la sexualidad en la Hélade (y V)

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Posted on 15 15UTC enero 15UTC 2012by

pág. 068:

LA REALIDAD: MITOLOGÍA GRIEGA COMO APOLOGÍA DEL AMOR CREATIVO ENTRE HOMBRE Y MUJER ―O EL PODER DE LA PROCREACIÓN

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“El rapto de Proserpina”, de Bernini.

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Cabría mencionar a parejas famosas de la mitología griega para aclarar el comportamiento de los dioses y héroes, lo cual probablemente haga replantearnos cosas como la poligamia, puesto que los dioses y los héroes, más que una simple “pareja”, solían tener todo un “harén”, con el objetivo de sembrar el mundo de hijos semidivinos.

ZEUS -: Hera, Leto, Deméter, Dione, Eris, Maya, Metis, Mnemósine, Selene, Temis, Europa, Alcmena, Dánae, Antíope, Calisto, Carme, Egina, Elara, Electra, Eurínome, Himalia, Ío, Lamia, Laodamía, Leda, Mera, Níobe, Olimpia, Pluto, Pirra, Táigete, Talía, Yodama, muchas más anónimas.

ARES -: Afrodita (con quien significativamente engendró a Harmonía), Aérope, Agraulo (mujer a pesar de la resonancia del nombre), Altea, Astíoque, Atalanta, Cirene, Crisa, Demonice, Enio, Eos, Eritia, Estérope, Filómone, Rea Silvia (la madre de Rómulo y Remo, llamada Ilia en Grecia), Otrera, Pelopia, Protogenia, Tirine, Tritea y más anónimas.

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A diferencia del Marte romano, el Ares griego no era un dios de la virtud militar ni del frío valor del soldado, sino el dios de la carnicería, la matanza, la fuerza bruta, el saqueo, la rapiña y la violación, el dios de perder el control y buscar la confrontación ―en suma, el dios de la violencia pura, de una forma de guerra primitiva y barbárica. Sus epítetos (“estrago de mortales”, “manos ensangrentadas”, “salteador de murallas”, “homicida”, “impetuoso”, “brutal”) hablan por sí solos. Significativamente, la única pareja capaz de equilibrar su ardor es Afrodita, la otra cara de la moneda. En la imagen, el llamado Ares de Ludovisi.

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POSEIDÓN -: Agameda, Álope, Amimone, Anfítrite, Arne, Astipalea, Calírroe, Calquinia, Cánace, Celeno, Ceróesa, Ciona, Clito, Cloris, Córcira, Deméter, Etra, Euríale, Eurínome, Europa, Gea, Halia, Hipótoe, Ifimedia, Libia, Melia, Medusa, Melantea, Mitilene, Peribea, Quíone, Salamina, Satiria, Toosa, Tiro, más anónimas.

APOLO -: Acanta, Arsínoe, Casandra, Calíope, Cirene, Corinis, Dafne, Dríope, Etusa, Hécuba, Leucótoe, Manto, Psámate, Quíone, Reo, Sinope, Terpsícore, Urania.

HADES -: Perséfone, Mente, Leuce.

HERACLES -: Mégara, Ónfale, Deyanira, Yole, Mélite, Auge. En un episodio, Heracles llega al palacio del rey Tespio, a quien el aspecto del héroe impresionó tanto que le ofreció a sus 50 hijas doncellas (los reyes eran polígamos y tenían todo un harén de esposas, con lo cual podían padrear decenas de hijos), llamadas las téspidas, para que les hiciera el amor y las dejase embarazadas, mientras durase la cacería del león de Citerón. En siete noches (según la versión, en una sola), las dejó embarazadas a todas (Policasta, Nike, Glicera, Graya, Lalage, Alcione, Neda, Maira, Fóloe, Clyte, Adesia, Septeria, Estéropa, Plinteria, Foronea, Dorichia, Faena, Ariona, Deidia, Brima, Cleodora, Altea, Euriganea, Agalis, Ardota, Inaca, Lica, Nausitoa, Esquimforia, Gigas, Jacinta, Leuke, Kérite, Eurifilia, Elocia, Glauca, Deidamia, Crisa, Lisa, Pirena, Oreada, Talasiana, Xuta, Trisaulea… Leda era la menor y, siendo prácticamente una niña, “temblaba y parecía que iba a desmayarse”, con lo cual Policasta, la mayor, tomó su lugar y fue poseída de nuevo por el héroe) de hijos varones, quienes serían los heráclidas. Según la tradición griega, los heráclidas se asocian con los dorios, que conquistaron amplias porciones de Grecia arrasando las ciudades aqueas, y los reyes tanto de Esparta como de Macedonia remontaban su linaje a algún heráclida.

TESEO -: Perigune (hija del bandido Sinis), Ariadna, Fedra (su hermana), Antíope (una amazona).

PERSEO -: Andrómeda.

PELEO – : Tetis.

AQUILES -: Briseida, Diomeda, una serie de mujeres capturadas en poblaciones arrasadas por él.

ULISES -: Penélope, Calipso, Circe, Calídice.

AGAMENÓN -: Clitemnestra, Criseida, Casandra. Aunque tuvo también a Briseida, cuando la devuelve a Aquiles presta solemne juramento de no haberla poseído sexualmente, según se narra en la “Ilíada”.

… y muchos, muchos más. Se me dirá que algunos de estos dioses y héroes tuvieron “amantes masculinos”. Pido evidencias. Las mujeres mencionadas fueron físicamente poseídas en acto carnal por el dios o héroe correspondiente, y muchas de ellas engendraron hijos. Quiero evidencias en la mitología griega originaria, de que los dioses o héroes mantuvieron relaciones con varones que supusieran un paso más allá de una excelente amistad, camaradería o hermandad. Quiero “pruebas” de que Zeus poseyese sexualmente a Ganímedes, o de que Aquiles mantuviese sexo anal con Patroclo. [4] >>>>> 73 a pág. 104 (NOTAS).

Como ya hemos visto, esas pruebas no existen. Los famosos “amantes” son simplemente buenos amigos, unidos con vínculos muy fuertes de admiración, por experiencias profundas en combate o en aventuras, o por otros asuntos que nada tienen que ver con el amor erótico ―sino, a lo sumo, con el amor platónico―, y no hay absolutamente ninguna evidencia ni tan siquiera para suponer que había algo sexual de por medio, sino de que se trataba de un amor prácticamente equiparable al que media entre buenos hermanos.

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(Urania)

Urania, una musa de la astrología y de las matemáticas, fue amante de Apolo, con quien engendró a Lino, un magnífico músico que le enseñó a Heracles a tocar la lira. (Desafortunadamente para él, Heracles era un alumno indisciplinado que tenía mejores cosas que hacer ―como dejar preñadas a las 50 doncellas téspides―, y mató a Lino golpeándole con una lira cuando éste lo reprendió). En el “Banquete” de Platón, algunos relacionan a “Afrodita Urania” (la que nació de la fuerza reproductiva de Urano vertida sobre el mar, diferenciada de la que nació de la unión de Zeus y Dione según otra versión) con el amor hacia lo masculino, especificando claramente que era un amor “por el alma” y que, además, era “libre de violencia”. Esto excluiría una penetración fálica lujuriosa por un orificio como el ano, diseñado por la Naturaleza para evacuar desechos tóxicos e infecciosos, y residencia, según la moral helénica, de Aidós ―la vergüenza. Afrodita Urania sería, en suma, lo que entendemos por “amor platónico”.

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pág. 075:

#1:       EL “BANQUETE” DE PLATÓN

(Platon)

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El “Banquete” es un diálogo filosófico en el que diversos participantes rinden tributo a Eros, el dios del amor, en forma de discurso ensalzándolo y aportando la visión que cada cual tiene del amor, con lo cual es una fuente de primera mano para conocer la mentalidad ateniense de la época (estamos hablando, en todo caso, del Siglo IV AdC, una etapa ya decadente). Sin duda, todos los eruditos especialistas subvencionados que se dedican a dar conferencias y vivir del cuento, apoyados por un Sistema al que le interesa difundir la mentira, sacan siempre a colación el “Banquete” de Platón como ejemplo de que “la civilización griega era homosexual”[hoxual], basándose en algunas líneas halladas en ese libro.

Sin embargo, y desafortunadamente para los apóstoles de la hoxualidad griega, todo el mundo debería saber que los diálogos platónicos consistían a menudo en un debate que contrapone puntos de vista opuestos, representados por los participantes. La razón es que, para Platón, todas las partes debían estar presentes en un debate y tener la oportunidad de exponer y defender su punto de vista. Hay personajes que representan ideas contrarias a Sócrates, precisamente con el objetivo de contrastar opiniones distintas, y por ello mismo no pueden ni deben citarse al tuntún como si las hubiese pronunciado el mismo Platón. Por estas razones, en cada cita, es preciso especificar quién la ha pronunciado e indagar sobre el personaje, para saber si representa un punto de vista afín al platónico (del cual Sócrates y otros son portavoces) u opuesto. (p. 76).

De la intervención de Pausanias se puede decir que él mismo debate diversas aproximaciones al tema, y que nunca menciona el amor carnal hoxual. Podemos destacar una cita relativamente contundente: “Sería preciso, incluso, que hubiera una ley que prohibiera enamorarse de los mancebos” (Pausanias, 181d).

En otra cita, reflexiona sobre por qué la relación de maestro y alumno es necesaria y beneficiosa y no debería abolirse, diciendo que “uno puede contribuir en cuanto a inteligencia y virtud en general y el otro necesita hacer adquisiciones en cuanto a educación y saber en general“. (Pausanias, 184d-e). En este caso, como en el espartano, se está hablando de una relación con vistas al perfeccionamiento personal y al “entrenamiento”, en la que la sabiduría de un hombre maduro ayuda a un muchacho a convertirse en hombre y en la que, de nuevo, la interacción entre soplanucas y muerdealmohadas brilla por su ausencia.

Después de estas citas bastante vagas, entra en escena Aristófanes, un personaje que no debería caer bien al buen platónico, ya que en el diálogo de la “Nube”, se burla abiertamente de Sócrates, y en el “Banquete”, muestra una conducta excéntrica que acaso fue introducida por Platón como señal para dar a entender al lector que el punto de vista expresado por él no merece reverencia. Así, podemos leer:

me dijo Aristodemo que debía hablar Aristófanes, pero que al sobrevenirle casualmente un hipo, bien por exceso de comida o por alguna otra causa, y no poder hablar, le dijo al médico Erixímaco, que estaba reclinado en el asiento de al lado:

Erixímaco, justo es que me quites el hipo o hables por mí hasta que se me pase.

Y Erixímaco le respondió:

―Pues haré las dos cosas. Hablaré, en efecto, en tu lugar y tú, cuando se te haya pasado, en el mío. Pero mientras hablo, posiblemente reteniendo la respiración mucho tiempo se te quiera pasar el hipo; en caso contrario, haz gárgaras con agua. Pero si es realmente muy fuerte, coge algo con lo que puedas irritar la nariz y estornuda. Si haces esto una o dos veces, por muy fuerte que sea, se te pasará. (185c-d-e).

Es tal el desconcierto que este pasaje siembra, que no pocos ríos de tinta han corrido especulando sobre su significado. Y es que la presentación que se hace de Aristófanes, que no puede hablar a causa de su hipo y debe cederle el turno a Erixímaco hasta que se le pase, es dudosa y algo cómica, por no hablar de que, en un acto ritualizado como lo era un diálogo filosófico, en el que cada intervención se consideraba rodeada de signos de los dioses para bien o para mal, el hipo de Aristófanes no constituye precisamente un buen augurio. (pág. 77).

Cuando finalmente termina su hipo y le toca hablar, Aristófanes desarrolla un extravagante discurso sobre el andrógino, un ser esférico con ocho patas y dos caras, que se desplazaba rodando por el suelo, que reunía las condiciones sexuales de tanto varón como hembra, aunque algunos eran varón por ambos lados o hembra por ambos lados. Según el disparatado razonamiento de Aristófanes, estos seres desafiaron a los dioses y Zeus los hizo partir por la mitad, de modo que, haciendo inverosímiles cabriolas argumentativas e inventándose toda una mitología para justificar que a dos hombres les guste irse a la cama y convertir un * en un O, Aristófanes ―el del hipo, el de las gárgaras y los estornudos, el que se burló de Sócrates― nos dice que:

En consecuencia [de la partición del “andrógino” originario], cuantos hombres son sección de aquel ser de sexo común que entonces se llamaba andrógino son aficionados a las mujeres, y pertenece también a este género la mayoría de los adúlteros; y proceden también de él cuantas mujeres, a su vez, son aficionadas a los hombres y adúlteras. Pero cuantas mujeres son sección de mujer, no prestan mucha atención a los hombres, sino que están más inclinadas a las mujeres, y de este género proceden también las lesbianas. Cuantos, por el contrario, son sección de varón, persiguen a los varones y, mientras son jóvenes, al ser rodajas de varón, aman a los hombres y se alegran de acostarse y abrazarse [5]; éstos son los mejores de entre los jóvenes y adolescentes, ya que son los más viriles por naturaleza. Algunos dicen que son unos desvergonzados, pero se equivocan. Pues no hacen esto por desvergüenza, sino por audacia, hombría y masculinidad, abrazando lo que es similar a ellos. (191de-192a). >>>>>p. 78 a pág. 104 (NOTAS)

Por la excentricidad de su propio discurso, no es de extrañar que Aristófanes ande incómodo, que en un momento dado ruegue “que no me interrumpa Erixímaco para burlarse de mi discurso” (193b) y que poco después, finalice su intervención poco menos que pidiendo clemencia:

Éste, Erixímaco, es mi discurso sobre Eros, distinto, por cierto, al tuyo. No lo ridiculices, como te pedí, para que oigamos también qué va a decir cada uno de los restantes o, más bien, cada uno de los otros dos, pues quedan Agatón y Sócrates. (193de).

A pesar de que Aristófanes sólo representa un punto de vista de tantos, de que no es presentado en modo alguno como alguien fiable y de que él mismo es consciente de que se lo deja a huevo a los demás para burlarse de su discurso, los autores pro-teoría hoxual citan sus palabras sin más, como si representase el punto de vista del mismísimo Platón.

Del homenaje de Agatón a Eros podría acaso distinguirse una cita, en la que dice que “respecto a la procreación de todos los seres vivos, ¿quién negará que es por habilidad de Eros por la que nacen y crecen todos los seres?” (197a), en la que, dejando caer que Eros es responsable de la procreación, deja también claro que el dios pertenece al ámbito del sexo heterosexual, que es el único capaz de engendrar nueva vida.

Sin embargo, la joya del “Banquete” platónico es, sin lugar a dudas, y como siempre, la intervención de Sócrates, quien había sido el maestro de Platón. Sócrates cita el discurso que había escuchado años atrás de una mujer que él mismo considera como “sabia”, diciendo a sus interlocutores: “Os contaré el discurso sobre Eros que oí un día de labios de una mujer de Mantinea, Diotima, que era sabia en éstas y otras muchas cosas”. (Sócrates, 201d). Las palabras de Diotima, además de ser sumamente interesantes en cosas sobre el amor al margen del debate heterosexual vs. homosexual [ortosexual vs. hoxual], contienen además una verdadera apología del amor heterosexual [ortosexual]como acto creativo:

¿De qué manera y en qué actividad se podría llamar amor al ardor y esfuerzo de los que lo persiguen? ¿Cuál es justamente esta acción especial? ¿Puedes decirla?

Si pudiera ―dije yo―, no estaría admirándote, Diotima, por tu sabiduría, ni hubiera venido una y otra vez a ti para aprender precisamente estas cosas.

Pues yo te lo diré ―dijo ella―. Esta acción especial es, efectivamente, una procreación en la belleza, tanto según el cuerpo como según el alma.

Lo que realmente quieres decir ―dije yo― necesita adivinación, pues no lo entiendo.

―Pues te lo diré más claramente ―dijo ella―. Impulso creador, Sócrates, tienen, en efecto, todos los hombres, no sólo según el cuerpo, sino también según el alma, y cuando se encuentran en cierta edad, nuestra naturaleza desea procrear. Pero no puede procrear en lo feo, sino sólo en lo bello. La unión de hombre y mujer es, efectivamente, procreación, y es una obra divina, pues la fecundidad y la reproducción es lo que de inmortal existe en el ser vivo, que es mortal. (206bc).

De momento, Sócrates ha elogiado la sabiduría de la señora, mientras que ella ha hecho un canto al amor heterosexual [ortosexual]como “obra divina”. Más adelante, se fija en la Naturaleza para sonsacar lecciones de conducta para los hombres civilizados:

Si bien ―dijo― podía pensarse que los hombres hacen esto [los sacrificios asociados al apareamiento y el cuidado de la prole] por reflexión, respecto a los animales, sin embargo, ¿cuál podría ser la causa de semejantes disposiciones amorosas? ¿Puedes decírmela?

Y una vez más yo le decía que no sabía.

¿Y piensas ―dijo ella― llegar a ser experto algún día en las cosas del amor, si no entiendes esto?

Pues por eso precisamente, querida Diotima, como te dije antes, he venido a ti, consciente de que necesito maestros. Dime, por tanto, la causa de esto y de todo lo demás relacionado con las cosas del amor.

Pues bien ―dijo―, si crees que el amor es por naturaleza amor de lo que repetidamente hemos convenido, no te extrañes, ya que en este caso, y por la misma razón que en el anterior, la naturaleza mortal busca, en la medida de lo posible, existir siempre y ser inmortal. Pero sólo puede serlo de esta manera: por medio de la procreación, porque siempre deja otro ser nuevo en lugar del viejo. (207bcd).

Por si no ha quedado clara la actitud de Sócrates con Diotima cuando ante sus discípulos se refiere a ella como “sabia“, cuando elogia “su sabiduría” ante ella, cuando admite que ella tiene más conocimiento que él mismo o cuando dice que “ha acudido a ella consciente de que necesita maestros“, valga el cierre que hace cuando reconoce que quedó “lleno de admiración” (208b), llamándola en persona “sapientísima Diotima” (ídem) y dirigiéndose de nuevo a sus discípulos diciéndoles “Esto, Fedro, y demás amigos, dijo Diotima, y yo quedé convencido”. (212b).

Por tanto, tenemos a un lado a Aristófanes, un personaje que no puede hablar cuando le corresponde por tener hipo (comer y/o beber demasiado rápido) que es conocido por haberse burlado de Sócrates en el pasado y que hace una enrevesada defensa de la homosexualidad… y a otro lado tenemos a Diotima, una mujer que el mismísimo Sócrates llama “sapientísima” y que hace un genial tributo a Eros ensalzando la unión de hombre y mujer como acto generador de nueva vida, y dejando claro que en el poder de procreación de tal unión radica su superioridad respecto a cualquier otra forma de amor. A estas alturas, no cabe duda de que Sócrates no está precisamente en la acera de enfrente. De hecho, el narrador nos muestra la incomodidad de Aristófanes cuando Sócrates concluyó su elogio a la heterosexualidad [ortosexualidad]:

Cuando Sócrates hubo dicho esto, me contó Aristodemo que los demás le elogiaron, pero que Aristófanes [repetimos: el único que había defendido la hoxualidad] intentó decir algo, puesto que Sócrates al hablar le había mencionado a propósito de su discurso. Mas de pronto la puerta del patio fue golpeada y se produjo un gran ruido como de participantes en una fiesta, y se oyó el sonido de una flautista. (212c).

Efectivamente, “Aristófanes intentó decir algo“, pero como no podía ser de otro modo, una vez más la Providencia, asociada en los tiempos paganos con la voluntad de los dioses, interrumpe sus palabras: “No mucho después se oyó en el patio la voz de Alcibíades, fuertemente borracho” (212d). Ahora hace su aparición uno de los personajes que constituye la guinda final del pastel platónico del “Banquete”, introduciéndose del siguiente modo:

Salud, caballeros. ¿Acogéis como compañero de bebida a un hombre que está totalmente borracho? (…) ¿Os burláis de mí porque estoy borracho? Pues, aunque os riáis, yo sé bien que digo la verdad. (212e-213a).

Alcibíades relata cómo en el pasado le tiró los trastos a Sócrates, cómo en un momento dado se le declaró y cómo poco menos que se le tira al cuello al filósofo, siendo rechazado por él. Alcibíades parece estar, en efecto, “enamorado” de Sócrates, aunque, como él mismo bien dice, “comparar el discurso de un hombre bebido con los discursos de hombres serenos no sería equitativo” (214c):

Me levanté, pues, sin dejarle decir ya nada, lo envolví con mi manto ―pues era invierno―, me eché debajo del viejo capote de ese viejo hombre, aquí presente, y ciñendo con mis brazos a este ser verdaderamente divino y maravilloso estuve así tendido toda la noche. En esto tampoco, Sócrates, dirás que miento. Pero, a pesar de hacer yo todo esto, él salió completamente victorioso, me despreció, se burló de mi belleza y me afrentó; y eso que en este tema, al menos, creía yo que era algo, ¡oh jueces! ―pues jueces sois de la arrogancia de Sócrates. Así, pues, sabed bien, por los dioses y por las diosas, que me levanté después de haber dormido con Sócrates no de otra manera que si me hubiera acostado con mi padre o mi hermano mayor. (219bcd).

A Alcibíades lo han insertado en el diálogo porque es sabido que los borrachos nunca mienten [6], y así queda clara la acción de Sócrates de rechazar a un hombre aunque éste sea muy bello y muy prestigioso. Acto seguido, Alcibíades elogia la indiferencia de Sócrates, su valor en combate, su dureza, su carácter espartano, su resistencia al frío y al alcohol, y su sabiduría. Todos estos elogios (incluyéndose como elogio el que Sócrates lo rechazase, dejando claro que no es hoxual) intentan, como se ha dicho, tener el “certificado de verosimilitud” que otorga el haber sido pronunciados por un hombre que, por estar borracho, se presupone dice la verdad. >>>>>>>>>>>>>>>>>pág. 104 (NOTAS)

En suma, Sócrates tenía a Alcibíades en la palma de su mano y hubiera podido liarse con él (cosa que, en todo caso, excluiría, por respeto a Aidós, penetración de ningún tipo), pero desgraciadamente para los hoxuales modernos, lo rechaza desdeñosamente.

#2: LAS VASIJAS “homoeróticas” [hoxuales].

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Esta imagen es una favorita de los autores volcados en representarnos a Grecia como una “civilización homosexual”[hoxual], o al menos una civilización donde las prácticas hoxuales estaban plenamente aceptadas y formaban parte del paisaje cotidiano.

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Indudablemente, hay vasijas procedentes de la antigüedad griega que representan escenas claramente hoxuales. Eso no lo voy a discutir.

Lo que sí voy a hacer es puntualizar.

Se han encontrado docenas de miles de vasijas (sólo en la provincia de Ática, tenemos ¡más de 80.000!), y, de todas ellas, las vasijas con un claro contenido homoerótico [hoxuales] son… ¡sólo 30! Y eso siendo muy generosos. Estamos hablando de en torno a un 0.03% del total de vasijas encontradas. ¿Acaso no deberían ser más, si supuestamente estamos hablando de una cultura donde la hoxualidadpefílica era el pan nuestro de cada día?

Pues no, señores. Eran una desproporcionada minoría. De modo y manera que hablar de “el estatus dominante de la pederastia [pexualidad] en la vida social ateniense” (!) basándose en esta evidencia fraudulenta sería bastante más atrevido que tachar a nuestra propia cultura de hoxual sólo porque el 5% de los personajes de nuestras series televisivas sean hoxuales. Si estos ínfimos signos son muestra de una “civilización homosexual”[hoxual] (que nunca ha habido tal cosa), entonces la nuestra, con asociaciones pro-pefilia, pro-zoofilia, matrimoniohoxual (cosa que no existía en Grecia), desfiles del día del “orgullo gay“, etc., cualifica como civilización sodomita al 100%.

Pero hay más.

De este 0.03% de escenas hoxuales representadas, la mayor parte de tales actos son llevados al cabo por los sátiros, seres degenerados del imaginario colectivo griego, imaginados feos y con medio cuerpo de cabra, y que, por una pulsión sexual descontrolada y desmedida, llevaban al cabo las mayores abominaciones sexuales concebibles por la mente humana (en algunas estatuillas se los ve copulando con cabras, por ejemplo). Otro ligero detalle que se falla en mencionar es que, en la mayoría de escenas que sí representan relaciones sodomitas, el acto parece producir sorpresa y escándalo en quienes lo presencian.

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La mala fama de los sátiros, además de venir representada en escenas de zoofilia que no añado al artículo por puro buen gusto y respeto hacia el estómago del buen lector, viene bien ilustrada en este conjunto escultórico, en el que Pan, el jefe de los sátiros, importuna a Afrodita con su lascivia, espantándolo la diosa a golpes de sandalia. El “ángel” que revolotea alrededor de Afrodita es Eros, inevitablemente asociado a ella.

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El problema es que, como muchas personas han perdido la costumbre de pensar por sí mismas, les ponen un par de imágenes acompañados de letras sin faltas de ortografía, y cual buen rebaño, ya están predispuestas a creerse lo que le interese al manipulador de turno. Pero pasemos a observar algunos ejemplos de deducción sherlockholmesiana de la hoxualidad en la antigua Grecia basándonos en vasijas, de la mano de una grandísima, respetable, trajeada y curtida en conferencias autoridad: Kenneth J. Dover. [7] >>>>pág. 104 (NOTAS)

K. J. Dover presenta como pruebas supremas un total de 600 vasijas, de las cuales, siendo extremadamente (repito: extremadamente) generosos, sólo 20-25 (¡el 4%!) tienen un contenido claramente hoxual. El resto (¡575!) son vasijas completamente inofensivas, con lo cual el autor recurre a vericuetos, meandros y raíces cuadradas psicológicas para sonsacar, de manera totalmente forzada y hasta cómica, señales de hoxualidad donde simplemente no las hay. Así, en una imagen donde aparecen un bastón y un aro, el autor dice que “el bastón y el aro tienen simbolismo propio” (aunque no tiene la gentileza de explicarnos cuál es ese simbolismo a nosotros, incultos y vulgares heteros [ortosexuales]) y que el chaval se encuentra en una “pose de vergüenza”, debido seguramente a que el hombre que le gusta está conversando con una mujer (?) o porque hubiera preferido tomar la iniciativa él mismo (!). En otra representación (la E378), un pene pequeño y un escroto grande significan, según él, que hay pefília de por medio (?), y en una imagen donde Aquiles cura a Patroclo, “el artista estaba bajo una gran presión para no pintar los genitales de Patroclo” (?). Resulta un verdadero insulto a la inteligencia que un hoxual alucinado como Dover sea considerado ni más ni menos que ¡un “experto en sexualidad de la Grecia antigua”!, y que sea citado por libros medianamente serios como una autoridad en el tema.

Toda esta jerga e imaginario de relaciones pefílicas donde no las hay, es incomprensible y chocante para un hetero [ortosexual](es decir, para un normal), pero a un hoxual le parece lo más normal del mundo ver señales, guiños, ambigüedades, suposiciones y provocaciones en cada esquina. A consecuencia, no resulta extraño que tales autores, desesperados por legitimar su “opción sexual”, intenten adaptar el mundo a su mente. Y lo triste no es eso. Lo triste es que, por culpa de la acción de los poderosos lobbieshoxuales de Estados Unidos, y de la industria mediática, la opinión pública trague tales teorías. Yo digo: sed libres ―¡leed!

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GREEK HOMOSEXUALITY”

Según K. J. Dover, la imagen de este muchacho demuestra que hay pederastia[pefilia] y hoxualidad de por medio (¡!). Indudablemente, quien piensa así es porque su mente ya es portadora de tales pensamientos, pero las personas normales y bien ajustadas biológicamente, vemos un chaval con un aro y un gallo.

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Deberíamos finalizar dejando claro que la inmensa mayoría (estamos hablando de más de un 99%) de esculturas, vasijas, mosaicos, figurillas, frescos, etc., de la Grecia antigua que sí representan amor erótico, lo hacen siempre representando relaciones sexuales entre hombre y mujer. Pero resulta que incluso aunque tuviésemos escenas hoxuales gratuitas, también en el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela hay escenas de hombres incurriendo en sodomía, y a nadie se le ocurriría pensar que eso convierte en hoxual a toda la civilización católica gótica o barroca, puesto que esas escenas de sodomía forman parte de representaciones de los diversos pecados, con la intención de estigmatizarlos. Así pues, deberíamos acaso preguntarnos si, por ventura, de ese 0,03% de vasijas con temática clara o vaga o subjetivamente homoerótica [hoxual] , no habría un porcentaje importante destinado precisamente a criticar la hoxualidad o ridiculizarla ―como queda claro en el mencionado asunto de los sátiros, quienes eran los máximos exponentes de la hoxualidad además de infinidad de depravaciones sexuales, y que no gozaban precisamente de buena reputación.

pág. 104:

N O T A S :

[1] Erastes y eromenos generalmente son traducidos como “amantes” y “amados”, o “pretendientes” y “pretendidos”, pero realmente se debería buscar vocablos mejores, ya que hoy en día esas palabras van asociadas a la hoxualidad, y una mínima atención prestada a los escritos griegos revela que no era así. “Maestro” y “alumno” serían equivalentes mucho más fieles al contexto moderno. Hay que replantearse la traducción por el sencillo motivo de que no sé qué clase de relación hoxual es aquella en la que están proscritas las “relaciones carnales”. El carácter de “amante” y “amado” debería quedar, pues, como de amor puramente platónico, en una relación enmarcada por la admiración, el respeto, la veneración y la hermandad, totalmente desprovista de tintes eróticos tal y como los entendemos en los tiempos modernos.

[2] Ganímedes ha pervivido hasta nuestros días en el Zodíaco, como Acuario.

[3] Al sureste del Estado espartano, en la ciudad de Amicla, había un túmulo (al estilo de las estructuras funerarias erigidas en las antiguas culturas centroeuropeas) que era la tumba de Jacinto, y donde los espartanos llevaban al cabo las Jacintas, típicas festividades de tres días de duración, en las que se celebraba la muerte y resurrección de un ídolo religioso.

[4] Esto también se aplica en el caso heterosexual[ortosexual]: no hay prueba de que Artemisa, la diosa virgen, tuviese jamás relaciones físicas con Orión, sino de que eran buenos compañeros de caza y estaban unidos por un vínculo platónico.

[5] Obsérvese que no se habla aquí de “relaciones carnales” ni de “posesión” de ningún tipo. A pesar de que sí entraría en la categoría de sexo, el “acostarse y abrazarse” excluye la penetración por respeto a Aidós y a la revancha de Némesis, (cosa que reconocen hasta autores hoxuales tan sectarios y disparatados en sus aseveraciones como K. J. Dover o Karola Reinsberg, quienes dejan claro que la penetración anal no formaba parte de las relaciones supuestamente hoxuales de la antigua Grecia porque estaba mal vista ―con lo cual habría que preguntarse qué clase de “paraíso gay“[galli] era Grecia si no se contemplaba la penetración anal salvo como sacrilegio). Aristófanes, pues, sería, sin duda alguna, y siempre según el “Banquete”, pro-hoxual (en todo caso pro-bisexual, ya que los griegos se casaban y tenían hijos), pero ciertamente un hoxual muy light para hoy día.

[6] De hecho, se cita un proverbio griego, según el cual “vino y niños dicen siempre la verdad”, en sintonía con el refrán español “los borrachos y los niños nunca mienten”. Esta idea viene a reforzar aun más la sinceridad desmedida de Alcibíades.

[7] Acaso otra de las perlas argumentativas de Dover cuando se encuentra ante la hoxualfobia de Platón, quien busca siempre lo natural inspirándose en la inocencia de los animales, es decir que “Platón no sabía de animales”.

pág. 91

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Sobre el “lesbianismo” [Tribadismo]

Probablemente, de todas las mentiras sobre hoxualidad, la de Safo de Lesbos sea la más sangrante, ya que el nombre de su isla natal ha sido utilizado para designar a las mujeres hoxuales, las lesbianas. Safo de Lesbos (siglos VII-VI AEC) es seguramente la mejor poetisa de todos los tiempos (Platón la llamó “la décima musa”). Heredera de deudas, decidió fundar una academia donde acudían muchachas jóvenes de toda Grecia a aprender poesía, música, danza, buenas maneras, ritualismo religioso y en general lo que caracterizaba a una mujer completa que aspiraba a casarse con un hombre noble y fundar su propia familia. Del mismo modo que Esparta tenía sus ageilai u hordas, donde los muchachos aprendían poco a poco a ser hombres bajo el maestrazgo de un iniciador, Lesbos tenía la academia sáfica para las señoritas de buena familia.

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Las muchachas de la academia sáfica se hacían llamar “servidoras de las musas”. Las musas eran 9 deidades femeninas que acompañaban a Apolo en el monte Helicón, y que se consideraban responsables de la inspiración de los artistas. Los escultores griegos conocían bien la morfopsicología (leer el carácter de un individuo por sus rasgos físicos) y por tanto no sólo esculpían estatuas de cuerpos bellos, sino cuerpos bellos necesariamente portadores de un alma bella. Quien esculpió a la musa de esta imagen, sin duda representó de la forma más maravillosa la personificación de la bondad, la salud, la serenidad y la belleza.

