Archive for the ‘Judaismo’ Category

Salvador Borrego Escalante, 90 años…

21 de mayo de 2015

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Derrota-Mundial
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El problema del judaísmo ante el Concilio Vaticano II

4 de mayo de 2012

 

 

En este trabajo expone la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la responsabilidad de los judíos en la muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Los errores que por Mons. CARLI detenta en los esquemas y borradores conciliares terminaron haciéndose oficiales en la Declaración conciliar Nostra Aetate sobre las religiones no cristianas, y hoy son ligar común.

Por Mons. Luigi Maria Carli
Cuadernos Fides nº 21. (2).

(El Obispo de Segni, Italia, Monseñor LUIGI MARÍA CARLI, se distinguió durante el Concilio Vaticano II por ser uno de los Padres más combativos del Coetus Internationales Patrum. sisinono@mixmail.com
Se trataba de un grupo de tendencia tradicional del que formaban parte, Mons. Proença Sigaud, Mons. Castro Mayer y Mons. M. Lefebvre).

En este trabajo expone la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la responsabilidad de los judíos en la muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Los errores que por Mons. CARLI detenta en los esquemas y borradores conciliares terminaron haciéndose oficiales en la Declaración conciliar Nostra Aetate sobre las religiones no cristianas, y hoy son ligar común. Forman parte de un “meaculpismo” tan injusto con la historia de la Iglesia (que jamás ha sido RACISTA ni ANTISEMITA, considerando el judaísmo como un problema exclusivamente religioso) como ajeno de toda fundamentación doctrinal.*

*Por el contrario, de manera más convincente, J. SCHIMID comenta: “El sentido real de este versículo no puede ser que el pueblo judío, en general, vaya a subsistir como viña de Dios (es decir, dejando aparte toda metáfora, como su pueblo elegido), pero recibiendo otros jefes en sustitución de sus jefes actuales, qu son contrarios a la voluntad de Dios. Tal interpretación contradiría no solamente la realidad histórica, sino también todo el mensaje de Jesús y la fe del cristianismo primitivo. También el versículo 43 se opone ello. Dado que se habla en él de otro pueblo, al cual le será dado el “reino de Dios” y que dará sus frutos, Él no se dirige solamente a los jefes del judaísmo, en antítesis con el pueblo, sino a todo el pueblo judío (“os digo”). El versículo expresa, pues, en términos precisos y eficaces, la idea central de toda la parábola. Ésta contiene una especie de teología de la historia, que contempla la falta de Israel en toda su extensión a través del tiempo. Pero la generación presente, aquella a la cual habla Jesús, colma la medida de la falta, ya que ella entrega a la muerte al “hijo bien amado”. De este modo se ha agotado la paciencia de Dios. Resulta de ello la condenación de Israel. Será reemplazado por un nuevo Israel espiritual, que Dios suscitará entre los paganos y al cual dará también nuevos “fittavoli”, “nuevos jefes”. (O. cit., pág. 395. Téngase también presente esta profecía amenazante para los judíos: “Así yo os declaro que muchedumbres vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa en el reino de los cielos con Abraham, Isaac, y Jacob, en tanto que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas exteriores” (Mt. 8, 11).
SIMÓN-DORADO tiene la misma opinión: “Así pues, la nación judía un castigo, y en primer lugar, como ella se ha comportado indignamente, será privada de la dignidad teocrática; y los paganos ocuparán su lugar. (Praelectiones biblicae asum scholarum Novum Testamentum, vol. I, Taurini, 6ª ed. 1944, pág. 814).

2º) San Pedro, hablando el día de Petencostes a varios millares de judíos, no solamente de Jerusalén sino “de todas las naciones que están bajo el cielo (Hech. 2, 6) – por tanto una especie de representación de todo el judaísmo, tanto de Palestina como de la Diáspora -, no vacila en proclamar: “Israelitas, escuchad estas palabras: vosotros habéis hecho morir por la mano de los impíos…a Jesús de Nazareth. Que toda la raza de Israel sepa pues con certeza que Dios ha constituido como Señor y Cristo a este Jesús al que vosotros habéis crucificado” (Hech. 2, 22-36). En otros términos, el Príncipe de los Apósteles atribuye a todos los oyentes – entre los cuales quizá ninguno figuraba entre los materiales homicidas de Jesús – y por tanto, a todo Israel, la RESPONSABILIDAD DEL DEICIDIO.
SAN PEDRO usa el mismo lenguaje cuando se dirige al pueblo que acudió en gran número después de la curación milagrosa del cojo: “El Dios de nuestros padres ha glorificado a su servidor Jesús, que vosotros habéis entregado y negado…Vosotros habéis renegado del santo y del justo, y vosotros habéis pedido que se os diese más bien al homicida, y habéis hecho morir al autor de la Vida” (Hech. 3, 15). ¿Cuántos entre los oyentes de San Pedro habían efectivamente traicionado, negado, dado muerte a Jesús y reclamado a Barrabas? Esto importa poco para el principio de la responsabilidad colectiva; y, sin embargo, si existieran circunstancias en las que hubiera sido justo y útil distinguir entre un puñado de responsables y una masa de inocentes…¡en verdad ésta hubiera sido una!
3º) Los apósteles reprochan al Sanedrín entero y al pueblo de Jerusalán la responsabilidad de la muerte de Jesús: “El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que vosotros habéis dado muerte colgándole del madero” (Hech. 5, 30). ¡Y, sin embargo, bien saben que todos los miembros del Sanedrín no habían manifestado su adhesión!
4º) San Esteban, dirigiéndose al Sanedrín y al pueblo de Jerusalén (en medio del cual quizá no estaba ninguno de los que habían dado muerte a Jesús), establece una comparación entre los judíos contemporáneos y sus padres, y afirma indistintamente: “Ellos exterminaron a los que precedían la venida del Justo, a quien vosotros habéis entregado ahora y de quien sois los asesinos” (Hech. 7, 52).
5º) Para San Pablo, “los judíos”, en general, considerados colectivamente y sin tener en cuenta loables excepciones, son aquellos “que han dado muerte al Señor Jesús y a los Profetas, que no agradan a Dios, que son adversarios de todos los hombre impidiéndonos hablar a los paganos para que se salven; de este modo acrecientan ellos sin interrupción hasta el más alto grado la medida de sus pecados; pero la cólera de Dios ha terminado por alcanzarles” (I Tes. 2, 15-16). Y, sin embargo, el Apóstol se expresa así, hacia el año 50, a propósito de los judíos que persiguen a sus compatriotas convertidos, miembros de la diversas Iglesias de la Judea de las cuales muy probablemente ninguna (o casi ninguna) había participado en el crimen.

Para concluir, estimo que se puede afirmar legítimamente que todo el pueblo del tiempo de Jesús, entendido en el sentido religioso, es decir, como colectividad qu profesa la religión de MOISÉS, fue solidariamente responsable del crimen de deicidio, a pesar de que solamente los jefes, seguidos por una parte de sus fieles, hayan consumado materialmente el crimen.
Estos jefes, ciertamente, no eran elegidos democráticamente por el sufragio popular, sino que con arreglo a la legislación y la mentalidad entonces en vigor, eran considerados por Dios mismo (cfr. Mt. 23, 2) y por la opinión pública como las autoridades religiosas legítimas, responsables oficiales de todos los actos que ejecutaban en nombre de la religión misma. Pues bien, justamente por estos jefes fue condenado a muerte Jesucristo, Hijo de Dios; y fue condenado legalmente porque se había proclamado Dios (Jn. 10, 33; 19, 7); y, sin embargo, había suministrado pruebas suficientes para ser creído tal (Jn. 15, 24).
La sentencia condenatoria fue dictada por el Consejo (Jn. 11,49 y ss.), es decir, por la mayor autoridad de la religión judía, invocando la ley de MOISÉS (Jn. 19, 7) y motivando en ella la sentencia como una acción defensiva de todo el pueblo (Jn. 11, 50) y la religión misma (Mt. 26, 65). Es el sacerdocio de AARÓN, síntesis y principal expresión de la economía teocrática y hierocrática del Antiguo Testamento, el que condenó al Mesías. Por consiguiente, es legítimo atribuir el deicidio al judaísmo en cuanto comunidad religiosa.
En ese sentido bien delimitado, y teniendo en cuenta la mentalidad bíblica, el judaísmo de los tiempos posteriores a Nuestro Señor participa también objetivamente en la responsabilidad colectivamente del deicidio, en la medida en que este judaísmo constituye la continuación libre y voluntaria del judaísmo de entonces.
En ese sentido bien delimitado, y teniendo en cuenta la mentalidad bíblica, el judaísmo de los tiempos posteriores a Nuestro Señor participa también objetivamente en la responsabilidad colectiva del deicidio, en la medida en que este judaísmo constituye la continuación libre y voluntaria del judaísmo de entonces. Un ejemplo tomado de la Iglesia puede ayudarnos a comprender la realidad. Un Soberano Pontífice y un Concilio ecuménico, aun cuando no sean elegidos por la comunidad católica con sistemas democráticos, cada vez que toman una decisión solemne con la plenitud de autoridad, hacen corresponsables de esta decisión, ahora y en todos los siglos por venir, a todo el Catolicismo, a toda la comunidad de la Iglesia.

(Véase, THEODORE H. ROBINSON, “A history of Israel”. 2 vols. Oxford at Claredon Press. Reprinted 1957).

Diario Pampero Condurbensis nº 209. Instituto Eremita Urbanus
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Nota de tresmontes7:  Post copiado íntegramente de la web

tampoco “Lenin” se llamaba Lenin…

25 de mayo de 2011

Es sabido que muchos personajes públicos pertenecientes al judaísmo, (considerado como conjunto cultural, racial y religioso) quizás para no encontrar obstáculos en su promoción social (es el caso de Karl Marx, pr ejemplo) adoptaron nombres “cristianos”.  Recientemente acabamos de saber que el cantante Bob Dylan… realmente tiene otro nombre…

Lo que sorprenderá a mucha gente es saber que, por ejemplo, uno de los hombres pólíticos que más ha influido en la historia de Europa en la primera mitad del siglo XX, Vladimir Ilich Ulianov “Lenin”… realmente se apedillaba Blank…, siendo “Lenin”, por consiguiente un “nombre de guerra”…

Aquí, en este blog URANIA, ya informamos en 8 de marzo de 2008 de una revelación que acaba de hacerse en Moscú: Según la agencia Associated Press, en el Museo Estatal de Historia de Moscú se exhiben documentos que confirman las raíces judías de Lenin. En efecto, el Nuevo Herald, de Miami (Florida, USA), informa de lo siguiente:

MOSCU — Por primera vez en la historia la mayoría de la gente podrá apreciar documentos que parecen confirmar viejos rumores: Vladimir Lenin tenía ancestros judíos.

