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Fabrice Hadjadj, que fue ateo, defiende la familia cristiana

26 de agosto de 2016

Inicio / Vida y familia
Publica sus tesis «ultrasexistas» en «¿Qué es una familia?»

Fabrice Hadjadj, que fue ateo y nihilista, defiende la familia cristiana por «salvaje y anárquica»

Fabrice Hadjadj, que fue ateo y nihilista, defiende la familia cristiana por «salvaje y anárquica»
El filósofo Fabrice Hadjadj defiende la familia natural frente a la explotación deshumanizante del género y el consumo

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Rodolfo Casadei/Tempi.it17 noviembre 2014

Fabrice Hadjadj, que fue ateo y nihilista, defiende la familia cristiana por ser “salvaje, anárquica y prehistórica”. De familia judía de izquierda radical, él era ateo y nihilista… hasta que empezó a leer la Biblia para burlarse de ella… y encontró una gran sabiduría.

Hoy Fabrice Hadjadj expone sus tesis que llama “ultrasexistas” sobre la unión entre hombre y mujer, el sentido divino del nacimiento, el ser padres, madres e hijos, como en esta entrevista en Tempi.it.

El segundo tiempo del Sínodo extraordinario sobre la familia se jugará entre el 4 y el 25 de octubre del año que viene, cuando el argumento será retomado por el Sínodo ordinario con el título “La vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”.

Y visto como ha ido la primera parte del partido, será mejor entrenarse aún más y prepararse para que cada uno dé la propia contribución al juego de equipo.

Muy útil a este propósito puede revelarse la lectura seria de Qu’est-ce qu’une famille? (¿Qué es una familia?, ndt), el último libro escrito por Fabrice Hadjadj, pensador católico francés y director de la Fundación Anthropos en Lausanne (Suiza).

Autor siempre genial, sorprendente y provocador, como se deduce también esta vez por el subtítulo, que suena así: Suivi de la Transcendance en culottes et autres propos ultra-sexistes, es decir “resultado de la Trascendencia en las bragas y otras propuestas ultrasexistas”.

Para Hadjadj la familia es, a nivel humano, lo que a nivel cósmico es el agua para Tales de Mileto o el aire para Anaximandro: el principio anterior a todo el resto, el fundamento que no puede ser explicado precisamente porque es un fundamento.

Sólo se puede tomar constancia de él, comprobando que lo que le da forma es la diferencia sexual que se manifiesta como atracción entre el hombre y la mujer.

La familia es, ante todo, naturaleza, pero siempre ordenada y bajo la responsabilidad de la cultura.

Porque el nacer, propio de cada forma natural, en los humanos está siempre rodeado de un “hacer nacer”. Y del hacer nacer de la matrona a la mayéutica de Sócrates (no es casualidad que fuera hijo de una matrona), que ayuda a hacer nacer la verdad que está dentro de cada hombre, el paso es breve y necesario.

En el libro, del que se espera en breve una traducción en italiano, Hadjadj individua principalmente tres enemigos de la familia en las sociedades occidentales: las últimas tecnologías electrónicas, la transformación de la procreación en producción ingenieril de seres humanos y las derivas falocéntricas (justamente así) de la mayor parte de los feminismos de hoy.

Tempi lo ha entrevistado sobre estos temas (aquí en italiano).

-Su libro ha salido en la vigilia del Sínodo de los obispos sobre la familia. ¿Le parece que los trabajos y el documento final del Sínodo reflejan algunas de sus preocupaciones?
-El problema de un Sínodo es que tiene que hablar para la Iglesia universal, mientras las situaciones que la familia vive pueden ser muy distintas de un país al otro, incluso radicalmente opuestas.

»En lo que a mí concierne, se trata de pensar lo que sucede a la familia en las sociedades post-industriales marcadas por la economía liberal. La Relatio Synodi, en su diagnóstico, se queda satisfecha con evocar una vez más el «individualismo» y el «hedonismo», mientras que los debates se han cristalizado alrededor de la cuestión de los «divorciados vueltos a casar» o sobre la bendición a las personas homosexuales.

»De este modo me parece que falta totalmente lo que es, de manera absoluta, propio de nuestra época; es decir, la revolución antropológica que se está llevando a cabo con la transición de la familia a la empresa y del nacimiento a la fabricación – o si se prefiere, de la concepción oscura en el vientre de una madre a la concepción transparente en el espíritu del ingeniero…

»La familia ha sido atacada en el plano ideológico desde los inicios del cristianismo. Por ejemplo, por los gnósticos. Pero hoy el ataque es más radical: éste no proviene tanto de la ideología como del dispositivo tecnológico. Ya no es una cuestión de teoría, sino de práctica, de medios eficaces para producir, fuera de las relaciones sexuales, individuos más adecuados, con mejores prestaciones.

-Usted opone la mesa de madera, alrededor de la que se reúne la familia, con la tableta electrónica, que separa y aísla a los miembros y su conclusión es que la tecnología ha colapsado la familia y estamos asistiendo a su «destrucción tecnológica». ¿Estamos ante el enemigo más grande de la familia?
-¿Cuál es el lugar dónde se teje el tejido familiar? ¿Cuál es el lugar dónde las generaciones se encuentran, conversan, a veces pelean y, sin embargo, a través del acto muy primitivo de comer juntas, siguen compartiendo y estando en comunión? Tradicionalmente este lugar es la mesa. Sin embargo, hoy es cada vez más frecuente que cada uno de nosotros coma delante de la puerta de la nevera para poder volver lo más rápidamente posible a la propia pantalla individual.

»Ya no se trata ni siquiera de individualismo, sino de «dividualismo», porque en esa pantalla uno abre más de una ventana y se divide, se fragmenta, se dispersa, pierde su rostro para convertirse en una multitud de «perfiles», pierde su filiación para tener un «prefijo».

»La mesa implica reunirse dentro de una transmisión genealógica y carnal. La tableta implica la disgregación dentro de una diversión tecnológica y desencarnada. Por otra parte, la innovación tecnológica permite que lo que es más reciente sea mejor de lo que es más antiguo y, por lo tanto, destruye el carácter venerable de lo que es antiguo y de la experiencia.

»Si la mesa desaparece es también porque el adolescente se convierte en el cabeza de familia: es él quien sabe manejar mejor los últimos artilugios electrónicos y ni el abuelo ni el padre tienen nada que enseñarle.

-Usted escribe, de una manera muy provocadora, que si de verdad pensamos que todo lo que necesitan nuestros hijos es amor y educación, entonces no sólo una pareja de personas del mismo sexo puede cubrir esta necesidad, también lo puede hacer un orfanato de calidad. Si lo esencial es el amor y la educación, no está dicho que una familia sea necesariamente el lugar mejor para un niño. Entonces, ¿por qué la familia padre-madre merece ser privilegiada?
-Es la cuestión planteada en Un Mundo Feliz de Aldous Huxley: si tenéis un hijo por la vía sexual es sencillamente porque os habéis ido a la cama con una mujer. Esto no ofrece garantías sobre vuestras cualidades reproductivas ni sobre vuestras competencias como educadores. He aquí por qué sería mejor, para el bienestar del nuevo ser creado, ser puesto a punto dentro de una incubadora y educado por especialistas. Esta argumentación es muy fuerte.

»Mientras los cristianos sigan definiendo la familia como el lugar de la educación y del amor, ellos no la contradirán, sino que más bien darán armas a sus adversarios para que puedan concluir que dos hombres capaces de afecto y especializados en pedagogía son mucho más adecuados que un padre y una madre. Pero el problema es que sigue siendo el primado de lo tecnológico sobre lo genealógico lo que preside esta idea y nos empuja a sustituir a la madre con la matriz y al padre con el experto.

»Detrás de todo esto está el error de buscar el bien del niño y de no considerar ya su ser. Ahora bien, el ser del niño es ser el hijo o la hija de un hombre y de una mujer, a través de la unión sexual. A través de esta unión, el niño llega como una sobreabundancia de amor: no es el producto de un fantasma ni el resultado de un proyecto, sino una persona que surge, singular, inalcanzable, que supera nuestros planes.

»En lo que respecta al padre, del simple hecho que ha transmitido la vida recibe una autoridad sin competencia y esto es mucho mejor que cualquier competencia profesional. Porque el padre está allí, sobre todo, para manifestar al niño el hecho de que existir es bueno, mientras que los expertos sin competencia están allí para mostrar que lo bueno es llegar, tener éxito. Y además, su autoridad sin competencia lo empuja a reconocer delante del niño que él no es el Padre absoluto y, por lo tanto, a dirigirse junto a su hijo hacia ese Padre del cual cada paternidad toma su nombre.

Manifestación “La Familia Sí Importa”, de 2005 en Madrid

-Usted cita como la otra causa de la destrucción de la familia el rechazo del nacimiento como nacimiento, es decir, como algo natural e imprevisto. Quien es favorable a la tecnologización del nacimiento dice que es necesario vigilar para que las biotecnologías se utilicen de una manera ventajosa para el niño que debe nacer, pero que a pesar de todo estas técnicas son buenas. ¿Qué les respondería?
-Si las biotecnologías se utilizan para acompañar o restaurar una fertilidad natural, soy favorable a las mismas: es el sentido mismo de la medicina. Pero si consisten en hacernos entrar en una producción artificial ya no se trata de medicina, sino de ingeniería. Lo que sucede entonces es que el niño se convierte en un derecho que es reivindicado, dejando de ser un don del cual uno se siente indigno. A partir de esto, ustedes pueden imaginar las influencias que sufrirá.

»Pero lo más grave está en otro hecho, en lo que yo llamaría la confusión entre novedad e innovación. Si el nuevo nacido renueva el mundo, es porque él de alguna manera nace prehistórico: no hay diferencias fundamentales entre el bebé italiano de hoy y el del hombre de las cavernas. Sigue siendo un pequeño primitivo, un pequeño salvaje que desembarca en la familia y que trae consigo un inicio absoluto, la promesa renovada de la aurora.

»Si en un futuro medimos el nacimiento con el metro de la innovación, si se fabrican principalmente bebés trashumanos, estos serán ancianos antes de nacer porque volverán a proponer la lógica del progreso y, por consiguiente, también de la fatal obsolescencia de los objetos técnicos. Corresponderán a los objetivos de quien los encarga, a las expectativas de su sociedad.

Nos encontramos frente a una inversión de las fórmulas del Credo: se quiere un ser que haya «nacido del siglo antes que todos los padres, creado y no engendrado».

-Usted escribe: «Gracias a la tecnología la dominación fálica está asegurada principalmente por mujeres histéricas producto de hombres castrados». ¿Qué quiere decir?
-Lo propio de lo femenino, en la maternidad, es acoger dentro de sí un proceso oscuro, el de la vida que se dona por sí misma. Crear úteros artificiales puede parecer una emancipación de la mujer, pero en realidad es una confiscación de los poderes que le son más propios.

»Por una parte se consigue que la mujer, al no ser ya madre, se convierta en una empleada o una ama (como si fuera una liberación); por la otra, que el proceso oscuro se convierta en un procedimiento técnico transparente, el de un trabajo externo y controlado, que es a lo que se limita la operación del hombre, que no tiene un útero y fabrica con sus propias manos.

»He aquí que nos encontramos frente a la paradoja de la mayor parte de los feminismos: no son más que un machismo de la mujer, una reivindicación de la igualdad pero sobre la escala de valores masculinos, un querer una promoción en pleno acuerdo con la visión fálica del mundo.

»Porque la fecundación y la gestación in vitro son cuanto más próximo hay a un dominio fálico de la fecundidad: no necesitar de lo femenino y hacer entrar la procreación en el juego de la fabricación, de la transparencia y de la competición.

»Ya he hablado de una inversión del Credo; en este caso podría hablar de una Contra-Anunciación. En la Anunciación evangélica, María acepta un embarazo que la supera dos veces, desde el punto de vista natural y desde el punto de vista sobrenatural. En la Contra-Anunciación tecnológica, la mujer rechaza cualquier embarazo y exige que la procreación sea una planificación integral, que ya no la supere, sino que se introduzca en su proyecto de carrera.

-Usted está de acuerdo con Chesterton en que la familia es la «institución anárquica por excelencia». ¿Qué significa? Actualmente, la familia sigue estando acusada de autoritarismo o de residuo de la época del poder patriarcal.
-La familia es una institución anárquica en el sentido que es anterior al Estado, al derecho y al mercado. Depende de la naturaleza antes de ser ordenada por la cultura, porque naturalmente el hombre nace de la unión de un hombre y de una mujer. En pocas palabras, tiene su fundamento en nuestra ropa interior. Es algo animal – el macho y la hembra – y al mismo tiempo nosotros creemos que esta animalidad es muy espiritual, de una espiritualidad divina, escrita en la carne: «Dios creó al hombre a su imagen, varón y mujer los creó».

»Hay algo que es donado, y no construido. Tanto que también el patriarca, como se ve en la Biblia, está siempre sorprendido y asimismo exasperado por sus hijos. Piensen en la historia de Jacob. Piensen en José, el padre de Jesús. No se puede decir, ciertamente, que tienen la situación bajo control.

»La autoridad del padre se transforma en autoritarismo cuando finge tener todo bajo control y ser perfectamente competente. Pero como he dicho antes, su verdadera y más profunda autoridad está en el reconocer que no está a la altura y que está obligado a dirigirse al Padre eterno.
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FUENTE:
http://www.religionenlibertad.com/fabrice-hadjadj-que-fue-ateo-y-nihilista-defiende-la-familia-cristiana-38762.htm

ESPOSA Y MADRE…CASTI CONNUBII ENCÍCLICA. SOBRE EL MATRIMONIO CRISTIANO

12 de mayo de 2016

jueves, 12 de mayo de 2016
ESPOSA Y MADRE…
CASTI CONNUBII
ENCÍCLICA. SOBRE EL MATRIMONIO CRISTIANO
Pío XI, 31 de diciembre de 1930

[Emancipación de la mujer]
75. Cuantos de palabra o por escrito empañan el brillo de la fidelidad y de la castidad conyugal, esos mismos maestros de errores tiran también fácilmente por tierra la fiel y honesta sumisión de la mujer al marido. Incluso muchos de éstos vociferan todavía con mayor audacia que la sujeción de un cónyuge al otro es una indignidad; que los derechos de los cónyuges son todos iguales, y con la mayor presunción proclaman que, al ser violados con la servidumbre de uno, ya se ha operado o debe operarse una cierta emancipación de la mujer. Y distinguen tres tipos de emancipación, según que tenga por objeto el gobierno de la sociedad doméstica, la administración del patrimonio familiar o la evitación o extinción de la prole, llamándolas social, económica y fisiológica; fisiológica, en cuanto pretenden que las mujeres, a su arbitrio, sean libres o deba dejárselas libres de las cargas conyugales o maternales propias de la esposa (ya hemos dicho suficientemente que esto no es emancipación, sino un horrendo crimen); económica, pues defienden que la mujer pueda, aun sin saberlo el marido o no queriéndolo, encargarse de sus asuntos, dirigirlos, administrarlos, haciendo caso omiso del marido, de los hijos y de toda la familia; finalmente, social, porque tratan de apartar de la mujer los cuidados domésticos, tanto de los hijos cuanto de la familia, a fin de que, abandonados aquéllos, pueda entregarse a sus aficiones y dedicarse a asuntos y negocios incluso públicos.

76. Pero ni ésta es una verdadera emancipación de la mujer ni aquélla libertad concordé con la razón, y llena de dignidad, que se debe a la misión de mujer y de esposa cristiana y noble; antes bien, es corrupción de la feminidad y de la dignidad de madre y perversión de toda la familia, en que el marido se ve privado de la esposa; los hijos, de la madre, y la casa y la familia toda, de su custodio siempre vigilante. Más aún: esta falsa libertad y antinatural igualdad con el marido se vuelve en daño de la mujer misma, ya que, si la mujer desciende de la sede verdaderamente regia a que, dentro de los muros del hogar, ha sido elevada por el Evangelio, no tardará (si no en la apariencia, sí en la realidad) en caer de nuevo en la vieja esclavitud y volverá a ser, como lo fue entre los gentiles, un mero instrumento del hombre.

FUENTE:
http://www.corazones.org/doc/casti_connubii.htm
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“Todos los que empañan el brillo de la fidelidad y castidad conyugal, como maestros que son del error, echan por tierra también fácilmente la fiel y honesta sumisión de la mujer al marido; y muchos de ellos se atreven todavía a decir, con mayor audacia, que es una indignidad la servidumbre de un cónyuge para con el otro; que, al ser iguales los derechos de ambos cónyuges, presumen defender una supuesta “emancipación” de la mujer. Distinguen tres clases de emancipación, según tenga por objeto el gobierno de la sociedad doméstica, la administración del patrimonio familiar o la vida de la prole que hay que evitar o extinguir, llamándolas con el nombre de emancipación fisiológica, económica y social : fisiológica, porque quieren que las mujeres, a su arbitrio, estén libres o que se las libre de las cargas conyugales o maternales propias de una esposa (emancipación ésta que ya dijimos suficientemente no ser tal, sino un crimen horrendo); económica, porque pretenden que la mujer pueda, aun sin saberlo el marido o no queriéndolo, encargarse de sus asuntos, dirigirlos y administrarlos haciendo caso omiso del marido, de los hijos y de toda la familia; social, finalmente, en cuanto apartan a la mujer de los cuidados que en el hogar requieren su familia o sus hijos, para que pueda entregarse a sus aficiones, sin preocuparse de aquéllos y dedicarse a ocupaciones y negocios, aun a los públicos.
Pero ni siquiera ésta es la verdadera emancipación de la mujer, ni tal es tampoco la libertad dignísima y tan conforme con la razón que compete al cristiano y noble oficio de mujer y esposa; antes bien, es corrupción del carácter propio de la mujer y de su dignidad de madre; es trastorno de toda la sociedad familiar, con lo cual al marido se le priva de la esposa, a los hijos de la madre y a todo el hogar doméstico del custodio que lo vigila siempre. Más todavía: tal libertad falsa e igualdad antinatural con el marido se torna en daño de la mujer misma, pues si la mujer desciende de la sede verdaderamente regia a que el Evangelio la ha levantado dentro de los muros del hogar, muy pronto caerá —si no en la apariencia, sí en la realidad— en la antigua esclavitud, y volverá a ser, como en el paganismo, mero instrumento de placer o capricho del hombre.”

FUENTE: http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.es/2016/05/francisco-el-feminista-video-de-mayo.html

a favor de la Familia… en ROMA

25 de febrero de 2016

jueves, 25 de febrero de 2016
a favor de la Familia… en ROMA

El dia 30 de Enero hubo una manifestación en defensa de la Familia, en Roma, donde dos millones de personas salieron a la calle en defensa de la familia tradicional, y del matrimonio entre hombre y mujer. La “gran prensa” mundialista, evidentemente no estaba por la labor de informar de este evento…

En el mundo-mundano, los silencios tienen otro sentido muy diferente. Basta ver cómo se van interpretando los silencios de los políticos, que -aderezados de frases ambiguas y de una de cal y otra de arena-, van dando pistas sobre sus deseos, sus ambiciones, sus dardos envenenados y sus tácticas perversas hacia los de dentro y los de fuera.
Algo de esto he constatado en el silencio clamoroso, chillón, estridente y llamativo de Francisco ante la manifestación celebrada en Roma el pasado 30 de enero en contra de las nuevas leyes de matrimonio. Muy pocos medios han comentado este evento, que es el primero en el que no mete Francisco la cuchara.
Algunos de mis novicios estaban por allí en esos días, y volvieron muy extrañados de que no hubiera en la manifestación ningún obispo. Esperaban luego escuchar algo de la boca del Santo Padre, pero tampoco. Volvieron atónitos, preguntándose la razón grave de esta silenciosa actitud de los Pastores y del Sumo Pontífice. Parece ser que en esta ocasión, no ha tenido ganas de tener olor a oveja y se ha echado un desodorante anti-manifa, para que no lo confundan con los asistentes y organizadores.
Ni una palabra, ni una alusión, ni un mensaje por videoconferencia, ni una palabra de ánimo, ni un impulso paternal, ni una palmadita en la espalda, ni una frase amable, ni un poco de apoyo de Padre y Pastor. Silencio sepulcral, que es el peor de los silencios. Claro que un silencio de este estilo, y puesto que hace ya tiempo que el Vaticano se mueve en el más puro estilo mundano (hay millones de ejemplos), es de lo más elocuente que se pudiera pensar.
Un silencio en una persona que se caracteriza por su incontinencia verbal, que habla de todo, que hace broma de todo, que se mete en todo y que organiza todo…. es algo sumamente elocuente, ciceroniano y bien clarito.

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FUENTE:
http://statveritasblog.blogspot.com.es/2016/02/silencios-elocuentes.html

La poligamia…como solución?

16 de agosto de 2012

Ante la dramática caída de la natalidad en las naciones de etnia europea, cabría como hipotesis considerar la poligamia como forma de familia complementaria a la ya milenaria familia monogámica de origen romano.  Es en este marco como me parece interesante reproducir íntegramente lo que se dice sobre la poligamía en un blog de ideología y religión musulmanas: www.islamyciencia.com

 

14. La Poligamia

Abordemos ahora la importante cuestión de la poligamia. La poligamia es una  práctica  ancestral que encontramos en muchas sociedades humanas. La  Biblia no condenó la  poligamia. Por el contrario, el Antiguo Testamento y los Textos Rabínicos  certifican frecuentemente la legalidad de la  poligamia. Se dice que el rey  Salomon tenía 700 esposas y 300  concubinas (1 Reyes 11:3) También, se dice que el rey  David tuvo muchas esposas y concubinas (2  Samuel 5:13). El Antiguo Testamento incluye algunas indicaciones sobre  cómo distribuir  la propiedad de un hombre entre los hijos de esposas diferentes  (Deut. 22:7).La única restricción  de la poligamia consiste en la prohibición de  casarse con la hermana de la  esposa, para evitar la rivalidad (Lev.  18:18).El Talmud aconseja un máximo de cuatro esposas.51 Los judíos  europeos  continuaron practicando la poligamia hasta el siglo XVI. Los judíos   Orientales practicaron regularmente la poligamia hasta que regresaron a  Israel,  donde se encuentra prohibida por el derecho civil. Sin embargo, según la ley  religiosa que se sobrepone en algunos casos al derecho  civil, es permisible.  52

¿Qué dice  el Nuevo Testamento? Según el Padre Eugenio  Hillman en su profundo libro, La Poligamia a examen: “En ninguna parte del Nuevo  Testamento aparece una orden explícita de que  el matrimonio deba ser monógamo ni  ningún mandato que prohíba la  poligamia.” 53

Es más, Jesús no habló en  contra de la poligamia a pesar de que era  práctica común en la sociedad judía de  su tiempo. El Padre Hillman  resalta el hecho de que la Iglesia de Roma prohibió  la poligamia para  conformarse a la cultura Grecorromana –que prescribía una sola  esposa  legal mientras toleraba el concubinato y la prostitución–. Cita a San   Agustín: “Ahora realmente en nuestro tiempo,  y siguiendo la costumbre romana, no se permite ya tomar a otra esposa.” 54. Las iglesias africanas y los cristianos africanos recuerdan a menudo  a sus hermanos europeos que la prohibición de la Iglesia sobre la  poligamia es  una tradición cultural y no un mandato cristiano  auténtico. También el Corán  permite la poligamia, pero no sin algunas  restricciones:

4:(3) “..Si teméis ser injustos para con los  huérfanos, no os caséis más que con  dos, tres o cuatro, de las mujeres que os  gusten. Más si aún teméis no  poder ser equitativos con ellas, casaos con una  sola. (Corán,  4:3).

El Corán,  contrariamente a la Biblia, limita el número máximo de esposas a cuatro, bajo la  estricta condición de tratarlas equitativa y  justamente. No debe interpretarse  que el Corán exhorta a los creyentes a practicar la poligamia, o que la  poligamia se considere la situación  ideal. En otras palabras, el Corán “toleró”  o “permitió” la poligamia, y nada más, pero, ¿por qué? ¿Por qué permite la  poligamia? La respuesta es simple: hay tiempos y lugares en los que existen   profundas razones sociales y morales para la poligamia. Como se indica  en el  anterior versículo coránico, el problema de la poligamia en el  Islam no puede  entenderse al margen de las obligaciones que tiene la  comunidad hacia los  huérfanos y las viudas. El Islam, como religión  universal válida para todo  tiempo y lugar, no puede eludir estas  profundas  responsabilidades.

En la  mayoría de las sociedades humanas, hay un número mayor de mujeres que de  varones. En Estados Unidos hay, por lo menos, ocho millones más de mujeres que  de hombres. En un país como Guinea hay 122 hembras por cada 100  varones.

En  Tanzanía, hay 95.1 varones por 100 hembras. 55 ¿Qué debe hacer una sociedad ante  una proporción tan desequilibrada entre los sexos? Hay varias  soluciones:  algunos sugieren el celibato, otros preferirían el  infanticidio de las hembras  —¡lo cual todavía sucede en algunas  sociedades de nuestro tiempo!—. Otros pueden  pensar que la única salida es que la sociedad tolere todas las modalidades de  permisividad  sexual: la prostitución, el sexo fuera del matrimonio, la   homosexualidad, etc. Para otras sociedades, como la mayoría de las  sociedades  africanas de hoy, la solución más honorable es permitir el  matrimonio polígamo  como institución cultural y socialmente aceptada.

El punto  que a menudo suele malinterpretarse en Occidente es el hecho de  que las mujeres  de otras culturas no necesariamente ven la poligamia  como un signo de  degradación. Por ejemplo, muchas novias africanas  jóvenes, cristianas,  musulmanas o de otra creencia, preferirían casarse con un hombre casado que haya  demostrado ser un marido responsable.  Muchas esposas africanas instan a sus  maridos a que consigan a una  segunda esposa para no sentirse solas. 56 Un  estudio de más de seis mil mujeres, de edades comprendidas entre los 15 a los 59  años, realizado  en la segunda ciudad más grande de Nigeria, mostró que el 60 por  ciento de estas mujeres estarían contentas si sus maridos tomaran a otra  esposa.  Sólo el 23 por ciento expresó enojo ante la idea de compartir a su marido con  otra esposa. El setenta y seis por ciento de las mujeres–en un estudio  realizado en Kenya– considera positivamente la  poligamia. En un estudio  emprendido en la Kenyarural, 25 de cada 27 mujeres consideraron que la  poligamia es mejor  que la monogamia. Estas mujeres sienten que la poligamia  puede ser una  experiencia feliz y beneficiosa si las esposas cooperan entre sí.  57

La poligamia, en la mayoría de las sociedades africanas, es una  institución tan  respetable que algunas iglesias protestantes están  mostrándose más tolerantes  hacia ese hecho. El obispo de la Iglesia  Anglicana en Kenya declaró que, “Aunque  la monogamia puede ser ideal  para la expresión del amor entre marido y mujer, la  iglesia debe  considerar que en determinadas culturas, la poligamia es  socialmente  aceptable y que la creencia de que la poligamia es contraria a   Cristiandad no puede mantenerse por más tiempo.” 58 Tras un cuidadoso  estudio de  la poligamia africana, el Reverendo David Gitari,de la Iglesia Anglicana, ha  concluido que la poligamia, como  idealmente suele practicarse es más cristiana  que el divorcio y las  segundas nupcias, hasta donde alcanzan los intereses de  las esposas y  los hijos abandonados. 59 Yo conozco personalmente a algunas  esposas  africanas muy cultas que, a pesar de haber vivido en Occidente durante   muchos años, no tienen ninguna objeción contra la poligamia. Una de  ellas, que  vive en los Estados Unidos, anima solemnemente a su marido  para que consiga una  segunda esposa que le ayude a criar a los niños.

