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“NO PODEMOS PASARLE ARMAS AL ENEMIGO”

24 de mayo de 2013

Pensamientos aryas, pensamientos blancos (II).

Manu Rodríguez. Desde Europa (20/05/13).

*

*En este tiempo de derrota, en este interregno, en esta noche que padecemos no es prudente, ni sabio, desde nuestras filas, lanzar la más mínima crítica sobre el período nazi (no podemos pasarle armas al enemigo). Por lo demás, es el único hecho de relevancia de nuestros pueblos en los últimos miles de años, me atrevería a decir.
En este período el pueblo arya aparece identificado y reconocido por primera vez en la historia de los pueblos. Por primera vez nuestros pueblos adquieren conciencia de sí, acerca de su origen y de su naturaleza. Desde el surgimiento de nuestro pueblo (aquel núcleo primitivo), hace seis o siete mil años, no se había producido un evento semejante. Fue una aurora, una nueva aurora. Fueron momentos sublimes.
Este ‘nacimiento’ tiene que ver con el surgimiento de los estudios indoeuropeos, y los estudios sobre evolución y genética de la época. Se difundieron conocimientos nuevos acerca de nuestro ser biocultural; acerca de nuestra raza, y de nuestras lenguas y culturas. Fue un reconocimiento. Fue como mirarnos por primera vez en un espejo. Estábamos allí, en aquellos textos: en los himnos del Rig Veda, en la Ilíada, en la Eneida, en los Eddas, en el Mabinogion… Éramos nosotros, nuestra sangre, nuestro genio, nuestra raza, la que había generado aquellos textos, aquellas culturas, aquellos mundos.
*La esvástica, nuestro estandarte, no sólo se alzó contra el liberalismo y el comunismo… Apenas empezamos a comprender hoy la grandeza y el alcance de su misión –y de nuestra misión. Para situarnos podemos hacer nuestras estas certeras palabras de Saint-Loup (en los primeros aforismos de ‘Quotations’):
« [Hitler était] l’homme qui avait jeté au monde ce prodigieux défi : attaquer en même temps le capitalisme anglo-saxon, le bolchevisme rouge, le racisme juif, la franc-maçonnerie internationale, l’Eglise catholique, le paupérisme et les iniquités sociales, le traité de Versailles, le colonialisme, la pagaille française et la Home Fleet. »
“[Hitler was] the man who had thrown to the world this extraordinary challenge: to attack at the same time Anglo-Saxon capitalism, Red Bolshevism, Jewish racism, international freemasonry, the Catholic Church, pauperism and social iniquities, the treaty of Versailles, colonialism, the French mess, and the Home Fleet.”
Y la lista no está completa.
Hay que decir que no fue sólo Hitler, fue Alemania entera; el completo pueblo alemán. Fue una ‘empresa’ colectiva (a la que se fueron uniendo las poblaciones germano-parlantes repartidas por Europa una vez que Hitler logró reunirlas en una sola nación).
Nace armada, como Atenea, la comunidad alemana, la primera comunidad arya en despertar, o en renacer, y lo hace para combatir contra aquellos que han procurado su mal; contra todo un entorno cultural contrario, adverso, que niega su ser. Espiritualmente alienada tiene que luchar contra el engaño judeo-mesiánico, contra el ‘milenio cristiano’. Y no fue el único engendro judío con el que tuvo que enfrentarse esta recién nacida nación arya, también el mesianismo comunista medraba entre la población haciendo estragos; y otros. La hidra judía se había multiplicado, se había ramificado; tenía demasiados rostros, demasiadas cabezas.
No parece que hayamos tenido sino un solo enemigo a lo largo de la historia, los pueblos semitas y sus discursos (judíos, judeo-mesiánicos, y musulmanes). Nos dominan espiritualmente. Es múltiple la alienación que padecemos desde hace siglos a manos de semitas o de ideologías semitas (religiosas, políticas, económicas; antropológicas, sociológicas, psicológicas…).
Nuestro enemigo nos posee de una u otra forma. La espantosa hidra judía. Tifón. El mal, nuestro mal.
*¿Fue un despertar, o un nacimiento prematuro? Demasiado joven esta comunidad para enfrentarse a este monstruo milenario. Como un joven héroe ha fracasado en su primer intento por derrotarlo. Demasiado vieja y astuta esa monstruosidad, ese horror. Se zampó al muchacho, y a la joven comunidad arya, en unos pocos años.
Fue el primer intento, nada más; el primer combate verdadero. Hasta entonces habíamos estado padeciendo sus imposiciones y estrategias sin advertir siguiera que estábamos siendo atacados. Llevaban miles de años privándonos de nuestras cosas, negándonos nuestro ser ancestral, vituperando a nuestros antepasados, mancillando nuestros lugares sagrados; dividiéndonos, enfrentándonos –sembrando la discordia entre nosotros. Hay que advertir el universalismo y el dualismo (maniqueísmo) judeo-mesiánico en su libro sagrado (AT y NT), pero también en el marxismo, o en el psicoanálisis. La diseminación de estas ideologías forma parte de su estrategia de dominio.
Somos un pueblo joven, una raza aún joven. Nos falta experiencia. Este interregno ha de servir para fortalecernos espiritual y culturalmente; para madurar.
*Con César Tort, y otros, que piensan que el ‘revisionismo’ de Hitler y el periodo nazi son esenciales, estoy absolutamente de acuerdo. El período nazi en su conjunto (desde que nace hasta que cae derrotado) hay que reivindicarlo, y hay que reivindicarlo por varias razones. Es esencial en nuestra historia, en la historia de los pueblos aryas. Se trata de nuestro nuevo nacimiento, de nuestro primer enfrentamiento con un enemigo milenario, y de nuestra primera derrota. Ni más ni menos. Este episodio tiene que tener absoluta preeminencia entre nosotros. Ha de ocupar el lugar más alto en nuestra memoria, en nuestras reflexiones, en nuestros corazones.
Hay que rescatar la memoria de ese período y elevarla a lo más alto con orgullo. Debemos estar orgullosos de ese período. Fuimos derrotados, pero no vencidos. Seguimos vivos y activos. Si no vencemos a la próxima, venceremos a la siguiente. Venceremos al fin. Lo sé.
*El renacimiento de nuestro pueblo se gesta en los años previos a la llegada de Hitler al poder. La conciencia arya de todo un pueblo vio entonces la luz, o recibió su ‘bautismo’ público. Todo un pueblo se reconoció. Es 1933 el año de su renacimiento. La primera comunidad arya que se reconoce como tal. Su derrota se produce el año 1945. Estamos, pues, en el 80 aniversario de su nacimiento; del nacimiento de la primera nación arya, de la nación arya misma.
Ese período es un hito sin igual en nuestra corta historia. La primera aparición de nuestro pueblo en la historia. Ahora somos un pueblo –la nación arya.
Hitler simboliza nuestro primer período, nuestra primera batalla, y nuestra primera derrota. Su lucha (‘ihr Kampf’) era nuestra lucha (‘unser Kampf’). Su derrota, fue nuestra derrota. Pero no ha acabado con nosotros esta derrota sufrida en nuestro primer enfrentamiento abierto contra el mal; contra nuestro mal. Fuimos derrotados, si, ¿y qué? Era enorme aquello contra lo que se luchaba. Demasiados cabezas la hidra. No pudo ser. La próxima vez conseguiremos vencerla, o la siguiente. Esta guerra tan sólo ha comenzado.
*Estos aniversarios de Hitler y del nacimiento de nuestro pueblo han sido también para mí como un pequeño renacimiento. Digamos que veo más luz, que veo más claro. Presiento, barrunto la próxima batalla (que habrá próxima batalla). Y esta vez tendremos un espacio desde donde avanzar, un baluarte, un punto de apoyo (la propia nación arya). Reconquistaremos a nuestros pueblos. Tenemos muchos y muy buenos guerreros espirituales, y bien armados de conocimiento y de verdad. Al final, venceremos.
Éste es mi espíritu ahora.
*Hitler fue el héroe; el elegido, el preferido, el amado. Todo el pueblo alemán estuvo con él desde su ascenso a su caída. No hubo deserción, no hubo infidelidad.
Reivindicar pues su nombre, su figura, y su vida. E igualmente todo el período nazi. La infancia de la nación arya.
*Hitler, y la primera comunidad arya, se rebelaron contra un enemigo espiritual o, mejor, inmaterial. La guerra que comienza el pueblo germano, y que la actual nación arya prosigue, es una guerra fría, cultural, espiritual (de propaganda, si se prefiere). Es una guerra que más se celebra en el cielo que en la tierra. Es una guerra que hay que ganar primero en el cielo.
Nuestra guerra es mucho más ambiciosa, más inmensa, más grande. Más compleja, más sutil, más prodigiosa. No es tanto un asunto de independencia territorial como de independencia espiritual; es una guerra de liberación espiritual, y es una guerra existencial –nos jugamos nuestro ser ancestral, ser o no ser.
Nuestro pueblo, mayoritariamente alienado, está en manos de ideologías semitas (judías y judeo-mesiánicas); en manos de la bestia, en manos del enemigo. La labor a realizar es, pues, inmensa. Hay que alertar el oído y el discernimiento de nuestros hermanos, pero también apelar a su orgullo, a su dignidad, a su honor. Que el pueblo arya se sienta vulnerado, desconsiderado, burlado, engañado, instrumentalizado, ofendido, estigmatizado… Un pueblo privado de su cultura ancestral es un pueblo que carece de voz, de palabra, de ser, de verdad; de dignidad.
Reconquistar la mente y el corazón de nuestro pueblo será la primera empresa –de su éxito depende nuestra victoria. Ha de ser el clamor de la muchedumbre arya quien venza a la bestia. La muchedumbre arya será el héroe en la batalla final, en la batalla que viene.
*Doce años apenas cumplidos, lo que duró el primer Reich arya. Nuestra primera experiencia. A las puertas de la adolescencia quedó. Con las armas en las manos.
Wehrwolf, el último aliento del joven héroe. La fuerza, ya adolescente. Un rescoldo, un residuo de dignidad. Es ese espíritu, el espíritu del ‘lobo de defensa’ (Wehrwolf).
La primera república arya es también un modelo de organización, de articulación social –de sociedad. Una pedagogía. Una literatura. Un arte. Un pensamiento. Un mundo; el primer mundo arya. Tenemos mucho que aprender todavía de aquella experiencia.
Debemos movernos en este período con devoción y fervor. Como en espacio sagrado.
Acercarnos a su vida cotidiana. La vida cotidiana en el III Reich. Éste sería un buen título. Dividido en dos sexenios (del 33 al 39, y del 39 al 45). En la paz y en la guerra. Hay numerosos testimonios gráficos de este período (y no sólo en la prensa alemana).
En el sexenio de paz: Las calles, las casas, los comercios, las fiestas, el ocio… El campo. El mar. La montaña. El remozamiento de las ciudades, la pulcritud, la limpieza. La luz. El color. La belleza, la alegría. La pureza, el entusiasmo. Nuestra infancia, la infancia y la niñez de la nación arya.
En el sexenio de guerra: Tras el breve fulgor de las primeras victorias, vinieron la resaca y el furor del enemigo. Fueron bombardeadas nuestras ciudades, fueron desapareciendo poco a poco la luz y el color, y la belleza y la alegría… y la vida. Destruyeron cuanto pudieron. Se saciaron. Todo arruinado, todo deshecho; un cielo negro, un mundo que se apaga. Las imágenes finales. Súbitamente le vino la noche a la joven nación arya. Ahí quedó como dormida la doncella.
*Hay que conocer los trabajos relacionados con la dureza y la crueldad con la que se trató al pueblo alemán antes, durante, y después de la gran guerra. E igualmente todas las mentiras divulgadas por los ‘vencedores’; toda la propaganda anti-nazi (anti-arya) que circula desde entonces. Toda esa historia habrá que reescribirla en su momento, y mostrársela al mundo entero. Pero esto no será antes de nuestra victoria final. Hasta entonces es mucha la labor que queda –sobre todo la unidad espiritual de los pueblos aryas tanto en Europa como en la Magna Europa.
*Reivindicar, rehabilitar, y restituir el honor. El período nazi, y sus años previos, han de ser retomados con unción. Recuperar sus logros, sus figuras, sus héroes; su ciencia, su arte, su pensamiento… Recuperar insignias, banderas, estandartes… toda la iconografía del periodo. El primer Reich arya de la historia; la primera nación arya.
Reivindicar absolutamente la figura de Hitler, su primordial papel en nuestra temprana historia, en nuestra primera salida al mundo. Hitler fue el creador del primer Estado arya. A él le debemos su idea, y su realización.
La lucha que fue de uno solo, es ahora ‘nuestra lucha’ (‘unser Kampf’). Hitler abre un periodo que no ha hecho más que comenzar. Él fue el primero. Estamos en los comienzos de la nación arya, en su aurora.
Nuestra historia apenas ha comenzado.
*El orden arya no tenía, ni tiene, un alcance universal, sino puramente étnico. Aquella primera experiencia queda como modelo perfectible de comunidad racial y cultural. Y aún como modelo para otras etnias, para otros pueblos. Hacia una comunidad no de naciones, pues, sino de pueblos. Ese vuelco, esa subversión, ese giro, esa revolución. Retorno de lo particular y propio.
Esa ambición era excesiva, ese nuevo orden que Hitler anunciaba. Entró en colisión con todos los universalismos o internacionalismos religiosos o políticos. Contra el viejo orden religioso, económico, político… cultural en amplio sentido. Era una guerra declarada a la cultura dominante: el mundo religioso judeo-mesiánico y sus correlatos laicos políticos y económicos (la democracia universal y el internacionalismo comunista).
Estaban condenado, él y su proyecto, desde el momento que alcanzó el poder. Él era el destructor, la amenaza más viva que podían sentir los judíos y sus engendros religiosos, políticos, psicológicos, o económicos –sus mundos. Alguien les declaraba la guerra abiertamente.
No era tanto la guerra territorial como la guerra cultural lo que temían sus enemigos, el enfrentamiento ideológico. Que el mensaje arya que venía de Hitler se extendiera –su revolución étnica y cultural; su espíritu, su lucha (‘ihr Kampf’).
Hitler, y la nueva Alemania, encarnaban un nuevo orden moral, político, cultural, espiritual… El camino de los pueblos. Era la alternativa más poderosa a los todopoderosos universalismos (de origen semita) que imperaban. Aún sigue siéndolo.
El nacionalsocialismo era (y es) ciertamente una ‘tercera vía’, entre el liberalismo económico y el internacionalismo comunista. Demostró en los años de paz su éxito frente a unos y otros. La dignidad y prosperidad que proporcionó a su pueblo arruinaba el prestigio del espiritualmente despreciable capitalismo (y su sociedad de consumo), así como del internacionalismo proletario, cuya área de dominio estaba hundida en la miseria espiritual y material. Y era precisamente este éxito social, económico y cultural, el que podría haber conquistado los corazones y las mentes de las naciones blancas logrando extender esta ‘tercera vía’ por toda Europa, y por todo el mundo blanco. Y esto es lo que había que impedir a toda costa.
Había que acabar con él, y con su ejemplo (sus victorias, sus éxitos), a cualquier precio. Había que destruirlo y estigmatizarlo. Convertirlo en la encarnación del mal; en el mal absoluto. Y lo consiguieron. Derrotaron nuestro primer Reich, y mancillaron su memoria.
La horrible imagen pública de Hitler (y el periodo nazi) elaborada por el enemigo es también nuestra imagen, la imagen de la nación arya –de todos y cada uno de nosotros. El enemigo de Hitler es el enemigo de nuestro pueblo. El que lo combate nos combate; el que lo insulta, nos insulta.
La derrota militar sufrida no ha debilitado siquiera nuestra ‘fe’ y nuestra lealtad a nuestro pueblo. Tampoco la perversa contra-propaganda ha hecho mella en nosotros. Nuestro genio es indestructible. Tarde o temprano reescribiremos la historia. Al final, los blancos, los aryas, venceremos.
*
Hasta la próxima,
Manu
FUENTE: http://www.larespuestadeeuropa.blogspot.com.es/2013/05/90-pensamientos-aryas-pensamientos.html

el mundo es así…

7 de septiembre de 2012

filosofando … 7  sept 2012

Posted on 7 de septiembre de 2012by

Entre estas fotografias hay un panfleto supuestamente editado por IZQUIERDA UNIDA, es decir los restos de el histórico PCE, que al principio se autotitulaba “Partido Comunista Español”.  Dada su obscenidad y su nula estética no es necesario decir más.

Freikorps ó CUERPOS FRANCOS hacia el III Reich

6 de agosto de 2010

Un historiador jóven y valiente, del cual no suelen hablar los grandes medios de “in-comunicación”…, debido precisamente a que lo que escribe es muy diferente a lo que publica su pariente,  escritor y exmiembro del PCE (evidentemente nos referimos a Jorge Semprún, que utilizó el pseudónimo de Feredico Sánchez).

El autor que nos interesa  es José Semprún. Hemos conocido su  última obra “Los Cuerpos Francos, el camino al III Reich” [Freikorps] a través de dos fuentes:una es minuto digital, y la otra, es el blog de juan fernández krohn, cuyo post reproducimos seguidamente:

Habían pasado grosso modo veinticinco años sin volver a verle, pero no fallé en reconocerle desde del primer golpe de vista, al cruzarmelo ayer en plena calle, en mi primer día de estancia en Madrid de la visita de breves días que ahora inicio, y me refiero a mi viejo amigo de los tiempos de la Universidad -por más que militásemos en grupos diferentes-, José Semprún del que ignoraba (palabra) su importante obra editorial de corte histórico que descubro ahora por vez primera de ojos absortos.

José Semprún, de un increíble parecido físico -mucho mayor ahora que en los años aquellos cuando le traté- con su tío, el antiguo ministro de cultura (PSOE) Jorge Semprún del que se vio siempre situado por razones familiares además de ideológicas en el otro bando de la linea divisoria (invisible) de trincheras heredada de la guerra civil española -“la otra rama de la familia” como lo describía él ayer en nuestro breve encuentro- se ve convertido hoy, me doy cuenta ahora, en un nombre importante e insoslayable de la historiografía española políticamente incorrecta en temas siempre en ascuas como el genio militar de Franco, la historia de la guerra civil desde una óptica militar, la guerra de independencia americana desde el punto de vista -silenciado implacablemente durante dos siglos- del bando favorable a la causa de España en América y el capitulo crucial de la historia del siglo XX en el periodo de la entreguerras reservado a los cuerpos francos (frei korps), que jugarían un papel crucial en el advenimiento del III Reich y vendrían a ser fatalmente chivo expiatorio -me refiero al grueso de sus miembros y dirigentes- de la tensiones y contradicciones internas del régimen nacional socialista con ocasión de la noche de los cuchillos largos (en el 34)

Los cuerpos francos (frei korps) que dieron su nombre a las unidades de reservistas y voluntarios que hicieron frente al desmembramiento del estado prusiano/alemán tras la derrota en la Gran Guerra (del 14-18) y al estallido de la revolución bolchevique en la Unión Soviética, en fase (amenazante) de expansión puertas afuera desde el día siguiente del final de la primera guerra mundial, son punto fuerte de la literatura de corte histórico -de un innegable sello neoromántico sobre el tema- que habrá florecido durante décadas, y en las que sus protagonistas se verían invariablemente presentados bajo los trazos de héroes idealistas desarraigados y de hombres de acción sin escrúpulos y sin convicciones (fijas) a la vez, condenados a a arrastrar fatalmente el sambenito de “reprobados” y de “malditos” en la memoria colectiva y en particular en los países de lengua y cultura alemana antes y despues del 45.

Semprún que es español -como yo- y del que desconozco en principio el menor lazo de filiación o ascendencia alemana, es sin duda un claro exponente de ese interés legítimo en muchos españoles por la historia de la segunda guerra mundial y en particular del III Reich y del nacionalsocialismo, hilo conductor como lo seria, de una tareas de búsqueda e indagación sobre el tema que se vería plasmado en las útimas décadas en trabajos de innegable valor y calidad literaria innegable a la vez como la obra que aquí abordamos, y rica además en enseñanzas de la gran lección de historia universal que supondría la derrota alemana.

Los pueblos que no aprenden de la historia esta condenados a repetirla. Y es evidente que la derrota alemana encierra hoy como ayer todo tipo de moralejas y ofrece pasto inagotable a la formulación de conclusiones, tanto de orden prático como teóricas. Para no repetir los mismos errores setenta años después aunque solo sea (…)
Hace ya un rato que la historiografía de la segunda guerra mundial dejó de ser un tabú espesos en Alemania y paso a ser al contrario campo libre de de investigación por lo menos en muchos de su capítulos.

Y fue concretamente la llamada querella de los historiadores alemanes -“historikerstreit”- en los años que precedieron inmediatamente a la caída del muro, el detonante en el giro drástico y decisivo en materia historiográfica que sentaría un precedente marcando a la vez rumbos a las nuevas tendencias historiográficas en la materia, gracias al protagonismo y a la pluma de algunos hombres ilustres de la historiografía contemporánea y entre los que destacaría en particular el escritor y catedrático “emérito” (jubilado) Ernst Nolte de cuya amistad me precio desde hace ya bastantes años.

La gran polémica sobre la historia de la segunda guerra mundial a nivel académico como en el terreno de la opinión pública en la Alemania de finales de los década de los ochenta fue una batalla campal que tuvo tanto de historiográfico como de político e ideológico en el fondo, y en la que llevo a partir una lanza nada menos que el presidente de la república federal alemana entonces Von Weizsacker con una declaración retumbante -por sus partidismo, en favor de los “correctos”- justo antes de la caída del muro, tras lo que las tornas cambiaron radicalmente y lo que perecía ya una derrota cantada de los revisionistas se convertiría como por arte de magia en una resonante victoria en toda regla en contra de los primeros.

Y está claro que aquel lance crucial en la historia de la posguerra europea seria un factor decisivo en la aparición de nuevos nombres como el del amigo que aquí evoco. Semprún escribe con éxito y gran divulgación -y en buena hora- libros que no hubieran podido tener la más mínima posibilidad de ver la luz hace quince o veinte años a penas -y le hubieran valido incluso serias sinsabores- en países como Alemania, y sin duda en la mayor parte de los países europeos.

Historia y memoria son -yo diría- dos terrenos o dos “fenómenos” si se prefiere, íntimamente ligados, hermanos siameses incluso por lo inseparables (e inextricables). Y yo me voy a a permitir en este comentario a la obra sobre los cuerpos francos de mi amigo José Semprún, no digo una corrección sino un puntualización -necesaria e indispensable- al tratamiento historiográfico (tan valioso) sobre el tema que aquí estaños abordando.

Los cuerpos francos (frerikrops) fueron una creación del rey Federico II de Prusia -Federico el Buen Ladrón le llamaba Nietzsche- en la Guerra de los Siete Años, y lo constituían unidades irregulares o auxiliares (o provisionales); una especie de somatén (alemán) de los tiempos aquellos. La Guerra de los Siete Años a su vez fue el gran conflicto internacional del siglo XVIII, en suelo europeo como del otro lado del charco, y enfrentó “grosso modo” a las potencias católicas que habían sustituido (y desplazado) a España -y a nuestro Imperio- de su vieja posición hegemónica, contra las potencias protestantes aliadas “in fine” de Catalina II, emperatriz de todas las Rusias (de confesión ortodoxa)

Madre del cordero, la guerra de lo siete Años en la génesis de los grandes conflictos que se seguirían a escala internacional en los dos siglos venideros; como lo fue la guerra civil castellana (1366-1369) en la génesis de todas la guerras civiles de nuestra historia (venidera) Y en una de sus obras que contiene sustancialmente la polémica amistosa que mantuvo con el historiador francés, Francois Furet, el profesor Nolte recordaba su apego sentimental -y en el terreno de e los principios- a la causa de María Teresa de Austria y calificaba de “agresión injusta” la ruptura de hostilidades entonces por parte de Federico.

Y me ha venido todo ello a la mente -como a borbotones- a la vista de la referencia (“rarissima avis”) mencionada en libro de José Semprún sobre la batalla del monte Ana (Annaberg) -en la Alta Silesia- que libraron los cuerpos francos en contra de los polacos, y que se convertiría en hito insoslayable del martirologio nacionalista polaco del periodo de entre dos guerras por las acusaciones de practicas a las que se vería inevitablemente asociadas, de genocidio (anti-eslavo) por parte de los cuerpos francos.

Lo que traería fatalmente consigo un despertar molesto e incordiante para la otra parte es cierto- de la Memoria colectiva y no me refiero sobre todo entre polacos: Y era en la medida que para los polacos no podía menos de ver un precedente de aquello en otras viejas acusaciones polacas y en general de origen católico- remontándose a la Guerra de los Siete Años cuando las tropas de Federico II se habrían ya librado a prácticas de exterminio contra los polacos (católicos) de la Alta Silesia que formaba parte entonces del imperio (católico) de María Teresa (de Habsburgo)

Eslabón esencial de una interpretación histórica de signo polaco/nacionalista que tendría su desenlace histórico mas reciente en la insurrección anti-alemana de Varsovia de agosto del 44 que las tropas soviéticas de Stalin apostadas ya a las puertas de la villa vieron aplastar impasibles (sin mover un dedo siquiera) Y pieza indispensables desde luego, todo lo que precede, del rompecabezas que sigue representando la hostilidad secular germano/polaca para españoles.

“España libra en Europa la batalla de la unidad; la libra y a la vez la pierde” escribió proféticamente José Antonio en su ensayo “España, germanos contra bereberes”, pocas semanas antes de su muerte. Porque lo mismo que la guerra de los siete Años es insoslayable a la hora de dar una explicación convicente de la génesis histórica -en sus causas remotas, y antecedentes más o menos próximos- de la Revolución Francesa, cabe decir también que la Guerra de los Siete Años donde nacieron los cuerpos francos como acabamos de verlo mas arriba es inexplicable sin el marco geopolítico de la Europa de entonces resultante directa del desenlace de la Guerra de los Treinta Años y de la Paz de Westfalia donde España perdería hasta hoy -en la palestra de la política internacional-su hegemonía.

La derrota alemana -lo dije en mi poema “Franco y José Antonio, dióscuros del tiempo nuevo” y lo mantengo- fue una gran tragedia pero fue la suya propia antes que nada. Y en la que los españoles si se exceptua la gesta de la División Azul tuvimos poca parte de resultas de una actitud de neutralidad en concreto que se acabaría imponiendo en la España de Franco, explicable mucho más que por factores de orden coyuntural condicionantes de la política internacional del régimen de Franco en aquel momento, por otros de orden histórico remontándose a nuestra derrota mundial en la guerra de los Treinta Años. Y en esa perspectiva cabe decir la gesta de los cuerpos francos que mi amigo Semprún evoca hora se ve cuajada de lecciones en la recordación histórica (y de moralejas)

Y más aún, por obra y gacia de la distancia emocional imprencisdible que nos impone a los españoles el conflicto secular entre “las dos memorias” -Ricoeur- que desgarra la conciencia europea desde los tiempos de la guerras de religión (entre católicos y protestantes).

Nota de URANIA: ACTAS EDITORIAL, la casa que acaba de publicar el último libro de José semprún, da la siguiente reseña del autor: José Semprún, historiador, es autor de El ejército realista en la independencia america­na (Madrid, 1992); Capitanes y virreyes (Premio Ejército de Investigación 1997) (Madrid, 1999); El genio militar de Franco. Precisiones a la obra del coronel Blanco Escolá «La in­competencia militar de Franco» (Ed. Actas, Madrid, 2000); La división infernal (Madrid, 2000); Del hacho al Pirineo. El Ejército Nacional en la Guerra de España (Ed. Actas, Madrid, 2003) y Bajo la cruz del Sur. Campañas del virrey Abascal.

Savitri, sacerdotisa del arianismo

28 de junio de 2010

Nota de URANIA:  Gracias a un blog de reciente aparición (www.savitridevi.es) hemos podido conocer algunas fotografías que nos dan testimonio de la biografia de Savitri Devi, una extraordinaria mujer que parece surgir de una Antigüedad eterna. Ha sido calificada, en un libro editado en Francia, como “sacerdotisa de Hitler”. En realidad ella era y es más que todo eso. Fue realmente un puente de unión entre la arianidad de la antiquísima tradición de la India y la de Europa. Una de sus obras, más interesantes, y que casi solo se encuentra en internet, es “Recuerdos de una mujer aria” (traducida al castellano en los años 80 del siglo XX) con el título de “La llama eterna“. En su prólogo, Savitri Devi, escribe que la India es el único país del mundo donde lo que llama la Fe Hitleriana puede expresarse con relativa libertad… y ello es debido a que desde una visión hindú, la guerra de Europa en los años 1939 a 1945, fue una batalla más, en la lucha  milenaria entre la  las fuerzas de la Luz y de la Obscuridad.  Como dato curioso y anecdótico, a través de un blog especializado en la figura de Adolf Hitler (Mein Führer) hemos sabido que en la India se prepara un filme sobre la vida del “último avatara”… como le llamó Miguel Serrano… En cuanto a las obras, de interés fascinante, de Savitri Devi, es evidente que siguen siendo inaccesibles para el gran público, pero se pueden conseguir a través de Iberlibro. Concretamente, “Recuerdos y Reflexiones de una Aria” puede leer se en versión pdf en libreopinion.com.

el 3 de septiembre de 1939 empezó el final…?

14 de marzo de 2010

No suele decirse públicamente que con la guerra de 1939-1945  se agudizó la decadencia de Occidente, de la que ya  dió noticia el famoso y por desgracia poco leido libro de Oswald Spengler… Sin embargo, hemos encontrado un  artículo ( que aclara ciertos hechos que merecen ser conocidos),  que copiamos de http://www.id-press.eu :
1 de septiembre, ¿aniversario de qué?, Gabriele Adinolfi
01 de septiembre de 2009 – Categoría EFEMéRIDES

Mentiras de hace setenta años y mistificaciones de hoy.

Danzing era una ciudad alemana con estatuto espacial puesta bajo control polaco. Alentados por los anglo-franceses, los polacos empezaron a masacrar a la población civil alemana con una intensidad cada vez mayor.

Provocando y exasperando a los alemanes, intentaban hacerles caer en una trampa, pues estaban seguros de poder derrotarlos fácilmente y así para poder anexionarse Prusia oriental.
Después de miles y miles de advertencias, el 1 de septiembre, Alemania acudió en socorro de Danzing y sus ciudadanos alemanes. Cuarenta y ocho horas después Francia y el Reino Unido declararon la Guerra a Alemania para salvaguardar la integridad territorial de Polonia (aunque Danzing no era polaca). No hicieron lo mismo contra la URSS que había atacado a Polonia por el Este. Luego la salvaguardia de la integridad territorial polaca no tenía nada que ver con la guerra.

Alemania intentó por todos los medios de evitar que el conflicto degenerase y de llegar a un acuerdo de paz con Londres, que siempre le fue rechazado.

Aunque los alemanes que caían prisioneros de los polacos eran masacrados de modo horrible, Hitler rechazó la idea de bombardear Varsovia llena de civiles y retrasó las operaciones militares tres semanas. Su magnanimidad no tuvo efecto.

De: « Quel domani che ci appartenne », ediciones Barbarossa, Milán settembre 2005

Naturalmente hoy nos dicen que el 1 de septiembre empezó la Segunda Guerra Mundial (pero no es cierto, fue el día 3), que ésta fue declarada por Alemania (pero no es cierto fue declarada por Francia y Reino Unido a Alemania) y que sucedió porque Alemania invadió Polonia (pero tampoco es cierto, Alemania acudió en defensa de una población masacrada cotidianamente en una ciudad alemana que sólo el infame Tratado de Versalles había dejado fuera de su control).

Luego están los tópicos sobre la voluntad hitleriana de conquistar el mundo. Propaganda de cuatro pesetas “made in Chaplin” y obviamente sostenida por los instigadores reales de la guerra y por los usureros que llevan la muerte y la devastación para imponer el sistema internacional vigente fundado en el Crimen Organizado con la servil complicidad de las oligarquías de todo género y naturaleza

http://www.id-press.eu

los “nazis” no eran fascistas

6 de marzo de 2010

De una vez por todas convendría llamar a las cosas por su nombre. Es sabido que los nacional-socialistas del III Reich

nunca se consideraron a sí mismos “fascistas”. Los únicos “fascistas” que ha habido son los militantes del Partido Nacional Fascista de Benito Mussolini, cuya  última fotografía  (en la que aparece junto a Clara Petacci) , tomada tras su asesinato, publicamos a continuación:

Estas consideraciones me vienen sugeridas porque recientemente, en los programas de televisión de Inter-Economia y de Libertad Digital (que se pueden ver en España mediante TDT) han aparecido publicados mensajes SMS ,enviados por

espectadores anónimos, en los que se califica  de “nazi” al “presidente del Gobierno de España”, es decir,  a ZP, y al gobierno de Cuba, es decir, a los hermanos Castro, de “fascista”.  También es sabido que algunos “demócratas” creen ofender al presidente “bolivarioano” de Venezuela llamándole “fascista”….

Esta evidente muestra de desinformación por parte de mucha gente es lo que me hace pensar que es muy conveniente tener idea de lo que realmente fue el Fascismo histórico. Por ello reproduzco del excelente blog  llamado “filosofia crítica” el siguiente artículo:

“Yo amo a los que para hundirse en su ocaso y sacrificarse, no buscan una razón detrás de las estrellas, sino que se ofrecen a la tierra para que ésta pertenezca algún día al superhombre”.(Nietzsche)

¿Cómo? ¿Creyó el fascismo en unos ideales, en unos principios éticos, en unas normas morales por las que millones de hombres entregaron sus vidas? Esta afirmación puede parecer un escándalo y no tiene nada que ver con la cuestión teórica de si dichos ideales han de ser considerados, o no, válidos en sí mismos. Conviene subrayarlo: el sacrificio nunca convalida lógicamente aquéllo en lo que cree el individuo o el grupo. En cambio, sí acredita que dicha creencia es subjetivamente experimentada como válida de forma sincera y comprometida hasta sus últimas consecuencias por quienes la reivindican. La validez lógica de los ideales debe poder fundamentarse en otro plano de la existencia, a saber, el de la filosofía teórica. Que, como decimos, unos hombres hayan dado sus vidas por  una determinada ideología no la fundamenta, pero tampoco la refuta. Nuestra intención en el presente post es doble. Por una parte, ver las cosas, algo poco habitual, desde la perspectiva ética de los fascistas. Por otra, analizar, de manera preliminar, hasta qué punto los ideales fascistas pudieron tener sentido y fundamento a pesar de las apariencias actuales, muy condicionadas por medio siglo de propaganda antifascista. A nuestro entender, el planteamiento fascista ostentaba, como poco, un sentido racional comunicable argumentalmente. Podemos compartir o no, dicha postura, pero en cualquier caso se puede sostener que la misma nunca fue una mera locura.

Uno de los argumentos que se utiliza para diferenciar al comunismo del fascismo consiste en sostener que los ideales comunistas no se pueden confundir, por ejemplo, con las “repugnantes ideas” racistas de los nazis. El comunismo, se afirma, luchaba por una sociedad más justa, en la que ya no hubieran opresores y oprimidos, una sociedad igualitaria donde todos los hombres pudieran ser “felices” realizando al mismo tiempo sus “potencialidades” creativas. El fascismo, por el contrario, partía en dos a la humanidad, elevaba a los ciudadanos de algunos pueblos a la categoría seres superiores, elegidos para vivir en una especie de “sociedad perfecta”, y degradaba otros al rango de seres inferiores, destinados a la extinción. Los crímenes del fascismo, sean cuales fueren, serían así siempre más condenables que los del comunismo, porque éste,  en el fondo, representaría supuestamente la desviación casi accidental de un ideal intrínsecamente correcto, asumible por cualquier “persona normal” en una sociedad democrática. Aquéllo que se cuestiona del comunismo no son, en suma, los ideales, sino sólo los métodos (violentos). Un ejemplo claro de este tipo de falacia es el de ETA: los terroristas pueden reintegrarse cuando quieran a la sociedad liberal, siempre y cuando renuncien a seguir matando gente en nombre de su bello ideario marxista-leninista. Para el fascista, en cambio, las cosas son bien distintas: aunque no haya matado a nadie, aunque se limite, incluso, a reivindicar los derechos humanos (conozco el caso por mi experiencia personal en las cárceles), la etiqueta de “fascista” servirá para sentenciar su muerte civil.Cualesquiera que sean los métodos del fascismo, sus ideales resultarían inasumibles per nadie que esté en su sano juicio o se conciba a sí mismo simplemente como una “persona decente” (véase el soldado Ryan). O crees en la “alegría”, en la “felicidad”, el “bienestar”, etc., o ya eres sospechoso de herejía humanista. ¿Quién, sino un demonio, negaría todo eso que constituye el sustento axiológico de la existencia humana?

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas y vamos a demostrarlo. Basta echar una ojeada a la ideología del comunismo moderno, que es el marxismo, para darse cuenta que éste también condena al dolor y a la muerte a una gran parte de la humanidad, la cual, de forma necesaria, debe perecer para que “al final de la historia” un grupo de privilegiados disfruten de todos los placeres en una sociedad plenamente materialista. Aquí se plantean dos cuestiones:

a/ las etapas históricas por las que, según el marxismo, la sociedad debe pasar de forma necesaria para culminar en el denominado “modo de producción comunista”, es decir, en la realización de una utopía de carácter puramente material, hedonista y eudemonista (placer y felicidad como valores supremos).
b/ la exigencia ética de sacrificio y dolor que se impone a otras personas para que tal sociedad sin sacrificio ni dolor llegue a realizarse algún día.
Por lo que respecta a la primera cuestión, quisiera recordar aquí un texto de Marx en el que critica un programa político de su tiempo por el hecho de condenar el trabajo infantil. Este revelador fragmento pone en evidencia el despiadado esquema de exterminio que subyace de forma ineluctable a los “bonitos” ideales comunistas. En efecto, Marx considera que el trabajo infantil es necesario para el pleno desarrollo de la sociedad capitalista, cuya plena madurez constituye el requisito para dar el paso a la siguiente etapa de la evolución histórica (el “progreso”), a saber, el socialismo y, finalmente, el comunismo. Marx se sorprende de que no le hayan entendido algunos bondadosos humanistas de su época: el capitalismo, para Marx, debe existir igual que era menester que existiera el “modo de producción esclavista” en la antigüedad. Los esclavos que se rebelaron contra Roma estaban equivocados, porque su ideal era puramente romántico, representaba ese “buenismo” inconsecuente con el que se intenta justificar propagandísticamente el comunismo ante las masas pero que Marx, de forma brutal, rechaza y condena en sus textos teóricos más esotéricos:

“‘Prohibición del trabajo infantil’. Aquí era absolutamente necesario señalar el límite de edad. La prohibición general del trabajo infantil es incompatible con la existencia de una gran industria y, por tanto, un piadoso deseo, pero nada más. El poner en práctica esta prohibición -suponiendo que fuese factible- sería reaccionario” (K. Marx, “Crítica del programa de Gotha”, versión española revisada y ajustada a la revisión rusa de 1953, Madrid, Ricardo Aguilera Editor, 1968, p. 42. El texto original de Marx en alemán es del año 1875).

Marx muestra su desprecio por el derecho y las pautas de conducta éticas en otro texto donde, como ya he dicho en mi ensayo “¿Qué significa ser de izqueirdas? (II), eleva la anécdota anterior a categoría general de actuación revolucionaria ideológicamente sancionada:

“mostrar que era un crimen intentar, por un lado, imponer otra vez en nuestro Partido, como si se tratara de dogmas, ideas que en un período tuvieron algún significado pero que hoy son obsoleto desecho verbal, mientras, por otro lado, volvemos a pervertir la perspectiva realista, que tanto esfuerzo costó instilar en el Partido y que hoy ha encontrado en él su espacio, con el absurdo ideológico sobre derecho y otras basuras, tan comunes entre los demócratas y entre los socialistas franceses” (K. Marx, citado por Johathan Glover, “Humanidad e inhumanidad. Una historia moral del siglo XX”, Madrid, Cátedra, p. 351).

Esta “perspectiva realista” a la que apela Marx es la que llevará a algunos socialistas, como Mussolini, a fundar el fascismo. Porque, en efecto, las contradicciones éticas en las que incurre el marxismo son flagrantes. Desde una posición materialista no se le puede pedir a nadie que se sacrifique por el futuro de la humanidad. La construcción del modo de producción comunista supone, no sólo que una parte de esa misma humanidad ha de ser explotada por los capitalistas y los esclavistas, sino que, además, se le reclama al trabajador que adopte pautas de conducta heroicas, no materialistas, idealistas, a fin de ver realizado un modelo utópico que, por su parte, pondrá fin a todo idealismo, a todo heroísmo, etc., en beneficio del simple “bienestar”. Los pensadores prefascistas y fascistas se preguntaban qué diferencia podía haber entre ser explotado por un capitalista contemporáneo y ser instrumentalizado de facto por los futuros beneficiarios de la revolución, para los que quienes han muerto por ellos son meras cosas que les resultaron muy útiles y gracias a las cuales pudieron ser “felices”. Para los fascistas resultaba claro que lo superior no puede estar al servicio de lo inferior y que el hombre heroico e idealista debía ser considerado moralmente más valioso que el hombre materialista. Los socialistas que han leído a Nietzsche después de Marx no pueden sino experimentar auténtica repugnancia hacia las proclamas que, en nombre de la “felicidad del mayor número”, de la justicia y hasta del “amor”, incitan a la violencia revolucionaria, al exterminio del adversario político y, en definitiva, a un baño de sangre que se legitima a basa de retórica kitsch sobre “bellos ideales” comunistas de paz universal.

El fascismo invertirá los términos: el héroe no puede ser utilizado como un medio en provecho del hombre-masa materialista, el afortunado parásito del final de la historia, al contrario, el héroe es, frente a la masa, un fin en sí mismo, porque representa la más alta expresión de la humanidad hasta ahora conocida. Si el héroe se sacrifica por algo, será por un ser que le trascienda en la escala ética y esa figura no se corresponde ni con Dios (ideario de la derecha) ni con el energúmeno consumista actual que Nietzsche califica anticipadamente de último hombre, sino con el Übermensch. Esta palabra alemana se traduce habitualmente por “superhombre”, pero en realidad hay que entender el Übermensch no como un vulgar “superman”, sino como la figura mítica que encarna el salto evolutivo de la especie humana hacia otra de más alto rango ético en la que las potencialidades espirituales del hombre se hayan desarrollado al máximo.

(continuará)

Publicado por Jaume Farrerons en 8:03 AM

las ideas claras de Carl Schmitt

25 de febrero de 2010

URANIA copia de círculo  identitario Nietzsche el siguiente texto:

Los antagonismos religiosos y étnicos pueden convertirse en antagonismos políticos

«Todo antagonismo u oposición religiosa, moral, económica, étnica o de cualquier clase se transforma en oposición política en cuanto gana la fuerza suficiente como para agrupar de un modo efectivo a los hombres en amigos y enemigos. Lo político no estriba en la lucha misma; ésta posee a su vez sus propias leyes técnicas, psicológicas y militares. Lo político está, como decíamos, en una conducta determinada por esta posibilidad real, en la clara comprensión de la propia situación y de su manera de estar determinada por ello, así como en el cometido de distinguir correctamente entre amigos y enemigos. Una comunidad religiosa que haga la guerra como tal, bien contra miembros de otras comunidades religiosas, bien en general, es, más allá de una comunidad religiosa, también una unidad política. Sería también una magnitud política con sólo que ejerciese de un modo meramente negativo alguna influencia sobre ese proceso decisivo, si estuviese por ejemplo en condiciones de evitar guerras por medio de la correspondiente prohibición a sus seguidores, esto es, si poseyese la autoridad necesaria para negar efectivamente la condición de enemigo de un determinado adversario».
El concepto de lo político. Carl Schmitt. Alianza, Madrid, 2009, pág. 67.
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Estos conceptos desarrollados aquí echan por tierra todo argumento musulmán en defensa de su práctica religiosa en Europa. Para una comunidad religiosa que es capaz de agrupar a los hombres en amigos y enemigos, en función de su pertenencia o no a su confesión, el utilizar las eventuales leyes de libertad de culto para hacerse aparecer como no ofensiva, no es sino parte de su lucha (1).