Entre decenas de documentos recientemente divulgados e incluidos en una exhibición en el Museo Estatal de Historia hay una carta escrita por la hermana mayor de Lenin, Anna Ulyanova, en la que dice que su abuelo materno era un judío ucraniano que se convirtió al cristianismo para salir de la Zona de Residencia, donde se asentaban los judíos en el imperio ruso, y acceder a la educación universitaria.

“Provenía de una familia judía pobre y era, de acuerdo con su acta bautismal, el hijo de Moses Blank, nativo de (la ciudad ucraniana de) Zhitomir”, escribió Ulyanova en una carta de 1932 a Josef Stalin, quien fue sucesor de Lenin tras su muerte en 1924.

Lenin, que nació en 1870 y cuyo nombre de pila era Vladimir Ilych Ulyanov, se identificaba sólo como ruso. Adoptó el de Lenin como su nombre de guerra en 1901 cuando estuvo exiliado en Siberia, cerca del río Lena.

Nota de URANIA: En un post publicado por URANIA con fecha de 8 de marzo de 2008 se da una información que en casi ninguna biografia de Lenin se hace constar:

Y la madre de Lenin se llamaba de soltera Blank, y tenía el patronímico de Alexandrovna. Resulta, efectivamente, que María Alexandrovna Blank, nacida en Simbirsk en 1835, en la familia judía de Sender Blank, se había convertido a la fe ortodoxa cuando ya era mayor, antes de casarse con el maestro local Ilja Nikolavievic Ulianov.

Mauricio Karl, (…) recoge la información de que el apellido Blank es “alemanización del español (sefardín) Blanco” y añade que Lenin no sabía pronunciar la rr rusa, fonéticamente igual a la española, pues los judíos e Rusia la pronuncian como los franceses, lo cual explica por qué en los primeros años del Régimen Soviético, a los judíos se les llamaba “franceses” ya que estaba prohibido llamarles yid, palabra rusa que significa judio.

expansión islámica

30 de abril de 2011

Las ideas no sólo se propagan por medio de la predicación, la escritura, etc…, pero sobre todo, en el pasado,  por la conquista militar y las invasiones de masas humanas.

Ese es el caso de la expansión  de la llamada religión mahometana. Sobre este tema me ha parecido sumamente clarificador un artículo publicado por Arjún en

http://layijadeneurabia.com/2011/04/29/la-expansion-islamica/ con el título de

LA EXPANSIóN ISLáMICA

El islam es el enemigo eterno de los occidentales” (San Luis, Rey de Francia, 1226-1270)

El islam es una religión (si tanto es que se trata de una religión) de conquista. El Corán la define así y la historia lo confirma. La expansión islámica, desde los lejanos días de la Hégira, se ha llevado a cabo casi exclusivamente a punta de cimitarra (1). La invasión pacífica (diríamos mejor: civil) de Europa en los tiempos presentes se debe únicamente a nuestra total ausencia, hasta hoy, de resistencia organizada y efectiva al invasor islámico.

La colonización musulmana de Europa tiene lugar sin necesidad de una conquista militar previa, debido a que la oposición a esta avalancha demográfica que anega el continente y puede asfixiarlo en breve, es nula, o casi. Fingimos ignorar la amenaza para no tener que tomar medidas para neutralizarla, ignoramos la agresión para evitar el esfuerzo de enfrentrarnos a ella. En la pusilanimidad y la pereza europeas actuales están dibujadas la decadencia y la miseria moral de un mundo que ha renunciado a su propia existencia y que sólo parece aspirar a apagarse sin dolor ni sobresaltos (que es precisamente lo que nos sobrará de aquí a poco). Trabajar, luchar, hacer un esfuerzo…, todo eso es ya un lenguaje extraño e incomprensible para la gran mayoría de los europeos, que no piensan más allá del próximo “puente” de Semana Santa, del resultado de la liga de fútbol de primera división o del último “gadget” de la tecnología de masas, Ipod, Mp3, moviles de 5ª generación y demás juguetes para una humanidad puerilizada sin ideales ni destino. ¿Pero cómo se puede exigir un esfuerzo a un cuerpo enfermo y a una mente vencida?

Hacemos, pues, como si no pasara nada, para no vernos confrontados a la imperativa necesidad de hacer algo, y seguimos ocupándonos de naderias y atiborrándonos de aire y paja mientras crujen los primeros truenos de la formidable tormenta que se avecina.

El islam es nuestro enemigo y debemos combatirlo. Pero hemos de entender que la verdadera esencia del problema reside fundamentalmente en nosostros mismos. “La culpa no la tiene el marrano, sino quien le da de comer“, dice un refrán popular en el llano lenguaje del común. Los musulmanes no son culpables de codiciar aquello que está al alcance de sus manos. Ellos juegan su juego. Rellenan el vacio que estamos dejando, ocupan el espacio que se les ofrece, aprovechan las ventajas que se les presentan. Los atropellos y los abusos que cometen son consecuencia de nuestra desidia e inactividad. ¿Es razonable reprochar a unos extraños el que se metan en una casa abierta a los cuatro vientos, una casa rica, limpia, ordenada, llena de bienes y comodidades, apetecible desde todo punto de vista, cuyos irresponsables dueños no le impiden el paso a nadie y reciben a todos con una bandeja de bienvenida sin poner límites, ni restricciones, ni imponer reglas ni condiciones a estos visitantes? Eso también nos lo explica nuestro refranero: “La ocasión la pintan calva“.

El islam siempre se ha instalado en casa ajena (2). La diferencia con épocas pasadas es que a los seguidores del Profeta la usurpación les costaba el esfuerzo de la conquista militar, el precio de la sangre derramada. Nadie entregaba su casa en esos tiempos por las buenas. Hoy recibimos a los invasores ya sea con una boba sonrisa en los labios, ya sea mirando hacia otra parte. Se han instalado con todo el equipaje en nuestro hogar y ya lo considerán suyo, mientras los legítimos propietarios apenas abren la boca ni mueven un dedo para poner en su sitio a esos intrusos que hacen sus necesidades en nuestro jardín.

La expansión islámica es un movimiento que viene desde el fondo de los tiempos. Frenada desde hace siglos debido a su propio agotamiento y al dominio occcidental ejercido sobre el orbe entero durante la época de su máxima potencia, esta se reinicia a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial favorecida por el retroceso europeo de los escenarios del mundo y de su abdicación como civilización rectora de la humanidad. Lo que vivimos hoy es la continuación (el reinicio) de un movimiento que nació en el siglo VII en las arenas de Arabia, el útimo capítulo de una historia que se inició con la andadura de un mercader árabe poco escrupuloso obligado a salir por piernas de su ciudad natal y buscar refugio en Medina.

Un breve repaso a la historia de la expansión islámica sobre tierras cristianas.

653-636 – Conquista de Siria e Iraq (países cristianos entonces).

638 – Toma de Jerusalén, ciudad santa de los cristianos.

639-644 – Conquista del Egipto cristiano y destrucción de la prestigiosa biblioteca de Alejandría.

646-666 – Conquista de la Armenia cristiana.

647-709 – Conquista del África del norte cristiana (Túnez, Argelia, Marruecos).

649 – Toma de la isla griega de Chipre.

654 – Toma de la isla griega de Rodas.

674-678 – Sitio de Constantinopla, capital cristiana del Imperio Bizantino.

711-714 – Conquista de la península ibérica (España y Portugal).

719-731 – Invasión de la Francia cristiana. Toma de Narbona, Nîmes, Carcassonne, Autun y Marsella.

732 – Charles Martel vence a los ejércitos árabes en Poitiers y pone fin a la progresión del islam en Europa occidental.

800 – Los musulmanes de Túnez comienzan la invasión de Sicilia.

809 – Saqueo de las islas de Córcega y de Cerdeña.

813 – Saqueo de Niza.

828 – Saqueo de Marsella. Incursiones en Provenza durante todo el siglo IX.

846 – Razzias contra Roma, centro de la cristiandad: las basílicas de San Pedro y de San Pablo del Vaticano son completamente saqueadas por las tropas musulmanas a quienes el Papa Sergio II (842-847) debe prometer el pago de un tributo anual de 25 000 monedas de plata. Para impedir estos ataques, su sucesor León IV (847-855) hace levantar la ciudad leonina, es decir las murallas que rodean el Vaticano.

881- Los musulmanes llevan a cabo en Italia el pillaje del gran monasterio benedictino de Monte Cassino, fundado por San Benito al principio del siglo VI. El Papa Juan VIII (872-882) se ve obligado a pagar el impuesto a los musulmanes.

997 – Almanzor (939-1002), general musulmán al servicio del califa omeya de Córdoba, destruye la ciudad de Santiago de Compostela, uno de los lugares de peregrinación más importantes de la cristiandad.

1009 – El califa fatimida Al- Hakim manda destruir el Santo Sepulcro en Jerusalén y 30 000 iglesias cristianas en Egipto y en Palestina.

siglo XI – Los turcos selyúcidas, pueblo de Asia Central convertido al islam, invaden Oriente Próximo y oprimen a los peregrinos cristianos de Tierra Santa.

1065 – Gunther, obispo de Bamberg (Alemania) y 12 000 peregrinos, llegados a Tierra Santa son atacados por los musulmanes. Miles de peregrinos son masacrados durante tres días desde el Viernes Santo a Pascua) y el resto es reducido a la esclavitud.

1071 – Batalla de Mantzikert: los griegos cristianos son expulsados de Anatolia por los turcos musulmanes. El emperador bizantino Alexis 1º Comneno lanza una llamada a los cristianos de Occidente.

Después de las Cruzadas , del siglo XIII al siglo XVII los musulmanes turcos otomanos invaden y dominan a los pueblos cristianos de la Europa balcánica y central.

1383 – Los otomanos toman la ciudad de Tesalónica.

1389 – Batalla dde Kosovo: conquista de Serbia y toma de Atenas.

1396 – Batalla de Nicópolis: conquista de Bulgaria.

1453 – Toma de Constantinopla por el sultán Mehmet II.

1475 – Conquista de Crimea por Mehmet II.

1499 – Conquista y comienzo de la islamización de Albania por Mehmet II.

1480 – Toma de la ciudad italiana de Otranto por los otomanos que masacran al arzobispo de la ciudad y a una gran parte del clero y capturan a los habitantes para venderlos como esclavos.

1521 – Toma de Belgrado por Solimán el Magnífico.

1526 – Batalla de Mohacs: conquista de Croacia y Hungria.

1529 – Sitio de Viena por Solimán el Magnífico.

1565 – Sitio de la isla de Malta.