El problema del desequilibrio en la proporción de los sexos se torna  verdaderamente  problemático en tiempos de guerra. Las tribus de los  indios nativos americanos  sufrían graves desproporciones entre los  sexos a causa de las bajas que se  producían tras las batallas. Las  mujeres de estas tribus, que de hecho  disfrutaban de un estatus  bastante alto, aceptaron la poligamia como la mejor  protección frente a la alternativa de ser excesivamente tolerantes en materia  sexual. Los  colonos europeos, sin ofrecer a cambio ninguna alternativa,  condenaron  esta poligamia del indio como ‘salvaje’.  60

Después de  la segunda guerra mundial había en Alemania 7,300,000 más de mujeres que de  hombres(3.3 millones de ellas eran viudas). Había 100 hombres de entre 20 a 30 años por cada 167 mujeres de esa misma edad. 61. Muchas de estas  mujeres  necesitaban un hombre no sólo como compañero sino como  proveedor de bienes para  la casa en un tiempo de miserias y penalidades inconcebibles. Los soldados de  los Ejércitos Aliados victoriosos se  aprovecharon de la vulnerabilidad de estas  mujeres. Muchas muchachas  jóvenes y viudas mantuvieron relaciones con miembros  de las fuerzas de  ocupación. Muchos soldados americanos y británicos pagaban sus  placeres mediante cigarrillos, chocolate, y pan. Los niños se alegraban con los  regalos que aquellos extranjeros les dejaban. Un muchacho de diez años  que oía  hablar a otros niños de tales regalos, deseaba de todo corazón  un ‘inglés’ para  su madre, porque ella no podía aguantar más el hambre. 62

En este  punto hemos de interrogar a nuestra conciencia: ¿Qué resulta más  digno para una  mujer? ¿Aceptar y respetar a una segunda esposa como  hicieron las indias nativas  o convertirse en una prostituta de hecho  como en la ‘civilizada’ intervención de  los Aliados? En otras palabras, ¿qué dignifica más a una mujer, la norma  coránica o la teología basada en la cultura del Imperio  Romano?

Es interesante notar que en una conferencia internacional de la juventud  celebrada  en Munich en 1948 se debatió sobre el problema del gran  desequilibrio en la  proporción de los sexos en Alemania. Cuando se  concluyó que ninguna solución  podía ser satisfactoria, algunos  participantes sugirieron la poligamia. La  reacción inicial de la  audiencia fue una mezcla de miedo y rechazo. Sin embargo,  después de un estudio cuidadoso de la propuesta, los participantes estuvieron de   acuerdo en que era la única solución viable. Por consiguiente, la  poligamia fue  incluida entre las recomendaciones finales de la  conferencia.  63

El mundo  de hoy posee más armas de destrucción masiva que nunca y las  iglesias europeas  podrían, más tarde o más temprano, verse obligadas a  aceptar la poligamia como  la única solución. El Padre Hillman ha reconocido reflexivamente este hecho: “es bastante probable que estas técnicas genocidas –nuclear, biológica,  química..–  puedan producir tan drásticos desequilibrios entre los  sexos, que el matrimonio  polígamo se convertiría en una forma necesaria de supervivencia…. Entonces,  contrariamente a la costumbre anterior y a la ley, surgiría una inclinación  natural y moral en favor de la  poligamia. En semejante situación, los teólogos y  líderes de la iglesia argumentarían rápidamente razones de peso y textos  bíblicos para  justificar una nueva concepción del matrimonio.”  64

En nuestros días, la poligamia sigue siendo una solución viable para  alguno de los  males sociales de las sociedades modernas. Las  obligaciones comunitarias que el  Corán menciona en relación con la  licitud de la poligamia son en la actualidad  más viables en algunas  sociedades Occidentales que en Africa. Por ejemplo, en  los Estados  Unidos de hoy, hay una severa crisis de este tipo en la comunidad   negra. Uno de cada veinte varones negros jóvenes puede morir antes de  alcanzar  los 21 años. Para los que están entre los 20 y los 35 años de  edad, el homicidio  es la principal causa de muerte. 65

Además de  que muchos varones negros están en paro, en la cárcel, o sumidos en la  drogadicción. 66 Como resultado, una de cada cuatro mujeres negras  de 40 años  nunca se ha casado, en comparación a una de cada diez entre  las mujeres blancas.  67 Es más, muchas negras jóvenes son madres antes  de los 20 años y se encuentran  necesitadas de provisión. La  consecuencia final de estas trágicas circunstancias  es que un número  creciente de mujeres negras están comprometidas con lo que se  denomina  un ‘hombre compartido’. 68 Es decir, muchas de estas solitarias y   desgraciadas mujeres negras mantienen relaciones con hombres casados.  Las  esposas ignoran frecuentemente el hecho de que están ‘compartiendo a sus  maridos’ con otras mujeres. Algunos analistas de lo que se  denomina ‘la crisis  del hombre-compartido’ recomiendan enérgicamente a  la comunidad afroamericana  una poligamia de consenso como solución  temporal a la escasez de varones negros  hasta que se emprendan las  necesarias reformas en la sociedad americana a más  largo plazo. 69 Por  poligamia de consenso ellos entienden una poligamia que sea  asumida por la comunidad y en la que todas las partes involucradas estén de   acuerdo, en lugar del secreto que normalmente envuelve al sistema de   hombre-compartido que resulta perjudicial tanto para la esposa como para la  comunidad en general. El problema del hombre-compartido en la  comunidad  afroamericana fue el tema de una mesda redonda que tuvo lugar en la Temple  University de Filadelfia el 27 de enero de 1993. 70  Algunos de los participantes  recomendaron la poligamia como remedio  potencial para la  crisis.

También sugirieron que la poligamia no debería estar prohibida por ley,  particularmente  en una sociedad que tolera la prostitución y las  amantes. El comentario de una  mujer del público de que los  afroamericanos necesitaban aprender de Africa,  donde la poligamia es  práctica común, arrancó un entusiástico  aplauso.

Philip  Kilbride, antropólogo americano de formación católica romana, en su provocativo   libro, El matrimonio polígamo en nuestro tiempo, propone la poligamia  como gran  solución a algunos de los males de la sociedad americana.  Defiende que el  matrimonio polígamo puede ser en muchos casos una  alternativa potencial al  divorcio, evitándose así el impacto  perjudicial que ejerce el divorcio sobre  muchos niños. Mantiene que, en la sociedad americana, muchos de los divorcios  son consecuencia del  desenfreno en las relaciones extraconyugales. Según  Kilbride, resolver  un asunto extraconyugal mediante un matrimonio polígamo en  lugar de con un divorcio, es mejor para los hijos, “Los hijos recibirían mejor un aumento de la  familia que la opción que sólo les ofrece separación y disolución.” Es  más, sugiere que otros grupos también se beneficiarían de  matrimonio polígamo:  las mujeres maduras que sufren una escasez crónica de hombres y las  afroamericanas que están viviendo la fómula del   ‘hombre-compartido’.71

En 1987, una encuesta dirigida por el periódico estudiantil de la Universidad de  Berkeley, en California, preguntaba a los estudiantes si ellos estaban de   acuerdo con que la ley debía permitir a los hombres tener más de una  esposa como  solución a la evidente escasez de varones solteros en  California. Casi todos los  estudiantes estuvieron de acuerdo con la  propuesta. Una estudiante incluso  declaró que un matrimonio polígamo  podría satisfacer sus necesidades emocionales  y físicas, al mismo  tiempo que le daría más libertad que una unión monógama. 72  De hecho,  este mismo argumento también es usado por las escasas mujeres mormonas   fundamentalistas residuales que todavía practican la poligamia en los  Estados  Unidos. Ellas creen que la poligamia es la forma ideal para que una mujer tenga  una profesión e hijos, ya que las esposas se ayudan  entre sí para cuidar de los  hijos. 73

Hemos de  añadir que la poligamia en el Islam es un hecho de mutuo  consentimiento. Nadie  puede obligar a una mujer a que se case con un  hombre ya casado. Además, la  esposa tiene el derecho de estipular que  su marido no se case con otra mujer  como segunda esposa.74 La Biblia, por su  parte, recurre a veces a forzar la poligamia. Una  viuda sin hijos debe casarse  con el hermano de su marido, aún cuando él ya esté casado (véase el epígrafe “la  Condición de las Viudas”),  prescindiendo de su consentimiento (Génesis  38:8-10).

Debemos resaltar que en muchas sociedades musulmanas contemporáneas la  práctica de la  poligamia es rara, allí donde la diferencia entre los  miembros de ambos sexos no  es grande. Podemos afirmar con seguridad que la proporción de matrimonios  polígamos en el mundo musulmán es mucho  menor que la proporción de relaciones  extraconyugales en Occidente. En  otras palabras, los hombres en el mundo  musulmán contemporáneo son, en  sentido estricto, más monógamos que los hombres  occidentales.

Billy Graham, eminente cristiano evangelista, ha reconocido este  hecho: “la Cristiandad no puede responder a  la cuestión de la poligamia. Si la  Cristiandad actual no puede hacerlo, es en su  propio detrimento. El  Islam ha permitido la poligamia como una solución a los  males sociales y ha permitido un cierto grado de libertad a la naturaleza  humana, pero  sólo dentro del marco estrictamente definido de la ley. Los países   cristianos hacen un gran alarde de monogamia, pero en realidad practican la  poligamia. Nadie ignora el papel que juegan las amantes en la  sociedad  occidental. En este sentido, el Islam es una religión  fundamentalmente honesta,  y permite a un musulmán casarse con una  segunda esposa si puede, pero prohibe  estrictamente todas las  relaciones amorosas clandestinas como medio de  salvaguardar la probidad moral de la comunidad.” 75

Es interesante destacar que muchos países —tanto no-musulmanes como  musulmanes—han  proscrito la poligamia en el mundo de hoy. Tomar a una  segunda esposa, incluso  con el consentimiento libre de la primera, es  una violación de la ley. Por otro  lado, estafar a la esposa sin su  conocimiento y consentimiento, ¡es  absolutamente legítimo hasta donde  la ley lo permite! ¿Cuál es la sabiduría  legal que existe tras  semejante contradicción? ¿Se diseña la ley para premiar la  decepción y  castigar la honestidad? Es uno de las paradojas más incomprensibles  de  nuestro moderno y ‘civilizado’ mundo.

JUANA DE ARCO…¿Cabalgará… de nuevo?

8 de junio de 2012


En sus actos públicos de campaña, utiliza una gran estatua de la heroína nacional francesa, Santa Juana de Arco, quien murió martirizada el 30 de Mayo de 1431, a los 19 años de edad, canonizada en 1920 por el Papa Benedicto XV.
(…/…)
En las recientes elecciones presidenciales francesas del 21 de abril, Marine Le Pen obtuvo  el tercer lugar con 6 millones 421 mil votos, equivalentes al 17,90% de los votos.
Para la segunda vuelta electoral, del 6 de mayo, anunció que no apoyará a ninguno de los 2 candidatos finalistas: el falsamente derechista Sarkozy, hijo de judíos húngaros, y el socialista Hollande, descendiente de judíos holandeses.
(…/…)
Fuente:

darwinismo… y manipulación mental…

3 de marzo de 2012

DARWINISMO Y MANIPULACIÓN MENTAL: DE LOS HUXLEY A LOS ROCKEFELLER

Charla por Máximo Sandín

Ateneo de Madrid

Calle del Prado 21

Madrid

4 de Marzo

8 pm

 

Noam Chomsky escribió que quien domina la información domina en cierta forma la cultura, la ideología y, por tanto, controla en gran medida la sociedad. Sólo un fenómeno como este puede explicar cómo se asientan en el imaginario colectivo las mentiras más burdas que se derrumbarían sólo con mirarlas con detenimiento, con un poco de reflexión.

Una de estas mentiras, el darwinismo, nos ha sido impuesta como un pilar central en la concepción del mundo de nuestra sociedad. La concepción individualista y competitiva de los fenómenos naturales que concede la victoria a los que poseen alguna “ventaja”, a los “más aptos” se ha constituido en una justificación “científica” de las relaciones y las desigualdades sociales y ha conducido a tratar a la Naturaleza como una enemiga. La concepción reduccionista y mecanicista de los procesos biológicos ha sido la base sobre la que se asientan las peligrosas, para los seres humanos y para la Naturaleza, prácticas de la gran industria “biotecnológica”. Por último, los grandes medios de comunicación nos pretenden convencer de la falacia malthusiana de que en el Mundo no hay sitio para todos…

 

Una mirada atenta a las circunstancias que rodearon el nacimiento del darwinismo nos permitirá comprender qué poderes hicieron posible su implantación en el ámbito académico en contra de todas las evidencias científicas, quienes lo impusieron y, sobre todo, qué ideas subyacían a esta “conveniente” concepción de la realidad.

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Nota de TRESMONTES: Esta publicidad me ha llegado de  persona de total confianza. Se trata de una conferencia

que tendrá lugar en el Ateneo de Madrid, el dia 4 de marzo de 2012 a las 20 horas.

 

 

la sexualidad en la Hélade (II)

13 de enero de 2012

pág. 28:

¿Dónde está, pues, el problema griego? El problema está en que:

• Los griegos, particularmente los de herencia jonia (como los atenienses), quienes estaban más influidos por las costumbres orientales, tendían a “recluir” mucho a sus mujeres y apartarlas de la vida pública, suprimiendo la imagen femenina, cosa que fue bastante bien satirizada por el historiador Indro Montanelli. Esta situación, como digo, no era panhelénica, ya que en Esparta las mujeres tenían una libertad realmente notable, pero, en todo caso, los vínculos personales más fuertes solían darse entre hombres, como veremos ahora.

• Los griegos ―y en esto coincidían todos― admiraban la belleza sin importar dónde se manifestase ésta, fuese en hombres ó en mujeres, pero de ahí a que tradujesen siempre tal atracción en actos sexuales hay un buen trecho, como veremos después.

  En un pueblo que daba tanta importancia al entrenamiento deportivo, al combate y a la camaradería, era normal que, en el seno de aventuras y grandes batallas lejos del hogar, se forjasen vínculos extremadamente profundos entre hombres, vínculos raramente comprendidos por una sociedad pacifista, afeminada y sedentaria como la nuestra, pero que en todo caso no iban más allá de una sólida hermandad, la propia de toda männerbund. A pesar de la enorme importancia que tenía la relación maestro-discípulo en Grecia, y de que, a no dudarlo, con el advenimiento de la decadencia algunas de estas relaciones quizás degeneraron en hoxualidad, enseguida veremos que no pocos Estados tomaron medidas para salvaguardar la sacralidad de esta institución educativa y espiritual.

• Hoy en día el ideal de belleza del imaginario colectivo es la mujer de treinta y tantos años (lo cual no convierte en “lesbianas“[tribades] a todas las mujeres), en Grecia el ideal de belleza era el muchacho que se hallaba entre la adolescencia y la madurez, porque se consideraba que era el único tipo humano que combinaba una vida de violento ejercicio al aire libre, con la salud de la juventud y la fuerza de la masculinidad.

• Los vocablos griegos para designar al maestro iniciador y al joven iniciado que aspiraba a convertirse en hombre, eran respectivamente erastes y eromenos, lo cual, traducido literalmente, sería algo así como “amante” y “amado“. Sin embargo, como veremos enseguida, la mentalidad de la Antigüedad distinguía claramente entre el amor carnal y el amor platónico, y estas relaciones estaban fundamentadas en el segundo, considerado más elevado, más desinteresado, disociado de lo carnal, y más capaz de inculcar virtud y sabiduría. Y es que en Grecia se pensaba que un hombre joven necesitaba la tutela y el consejo de uno mayor para llegar a ser sabio en la vida o excelso en el deporte, en la caza y en el combate.

(CONTINUARÁ)

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Si existia un lugar donde la conducta disonante del sodomita” estaba mal vista, era sin duda en las asociaciones de cazadores y soldados del pasado remoto (llamadas männerbunden en alemán), donde el trabajo en equipo, la hermandad, el deber y la camaradería del honor predominaban sobre los instintos individuales, los cuales se descargaban en combate o con mujeres, a menudo capturadas y tomadas por la fuerza. El mejor documento para familiarizarse con la mentalidad, la psicología y el modo de vida de una männerbund del pasado, es sin duda la “Ilíada” de Homero, gran epopeya por excelencia del mundo griego, y donde se relatan tradiciones que se remontan al mismísimo Paleolítico. (pág. 31).

la SEXUALIDAD en la HÉLADE (I)

11 de enero de 2012

VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LA SEXUALIDAD EN GRECIA

Todo lo que sucede
No es más que
Un símbolo.

J. W. Von Goethe
Eduardo Alcántara, el prologuista de este libro (*) denuncia las grandes falsedades que ha ido tejiendo la modernidad en torno a la supuesta generalidad e las prácticas homosexuales [“hoxuales”] en la Antigua Hélade. Una demostración de la fuerza de la llamada ideología “homosexualista” [hoxualista] es la reciente publicación del “Manifiesto gay” que además amenaza con “reescribir” la Historia… especialmente, la de la Civilización Occidental.
(*) El libro firmado por Eduardo Velasco y que lleva como título “El Mito de la homosexualidad en la Antigua Grecia” ha sidio editado por http://www.edicionescamzo.com

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INTRODUCCIÓN (por E. Velasco):
“Reescribiremos la historia, historia llena de vuestras mentiras y distorsiones heterosexuales.”
(Manifiesto gay).
pág.  019:
Está por todas partes. Se menciona por encima en tertulias televisivas, se escribe en libros de texto, está en boca de profesores de universidad, e Internet lo repite incesantemente, incluso en la Güiquipedia [Wikipedia]―como por ejemplo en este “artículo” (por llamarlo de alguna manera) sobre la pederastia [perastia] en Grecia. Todo el mundo lo parafrasea, se ha convertido en un “meme”, un eslogan que las masas repiten sin pensar, de modo similar al famoso “todos somos iguales”. Se han vertido toneladas y toneladas de basura sobre la historia griega, e innumerables autorzuelos del tres al cuarto han desarrollado páginas y páginas dando por sentado que la mentira es cierta.

(…).

En éste artículo nos ocuparemos del mito griego más desafortunadamente conocido: el mito de que la hoxualidad formaba sistemáticamente parte de la sociedad griega y de que la pefilia era una práctica común y socialmente aceptada. Como se verá, la tesis no es que no existiese hoxualidad entre ellos, sino que la moral tradicional tenía a los hoxuales mal vistos. También se demostrará que, en la mayor parte de los casos, existían castigos prescritos por conducta hoxual, como por ejemplo la pena de muerte, el exilio o la marginación de la vida pública.

pág. 020:

Esto va dirigido, ante todo, a quienes algo “no les cuadra” en eso de la hoxualidad griega y a quienes quieren fundamentar tales sospechas para que sean algo más que simples sospechas. Efectivamente, hubo hoxuales en Grecia, pero como se verá, que haya habido hoxuales no significa que haya sido una “práctica habitual” ni mucho menos que la pefilia fuese una “institución social”, como han llegado a afirmar disparatadamente algunos autores hoxuales, a quienes nadie ha arrojado a la cárcel por hacer apología de la pefilia ―y además sin bases para ello, difamando y ensuciando gratuitamente la historia de todo un país. Y es que es detestable que se utilice la mitología de hace milenios para legitimar fenómenos decadentes de la vida moderna y sólo moderna. Desde arriba, la doctrina oficial del Sistema pretende presentar a la Antigua Grecia como la tierra prometida de los gays [gallis],  una suerte de paraíso hoxual, y eso es demasiado para un amante de Grecia como un servidor, al cual nadie le puede vender la moto porque conoce bastante bien el imaginario mitológico de la Hélade, o para muchos griegos modernos, que aborrecen que otras sociedades decadentes utilicen la historia de su país para justificar sus propias desviaciones. Como veremos después, la película “Alejandro Magno” se mostró sólo 4 días en Grecia y fue un fracaso absoluto: los griegos conocen su propia historia como la palma de su mano, se han leído bien todos los libros (en griego antiguo inclusive) y saben lo que hay, como para que ahora vengan cuatro escritores neoyorkinos psicológicamente destrozados, a explicarles cómo era su propio país.

LIBERTAD PARA INVESTIGAR LA VERDAD HISTÓRICA:

p. 023:

A que lo que yo defenderé de nuevo en este artículo es precisamente la posibilidad que tiene cada hombre libre de conocer la pura y simple VERDAD, sin tener que confiar en intermediarios de dudosa reputación (medios de comunicación, revistas, programas de TV, sensacionalismo, manipulación, intereses políticos, sociales e internacionales), y recurriendo a las fuentes escritas originarias, en este caso, las fuentes griegas. Por tanto recurriré en este artículo a fuentes griegas para demostrar que la hoxualidad en la Antigua Grecia no era, ni de lejos, un fenómeno social extendido y aceptado. Escaparemos, pues, a la tiranía del pensamiento único, y a los intereses políticos que, siguiendo una agenda impuesta desde arriba, intentan hacer creer a todo el planeta que Grecia, una de las civilizaciones más encomiables que haya existido jamás, estaba basada en la hoxualidad, y examinaremos la evidencia que hay para llegar a una conclusión personal despojada de cualquier influencia que no provenga de la misma Grecia antigua, desenmascarando también a quienes predican irresponsablemente la teoría de los griegos petaojetes.

(CONTINUARÁ….)

Nota de TRESMONTES: Este post pretende ser un resumen del libro arriba citado y en la confianza de contar con el permiso de su autor. Copio los textos con absoluta fidelidad al original, pero en aras de un perfeccionamiento semántico he  substituido los términos que abusivaente ha introducido la ideología “homosexualista” por neo-palablas más acordes  con la etimología y el auténtico significado del originak griego. Así por ejemplo, junto a la palabra “heterosexual”, con frecuencia la acompaño del término, más exacto de “ortosexual”… y la palabra “homosexual” pasa a ser “hoxual” pues la raiz “homo” induce a error ya que “homo” es palabra griega que significa “igual” ó “equivalente” y también “homo” es una palabra latina que significa “hombre”, significado que por supuesto no es el pertinente en  la palabra “homosexual”, la cual significa sexualidad con persona del mismo sexo, es decir de igual sexo y no significa, por descontado, “hombre sexual” como creen multitud de gentes ignorantes.

El siguiente glosario con las equivalencias entre el lenguaje convencional y el que yo aporto trata  de evitar caer en las tergiversaciones y ambigüedades en las que –como señala el autor de este libro– incurren deliberadamente algunos  “traductores”  modernos:

gay = GALLI .-  homoerótico = HORóTICO.-  homosexual= HOXUAL.-

homosexualidad =  HOXUALIDAD.-   pederástia  = PERáSTIA.-  

pedofilia = PEFÍLIA.-     homofobia = HOFÓBIA.- 

heterosexual =  ORTOSEXUAL.-    lesbianismo = TRIBADISMO.

FELIZ NAVIDAD !!!

24 de diciembre de 2010

Contra la degeneración… y contra el “feminismo”…

20 de noviembre de 2010

En libros sagrados del Hinduismo, como el Bahavad Gita, se manifiesta una verdad permanente: Cuando se quiere abatir o destruir una civilización… se empieza por corromper a las mujeres. Esto es así porque la maternidad y la familia es la base primaria y biológica de toda Sociedad civilizada e incluso de cualquier tipo de sociedad, incluidas las más salvajes.

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Hoy, por azar he tropezado con páginas web de tal infranivel y degradación que incluso los animales las superan en dignidad. Me refiero a webs con titulos como pornoterrorismo, muestramarrana, etc. No doy sus dirrecciones para no hacerles publicidad. También he hallado información sobre unas “jornadas feministas” que se autocomplacen en calificarse de degeneradas… No voy a entrar en su contenido, pero sí decir que su grado de cutrez supera a unos videos que sobre “sodomia” y “zoofilia” han sido subvencionados por el ministro de Industria, Miguel Sebastián, el mismo que ha penalizado con 100.000 euros de multa un inocente spot –difundido meses atrás por Intereconomia TV–sobre “364 dias de orgullo” de la gente normal … (Evidentemente entre 365 dias del año quedaba un sólo dia para el “orgullo gay”… y el hecho de llamar normal
a la inmensa mayoria de las personas ha sido considerado ofensivo para los “gays”).

Todas estas consideraciones sirven para justificar que a continuación recomiende la lectura de un texto que supongo es un soplo de aire fresco y sano. Me refiero a un artículo de la teóloga alemana Jutta Burggraf y que tiene un título muy elocuente: ¿Es el feminismo destructor de la familia?. Se puede leer en la siguiente dirección: http://humanitas.cl/html/destacados/emf2009/30.html

