológicas de rechazo a la familia y no por razones científicas y ni siquiera de demanda social (la inmensa mayoría de la población mundial está en contra).

En realidad, pocos homosexuales se casan; el objetivo del movimiento gay es destruir el matrimonio heterosexual.
Lo han reconocido muchas veces los líderes homosexuales en España, y en el resto del mundo.
En realidad muy pocos de ellos quieren ‘casarse’.
Pero el movimiento del homosexualismo político se vuelca en la exigencia del matrimonio para cambiar la sociedad y eliminar una institución (el matrimonio monógamo y de por vida) en la que no creen.

Legalizar el matrimonio homosexual significa poner toda la maquinaria educativa y mediática del Estado al servicio del homosexualismo político.
Si el matrimonio gay es legal, se enseñará en las escuelas.
Los libros de texto de los niños explicarán la doctrina que las asociaciones homosexualistas hayan indicado: que la homosexualidad es normal, que es bueno tener dos papás o dos mamás, que los niños deben experimentar con su sexualidad para descubrir qué sexo les atrae más, y que las personas que se oponen a la homosexualidad son intolerantes.
Por supuesto, cada serie de televisión tendrá su pareja de homosexuales o lesbianas con niños, conviviendo felices para ejemplo y edificación de tantos matrimonios con problemas.

Legalizar el matrimonio homosexual establece un agravio comparativo con las personas que viven juntas sin relaciones sexuales.
Dos ancianas que viven juntas, tres hermanos en una casa, cuatro amigos que comparten piso desde hace seis años… tienen una relación con afectividad, compromiso y convivencia igual que puedan tener dos homosexuales.
Sin embargo, se ven privadas de las ventajas legales del matrimonio gay porque no practican sexo entre ellos.
El matrimonio gay en realidad premia a los practicantes de cierto tipo de sexo, privilegiándoles sobre otras convivencias afectivas y estables.


A %d blogueros les gusta esto: