Archive for the ‘Filosofía’ Category

30 de abril de 2017

muere el filósofo GUSTAVO BUENO

8 de agosto de 2016

El filósofo Gustavo Bueno falleció ayer a los 91 años en Niembro (Asturias), dos días después de la muerte de su esposa. Su voluntad de armar un sistema de pensamiento marcó su obra
MANUEL CRUZ
7 AGO 2016 – 21:34 CEST

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Gustavo Bueno, en una imagen de 2003. MIGUEL GENER
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• “Cada pueblo tiene la TV que merece”, dice Gustavo Bueno
• “En esta guerra, la extrema izquierda es el Papa”
Hace algunas semanas, en el transcurso de una entrevista para un diario, me preguntaba la periodista por el libro de filosofía que más me había influido. Era una pregunta, claro está, de imposible respuesta. En vez de hurgar, inútilmente, entre mis textos favoritos, opté por tirar de memoria. Y di en recordar un panfleto de Manuel Sacristán que marcó a la gente de mi generación, aquel Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores, que tanta cola trajo, en la medida en que impugnaba, de manera radical, la existencia de Facultades de Filosofía, las mismas en las que, por esas fechas, estábamos pensando en ingresar.
Fue precisamente como cola de aquel panfleto como muchos de nosotros, estudiantes de finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, conocimos a Gustavo Bueno, quien, dos años después de la aparición del opúsculo sacristaniano, en 1970, publicó su libro El papel de la filosofía en el conjunto del saber. Era una respuesta desmesurada —el papel de Sacristán ocupaba 36 páginas y el texto de Bueno, 319—, alborotada y retadora, muy en su estilo. No se privaba, por ejemplo, de referir en el prólogo que solo había utilizado los libros que tenía a su alrededor, sin consultar los que tenía en las estanterías más altas porque no disponía de una escalera para acceder a ellos.
Vista la cosa con perspectiva, se puede afirmar que no era aquella intervención una mala carta de presentación del filósofo riojano. Por lo pronto, mostraba uno de sus principales rasgos, a saber, un temperamento polémico que no dejó de acompañarle nunca. De hecho, tan pespunteada de polémicas está su trayectoria que puede dibujarse la evolución de su pensamiento siguiendo el rastro de aquellos pensadores y aquellas posiciones teóricas con las que se fue peleando.
Personalmente, alcanzo a recordar el rifirrafe que mantuvo con Fernando Savater en las páginas de la añorada revista Triunfo a principios de los setenta, rifirrafe del que Bueno no salió, como era de prever, muy bien parado. También nos llegó noticia, más o menos por los mismos años, del incidente con Alberto Cardín en el que se vio involucrado, cuando el prematuramente desaparecido antropólogo estudiaba en Oviedo y le reprochaba al filósofo su ortodoxia prosoviética. Pero luego, como decíamos, el signo de las polémicas (y, obviamente, sus interlocutores) fue variando.
Discutió en especial sobre religión y sobre política, aunque también buscó el cuerpo el cuerpo en otros asuntos, como el de una reivindicación de la pena de muerte que no alcanzó el eco que parecía estar buscando. En todo caso, fue su evolución en el campo de la política la que le reportó mayor número de reproches, especialmente por su defensa de una idea de España que para muchos no dejaba de constituir una variante del más rancio nacionalismo español.
Aunque tal vez el rasgo teórico por el que mejor quede definido Gustavo Bueno sea por su voluntad de sistema. Durante algunos años, constituía casi un lugar común en la comunidad filosófica de nuestro país señalar que Bueno era, junto con Eugenio Trías, el último filósofo que todavía estaba empeñado, contra viento y marea, en elaborar su propio sistema, el denominado materialismo filosófico.
BIBLIOGRAFÍA BÁSICA
Ensayos materialistas (1972). Intenta explicar la historia humana en función de una “conciencia autónoma” de la idea de Dios.
El animal divino (1985). Uno de sus ensayos más polémicos. Bueno divide las religiones en tres categorías y defiende que surgen como un proceso histórico que se inicia con el culto a los animales.
El mito de la cultura (1997). Uno de sus libros más populares, donde critica las nacionalidades porque pretenden arrogarse la cultura, imponiéndose al pensamiento científico.
España frente a Europa (2000). Desde la perspectiva de una filosofía materialista de la historia, discute la naturaleza de la identidad de España y la estructura de su unidad.
El mito de la izquierda (2003). Acusa a los independentistas de indefinición por su idea de Estado y su proyecto político.
La fe del ateo. (2007) Su gran negación de la existencia de Dios, por la que algunos le calificaron de islamófobo.
Se reparará en que el elogio tenía un carácter puramente formal, esto es, no entraba a enjuiciar el valor del concreto sistema elaborado por el autor de laTeoría del cierre categorial. No es, ciertamente, este momento, el de la despedida, el adecuado para entrar en la valoración técnica del mismo. Cumple ahora a quienes tanto se han reclamado de él, por ejemplo desde las páginas de la revista El Basilisco,acreditar la potencia teórica, la capacidad interpretativa y la fecundidad heurística de lo pensado, aunque la vigorosa personalidad de su creador les pone la tarea francamente cuesta arriba.
Sea como sea, no habría que descartar que una de las claves para aquilatar de manera adecuada la aportación de Gustavo Bueno se encuentre precisamente en esa distinción de la que luego tantos se han reclamado y que él ya dibujaba en su polémica con Sacristán. Me refiero a la distinción entre filosofía académica y filosofía mundana.
Acaso el privilegio del tiempo transcurrido, y la deriva que ha ido sufriendo el pensamiento filosófico tanto en el medio propiamente académico como en el espacio público, nos permitan considerar esas dos dimensiones del trabajo de Bueno bajo una nueva luz. Quizá, a medida que ambos escenarios iban evolucionando con el tiempo, empezó a desenvolverse en ambos con creciente dificultad, y no terminó de atinar con el lenguaje ni con las categorías adecuadas para cada uno de ellos (deviniendo abstrusamente hiperacadémico en un lugar y sencillamente extravagante en el otro, como cuando le dio por oficiar de comentarista del programa de televisiónGran Hermano). En cualquier caso, nada de eso rebaja el mérito de su intuición ni nos autoriza a minusvalorar el arrojo de haberse atrevido a transitar por ella.
Ha sido, en fin, para bien y para mal, un digno hijo de su tiempo, y lo supo resumir él mismo en una frase que pronunció cuando le preguntaron por aquellos de sus textos que todavía consideraba válidos: “Con fecha, todos; sin fecha, ninguno”. Apliquémonos esa lucidez.
Manuel Cruz es catedrático de Filosofía Contemporánea de la Universidad de Barcelona.

FUENTE:
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/08/07/actualidad/1470597848_433177.html

17 blogs interesssantes

10 de octubre de 2015

17 blogs interesssantes

13 blogs son …wordpress.com
europa89, fuegofrio, hirania, hirania89, hurania, hyrania, jrania, yrania.
montalbo, tresmontes, tresmontes7,
avenir89, ser1889,
y cuatro blogs son de blogspot.com

klypeus89.blogspot.com
urania89.blogspot.com

yrania89.blogspot.com

ajitvadakayil.blogspot.com

La comunidad en Platón y Aristóteles

26 de abril de 2014

La comunidad en Platón y Aristóteles

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sábado, 26 de abril de 2014

https://tresmontes7.files.wordpress.com/2014/04/9311b-s1600.jpg

Plat%C3%B3nArist%C3%B3teles.bmp

Ahora vivimos en el más absoluto individualismo. Pero, aunque no se lo crean, hubo un tiempo en el que la comunidad tenía valor por encima del individuo. Este era el tiempo de los griegos y los romanos. El mundo de la vida griego y romano era en bloque comunitario. El individuo estaba en función de la comunidad y no la comunidad en función del individuo. Vivir en el sentido de la vida plena del hombre se entendía entonces como existencia con los otros dentro de la estructura de la comunidad. Veamos esto en Platón y Aristóteles. Los textos pertinentes al respecto son Platón, República especialmente los libros II y IV y Aristóteles Política, libros I y III.

Platón dice en boca de Sócrates en el libro II de la República que la pólis nace cuando los individuos no se bastan a sí mismos, sino que necesitan de muchas cosas. Las necesidades mínimas son el alimento, la vivienda y el vestido. Necesitaremos por tanto agricultores, ganaderos, albañiles y tejedores. Y no todos valen para todo. a unos se les da mejor el pensamiento, a otros la acción. Es mejor que cada uno se ocupe solo de aquello para lo cual está dotado por naturaleza. Una persona desperdigada en varias ocupaciones no hará bien ninguna.

La base de la comunidad armónica es la complementación entre la desigualdad natural y la necesidad que todos tenemos de una serie de objetos. El bien común se construye sobre la desigualdad de funciones. En un sentido importante, una comunidad no se basa en la igualdad, sino en la desigualdad. Es esa desigualdad la que permite el hecho de que un objeto sea producido de la mejor manera posible. La pólis es la comunidad que cubre las necesidades mutuas según las habilidades personales, en vistas a un auxilio en común. El equilibrio/complementación/bien común se logra cuando el artesano se dedica a producir, el filósofo a pensar y el guerrero a pelear: “El Estado es justo por el hecho de que las tres clases que existen en él hacen cada uno lo suyo” (República, libro IV, 441 d-e). La justicia consiste en que cada uno haga lo que tiene que hacer dentro de la pólis.

El planteamiento es comunitario. Por una parte, no se concibe al hombre como un átomo suelto, sino como un miembro de una estructura en la que cumple una función. Un individuo suelto cubriría mal muchas de sus necesidades y llevaría una vida deficiente. Solo se puede vivir de manera plena dentro del equilibrio de la pólis. Por otra parte, el auxilio en común requiere una participación activa. Hay que participar y compartir para ser ciudadano de la pólis. Platón utiliza el término koinonía, que significa comunidad, participación, asociación, alianza y empatía. La koinonía no es un mero contrato artificial voluntario que se pueda coger o dejar, es algo más constitutivo y por naturaleza.

La justicia es el hilo conductor y justicia, en Platón, es armonía. De ninguna manera se está hablando aquí de la preponderancia de una clase sobre otra, sino del equilibrio entre ellas.

Platón se alejó de la tradición griega en algunos puntos como la postulación de un mundo sobrenatural que dirige el ser desde el deber ser, pero no en este punto de que el hombre vive en comunidad.

Aristóteles piensa algo parecido respecto a la fundación de la pólis en la desigualdad de funciones y respecto a la relación entre el individuo y la comunidad.