1. Introducción

Hace poco, leía un artículo en que, con gran profusión de palabras, se pretendía explicar, por qué el feminismo destruye la familia. Quedé un poco sorprendida y comencé a pensar en ello. ¿Realmente destruye el feminismo la familia? Sin querer, recordé un suceso que me ocurrió hace algún tiempo en Sudamérica. En Santiago de Chile, me habían dicho que una persona, conocida como una enérgica feminista, quería discutir conmigo acerca del tema de la mujer. Se trataba de la fundadora y rectora de una universidad privada. Habíamos concertado una cita. Me preparé para una intensa discusión y, luego de unos días, acudí al encuentro con un cierto ánimo de ir a la ofensiva. Cuando entré al Rectorado, me sorprendió ver que en la muralla colgaba una imagen grande de la Virgen. La rectora era una señora muy amable y bien arreglada. “Yo trabajo, con todas mis fuerzas, para que las mujeres puedan estudiar y obtengan puestos de trabajo”, me dijo. “Sueño con un sueldo para las dueñas de casa y con la supresión de la pornografía. Me llaman feminista, porque devuelvo todas las cartas que recibo, dirigidas al Rector; porque esta Universidad no tiene un rector, sino una Rectora”. Y, entonces, señaló, sonriendo: “Y no tengo nada contra los hombres. Estoy casada hace mucho tiempo y quiero a mi marido más que hace treinta años”.
Es evidente que un feminismo así no destruye la familia. Pienso, incluso que es extremadamente favorable para la comunión de los esposos y para la familia misma, ya que devuelve a la mujer la dignidad que, en ciertas épocas y culturas, y parcialmente en la actualidad, le ha sido y le es negada. Sí, esto ocurre también hoy, no es ideología, ni exageración. No necesitamos pensar en las mujeres cubiertas por un velo, como en Arabia Saudita, ni al pueblo africano de los Lyélas, que consideran a las mujeres como la parte más importante de la herencia. Por ejemplo, una de las fórmulas con que un hombre constituye a su hijo mayor como su heredero dice: “Te entrego mi tierra y mis mujeres” [1]. No podemos tampoco juzgar con altanería el rapto de las novias de la aguerrida Esparta [2] , ni lamentarnos de la llamada oscura Edad Media, que, por cierto, no fue una época tan hostil para la mujer [3]. Como se ha dicho, no necesitamos ir tan lejos. Basta mirar a Europa ¿Se respeta a la mujer en la sociedad, en las familias? También hoy día se la considera, en innumerables avisos publicitarios, en el cine, en revistas del corazón y en conversaciones de sobremesa, como un ser no muy capaz intelectualmente, como un elemento de decoración y de exhibición, como mero objeto de deseo masculino.
Su dedicación a su casa y su familia  ni se valora, ni se apoya como se debía. ¿No ocurre con cierta frecuencia que un hijo, sólo porque es varón, después de un suculento almuerzo dominical, se siente frente al televisor junto a su padre, mientras las hijas “desaparecen”, junto con su madre en dirección a la cocina? ¿O que una joven madre, que trabaja fuera de la casa, se las tenga que arreglar sola con las labores domésticas y más encima sea enjuiciada, pues no se preocuparía lo suficiente de su marido -que trabaja a tiempo parcial- y de sus hijos y que además sea criticada por no tener la casa limpia? ¡Cuántas mujeres casadas, que carecen de ingresos propios deben mendigar de sus maridos un poco de dinero y no tienen acceso a la cuenta bancaria, ni participación en las decisiones pecuniarias de la propia familia! Concedo que estas cuestiones pueden ser superficiales; sin embargo, demuestran cuánta -o cuán poca- comprensión y cariño reciben las mujeres, a menudo, en una situación difícil.
Existe pues una promoción de la mujer que es absolutamente razonable y conveniente. Su finalidad consiste en que los derechos humanos no sólo sean derechos de los varones, sino que ambos, tanto el hombre, como la mujer, sean aceptados en su ser-persona. También se esfuerza por considerar a cada ser humano en su propia individualidad, sin colocar ningún cliché a nadie. Y esto es válido en todo sentido. Hoy en día nadie duda que la mujer puede dominar la técnica más complicada. Pero ello no significa que todas las mujeres deban ser técnicas y que gocen con las computadoras. Según un nuevo dogma: “La mujer emancipada es gerente de empresa, arquitecto o empleada en una oficina; de todas maneras, trabaja fuera de la casa”. Sin embargo, si la emancipación es entendida como un proceso de madurez conseguido, ¿por qué la mujer “emancipada” no puede ser madre de una familia numerosa? Cuando una mujer prefiere preparar un pastel, tejer chalecos, jugar con los niños y procura hacer de su casa un hogar agradable, no quiere decir que ella se haya resignado a asumir el rol que se le asignó en el s. XIX. Significa simplemente que, para ella, estas actividades son más importantes que para quienes la critican. En principio, no se trata de lo que una persona hace, sino de cómo lo hace.
Ni el trabajo fuera de la casa, ni la familia son, en sí, soluciones a problemas personales o sociales; ambos conllevan ventajas y riesgos. Así, es posible que una mujer profesional, debido a la creciente especialización de su trabajo, se le vaya empequeñeciendo su campo de acción, mientras que una dueña de casa, al tener que enfrentarse a los más diversos trabajos, adquiera una visión más amplia. En su vida profesional, la mujer está expuesta a los mismos riesgos que el hombre -deseo desmedido de hacer carrera, afán exclusivo de poder…-, incluso más que él, pues le pone a prueba y enjuicia más duramente.
No quiero, de ninguna manera proponer que la mujer debe volver a ocuparse exclusivamente de las tareas del hogar. Pienso solamente que se debe dar, a cada mujer, la posibilidad de decidir libremente lo que ella considera como bueno, sin iniciar permanentemente nuevas polémicas.
Se ha discutido mucho acerca de si las mujeres son diferentes a los hombres y en qué lo son. Primero, hay que considerar que cada ser humano es distinto de los otros. Cada uno debe tener la oportunidad de desarrollarse libremente, de ser feliz y de hacer feliz a los demás -por diferentes caminos, da lo mismo en qué estado o profesión-. Desde una perspectiva histórica y social, algunas veces, a las mujeres esto les ha sido más difícil que a los hombres. Es por ello, que se les debe ayudar más a vivir de acuerdo con su convicción personal. Esta es la finalidad de un feminismo que podemos denominar “auténtico”, “razonable” o “libertario”. Puesto que pretendo unir la verdadera promoción de la mujer con mi fe cristiana, me gustaría hablar de “feminismo cristiano”. A este tema nos referiremos más adelante.

2. El feminismo radical

Estamos casi en nuestro tema. Como se ha mencionado, existe otro tipo de feminismo, que se ha extendido mucho en los países occidentales, es denominado, con frecuencia, feminismo “radical” o “extremo”. Me parece que este tipo de feminismo, por lo menos como se presenta a sí mismo, ha sobrepasado su momento culminante. Su enorme influencia ha tenido un devastador efecto, que se deja ver en todos los ámbitos. Todos conocemos lo que se ha dicho acerca del “mito de la maternidad”, que debe ser destruido o del macho, que la mujer debe desterrar. En algunas de sus afirmaciones, las feministas han traspasado con mucho el límite de lo absurdo.
La filósofa francesa Simone de Beauvoir es considerada la precursora del feminismo de nuestro siglo, cuya influencia apenas puede superarse [4]. Su monografía “Le Deuxiéme Sexe” (“El segundo sexo”), publicado por primera vez en 1949) es denominada con frecuencia la “biblia del feminismo” [5]. En ella, Simone de Beauvoir postula, por primera vez, con gran agudeza intelectual, la igualdad de los sexos y, con ello, da un nuevo impulso al movimiento feminista en el mundo occidental, el que, hace ya tiempo, va mucho más allá de pretender la simple mejora de la situación jurídica de la mujer y una mayor posibilidad de acceder a la formación escolar, universitaria y profesional.
En aquella obra, la filósofa comienza esbozando su propia posición ideológica. “Nuestra perspectiva es la de la ética existencialista” [6], declara. Y continúa “Es la de Heidegger, Merleau-Ponty y Sartre” [7] [su compañero de hogar]. El “existencialismo”, tomado del título de un libro de Sartre, es una negación consciente de toda reflexión que parta de la esencia o naturaleza. No hay “una naturaleza humana -dice Sartre- pues no hay Dios que la hubiese podido diseñar” [8]. Sartre se refiere a la libertad creadora del hombre, que le capacita para hacer de sí mismo lo que él quiere y que no es limitada por ninguna “esencia” o “naturaleza” [9].
Simone de Beauvoir intenta traspasar el existencialismo ateo [10] de Sartre a la existencia femenina [11]. Para ella, el hombre tampoco es un “ser dado” o una “realidad fija”, sino “una idea histórica”, “una continua transformación”, que hace de la persona lo que ella es [12]. En consecuencia, en la ética de Beauvoir, toda forma de “quietud” o “pasividad” sólo puede considerarse como un gran mal [13]. Sin embargo, es precisamente esa la actitud a la cual los hombres han obligado continuamente a las mujeres.
Ya desde los nómadas, el mundo ha pertenecido al varón [14], dice Beauvoir, pues éste ha sabido influir en el mundo con ocupaciones que iban “más allá de su ser animal”. Para cazar y pescar, construyó utensilios, se puso metas y abrió caminos. Continuamente se superó y emprendió el camino hacia el futuro [15]. Añade: el privilegio del varón consiste en que “su vocación como persona con destino no contrasta con su ser varón” [16]. Sin embargo, en la mujer sucede algo distinto. Hasta hoy, a las mujeres se les ha impedido intervenir de manera creativa en la sociedad. Las mujeres han sido “aisladas” y ahora se encuentran marginadas [17]. Permanecen toda su vida encerradas y la culpa de todo, la tienen el matrimonio tradicional (con la división del trabajo según el sexo) y, sobre todo, la maternidad.
En toda la obra de Beauvoir está presente un tema dominante: la de quitar todo valor al matrimonio y la familia. A este respecto, señala que, “sin duda alguna, dar a luz y amamantar no son actividades sino funciones naturales y no está en juego ningún proyecto personal. Por eso, la mujer no puede encontrar en ello ninguna razón para una alegre afirmación de su existencia” [18]. Durante siglos, la mujer se ha contentado con llevar una “vida relativa”, dedicada al marido y a los hijos. “En realidad -continúa-, para el hombre, ella es sólo una distracción, un objeto, un bien poco importante. El varón es el sentido y la justificación de su existencia” [19]. El varón, por su parte, ha consolidado su supremacía a través de la creación de mitos e instituciones.
Por medio de muchos ejemplos de la literatura y la cultura, Beauvoir analiza el mito de la mujer, tal y como lo han inventado los varones para sus propósitos y concluye que “es tan irrisorio contradictorio y confuso que no se halla unidad alguna: como Dalila y Judit, Aspacia y Lucrecia, Pandora y Atena, la mujer es siempre la tentadora Eva y la Virgen María a la vez. Es ídolo y esclava, fuente de vida y puerta de los infiernos; es el silencioso original de la misma verdad, al mismo tiempo falsa, locuaz, mentirosa; es bruja y terapeuta; es presa del varón y su perdición; es todo lo que él no es y desea poseer, su negación y su fundamento existencial” [20], es, precisamente, el “otro” sexo.
Beauvoir se opone a todas estas afirmaciones, pues señala que las mujeres no son ni ángeles, ni demonios, ni esfinges, sino seres humanos dotados de razón [21]. Su proximidad a la naturaleza -que significa una limitación radical de su potencial humano- es exigida y también temida por el hombre. Aunque las mujeres no pueden negar, ni ignorar su propio cuerpo, éste no determina para nada su libertad existencial. Indudablemente, en la filosofía de S. de Beauvoir, hay razonamientos acertados; que, sin embargo, dan lugar a un gran empobrecimiento ideológico. Ello se aprecia claramente si consideramos su conocido aforismo, “No naces mujer, te hacen mujer” [22], completado más tarde por la lógica conclusión “¡No se nace varón, te hacen varón! Y tampoco la condición de varón es una realidad dada desde un principio” [23].
La “mujer constituye para Beauvoir un “producto de la civilización” [24]. Ella “no es la víctima de un destino misterioso e ineludible” [25] , sino la de una situación muy concreta y corregible, en la cual el “mito de la maternidad” siempre ha servido a los varones como pretexto para motivar a las mujeres a realizar sus quehaceres domésticos [26]. La mujer, por su parte, se ha resignado durante mucho tiempo ante su situación. “Al no querer que una parte de sí se ha convertido en negación, suciedad y malignidad el ama de casa maniática se encoleriza contra el polvo y exige un destino que a ella misma le exaspera” [27]. En su desesperación intenta inútilmente introducir al hombre en la cárcel de su pequeño mundo, bien como madre, esposa, amante “permanente”, parásita [28] o carcelera [29]. El hombre trata a la mujer como su esclava y la persuade a la vez de que sea su reina [30]. Hoy, sin embargo, la lucha se muestra de otra manera, “en lugar de que la mujer pretenda llevarse al hombre a su cárcel, lo que hará es intentar salir de ella. Ya no pretende penetrar en la región de la inmanencia [31]. El hombre hace bien en ayudar en la emancipación de la mujer, pues librándola a ella, se libera él mismo [32].
¿Cómo tienen que ser la emancipación? Para Simone de Beauvoir, no cabe duda que las “cadenas” o “ataduras de la naturaleza deben ser rotas”. La filósofa existencialista traza una ética radical [33], que intenta desenmascarar el matrimonio [34], la maternidad [35], la prohibición del aborto [36] y del divorcio [37], como “medidas coercitivas de las sociedades patriarcales” [38], que dejan a las mujeres en dependencia de los varones. Según sus propias palabras, “las mujeres han decidido protegerse de la maternidad y del matrimonio” [39]. “lamento la esclavitud que se impone a la mujer con los hijos… Como otras muchas feministas, también estoy a favor de que se suprima la familia” [40] dice explícitamente. Además, simpatiza con la inseminación artificial [41], las relaciones lesbianas [42] y la eutanasia [43]. Para la filósofa existencialista, el remedio para salir de la dependencia es la actividad profesional de la mujer [44], con la cual se puede alcanzar “una plena igualdad económica y social” [45] entre los dos sexos.
Aunque todas parten de sus principios, algunas de las feministas actuales superan con mucho determinados aspectos de las exigencias de Beauvoir. En su obra mundialmente conocida, “The Feminin Mystique” [46], Betty Friedan -fundadora del movimiento feminista americano de los años sesenta- critica con gran vehemencia el que la mujer se vea obligada a “la realización de su feminidad” [47] únicamente en el matrimonio, en la familia y en el trabajo doméstico y que se le impida desarrollarse intelectualmente [48].
De la misma manera, la americana Kate Milled, en su libro “Sexual Politics” [49], recurre lo señalado en “Le Deuxième Sexe”: “La mujer aún es indispensable para la concepción, la gestación y el nacimiento de un niño, pero no tiene otra atadura u obligación especial con respecto a él”. Finalmente, el objetivo del feminismo de Shulamith Firestone -la más radical de este grupo- es destruir todas las estructuras más importantes de la sociedad [50]. En “The Dialectic Sex”, propone liberar a la mujer de la “tiranía de la procreación” [51], a cualquier precio. “Lo quiero decir muy claramente: el embarazo es una barbaridad” [52], señala.
La periodista Alice Schwarzer es una de las pocas figuras sobresalientes del feminismo alemán. Después de su larga estancia en París, comenzó su labor, organizando, a principios de los años setenta, la campaña pro-aborto en Alemania [53]. En 1975, lanzó un bestseller [54] al mercado y se destacó, finalmente, como editora de la primera revista feminista, “Emma”, hasta hoy, muy difundida. Su lenguaje frívolo, la exposición de problemas humanos, la eliminación de los tabúes relativos a las normas morales, junto con algunas hipótesis racionales, no constituye una mezcla nueva; no obstante, aplicada exclusivamente a la cuestión femenina, se transforma en un asunto de carácter político.
Aunque Alice Schwarzer subraya una y otra vez su admiración por Simone de Beauvoir [55] -a la que conoció en París personalmente-, es aún más radical en la aplicación de las ideas feministas. Difunde las tesis contenidas en “Le Deuxième Sexe” y las planteadas por el movimiento feminista norteamericano. Más, en último término, para ella no se trata de la cuestión teórica de la igualdad de los sexos, sino de qué modo la mujer, siendo más valiosa y digna de ser amada que el hombre, puede huir del dominio masculino. Según A. Schwarzer, el poder masculino es el único factor que condiciona actualmente la relación hombre-mujer, y sólo puede ser destruido por un poder femenino [56]. El varón es, para ella, el enemigo al que reprocha una lista de pecados. La autora expresa: “Por eso, todo intento de una liberación de la mujer tendrá que dirigirse contra los privilegios del varón, tanto a nivel colectivo, como a nivel personal. Eso quiere decir que hay que luchar también contra el propio marido” [57]. Llama a todas las mujeres para que manifiesten su poder y se nieguen a sus maridos, rehúsen “la heterosexualidad” que ha pasado a ser “un dogma” [58] y se interesen por la bi- y la homosexualidad. En suma, Schwarzer concibe el poder sexual como un poder político, intenta iniciar una revolución en las relaciones hombre-mujer, de la cual surgirá una mujer liberada del poder masculino. Esta mujer podrá actuar positivamente en la sociedad.
A. Schwarzer crítica la “ideología del hijo propio” y lucha contra todos los lazos existentes entre madre e hijo. Según ella, tales lazos sirven únicamente para proteger los últimos baluartes de una sociedad para varones [59]. La tarea educativa debe realizarse, en gran parte, por el colectivo; el trabajo doméstico tiene que ser industrializado. Eso significa que debe existir un número suficiente de guarderías y de jardines infantiles, abiertas durante las veinticuatro horas y donde trabajen mujeres y varones [60].
Para la feminista norteamericana Mary Daly, todo lo masculino es objeto del juicio más despiadado, casi de la maldición universal. En su exitoso libro, aparecido en 1978 [61], la autora pasa revista a todas las atrocidades que los hombres han cometido contra las mujeres, desde el comienzo de los tiempos. Contrasta la maldad masculina, “contaminante”, “ponzoñosa” y “destructora”, la autora contrapone la “pureza elemental” de las mujeres. M. Daly exagera tanto las ideas de “Le Deuxième Sexe”, que realmente no se las puede tomar en serio.
Desde hace algún tiempo, el intento de liberarse de las “cadenas de la naturaleza” no es la única preocupación del feminismo radical. Desde ciertos ambientes ecologistas y desde el llamado “feminismo cultural” de Norteamérica han surgido nuevas tendencias. Mientras un grupo de las feministas continúa negando las diferencias fundamentales entre mujeres y hombres, otro grupo ha comenzado a “celebrarlas”. Actualmente, dentro del feminismo, se plantea cada día con más fuerza, que la identificación de lo femenino con la naturaleza, la corporeidad, la sensibilidad y la voluptuosidad, no es un “maldito prejuicio masculino”. Por el contrario, todo lo emocional, vital y sensual ha pasado a ser la esperanza para un futuro mejor. Después de que la racionalidad y el despotismo masculinos han conducido a la humanidad al borde del desastre ecológico y la han expuesto al peligro de la destrucción nuclear, ha llegado la hora de la mujer. La salvación se puede esperar solamente de lo ilógico, de lo instintivo, de lo afable y apacible, tal como se encuentra encarnado en la mujer [62].
Después de que, durante décadas, el deseo de tener hijos fue reprimido y negado, ahora es redescubierto, por grupos feministas [63] como una “necesidad femenina” pura [64]. Esto puede ser una reacción al esfuerzo de la emancipación entendida, con demasiada frecuencia, como una acomodación a los valores masculinos y a la competitividad.
Por supuesto, el deseo de tener hijos no significa un retorno al matrimonio y a la familia burgueses. Las feministas se interesan poco por la realidad social de las mujeres, lo que les preocupa son la vida de la mujer, el cuerpo femenino y las experiencias de dar a luz y de amamantar. “Son las mujeres las que tendrán que liberar la tierra y lo harán, porque viven en una mayor armonía con la naturaleza” [65], esta es la más conocida de las tesis propuestas. A ella se opone ahora, con renovado ímpetu, la teoría igualitaria, que continúa la línea de pensamiento inaugurada por Simone de Beauvoir [66]. Así llegamos otra vez al comienzo de nuestra reflexiones.