Aquel que le sigue en esta postura o bien es un ingenuo o bien un traidor.
En este sentido, un gobierno que no distingue adecuadamente entre amigos y enemigos del estado que gobierna, o es inservible en cuanto gobierno o forma parte del enemigo. En ambos casos es lícito derribarlo, no siendo una opción digna para el pueblo el mantenerlo. Hagamos uso aquí de conceptos schmittianos para explicar esto mejor. Un gobierno que no es capaz de hacer respetar la legalidad constituida en un asunto de suma importancia es un gobierno que reconoce tácitamente que la situación no es de normalidad. Relacionado con esto está el hecho de que, precisamente, el estado demoliberal, si por algo se caracteriza, es por no afrontar los problemas, por la indecisión permanente. El momento actual es excepcional, o se acerca a esa situación. La situación, que afecta al fundamento mismo del estado y de la nación, no está prevista en el ordenamiento constitucional. Éste no prevé la colonización del estado por masas inmigrantes y no existen normas para resolver esta eventualidad. Las leyes de extranjería (que, de todas formas, no están pensadas para la situación actual) no se cumplen y los inmigrantes están como tal y, de hecho, al margen de la ley. Los conflictos entre inmigrantes y nativos van in crescendo. En muchos lugares de Europa no reina la paz interior, condición sine qua non del estado de derecho, y la agrupación en amigos y enemigos según este vector (nativos/inmigrantes) va, poco a poco, perfilándose. Tal será la situación excepcional. Es el momento de la decisión, que señala, al mismo tiempo, quien es el soberano en el momento de excepción. La voluntad de poder de esta instancia soberana decidida (y, por definición, extrajurídica) es la que generará, si triunfa, un orden normativo nuevo y muy alejado de toda práctica liberal.
Por lo que hace a la última parte de este fragmento reproducido nos preguntamos retóricamente, ¿de qué modo una particular lectura de ciertos postulados del cristianismo está facilitando la invasión al retardar o impedir que al enemigo (musulmanes) se le reconozca como tal? (2). Respecto a las ideologías “progres”, emparentadas todas ellas con la nueva religión secular de los derechos humanos, tampoco caben dudas acerca de su colaboración de distintas maneras con el enemigo. De entre éstas son el feminismo y la ideología multiculturalista las más perjudiciales. El feminismo actúa fomentando el odio a la familia, desplomando la natalidad de los nativos (que son los tributarios de esta ideología perniciosa) y detrayendo futuros miembros a la comunidad nacional y creando así un vacío que a los invasores les va a resultar sencillo ocupar. Además, establece un mundo ginecocrático, donde los valores viriles y guerreros decaen. De la ideología multicultural mucho hemos hablado ya en otras ocasiones. Digamos simplemente que presenta como natural y aún positivo este estado de cosas sin precedentes, donde un supuesto derecho a inmigrar es considerado como absoluto y, sin duda, muy por encima de cualquier consideración hacia la soberanía popular.

(1) Viene bien recordar que los inmigrantes/colonos musulmanes instalados en España ya han creado un partido político musulmán (si bien abierto al pacto con inmigrantes/colonos de otras nacionalidades).

(2) Recordemas la escandalosa posición pro-musulmana de las autoridades católicas suizas ante el resultado del referéndum contra la minaretización de Suiza.
Publicado por León Riente en 2/15/2010 11:37:00 PM 2 comentarios
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Nota de URANIA:
Seguidamente reproducimos de Círculo Identitario Nietzsche dos comentarios que se publicaron a continuación del post de arriba:

2 comentarios:

julio dijo…

quizas el primer conocedor de la
realidad tal cual es (y no como querrian algunos imaginar)
es HERAKLITO…

Es genial su idea de que todo el universo, todo lo que existe está
en perpetuo polemos…

conflicto, guerra, contradiccion, etc,
eso explicara mejor que siempre ha habidy y siempre habrá “guerra”..

pues equivale a VIDA…

entonces la PAZ equivale a muerte,

reposo absoluto, encefalograma plano, muerte de los cementerios…

Estoy divagando…por supuesto.

Mi pregunta es:

¿Fue Heráclito precursor de
Carl Schmitt?

saludos

19 de febrero de 2010 20:28

León Riente dijo…

Saludos Julio.

Me interesa aclarar muy bien que además de los musulmanes, de los que “todo” el mundo habla (ya me gustaría que todo el mundo hablara de ellos), existen una serie de pueblos que también están empeñados en colonizarnos: amerindios, negros africanos, mestizos caribeños, etc.

Hay mucho por ahí que sólo combate contra los musulmanes “porque no se integran”. Un gran error. Precisamente los musulmanes al no integrarse (los que no se integran porque desgraciadamente hay otros que sí lo hacen) nos hacen un doble favor: 1) poner más de manifiesto que decir “inmigración” es utilizar un eufemismo para hablar de invasión/colonización/destrucción de nuestro pueblo; 2) si no se integran no se mezclan biológicamente tanto con los españoles como otro tipo de invasores (caso de los amerindios), no corrompiendo así nuestra estirpe.

Si he utilizado el caso de los invasores musulmanes en este artículo es porque es el que mejor se adapta como ejemplo a la teorización de Scmitt.

2ª Nota de URANIA: En IRANIA se publica un interesante trabajo titulado “Carl Schmitt, católico”

DRESDE: 300.000 alemanes quemados vivos

20 de febrero de 2010

Fue un militar británico, el comandante Harris, quien avisó a Winston Churchill de que el plan que se preparaba de arrasar la ciudad de Dresde,en febrero de 1945,  cuanda Alemania ya prácticamente estaba derrotada, era inútil -desde el punto de vista bélico-, por cuanto la ciudad estaba poblada principalmente por centenares de miles de refugiados –mujeres y niños– que huían del Este, ante el avance del Ejército Rojo….  No obstante, se decidió bombardear la ciudad con el fin de aterrorizar y exterminar a la población civil.

Hoy, 65 años después de aquel genocidio -del que no se habla– en Dresde, con la complacencia de las autoridades “alemanas”, 10.000 “izquiedistas” formarón una barrera humana para impedir que “5000 neonazis”, como los llama la prensa, rindieran homenaje a las víctimas en nombre de la dignidad del pueblo alemán. Así están las cosas en Europa.

De este acontecimiento se ocupa el blog jrania, del cual reproducimos lo siguiente:

La noche del 13 al 14 de febrero de 1945, a las 23.13 h., los aliados occidentales desencadenaron la mayor atrocidad en su directriz estratégica de exterminio aéreo de la población germana. El objetivo fue esta vez la bellísima localidad sajona de Dresde, repleta de refugiados que huían del Este, donde el Ejército Rojo ya había dado muestras de lo que significaba en realidad la supuesta “cruzada antifascista en defensa de los derechos humanos y de la civilización”, con millones de víctimas civiles. En Dresde se  trataba de quemar vivos a unos 160.000 ancianos, mujeres y niños acampados en las calles, además de  los 640.000 habitantes de la ciudad. Dresde carecía de toda importancia militar y además Alemania estaba ya completamente derrotada por esas fechas. La masacre no tiene justificación. Sólo puede explicarse como consumación de una política de exterminio diseñada por judíos estadounidenses y que empezó a ponerse en práctica ya en 1941 con el  plan del Bomber Command británico de asesinar mediante incineración a 15 millones de civiles alemanes. Por las mismas fechas, las autoridades alemanas planeaban trasladar a los judíos a Madagascar, es decir, a la sazón no tenían intención de exterminarlos. Más tarde, ante los cadáveres quemados de centenares de miles de personas inocentes, en algunos casos sus propios familiares, cuya horrible muerte no podrían ya olvidar, los nazis que custodiaban los campos de concentración perderían todo escrúpulo moral con respecto a los judíos. El mayor ejemplo de inhumanidad se lo dieron a los ciudadanos del Tercer Reich los demócratas y progresistas, aliados del tirano Stalin. Dresde es sólo el símbolo de lo que representó una de las líneas de actuación en el proyecto de genocidio contra los alemanes, a saber, la mal llamada “guerra aérea” en forma de “bombardeo moral”. En el presente post pretendemos demostrar que todos los tópicos con que se ha pretendido justificar las atrocidades de los aviadores británicos ocultan la realidad de una voluntad genocida que queda perfectamente reflejada en Dresde, carnicería gratuita e inútil carente de la más mínima coartada técnico-militar, jurídica o política. Sólo una mente criminal puede agazaparse detrás de un hecho histórico como el bombardeo de Dresde, pero también de todas las actuaciones pseudo militares similares que precedieron y siguieron a ésta. No nos engañemos ya más: se trataba de matar al máximo número de alemanes que fuera posible: por tierra los comunistas rusos, como auténticas hordas de violadores y asesinos, se encargaban de ello a destajo y con placer; por aire eran los aliados occidentales quienes mostraban el significado de la palabra “democracia” frente a la “barbarie” nazi. Más tarde, y ya en tiempo de paz, vendrían las hambrunas organizadas contra los prisioneros de guerra y los civiles de la nación vencida a efectos de conseguir su empequeñecimiento demográfico. La ofensiva aérea representó, por tanto, sólo el primer recurso en la implementación del “plan Kaufmann” Germany must perish, ideado por el judío Theodore N. Kaufmann antes de que empezara el holocausto y culminado en 1945 por otro judío: el banquero neoyorkino Henry Morgenthau.

(continuará)

se habla de auschwitz y se calla sobre dresden…

14 de febrero de 2010

Se comprende bien que la UNO, (organización beligerante en la IIWW) , conmemore el 27 de Enero; no tanto que lo haga  B16, papa  de la Iglesia Católica y obispo de Roma.  Se supone que el Vaticano era neutral durante la IIWW, pero la realidad es que, a pesar de que ayudó cuanto pudo  a los vencedores, a partir del Concilio Vaticano II la Iglesia “católica y romana”, el último baluarte en defensa de la civilización tradicional –según el pensador René Guenón, que se hizo musulmán  y murió en Egipto–  acabó capitulando y , en la basílica de San Pedro penetró “el humo de Satanás”, es decir, el espíritu fétido del “1793”, es decir, de la “Revolución francesa”, de esa ilusión   que prometía felicidad para “la Humanidad”, para el Ciudadano y la ciudadana… (pero para los campresinos o paisanos…  como en La Vendée, lo que hubo fue guillotina)…. Y ahora  recuerdo que dijo Carl Schmitt  :  …cuando álguien habla de la  “humanidad” es que pretende engañar… pues parece que habla desde un plano suprahumano:  Y… en Nurenberg, los jueces lanzaron la acusación de “crímenes contra la Humanidad” (¡!?). Si se supone que   los supuestos “criminales” son “humanos”…?  pues  ¿cómo iban a cometer crímenes contra sí mismos?   Otro motivo de desconfianza manifestó otro “criminal”: “Cuando oigo la palabra “intelectual”… echo la mano al revolver…”.

Ahora…voy a reproducir un texto escrito en la lengua de Martin Luther, es decir, en la lengua  de  Goethe, de Kant, de Schopenhauer,  de Richard Wagner y de Adolf  Hitler, y también la de BXVI a fin de que los lectores puedan traducirla a la lengua de Cervantes, de Unamuno, de Millán Astray,  de José Antonio Primo de Rivera, de Onésimo Redondo y de Don Pio Baroja. (Aquí usted, lector, puede añadir su propio nombre).  Son palabras del papa Benedicto XVI:

Ein besonderes Anliegen ist es mir heute, an den Holocaust-Gedenktag zu erinnern. Vor genau 65 Jahren, am 27. Januar 1945, wurde das Konzentrationslager Auschwitz durch die Rote Armee befreit. Die erschütternden Berichte der Überlebenden zeigen der Welt, zu welchen abscheulichen Verbrechen der menschenverachtende Größenwahn und Rassenhaß der Nazi-Ideologie in Deutschland geführt hat.

Das Gedenken an diese Taten, insbesondere die Tragödie der Shoah am jüdischen Volk, wie auch das Zeugnis all jener, die sich unter Einsatz ihres Lebens diesem Wahnsinn widersetzt haben, gemahnt uns stets aufs neue an den absoluten Respekt vor der Würde der Person und des menschlichen Lebens”.

Alle Menschen jedes Volkes und jedes Erdteils sollen sich als eine einzige große Familie verstehen. Der Allmächtige Gott erleuchte die Herzen und den Verstand, auf daß sich solche furchtbaren Vergehen nie wiederholen. Der Segen und der Friede des Herrn begleite uns allezeit.

Nota de URANIA: El texto en lengua alemana está copiado de www.zenit.org

2ª Nota de URANIA: La primera foto corresponde a la Frauenkirche de Dresde, después de ser reconstruida, pues fue arrasada en los bombardeos de febrero de 1945. La segunda fotografía está tomada durante la reciente manifestación en el 60º aniversario del bombardeo, manifestación que, como es habitual, fue atacada por contramanifestantes “izquierdistas”. Como siempre, todos los medios de comunicación hablaron del 27 de Enero y casi ninguno… del 14 de febrero de 1945,  dia que por supuesto no es recordado por la ONU.  En resumen, todos los medios hablan del “holocausto judío” y se callan respecto a lo que un escritor brasileño llamó “holocausto alemán”. Si el edificio del fondo fuera una mezquita, como parece, entonces sería una clarísima alegoria del dramático presente  de Europa.

El “papa nazi”, como le llaman los enemigos de la Cristiandad, no parece que hable de Dresden… y si lo hiciera le traería  consecuencias… Vease, por ejemplo, cómo “Der Spiegel”, y gran parte de la prensa alemana  escriben ahora sobre casos de abusos sexuales en un colegio de jesuitas… hace 30 años y además, el obispo Williamson está citado para el 16 de abril por un tribunal de justicia en Alemania. Y hay que tener en cuenta abusos sexuales se dan en también entre pastores protestantes, rabinos, imanes, etc… de lo cual la “gran prensa”  apenas se ocupa…

Pulso a la Iglesia: Judea presiona al Vaticano

22 de noviembre de 2009

En el blog hurania hemos leído un interesante artículo del que reproducimos una parte en la que su autor, Antonio Caponnetto, interpreta el sigificado teológico de un  supuesto “holocausto” del que todo el mundo habla sin saber ni siquiera el origen de esta palabra griega:

V. La mayor mentira de la mentira del Holocausto

A pesar de que lleva largo tiempo el alboroto inicuo armado ex profeso por el aparato judeo-modernista internacional contra las razonables declaraciones de Monseñor Richard Williamson, todavía no terminan de inteligir los católicos la verdadera gravedad de sostener la versión oficial del Holocausto. Incluso —y con pesar lo decimos— no terminan de entenderlo ciertos intelectuales católicos de orientación tradicionalista. A muchos de ellos el fastidio que les suscita la sola mención del Nacionalsocialismo, y la posibilidad siquiera indirecta de que puedan quedar defendiéndolo, les impide ver la profundidad del mal que se está consumando ante nuestra vista.
Porque esta versión oficial del Holocausto, que desde antes del pontificado de Benedicto XVI ya Roma se había decidido a sostener y a preservar, y que ahora ha cuasi dogmatizado, no contiene sólo una inadmisible fábula histórica sino una horrenda falsificación teológica. El mito de la Shoah no es principalmente inaudito porque se adulteren las cifras de los homicidios, las causas de las muertes o las condiciones edilicias de los campos de concentración. No radica su nocividad en hacer pasar por gases humanamente letales los desinfectantes del tifus, o en montar hornos crematorios después del triunfo aliado, o en trucar fotos, cifras, testimonios, juicios y acontecimientos. Ni siquiera es su peor culpa haber hecho un negocio multimillonario de esta mentira, como lo probó el judío Norman Finkelstein en su libro La industria del Holocausto. Todo esto y tantísimo más, describen la faz histórica, política y económica de este embuste basal del siglo XX, asegurado por los verdugos inmisericordes de Nüremberg y sellado en las tenidas torvas de Yalta y de Potsdam. Y todo esto, claro, estará bien que se dirima en el ámbito de los estudios historiográficos, distante si se quiere de las cuestiones de Fe.
Pero todavía hay algo mucho más tenebroso, y es la teología judaica sobre el Holocausto. Una teología dogmática que enseñan y hacen suya las más renombradas agrupaciones hebreas que suelen tener ahora libre acceso al Vaticano, o viceversa, que suelen dar hospedaje al Santo Padre. Según esta teología, Israel, no Cristo, es el Cordero Inmolado. Perseguido durante siglos y ofreciéndose en sacrificio permanentemente, alcanza el punto culminante de su ofrenda cuando muere masivamente bajo las tropelías del Tercer Reich. Tropelías antisemitas que, en esta cosmovisión mesiánica del Israel carnal, no tendrían sino como fundamento último las mismas enseñanzas católicas que durante siglos y siglos habrían predicado la culpabilidad hebrea en la muerte de Cristo. Al nazismo se llega por culpa del cristianismo; y bajo el nazismo la oblación mesiánica de Israel alcanza su punto culminante. Cristo es el gran destronado de su trono de Víctima, y acusados sus seguidores de instigación secular al antisemitismo, colócase en ese trono sangrante el mismo Israel. Del Gólgota ya no pende Aquel cuya sangre pidieron un día que cayera sobre sus testas impías y las de sus propios hijos. Pende sacrílegamente la mano y la mente, el puño y la inteligencia de aquellos que fraguaron la crucifixión del Redentor.

Parodia endemoniada de la economía de la salvación, caricatura infernal del genuino mesianismo, subversión radical del sentido de la Historia de clara inspiración cabalística, esta versión teológica del Holocausto es la que debe saber todo católico honrado que está adquiriendo cada vez que le hacen creer que “quien niega la Shoah no conoce el misterio de Dios ni de la Cruz de Cristo”. Palabras insensatas pronunciadas el 30 de enero por el Padre Federico Lombardi, Director de la Oficina de Información de la Santa Sede y que, lamentablemente, no fueron desmentidas ni enmendadas.

Es por este carácter paródico y endemoniado del mesianismo de Israel, que sus principales ideólogos monopolizan la denominación de holocausto para lo sucedido durante la Segunda Guerra Mundial, no permitiendo que el término se use para los cien millones de cristianos masacrados por el Comunismo a lo largo de la casi totalidad del siglo XX, porque es bien sabido que la dirigencia comunista responsable de este martirio colectivo ha sido y fue en su casi totalidad de origen hebreo.