“No solo la ciudad está compuesta de una pluralidad de hombres, sino que también difieren de modo específico. Una ciudad no resulta de individuos semejantes. Una cosa es la alianza militar y otra la ciudad. La primera es útil por la cantidad, aunque haya identidad de clase … Pero los elementos de los que debe resultar una ciudad difieren específicamente” (Política, libro II, 1261 a)

Si en una pólis vivieran solo hombres muy semejantes, por ejemplo, si fueran todos guerreros, nadie se ocuparía de las otras muchas tareas que hay que llevar a cabo. En realidad, no sería una pólis. Es necesario una diversidad de individuos y de habilidades: “La pólis es por naturaleza una cierta pluralidad” (Política, libro II, 1261 a) de personas que se complementa para el auxilio en común.

“La comunidad perfecta de varias aldeas es la pólis, que tiene ya, por así decirlo, el nivel más alto de autosuficiencia, que nació a causa de las necesidades de la vida, pero que subsiste para el vivir bien” Política, Libro I, 1252 b

El individuo no es suficiente, necesita la familia. La familia no es suficiente, necesita la aldea. La aldea no es suficiente, necesita la pólis. La pólis si es suficiente. ¿Suficiente para qué? Para vivir bien. ¿Y qué significa vivir bien? Vivir una vida humana en plenitud. El hombre es un animal comunitario por naturaleza, está hecho para vivir en la pólis.

Respecto a la relación del individuo con la comunidad, Aristóteles es todavía más comunitario, si cabe, que Platón:

“Por naturaleza, pues, la ciudad es anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesariamente anterior a la parte. En efecto, destruido el todo, ya no habrá ni pie ni mano, a no ser con nombre equívoco, como se puede decir una mano de piedra: pues tal será una mano muerta. Todas las cosas se definen por su función y por sus facultades …. Es evidente que la ciudad es por naturaleza y es anterior al individuo; porque si cada uno por separado no se basta a sí mismo, se encontrará de manera semejante a las demás partes en relación al todo y el que no puede vivir en comunidad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios” (Política, libro I, 1253 a 13-15)

La ciudad es anterior a los individuos y a las casas en el sentido metodológico de que las partes no tienen sentido sin el todo. Si matamos el todo (la organización, el sistema), ninguna de las partes se puede mantener. El individuo suelto es una ilusión. Todas las cosas se definen “en función de” su situación en la totalidad. Cuando la mano está muerta ya no está “en función de”, ni “es capaz de”, sólo le queda el nombre. Cuando el individuo está solo, está muerto en el sentido funcional y, según Aristóteles, ya no es un hombre, es una bestia o un dios. La estructura totalitaria de la comunidad es una condición necesaria para el sentido de la persona.

Para el individualismo liberal, el hombre es un yo absoluto independiente con derechos inviolables, una subjetividad que hace girar todo a su alrededor. La génesis histórica de estas ideas lleva hasta Platón y hasta el cristianismo. El hombre es un ser superior, un ser de otro mundo hecho para dominar la tierra. Del humanismo cristiano se pasó al humanismo ilustrado. La sobrevaloración del alma se convirtió en sobrevaloración de la razón. El ángel de otro mundo se convirtió en el ángel de este mundo. Se da de lado en todo esto que el hombre es siempre en un mundo y con los otros. El hombre del individualismo no es real, no tiene mundo y no tiene comunidad.

El planteamiento tradicional comunitario no parte de una subjetividad inflada, sino de la relación entre un hombre –finito y sociable– con su mundo. En el hecho de que el hombre sea finito hay rasgos realistas a tener en cuenta. A saber: nos morimos y tenemos que organizar nuestra vida en la tierra. La tierra no es un mero conjunto de objetos a disposición de la técnica para un sujeto dominador, es el ámbito en el que habitamos. Los otros no son individuos con los que tengo que pactar para que no me fastidien, son miembros de la comunidad. Existimos dentro de un conjunto de relaciones delicadas que han desaparecido en el atomismo individualista. Este conjunto de relaciones esconde a Díke, la vieja diosa de la justicia. Sigue estando ahí. Los dioses han huido, pero no se han aniquilado.

Todo fluye.

Eugenio Gil

Publicado por Eugenio Gil en 23:49

FUENTE:

Ahora vivimos en el más absoluto individualismo. Pero, aunque no se lo crean, hubo un tiempo en el que la comunidad tenía valor por encima del individuo. Este era el tiempo de los griegos y los romanos. El mundo de la vida griego y romano era en bloque comunitario. El individuo estaba en función de la comunidad y no la comunidad en función del individuo. Vivir en el sentido de la vida plena del hombre se entendía entonces como existencia con los otros dentro de la estructura de la comunidad. Veamos esto en Platón y Aristóteles. Los textos pertinentes al respecto son Platón, República especialmente los libros II y IV y Aristóteles Política, libros I y III.

Platón dice en boca de Sócrates en el libro II de la República que la pólis nace cuando los individuos no se bastan a sí mismos, sino que necesitan de muchas cosas. Las necesidades mínimas son el alimento, la vivienda y el vestido. Necesitaremos por tanto agricultores, ganaderos, albañiles y tejedores. Y no todos valen para todo. a unos se les da mejor el pensamiento, a otros la acción. Es mejor que cada uno se ocupe solo de aquello para lo cual está dotado por naturaleza. Una persona desperdigada en varias ocupaciones no hará bien ninguna.

La base de la comunidad armónica es la complementación entre la desigualdad natural y la necesidad que todos tenemos de una serie de objetos. El bien común se construye sobre la desigualdad de funciones. En un sentido importante, una comunidad no se basa en la igualdad, sino en la desigualdad. Es esa desigualdad la que permite el hecho de que un objeto sea producido de la mejor manera posible. La pólis es la comunidad que cubre las necesidades mutuas según las habilidades personales, en vistas a un auxilio en común. El equilibrio/complementación/bien común se logra cuando el artesano se dedica a producir, el filósofo a pensar y el guerrero a pelear: “El Estado es justo por el hecho de que las tres clases que existen en él hacen cada uno lo suyo” (República, libro IV, 441 d-e). La justicia consiste en que cada uno haga lo que tiene que hacer dentro de la pólis.

El planteamiento es comunitario. Por una parte, no se concibe al hombre como un átomo suelto, sino como un miembro de una estructura en la que cumple una función. Un individuo suelto cubriría mal muchas de sus necesidades y llevaría una vida deficiente. Solo se puede vivir de manera plena dentro del equilibrio de la pólis. Por otra parte, el auxilio en común requiere una participación activa. Hay que participar y compartir para ser ciudadano de la pólis. Platón utiliza el término koinonía, que significa comunidad, participación, asociación, alianza y empatía. La koinonía no es un mero contrato artificial voluntario que se pueda coger o dejar, es algo más constitutivo y por naturaleza.

La justicia es el hilo conductor y justicia, en Platón, es armonía. De ninguna manera se está hablando aquí de la preponderancia de una clase sobre otra, sino del equilibrio entre ellas.

Platón se alejó de la tradición griega en algunos puntos como la postulación de un mundo sobrenatural que dirige el ser desde el deber ser, pero no en este punto de que el hombre vive en comunidad.

Aristóteles piensa algo parecido respecto a la fundación de la pólis en la desigualdad de funciones y respecto a la relación entre el individuo y la comunidad.

“No solo la ciudad está compuesta de una pluralidad de hombres, sino que también difieren de modo específico. Una ciudad no resulta de individuos semejantes. Una cosa es la alianza militar y otra la ciudad. La primera es útil por la cantidad, aunque haya identidad de clase … Pero los elementos de los que debe resultar una ciudad difieren específicamente” (Política, libro II, 1261 a)

Si en una pólis vivieran solo hombres muy semejantes, por ejemplo, si fueran todos guerreros, nadie se ocuparía de las otras muchas tareas que hay que llevar a cabo. En realidad, no sería una pólis. Es necesario una diversidad de individuos y de habilidades: “La pólis es por naturaleza una cierta pluralidad” (Política, libro II, 1261 a) de personas que se complementa para el auxilio en común.

“La comunidad perfecta de varias aldeas es la pólis, que tiene ya, por así decirlo, el nivel más alto de autosuficiencia, que nació a causa de las necesidades de la vida, pero que subsiste para el vivir bien” Política, Libro I, 1252 b

El individuo no es suficiente, necesita la familia. La familia no es suficiente, necesita la aldea. La aldea no es suficiente, necesita la pólis. La pólis si es suficiente. ¿Suficiente para qué? Para vivir bien. ¿Y qué significa vivir bien? Vivir una vida humana en plenitud. El hombre es un animal comunitario por naturaleza, está hecho para vivir en la pólis.

Respecto a la relación del individuo con la comunidad, Aristóteles es todavía más comunitario, si cabe, que Platón:

“Por naturaleza, pues, la ciudad es anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesariamente anterior a la parte. En efecto, destruido el todo, ya no habrá ni pie ni mano, a no ser con nombre equívoco, como se puede decir una mano de piedra: pues tal será una mano muerta. Todas las cosas se definen por su función y por sus facultades …. Es evidente que la ciudad es por naturaleza y es anterior al individuo; porque si cada uno por separado no se basta a sí mismo, se encontrará de manera semejante a las demás partes en relación al todo y el que no puede vivir en comunidad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios” (Política, libro I, 1253 a 13-15)

La ciudad es anterior a los individuos y a las casas en el sentido metodológico de que las partes no tienen sentido sin el todo. Si matamos el todo (la organización, el sistema), ninguna de las partes se puede mantener. El individuo suelto es una ilusión. Todas las cosas se definen “en función de” su situación en la totalidad. Cuando la mano está muerta ya no está “en función de”, ni “es capaz de”, sólo le queda el nombre. Cuando el individuo está solo, está muerto en el sentido funcional y, según Aristóteles, ya no es un hombre, es una bestia o un dios. La estructura totalitaria de la comunidad es una condición necesaria para el sentido de la persona.

Para el individualismo liberal, el hombre es un yo absoluto independiente con derechos inviolables, una subjetividad que hace girar todo a su alrededor. La génesis histórica de estas ideas lleva hasta Platón y hasta el cristianismo. El hombre es un ser superior, un ser de otro mundo hecho para dominar la tierra. Del humanismo cristiano se pasó al humanismo ilustrado. La sobrevaloración del alma se convirtió en sobrevaloración de la razón. El ángel de otro mundo se convirtió en el ángel de este mundo. Se da de lado en todo esto que el hombre es siempre en un mundo y con los otros. El hombre del individualismo no es real, no tiene mundo y no tiene comunidad.