3. Las familias patchwork

Cuando se leen los manifiestos feministas, se podría concluir lisa y llanamente que el feminismo radical destruye la familia. ¡Ese es su objetivo declarado! Sin embargo, las cosas no son tan simples como parecen. También hay que matizar esta afirmación.
Si miramos a nuestro alrededor, podemos comprobar que la vida familia existe. Por ejemplo, tres cuartos de los europeos pasan sus vacaciones en familia, incluso con frecuencia, varias generaciones juntas, en las combinaciones más variadas. Al observar los campings y otros lugares de vacaciones, esto queda muy claro. Pese a todas las advertencias de Simone de Beauvoir y de Alice Schwarzer, pese al deseo creciente de hacer carrera y de ganar dinero, vemos, en todas partes, como las parejas forman una familia y traen niños al mundo. A pesar que, según dicen, para “autorrealizarse”, es más fácil permanecer solo, la mayoría de las personas insisten en reunirse alrededor de una familia.
Incluso, conocidas feministas han comenzado a alabar a la familia. La argentina Ester Vilar, señala que, si existiera completa igualdad, la mujer saldría por la noche, menos que el hombre. Esto no le parece nada mal, pues “que una persona sea mucho más feliz tomándose una cerveza en un bar lleno e humo que velando el sueño de su hijo pequeño en un hogar tranquilo, aún está por demostrar” [67]. Y Christiane Collange, una de las más connotadas feministas francesas sorprende al decir: “Me dan pena las mujeres que no saben la tranquilidad que da quedarse una tarde en la casa, sin hacer nada y disfrutando a su hijo. No hay ninguna otra sociedad que nos brinde tanta alegría de vivir, como la familia” [68].
La feminista de Berlín Barbara Sichtermann opina que la mujer no debe continuar orientándose de acuerdo al varón, como ha sido hasta ahora la política de la emancipación, que ha puesto al varón como ideal. Sin embargo, iguales derechos para ambos sexos es algo tan indispensable como insuficiente. “La posición del varón en la sociedad sólo puede… ser, dentro de ciertos límites, un modelo para el sexo femenino; primero, porque el mundo de los hombres, tal como funciona -o como no funciona- deja mucho que desear; segundo, porque las mujeres emancipadas no son semi-varones, ni quieren serlo” [69].
Es interesante que Sichtermann ponga de relieve la disposición de las mujeres de estar-ahí-para-otros. Señala que se trata de “una virtud clásica femenina”, cuyo exceso debe evitarse; pero “cuya esencia debe ser guardada y propagada” [70].
Sichtermann exige que “el cuidar de otros”, sea apreciada en todo su valor, precisamente cuando no es remunerado. “Nuestra civilización ha creado un clima ético en el que todo el que hace algo gratis, es considerado un tonto. Aún así, sería errado suponer que el respeto por la víctima se ha extinguido completamente. Sólo que carece de un lenguaje… Todo esto es un problema cultural y psicológico social, que sólo puede ser resuelto donde ha comenzado: no mediante transformaciones del mercado laboral, ni del estado, sino en las relaciones interpersonales, que se sustraen, tanto a las reglas que rigen el mercado, como a las que rigen el estado” [71].
El trabajo doméstico es uno de los campos en que ese ser-para-otros, esa preocupación por las necesidades inmediatas, tiene mayor relevancia. Sichtermann no se refiere a su efecto “limitante”, “opresivo” o “enfermante”, sino que lo presenta como una alternativa frente a la vida profesional agotadora y programada. Se trata de un ámbito que se puede organizar como una quiera, señala -junto con los tradicionales defensores de la familia- aquí se puede ser, simplemente un ser humano [72]. Después de todo, todo ser humano anhela tener una “vida personal no económica”, una vida privada. Este deseo se puede reprimir temporalmente, pero nunca se extingue por completo. Por lo demás, las mujeres han adquirido suficiente experiencia fuera del hogar, como para poder admitir, con sinceridad, que la exclusiva vida profesional no aporta, por sí solo, la felicidad. “Las dueñas de casa hacen muy bien cuando se niegan a acudir a la fábrica; ciertamente lo pagan con su dependencia del marido, pero ésta es siempre mejor que la dependencia de un jefe” [73].
Puede ser -continúa Sichtermann en tono provocativo- que las mujeres dependan del sueldo de su marido. Pero, por otra parte, los hombres dependen de sus mujeres, en un sentido mucho más profundo, precisamente, porque todo ser humano necesita un hogar, cuya creación se le ha asignado, durante siglos, a la mujer [74]. La protección de ese hogar debe ser tomada en cuenta por la política feminista, tanto como “el deseo, igualmente fuerte en ambos sexos, de reconocimiento profesional” [75].
Hasta aquí el debate sobre la emancipación. Hoy en día, en amplios sectores de la sociedad, no solamente se habla de una “nueva maternidad”, sino también una vida familiar agradable, seguridad y apoyo moral. Sin embargo, esa familia que anhela el movimiento feminista, nada tiene que ver con la tradición y mucho menos con el Cristianismo. Comúnmente, es denominada “familia-patchwork” o “familia de remiendos, de parches”. la imagen de una colcha hecha de trozos de telas muy diversas, es el ejemplo perfecto de esta nueva comunidad de personas, en que se reúnen padres e hijos de familias anteriores. Cuando una familia ya “no funciona más”, se va cada uno por su lado, los padres se separan, se llevan a algunos hijos consigo e intentan con otra pareja, un nuevo patchwork. Los remiendos se pueden separar y coser nuevamente, en un modelo diferente, cuando y como se desee.
Nos referimos a un tema muy doloroso y que, por tanto, no se puede tratar superficialmente. Cada uno conoce muchos casos parecidos. Todos sabemos cuánta penuria -de la que se prefiere no hablar-, cuánto sufrimiento se oculta en una situación como la descrita. ¿Quién puede dejar al padre o a la madre de sus hijos, después de años de vida en común, sin experimentar una ruptura en su vida, sin sentirse fracasado, sin dudas, ni remordimientos? Es bien sabido que quienes más sufren son los hijos. Hay que pensar en qué conflicto permanente se encuentran, cuando tienen que elegir entre sus padres “biológicos” y los “escogidos”. Hace poco, me contó una conocida mía: “Mi hijo vive con su tercera mujer. Hasta ahora, todas sus relaciones sólo han durado unos cuantos años. De su primera señora, tiene sólo una hija pequeña. La segunda trajo dos niños al matrimonio, de los cuales, él se preocupó como un verdadero padre. A veces, tenía la sensación de que mi hijo los quería más que a su propia hija. Mis dos nietas políticas estaban muy tristes cuando mi hijo y mi nuera se separaron. El ya tiene una guagua de su actual polola y quieren casarse pronto. Esto significa que pronto tendré tres nueras y un solo hijo”.
No nos corresponde juzgar a nadie. Nadie tiene derecho a hacerlo y, como espectador, se puede ser muy duro y caer, fácilmente en la altanería. Únicamente, queremos conocer el motivo del cambio de valores, que se viene observando en las últimas décadas. ¿No es cierto que el feminismo radical ha jugado un papel decisivo en la destrucción de la familia burguesa y tradicional? Yo diría que sí. Este ha sido uno de sus objetivos declarados y lo ha logrado en amplios sectores de la sociedad. Por una parte, ha llevado la lucha de clases dentro a la relación entre el hombre y la mujer; por otra parte, ha creado un nuevo concepto de familia abierta y ha tildado al “antiguo” como ridículo. En una ley finesa, se define la familia como “el grupo de personas que utiliza el mismo refrigerador” [76]. El desprecio por todas las formas tradicionales de vida queda de manifiesto en un informe de Christiane Collange: “¿La familia unida, en armonía, sin divorcios, ni separaciones, de la se nos habla continuamente para que nos avergoncemos de nuestra vida sin ataduras? ¿Cuánta frustración y fracaso se esconde detrás de la respetable fachada? ¡Cuánta mentira y traición en nombre de la indisolubilidad del matrimonio! No añoro la época de los padres (hombres) ‘estrictos pero justos’, ni los de las santas mujeres de mirada triste. Prefiero los padres (hombres) de hoy, que no son ni tan gallinas, como se piensa, ni tan gallitos como antes. También me gustan nuestras supermadres, que siempre tienen prisa, pero se sienten bien en su piel. Prefiero los jeans de fines de siglo, que el cuello de encaje de sus comienzos” [77]. ¡Por cierto, yo también los prefiero!
Es evidente que no se trata de volver a la familia burguesa. Esto sería hacer muy poco y no respondería a las inquietudes de nuestros contemporáneos. ¡No se puede responder a los desafíos actuales con provincianismo! Hemos de demostrar que es mucho más atractivo que un hombre y una mujer se amen y sean un apoyo el uno para el otro, a que se combatan e intenten vencer al otro. Asimismo, hemos de mostrar que el matrimonio, como comunión indisoluble, es la mejor garantía para la felicidad de una familia. Pienso que el testimonio de los cristianos es especialmente importante en este punto, no porque ellos sean mejores que los demás, sino porque en su fe encuentran el apoyo y la ayuda necesarios para superar los obstáculos de nuestro tiempo.
A continuación, pretendo resumir esquemáticamente, qué respuestas puede ofrecer un feminismo de orientación cristiana, para las situaciones mencionadas.