1571 – Batalla de Lepanto: los otomanos son vencidos por una alianza de países cristianos organizados por el Papa San Pío V (1566-1572), pero los turcos se apoderan de la isla de Creta.

1683 – Por segunda vez, los otomanos sitian Viena, pero fracasan de nuevo ante la resistencia del rey de Polonia Jean III Sobieski. Por primera vez los otomanos deben retroceder.

A partir de entonces la suerte del islam en Europa empieza a cambiar, se inicia el reflujo islámico hasta la debacle final del Imperio otomano en la Primera Guerra Mundial y los años posteriores.

Esta es una página de la historia, pero no es una página cerrada ni es el fin de la historia. El islam pretende incluir en esta lista de países y territorios conquistados (a veces conservados, a veces perdidos), primero a Europa, porque la ven como una presa ya madura para la conquista, y después al resto del mundo. Ese es su programa y lo viene aplicando desde el primer día. El pasado y el presente no ofrecen ninguna duda sobre el futuro.

(1) Actualmente el islam es la única civilizacion, (el único bloque cultural-religioso) en conflicto abierto y sangriento con todas las demás civilizaciones o bloques culturales y religiosos del orbe: contra el Occidente católico y protestante en nuestra Europa inmediata, contra la cristiandad ortodoxa (Serbia, Macedonia en los Balcanes, Rusia, Georgia y Armenia en el Caúcaso, Chipre en el Mediterráneo), contra el judaísmo en Israel/Palestina, contra el hinduísmo en el conflicto de Cachemira y las persecuciones en Bangla Desh, contra el budismo mayoritario en Tailandia y otros países del sudeste asiático, contra la China oficialmente marxista pero culturalmente confucianista o budista (en el Sinkiang-Uighur), contra la católica Filipinas (la rebelión de los “moros” del archipiélago), contra los cristianos en Nigeria o en Sudán, contra los animistas en varias regiones de África…). Sin contar los conflictos entre musulmanes: turcos contra kurdos, afganos de todas las etnias en perpetuo enfrentamiento, las degollinas de Argelia, la opresión de los saharauis a manos de Marruecos, sunitas contra chiítas en Iraq y en Paquistán… Es la guerra mundial del islam, las “fronteras sangrientas del islam” descritas por Samuel Huntington en su “Choque de civilizaciones“.

(2) Esto es incluso en sentido literal. En ocho siglos de dominación musulmana en España, los moros (árabes, beréberes y conversos) no fundaron ni una sola ciudad, ni un solo pueblo (eso si, quemaron y arrasaron muchas localidades): se instalaron en lo que ya existía. Las ciudades y pueblos de España tienen todos un origen ya sea íbero, celta, celtíbero, romano, algunas veces griego (pocos) o fenicio, incluso alguno cartaginés, visigodo otros, más los que datan de épocas más recientes. Pero ningún pueblo o ciudad de España puede reclamar un origen musulmán, ya sea moro o árabe. Los musulmanes no levantan ciudades, las ocupan. No conquistan y colonizan territorios vírgenes, se meten en la propiedad trabajada del vecino. No crean riquezas, se apoderan de las ajenas, conforme a la tradición bandidesca de las tribus de asaltantes de caravanas de donde salieron los primeros sectarios de Mahoma y el propio Mahoma. Si llevaran en ellos las virtudes creativas y organizativas necesarias a la generación de las condiciones propicias para el desarrollo de sociedades prósperas y estables, entonces el mundo musulmán sería un conjunto de países modélicos, ordenados y progresistas. La realidad es todo lo contrario: los países mayoritariamente musulmanes son a cada cual más atrasados e incivilizado: pobreza, miseria, despotismo, violaciones sistemáticas de los derechos más elementales de los seres humanos, oscurantismo, barbarie en definitiva. El islam no es un ejemplo a seguir, es un modelo a descartar.

Una lectora, que firma como JOANA, comentó:

En este mapa faltan los cuatro kanatos de la Horda de Oro: Astracán,Kazán, Siberia y Crimea.

Porque si bien es cierto que esos eran mongoles, abrazaron el islam como religión oficial. Y rápidamente dejaron de ser sólo mongoles, también había cumanos y otros pueblos de origen turco.

Estuvieron ahí, esos mongoles, viviendo más o menos hasta que los rusos les quitaron las tierras, mataron a la mayoría, quemaron sus mezquitas y levantaron iglesias.

Se ve que los musulmanes no se atreven a recordarlo siquiera, jejeje…..

Tampoco está en el listado ninguna de las batallas en que los rusos derrotaron a los musulmanes de los kanatos. Que si bien es cierto que no eran parte del imperio otomano, sí que eran protectorados de ese imperio… y el islam era su religión oficial.

Sería bueno que los occidentales aprendieran esa historia, para que vean cuál es el método que funciona con esos perros.

Porque no sólo derrotaron al islam sino que hasta hoy que yo sepa, ningún mahometano se atreve a reclamar una migaja de territorio ruso.

JUDIOS CELEBRAN LA “ARGUMENTACIÓN CONTUNDENTE” DE BENEDICTO XVI (via Radio Cristiandad)

3 de marzo de 2011

Dios, es decir el Padre Eterno, en su liberalidad, permite la existencia de los soberbios ó petulantes hombres que se autocalifican de “ateos” y otros, de “creyentes”… Digo esto porque se supone que a Dios no le afecta lo que piensen los hombres. Ocurre que los hombres no podemos dejar de pensar desde un punto de vista antropocéntrico… 

Es lo que hacen  en  http://radiocristiandad.wordpress.com/2011/03/02/judios-celebran-la-argumentacion-contundente-de-benedicto-xvi/los que opinan que a los judíos se les ha “exonerado” del crímen de “deicidio”. Por esta razón, reproducimos el post siguiente:

JUDIOS CELEBRAN LA "ARGUMENTACIÓN CONTUNDENTE" DE BENEDICTO XVI ¡LA GLORIA DEL OLIVO A PLENO! El Centro Simón Wiesenthal celebró la “argumentación contundente” que realizó Benedicto XVI en su nuevo libro contra “la responsabilización colectiva” de la muerte de Jesús. “Es muy oportuno en tiempos de creciente antisemitismo”, resaltaron “Este pronunciamiento de su Santidad es oportuno y de máxima importancia, en especial en tiempos de creciente antisemitismo”, señaló el rabino Marvin Hier, decano y fundador del … Read More

via Radio Cristiandad

un “cazanazis” embustero

20 de junio de 2010

De un interesante blog que se autoproclama “blog antinazi” reproducimos un informe sobre el controvertido personaje Simon Wisenthal, conocido como profesional y subvencionado “cazanazis”.  Al margen de que consideramos ingenuo  que un blog católico  cruxetgladius se proclame “antinazi”, hay que reconocer que dado el “lavado cerebral” que ejercen los medios de incomunicación desde 1945, e incluso antes,  es lógico que este blog se “cure en salud” para evitar suspicacias o falsas interpretaciones por parte de los lectores, sobre todo cuando se trata de un informe en el que se descubre la verdadera catadura de un individuo que dedicó su vida a “cazar” seres humanos, como si fueran alimañas…

Copiamos literalmente de crux et gladius:

Un pequeño introito a modo de tentempié

Es muy difícil que en nuestros tiempos exista persona alguna que no haya escuchado, aunque más no sea someramente, del polaco don Simón Wiesenthal, el implacable cazador de nazis y, por tal motivo un Benemérito de la Humanidad. Pero como se ve, éste era poco y, sobre el pucho la escupida: apareció Beate Klarsfeld, miembro de la terrible organización sionista Sherit Hapleitá (con la invalorable ayuda de su marido Serge Klarsfeld), quien se dedicó con ahínco a ser cazadora de nazis (el caso Klaus Barbie, en Bolivia es el mayor de sus éxitos), a la par de denunciar la aparición de líderes nazis en Hispanoamérica, entre los cuales se encontraba nuestro General Juan D. Perón y otros fascistas de alcurnia, que da siempre la casualidad o son peronistas o son nacionalistas. Del otro lado: liberal y bolchevique no encontraron uno. Y, en el fondo, es este el motivo por el cual les dedico, como un caballero que soy, a estos dos cazadores, los renglones que siguen. Es decir, les devuelvo la gentileza, aunque sin necesidad de tornarme macaneador.

Cita la literatura infantojuvenil, aquella que nos hacían leer nuestros maestros en la época nefasta del Tirano Prófugo, al Barón de Münchhausen como el mayor mentiroso que haya existido sobre la faz de la tierra en todos los tiempos, a extremo tal que le mató el punto a Néstor Diletante, que no es poco. En verdad no he tenido el placer de leer por completo las andanzas de este personaje por los prados del Señor, aunque sí he espigado algunos capítulos que me han prestado por aquí y por allá, en ayer y otrora. Mas como Dios me ha negado esta suerte, la que acepto sin pestañar, porque debe hacerse su voluntad y no la mía, no me ha negado la otra: de tener amigos esparcidos en los rincones por doquier. Y, gracias a uno de éstos, me ha llegado un envío del doctor don Gervasio Fernández Funes, que vive en Montevideo cerca del coqueto Miguelete, el libro Los Asesinos entre Nosotros, que son las memorias traducidas al castellano de Simón Wiesenthal, editado por Noguer, de Barcelona, en España. Lectura recomendable para todos aquellos que se dedican a estos estudios y mucho más para los que desean reírse un rato a costillas de un delirante.

Amistades que me hicieron mal y sin embargo las quiero

En la presentación de su libro, dice don Simón que ha estado en una docena de campos de concentración y que sólo sobrevivió por una serie de milagros. Los que en realidad no parecen ser tales, si se tiene en cuenta la promiscuidad en la que vivía Wiesental con los oficiales de la Schutz-Staffeln (SS), dado que como ingeniero diplomado ejerció importantes funciones durante cuatro años y dos meses al lado de los terribles nazis, los que, desde luego, sabían que don Simón era judío, todo lo cual resulta desde ya, más que un milagro, una maravilla sin abuela. Tal es el caso de su amistad con el ex oficial de la SS, Heinrich Guentheret, a quien en diciembre de 1965, es decir, 20 años después de guerra que involucra su martirio, lo invitó especialmente para el casamiento de su hija. Por este botón para la muestra, el lector se habrá dado cuenta que nos encontramos ante uno de los buenos y, que por tal hecho, debería ser simplemente descalificado de todo lo que dice en adelante. Conste además que a esto lo dice Wiesenthal y no quien esto escribe, que ya el lector lo puede haber calificado de nipo-nazi-facho-falanjo-peronacionalista. Y en una de esas, con tal etiqueta, se ha quedado corto el decidor.