El planteamiento tradicional comunitario no parte de una subjetividad inflada, sino de la relación entre un hombre –finito y sociable– con su mundo. En el hecho de que el hombre sea finito hay rasgos realistas a tener en cuenta. A saber: nos morimos y tenemos que organizar nuestra vida en la tierra. La tierra no es un mero conjunto de objetos a disposición de la técnica para un sujeto dominador, es el ámbito en el que habitamos. Los otros no son individuos con los que tengo que pactar para que no me fastidien, son miembros de la comunidad. Existimos dentro de un conjunto de relaciones delicadas que han desaparecido en el atomismo individualista. Este conjunto de relaciones esconde a Díke, la vieja diosa de la justicia. Sigue estando ahí. Los dioses han huido, pero no se han aniquilado.

Todo fluye.

Eugenio Gil

Publicado por Eugenio Gil en 23:49

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FUENTE:

http://www.todofluyetodofluye.blogspot.com.es/2014/04/la-comunidad-en-platon-y-aristoteles.html

José Gay Bochaca: FILOSOFÍA FUNDAMENTAL

5 de septiembre de 2013

José Gay Bochaca

CURSO DE FILOSOFIA ELEMENTAL

Madrid, 1987

INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFIA

Naturaleza de la Filosofía

etimología de la palabra “filosofía” … p. 17…
…de fileo, amor, y sofía, sabiduria… en griego significa “amor a la sabiduría”.
Pitágoras empezó a llamarse “amante de la sabiduría”ó “filósofo” para distinguirse de los sabios ó sofistas.

definición de filosofía
Santo Tomás: “el conocimiento de todas las cosas por sus causas últimas, adquirido mediante la razón”

el objeto de la filosofía … p. 18
El objeto material de la filosofía son todas las cosas, es decir, toda la realidad, pues de ésta se puede buscar sus explicaciones últimas (las ciencias particulares estudiarán sólo algún aspecto concreto de la realidad). Y el objeto formal de la filosofía es el aspecto bajo el cual se estudia el objeto material, es decir, será por sus últimas causas, las explicaciones más profundas de lo que son las cosas (las ciencias particulares buscan las explicaciones más cercanas).

La Filosofía como Ciencia

Ciencia y filosofía …p. 18
La ciencia es “el conocimiento cierto por las causas”. Al ser la filosofía un conocimiento por las causas y ocuparse de las causas últimas, es claro que la filosofia es la ciencia más excelsa, pues las ciencias particulares sólo buscan las causas más inmediatas.
También la filosofía es la ciencia más eminente porque utiliza una metodología demostrativa, pero partiendo de los primeros principios de todo conocimiento.

Unidad y diversidad de la filosofía

El centro de la filosofía es la metafísica, es decir, el estudio del “ser” y sus “causas últimas”.
Pero además, hay una cierta relación entre la filosofía y las ciencias particulares, pues en último término éstas se fundamentan en la metafísica…(por ejemplo: la física debe tener en cuenta el sentido filosófico del espacio, del tiempo, de la cualidad, etc.). En esta relación entre filosofía y ciencias particulares pueden darse supuestos que sean erróneos al partir de concepciones filosóficas falsas (por ej.: en sociología, admitir leyes necesarias al negar la libertad humana; ó en física, reducir la materia a puros aspectos cuantitativos).

La Filosofía y la Teología

Filosofía y Revelación …p. 20

Autonomía de la filosofía …p. 21

El filósofo cristiano …. p. 21

Filosofía tomista y magisterio de la Iglesia … p. 22

La Filosofía y la Razón

Necesidad del conocimiento para filosofar ….p. 24

El método de la filosofía ….p.25

V.- división de la filosofía.- …………………… pág. 26

Nos hemos centrado en los grandes apartados de la filosofía clásica dejando de lado algunas disciplinas (como la antropología, la filosofía de la ciencia, de la política, del derecho, del arte, etc.) que son estudiadas en la actualidad pero que no vamos a incluir en un curso introductorio de la filosofía fundamental.

I. – filosofía real ó natural.:METAFíSICA [169] (4)
I. 1….la Metafísica general u Ontología estudia al ser en cuanto ser. (4.1)
I. 2…la Metafísica especial se divide en: (4.2)
I.2. a) Cosmología: estudia el universo fundamentalmente material. [81] (2)
I.2. b) Psicología racional: estudia el alma. [123] (3)
I.2. c) Teología natural ó Teodicea: estudia el ser inmaterial: Dios. [211] (5)
I. 3 Gnoseología ó Teoría del conocimiento: (4.3) estudia el alcance del conocimiento. [293] (7)

II.- filosofía moral……………: ÉTICA [251] (6)
II……la Ética estudia el obrar humano.

III.- filosofía racional……….: LÓGICA [33] (1)
III…..la Lógica estudia el procedimiento intelectual en relación con la verdad: Formal
Material

(4) El término metafísica se puede tomar en el sentido de enfoque que da unidad a las diferentes partes de la filosofía, es decir el estudio de la realidad por sus causas últimas. Por lo tanto, desde lo que es puramente material hasta lo más abstracto puede estudiarse desde el punto de vista metafísico.
Las ciencias particulares estudian la realidad de modo más parcial y limitado a través de las causas próximas.
Si nos referimos a los temas tratados exclusivamente por la metafísica, podemos decir que metafísica es “la ciencia del ente en cuanto ente” (llamamos ente a todo lo que es). Dicho en otras palabras, la metafísica tiene como objeto material “lo que es” (el ente) y su objeto formal es el estudio del ente bajo el punto de vista de su ser.

(4.1) La Metafísica general u Ontología estudia “lo que es”, el ente. Además estudia la estructura del ente (substancia y accidentes), la esencia, el acto de ser, los transcendentales y la causalidad.

(4.2) La Metafísica especial estudia:
(2) la Cosmología ó filosofía de la naturaleza y se centra en los seres inanimados, su composición, la teoría hilemórfica, etc.; y algunos temas que se relacionan con las ciencias experimentales: el origen del mundo, la extensión del universo, la composición de la materia, etc.
(3) la Psicología racional, que estudia los seres animados, ya sea en la vida vegetativa, o bien en la vida sensitiva y en la vida intelectual (el hombre). La psicología racional se completa con la psicología experimental, que estudia las causas próximas de los hechos psíquicos.

(5) la Teodicea, que estudia el conocimiento de Dios desde el punto de vista racional. Se centra en la demostración de la existencia de Dios y la esencia de Dios, es decir, su constitutivo formal (qué es Dios).

(4.3) La Gnoseología estudia reflexivamente el alcance del mismo conocimiento; es decir, la posibilidad de conocer la verdad y las diferentes posturas que se han adoptado frente a este problema en el transcurso de la historia de la filosofía.

(6) La Ética es una ciencia práctica que estudia la conducta humana, es decir, estudia la aplicación al acto humano de unos principios que regulen el obrar moralmente bien. Estudia el último fin del hombre –la felicidad—y los medios para conseguirlo.
La Ética general se centra en el estudio de los principios que rigen el obrar humano y así concretamente trata del fin último del hombre, de la ley moral, de la conciencia, el pecado, las virtudes.
La Ética especial estudia la aplicación de los principios generales a temas concretos referentes al hombre, como pueden ser el bien común, la familia, las leyes civiles, etc.

(1) La Lógica estudia las tres operaciones intelectuales: simple aprehensión, juicio y raciocinio, dando lugar a varios apartados: la lógica del concepto (resultado de la simple aprehensión), la lógica del juicio y la lógica del raciocinio. (y, según algunos autores, al apartado llamado epistemología ó filosofía de la ciencia, que estudia el proceso intelectual con referencia al saber científico.

la tiranía IGUALITARIA

1 de octubre de 2010

Es una palabra mágica… Actua como un conjuro: Ante la palabra “igualdad” las mentes se obscurecen y caen desgallecidas… La inteligencia se rinde.

El mito de Procusto ya ilustró hace milenios que hubo un tirano que decretó que se cortaran las piernas con un serrucho a aquellas personas que sobrepasaran la altura que él mismo tenía… que no era mucha…

Desde la desafortunada “revolución francesa”… la trilogia  L E F  (liberté, égalitá, fraternité) se ha impuesto como dogma indiscutible… en las mentes estrechas, pese a que la misma Naturaleza, la vida y la experiencia toda demuestran que si hay “libertad” no puede haber igualdad ni fraternidad…pues esa misma libertad hace posigle que la gente desarrolle sus facultades intelectuales, físicas, económicas, etc.. por encima o por debajo dedl promedio genertal… y por, otra parte, esa  libertad permite que cada cual fraternice con quien quiera y nadie le puede obligar a fraternizar con “todos y con todas”…(sic…).  Además, si hay  “igualdad”… entonces no hay libertad para ser diferente a los demás…

En fin… estas consideraciones las he escrito en un post en otro blog que ahora no recuerdo… (pero que espero recordar) y me han sido suscitadas por la lectura de un blof que para mi ha sido un gratísimo descubrimiento:

EL BLOG DEL OSO SOLITARIO.  Espero que a su dueño no le moleste que reproduzca lo que él ha publicado con este titular:

Una nueva ley basura“:   Lo copio:

Es de hoy la noticia de un Proyecto de Ley que nuestro Gobierno ha ultimado, y que con toda probabilidad se convertirá dentro de unos meses en una repugnante e injusta ley,  una más, después de las infames leyes de Igualdad y de Violencia de Género. Leyes con las cuales la gentuza que nos gobierna castiga a sus enemigos de clase: los empresarios, los hombres, los blancos y los españoles en general.
Estoy hablando de la Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación. He aquí un enlace.
El título creo que lo dice todo y resume perfectamente el contenido de la Ley.  Se refiere principalmente al ámbito laboral. Creo que está bien claro lo que significa esta basura. Veamos el sentido real de estas palabras.
Igualdad de Trato significa que algunos son más Iguales que Otros. Y sabemos quiénes son los Más Iguales: inmigrantes -especialmente extraeuropeos y cuanto más negros mejor-, homosexuales, mujeres, gitanos y cualquier colectivo que presuntamente sufra discriminación y se presente como víctima. Resumiendo, los colectivos de lloricas profesionales, en actitud de lamento permanente y dotados de Certificado de Minoría Oprimida.
 