4. El feminismo cristiano

Hay que hacer una observación previa: Todo cristiano -hombre o mujer- debe ser hoy más consciente de que no es posible vivir coherentemente dejándose llevar por todo lo que nos rodea, lo que se nos exige y lo que se nos ofrece. En esta tensión en que vivimos, entre valores, valores aparentes y contravalores, resulta fácil perder la orientación. Por ello, necesitamos guardar una distancia reflexiva, para descubrir una dimensión más profunda de la vida, y tener la valentía de contradecir el espíritu de nuestra época. A lo largo de la historia, los cristianos nunca se han rendido, ni siquiera cuando han ocupado posiciones aparentemente perdidas. A pesar de todas las afirmaciones contrarias, el mensaje cristiano sigue siendo hoy día atractivo y, desde esta perspectiva, la mujer puede hacer un enfoque muy actual de su situación, que le ayude a adoptar sus decisiones existenciales.
Pienso que, precisamente, cuando se tiene una motivación cristiana, se puede trabajar por una promoción de la mujer, llena de sentido, pues la “emancipación”, entendida como libertad, independencia y madurez interior se alcanza por la fe en Cristo. El nos libera de prejuicios y clichés, de tradiciones represivas, de costumbres y formas de vida que se han hecho muy estrechas. Pero, sobre todo, nos libera del pecado y de la culpa, que nos pueden llegar a corroer y que pueden destruir mucho más que los acontecimientos externos. A El le podemos confiar todas las cargas que nos hacen sufrir y nos apesadumbran interiormente, que nos desmoralizan y nos desaniman. Sabemos que somos aceptados y amados por El, pese a todas nuestras debilidades, errores y limitaciones. De El recibimos siempre la fuerza para recomenzar y la gracia para ser osados ante las dificultades.

4. 1. Aceptarse a uno mismo

Una persona que se sabe querida sin reservas por su Padre Dios, puede aceptarse a sí misma. Tal vez la falta de aceptación propia sea el problema principal del feminismo, también en su modalidad de la nueva maternidad. Porque si yo me acepto a mí misma, también debo aceptar mis limitaciones, debilidades y los errores que cometo. Además, tengo que aceptar que no toda la bienaventuranza del mundo proviene de mí. En lo que concierne a la ideología de la igualdad, esto es aún más claro. El querer-ser-como-el-hombre ha conducido a muchas mujeres a grandes tensiones y a la frustración, incluso hasta a enfermar psíquicamente, pues sólo puede tener una personalidad equilibrada, quien vive en paz con su propio cuerpo.
Normalmente, para los cristianos no resulta difícil responder afirmativamente a su corporeidad, puesto que, para ellos, no existe la casualidad o el destino ciego, sino la sabia -aunque no siempre comprensible- y bondadosa Providencia Divina. El manifestó Su voluntad cuando creó al hombre y a la mujer. Dios inventó la naturaleza humana de un modo maravilloso, en sus dos facetas y dio a cada sexo abundancia de talentos y cualidades. Quien acepta esto, puede estar tranquilo, pues comprende que una rebelión contra su propia naturaleza es, en realidad, una rebelión contra el Creador.
La propia liberación de la mujer no puede reducirse a una mera equiparación con el hombre. Tenemos que aspirar a algo mucho más valioso y beneficioso; pero también más arduo: la aceptación de la mujer en su propia manera de ser, en su ser mujer, único e irrepetible. La finalidad de la emancipación es sustraerse a la manipulación, no convertirse en un producto, sino ser un original. Poco ayuda entender la emancipación siguiendo los modelos que nos presenta la literatura feminista; pero, sin la disposición a enfrentarse consigo misma; o interpretando las propias debilidades como represión. Precisamente, la resistencia a tales tendencias garantiza la propia libertad. La verdadera promoción de la mujer no la libera de su propia identidad de su propio ser, sino que la conduce a él.
¿Qué significa ser “hombre” o ser “mujer”? ¿En qué se diferencian los dos sexos? En la historia de la humanidad, no se han planteado sobre este materia sólo ideas sensatas y constructivas. Actualmente, es frecuente burlarse de los hombres, atribuyéndoles características, que no son más que prejuicios superficiales. Otras veces -con bastante más frecuencia-, son las mujeres a quienes se les atribuye ciertos clichés y se humilla, en la teoría y en la práctica. La verdad es que cada sexo tiene rasgos que le caracterizan; cada uno es superior al otro, en un determinado ámbito. Naturalmente, el hombre y la mujer no se diferencian en el grado de sus cualidades intelectuales o morales; pero, sí, en un aspecto ontológico elemental, como es la posibilidad de ser padre o madre y en aquellas capacidades que de ello se derivan. Es sorprendente que un hecho tan simple como éste, haya causado tantos extravíos y confusiones.

4. 2. La maternidad como regalo

Como madre, la mujer es llamada a ser “lugar” donde se efectúa el acto de la Creación divina, pues cuando surge una nueva vida, los padres cooperan, de un modo increíble con Dios. El nuevo ser humano es confiado a la mujer antes que al hombre, para que ella -primero dentro de sí- lo acoja, lo proteja y alimente. Es verdad que el embarazo no está exento de esfuerzo y agotamiento; sin embargo, ¿no demuestra una predilección especial hacia la mujer que ella pueda experimentar el amor creador de Dios incluso en lo más íntimo de su misma corporeidad? Sólo desde una perspectiva muy superficial y en la cual se ha perdido el sentido de lo esencial, se puede sostener que la maternidad disminuye o perjudica a la mujer, que, como madre, la mujer es inferior o tiene desventajas. Desde un punto de vista cristiano, al contrario, se puede decir que, debido a su maternidad, a la mujer corresponde una “precedencia específica sobre el hombre” [78], como ha señalado el Papa Juan Pablo II.
No por eso, la mujer debe quedar “encerrada en la casa”, “condenada a un trabajo de esclavos”, aunque algunos grupos feministas lo dan por demostrado. Es cierto que a bastantes mujeres, el nacimiento de un hijo les supone una carga, en parte por la poca comprensión de los demás y, en parte, debido a estructuras sociales injustas. Sin embargo, estas últimas son consecuencias del pecado, no circunstancias que necesariamente acompañen la maternidad. No pueden ser motivo para negar la vida a un nuevo ser humano, sino que esas estructuras injustas deben desaparecer. Este es, en todas las sociedades, uno de los desafíos más urgente para los cristianos.
Cuando una mujer acepta ser madre, puede seguir a Cristo, de una manera que no es espectacular, pero sí muy íntima. Ella da testimonio de “la bondad y la amistad de Dios con los hombres” [79], forma un hogar, transmite valores culturales y religiosos. En esta labor, se dará cuenta de que a Cristo se le encuentra en la cruz, a la vez que reconocerá que, desde su lugar, está llamada a trabajar activamente en la expansión del Reino de Dios. De ninguna manera, es deseable que viva “encerrada” entre cuatro paredes. Dependiendo de las circunstancias familiares y de su situación personal, puede incluso ser su deber, colaborar en la sociedad también a través de su labor profesional y que su casa esté abierta a muchas otras personas. Evidentemente, la primera y principal ocupación y preocupación de los padres es el bienestar de la propia familia.
La maternidad no puede ser reducida a su aspecto físico. En un sentido espiritual, todas las mujeres están llamadas, de alguna manera, a ser madres. ¿Qué es sino salir del anonimato, escuchar abiertamente a los demás, compartir sus deseos y preocupaciones y, con frecuencia, hecerles receptivos a la gracia de Dios? Los pensadores cristianos se han referido muchas veces a esta maternidad espiritual, que tiene muy poco que ver con la idea protectora, sensiblera y blandengue, que tanto alaba un sector del feminismo radical. La maternidad espiritual difiere con mucho de aquella visión biológico-materialista. Al contrario, caracteriza una capacidad especial de amar que tiene la mujer, que consiste en descubrir y fomentar lo individual en la masa [80]. Como dice Juan Pablo II, a la mujer, “Dios ha confiado al hombre, de un modo especial a la mujer” [81]. La maternidad espiritual no sólo expresa cualidades del corazón, sino también del entendimiento y no sólo exige una constitución natural, sino también formación.. Se refiere a la mujer dotada de espíritu, y no a aquella caricatura que, en el fondo, sólo gira alrededor de las propias necesidades corporales.
A una sencilla, normalmente no le cuesta acercarse a los demás. Su sentido de lo concreto, de la realidad y su sensibilidad ante las necesidades espirituales de los demás, le pueden ser de gran utilidad. Tiene un gran talento para la solidaridad y la amistad, así como para transmitir la fe de un modo práctico y concreto, que ha recibido de su Creador. ¿Por qué ha de negar estas cualidades, en vez de ser agradecida y hacer así la vida más amable y agradable a los ojos de Dios? Edith Stein da qué pensar, al escribir: “Cuando alguien se da cuenta de que, en su lugar de trabajo -allí donde cada uno se encuentra en peligro de convertirse en una máquina-, se espera de él cooperación y disponibilidad, conservará algo vivo en su corazón, o despertará a algo que, de otra forma, se atrofiaría” [82].
Aquí se ve con claridad cuánto bien puede hacer un cristiano en medio del mundo. Contribuir a formar un ambiente, en el que las personas se sientan a gusto es una tarea que vale la pena. La mujer -precisamente por ser cristiana- tiene el papel decisivo de dar testimonio del amor de Dios, a cada persona en particular. A ella se le pide que transmita a los demás, la firme convicción de Dios toma en serio a cada uno y que su vida es muy valiosa.

4. 3. El matrimonio como vocación divina

Con la luz de la fe, no sólo se reconoce uno a sí mismo y también reconoce la posibilidad de la propia maternidad o de la propia paternidad, sino que también se ve el matrimonio desde una perspectiva más profunda, que es la que Dios ha querido desde un principio. Como una comunidad de vida y de amor entre un hombre y una mujer. En la Nueva Alianza es todavía más, es sacramento de gracia, vocación divina, en suma, un camino concreto para seguir a Jesucristo.
El hombre y la mujer se complementan entre sí y tienen mucho que darse recíprocamente. Espiritual e intelectualmente, un hombre nunca puede ser “complementado” por otro hombre en la medida en que lo es con la mujer y lo mismo ocurre en el caso de la mujer. Pero la “ayuda” mutua sólo se hará realidad fructífera si, tanto el hombre, como la mujer están unidos a Dios. En el momento en que Adán y Eva comían del fruto prohibido, pensaban estar muy unidos, pues estaban comiendo del mismo árbol. No obstante, en realidad se abrió un foso entre ellos, pues cometer un pecado en común es quizás el mayor abismo que puede existir entre los hombres. Si cuando los amantes pecan conjuntamente, se dieran cuenta que ello supone una auténtica ruptura en su amor, se asustarían de su propio pecado. El amor verdadero y la verdadera vida en común sólo puede existir cuando Dios está presente [83]. En las sociedades secularizadas, está casi programado que se den tensiones entre los sexos, que no conducen a ninguna parte.
La escritora alemana Ida Friederike Görres, señalaba, hace algunos años: “Hace ya tiempo que tengo claro que el matrimonio está pasando desde el Antiguo testamento al Nuevo Testamento. Esto significa que, está transformándose de ser sólo o especialmente una institución jurídica, social, económica y moral, al ámbito de las decisión espiritual. Quizás no sea sólo una señal negativa que hoy se rompan tantos matrimonios. Quizás, esto quiere decir que muchas personas no aceptan más el matrimonio en esa forma corrupta, y no están dispuestas y vivirlo de ese modo” [84].
Precisamente en estas nuevas circunstancias, las parejas cristianas están llamadas a ser un ejemplo del atractivo del amor y de la fidelidad conyugales. También en épocas de crisis e incomprensión, los cónyuges tienen que aceptar el desafío de mantenerse unidos. Todo matrimonio (incluido el matrimonio cristiano) pasa por momentos duros. Se experimenta monotonía, la trivialidad de lo cotidiano, el descontento y la insatisfacción profesional; se ve cómo los planes se estropean y que los hijos son muy distintos a como se los deseaba. Y, con los años, se tiene, no rara vez, la sensación de que se es deudor de muchas deudas impagas.
Cuanto más se pone en tela de juicio la imagen clásica de la mujer, más fácil resulta que surjan conflictos del tipo ¿quién tiene que lavar los platos? ¿quién debe limpiar? ¿quién va de compras?, en fin. Tan necesario es pensar quién hará el trabajo de la casa, como absurdo es estar siempre discutiendo por ello.
Creo que para cada hombre y para cada mujer, más que cada tarea particular, son más importantes su buena disposición hacia la familia, un amor sincero entre ellos y hacia sus hijos, que siempre se manifiesta de modo diverso e individual; pero siempre con la disponibilidad de querer llevar en común las preocupaciones del hogar. Es un callejón sin salida pensar que hombre y mujer, padres e hijos deban “emanciparse” unos de otros. Sería mucho mejor que juntos redescubrieran la belleza de estar ahí para los otros, libremente y por amor. Entonces, ya no se piensa que los propios derechos vayan a salir perjudicados, ni tampoco se exige de los demás lo que uno mismo no quiere dar.
Cuando un hombre y una mujer están dispuestos a sacrificarse por su matrimonio y por su familia, es cuando el amor madura. Esta madurez del amor puede conllevar situaciones muy diversas e incluso contradictorias. Para una mujer puede ser un sacrificio quedarse en la casa, por sus hijos, sin trabajar fuera; para otra, puede ser heroico conjugar el trabajo dentro y fuera de casa, por el bien de su familia. No hay recetas fijas que indiquen cómo ha de ser la vida diaria en cada familia concreta, así como tampoco es adecuado juzgar desde fuera cada situación concreta.
Las posibilidades de cada uno son muy distintas: lo que a una persona le resulta muy sencillo, a otra le supera. También las necesidades de los hijos son diferentes, uno sólo puede requerir más energías de los padres que varios juntos. Como dice la citada I. F. Görres, el matrimonio “ya no es más patria y puerto”, sino que llega a ser una verdadera aventura mística, cuando se lo vive en su profunda dimensión espiritual. Así, añade, es la traducción del gran mandamiento cristiano del amor, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas, a un tamaño apto para los seres humanos [85].
El matrimonio se vive como una comunión corporal, psíquica y espiritual del ser humano; y en todos los planos, significa, para los cónyuges, una unión entrañable [86]. Por ello, está abierto a nuevas vidas, pues el otro es aceptado en la totalidad de su persona, esto es, también en su fertilidad y en su posible paternidad o maternidad. Sin embargo, si la unión sexual se entendiera únicamente como la procreación de descendientes, se utilizaría y denigraría al cónyuge como un simple medio, se abusaría de él. Asimismo, frecuentemente, se olvida que, si se considera a la pareja tan sólo como objeto de placer, también se la convierte en un objeto. Si en el amor matrimonial se encuentran integrados, tanto el deseo de tener hijos, como la búsqueda de la unión sexual, se puede considerar que la relación entre los cónyuges ha sido lograda. Precisamente, con la aceptación de nuevas personas, que amplían la familia, la comunión de los cónyuges es confirmada y afirmada.

