…la España del 18 de Julio también perdió la guerra…!

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En un excelente blog,  VITA MILITIA EST, su autor, Janus Montsalvat, publica, con el titular de “Crónicas alrededor del franquismo”  el artículo que URANIA/tresmontes7 tiene a bien reproducir íntegramente (con el presunto permiso de Janus Montsalvat):

El franquismo como sistema político o, mejor dicho, el Estado del 18 de Julio cimentado con la sangre de tantos miles y miles de mártires y de héroes, llegó realmente a su fin en el hemistiquio de 1956-59 cuando Franco se desembarazó definitivamente de los últimos restos de la Falange histórica, enterró las propuestas falangistas de Arrese y entregó el poder a los tecnócratas de Opus Dei, hombres ya claramente vinculados al plutocratismo judeo-capitalista y desligados completamente del idealismo inicial del Régimen, idealismo que aún compartían grandes sectores del mismo (Frente de Juventudes, Guardia de Franco, ex-Divisionarios, SEU, Alféreces Provisionales, etc.) y que precisamente en los 50 aún seguían luchando por una autentificación de las estructuras del mismo. No deja de ser curioso que en la senda iniciada en febrero de 1957 -la crisis más traumática y decisiva del Régimen franquista-, el proceso de des-falangización del Estado fue paralelo al proceso de des-militarización y de burocratización y des-politización del mismo. El Estado del 18 de Julio, desde sus mismos orígenes (18-VII-1936) hasta la dramática crisis político-ideológica e institucional de finales de los 50, se caracterizó por ser un Estado fuertemente autoritario, militarista, viril, con una doctrina legitimadora del Sistema y con una componente falangista muy fuerte e importante, no decimos que fuera un Estado completa y verdaderamente falangista, porque mentiríamos, pero sí que al menos la Falange, o, si se prefiere, la Falange franquista (que no era lo mismo, ni mucho menos, que la Falange mítica de José Antonio), fue algo así como el “primus inter pares” de la coalición del 18 de Julio: su predominio político e ideológico hasta el 57 fue innegable. A partir de entonces, la única “doctrina” legitimadora de la nueva senda liberal-capitalista iniciada en 1957-59, serían el “desarrollo y el consumismo”… el nacional-sindicalismo y el nacional-catolicismo (nunca nos ha hecho mucha gracia dicho calificativo, primero por ser un término peyorativo lanzado por los enemigos y segundo por su gran carga clericalizante), serían definitivamente enterrados por considerarse “anacrónicos” en la Europa decadente plutocrática y demo-marxista nacida de la catástrofe de 1945.

Franco, como muy bien dijo Víctor D’Ors, fue un derrotado más de los vencedores de 1945, siempre fue considerado como un “apestado”, otra cosa es que por una serie de condicionamientos históricos -la “Guerra Fría”- acabara siendo “aceptado” por los vencedores, aunque no sin cierta resignación, y eso Franco lo sabía. Su Régimen siempre estuvo en cuarentena y los 30 años que mediaron entre la derrota de Europa de 1945 y su muerte en 1975, vinieron a ser algo así como una “prórroga” de esa derrota. Franco, aún en contra de sus ideas y de su cosmovisión, fue obligado a “evolucionar”… Los acuerdos de 1953 con EEUU y con el Vaticano en su día fueron señalados como una victoria indiscutible de Franco sobre el brutal cerco diplomático y comercial que le impusieron las democracias desde 1943-45, pero a la larga constituyeron su derrota definitiva en el plano ideológico y doctrinal. Con esos acuerdos, el final del Estado del 18 de Julio y de la Falange estaban sellados, ya que representaban la derrota ideológica definitiva del Sistema… tan sólo cuatro años después finalizaba la Era Azul del Régimen, comenzando lo que el falangista de la vieja guardia José Luis de Arrese calificó como “proceso de transición hacia el nacionalcapitalismo piadoso (encarnado por los nuevos tecnócratas del Opus Dei) y hacia la monarquía burguesa y liberal”; el tiempo le ha dado la razón. El Ejército, con una oficialidad en gran parte joven y forjada en los campos de batalla de la Cruzada, la Falange y el Requeté, ganaron la Guerra pero perdieron la Paz, ya que a partir del 57 la “Victoria” (a la larga una “victoria sin alas”, parafraseando a José Antonio) fue administrada por burócratas y tecnócratas fríos y sin alma, banqueros y negociantes de la peor calaña.