Una vida maravillosa

Wiesenthal nació un 31 de diciembre de 1908. Y, aunque tenía a esa fecha madre y padre, fue su abuelo materno quien lo anotó en los registros, sin que medie explicación alguna del autor, el día 1° de enero de 1909. Así anduvo a las gambetas y agachadas por esta causa, hasta que la policía lo descubrió y fue acusado de haber adulterado tal fecha para evitar el servicio militar. Una falta muy grave ayer y hoy. Mas hete aquí que sobrevino el primer milagro: convenció a la severa policía polaca de que el culpable había sido su abuelo, el que no pudo ser llamado a atestiguar porque se había muerto. Y colorín colorado este cuento ha terminado.

En el almacén que tenía su padre, próspero comerciante, gustaba pasar las horas armando casitas y castillos con panecillos de azúcar, los que luego aquél recogía de la mesa, el suelo y el jergón del perro, aunque manoseados, pisoteados y babeados por el niñito, reintegrándolos a su caja para la venta a la confiada clientela del barrio. Es que don Simón quería ser arquitecto, por lo que luego se recibió de ingeniero, que es como decir que le gustaba el triciclo pero se hizo aviador. Y esto no fue por maldad, sino porque en los exámenes que le tomaron en la ciudad de Lwow, no pudo responder más de cuatro preguntas de las sesenta que le hicieron. Lo que quiere decir que era mejor que Sarmiento, que tenía 14 años y estaba en primer grado haciendo la “o” con un vaso, como nos cuenta en Recuerdos de Provincia (¿será por esto que lo llamaban Padre del Aula?). Decepcionado Simón ingreso a la universidad técnica de Praga, donde y desde luego, no había examen de ingreso y la única exigencia era llenar un formulario, cortarse las uñas y tener el certificado de la vacuna contra el coqueluche. Bueno: en verdad, a veces, todo no se puede. Y demos al hombre el mérito que tiene. Además, ¿para que tanta exigencia con un postulante a ingienería?

En la página 29 nos cuenta: “Pasé (en Praga, se entiende) los días más felices de mi vida. Era muy popular entre mis compañeros como estimulante polemista en reuniones estudiantiles y como brillante maestro de ceremonias en actividades sociales. Tenía excelente memoria para divertidas historias aderezadas con mímicas. Tenía también talento para la sátira. Mi humor era particularmente del gusto de mis amigos no judíos, a quienes encantaba la profundidad y la oculta ironía de mis historias. Cuando iba a pasar las vacaciones de Navidad y Pascua a mi casa, llevaba toda la noche en el tren con mis amigos, contando historias, y al llegar a casa, estaba tan ronco que no podía hablar.” Digan si no es un capullito de alelí. Se ve que de jovencito ya estaba practicando lo que después haría toda su vida: darle al macaneo sin asco.

Una misa milagrosa

Resulta que en 1941, los granujas ucranianos que ayudaban a las malvadas tropas alemanas entraron en Lwow (pero no dice por qué él no estaba estudiando en Praga). Entonces los ucranianos que estaban en la ciudad aprovecharon para hacer un progrom que duró tres días y tres noches. Al final habían asesinado unos 600 judíos de los cuales don Simón no recuerda el nombre de ninguno a pesar de ser sus vecinos y correligionarios. Más tarde él y otros 40 judíos, entre abogados, médicos, profesores e ingenieros, fueron apresados y llevados al patio de la prisión de Brigki. En el centro de aquella explanada había una mesa repleta de botellas de vodka, salchichas y zakusky (digamos entre nosotros: una picadita), más con fusiles y municiones. Y ahí nomás les ordenaron a los judíos de la arriada ponerse cara a la pared con las manos en la nuca.

Un ucraniano comenzó a disparar haciendo centro en la nuca de cada judío (justo donde tenían las manos). Cada dos disparos el verdugo interrumpía las ejecuciones y se iba a la mesa a beber vodka y darle al zakusky que parece estaba muy bueno. En el ínterin otro hombre le alcanzaba otro fusil recién cargado (¿qué fusiles usarían estos ucranianos en 1941 que cargaban dos tiros? ¿Acaso el arcabuz de Pizarro o el que llevaba Robinson Crusoe?). Otros ucranianos iban depositando a los judíos muertos en sus ataúdes. Y así los gritos y los disparos se fueron acercando a don Simón, quien recuerda que del miedo que tenía solamente miraba a la pared (pero veía todo lo que pasaba a su lado y a sus espaldas, lo que no deja de ser portentoso, pero no tanto si se sabe que fue un Elegido del Señor de Israel). Y cuando parece que le tocaba el turno a él, comenzó el tañido de las campanas de la iglesia llamando a misa vespertina. Entonces resonó una voz aguardentosa de uno de estos borrachines que dijo: ¡Basta! ¡Tenemos que ir a misa a comulgar” (lo que prueba, aunque él no lo diga, que don Simón por lo menos entendía el ucraniano). Parece mentira, pero los ucranianos, terribles asesinos y temulentos sin costura, no querían perderse la misa, ni la comunión (¿qué le dirían estos asesinos en la confesión al cura del pueblo?). Pero no es una mentira lector, es uno de los tantos milagros que le sucedieron a don Wiesenthal y él los cuenta con intrepidez haciéndome poner los pelos como un cepillo.

Después de esto parece que se quedó dormido en ese mismo lugar y no recuerda por cuanto tiempo (parece que la misa fue larga; y a la mortadela con queso de la picadita, ¿quién se la comió?). Hasta que la luz mortecina de una linterna le dio en la cara despertándolo. Se trataba de Bodnar, un polaco que había sido su capataz en una de sus obras y lo quería salvar. Entonces don Simón pidió que también ayudase a su amigo Gross (de los restantes judíos supuestamente vivos no dice nada) por tener a su madre viejita. Y Bodnar ideó un plan que consistía en darle un garrotazo a cada uno de estos dos y hacerlos pasar por espías rusos, para llevarlos luego al comisario ucraniano de la calle de la Academia. Y fue así que este polaco le dio semejante garrotazo a don Simón que lo dejó sin dientes y los labios como riñón partido. Pero en fin, así son los amigos, y agrego de metido no más: menos mal que era un amigo, porque de haber sido un conocido simplemente, le arranca la cabeza del palazo. El asunto fue que esa noche Wiesenthal estaba en su casa (que se ve los del progrom no la tocaron y a sus progenitores tampoco, porque su padre seguía con el próspero negocio), lo más campante, aunque reconoce que no pudo silbar por varios días. Un detalle importante. Gracias a la misa y a un ex empleado, don Simón había salvado su vida.

Comienza su ascenso de canillita a campeón

A fines de 1941, Wiesenthal fue remitido a un campo de trabajos forzados (lamentablemente no nos dice por qué). Era un taller de reparaciones de locomotoras del Ferrocarril del Este. El forzado trabajo que haría don Simón, ponga y dele a sudar, consistía en pintar el águila alemana y la cruz gamada en las locomotoras capturadas a los rusos, tarea que hacía con gran primor según él lo dice con detalle y merecía las felicitaciones de los nazis. Estando en esto, un día muy frío, se le presentó su jefe, el nazi Heinrich Guentheret (el invitado al casamiento de su hija veinte años más tarde), y se compadeció de él porque tenía las manos azules por el frío por lo que el malvado le regaló sus guantes. Interrogado por Guentheret sobre dónde había estudiado tuvo miedo, porque él sabía de la envidia que los alemanes les tenían a los judíos por ser más inteligentes que ellos. Entonces don Simón mintió diciendo que lo había hecho en una escuela de comercio (complicados estos polacos: en una escuela de comercio en lugar de llevar los libros le enseñaban dibujo y pintura). Pero otro judío que estaba a su lado y preso como él, lo desmintió a los gritos diciéndole a Guentheret que Simón era ingeniero y que no le creyera nada porque todo lo que decía eran mentiras (aquí, lector, esto se merece, si usted me permite, un ¡Oh! y un ¡Huy!). Sorprendido el nazi le preguntó por qué le había mentido y si no sabía que ese era un delito muy grave en Alemania. Lleno de indignación Guentheret en lugar de mandarlo a la moledora de carne, lo ascendió a Técnico y Orientador. Por lo que aquí Wiesenthal consumó otro milagrito.

Cuenta don Wiesenthal que este nuevo cargo lo hizo gozar a de la más completa libertad “en aquel mar de locuras”. Y trabó amistad con los 50 oficiales SS que estaban a cargo de los talleres (aquí me largo otro ¡Oh! y un ¡Ayayai!), los que se comportaron siempre correctamente con los judíos y los polacos. También lo fue con el Superior Inspector Adolf Kohlrautz a cargo de aquel asentamiento maldito. Y fue tan grande aquella intimidad con Kohlrautz que le permitió a Wiesenthal tener en su escritorio dos pistolas cargadas, que había obtenido clandestinamente y de hecho robadas (¿para qué querría un hombre pacífico como Wiesenthal, un capullito de petunia, dos pistolas cargadas donde todos, supuestamente, eran amigos?). De esto se deduce que a don Simón le tocaron unos nazis macanudos, ¿o no? Aparte de que, como él mismo lo dice, tenía despacho privado y escritorio, mientras que los restantes pobrecitos judíos andaban a salto de mata, comiendo gambeta, muertos de frío y con un par de latigazos de yapa. ¿Otro milagro? Parece que sí, y ¿cuántos van? (Confieso: estoy por abandonar esto; pero no, seguiré, en honor a vosotros).

El cumpleaños del Führer

El día 20 de abril de 1943 se cumplía el 54° aniversario del nacimiento del Führer, que dice don Simón “fue día de sol y primavera”. Wiesenthal había salido temprano de la cama para terminar un enorme cartel que decía: “Wir lieben unseren Führer” (nosotros amamos a nuestro conductor). Relata que con anterioridad había pintado enormes cartelones con la cruz gamada para las celebraciones de las SS. Y estando en esta faena, cayó un oficial de apellido Dyga que, sin decir agua ni viene, tomó a Wiesenthal y otros judíos y los condujo a otro campo de concentración distante a tres kilómetros de aquellos talleres ferroviarios, donde él la estaba pasando pichichú con sus amigotes nazis.

El motivo de aquel cambio fue que, para conmemorar el cumpleaños del Führer, iban a ejecutar a 54 judíos. Esto es, uno por cada año de vida de Hitler (no me digan que esto no es original). En cuanto llegó al lugar pudo reconocer entre los judíos elegidos para inmolar, que eran todos científicos de primer nivel, catedráticos, abogados, médicos y todos los otros intelectuales que había en el campo (del que don Simón se le olvidó darnos el nombre). Una pesada lluvia caía en ese momento (lo que ya presagia otro milagro, porque a tres kilómetros de allí era un “día de sol y primavera”) sobre el tenebroso campo de ejecución. En el lugar se había cavado una zanja de 450 m de largo (para enterrar 54 judíos, de donde pueden ocurrir una de dos: o la zanja era demasiado larga o los judíos eran muy grandotes, porque le corresponderían más de 8 m para cada uno).

Los a ejecutar fueron puestos al borde de aquella cuneta horripilante, y don Wiesenthal vio al SS de nombre Kautzer (acababa de llegar y ya sabía el nombre del fusilador), ir matando de a uno a los judíos que caían en la fosa. Hasta que le llegó el turno a don Simón, que parece siempre era el último porque le había tocado el número 54, dado que pudo contar los 53 anteriores. Pero en ese preciso instante se sintió una voz férrea que gritó: “¡Wiesenthal!”, por lo que giró un poco su cabeza muy tímidamente; entonces la voz volvió a sonar: “¡Sí, usted, Wiesenthal!” (lo que revele ya dos cosas: o que este alemán era un idiota redomado o que don Simón no nos dice la verdad; porque allí había, según sus dichos, una sola persona: él, esperando que lo faenen, y no 350, y justamente esta persona se llamaba Wiesenthal y no Pototo Mangiafiore). No habrán sonado las campanas, pero don Simón se salvó de la Huesuda Parca de nuevo. He aquí otro milagro.

Los 11.000.000

Es el cálculo que hace Wiesenthal de los que perecieron en el holocausto. Y no quiere saber nada con que hayan sido menos. Sí señor: 6 millones de judíos, 5 millones de yugoeslavos, rusos, polacos, checoslovacos, holandeses, franceses y muchos otros más. Sólo de niños dice que perecieron un millón reventándolos contra las paredes. Don Simón participó activamente en el proceso de Nüremberg. Sus testimonios fueron tomados al pie de la letra sin que ofreciera un solo documento. De este proceso salieron los linchamientos de los jerarcas del nazismo y otras condenas durísimas, como la de Rudolf Hess (que ya llevaba cinco años de prisión, incomunicado).

Una de cow boys para la muchachada ignara

En el campo de concentración de Lwow –dice afligido don Simón-, uno de los más perversos guardias de las SS, era conocido con el sobrenombre de Tom Mix, como el muchachito de las (añejas) películas del Far West, porque su pasatiempo favorito era montar a caballo, y disparar a los prisioneros.” Simón Wiesenthal tiene muchos testimonios, pero no conocía el nombre del artista que encarnaba a Tom Mix, así como se ve que tampoco conocía el nombre del alemán que hacía semejantes barbaridades. En fin, todo no se le puede pedir a un hombre que sufrió tanto y que hizo más milagros que el Pastor Jiménez en la cancha de Boca, ¿no le parece? Además este libro tiene su mérito: fue lectura obligatoria en Alemania.

Forma práctica de rellenar los hoyos de las bombas

Don Simón, aunque hombre sabio si lo hubo enantes, comenzó a entender los misterios que encierra la mente alemana después de la guerra. Antes parece que no. Y esto ocurrió cuando tuvo acceso a la correspondencia que los SS escribían a sus esposas. Por ejemplo, recuerda una carta en que un führer de las SS describía como tal cosa que una unidad bajo su mando había sido designada para rellenar el cráter abierto por una bomba rusa en Umán, cerca de Kiev, en Ucrania (¡qué bombita, madre mía!, ¿será como las de 15 toneladas que le tiraron los yanquis a los afganos para salvaguardar los Derechos Humanos?). Los matemáticos alemanes (¡mire el lector en la que andaban estos sinvergüenzas!) calcularon después de varias semanas, que los cuerpos de 1.500 judíos serían suficientes para rellenar semejante agujero.

Por este motivo, e inmediatamente, se ejecutaron 1.500 judíos, cuyos cadáveres fueron tapando el hoyo; después les colocaron tierra y una tela metálica por arriba. Así habría desaparecido el socavón. No haré hincapié en el lamentable antecedente de que la socava de don Simón jamás fue encontrada. No. Pero si me llama la atención de la frialdad en el relato, el cual se encuentra desprovisto de todo rasgo emotivo que haga notar la afectación espiritual de quien haya presenciado, o simplemente conocido, semejante inhumanidad.

Pero en la primera carilla de esta carta (su letra fue sometida a un grafólogo de renombre y nos dijo que su autor no padecía ninguna patología mental), el SS le preguntaba a su esposa sobre las flores de su jardín con gran melancolía, prometiéndole que le conseguiría una empleada rusa para que le ayudase en los quehaceres domésticos.

Wiesenthal cita otra carta que vio, donde un SS le cuenta a su esposa cómo mataban a los niños recién nacidos en cautiverio, arrojándolos contra las paredes (¡qué no diría sobre esto la Carlotto que es Wiesenthal con polleras!) y, al cambiar de tema, el alemán le pregunta por su propio hijito que sabía estaba cursando un sarampión. Ahora digo yo, siempre puro metido, que hacer estas cosas es una barbaridad peor que la del canalla de Herodes. Pero imaginarlas, sin que jamás hayan existido, es digno de la psiquiatría, por lo que el dicente es poseedor de un mente extraviada, vaya saberse en qué vericuetos de su criminalidad.

Eichmann

“Pasé una semana en Nüremberg –cuenta don Wiesenthal-, leyendo día y noche (esto, ¿acaso sería parte de los trabajos forzados a los que fue sometido?, y, ¿cómo haría para conseguir libros en un campo de concentración?). Eichmann aparecía como jefe ejecutor de la máquina aniquiladora, que constantemente pedía grandes sumas (¿cómo sabía Simón que Eichmann pedía más y más dinero al gobierno central de Berlín, si él no salía de su barraca?), con el objeto de construir más cámaras de gas y crematorios y para financiar institutos de investigación especial (y a esto último, ¿cómo lo habrá conocido si no pasaba de su condición de recluso?), para estudiar los gases letales y sus métodos de ejecución.” Visto esto resulta que Eichmann era lo que yo pensaba: un majadero incurable. Todos los venenos, sólidos, líquidos y gaseosos vienen con una cartilla editada por su fabricante, con todos los efectos que produce en animales y vegetales, entonces, ¿qué andaba averiguando el alemán exterminador? Tenía que leer el prospecto solamente. O levantar el teléfono y hablar con el proveedor. Aunque habría sido más fácil hablar con la Cruz Roja internacional que la tenía a tiro de mata gatos. Y hablando de proveedores y de la Cruz Roja, recuerdo que en el proceso contra Ernst Zundel, llevado a cabo en Toronto, Canadá, el 8 de enero de 1985, se ventiló el asunto de que el Zyclon-B (Z-B) que habrían usado los nazis para exterminar judíos fue provisto por los EE. UU. (la Dupont, su único fabricante), por lo menos hasta 1943. ¿Y la Cruz Roja no le avisó a los yanquis lo que estaban haciendo los nazis con semejante pesticida? No quiero pensar que los gringos les proveyeron el Zyclon-B y después los acusaron de asesinatos de lesa humanidad. Un negocio redondo.

El Doctor Menguele

“El nombre del Dr. Josef Menguele era conocido de cuantos estuvieron en Auschwitz y aún para los que no estuvieron allí. Millares de niños y adultos, tiene Menguele en la conciencia (…) Odiaba especialmente a los gitanos, tal vez porque parecía uno de ellos y por eso ordenó la muerte de millares” (no me digan que no es un buen motivo). En ninguna parte dice don Simón que haya conocido personalmente al doctor Menguele, luego habla por boca de un tercero con versión de segunda, o vaya a saber de qué mano. Y bien, así sigue toda esta parte sobre el supuesto galeno asesino, con versiones “de un hombre que me contó”; lo que “Hermann Langbein, escritor judío, que me contó una vez”; que “escuchó que había dado muerte a millares de niños mellizos por toda Europa (…) para cambiarle el color de sus ojos, de pardos a azules”; que escuchó decir que “Menguele era el SS perfecto, pero no cuenta cómo este nazi maldito cortaba la churretera con té de barba de choclo. Le refirieron que le “sonreía a las muchachas bonitas mientras las enviaba a la muerte (…) y frente al crematorio de Aschwitz alguien lo oyó decir: Aquí los judíos entran por la puerta y salen por la chimenea”; etc. Y así sigue esta narración de historias chapuceras, cuyo autor las escribió porque es evidente que sus motivos tendrían. Lo grave en todo esto es que haya gente que se las haya creído y mucho más grave que exista gente que aún se las crea. Sin embargo estas declaraciones “que me contaron”; “yo no lo ví pero me dijeron”; “me lo manifestó una chica, cuyo nombre no recuerdo, que ella vio a Fulanita de Tal encadenada”; que “al lado del coso estaba un foso donde se quemaban los cadáveres y las llamas llegaban a catorce metros de altura”; “que una amiga le dijo que Merengadita de Cual había tenido un bebé y que los captores la rifaron en una partida de truco de hacha y tiza”; etc., me parece haberlo escuchado en alguna parte. No hace mucho. Ante un juez y un fiscal. Pero no me acuerdo a dónde. Disculpará el lector esta imprecisión de mi parte.

La aguja infalible

Reconozco que el título es muy raro pero, como verá el lector, es la que se deduce de la historia contada por don Simón en las pp. 227 y 228 de su memoria.

Dice que Ruth le contó una historia, pero él en realidad pensaba en otra cosa, que era en “una pequeña habitación gris oscura (digo yo de puro metido: ¿cuántas personas habrá que hayan visto en su vida una habitación pintada de gris oscuro?). La entrada está a la izquierda, la salida en el centro de la pared de atrás, y esa salida conduce directamente al crematorio de campo de concentración de Grossronsen, próximo a lo que era entonces Breslau y hoy es Wroclaw, en Polonia (palabras por las que pienso Wiesenthal fue un testigo ocular). En el escenario no hay nada más que una mesita con varias jeringas y unos pocos frascos llenos de un líquido incoloro, y una silla, no más que una (da la impresión que don Simón conocía bien el ambiente). Un ligero olor a carne quemada flotaba en el aire (¿los nazis estaban haciendo un asadito o estaban quemando gente?). Estamos en el año de 1944 y la hora puede ser cualquiera del día o de la noche (esto, para ser una acusación, es bien precisa, no me digan que no, porque lo narrado no es un chiste).”