No Discriminación significa discriminación real hacia los Menos Iguales que los de arriba: hombres, de orientación sexual normal, blancos o españoles. Si estas características están reunidas en una sola persona, he aquí el enemigo de clase, el auténtico colectivo al que se quiere castigar con las leyes contra la discriminación, con esta auténtica persecución políticamente correcta que cada día es más insoportable.
El que un acusado deba demostrar que es inocente es totalmente aberrante, es una mostruosidad que puede ser sólo producto de mentes enfermas y de una tiranía que utiliza las leyes como arma contra sus enemigos. En efecto no sorprende que este principio esté presente en la legislación sobre molestias sexuales en el trabajo de muchos países europeos. Si una zorra lo denuncia por molestias, es el hombre el que debe probar que es inocente. El objetivo que se persigue es dejar indefenso al varón de frente al chantaje y las mentiras de la primera ramera oportunista que se cruce en su camino.
Esta ley es representa la apertura de un frente más en esta campaña. A igualdad de cualificaciones, será preferido un inmigrante a un español, una mujer a un hombre, un negro o un moreno a un blanco, porque el primero podrá siempre alegar que ha sido discriminado  y el empresario deberá demostrar que no ha sido así. Si es un hombre blanco español y no maricón el que denuncia discriminación, el juez se le reirá en la cara e incluso puede acabar denunciado él mismo por racismo y discriminación.
Entonces, nuestro hombre blanco español y no maricón, ¿podrá confiar en su preparación y cualidades para obtener el trabajo, si está mejor cualificado que sus concurrentes de Minorías Oprimidas?
Evidentemente no: el seleccionador debe demostrar que no ha discriminado a la Minoría Oprimida, y es muy difícil demostrar esto. El candidato Minoría Oprimida obtendrá el puesto pasando por delante de quien tiene superior cualificación, porque el empresario naturalmente querrá evitar problemas. Sólo en casos de evidente y demostrable desproporción entre los candidatos el Minoría Oprimida se quedará fuera.
Y naturalmente se trata también de una persecución contra el empresario, el que tiene una actividad a la que ha dedicado tiempo y energías, de cuyos resultados debe responder personalmente. Se le niega el derecho a seleccionar según su mejor criterio a quién puede contratar y a quién no. Criterio que puede ser discutible y a veces injusto, pero que en definitiva está basado en la realidad, pena el fracaso como actividad económica. ¿Y quién le niega este derecho? Un pandilla de mentecatos que no ha trabajado en su puta vida, con la cabeza llena de gilipolleces y odio de clase, gentuza que vive parasitando la parte del país que realmente trabaja.
Se deberá contratar a un Minoría Oprimida aunque no sepa hacer la O con un canuto, aunque sea grosero y maleducado; se contratará a alguien sólo por ser mujer, o de piel negra, o maricón. ¿Alarmismo? ¿Paranoia? No es que pueda pasar en el futuro. Ya está pasando, aquí y ahora.
Personalmente los Minorías Oprimidas empiezan a darme un asco incontenible y a caerme como una patada en los huevos. Cada vez que oigo a un representante de uno de estos colectivos de lloricas de mierda quejarse de discriminación y pedir privilegios, que tienen que ser garantizados evidentemente recortando el espacio a los demás, me dan ganas de vomitar. Cada vez que me encuentro un Minoría Oprimida en mi camino, para mí, de entrada, es un inútil a menos que me demuestre lo contrario. Se trata de una elemental, simple autodefensa, una actitud plenamente justificada ante tanta basura políticamente correcta, ante tanta mentira, manipulación y falsedad elevada a doctrina de Estado.
Pero mucho más asco que los Minorías Oprimidas me da quien elabora y aprueba estas leyes. Existen  palabras adecuadas en nuestro idioma para calificarlos.
Miserables. Traidores.
Miserables porque en vez de afrontar los problemas reales que existen en nuestro país su única obsesión es seguir adelante con su demencial agenda, que no hace más que agravarlos. Destrozando el futuro del país mientras ellos viven cómodamente con rentas aseguradas.
Miserables porque están cerrando las puertas y el futuro a miles de jóvenes o no tan jóvenes, cuya preparación y esfuerzo no les servirán de nada o les limitarán seriamente, porque los apestosos lloricas de mierda profesionales les pasarán por delante sin merecerlo.
Miserables porque quieren que nos sintamos culpables por ser hombres, de raza blanca y españoles.
Traidores porque, siguiendo directrices venidas de poderes externos y su propia deformación mental, trabajan contra su propio pueblo, deliberadamente perjudicando a la gente a la que se supone representan.
Traidores porque hacen leyes aberrantes que convierten a la gente que mantiene este país en ciudadanos de segunda clase.
Traidores porque han convertido en doctrina de Estado la enfermedad que les infecta el cerebro: el odio por la raza a que pertenecen, por su propia nación e historia.
En una palabra: Gentuza.

¿Y quien les sigue apoyando a pesar de todo? ¿La gente que seguramente está de acuerdo con esta ley?

Entiendo que haya quien saque hoy partido de esto, o que tenga ya la vida resuelta, pero…¿Y el porvenir? ¿Y el futuro de sus hijos? ¿Es que a los progres les da igual que sus hijos sean tratados como mierda por las leyes que tanto apoyan?
La conclusión que se impone es que cierta gente -mucha, demasiada- o es completamente gilipollas, o le gusta que sus propios gobernantes le den por el culo, o tiene mentalidad y horizonte vital extremadamente mezquinos y limitados.
En resumen, el desecho social, la escoria que en un orden social justo estaría en el fondo mordiendo el polvo y realizando de alguna manera una función útil, hoy constituye la norma, impone su tiranía y desea conformar toda la sociedad a su imagen. Esto es a lo que hemos llegado.
Publicado por Oso Solitario en 15:44
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4 comentarios:

Soldado Vikingo dijo…Esos colectivos liderados por Esteban Ibarra no necesitan más leyes para jodernos, ya tienen todas las que quieren.

27 de septiembre de 2010 02:11

Anónimo dijo…No me coge de sorpresa esta Ley. La “saga” de leyes basura comenzo hace años tal como mencionas en tu artículo.

Todas ellas obedecen a un proceso de demolición del hombre que durante décadas han sido la piedra angular, el sostén, la savia de nuestra nación. Y para su destrucción nada mejor que ese contubernio de fuerzas que integran lo más degradado y envilecido y miserable del país: feministas, homosexuales,inmigrantes, políticastros corruptos, parásitos y oportunistas del mas variado jaez, etc.

Este sector pretende “otra sociedad”, bien ajustada a sus fines ideológicos, y no reparará en recursos para conseguirlo, tal vez en un plazo menor de lo que creemos. Lamentablemente observo una pasividad preocupante entre la mayoría de la gente, un: “no quererse enterar” capaz de alarmar a cualquiera con un mínimo de ética y sentido de la realidad.

Quiero creer que es posible crear un sistema de autofensa frente a esa lacra, que no está todo perdido aún, pero….

27 de septiembre de 2010 08:03

Oso Solitario dijo…La cuestión que planteas es de difícil respuesta: si no está todo perdido aún, si es posible defenderse y combatir la degradación…

Seguramente a nivel interior sí es posible la defensa, mantener una libertad interior aun en medio de una sociedad que está basada en valores totalmente dcadentes. Este es el primer paso y el más fundamental.

Acerca de la posibilidad de realizar también una acción exterior, aun cuando la escoria consiguiera lavar los cerebros de todos y uniformar la sociedad entera a sus aberrantes ideas, en la siguiente generación habrá siempre alguien capaz de redescubrir valores auténticos, sanos y vitales, de luchar por ellos. La reacción será siempre posible, en cualquier momento y en medio al cenagal más apestoso. Esta es mi fe en la libertad del hombre.

27 de septiembre de 2010 12:57

Danilo dijo…Max sei “er mejo”. Ho letto (con il cortese supporto di Google) l’articolo….dobbiamo rassegnarci siamo gli n-esimi stati degli USA. Ho letto un articolo che mi fatto vedere sotto un’ottica diversa l’Iran (il motivo ‘profondo’ per cui vogliono distruggerlo è perché quei testoni si ostinano a considerare complementari, e non uguali, uomini e donne):

http://blogghete.blog.dada.net/post/1207164465/COME+ERAVAMO

Un caro abbraccio dalla Ciociaria.

30 de septiembre de 2010 09:12

nietzsche vive!

8 de agosto de 2009

Se ha ironizado y glosado con frecuencia la cita de Federico Nietzsche sobre “Dios ha muerto!”… Lo que no cabe duda es que Nietzsche no puede ser considerado un ateista materialista al estilo de K. Marx, J.P. Sartre, etc.  Lo que sí está claro es que las ideas del genial pensador, pese a la hostilidad de la cultura hoy dominante, de raiz semítica, siguen vivas. La prueba está, por ejemplo en que existe un blog como este: círculo identitario nietzsche.

http://circulo-identitario-nietzsche.blogspot.com/

UN ATEO CRISTIANO

21 de diciembre de 2008

gustavo

El filósofo ateo Gustavo Bueno (en la foto), ha afirmado en declaraciones a Popular TV que “es absurdo retirar los crucifijos. El crucifijo es un símbolo histórico, teológico y artístico que forma parte de nuestra cultura. Quitar el crucifijo es quitarse el vestido. Los que lo defienden son unos indoctos. El que haya leído no a Santo Tomás sino a Hegel, sabe que el crucifijo no se puede quitar”.

El líder de la escuela del materialismo filosófico sostiene también que “la Iglesia Católica es la que ha salvado la razón en la historia de Europa. Frente al Islam, que en realidad es una herejía del cristianismo, una herejía arriana, y frente al gnosticismo, la Iglesia mantuvo los criterios de la filosofía griega que incorporó a la teología dogmática”. Bueno además ha asegurado que se han invertido los términos: “la gente dice que no cree en la Iglesia pero que sí cree en Dios. Cuando en realidad es al revés. Creer en Dios es algo metafísico, la Iglesia es algo histórico. Hay que estar en la realidad y saber lo que ha significado la Iglesia en la historia”, informa PCI.