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La obra de Safo nos ha llegado muy fragmentada (sólo tenemos un poema completo, recogido por Dioniso de Halicarnaso, y el resto de su obra tiene demasiados huecos para hasta a menudo saber siquiera de qué se habla, ya no digamos intentar vislumbrar hoxualiad), pero consta sobre todo de himnos y elogios a las muchachas que ella ha instruido y que han completado su educación, entrando en la edad adulta y marchándose del idílico mundo de la academia para desposarse con un hombre.

Este género poético recibía el nombre de epithalamia, “canciones de matrimonio”, que hablaban sobre la belleza de una doncella que estaba a punto de convertirse en esposa y madre. De ese modo, por los fuertes vínculos construidos entre ella y sus discípulas ―a las que ha enseñado todo lo que saben― Safo se llena de tristeza por la pérdida de quienes eran prácticamente sus hijas, pero no tenemos absolutamente nada que dé a entender una relación más allá de un intenso afecto, totalmente desprovisto de carga sexual. Incluso tenemos unos conocidos versos, dedicados a una de sus muchachas, que abandona la academia porque viene a buscarla su prometido para llevarla a su casa y convertirla en mujer:

Semejante a los dioses me parece

ese hombre que ahora se sienta frente a ti

y tu dulce voz a su lado escucha

mientras tu le hablas

Versos poco propios de una “lesbiana” hardcore”.

Según el siempre cómico Kenneth J. Dover, Safo caracteriza al hombre como “semejante a los dioses”, no porque admire su belleza, su masculinidad, su porte o su fuerza sobrehumanas, sino porque es “imperturbable”, “inimaginablemente afortunado”, porque “ha captado el interés sexual de la joven” y “no se desmaya ante su belleza” (no es broma, Mr. Dover dice exactamente estas palabras, en “Greek homosexuality“[hoxuality], página 178).

Pero el hecho más incómodo en la vida de Safo es que, aparte de ser madre (tenía una hija llamada Cleis) y además de ser esposa, murió suicidada por amor… hacia un hombre, un marino de nombre Faón que, al parecer, no la correspondía con la misma intensidad. El lector ha leído bien: la “mayor lesbiana de todos los tiempos”, la “madre fundadora del lesbianismo“, se suicidó por amor… hacia un hombre.

Otro asunto bastante revelador, y que viene a heterosexualizar [ortosexualizar] cada vez más la academia de Safo, es que las discípulas de Lesbos fueron las que desarrollaron el culto religioso a Adonis, un héroe mitológico que personificaba la belleza del hombre joven y que aun hoy día se emplea para designar a un hombre extremadamente bello. No deja de ser incómodo para los mitólogos hoxuales modernos que el supuesto epicentro del “lesbianismo” griego rindiese culto a una figura que representaba el máximo extremo alcanzable por la belleza masculina.

Todo esto por no hablar de que, a juzgar por los versos de Safo, su academia estaba muy lejos de ser un paraíso de las camioneras tatuadas, con piercings y con corte de pelo de marinematatalibanes que hoy decoran el panorama “lésbico“, ya que era un reducto de feminidad idílica, incorrupta y pura, en el que la llegada de un hombre viene a señalarles a las chicas que la adolescencia ha terminado y que ahora deben poner al servicio de su estirpe toda la feminidad cultivada.

¿De dónde viene, pues, lo de “lesbiana“, si no hay nada que sugiera entre estas muchachas una relación más allá de una gran hermandad? Viene, de nuevo, del círculo hoxual de Oxford liderado por Walter Pater y, más recientemente, de autoproclamados “especialistas en sexualidad griega” como el francés Yves Battistini (1922-2009). Este “especialista”, como ejemplo del colmo de la manipulación, se encontró con un verso que rezaba προς δ’αλλον τινα χασκει (“pros d’allon tina haskei“). Esto, traducido como es debido, viene a ser “hacia otra persona ríe”. Sin embargo, este falsificador premeditado lo tradujo como “pero el objeto de su pasión es otra cosa, una muchacha”.

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Lesbia, pero no lesbiana: Safo de Lesbos se suicidó por un hombre, lo cual es acaso el acto más extremo que puede llevarse al cabo por amor heterosexual [ortosexual]. Que descanse en paz sin que profanen su memoria.

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pág. 096:

LIMPIAR NUESTRO VOCABULARIO

El vocabulario moderno concerniente a la hoxualidad está fundamentado en dos mentiras: la mentira de la palabra gay y la mentira de la palabra lesbiana.

Gay” significa (más bien significaba) en inglés, “alegre”.

Lesbiana” ya hemos visto que hace referencia a la isla griega de Lesbos, donde enseñaba Safo y, como he explicado, esa mujer de “lesbiana” tenía más bien poco.

Pederastia” procede de Paiderastia, ni siquiera significaba pedofilia, sino el maestrazgo de un muchacho. Del mismo modo, erastes y eromenos deberían traducirse como “amante” y “amado” sólo si se especifica de algún modo que estamos hablando de un amor platónico y, por tanto, casto.

Por estos motivos, las conductas sexuales entre personas del mismo sexo deberían llamarse sencillamente “homosexuales”[ó mejor, hoxuales], ya sean masculinas o femeninas, y cuando no, echar mano del rico y variado surtido de vocablos que, por nacer espontáneamente del alma popular, son auténticos, a diferencia de los siniestros y orwellianos palabros “políticamente correctos”, forzados por la industria de los medios de comunicación y por los grupos de presión de hoxuales americanos.

pág. 098:

ALGUNAS CLAVES DE LA MENTALIDAD “hoxual” MODERNA

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Pinchar en los links para acceder a este libro por partes:

I,   –   II,   –  III,   –  IV,   – V,   –  VI   – y   –  VII  .