Nosotros nos hallamos –dice Wisenthal- en la antecámara del crematorio de Grossronsen. No hay cámara de gas en este campo de concentración (aunque no sea de don Simón es ¡otro milagro!), y el crematorio es manejado por un ruso llamado Iván el Negro, porque el humo constante le dejó negras las manos y la cara (¡Santo Cielo! Aparte que este Iván no se bañaba nunca, parece que Wiesental lo conocía hasta por el apodo antes que por el olor, ¿cómo habrá hecho?). Iván tiene un aspecto terrible, pero pocos internados lo ven cuando están vivos (pero él estaba internado, vivo y lo vio). Cuando Iván se ocupa de ellos, la gente ya no le tiene más miedo (esto es humor negro puro). El lleva sus cenizas hasta una huerta vecina, donde son usadas como fertilizantes, en ella los guardias plantas verduras para la cocina del campo (de donde se deduce que estos nazis eran ecologistas). Sé de esto porque soy uno de los prisioneros que trabajaban en la huerta (de donde se deduce que don Simón de ingeniero pasó a pintor, y de allí, por ahora, a hortelano).

Ahora aparece un joven –sigue diciendo el sobreviviente del holocausto- en el centro de la sala (o sea que él estuvo allí, fue un espectador, ¿qué estaría haciendo el bueno de don Simón?). Sobre su uniforme de las SS, lleva una ropa blanca de médico (es decir: él lo vio). La mayoría de los prisioneros no conocían hasta aquel momento al joven doctor (pero parece que él sí lo conocía de antes, ¿tal vez de la huerta? ¡Wiesenthal conocía a todos! He aquí otro milagro), que era miembro del comité de recepción.

Cuando llegan los transportes de prisioneros, les es ordenado bajar la rampa y quedarse en posición de firmes frente a la mesa (nótese que Wiesental hace su narración como un espectador, ¿acaso no estaba entre los prisioneros?). El doctor sentado atrás de ella, mueve el índice para la derecha, vida, o para la izquierda, muerte (¿y don Simón a dónde estaría?, ¿acaso detrás del doctor?) Un SS va haciendo señales en una lista (Wiesenthal vio las señales y la lista). El doctor hace una segunda revisación en el despojo humano que tiene enfrente (seguro que él no era, porque cuando lo encontraron estaba gordo).”

¡Abra la boca! –cuenta que dijo el galeno alemán- ¡Más! Hace una señal de asentimiento con la cabeza. El prisionero vale algo: tres dientes de oro (parece que él los contó). El doctor marca una gran cruz negra en la frente del prisionero, con un grueso lápiz mojado (¡ni locos los nazis, tan apegados al oro y los dólares, iban a dejar escapar esos dientes!).

¡Abtreten! (salir de las filas). Todos los marcados tienen que registrarse en los escritorios del campo y los dientes de oro que poseen en la boca (él seguro que no porque su amigo, el polaco Bodnar, de un garrotazo se los extrajo sin anestesia dejándole la boca como una morcilla), son debidamente registrados. ¡Ya no les pertenecen, pero los SS les permiten usarlos mientras están vivos, porque ¿quién dijo que los SS eran inhumanos? (mire don Simón: esto si que es humor negro de pésimo gusto). No serían capaces nunca, de arrancar los dientes de oro de un hombre vivo (parece que su amigo, el polaco Bodnar, no pensaba lo mismo).

Puestas en fila las víctimas, el doctor (dice don Simón más adelante que era de apellido Babor, es decir también lo conocía, así como su sobrenombre que era Herr Doktor, ¿cómo habrá hecho para conocer tal apellido y su mote?) llenaba una jeringa y le ordenaba a la persona a inmolar que se desnudase hasta la cintura. Hecho esto le indicaba que se sentase en la única silla que allí había. Simultáneamente dos SS tomaban al sujeto por ambos brazos y el médico le clavaba la aguja en el corazón inyectándole el líquido, que era ácido fenólico que mata instantáneamente (observe el lector que Wiesenthal conoce hasta el nombre del compuesto químico). Y el resto de los prisioneros que estaban en la cola esperando el turno para ser inyectados, ¿qué hacían? No. De esto don Simón no nos cuenta nada, por lo que supongo nada habrán hecho.

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Y bien señor lector: a esto yo no lo sigo más. Me duele la cabeza. Que lo siga otro si puede. Pero algo de fuerzas me quedan para darle un consejo a la muchachada de la Organización Wiesenthal que veo son muy jóvenes: hagan desaparecer este libro y eviten, como lo han hecho hasta ahora, que se reedite. Porque miren: no hay nada peor que avivar a la gilada, que después se vuelve contra. Bien, me dirán seguramente, pero ¿cómo hacemos para ocultar un libro escrito por nuestro fundador? ¡Ah, no, esa es harina de otro costal! Habrá que inventar algo. Total la gilada es capaz de manducarse un adoquín con mayonesa.

Mientras se les ocurre algo yo les aconsejaría que sigan insistiendo en que el General Perón era un nazi; que los peronistas son todos nazis; que los nacionalistas son lo peor de lo peor en este horripilante sentido; que el oro nazi robado a los judíos fue el financista de la Revolución NacionalJusticialista y que el oro nazi está enterrado en algún lugar de la Patagonia. En cambio el General Justo (el edificio del Colegio Militar de la Nación construido durante su presidencia es copia exacta de un cuartel de los SS, cosa que demostraré en breve con fotografías: una por una; lo sabrá a esto la Garré que se las da de bataclana), Lonardi, Rojas, el Gordo Codovila (enterrado en Moscú), Norteamérico Ghioldi, los hermanitos Frondizi, Santucho, Gorriarán Merlo, todos los Virreyes y ahora Kirchner con su fámula, no. Ellos fueron y son hombres y mujeres de la Democacacracia.

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FINALMENTE PARA MUESTRA UN BOTÓN POR QUE NO FALTARAN LOS SIMONADICTOS QUE DIRAN QUE TODO ES MENTIRA, QUE EL ANTISEMI…eso….que pobrecitos que no les creen…bla, bla, bla……

En 1946 él publicó las memorias, ” KZ Mauthausen”. En ese libro él reprodujo un bosquejo que él dijo haber hecho de memoria en 1945, de las ejecuciones bestiales realizadas por los carceleros nazis.

La revista Life Magazine, 1946, exhibió las fotografías de tres jóvenes soldados alemanes que sus comandantes habían enviado a través de las líneas enemigas vistiendo uniformes capturados de los E.E.U.U. en misiones del sabotaje, durante la ofensiva Ardennes del diciembre de 1944., Sorprendidos fueron Condenado a la muerte por un consejo de guerra de los E.E.U.U. , el 24 de Diciembre de 1944.

Mas antecedentes sobre el mitomano en cuestión:

http://www.vho.org/GB/Journals/JHR/15/4/Weber8-16.html (Ingles)

Faked Holocaust Memoirs – Simon Wiesenthal

http://www.zundelsite.org/english/wiesenthal/bogus_nazi_hunter/index.html

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Nota de URANIA: También hemos sabido, gracias a la yijad en eurabia, que  en el nada sospechoso diario londinense The Times, Guy Walters ha publicado un documentado artículo titulado:   The head Nazi-hunter´s trail of lies

También el la yijad en eurabia leemos que nada menos que en The Jewish Chronicle online se publica un artículo titulado: “Simon Wiesenthal lied”.

Sobre el significado del nombre “Wisenthal”, una comentarista de radiocristiandad escribe:

ALICIA Enlace permanente
Viernes 21 Agosto 2009 6:48 am

Wisenthal miente desde el nombre. ¿hijo del sabio?

DRESDE: 300.000 alemanes quemados vivos

20 de febrero de 2010

Fue un militar británico, el comandante Harris, quien avisó a Winston Churchill de que el plan que se preparaba de arrasar la ciudad de Dresde,en febrero de 1945,  cuanda Alemania ya prácticamente estaba derrotada, era inútil -desde el punto de vista bélico-, por cuanto la ciudad estaba poblada principalmente por centenares de miles de refugiados –mujeres y niños– que huían del Este, ante el avance del Ejército Rojo….  No obstante, se decidió bombardear la ciudad con el fin de aterrorizar y exterminar a la población civil.

Hoy, 65 años después de aquel genocidio -del que no se habla– en Dresde, con la complacencia de las autoridades “alemanas”, 10.000 “izquiedistas” formarón una barrera humana para impedir que “5000 neonazis”, como los llama la prensa, rindieran homenaje a las víctimas en nombre de la dignidad del pueblo alemán. Así están las cosas en Europa.

De este acontecimiento se ocupa el blog jrania, del cual reproducimos lo siguiente:

La noche del 13 al 14 de febrero de 1945, a las 23.13 h., los aliados occidentales desencadenaron la mayor atrocidad en su directriz estratégica de exterminio aéreo de la población germana. El objetivo fue esta vez la bellísima localidad sajona de Dresde, repleta de refugiados que huían del Este, donde el Ejército Rojo ya había dado muestras de lo que significaba en realidad la supuesta “cruzada antifascista en defensa de los derechos humanos y de la civilización”, con millones de víctimas civiles. En Dresde se  trataba de quemar vivos a unos 160.000 ancianos, mujeres y niños acampados en las calles, además de  los 640.000 habitantes de la ciudad. Dresde carecía de toda importancia militar y además Alemania estaba ya completamente derrotada por esas fechas. La masacre no tiene justificación. Sólo puede explicarse como consumación de una política de exterminio diseñada por judíos estadounidenses y que empezó a ponerse en práctica ya en 1941 con el  plan del Bomber Command británico de asesinar mediante incineración a 15 millones de civiles alemanes. Por las mismas fechas, las autoridades alemanas planeaban trasladar a los judíos a Madagascar, es decir, a la sazón no tenían intención de exterminarlos. Más tarde, ante los cadáveres quemados de centenares de miles de personas inocentes, en algunos casos sus propios familiares, cuya horrible muerte no podrían ya olvidar, los nazis que custodiaban los campos de concentración perderían todo escrúpulo moral con respecto a los judíos. El mayor ejemplo de inhumanidad se lo dieron a los ciudadanos del Tercer Reich los demócratas y progresistas, aliados del tirano Stalin. Dresde es sólo el símbolo de lo que representó una de las líneas de actuación en el proyecto de genocidio contra los alemanes, a saber, la mal llamada “guerra aérea” en forma de “bombardeo moral”. En el presente post pretendemos demostrar que todos los tópicos con que se ha pretendido justificar las atrocidades de los aviadores británicos ocultan la realidad de una voluntad genocida que queda perfectamente reflejada en Dresde, carnicería gratuita e inútil carente de la más mínima coartada técnico-militar, jurídica o política. Sólo una mente criminal puede agazaparse detrás de un hecho histórico como el bombardeo de Dresde, pero también de todas las actuaciones pseudo militares similares que precedieron y siguieron a ésta. No nos engañemos ya más: se trataba de matar al máximo número de alemanes que fuera posible: por tierra los comunistas rusos, como auténticas hordas de violadores y asesinos, se encargaban de ello a destajo y con placer; por aire eran los aliados occidentales quienes mostraban el significado de la palabra “democracia” frente a la “barbarie” nazi. Más tarde, y ya en tiempo de paz, vendrían las hambrunas organizadas contra los prisioneros de guerra y los civiles de la nación vencida a efectos de conseguir su empequeñecimiento demográfico. La ofensiva aérea representó, por tanto, sólo el primer recurso en la implementación del “plan Kaufmann” Germany must perish, ideado por el judío Theodore N. Kaufmann antes de que empezara el holocausto y culminado en 1945 por otro judío: el banquero neoyorkino Henry Morgenthau.