Fuente: http://radiocristiandad.wordpress.com/

EL MITO Y EL SÍMBOLO

5 de diciembre de 2008

De un blog chileno copiamos el siguiente artículo:

EL MITO Y EL SIMBOLO

Dentro de la amplia variedad de símbolos que caracterizan la ideología nacionalsocialista ha sido siempre la esvástica o cruz gamada la que ha acaparado los estudios de especialistas en simbología y emblemática habiéndose realizado numerosos trabajos sobre su oculto sentido y significado, estudios que van desde el plano de su significación mítico-simbólica hasta los as­pectos de carácter científico y matemático que originan su formación y determinan su simbolismo mágico para los pueblos arios. De estos trabajos sobre la cruz gamada nos haremos eco en posteriores números. Pero otro de los emblemas, símbolos o motivos fundamentales que acompaña de forma habitual a la cruz gamada durante el período del III Reich es el Águila, ornamento mucho más conocido y representado en multitud de soportes desde la antigüedad más remota. La decisión de utilizar el águila junto con la esvástica como emblema oficial del Reich corresponde a Adolf Hitler en persona y el modelo utilizado se corresponderá con un diseño personal bosquejado por su pluma del que se han conservado bocetos en acuarela fechados en 1.920. A partir de este modelo original utilizado por el NSDAP y posteriormente por el Reich nacionalsocialista se realizarían múltiples versiones e interpretaciones iconográficas que serán usadas profusamente por todas las ramas de la administración del Reich y del partido. De este modo el águila y la esvástica constituyeron el emblema nacional del nuevo estado alemán y su uso se difundió por todo el Reich teniendo especial aplicación en la regalía y uniformoelogía nacional. A partir de 1.938 el genial arquitecto Albert Speer diseñaría las águilas colosales que se han hecho famosas en los documentales y que presidirían las tribunas de fondo de los grandes estadios construidos durante esta gloriosa etapa de exaltación popular. Algunas de ellas, de grandes dimensiones fueron dinamitadas por los vencedores del conflicto mundial, y otras, capturadas por el ejército Rojo continúan expuestas en el Museo del Ejército en Moscú. Se encuentran cautivas a la espera de que un día las liberemos y sean restituidas al lugar que merecen y del que nunca debieron salir.

DENOMINACION CONVENCIONAL La denominación normalizada del emblema oficial del Reich es.. “motivo de águila con las alas extendidas llevando entre sus garras una corona de hojas de roble dentro de la cual figura en forma oblicua una cruz gamada”. No vamos a hacer en este trabajo un recorrido pormenorizado de cual fue la utilización de este emblema por parte de las organizaciones del NSDAP ya que sobre este tema se han publicado extraordinarios trabajos de especialistas a los cuales se puede remitir el lector interesado. De exhaustivos y casi definitivos se pueden calificar los realizados por Jorge González Crespo publicados en la prestigiosa Editorial San Martín. (Regalia del III Reich. Organización e insignias del partido. Organización e insignias de las Fuerzas Armadas.)

SENTIDO MÁGICO DEL SÍMBOLO Lo que queremos resaltar en este sencillo estudio son los aspectos simbólicos e históricos que caracterizan la figura del águila y cómo esos aspectos determinaron su elección por parte del Führer para acompañar, en condiciones de equidad, al sagrado símbolo de la esvástica. Un símbolo es una imagen, un signo; en definitiva, cualquier expresión sintética de una idea fundamental. Es la idea pura en su precisa expresión. Es una condensación expresiva y precisa, el cual corresponde por su esencia al mundo interior (intensivo y cualitativo) en contraposición al mundo exterior (extensivo y cuantitativo). Esta es una característica a destacar: la capacidad del símbolo de resumir una idea tan fundamenta e importante en el tiempo y el espacio para mostrarla ante nuestros ojos. No debemos pues por ello pensar en los símbolos como si fueran una mera figura plástica fruto de la imaginación. Son signos concretos y visibles que encierran una idea o principio fun­damental comprensible sólo para aquellos cuya conciencia es afín. Así pues, es necesario que el conocedor acceda con ella hasta el plano sutil donde vive la idea que el símbolo representa. De este modo ellos, los símbolos, ocultan un significado porque ésta es una de sus funciones; preservar una Enseñanza Sagrada para el futuro de la humanidad, y evitar que caiga en manos de quienes podrían hacer un mal uso de tal conocimiento. En este sentido el símbolo se convierte en un ser vivo que mantiene su contacto, a manera de cordón umbilical, con el plano sutil de la Ideas Superiores. Cuando esta relación se corta. el símbolo pierde su significado trascendente limitándose a lo concreto. El símbolo deja de ser tal para quedar convertido en la apariencia; ahora es solamente un signo, una figura literaria, un juguete de la mente, una alegoría hueca y carente de sentido. Por este motivo los símbolos auténticamente manifestados cons­tituyen una forma de expresión perfecta para plasmar los conceptos espirituales, gracias a su sintetismo.

EL AGUILA SOLAR Identificada desde siempre por todas las civilizaciones como la Reina de la aves, la Reina de los aires, el ave de Júpiter, el ave real, el ave de Ganímedes, el ave del trueno o de las tormentas, el ministro alado del Rey de los Dioses, el águila desempeña un papel preponderante en todas las leyendas, mitologías y religiones de los pueblos de raíz indoeuropea. Pues una de las características que destacan sobre otras y que se repiten con la cruz gamada es la práctica ausencia de representación iconográfica del águila en los pueblos de raíz semítica, de inspiración cosmológica esencialmente lunar. Símbolo universal de la Creación, las aves junto con el huevo cósmico simbolizan como desde el origen del Mundo el Espíritu de Dios planeaba sobre las aguas primordiales en forma de ave. El ave simboliza el alma capaz de abandonar el cuerpo, representación de la inmortalidad que después de la corrupción del cuerpo se remonta a las regiones celestiales. Así la letra A del sistema jeroglífico egipcio se representa por la figura del águila, significando el calor vital, el origen, la vida, la libertad, la luz; esta palabra, que expresa conocimiento, símbolo de la altura, del espíritu identificado con el Sol, se considera esencialmente luminosa y participa de los elementos aire y fuego. Como se identifica con el Sol y la idea de la actividad masculina fecundante de la naturaleza, el águila simboliza también al padre. Como es el ave que vuela más alto es por tanto la que mejor expresa la idea de la Majestad divina. Ave de Zeus-Júpiter, símbolo de la luz celeste y solar, a la que se supone capaz de mirar fijamente al Sol sin perder por ello la vida, pasa a ser por esto la mensajera del Dios Helios. Son las que aportan a los hombres las bebidas de la inmortalidad reservadas a los Dioses; un águila o un halcón, mencionado en la literatura védica, roba el soma que lleva Indra. El águila fue siempre un símbolo del “Corazón” o del “Centro” del mundo espiritual y por ello se asocia a los cultos tributados al Sol. Con su vista poderosa representa el omnipenetrante ojo del vidente, símbolo de elevada intuición espiritual.

PERSPECTIVA HISTÓRlCA
Brevemente haremos un repaso de las diferentes civilizaciones que la utilizaron como elemento característico de su poder e influencia en infinidad de soportes y representaciones. Desde occidente hasta la zona oriental de Eurasia su presencia ha sido abundantísima. Tradicionalmente sólo los valientes que demostraban ser buenos guerreros mediante actos de bravura tenían derecho a adornarse con plumas de águila. Aparece en Macedonia y en las monedas y estandartes de la Roma imperial; el poder de volar, de elevarse para dominar y destruir lo inferior es con seguridad la idea esencial del simbolismo del ave de Júpiter, también llamada ave de la tempestad o de las tormentas. Se venera en la civilización sumeria como encarnación del Dios del Viento y es objeto de culto entre las tribus guerreras de Norteamérica. En Escandinavia simboliza el tronar del viento y está cerca del gallo Fjalar cuyo canto anunciará el fin del mundo y el crepúsculo de los dioses. La poderosa águila Garuda de la mitología India es el corcel del dios Vishnu, la montura del Sol, vencedor de todos los monstruos por su brillo y resplandor.Es distintivo de reyes entre los persas y figura entre los estandartes de Ciro. Bajo Ptolomeo I fue incluso emblema de Egipto. Alejandro la introdujo oficialmente en Europa como figura numismática y heráldica imitándolo sus sucesores Diádocos. En las monedas romanas es de uso común simbolizando el poder de las legiones y del imperio. El mismo emplazamiento de la ciudad de Roma se lo inspiró a Rómulo y Remo el vuelo de las águilas. Bajo el solio romano estas águilas conquistaron imperios y reinos y bajo su sombra se gestaron los cimientos de la futura Europa. Entre los griegos y los persas estaba consagrada al Sol (águila heliaca); para los druidas era el supremo Dios; con el nombre de Ah, la casta sacerdotal egipcia la con­sagró a Horus y los coptos le rendían culto bajo el nombre de Ahom. Aparece vinculada a la fundación de Moscú en su variedad bicéfala y fue objeto de veneración y sacrificios en el México precolombino. El emblema nacional mexicano del águila llevando entre sus garras una serpiente remonta su origen a la fundación mítica la antigua Tenochtitlán.En Europa aparece en multitud de em­blemas, estandartes, banderas, blasones, escudos y monedas y su representación iconográfica es variadísima. En Grecia, con los medas y en la dinastía Aqueménida su uso es muy frecuente. Según Jenofonte, cuando Ciro iba a atacar a los asirios, un águila sobrevoló sus ejércitos que resultaron vencedores en la batalla. Durante la Edad Media se le atribuyeron prerrogativas mágicas y fue colocada por príncipes y soberanos en sus escudos de armas. En su presentación bifronte fue usada profusamente en centroeuropa y se adoptó como distintivo por los duques de Baviera, Bohemia, Silesia. Austria, Polonia y Brandenburgo. Los Reyes Católicos la introdujeron en el escudo de España y la casa de Austria la implantó en las armas reales españolas. Tras la guerra civil el estado nacional la incorporó al escudo de España bajo la advocación de San Juan. El águila aún sigue siendo hoy el distintivo de las banderas y escudos de nume­rosos países y naciones que lo lucen con orgullo en sus escudos y banderas. Es ade­más el emblema de numerosas órdenes militares. Después del Concilio de Nicea, llamado de los teólogos el águila figuró incluso como atributo de la Teología; un águila calva, de cabeza blanca, es el emblema nacional de los Estados Unidos de América… la lista sería interminable. Pero sobre todo el águila es la heroína de numerosas leyendas; ella vuela también hasta la India en busca de la actita, “la piedra de las águilas”, que activa la eclosión de los huevos y precipita los alumbramientos…Por todo lo expuesto a nadie sorprendió que el Führer eligiera como símbolo que acompañara inexcusablemente a la venerable esvástica en su representación iconográfica y emblemática a un águila de alas extendidas cuyos orígenes se remontan a las más antiguas tradiciones de los pueblos arioindoeuropeos. Vinculada desde siempre al culto solar, su simbolismo racial fue adicionado magníficamente en su plasmación material a la potencialidad energética y al mágico simbolismo que ya de por sí emanaba del telúrico mandala de los arios. Aguila solar y esvástica unidas como símbolo unigénito de una raza y de una sangre.

