Schopenhauer y las mujeres—

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Bajo el título de “Los dolores del mundo”, en el año 2009 “Diario Publico” editó unas reflexiones del filósofo alemán Schopenhauer sobre “el amor”, “el querer”, “la mujer” y “el matrimonio”.

p. 75… El amor y el odio falsean por completo nuestro juicio. En nuestros enemigos no vemos más que faltas, y en las personas que nos son simpáticas, multitud de cualidades. Hasta sus defectos nos son agradables.

p. 82… Las mujeres fueron hechas sólo para el fin de la propagación de la especie (humana), y viven más para la especie que para el individuo.

p. 84… El amor es la estratagema de la que se vale la naturaleza para conseguir su fin, la creación de un nuevo ser determinado. (…). El único fin verdadero, el fin real de toda unión amorosa, es engendrar un hijo (…).

“Lo que también prueba que el amor es un instinto dirigido hacia la reproducción de la especie (humana) es que, por su misma naturaleza, el hombre es un ser inconstante, mientras que la mujer es más fiel. El hombre es polígamo. El número de pueblos polígamos es cuatro veces superior al de los monógamos, El instinto de la naturaleza dirigido a la conservación de la especie (humana) impulsa al hombre a buscar muchas mujeres. Con comodidad el hombre puede engendrar cincuenta o cien hijos, si tiene a su disposición la cantidad necesaria de mujeres. La afición por las mujeres es en el hombre un instinto disfrazado: el inconsciente deseo de mantener la especie (humana).”

p. 85…¿Qué tipo de mujeres deseamos poseer? Las que están en plena juventud, en plena fuerza, en plena salud.    (…).

“El seno redondo, un cuerpo bien lleno, causan en el hombre una verdadera fascinación, porque se hallan en razón directa con las partes genitales de la mujer. Esos pechos poderosos son como depósitos que esperan la boca del recién nacido. (…). También nos atraen unos hermosos ojos, una frente amplia, una barbilla prominente.”

p. 86… Por su parte las mujeres prefieren a los hombres hechos, de 30 a 35 años, (…). No es el gusto, sin embargo, lo que dirige la voluntad de la mujer, sino el instinto que reconoce en esa edad el apogeo a la fuerza generadora y viril.”,

p. 91….  (…) Ahora bien, las personas más honradas y las más rectas dejan todos sus escrúpulos de lado y cometen adulterio, despreciándolo todo, cuando el amor apasionado, es decir, el interés de la especie (humana), se apodera de ellos. Si se formulan protestas contra esta teoría bastará recordar la sorprendente indulgencia con que el Salvador, en el Evangelio, trata a la mujer adúltera, como si presumiera la misma falta en todos los que le estaban escuchando.”

p. 99…  En Oriente, en los pueblos polígamos, toda mujer se halla segura de encontrar alguien que se encargue de ella, mientras que en los pueblos monógamos las mujeres casadas constituyen un número escasísimo: queda una multitud de solteronas (…).  Para las mujeres consideradas en su conjunto, la poligamia no podría ser considerada más que como un beneficio.”.

p. 100… “Inútil es discutir sobre la poligamia, puesto que de hecho existe en todas partes: se trata tan sólo de organizarla. ¿Donde hay verdaderos monógamos?  La mayor parte de nosotros hemos vivido en la poligamia. Y dado que el hombre necesita muchas mujeres, ¿no es justo que sea libre, y que se cargue con cuantas necesita?”

p. 101… “Mantener una querida es una acción mucho más moral que un matrimonio monogámico. Los hijos de semejantes uniones pueden hacer valer sus derechos en los casos en los que la descendencia legítima se llegara a extinguir. El matrimonio no es sino una concesión hecha a las mujeres… y a los sacerdotes, dos clases de las que debemos confiar”.

p. 106…  Por año el hombre podría engendrar más de cien hijos, si tuviera el número suficiente de

mujeres a su disposición. Por el contrario, aunque tuviera todos los maridos que quisiera, una mujer  no podría dar más que un hijo al año, salvo en el caso de que alumbrase gemelos. Es por esto que el hombre va en busca de otras mujeres, mientras que la mujer permanece fiel a un solo hombre. Instintivamente la naturaleza la impulsa a conservar a quien debe alimentar y proteger a sus hijos.¿Qué se desprende de aquí? Que la fidelidad en el matrimonio en el hombre es artificial, mientras que para la mujer es natural. Por consiguiente el adulterio en la mujer, a causa de sus consecuencias y porque es contra natura, es mucho más imperdonable que en el hombre.

p. 107… El amor del hombre disminuye de un modo apreciable a partir del instante en que ha obtenido satisfacción: parece que cualquier otra mujer tuviese más atractivos que la que él posee; aspira, entonces, al cambio. Por el contrario, el amor de la mujer aumenta a partir de ese momento.

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