(continuará)

Pulso a la Iglesia: Judea presiona al Vaticano

22 de noviembre de 2009

En el blog hurania hemos leído un interesante artículo del que reproducimos una parte en la que su autor, Antonio Caponnetto, interpreta el sigificado teológico de un  supuesto “holocausto” del que todo el mundo habla sin saber ni siquiera el origen de esta palabra griega:

V. La mayor mentira de la mentira del Holocausto

A pesar de que lleva largo tiempo el alboroto inicuo armado ex profeso por el aparato judeo-modernista internacional contra las razonables declaraciones de Monseñor Richard Williamson, todavía no terminan de inteligir los católicos la verdadera gravedad de sostener la versión oficial del Holocausto. Incluso —y con pesar lo decimos— no terminan de entenderlo ciertos intelectuales católicos de orientación tradicionalista. A muchos de ellos el fastidio que les suscita la sola mención del Nacionalsocialismo, y la posibilidad siquiera indirecta de que puedan quedar defendiéndolo, les impide ver la profundidad del mal que se está consumando ante nuestra vista.
Porque esta versión oficial del Holocausto, que desde antes del pontificado de Benedicto XVI ya Roma se había decidido a sostener y a preservar, y que ahora ha cuasi dogmatizado, no contiene sólo una inadmisible fábula histórica sino una horrenda falsificación teológica. El mito de la Shoah no es principalmente inaudito porque se adulteren las cifras de los homicidios, las causas de las muertes o las condiciones edilicias de los campos de concentración. No radica su nocividad en hacer pasar por gases humanamente letales los desinfectantes del tifus, o en montar hornos crematorios después del triunfo aliado, o en trucar fotos, cifras, testimonios, juicios y acontecimientos. Ni siquiera es su peor culpa haber hecho un negocio multimillonario de esta mentira, como lo probó el judío Norman Finkelstein en su libro La industria del Holocausto. Todo esto y tantísimo más, describen la faz histórica, política y económica de este embuste basal del siglo XX, asegurado por los verdugos inmisericordes de Nüremberg y sellado en las tenidas torvas de Yalta y de Potsdam. Y todo esto, claro, estará bien que se dirima en el ámbito de los estudios historiográficos, distante si se quiere de las cuestiones de Fe.
Pero todavía hay algo mucho más tenebroso, y es la teología judaica sobre el Holocausto. Una teología dogmática que enseñan y hacen suya las más renombradas agrupaciones hebreas que suelen tener ahora libre acceso al Vaticano, o viceversa, que suelen dar hospedaje al Santo Padre. Según esta teología, Israel, no Cristo, es el Cordero Inmolado. Perseguido durante siglos y ofreciéndose en sacrificio permanentemente, alcanza el punto culminante de su ofrenda cuando muere masivamente bajo las tropelías del Tercer Reich. Tropelías antisemitas que, en esta cosmovisión mesiánica del Israel carnal, no tendrían sino como fundamento último las mismas enseñanzas católicas que durante siglos y siglos habrían predicado la culpabilidad hebrea en la muerte de Cristo. Al nazismo se llega por culpa del cristianismo; y bajo el nazismo la oblación mesiánica de Israel alcanza su punto culminante. Cristo es el gran destronado de su trono de Víctima, y acusados sus seguidores de instigación secular al antisemitismo, colócase en ese trono sangrante el mismo Israel. Del Gólgota ya no pende Aquel cuya sangre pidieron un día que cayera sobre sus testas impías y las de sus propios hijos. Pende sacrílegamente la mano y la mente, el puño y la inteligencia de aquellos que fraguaron la crucifixión del Redentor.

Parodia endemoniada de la economía de la salvación, caricatura infernal del genuino mesianismo, subversión radical del sentido de la Historia de clara inspiración cabalística, esta versión teológica del Holocausto es la que debe saber todo católico honrado que está adquiriendo cada vez que le hacen creer que “quien niega la Shoah no conoce el misterio de Dios ni de la Cruz de Cristo”. Palabras insensatas pronunciadas el 30 de enero por el Padre Federico Lombardi, Director de la Oficina de Información de la Santa Sede y que, lamentablemente, no fueron desmentidas ni enmendadas.

Es por este carácter paródico y endemoniado del mesianismo de Israel, que sus principales ideólogos monopolizan la denominación de holocausto para lo sucedido durante la Segunda Guerra Mundial, no permitiendo que el término se use para los cien millones de cristianos masacrados por el Comunismo a lo largo de la casi totalidad del siglo XX, porque es bien sabido que la dirigencia comunista responsable de este martirio colectivo ha sido y fue en su casi totalidad de origen hebreo.

Y es porque este carácter paródico del mesianismo debe quedar asegurado universalmente, que la teología dogmática judía elabora o promueve en abundancia obras como las de Yad Vashem (Jerusalém), M. Polakoff (Iom HaShoá VeHagvurá. Un manual para el recuerdo), Isajar Moshé Teijtel (Alegre madre de hijos), Pasión intacta, de George Steiner, Breviario del Odio, de León Poliakov —con su prólogo meaculpista del cristiano Francois Mauriac—, The destruction of the European Jews, de Raul Hilberg o la de Gustavo D. Perednik, Teología del holocausto, que con interés y provecho puede consultarse digitalmente. (…/…).

Precisamente en este ensayo dice Perednik, glosando a otros exégetas hebreos, que el capítulo 53 de Isaías, llamado Del Siervo del Eterno, no sería una prefiguración de la Crucifixión de Jesucristo, sino “que puede ser entendido perfectamente como una referencia al Holocausto”, pues en él “los sufrimientos son purificadores en dos sentidos: en lo personal y en un plano social” […] Aquí cabe evocar al filósofo que se basó precisamente en Isaías 53 para fundamentar su teología del Holocausto. Para Ignaz Maybaum, el judío sufre a fin de despertar la conciencia del mundo gentil que es su victimario. A partir del martirio judío, la humanidad entera, por reflejo, ahonda su búsqueda en la senda del bien […] “Mira:yo pongo hoy delante de ti la vida y la bendición, la muerte y la maldición”, concluye por decirnos la Torá. Berkovits, sostenedor de esta idea, agregará que en el tema del Holocausto, el contraste histórico es claro: “desde los humos de Treblinka, irrumpe el Estado de Israel. Lo que Berkovitz denominaría, después del horror, «la sonrisa suficiente». El retorno a Sión da el significado a la historia judía”.

Pero ni este texto representativo ni este artículo agotan lo que cabría saber al respecto. La nómina de expositores de este paródico mesianismo, se engrosaría si incluyéramos en ella a ciertos autores protestantes, como Robert McAfee Brown, o sedicentemente católicos como Harry James Cargas, mucho más entitativo, audaz y heterodoxo que el vocero vaticano Lombardi.

VI. La Iglesia debe pensar católicamente
Si se nos ha seguido benévolamente hasta aquí, con especial énfasis en la lectura del parágrafo anterior, un par de necesarias conclusiones podríamos ir elaborando.
La primera es que la Iglesia no puede asumir como propia la versión oficial sobre el Holocausto, ni mucho menos dotarla de la intangibilidad que se pretende.

Tiene esta versión un cúmulo inagotable de mentiras a designio, fruto principalmente de las llamadas “campañas de desnazificación”, con sus tribunales fiscalizadores, sus lavados de cerebro colectivos y sus programas de reeducación, cuya parcialidad antialemana y aliadófila jamás disimularon. Terminada la guerra, en el Bundesland de Baden-Württemberg se publicó sin rubores: “No debe ser dicho nada favorable sobre el Tercer Reich, y no debe ser dicho nada desfavorable sobre los aliados”. Y en 1960, el Presidente de Alemania Federal, Heinrich Lübke, hablando de “los textos escolares” referidos “al lapso histórico alemán de 1933 a 1945”, solicitó expresamente que trasmitieran “aborrecimiento por el Tercer Reich”.

Con sublevante patetismo se advierte que nadie pide estudiar la verdad histórica, investigar serenamente, escudriñar las fuentes, cotejar testimonios, fatigar archivos. Ningún rebelde librepensador se atreve al llegar aquí a pensar libremente. Lo que se pide es instalar de modo unánime y sacramental el pensamiento único elaborado por Israel. Ardid inmoral y escandaloso que viene siendo elaborado perseverantemente desde el infame juicio de Nüremberg, cuyas aberraciones de toda índole jamás se quieren mencionar. Empezando por la que señala Carlos Whitlock Porter en su Not guilty at Nuremberg: se desecharon sin escrúpulos las 312.022 declaraciones notariales presentadas por la defensa, se aceptaron como moneda de buena ley, en cambio, las 8 ó 9 declaraciones presentadas por la fiscalía. Mención aparte significaría recordar la nómina de atentados judíos —algunos de ellos mortales— contra autores e instituciones dedicadas a la revisión histórica. Por probar este aserto, el 3 de enero de 1996, el embajador de Israel en la Argentina, Israel Avirán, ordenó la captura y el secuestro de la revista “Memoria” que entonces editábamos con un puñado de amigos.

El Santo Padre, precisamente por su doble condición de patriota alemán y de intelectual destacadísimo, debe ser la persona indicada para advertir que esta versión ruinosa y ficta no puede ser asumida por la Iglesia. Entiéndase bien: no se trata de exigirle a Roma que avale una determinada escuela historiográfica en contra de otra, ni de que tome partido por el revisionismo u otorgue rango de definición ex cathedra a los asuntos meramente terrenos. Pero se trata sí, de rogarle con insistencia que busque celosamente la verdad del pasado, que promueva esa búsqueda con empeño y sabiduría, que apoye a los estudiosos serios y veraces, desdeñando interpretaciones facciosas, preñadas de adulteraciones y de embustes de grueso calibre. Se trata, en suma, de tener bien presente, que el último dogma fue el de la Asunción de María Santísima.