 

EL SUEÑO DE JULIANO EL APÓSTATA
No queremos terminar este breve trabajo sin dejar de recordar por la carga simbólica y mágica que encierra, el sueño del emperador-filósofo romano Juliano (emperador 361-363) conocido como el Apóstata porque intentó recuperar para el imperio las sagradas tradiciones ancestrales que fueron traicionadas por su antecesor Constantino tras su conversión al cristianismo (a nuestro juicio él fue el auténtico apóstata y no Juliano), mandando cerrar los viejos Templos iniciáticos, las Universidades griegas y helenísticas, los centros de oratoria y los talleres artísticos. Juliano, guerrero, filósofo, estratega. pensador y hábil estadista brilló con luz propia en las decadentes postrimerías del debilitado Imperio Romano. Como tantos otros después también él ordenó a sus tropas incendiar las naves y combatió hasta la muerte para defender occidente de las invasiones extranjeras. Murió muy joven asesinado probablemente por aquellos en los que había depositado su confianza. Se dice que la noche antes de morir, tuvo una visión…”…vio el Aguila imperial de Roma que volaba hacia Oriente y se refugiaba por casi dos milenios en las montañas más altas del mundo. Luego volvía a Occidente con un símbolo sagrado entre sus garras y el imperio la aclamaba”.

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HOMBRE & MUJER, según JULIUS ÉVOLA

18 de febrero de 2008

adanyeva1-adanyeva.jpgadan_y_eva-durero-jpeg.jpgRevuelta contra el Mundo Moderno (I Parte) . 20.HOMBRE Y MUJER.

En la Biblioteca Julius Evola leemos:

 

 

 

El papel de la sexualidad en las civilizaciones tradicionales, está también volcada hacia lo alto. Evola analiza esta relación en este capítulo que luego tendrá ocasión de desarrollar ampliamente en una de sus mejores obras, “Metafísica del Sexo”. También en el ámbito de la sexualidad existe la posibilidad de practicar un ascesis tradicional. Los amantes, identificados con el principio masculino y con el principio femenino, reproducen en la cópula el acto de la creación. Es la tercera dimensión de la sexualidad: después de servir para el placer, después de servir para la reproducción, el sexo sirve también como método de acceso a la trascendencia.

Para completar estas perspectivas de la vida tradicional hablaremos brevemente del mundo del sexo.

Aquí también existen correspondencias, en la concepción tradicional, entre realidad y símbolos, entre acciones y ritos, correspondencias de las que se han desprendido los principios necesarios para comprender los sexos y definir las relaciones que, en toda civilización normal, deben establecerse entre el hombre y la mujer.

Según el simbolismo tradicional, el principio sobrenatural fue concebido como “masculino” y como “femenino” el de la naturaleza y del devenir. En térnimos helénicos, es masculino el “uno” que “es en sí mismo”, completo y suficiente; es femenina la díada, el principio de lo diverso y del “diferente que yo”, es decir, del deseo y del movimiento. En términos hindúes (sankhya), el espíritu impasible –purusha– es masculino y praktri, la matriz activa de toda forma condicionada, femenina. La tradición extremo-oriental expresa, en la dualidad cósmica del yang y del yin, conceptos equivalentes. Por ello el yang -principio masculino- se encuentra asociado a la “virtud del Cielo” y el yin, principio femenino, a la de la “Tierra”([1]).

Considerados en sí, los dos principios se encuentran en oposición. Pero en el orden de esta formación creativa, que, tal como hemos repetido en ocasiones, es el alma del mundo tradicional y que veremos desarrollarse también históricamente, en relación con el conflicto de razas y civilizaciones, estos principios se convierten en elementos de una síntesis donde cada uno de ellos guarda, sin embargo, una función distinta. Sería posible mostrar que tras las diversas representaciones del mito de la “caida” se esconde amenudo la idea que el principio masculino se pierde en el principio femenino, hasta el punto de adoptar su modo de ser. En todo caso, cuando esto sucede, cuando lo que, por naturaleza, es principio en sí, sucumbe, abriéndose a las fuerzas del “deseo”, a la ley de lo que no tiene en sí mismo su propio principio, es precisamente de una caida de lo que hay que hablar. Y precisamente sobre esto, en el plano de la realidad humana, se funda la actitud de desconfianza y renuncia que atestiguan muchas tradiciones en relación a la mujer, a menudo considerada como un principio de “pecado”, impureza y mal, una tentación y un peligro para aquel que se vuelve hacia lo sobrenatural.

A la “caida” se puede sin embargo oponer otra posibilidad, la de la relación justa. Esta se establece cuando el principio femenino, cuya naturaleza consiste es referirse al otro, se gira, no hacia lo que es fluido, sino hacia una firmeza “masculina”. Existe entonces un límite. La “estabilidad” es compartida, hasta el punto de transfigurar íntimamente todas las posibilidades femeninas. Se encuentra así ante una síntesis, en el sentido positivo del término. Es preciso pues una “conversión” del principio femenino, que le llama a no existir más que para el principio opuesto; y es preciso, sobre todo, que éste sea absolutamente, íntegramente él mismo. Entonces -según el simbolismo metafísico- la mujer se convierte en “esposa” que es también “potencia”, fuerza instrumental generadora receptora del principio del movimiento y de la forma del macho inmóvil, según la doctrina ya expuesta de la Shakti, que se puede encontrar, expresada de forma diferente, en el aristotelismo y el neoplatonismo. Hemos hecho alusión a las representaciones simbólicas tántrico-tibetanas, muy significativas a este respecto, donde el macho “portador del cetro” está inmóvil, es frío y luminoso, mientras que la shakti que lo abraza y de la que es eje, tiene por sustancia llamas móviles([2]).

Bajo esta forma particular, los diversos significados que hemos indicado, en varias ocasiones, sirven de base a la norma tradicional de los sexos sobre el plano concreto. Esta norma obedece al mismo principio del régimen de castas y se refiere pues a los dos puntales del dharma y de la bhakti, o fides: la naturaleza propia y la entrega activa.

Si el nacimiento no es un azar, tampoco es azar -en la especie- despertar en un cuerpo de hombre o de mujer. Aquí también la diferencia física debe ser referida a una diferencia espiritual: se es físicamente hombre o mujer por que se lo es trascendentalmente, y la caracerística del sexo, lejos de carecer de importancia en relación al espíritu es el signo indicador de una vía, de un dharma distinto. Se sabe que la voluntad de orden y de “forma” constituye la base de toda civilización tradicional; que la verdad tradicional no mueve hacia lo no-cualificado, lo idéntico, lo indefinido, -hacia aquello en que las varias partes del todo se vuelven promiscuas o atómicamente similares- sino que exige, al contrario, que estas partes sean siempre ellas mismas, expresando de una forma más perfecta su propia naturaleza. En lo que concierne más particularmente a los sexos, el hombre y la mujer aparecen como dos tipos; aquel que nace hombre debe realizarse como hombre, aquel que nace mujer, como mujer, totalmente, excluyendo toda mezcla, cualquier promiscuidad; e incluso en lo que concierne a la dirección sobrenatural, el hombre y la mujer deben tener cada uno su propia vía, que no puede ser modificada sin caer en un modo de ser contradictorio e inorgánico.

El modo de ser que corresponde eminantemente al hombre ha sido ya examinado, así como los dos principales formas de aproximarse del “ser en sí”: la Acción y la Contemplación. El Guerrero (el Héroe) y el Asceta son pues los dos tipos fundamentales de la virilidad pura. Simétricamente, existen dos para la naturaleza femenina. La mujer se realiza en tanto que tal, se eleva al mismo nivel que el hombre “Guerrero” o “Asceta”, en la medida en que es Amante y Madre. Productos de la bipartición de un mismo tronco ideal, al igual que hay un heroismo activo, hay también un heroismo negativo; hay el heroismo de la afirmación absoluta y el de la entrega absoluta, y uno puede ser tan luminoso, tan fructuoso como el otro, sobre el plano de la superación y de la liberación, cuando se vive con pureza, en un espíritu de ofrenda “sacrificial”. Es precisamente esta diferenciación en el tronco heroico el que determina el carácter distintivo de las vías de realización para el hombre y para la mujer en tanto que tipos. Al gesto del Guerrero y del Asceta que, uno por medio de la acción pura y el otro mediante el puro distanciamiento, se afirman en una vida que está más allá de la vida, corresponde en la mujer el gesto de entregarse a otro ser, de darse entera para otro ser, sea para el hombre amado (tipo de la Amante, mujer afrodítica), sea al hijo (tipo de la Madre, mujer demetríaca), y de encontrar en esto el sentido de su vida, su alegría, y su justificación. Tal es la bhakti o fides que constituye la vía normal y natural de participación para la mujer tradicional, en el dominio de la “forma” e incluso, cuando es vivida absoluta y supra-individualmente, más allá de la “forma”. Realizarse de forma cada vez mas precisa según estas dos direcciones distintas y que no pueden ser confundidas, reduciendo en la mujer todo lo que es masculino y en el hombre todo lo que es femenino, tendiendo hacia el “hombre absoluto” y la “mujer absoluta”, tal es la ley tradicional de los sexos, según los diferentes planos de vida([3]).

Así, tradicionalmente, no era más que mediatamente, a través de sus relaciones con el otro -con el hombre- como la mujer podía entrar en el orden jerárquico sagrado. En la India, las mujeres, incluso de casta superior, no tenían iniciación propia; pertenecían a la comunidad sagrada de los nobles –arya– por su padre antes del matrimonio y despues, por su esposo, que era también el jefe místico de la familia([4]). En la Hélade dórica, la mujer, durante toda su vida, no tenía ningún derecho; a la edad nubil su era el padre([5]). En Roma, conforme a una concepción espiritual análoga, la mujer, lejos de ser “igual” al hombre, estaba jurídicamente asimilada a una hija de su marido –filiae loco– y a una hermana de sus propios hijos –sorosis loco-; el hijo, estaba bajo la potestas del padre, jefe y sacerdota de su gens; la esposa, estaba, en el matrimonio ordinario, según una ruda expresión, in manum viri. Estos estatutos tradicionales de la dependencia de la mujer, se reencuentra también en otras partes([6]) y no eran, como los “libres espíritus” modernos les gustaría creerlo, una manifestación de injusticia y de tiranía, sino que servían para definir los límites y el lazo natural de la vía espiritual conforme a la pura naturaleza femenina.