Ya decía Carl Schmitt que no hay mentalidades y actuaciones más antagónicas y antitéticas que las de un político y un negociante… qué duda cabe de que los tecnócratas, aquellos que tanto hablaban de “desarrollo”, “progreso”, “consumo”, “renta per cápita”, “eficacia” y demás tecnicismos materialistas y anti-espirituales, entraban dentro de la segunda categoría señalada por el gran jurista alemán.      Lo verdaderamente admirable de Franco es que supo mantenerse firme ante la adversidad y salió triunfante ante la multitud de frentes que se le abrieron a partir de 1943. Apelando al espíritu de Sagunto y de Numancia aguantó con una firmeza sobre-humana el temporal que amenazaba con arrasarlo todo, dispuesto en todo momento a no claudicar, a morir con las botas puestas: “De aquí sólo saldré con los pies por delante”, dijo a uno de sus más allegados en 1945 cuando muchos, entre ellos el mismísimo Serrano Súñer e incluso algunos falangistas que empezaron a cambiarse de chaqueta ante el temor de lo que se avecinaba, le aconsejaron que dejara el poder y restaurara la monarquía en la persona odiosa y repugnante del traidor de Don Juan, ser rastrero y nefasto capaz de pactar con el mismísimo diablo con tal de subir al poder (estuvo en connivencia con los servicios secretos yanquis en 1945 para propulsar y organizar un levantamiento popular contra el Régimen, del que el famoso “Manifiesto de Lausana” de Marzo del 45 era su primer episodio o, si se quiere, su preámbulo…). “Yo no hago la tontería de Primo de Rivera, de aquí al cementerio”, fueron otras palabras dichas a sus allegados por parte de Franco, verdaderamente admirables por su estoicismo y su valentía y heroísmo espartanos… Pero claro, tuvo su precio y a cambio se vio obligado a reestructurar su Régimen de forma por él no prevista ni deseaba; de todas formas siguió dando una orientación falangista -aunque fuera disminuyendo con el paso de los años debido a la presión ideológica de los vencedores del 45- hasta finales de los 50 e incluso pensó y deseó en una institucionalización del Régimen en sentido plenamente falangista como demuestra su apoyo a la reforma política de Arrese y su equipo de la Secretaría General de la Falange de 1956-57. La condena del Vaticano y la oposición cerrada y obtusa de los Obispos españoles imposibilitaron que dichos proyectos triunfaran definitivamente, además resultaban “anacrónicos” en plena fase de reconocimiento internacional del Régimen y del restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas con el democratismo internacional.

Franco salió triunfante de las conspiraciones monárquicas de 1943-47, constantes y corrosivas, de la “carta de los generales” de 1943 invitándole a abandonar el poder, de la carta de los 27 influyentes procuradores y consejeros invitándole a ídem de lo mismo y a restaurar la fracasada monarquía liberal, de las Conferencias que los vencedores organizaron en Yalta y Postdam -los “buenos”, en la terminología democrática al uso, es decir, los carniceros de Dresden, Hamburgo, Colonia, Hiroshima, Nagasaki, los asesinos de millones de seres humanos en definitiva… ¡¡¡CON STALIN A LA CABEZA!!!, verdaderamente demencial-, donde se programó el futuro reparto del botín europeo y se acordó, si no arrasar al Régimen de Franco como propuso Stalin, sí derrocarlo por la vía del asfixiamiento económico, aislamiento absoluto en lo comercial y diplomático, sin descartar la vía armada (ahí tenemos a los maquis, apoyados por las democracias). Salió triunfante de toda esa multitud de frentes abiertos, pero salió derrotado totalmente desde punto de vista doctrinal. El ya fallecido periodista Emilio Romero -de pasado azul, como tantos otros-, señaló en su día que si Franco hubiera sido un “político” al uso, en el sentido moderno y demoliberal del término, sin duda hubiera abandonado el poder acobardado y anonadado ante la gigantesca coalición mundial que se le echó encima tras la caída de los fascismos, pero supo capear el temporal y mantener el barco a flote ante el diluvio democrático y marxista que amenazaba con hundir nuevamente a España. Esa es su gloria y su grandeza, pero también perdió la II Guerra Mundial -como señala Álvaro D’Ors en su gran libro “La Violencia y el Orden”- aún sin haber participado directamente en ella, ya que los vencedores de 1945 fueron los tradicionales enemigos de España: Inglaterra -la pérfida Albión-, Francia -centro subversivo originario de los principios disolventes y decadentes liberales-, EEUU -los liquidadores definitivos de los últimos restos del Imperio Español- y la Rusia soviética -culpable de los mayores desastres que España ha sufrido en el siglo XX-. Franco, genial militar y uno de los grandes estadistas de la Europa contemporánea, no era un idealista sino un pragmático, si hubiera sido un idealista como lo fueron los líderes nacional-revolucionarios europeos, hubiera tenido un final similar al que tuvieron todos ellos y fue ese pragmatismo el que le permitió sobrevivir en un mundo tan disoluto y cambiante, aun a costa de sacrificar todo idealismo. Sus principales errores políticos, a la larga, fueron un desastre para el futuro de España que él consideraba “atado y bien atado”: la entrega del poder a la Tecnocracia y la restauración de la fracasada y decadente monarquía borbónica, aunque quizá era un “signo de los tiempos” el que la antaño viril, caballeresca y católica España acabara convirtiéndose en el basurero y estercolero de la Europa democrática y del Nuevo Orden Mundial plutocrático y,  frente a esto, reconozcamos que Franco poco o nada podía hacer. De todas formas, pese a los fuertes y graves condicionamientos de todo tipo (cosmológico, ciclológico, político, etc.) creemos en la eterna libertad del hombre verdaderamente diferenciado del resto de la masa -del inmundo y grosero vil populacho- y en el poder divino que atesora de poder subvertir el orden establecido, siempre y cuando este orden sea perverso y contra-natura y, además y sobre todo siempre y cuando esté influenciado -el hombre diferenciado del que hablábamos- por ideales verdaderamente supraterrenales, trascendentes y espirituales; algo que hoy brilla por su ausencia en esta Europa crepuscular y en ruinas. “Mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”, ésa debería ser la consigna que deberíamos seguir todos los que nos consideramos exiliados de este nefasto y satánico mundo artificial de seres robotizados y sin alma, de gigantescas e infernales estructuras de hormigón y de acero, perfecta reproducción en la Tierra del Infierno y del mundo demoníaco.

Una gran filósofa hindú dividía a los hombres en tres categorías: aquellos que están “Sobre el Tiempo”, los que están “Contra el Tiempo” y, finalmente, los que están “Con el Tiempo”, es decir, estos últimos son los que creen y están a merced de la corriente disolutoria y decadente del devenir, los que están a merced del mundo cambiante y en continua revuelta, muy típico de la modernidad anti-tradicional. Los primeros, los que están “Sobre el Tiempo”, es la categoría a la que pertenecen los místicos y grandes reformadores religiosos para los que el Tiempo  simplemente es una cárcel o una prisión de la que hay que huir mediante el desapego y la renuncia a todo lo material.  En cuanto a los segundos, aquéllos que están “Contra el Tiempo”, son los que hacen o quieren hacer frente de forma admirable y heroica a la corriente disolvente y degradada de la modernidad inspirándose en valores tradicionales y arcaicos con la esperanza revolucionaria de alterar un orden de cosas injusto y aberrante desde el punto de vista espiritual y metapolítico, remontando con su accionar el proceso de caída por la pendiente… Franco, al igual que todos los grandes líderes nacional-revolucionarios siglo XX, pertenece a la segunda categoría.

Tiempos duros y difíciles nos esperan. Es posible que estemos viviendo ya esos tiempos finales de los que habla el Evangelio, tiempos catastróficos que conllevarán no un “final del mundo”, del que tanto pseudo-profeta habla haciendo el juego a la subversión mundial al servicio del Anti-Cristo -deseosa como está por acelerar el proceso de caos y de caída- sino el FINAL DE UN MUNDO, es decir, el de la actual pseudo-civilización materialista y antitradicional, totalmente anti-espiritual e infra-humana.

Tenemos la promesa de la venida más o menos próxima de un nuevo Héroe Vengador, la Parusía para los cristianos, Kalki para los hindúes, etc. Puede que ello sea un símbolo, pero la Historia demuestra que los Nuevos Órdenes, los nuevos ciclos áureos de civilización han surgido después de etapas catastróficas, cataclísmicas, traumáticas y después de indecibles padecimientos y horrores. No queremos decir que estemos cruzados de brazos esperando que todo nos venga como un regalito del cielo, sino que queremos decir con ello que todos los procesos de destrucción que estamos viviendo y los venideros, vienen a ser algo así como los dolores de parto de un mundo nuevo que pugna por nacer, lo importante es que ese “Nuevo Orden” en el que creemos y por el que lucharon y murieron tantos y tantos camaradas mucho mejores que nosotros, y por el que seguiremos luchando, ese “Nuevo Orden”, repetimos, viva ya dentro de nosotros, nos guíe y de sentido a nuestras vidas en medio de este mundo crepuscular, porque, tengamos seguridad en ello, aunque nosotros no lleguemos a verlo, ni siquiera nuestros hijos, ese día llegará en un futuro: “Y vi un nuevo Cielo y una nueva Tierra, porque el primer Cielo y la primera Tierra han desaparecido, y el mar ya no existe (símbolo, el del mar, de disolución y de inestabilidad..)”, es la promesa de San Juan en el Apocalipsis, último Libro Sagrado del Nuevo Testamento. “De la putrefacción y descomposición alquímicas, surge el Oro Filosofal”, como decían los filósofos herméticos del Medievo. Tenemos que estar preparados y en alerta ante lo que se avecina, por de pronto Europa está sufriendo una invasión en toda regla por parte de seres primitivos y supersticiosos portadores de una cosmovisión anti-europea y anti-cristiana y frente a ello, la Iglesia post-conciliar predica el abandono moral y la renuncia, dice que los abracemos y los acojamos como “hermanos”… a los mismos que quieren darnos el tiro de gracia como cultura. Eso es cobardía, traición y renegar de nuestros gloriosos y sagrados Ancestros. Europa históricamente -y no digamos España- se ha afirmado luchando contra el Islam, no podemos ahora pretender acogerlos en nuestro seno de forma masiva como si hermanitos de la caridad fueran. Lo repetimos, la actitud de la Iglesia post-conciliar, favorable al multiculturalismo y a la globalización, la convierte en una institución subversiva más al servicio del Nuevo Orden Mundial que amenaza con triturarlo todo, pueblos, culturas, tradiciones, razas, religiones, etc., todo ello en aras de un mundo igualado y nivelado por lo bajo, por lo infra-humano, un mundo de seres con mentalidad de esclavo y sin ninguna conciencia   -ni religiosa, ni histórica, ni moral- fácilmente manipulable y manejable y sin ninguna capacidad de respuesta ante la odiosa tiranía totalitaria que poco a poco se está imponiendo a nivel mundial. El Evangelio habló del Reinado del Anti-Cristo, ¿Y qué es sino el Nuevo Orden Mundial?…

En otro orden de cosas, y retomando hilos anteriores,  señalar que nunca simpatizamos con la figura de Carrero Blanco. Parece que al final se dio cuenta del callejón sin salida al que había conducido al Régimen tras apoyar a pies juntillas a los tecnócratas opusdeístas y tras su enfermizo anti-falangismo. Señalamos esto porque en el Gobierno que nombró ya como Presidente en Junio de 1973 por primera vez desde 1957 los tecnócratas prácticamente desaparecen del mismo, a excepción del Ministerio de Asuntos Exteriores: nombrando para ello a su amigo López Rodó. Pero siempre nos ha resultado más que incómodo que tuviera como lugarteniente al deleznable y cínico de Torcuato Fernández Miranda, el hombre que ya se había encargado de desmontar el Movimiento desde dentro desde que accedió a dicho cargo en la fecha emblemática            -nuevamente todo un “signo de los tiempos”- del 29 de Octubre de 1969, nada menos que cuando se celebraba el XXXVI Aniversario de la Fundación de la Falange, donde semejante hipócrita y cínico se presentó al acto de Jura del cargo ¡¡¡con camisa blanca!!!… toda una declaración de intenciones y algo totalmente herético, pese a todo, en la España de entonces (dicen que Franco lo consideró un insulto y un agravio). Pensamos que Carrero, aleccionado en este sentido por el “murciélago” (así calificaba despectivamente a Torcuato el sector falangista del Régimen que lo odiaba a muerte), tenía planeado un proceso de transición tras la muerte de Franco hacia una “democracia controlada”, pero esto es algo que el atentado de la ETA (con la CIA actuando entre bastidores) nos impidió ver o comprobar.

No podemos por más que concluir estas líneas recordando que esta miserable plutocracia demo-liberal que se nos ha impuesto tras la caída del franquismo nos está conduciendo a la miseria y a la pobreza; eso sí, siempre “liberados” de las cadenas que nos impuso el franquismo. Y mientras los foráneos disfrutan de ayudas gubernamentales de todo tipo, los españoles somos algo así como ciudadanos de segunda, sólo útiles para pagar los impuestos que a su vez sirven para mantener en el poder a una burocracia y a unos politicastros cada vez más corruptos, degenerados y perversos; eso sí, con los votos de la masa borreguil y debidamente telebasurizada. Es un círculo vicioso verdaderamente diabólico.

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Nota de Tresmontes: La fuente original del artículo es:

http://vitamilitiaest.wordpress.com/2010/05/12/cronicas-alrededor-del-franquismo/

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