No podemos conformarnos cada vez con menos, que es una de las definiciones de la tibieza; ni podemos tampoco aceptar la necesidad del doble discurso como constitutivo ineludible de las relaciones diplomáticas. Cierto es que el grueso de las sociedades vive bajo las falacias de la virtualidad y bajo el sometimiento de esos ídolos que supo describir Bacon. Cierto que al amparo de esos ídolos, que entenebrecen la realidad, pocos y cada vez menos son los que distinguen lo que las cosas son, como gustaba decir Gilson. Y cierto al fin, si se quiere, que no le corresponde al Pontífice hacer de historiador, ni andar dirimiendo sobre el Zyklon B o los alambrados de púas en Auschwitz. Pero si ya no hemos de pedirle al Vicario de Cristo que combata a los hijos de las tinieblas, y bregue por la Verdad en la totalidad de sus manifestaciones, ¿a quién entonces deberíamos acudir los católicos?

En su confortadora encíclica Spe Salvi, Su Santidad Benedicto XVI memora un texto del Sermón 340 de San Agustín, que parece contener toda una respuesta al dilema que estamos planteando. Explica allí el de Hipona que una misión se ha impuesto: “corregir a los indisciplinados, confortar a los pusilánimes, sostener a los débiles, refutar a los adversarios, guardarse de los insidiosos, instruir a los ignorantes, estimular a los indolentes, aplacar a los soberbios, apaciguar a los pendencieros, ayudar a los pobres, liberar a los oprimidos, mostrar aprobación a los buenos”. Todo un programa para estas cruciales circunstancias.

Pero además, y como quedó dicho, existe otra razón superior para que la Iglesia rechace enfáticamente la versión oficial del Holocausto, y es que tras la misma asoma una teología dogmática judía groseramente anticristiana, burdamente paródica del genuino mesianismo, deliberada mueca hostil de inspiración talmúdica contra la misión salvífica de Nuestro Señor Jesucristo, y su Divina Majestad.

Llama poderosamente la atención que en estos agitados días alrededor del caso Williamson, haya pasado inadvertida toda voz eclesial, empezando por la de Benedicto XVI, que nos haya remitido a la Mit brennender sorge de Pío XI. Allí está todo lo que un católico debe saber para tomar distancias del Nacionalsocialismo, y de cuanto aquella ideología y su concreción política pudieron haber tenido de injusto y aún de ominoso. Pero está todo lúcida y corajudamente explicado en perspectiva católica, para que ningún bautizado confunda el rumbo y la finalidad. “La Cruz de Cristo” —dice Pío XI— “aunque su solo nombre haya llegado a ser para muchos locura y escándalo, sigue siendo para el cristiano la señal sacrosanta de la redención, la bandera de la grandeza y de la fuerza moral. A su sombra vivimos, besándola morimos; sobre nuestro sepulcro estará como pregonera de nuestra fe, testigo de nuestra esperanza, aspiración hacia la vida eterna” [nº 31].

http://www.revistacabildo.blogspot.com/
Nota de URANIA: Independientemente de que históricamente  las cosas ocurrieran según la versión oficial o bien de otro modo, tal como sólo es posible conocer por medio de ciertos investigadores,  lo cierto es que para el Cristianismo el único y supremo holocausto es el sacrificio en Cruz de Jesucristo.

Por otra parte, algunos  historiadores hablado del genocidio del pueblo alemán —víctimas de bombardeos, bajas en el frente de guerra y éxodo de los territorios de Prusia– y un artista ha representado lo que llamó el holocausto de Europa en un lienzo sólo dado a conocer a unas pocas personas de Barcelona en los años 80.

En todo caso, incluso si se acepta la versión hoy dominante de la historia reciente, la interpretación religiosa que hace Caponnetto es digna de consideración incluso para los “no creyentyes”.


williamson, desterrado

21 de febrero de 2009

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Ahora que el obispo Richard Williamson ha sido expulsado de Argentina puede ser interesante conocer su blog personal dinoscopus.

Es así que un medio de comunicación dío  la noticia: “Gobierno argentino expulsa a obispo lefebvriano que habría negado la existencia de cámaras de gas y da plazo de 10 días para abandonar el país” .

Y este es el comentario que un lector publicó en radiocristiandad:

Felicito calurosamente a SER, Monseñor Richard Williamson, por la alta distinción que le confirió la Cámara de Diputados bonaerense.
Porque para cualquier persona decente es un honor inconmesurable que un cuerpo legislativo de bandoleros, traficantes de efedrina, patrones de desarmaderos, tratantes de blancas y corrupciones varias, lo declaren persona no grata.
Estimado monseñor Williamson lo envidio sanamente.
                      **********************
 
 
 

 

Y… esto escriben en  cruxetglaudius: Gran Cruz la pectoral de Mons. Williamson, Dios lo eligió como signo de contradicción, esperamos que no acabe en prisión como los autores revisionistas que solo demandan “La Verdad histórica” y elevamos nuestras plegarias a Dios y a La Santísima Virgen para que proteja y cuide a este “Valiente Varón de Dios”, quien consiente del valor de la verdad, se ha negado a la retractación de sus dichos porque nadie aun ha demostrado lo contrario.

A quienes insisten en tacharnos de antisemitas va este mensaje y nuevamente solo por molestarlos a “ellos”.

¡Gott Mit
Uns!…
¿wer
gegen uns?
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Por último, se informa sobre unos videos grabados por un joven investigador judío llamado David Cole en Auschwitz: Se trata de la información más censurada, que ha llevado a la cárcel a muchos investigadores.

lo que realmente dijo el obispo Williamson

7 de febrero de 2009

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El diario de Madrid “El País“, día tras día continúa insistiendo en el tema de las declaraciones del obispo británico Richard Williamson. Pero esta vez, en vez de interpretar sus palabras, las  recoge textualmente:

Pregunta: Obispo Williamson, ¿son éstas sus palabras?: “No hubo ningún judío que muriera en las cámaras de gas, son todo mentiras, mentiras, mentiras”. ¿Son éstas sus palabras?
Respuesta: Sí, creo que está citando algo que dije en Canadá hace muchos años. Creo que las pruebas históricas están seriamente, enormemente, en contra de que se gaseara deliberadamente a seis millones de judíos en las cámaras de gas, como política deliberada de Adolf Hitler.
P. Pero usted dice que no murió ni un solo judío…
R. En cámaras de gas. No murió ninguno en cámaras de gas.
P. Es decir, que no hubo cámaras de gas.
R. Creo que no hubo cámaras de gas. No hubo cámaras de gas. Por las pruebas que he estudiado, no por ninguna emoción, sino por lo que he entendido de las pruebas que existen… Creo, por ejemplo, que los que están en contra de la opinión general hoy sobre el llamado Holocausto, los revisionistas, como se les llama, los revisionistas más serios, han llegado a la conclusión de que murieron entre 200.000 y 300.000 judíos en los campos de concentración nazis, pero ninguno de ellos lo hizo en cámara de gas. Quizá ha oído hablar del Informe Leuchter. Fred Leuchter era un experto en cámaras de gas, diseñó tres cámaras de gas para tres Estados de Estados Unidos, para la ejecución de criminales. Es decir, sabe en qué consisten. Y él estudió lo que quedaba de las supuestas cámaras de gas en los años ochenta. Los crematorios de Birkenau-Auschwitz, por ejemplo. Y su conclusión como experto fue que era imposible que esos lugares hubieran podido servir alguna vez para gasear a un gran número de personas. Porque el gas de cianuro es muy peligroso. Supongamos que uno gasea a 300 personas apiñadas en una cámara, y esas personas llevan algo de ropa. Es muy peligroso entrar luego a sacar los cadáveres, porque un poco de gas que haya quedado en la ropa puede matar a esa persona. Es extremadamente peligroso. Una vez que se ha gaseado a esa gente hay que ventilar la cámara, evacuar todo el gas, para poder entrar y volver a utilizarla. Y, para eliminar el gas, hace falta una chimenea muy alta. Si es una chimenea baja, el gas se expande por el suelo y mata a cualquiera que camine por la zona. Si hubiera habido una chimenea muy alta, habría proyectado su sombra sobre el suelo casi a cualquier hora del día, y los fotógrafos aéreos que sobrevolaban los campos la habrían capturado. Y en esas fotos no hubo nunca esas sombras. Es decir, no hubo chimeneas. Lo cual refuerza el argumento de Leuchter. Otra cosa en la que se fija son las puertas. Tienen que ser completamente herméticas, porque, en caso contrario, el gas se escapa y mata a quienes estén fuera. Pues bien, las puertas de la cámara de gas que enseñan a los turistas en Auschwitz no son herméticas.
P. Lo que dice usted es que el Holocausto no ocurrió, al menos no como lo describe hoy la Historia.
R. Me fío de lo que me parecen pruebas históricas, según personas que han observado y examinado esas pruebas. Creo en sus conclusiones -y, si llegaran a otra conclusión, les haría caso-, porque me parece que se basan en pruebas. Creo que murieron entre 200.000 y 300.000 judíos en los campos de concentración nazis, pero ninguno en cámara de gas.
P. Si esto no es antisemitismo, ¿qué es antisemitismo?
R. Si el antisemitismo es malo, es cuando va en contra de la verdad. Si algo es verdad, no es malo. No me interesa la palabra antisemitismo, es muy peligrosa.
P. El obispo le ha llamado antisemita.
R. El obispo puede llamarme lo que quiera, dinosaurio, idiota, lo que quiera. No es cuestión de llamarnos cosas, es una cuestión de verdad histórica. La verdad histórica no depende de las emociones, sino de las pruebas. No hay duda de que se ha explotado tremendamente. Alemania ha pagado miles de millones de marcos, y ahora de euros, porque tienen complejo de culpa por haber gaseado a seis millones de judíos. Pero yo no creo que fuera así. Cuidado, esto que estoy diciendo es ilegal en Alemania. Por favor, le pido… Si hubiera aquí algún representante del Estado alemán, usted podría enviarme a la cárcel por esto.

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cronología, según “El País”:
–   1 de noviembre de 2008.  Los periodistas Ali Fegan y Lars- Göran Svensson, de  la televisión pública sueca (STV), entrevistan en Baviera a Richard Williamson. Ha recibido miles de visitas en YouTube.
– 21 de enero de 2009. Se emite La cruzada sueca.
– 23 de enero. La Fiscalía de Ratisbona (Baviera) abre una investigación.
– 24 de enero. El Papa hace pública la rehabilitación de 4 obispos.
– 26-30 de enero. Protestas en Alemania e Israel. Benedicto XVI condena el negacionismo. Williamson pide disculpas al Papa “por las molestias”.
– 3 de febrero. La canciller de Alemania Angela Merkel pide al papa que “ponga bien claro” que no puede negarse el Holocausto. Arrecian las críticas contra el Vaticano en Alemania.
– 4 de febrero. La Secretaría de Estado del Vaticano pide a Williamson que se retracte.


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