Se puede mencionar igualmente, a este propósito, algunas concepciones antiguas donde el tipo puro de la mujer tradicional, capaz de una ofrenda que está en el límite de lo humano y de lo más que humano, encuentra una expresión distinta. Tras haber recordado la tradición azteco-nahua, según la cual solo las madres muertas al dar a luz participan en el privilegio de la inmortalidad celeste propio de la aritocracia guerrera([7]), por que se veía en ello un sacrificio similar al del guerrero que cae sobre el campo de batalla, se puede mencionar, a título de ejemplo, el tipo de la mujer hindú, mujer hasta en sus fibras más íntimas, hasta las extremas posibilidades de la sensualidad, pero viviendo sin embargo en una fides invisible y votiva, que se manifestaba ya en el don erótico del cuerpo, de la persona y de la voluntad, culminando con el otro don -muy diferente y más allá de los sentidos- por el cual la esposa arrojaba su vida en las llamas de la pira funeraria aria para seguir en el mas allá al hombre al cual se había entregado. Este sacrificio tradicional -pura “barbarie” a los ojos de los europeos y de los europeizados- donde la viuda ardía con el cuerpo de su esposo muerto, es llamado sati en sáncrito, de la raíz as y del radical sat, ser, del que procede también stya, lo verdadero, y significa igualmente don, fidelidad, amor([8]). Este sacrificio era concebido como la culminación suprema de la relación entre dos seres de sexo diferente, relación sobre el plano absoluto, es decir, sobre el plano de la verdad y de lo supra-humano. Aquí el hombre se alzaba a la altura para conseguir un apoyo para una bhakti liberadora y el amor se convertía en una vía y una puerta. Se decía, en efecto, en la enseñanza tradicional, que la mujer que seguía a su esposo sobre la pira alcanzaba el “cielo”; se transmutaba en la misma substancia de su esposo([9]), participaba a través del “fuego”, en la transfiguración del cuerpo y de la carne en un cuerpo divino de luz, del cual la cremación ritual del cadáver era, en las civilizaciones arias, el símbolo([10]). Con un espíritu análogo las mujeres germánicas renunciaban frecuentemente a la vida cuando el esposo o el amante caía en la guerra.

Ya hemos indicado que la esencia de la bhakti, en general, es la indiferencia por el objeto o la materia de la acción, es decir, el acto puro, la disposición pura. Esto puede ayudar a hacer comprender como, en una civilización tradicional como la hindú, el sacrificio ritual de la viuda –sati– podía estar institucionalizado. En verdad, cuando una mujer se entrega y se sacrifica solamente porque está ligada a otro ser por una pasión humana particularmente fuerte y compartida, estamos en el marco de simples asuntos románticos privados. Solo cuando la entrega puede sostenerse y desarrollarse sin ningún apoyo, participa en un valor trascendente.

En el Islam se expresaron concepciones análogas en la institución del harén. En la Europa cristiana, para que una mujer renuncie a la vida exterior y se retire a un claustro, es precisa la idea de Dios, y, además, no ha sido jamás más que una excepción. En el Islam bastaba la de un hombre, y la clausura del harem era algo natural que ninguna mujer bien nacida soñaba con discutir ni a la cual iba a renunciar: parecía natural que una mujer concentrase toda su vida sobre un hombre, amado de una forma suficientemente amplia y desindividualizada para admitir que otras mujeres participasen también en el mismo sentimiento y estuvieran unidas por el mismo lazo y la misma entrega. Esto esclarece el carácter de “pureza” considerado como esencial en esta vía. El amor que pone condiciones y pide en contrapartida el amor y la entrega del hombre, es de un orden inferior. Un hombre puramente hombre no puede conocer este género de amor más que feminizándose, es decir, desprendiéndose precisamente de esta “suficiencia en sí mismo” interior, que permite a la mujer encontrar en él un apoyo, algo que exalte su impulso a entregarse. Según el mito, Shiva, concebido como el gran asceta de las alturas, redujo a cenizas con una sola mirada a Kama, el dios del amor, cuando este intentó despertar en él la pasión hacia su esposa Parviti. Un sentido profundo se refiere, así mismo, en la leyenda relativa al Kalki-avatara, en donde se habla de una mujer que nadie podía poseer, porque los hombres que la deseaban se encontraban, por ello mismo, transformados en mujeres. En la mujer, existe verdadera grandeza en ella, cuando hay un don sin contrapartida, una llama que se alimenta de sí misma, un amor tanto más grande en tanto que el objeto de este amor no se ata, no desciende, crea la distancia de quien es Señor antes que simplemente, esposo o amante. En el espíritu del harem, encontramos mucho de todo esto: la superación de los celos, es decir, del egoismo pasional y de la idea de posesión por parte de la mujer, a la cual se pedía sin embargo la entrega claustral desde que se despertaba a la vida de joven hasta la decadencia, y la fidelidad a un hombre que podía tener en torno de él otras mujeres y poseerlas todas sin “darse” a ninguna. Es precisamente en esta situación “inhumana” que aparecía un ascetismo, casi se puede decir sagrado([11]). En esta forma de transformarse aparentenemente en “cosa”, arde una verdadera posesión, una superación e incluso una liberación, ya que ante una fides tan incondicionada, el hombre, bajo su aspecto humano, no es más que un medio capaz de despertár las posibilidades sobre un plano no ya terrestre. Al igual que la regla del harem imitaba la de los conventos, así mismo la ley islámica situaba a la mujer, según las posibilidades de su naturaleza, la vida de los sentidos no estaba excluida sino incluida e incluso exasperada, sobre el plano mismo de la ascesis monacal([12]). Además, en menor grado, se presuponía una actitud análoga, de forma natural, en las civilizaciones donde la institución del concubinato presentó, a su manera, un carácter regular y fue legalmente reconocido en tanto que complemento del matrimonio monogámico, como en el caso de Grecia, Roma y en otras partes. El exclusivismo sexual se encontraba igualmente superado.

Es evidente que no estamos contemplando lo que frecuentemente se han reducido los harenes y otras instituciones análogas. Consideramos lo que les correspondía en la pura idea tradicional, a saber, la posibilidad superior siempre susceptible de realizarse, en principio, a través de las instituciones de este tipo. Es misión de la tradición -repetimos- cavar lechos sólidos, para que los ríos caóticos de la vida discurran en la dirección justa. Son libres quienes, siguiendo esta dirección tradicional, no la experimenten como impuesta, sino que se desarrollan expontáneamente, reconociéndose, hasta el punto de actuar por un movimiento interior la posibilidad más alta, “tradicional”, de su naturaleza. Los otros, aquellos que siguiendo materialmente las instituciones, obedeciendo, pero sin comprenderlas y vivirlas, son los “sostenidos”; aunque privados de la luz, su obediencia les lleva virtualmente más allà de los límites de su individualidad, los sitúa sobre la misma dirección que los primeros. Pero para aquellos que no siguen ni en el espíritu, ni en la forma, el cauce tradicional, no existe más que el caos. Son los perdidos, los caidos.

Tal es el caso de los modernos, incluso en lo que concierne a la mujer. En verdad, no era posible que un mundo que ha “superado” las castas restituyendo a cada ser humano -para expresarse en la jerga jacobina- su “dignidad” y sus “derechos”, pueda conservar el sentido de las justas relaciones entre ambos sexos. La emancipación de la mujer debía fatalmente seguir a la emancipación del esclavo y la glorificación del sin-clase y del sin-tradicion, es decir, del paria. En una sociedad que no conoce ni el Ascesis, ni el Guerrero, en una sociedad donde las manos de los últimos aristocratas parecen hechas más para las raquetas de tenis o los shakers de cocktails que para la espada y el cetro, en una sociedad donde el tipo de hombre viril, cuando no se identifica con la larva parlanchina del “intelectual” y del “profesor”, el fantoche narcisista del “artista” o la maquinita ocupada y repelente del banquero y del político, es representado por el boxeador o el actor de cine, en una sociedad así, era natural que incluso la mujer se alzara y reivindicara para ella también una “personalidad” y una libertad en el sentido anárquico e individualista de la época actual. Y mientras la ética tradicional pedía al hombre y a la mujer ser siempre, cada vez más, ellos mismos, expresar con rasgos cada vez más decididos lo que hace de un hombre, un hombre y de aquella una mujer, la nueva civilización tiende a la nivelación, a lo informe, a un estado que en realidad no está más allá, sino más acá de la individuación y de la diferencia de los sexos.

Se ha tomado una abdicación por una conquista. Tras siglos de “esclavitud” la mujer ha querido ser libre, ser ella misma. Pero el “feminismo” no ha sabido concebir para la mujer una personalidad que no fuera una imitación de la del varón, aunque sus “reivindicaciones” enmascaren una falta fundamental de confianza de la mujer nueva en relación a sí misma, su impotencia en ser lo que es y en contar para lo que es: una mujer y no un hombre. Por una fatal incomprensión, la mujer moderna ha experimentado el sentimiento de una inferioridad completamente imaginaria en no ser más que mujer y casi ha considerado como una ofensa ser tratada “solamente como mujer”. Tal ha sido el origen de una falsa vocación frustrada: y es precisamente por ello que la mujerse ha querido tomar una revancha, reivindicar su “dignidad”, mostrar su “Valor”, llegando a medirse con el hombre. No se trataba solo, sin embargo, del hombre verdadero, sino del hombre-construcción, del hombre-fantoche de una civilización estandarizada, racionalizada, que no implicaba casi nada verdaderamente diferenciado y cualitativo. En tal civilización, no puede evidentemente tratarse de un privilegio legítimo cualquiera, y las mujeres, incapaces de reconocer su vocación natural y defenderla, fue en el plano más bajo (porque ninguna mujer sexualmente feliz experimenta ninguna la necesidad de imitar y envidiar al hombre), como pudieron fácilmente demostrar que poseían virtualmente, también, las facultades y los talentos -materiales e intelectuales- del otro sexo, que son, en general, necesarios y apreciados en una sociedad de tipo moderno. El hombre, en verdad irresponsable, ha dejado hacer, incluso ha ayudado, ha llevado a la mujer a las calles, a las oficinas, las escuelas, las fábricas, a todos los ámbitos contaminadores de la sociedad y de la cultura modernas. Es así como ha sido dado el ultimo empujón nivelador.

