Los logros del franquismo… y …”no había libertad”…

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Pío Moa:
El franquismo y la libertad
Opinión / 21 noviembre, 2017
Pío Moa
Dice Muñoz Molina que tiene que explicar a los extranjeros la historia de España. ¡Sin tener idea de ella él mismo!pic.twitter.com/rUPtw9Fdlf

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Los logros del franquismo, expuestos muy en síntesis en la entrada anterior, son indiscutibles, pero según sus críticos no valen nada, porque, en definitiva, en el franquismo “no había libertad”, “era una dictadura”.

El tema requiere una aclaración. Pocos problemas más profundos que el de la libertad. “Aduéñate de la palabra libertad y podrás esclavizar a todo el mundo”. Quizá por eso las ideologías compiten entre sí por adueñarse de la palabra, la invocan sin cesar, generalmente unida a la de democracia. Así, la ETA, el PP, los separatistas, el PSOE, Podemos, C´s, los nazis, los comunistas… todos son partidarios de la libertad y la democracia, aunque es obvio que cada cual entiende a su manera tan nobles palabras. Así que habrá que plantear el asunto en términos más racionales. En Europa, una introducción a su historia he expuesto cómo las ideologías, invocando la libertad y la razón, tienden inevitablemente a anular ambas.

Vamos a la cuestión del franquismo. Quienes con más furia han atacado a aquel régimen por no permitir “la libertad” han sido, lógicamente los comunistas, y no vamos a discutir aquí lo que ellos entienden por tal cosa. El argumento lo han adoptado también muchos liberales, los separatistas, los centristas, muchos católicos políticos; y todos ellos, con más o menos ímpetu se declaran antifranquistas por esa razón. Es casi lo único que los une, junto con una hispanofobia difusa o abierta, como casi lo único que unía al Frente Popular era el odio a la Iglesia y el desprecio a España.

Pero interesa aquí especialmente el argumento en boca de muchos liberales. Que estos coincidan con los comunistas tiene una base histórica: la Alemania nazi fue vencida por los demócratas anglosajones y los totalitarios soviéticos en alianza, recayendo lo esencial del esfuerzo y el mérito en los soviéticos, y eso ha establecido una especie de afinidad ideológica, más por parte de los liberales que de los comunistas, pue el número de liberales que han mostrado simpatías o “comprensión”, por el comunismo es bastante mayor que el inverso. Los comunistas han sido mucho más radicales en su ataque al liberalismo.

Por lo dicho, cuando se afirma que en el franquismo no había libertad tendríamos que empezar por plantearnos desde qué punto de vista. Por simplificar: ¿desde el punto de vista liberal (y en tal caso debemos preguntarnos por qué no hubo oposición liberal al franquismo, salvo desde el exterior, y con rasgos criminales)? ¿O desde el comunista ( y en tal caso deberíamos aclarar el tipo de libertad que había en regímenes comunistas)?

Lo primero será distinguir entre libertad personal y libertad política. Cuando Solzhenitsin vino a España constató la gran libertad personal de la gente: podían viajar dentro y fuera del país, leer los periódicos extranjeros y libros de todo tipo traducidos, podían hacer huelga sin graves consecuencias, etc. Cabría añadir otras cosas: menos delincuencia y menos gente en la cárcel que en los demás países eurooccidentales, más seguridad en las calles, en particular para las mujeres, facilidad para cambiar de trabajo con una economía de práctico pleno empleo, o de buscarlo fuera, o para comprar o vender propiedades, o para crear empresas… Y así con otros muchos índices de libertad. Esto es lo que suele llamarse libertad personal, y en ella la España franquista no tenía nada que envidiar a la Europa más rica, más bien al contrario en varios aspectos. Y era así desde el mismo final de la guerra. Julián Marías, nada profranquista, lo ha explicado bien. Y el ex stalinista polaco Kolakowski constataba que un régimen totalitario no podía vivir con las fronteras abiertas, y el franquismo siempre las había mantenido así. La única excepción fue cuando Francia, que no España, cerró la de los Pirineos por un tiempo.

Claro que estos críticos, comunistas, liberales o seudoliberales y otros, no se refieren a esa libertad personal, sino a las libertades políticas, concretadas en los partidos. Y es verdad que no estaban permitidos los partidos al estilo de las democracias “burguesas” o “socialistas”, cosa explicable por la experiencia de la república y la guerra. Pero quienes habían vencido al Frente Popular no eran un pequeño grupo de oligarcas, sino un conjunto de fuerzas políticas que durante la república habían llegado a representar a la mayoría (no contamos las elecciones del Frente Popular, por su carácter fraudulento). Es decir, el franquismo sí permitía libertad política… para los suyos, en rigor cuatro partidos principales y bastante distintos entre sí. El principal, el de los católicos políticos ligados al Episcopado; después, con más o menos fuerza según las circunstancias, los carlistas, la Falange y los monárquicos. Cada uno de estos partidos, que se llamaron “familias”, tenía sus órganos de prensa, sus organizaciones particulares con asociaciones juveniles, femeninas o sindicales. Y en cada una de esas familias existió siempre un sector antifranquista.

Por tanto, podríamos decir que el franquismo era un régimen de libertad política para sus partidos componentes, los cuales, desde luego representaban a la mayor parte de la población. Y de falta de libertad política para los partidos vencidos en la guerra, y que casualmente habían llevado al país a la máxima confrontación, impidiendo la convivencia en paz y en libertad.

Ahora bien, ¿hasta qué punto carecían de libertad los partidos derrotados? En los años 40 fueron sin duda drásticamente reprimidos. Era una época de enormes riesgos para España (guerra mundial, aislamiento, maquis, hambre provocada…) y no podía ser de otra forma. Pero obsérvese que al terminar la guerra mundial existieron las mejores condiciones para que los vencedores de Alemania nos impusiesen la “libertad” a base de bombardeos y tanques, lo que debiera haber motivado una rebelión de los “oprimidos” españoles contra el régimen. Pero nada de esto ocurrió, y el maquis quedó aislado y fue vencido.

Y pasados aquellos peligrosos años, los vencidos volvieron a disfrutar de cierta libertad de expresión, creciente, y de influencia más o menos consentida en medios universitarios, obreros y otros. En los años 60 y 70 aumentaron mucho la expresión y organización de esas fuerzas, generalmente girando en torno a organizaciones abiertas o semiclandestinas comunistas y eclesiásticas, aunque nunca llegaron a poner al régimen en aprietos. Así, el editor del Grupo 16, Juan Tomás de Salas, podía jactarse de su liberalismo y al mismo tiempo decir que la prensa de ese género “que era la de más credibilidad y lectores”, tenía a la ETA “por uno de los nuestros” (y lo era).O tener la revista comunistoide Triunfo una fuerte difusión en ámbitos universitarios. O prensa eclesial-progresista como Cuadernos para el Diálogo podía criticar a la URSS por haber dejado salir del GULAG a Solzhenitsin, en medio de una amplia campaña de denigración en la prensa contra dicho premio Nobel. Por poner algunos ejemplos bastante significativos.

La base de la crítica al régimen por su falta de libertad era que entonces “no se podía votar”. Es cierto –salvo en referendos por lo demás muy indicativos–, y diversos observadores extranjeros se asombraban de que el pueblo, en general, se tomase con tanta calma o indiferencia esa “grave mutilación” de sus libertades. Pero la cosa tiene su explicación. Por una parte, la gente recordaba todavía la república, con posibilidad de votar a partidos que eran poco mejores que mafias, al paso que veía cómo la oposición al régimen era básicamente comunista o comunistoide, mientras su libertad personal permanecía y sus condiciones materiales de vida mejoraban cada año. Votar a este o el otro partido, de los que desconfiaban por la experiencia republicana, no parecía demasiado importante a casi nadie.

Y algo más: los logros mencionados en la entrada anterior, en particular la resistencia del régimen a las presiones, amenazas y chantajes de fuerzas exteriores tan tremendas, solo pudieron ser posibles por el apoyo, abierto o implícito, de una gran mayoría del pueblo, como pudo comprobar el maquis. Un apoyo que, por lo arriba señalado, no fue forzado por el terror, sino por la experiencia histórica que volvía indeseable para la gran mayoría la vuelta a algo parecido a la república. Sobre todo esto hay todavía más que decir.
FUENTE:
https://gaceta.es/opinion/franquismo-la-libertad-20171121-2137/

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