Y es porque este carácter paródico del mesianismo debe quedar asegurado universalmente, que la teología dogmática judía elabora o promueve en abundancia obras como las de Yad Vashem (Jerusalém), M. Polakoff (Iom HaShoá VeHagvurá. Un manual para el recuerdo), Isajar Moshé Teijtel (Alegre madre de hijos), Pasión intacta, de George Steiner, Breviario del Odio, de León Poliakov —con su prólogo meaculpista del cristiano Francois Mauriac—, The destruction of the European Jews, de Raul Hilberg o la de Gustavo D. Perednik, Teología del holocausto, que con interés y provecho puede consultarse digitalmente. (…/…).

Precisamente en este ensayo dice Perednik, glosando a otros exégetas hebreos, que el capítulo 53 de Isaías, llamado Del Siervo del Eterno, no sería una prefiguración de la Crucifixión de Jesucristo, sino “que puede ser entendido perfectamente como una referencia al Holocausto”, pues en él “los sufrimientos son purificadores en dos sentidos: en lo personal y en un plano social” […] Aquí cabe evocar al filósofo que se basó precisamente en Isaías 53 para fundamentar su teología del Holocausto. Para Ignaz Maybaum, el judío sufre a fin de despertar la conciencia del mundo gentil que es su victimario. A partir del martirio judío, la humanidad entera, por reflejo, ahonda su búsqueda en la senda del bien […] “Mira:yo pongo hoy delante de ti la vida y la bendición, la muerte y la maldición”, concluye por decirnos la Torá. Berkovits, sostenedor de esta idea, agregará que en el tema del Holocausto, el contraste histórico es claro: “desde los humos de Treblinka, irrumpe el Estado de Israel. Lo que Berkovitz denominaría, después del horror, «la sonrisa suficiente». El retorno a Sión da el significado a la historia judía”.

Pero ni este texto representativo ni este artículo agotan lo que cabría saber al respecto. La nómina de expositores de este paródico mesianismo, se engrosaría si incluyéramos en ella a ciertos autores protestantes, como Robert McAfee Brown, o sedicentemente católicos como Harry James Cargas, mucho más entitativo, audaz y heterodoxo que el vocero vaticano Lombardi.

VI. La Iglesia debe pensar católicamente
Si se nos ha seguido benévolamente hasta aquí, con especial énfasis en la lectura del parágrafo anterior, un par de necesarias conclusiones podríamos ir elaborando.
La primera es que la Iglesia no puede asumir como propia la versión oficial sobre el Holocausto, ni mucho menos dotarla de la intangibilidad que se pretende.

Tiene esta versión un cúmulo inagotable de mentiras a designio, fruto principalmente de las llamadas “campañas de desnazificación”, con sus tribunales fiscalizadores, sus lavados de cerebro colectivos y sus programas de reeducación, cuya parcialidad antialemana y aliadófila jamás disimularon. Terminada la guerra, en el Bundesland de Baden-Württemberg se publicó sin rubores: “No debe ser dicho nada favorable sobre el Tercer Reich, y no debe ser dicho nada desfavorable sobre los aliados”. Y en 1960, el Presidente de Alemania Federal, Heinrich Lübke, hablando de “los textos escolares” referidos “al lapso histórico alemán de 1933 a 1945”, solicitó expresamente que trasmitieran “aborrecimiento por el Tercer Reich”.

Con sublevante patetismo se advierte que nadie pide estudiar la verdad histórica, investigar serenamente, escudriñar las fuentes, cotejar testimonios, fatigar archivos. Ningún rebelde librepensador se atreve al llegar aquí a pensar libremente. Lo que se pide es instalar de modo unánime y sacramental el pensamiento único elaborado por Israel. Ardid inmoral y escandaloso que viene siendo elaborado perseverantemente desde el infame juicio de Nüremberg, cuyas aberraciones de toda índole jamás se quieren mencionar. Empezando por la que señala Carlos Whitlock Porter en su Not guilty at Nuremberg: se desecharon sin escrúpulos las 312.022 declaraciones notariales presentadas por la defensa, se aceptaron como moneda de buena ley, en cambio, las 8 ó 9 declaraciones presentadas por la fiscalía. Mención aparte significaría recordar la nómina de atentados judíos —algunos de ellos mortales— contra autores e instituciones dedicadas a la revisión histórica. Por probar este aserto, el 3 de enero de 1996, el embajador de Israel en la Argentina, Israel Avirán, ordenó la captura y el secuestro de la revista “Memoria” que entonces editábamos con un puñado de amigos.

El Santo Padre, precisamente por su doble condición de patriota alemán y de intelectual destacadísimo, debe ser la persona indicada para advertir que esta versión ruinosa y ficta no puede ser asumida por la Iglesia. Entiéndase bien: no se trata de exigirle a Roma que avale una determinada escuela historiográfica en contra de otra, ni de que tome partido por el revisionismo u otorgue rango de definición ex cathedra a los asuntos meramente terrenos. Pero se trata sí, de rogarle con insistencia que busque celosamente la verdad del pasado, que promueva esa búsqueda con empeño y sabiduría, que apoye a los estudiosos serios y veraces, desdeñando interpretaciones facciosas, preñadas de adulteraciones y de embustes de grueso calibre. Se trata, en suma, de tener bien presente, que el último dogma fue el de la Asunción de María Santísima.

No podemos conformarnos cada vez con menos, que es una de las definiciones de la tibieza; ni podemos tampoco aceptar la necesidad del doble discurso como constitutivo ineludible de las relaciones diplomáticas. Cierto es que el grueso de las sociedades vive bajo las falacias de la virtualidad y bajo el sometimiento de esos ídolos que supo describir Bacon. Cierto que al amparo de esos ídolos, que entenebrecen la realidad, pocos y cada vez menos son los que distinguen lo que las cosas son, como gustaba decir Gilson. Y cierto al fin, si se quiere, que no le corresponde al Pontífice hacer de historiador, ni andar dirimiendo sobre el Zyklon B o los alambrados de púas en Auschwitz. Pero si ya no hemos de pedirle al Vicario de Cristo que combata a los hijos de las tinieblas, y bregue por la Verdad en la totalidad de sus manifestaciones, ¿a quién entonces deberíamos acudir los católicos?

En su confortadora encíclica Spe Salvi, Su Santidad Benedicto XVI memora un texto del Sermón 340 de San Agustín, que parece contener toda una respuesta al dilema que estamos planteando. Explica allí el de Hipona que una misión se ha impuesto: “corregir a los indisciplinados, confortar a los pusilánimes, sostener a los débiles, refutar a los adversarios, guardarse de los insidiosos, instruir a los ignorantes, estimular a los indolentes, aplacar a los soberbios, apaciguar a los pendencieros, ayudar a los pobres, liberar a los oprimidos, mostrar aprobación a los buenos”. Todo un programa para estas cruciales circunstancias.

Pero además, y como quedó dicho, existe otra razón superior para que la Iglesia rechace enfáticamente la versión oficial del Holocausto, y es que tras la misma asoma una teología dogmática judía groseramente anticristiana, burdamente paródica del genuino mesianismo, deliberada mueca hostil de inspiración talmúdica contra la misión salvífica de Nuestro Señor Jesucristo, y su Divina Majestad.

Llama poderosamente la atención que en estos agitados días alrededor del caso Williamson, haya pasado inadvertida toda voz eclesial, empezando por la de Benedicto XVI, que nos haya remitido a la Mit brennender sorge de Pío XI. Allí está todo lo que un católico debe saber para tomar distancias del Nacionalsocialismo, y de cuanto aquella ideología y su concreción política pudieron haber tenido de injusto y aún de ominoso. Pero está todo lúcida y corajudamente explicado en perspectiva católica, para que ningún bautizado confunda el rumbo y la finalidad. “La Cruz de Cristo” —dice Pío XI— “aunque su solo nombre haya llegado a ser para muchos locura y escándalo, sigue siendo para el cristiano la señal sacrosanta de la redención, la bandera de la grandeza y de la fuerza moral. A su sombra vivimos, besándola morimos; sobre nuestro sepulcro estará como pregonera de nuestra fe, testigo de nuestra esperanza, aspiración hacia la vida eterna” [nº 31].

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Nota de URANIA: Independientemente de que históricamente  las cosas ocurrieran según la versión oficial o bien de otro modo, tal como sólo es posible conocer por medio de ciertos investigadores,  lo cierto es que para el Cristianismo el único y supremo holocausto es el sacrificio en Cruz de Jesucristo.

Por otra parte, algunos  historiadores hablado del genocidio del pueblo alemán —víctimas de bombardeos, bajas en el frente de guerra y éxodo de los territorios de Prusia– y un artista ha representado lo que llamó el holocausto de Europa en un lienzo sólo dado a conocer a unas pocas personas de Barcelona en los años 80.

En todo caso, incluso si se acepta la versión hoy dominante de la historia reciente, la interpretación religiosa que hace Caponnetto es digna de consideración incluso para los “no creyentyes”.



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