Y allí donde la emasculación espiritual del hombre moderno materializado no ha restaurado la primacía, propia de las antiguas comunidades ginecocráticas, de la mujer hetaira, árbitro de hombres embrutecidos por los sentidos y trabajando para ella, el resultado ha sido la degeneración del tipo femenino hasta en sus características somáticas, la atrofia de sus posibilidades naturales, el ahogo de su interioridad específica. De aquí el tipo garçonne, la joven vacía, a la moda, incapaz de todo impulso más allá de sí misma, incapaz incluso, a fin de cuentas de sensualidad y de pecado, pues, para la mujer moderna, incluso las promesas de amor físico presentan amenudo menos interés que el culto narcisista de su propio cuerpo, el exhibirse vestida o lo menos vestida posible, el”training”, la danza, el deporte, el dinero, etc… Apenas queda en Europa nada de la pureza de la ofrenda, la fidelidad que da todo y no pide nada, el amor que es bastante fuerte como para no tener necesidad de ser exclusivo. A parte de una fidelidad puramente conformista y burguesa, el amor que Europa había elevado era aquel que no permitía al amado no amar. Cuando la mujer, para consagrarse a él, pretende que el hombre le pertenezca en alma y cuerpo, no solo ya ha “humanizado” y empobrecido su ofrenda, sino, sobre todo, ha comenzado a traicionar la esencia pura de la feminidad para adoptar, aquí también, un modo de ser propio a la naturaleza masculina y de la especia más baja: la posesión, el derecho sobre el otro, y el orgullo del Yo. Lo demás ha seguido, como en toda caida, una ley de aceleración. En efecto, la mujer que pretende guardar un hombre para ella sola, termina por desear poseer a mas de uno. En una fase ulterior, su egocentrismo aumenta, no serán los hombres los que le interesarán, sino solo lo que puedan darle para satisfacer su placer o su vanidad. Como epílogo, la corrupción y la superficialidad, o bien una vida práctica y exteriorizada de tipo masculino que desnaturaliza a la mujer y la lanza en la fosa masculina del trabajo, del beneficio, de la actividad práctica paroxística e incluso de la política.

Tales son los resultados de la “emancipación” occidental, que está, por lo demás, en trance de contaminar el mundo entero más rápidamente que una peste. La mujer tradicional, la mujer absoluta, entregándose, no viviendo para sí, queriendo darse íntegramente para otro, con simplicidad y pureza, realizándose, se pertenece, con su heroismo y, en el fondo, se convierte en superior al hombre ordinario. La mujer moderna, queriendo ser ella misma se ha destruido. La “personalidad” deseada le ha restado toda personalidad.

Y es fácil preveer lo que se convertirán, en estas condiciones, las relaciones entre los dos sexos, incluso desde el punto de vista material. Aquí, como en el magnetismo, contra más fuerte es la polaridad, más el hombre es verdaderamete hombre y la mujer verdaderamente mujer y más alta y viva es la chispa creadora. ¿Qué puede existir, al contrario, entre estos seres mixtos, privados de toda relación con las fuerzas de su naturaleza más profunda? ¿entre estos seres en los que el sexo empieza y termina en el mero plano fisiológico, suponiendo incluso inclinaciones anormales que no se hayan manifestado? ¿entre estos seres que, en su alma, no son ni hombre ni mujer, o que, siendo mujer, parecen hombre y siendo hombre, son mujer y alardean como un “más allá” del sexo, de todo lo que efectivamente está “más acá”? Toda relación no podrá tener más que un carácter equívoco y falso: promiscuidad de una seudo-camaradería, simpatías “intelectuales” morbidas, banalidad del nuevo realismo comunista o bien sufrirá de todos los complejos neuróticos sobre los cuales Freud ha edificado una “ciencia” que es un verdadero signo de los tiempos. El mundo de la mujer “emancipada” no comporta otras posibilidades y las vanguardias de este mundo, Rusia y América del Norte, están ya allí para facilitar, a este respecto, testimonios particularmente significativos([13]), sin hablar del fenómeno del tercer sexo.

Todo esto no puede tener repercusiones sobre un orden de cosas del que los modernos, en su ligereza, están lejos de sospechar el alcance.

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NOTAS:

([1])El lector encontrará otras refencias en nuestra obra Metafísica del Sexo, cit., cap. IV, 31. Se enseñaba, en particular entre los filósofos de la dinastía Sin, que el Cielo “produce” a los hombres, la Tierra a las mujeres, y que por esta razón la mujer debe estar sometida al hombre como la Tierra lo está al Cielo (cf. PLATH, Religion der alten Chinesen, I, pag. 37).

([2])En el simbolismo erótico de estas tradiciones, el mismo sentido se reencuentra en la representación de la unión de la pareja divina en viparita-maithuna, es decir, en un abrazo en el que el macho permanece inmóvil, y donde es la shakti quien desarrolla el movimiento.

([3])A este respecto, se puede mencionar, como particularmente significativo, el hábito de las poblaciones salvajes de separar los grupos de hombres solo en casas llamadas “casas de hombres”, a título de fase preliminar de una diferenciación viril que se completa luego mediante los ritos de iniciación, de los que las mujeres son excluidas, ritos que vuelven al individuo definitivamente independiente de la tutela femenina, lo introducen en nuevas formas de vida y lo sitúan bajo nuevas leyes. Cf. H. WEBSTER, Primitive Secret Societies – A Study in early Politicis and Religion, trad. it. Bolonia, 1929, pag. 2 y sigs. 28, 30-31.

([4])Cf. SENART, Les castes dan l’Inde, cit., pag. 68; Mânava-dharmashastra, IX, 166; V, 148; cf. V, 155: “No hay sacrificio, culto o ascesis que se refiera particularmente a la mujer. La esposa que ama y venera a su esposo, será honrada por el Cielo”. No se puede estudiar aquí el sentido del sacerdocio femenino y decir porque no contradice la idea anteriormente expuesta. Tradicionalmente, este sacerdocio tuvo un carácter lunar; lejos de corresponden a una vía diferente, expresaba un reforzamiento del dharma en tanto que supresión absoluta de todo principio personal, en vistas, por ejemplo, de dar libre curso a la voz del oráculo y del dios. Hablaremos más adelante, de la alteración propia a las civilizaciones decadentes, donde el elemento femenino-lunar usurpa la cúspide jerárquica. Conviene examinar separadamente la utilización sagrada e iniciática de la mujer en la “vía del sexo” (cf. a este respecto J. EVOLA, Metafísica del Sexo, cit.).

([5])Cf, Handbuch der Klass. Altertumswissensch., v. IV, pag. 17.

([6])Así, por lo que se refiere a la China antigua se lee en Niu-kie-tsi-pien (V): “Cuando una mujer pasa de la casa paterna a la del esposo, pierde todo, hasta su nombre. No tiene nada en propiedad: lo que lleva, lo que es, su persona, todo pertenece a aquel a quien se la entrega como esposa”, y en el Niu-huien-shu se subraya que una mujer debe estar en la casa “como una sombra y un simple eco” (cit apud S. TROVATELLI, Le civiltà et le legislazioni dell’antico Oriente, Bolonia, 1890, pag. 157 y sigs.).

([7])Cf. REVILLE, Relig. du Mexique, cit., pag. 190.

([8])Cf. G. de LORENZO, Oriente et Occidente, Bari, 1931, pag. 72. Costumbres análogas se encuentran también en otros troncos de la raza aria: entre los tracios, los griegos, los escitas, y los eslavos (cf. C. CLEMEN, Religions-geschichte Europas, Heidelberg, 1926, v. I, pag. 218). En la civilización inca, el suicidio de las viudas para seguir al marido, si bien no estaba establecido por la ley, era sin embargo habitual y las mujeres que no tenían el valor de realizarlo o creían tener motivos para dispensarse de él, eran despreciadas (cf. REVILLE, op. cit., pag. 364).

([9])Cf. Mânavadharmashastra, IX, 29: “La que no traiciona a su esposo y cuyos pensamientos, palabras y cuerpos son puros, alcanza tras la muerte la misma morada que su esposo”.

([10])Cf. Brhadaranyaka-upan., VI, ii, 14; PROCLO, In Tim., V 331 b; II, 65 b.

([11])En el Mânavadharmashastra no solo se prescribe que la mujer no debe jamás tener una iniciativa personal y debe, según su condición, pertenecer al padre, al esposo y al hijo (V, 147-8; IX, 3), sino que se dice también (V, 154): “Incluso si la conducta del esposo no es recta, incluso si se entrega a otros amores y no tiene cualidades, la mujer debe sin embargo venerarle como a un dios”.

([12])La ofrenda sagrada del cuerpo e incluso de la virginidad, se encuentra reglamentada de forma rigurosa en una institución que es otro motivo de escándalo para los modernos: la prostituciòn sagrada, practicada en los antiguos templos siríacos, licios, lidios, tebanos, etc… La mujer no debía hacer la primera ofrenda de sí misma en un movimiento pasional orientado hacia un hombre dado, sino que debía, en el espíritu de un sacrificio sagrado, ofrecerlo a la diosa, entregándose al primer hombre que, en el recinto sagrado, le lanzaba una moneda de cualquier valor. No es más que tras esta ofrenda ritual de su cuerpo que la mujer podía casarse. HERODOTO (I, 90) refiere como un hecho significativo “que una vez de regreso a su casa, se le puede ofrecer (a esta niña convertida en mujer) cualquier suma de dinero: no se obtendrá nada de ella”, lo cual basta para mostrar lo poco que había de “corrupción” y de “prostitución” en todo esto. Otro aspecto de esta institución es revelado por MEREJKOWSKI Les Mystres de l’Orient, París, 1927, pag. 358): “Todo ser humano debe, por lo menos una vez en su vida, liberarse de la cadena del nacimiento y de la muerte; una vez al menos en su vida todo hombre debe unirse a una mujer y toda mujer a un hombre, no para engendrar hijos, sino para morir. Cuando el hombre dice [arrojando la moneda]: “Yo llamo a la diosa Milita”, la mujer es para él Milita misma”. Cf. J. EVOLA, Metafísica del Sexo, cit., para el desarrollo de estas ideas.

([13])Según las estadísticas de 1950, elaboradas sobre bases médicas (C. FREED y W.S. KROGER) el 75% de las jóvenes norteamericanas estarían “sexualmente anestesiadas” y su “líbido” (por emplear el término freudiano), se centraría principlamente en el marcisismo exhibicionista. Entre las mujeres anglo-sajonas en general, la inhibición neurótica de la vida sexual auténticamente femenina, es característica y procede de que son víctimas de un falso ideal de “dignidad” al mismo tiempo que de prejuicios del moralismo puritano.

 


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