5. 4. La búsqueda de la santidad

Realizarse plenamente a sí mismo, someterse a lo que para toda persona es posible y realizable y, para un cristiano, todavía más: a lo que él, en su concreta situación de vida, descubre como voluntad divina.
En este punto, tocamos la dimensión más profunda del desarrollo personal. Cuando el hombre y la mujer sean capaces de superar la resistencia a la entrega, que se percibe en nuestra sociedad, en todos los planos; cuando estén dispuestos a abandonarse de nuevo al amor de Dios, entonces serán verdaderamente libres. Y esa libertad es fruto de estar desprendidos de sí, de estar redimidos.
La filósofa francesa Simone Weil percibió la tragedia del hombre moderno. Aunque nunca se declaró creyente, juzgó con criterios cristianos, al analizar las sociedades occidentales, y mencionó un remedio sorprendente, la unión personal con Dios: “Lo que hace falta en el mundo, lo que nuestro presente necesita, es una santidad nueva, una santidad que nunca existió. Esta es, al menos hoy, una súplica permitida, porque es una súplica necesaria. Creo que es… la primera súplica que debe ser expresada, hoy, cada día, a cada hora, como un niño hambriento que mendiga pan sin cansancio. El mundo necesita santos con genio, tal como una ciudad infectada por la peste necesita de médicos. Donde hay necesidad, también hay obligación” [87].
Las promesas y exigencias del cristianismo incumben a ambos sexos en igual medida. Sin embargo, podemos preguntarnos, ¿qué significa concretamente para la mujer de hoy, vivir según la fe? Que encuentre su apoyo para desempeñar bien las exigencias, muchas veces exageradas que suponen su dedicación a la familia y a la profesión, en una profunda vida de oración. Que vuelva a descubrir el sentido del sacrificio, del esfuerzo no reconocido, del trabajo callado y aparentemente sin brillo y que también se lo haga descubrir de nuevo al hombre. Y esto no como exigencia de una ideología de tiempos pasados, sino como un desafío de su vida cristiana viva, que sigue teniendo valor para ambos sexos, en las más variadas condiciones de la vida moderna.
En todas las exigencias, protestas y discusiones, los cristianos olvidan con facilidad que Cristo vence en la cruz y no luchando contra ella, y que no triunfó sino hasta después de morir y ser sepultado. Esto no significa que no haya que defender activamente la paz y la justicia; pero sí tener en cuenta que la vida, también cuando el dolor es inseparable, no deja estar llena de sentido. Si tenemos fe, tendremos siempre esperanza, pues “¿quién podrá vencer a aquél cuyo triunfo presupone el fracaso?” [88].
Permítanme unas últimas palabras: seguramente, las cuestiones sobre un modelo de mujer propio, no se resuelven con la determinación de conceptos abstractos. Basta una mirada cariñosa y deseosa de descubrir a la “mujer” de la Sagrada Escritura, a María. Cuando la vida nos demuestra lo bajo que, a veces, puede caer la mujer, María nos muestra hasta donde puede llegar, en Cristo y por el. La Madre de Cristo, con toda la predilección que supone, seguía siendo una persona que tenía que luchar y sufrir como nosotros. Ella ha sabido llevar con dignidad la pobreza, el dolor, el desprecio y el exilio.
Si aprendemos de María a vivir de la fe en toda su dimensión, nuestra sociedad podría cambiar mucho. Un sinnúmero de problemas se resolverían más fácilmente, otros se compartirían. Así como el pecado rasga el lazo que une los dos sexos, así la gracia posibilita que vuelva a existir armonía entre ellos. Su relación es tanto más bella, cuanto mayor sea su cercanía a Dios. Como cristianos, hombre y mujer, se pueden querer mutuamente como son y disfrutar juntos, y son capaces de convivir en igualdad, de un modo responsable para el futuro del mundo. Cuanto más cristiano sea este mundo, será también más humano, y más se respetará la dignidad y libertad de cada persona.

[1] Cfr. G. Völker y K. von Welck (editores), Die Braut II. Zur Rolle der Frau im Kulturvergleich, Colonia, 1985, pp. 536 – 545.
[2] Cfr. Völker y von Welck, ob. cit., pp. 224 – 231.
[3] Cfr. E. Ennen, Frauen im Mittelalter, 4a. edición, München, 1991.
[4] Cfr. K. Bieber, Simone de Beauvoir, Bonn, 1979, p. 80.
[5] Cfr. C. Wagner, Simone de Beauvoir Wegs zun Feminismus, Rheinfelden, 1984, pp. 1 y 89.
[6] S. de Beauvoir, Das andere Geschlecht. Sitte und Sexus der Frau, Hamburgo, 1951, p. 21.
[7] Beauvoir, ob. cit., p. 49.
[8] J. P: Sarte, Ist der Existentialismus ein Humanismus?, Zürich, 1974, p. 14.
[9] Sartre, ob. cit., p. 14.
[10] La confesión de ser atea en: cfr. Beauvoir, Die Zeremonie des Abschieds und Gespräche mit Jean Paul Sartre. August – September 1974, Reinbek, 1983, p. 565 y sgtes.
[11] Cfr. ver C. Zehl Romero, Simone de Beauvoir in Selbstzeugnissen und Bilddokumenten, Reinbek, 1978, pp. 120 – 127.
[12] Beauvoir, Das andere… cit., p. 49.
[13] Beauvoir, Das andere… cit., p. 21.
[14] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p. 73.
[15] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p. 75.
[16] Beauvoir, Das andere… cit., p. 684.
[17] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p. 455.
[18] Beauvoir, Das andere… cit., p. 71.
[19] Beauvoir, Das andere… cit., p. 719.
[20] Beauvoir, Das andere… cit., p. 165 y sgte.
[21] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p. 258.
[22] Beauvoir, Das andere… cit., p. 285.
[23] S. de Beauvoir, Alles in Allem, Reinbek, 1974, p. 455.
[24] Beauvoir, Das andere… cit., p. 722.
[25] Beauvoir, Das andere… cit., p. 724.
[26] Cfr. S. de Beauvoir, Über den Kampf für die Befreiung der Frau, Interview von Alice Schwarzer, Kursbuch 35, 1974, p. 62.
[27] Beauvoir, Das andere… cit., p. 461.
[28] Beauvoir, Das andere… cit., p. 721.
[29] Beauvoir, Das andere… cit., p. 751.
[30] Beauvoir, Das andere… cit., p. 718.
[31] Beauvoir, Das andere… cit., p. 751.
[32] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p. 502 y 717.
[33] Una resumida exposición de esta ética, también llamada “nueva moral”, se encuentra en K. Lüthi, Gottes neue Eva, Stuttgart – Berlín, 1978, pp. 67 – 126. Ver también la feminsta Elisabeth Badinter, Die Mutterliebe. Geschichte eines Gefühls vom 17. Jh. bis heute, München, 1981, p. 267: “De la contradicción entre los deseos de las mujeres y los valores dominantes sólo pueden surgir nuevos modos de actuar que posiblemente transformarán la sociedad mucho más profundamente que todo cambio económico que sea de esperar”.
[34] Cfr. p. ejm. Beauvoir, Das andere… cit., p. 209; cfr. pp. 500, 697 y 721.
[35] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p.689.
[36] Cfr. p. ejm. Beauvoir, Das andere… cit., p. 504.
[37] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p.70.
[38] Beauvoir, Das andere… cit., p.70.
[39] S. de Beauvoir, entrevista con Alice Schwarzer en: Der Spiegel 15, 1976, p. 195; cfr. también Beauvoir, Über den Kampf… cit., p. 463.
[40] Beauvoir, Über den Kampf… cit., p. 463.
[41] Beauvoir, Das andere… cit., p. 697.
[42] Cfr. Beauvoir, Das andere… cit., p. 409 y sgtes.
[43] Cfr. S. de Beauvoir, Ein sanfter Tod, Hamburgo, 1965, pp. 63 y sgte; Das Alter, Reinbek, 1972, p. 383; Alles… cit., p. 105.
[44] Años más tarde, Beauvoir insiste en que la liberación de la mujer empiece por la emancipación económica, cfr. Beauvoir, Über den Kampf… cit., pp. 65 y 66.
[45] Beauvoir, Das andere… cit., p. 679 y Über den Kampf.. cit., p. 462.
[46] B. Friedan, The feminin Mystique, 1963. Der Weiblichkeitswann, Hamburgo, 1966.
[47] Friedan, ob. cit., p. 33.
[48] Friedan, ob. cit., p. 52.
[49] K. Millet, Sexual Politics, 1969. Sexus und Herrschaft. Die Tyrannei des Mannes in unserer Gesellschaft, München, 1971.
[50] Cfr. S. Firestone, The Dialectic Sex, 1970; en alemán: Frauenbefreiung und sexuelle Revolution, Frankfurt a. M., 1976, p. 41; cfr. también Beauvoir, Über den Kampf… cit., p. 463.
[51] Firestone, ob. cit., p. 191.
[52] Firestone, ob. cit., p. 191.
[53] Ver A. Schwarzer, Frauen gegen den § 218, 2, Frankfurt a. M., 1971.
[54] A. Schwarzer, Der kleine Unterschied und seine großen Folgen, Frankfurt a. M., 1975.
[55] Cfr. A. Schwarzer (editora), Simone de Beauvoir heute, Reinbek, 1983, pp. 9, 14 y 96.
[56] Cfr. Schwarzer, Der kleine Unterschied… cit., pp. 206 y sgte.
[57] Cfr. Schwarzer, Der kleine Unterschied… cit., pp. 208 y sgte.
[58] Cfr. Schwarzer, Der kleine Unterschied… cit., pp. 200.
[59] Cfr. revista Emma, septiembre de 1978.
[60] Cfr. Schwarzer (editora), Frauenarbeit-Frauenbefreiung, Frankfurt a. M., 1973, p. 27.
[61] Cfr. M. Daly, Gyn/Ecology; en alemán, Gyn/Ökologie, München, 1982.
[62] Cfr. R. Garaudy, Der letzte Ausweg. Feminisierung der Gesellschaft.
[63] El hecho de que la actitud frente a la maternidad divide al movimiento feminista, se muestra en una conversación entre Simone de Beauvoir y Betty Friedan. Esta última senala: “Now, I think we do disagree. I think that maternity is more than a myth, although there has been a kind of false sancity attached to it”. Cfr. Sex, Society and the Female Dilemma. A Dialog between Simone de Beauvoir an Betty Friedan, en: Saturday Review (14 de junio de 1975), p. 20.
[64] B. Sichtermann, Weiblichkeit. Zur Politik des Privaten, Berlín, 1983, p. 27. Cfr. también p. 32.
[65] Cfr. L. Caldecott und S. Leland (editores), Reclaim the Earth, Londres, 1983, p. 1.
[66] Cfr. p. ejm. L. Segal, Ist die Zukunft weiblich?, Frankfurt a. M., 1989.
[67] E. Vilar, Das Ende der Dressur, München, 1977, p. 194.
[68] C. Collange, citada en E. Motschmann, Offen gefragt, offen geantwortet, Berlín, 1988, p. 70.
[69] B. Sichtermann, FrauenArbeit, Über wechselnde Tätigkeiten und die Ökonomie der Emanzipation, Berlín, 1987, p. 50.
[70] B. Sichtermann, ob. cit., p. 9.
[71] B. Sichtermann, ob. cit., p. 57 y siguiente.
[72] Cfr. B. Sichtermann, ob. cit., p. 22.
[73] B. Sichtermann, ob. cit., p. 13.
[74] B. Sichtermann, ob. cit., p. 57.
[75] B. Sichtermann, ob. cit., p. 54.
[76] Cfr. F. Geinoz, Wenn die Bevölkerungsfrage Familienwerte erstickt, en Familie und Erziehung 16 (1994), n° 3, p. 4.
[77] C. Collange, Die Wunschfamilie, Düsseldorf-Viena, 1993, p. 226.
[78] Juan Pablo II, Carta apostólica Mulieris dignitatem, 1985, N° 19.
[79] Tito 3,4.
[80] Cfr. sobre este punto J. Angst y C. Ernst, Geschlechtsunterschiede in der Psychiatrie, en: Weibliche Identität im Wandel. Vorträge im Wintersemester 1989/90, Heidelberg, 1990, pp. 69 – 84.
[81] Juan Pablo II, ob. cit., N° 30.
[82] Edith Stein, Die Frau, Ihre Aufgabe nach Natur und Gnade, Friburgo, 1959, p. 8.
[83] Cfr. A. Jourdain von Hildebrandt, Feminismus und Feminität, (manuscrito de una conferencia, sin publicar, sin fecha).
[84] I. F. Görres, Zwischen den Zeiten, Friburgo, 1960, p. 15.
[85] Cfr. I. F. Görres, ob. cit., pp. 413 y sgte.
[86] Cfr. N. y R: Martin, Johannes Paul II: Die Familie. Zukunft der Menschheit, Vallendar, 1985, p. 324.
[87] S. Weil, citada por G. Siegmund, Die Stellung der Frau in der Welt von heute, Stein am Rhein, 1981, p. 95.
[88] G. v. Le Fort, Der Kranz der Engel, 6a. edición, München, 1953, p. 302.


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