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Es imposible entender la distorsión de estos mitos si no indagamos un poco en las mentes que los distorsionaron. Ya dice Rafael Pi en su libro “Los gays, vistos por un hetero” que los homosexuales, ilusos al cuadrado, por el tipo de ambiente pseudo-marginal en el que se mueven, necesitan ver, y de hecho ven, “señales” de hoxualidad en todos lados, razón por la cual les encanta la ambigüedad y los segundos sentidos. En el 99% de los casos, esas señales están sólo en sus cerebros. Es normal que quienes participen en desfiles y vayan a locales gays [gallis]y tengan infinidad de parejas sexuales al año, acaben viendo señales de hoxualidad hasta en los enchufes de las paredes. Que si Sherlock y Watson, que si Batman y Robin… ¿Pero dónde está la hoxualidad? La respuesta más frecuente suele ser “Jo, es que se nota“. No, no se nota. Está en su mente, y su mente está influenciada poderosamente por la variedad de experiencias sexuales que han mantenido con el mismo sexo, lo cual acaba haciéndoles creer que se trata de algo normal. Esto es lo que provoca que, cada año, un número importante de hoxuales sea agredido, no gratuitamente, sino porque su predisposición a ver señales de hoxualidad donde no las hay los predispone también a verse envueltos en reacciones violentas.

Así, del mismo modo que necesitan creer en imaginarios “reductos gays” [gallis] como según su mitología lo serían los barcos, los cuarteles, los internados, los monasterios o las cárceles, necesitan también saber que existió en algún sitio un paraíso marica, una tierra santa de la hoxualidad alocada, donde “todo Cristo” vivía fuera del siniestro y encajonado “armario” de la heterosexualidad [ortosexualidad] y donde uno podía petarle el ojete al primer efebo que pasase sin que una turba espumeante lo linchase por ser péfilo y enfermo mental. ¿Y qué mejor tierra santa que Grecia, un respetado modelo de civilización y raíz de todo lo clásico en Occidente?

Otra de las claves psicológicas recurrentes en la mente del “homogayer” moderno es que persiste en creer que dentro de cada hombre hay una maricona redomada ansiosa por salir del “armario”, y es incapaz de aceptar que sencillamente la hoxualidad es algo que la gran mayoría de hombres rechaza de pleno y considera como antinatural, cuando no repugnante. Para estos individuos, Grecia sería supuestamente el ejemplo de que todo hombre debería ser hoxual y “salir del armario“.

No creo, en la mayoría de los casos que hemos visto más arriba, que los autores hayan manipulado intencionalmente los datos. Pienso que ellos creían sinceramente que estaban ante muestras de hoxualidad y que sólo ellos eran capaces de entender las “claves ocultas”; se les encendió la bombilla y se dedicaron a escribir páginas y páginas de pura especulación infundada, a partir de “indicios” que, simplemente, no eran tales. Rechazar este entramado de mentiras no es hofobia, es defender la verdad y la identidad sexual natural (a la cual debemos nuestra existencia presente y de la cual depende la supervivencia futura de la especie humana ) que se nos adjudica biológicamente junto con nuestro sexo en el momento de ser concebidos, y negarse en rotundo a aceptar una mentira, por pequeña que sea.

Pág. 101:

¿POR QUÉ TANTA MENTIRA, TANTA ACEPTACIÓN Y TANTA HIPOCRESÍA?

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“El otro día leí en la revista “Interviú” que los griegos se petaban el cacas entre ellos y se hacían colacaos en el ojai, y lo vi también por la pelelevisión en un programa de tertulias de babuinos monosabios, y desde entonces no hago más que decirlo por todas partes y difundirlo por Internet… incluso en la Güiquipedía.

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Hoy en día, tenemos todo un entramado social de profesores decadentes e “intelectuales” hoxuales que, jaleados y subvencionados por un sistema volcado en promover la disgregación social y la nivelación de un “rebaño global” dócil, sin identidad y sin jerarquías, apto para ser sojuzgado fácilmente, se dedican a vivir sus enfermizas fantasías a costa de la historia de una gran y bella civilización europea, cuyo nombre he querido limpiar.

La mentira es propagada sin más, las fuentes mencionadas son deliberada y nerviosamente ignoradas por aquellos que quieren comparar una civilización antigua, luminosa, jerárquica y aristocrática con ciertos fenómenos decadentes de la vida moderna. El lobbyhoxual de Estados Unidos es tan poderoso que no sólo han procurado justificar la hoxualidad y des-clandestinizarla, sino de que un tiempo a esta parte vienen predicando poco menos que todos los grandes hombres históricos eran hoxuales, hasta el punto de que resulta difícil encontrar a un personaje notable que no fuera maricón. En vez de remitirse a los hechos y a la historia, los propagadores de la mentira escriben, por poner un ejemplo, “Leonardo Da Vinci era homosexual”[hoxual], cuando lo apropiado sería, en todo caso, “Mi opinión personal es que Leonardo Da Vinci era homosexual [hoxual] (y no tengo ninguna prueba salvo mi opinión)”.

¿Por qué ha pasado todo esto? La respuesta es que el mundo, especialmente el mundo europeo, viene sufriendo un proceso de estrogenización y afeminamiento gradual de los valores, de los cuerpos y de las mentes e ideas. Existen ciertos grupos de poder, especialmente grupos de poder económico, financiero y mediático, bien relacionados con el sionismo internacional, que consideran que las identidades (especialmente las identidades de la Civilización Occidental) y sus instituciones (especialmente la familia y las Fuerzas Armadas), se interponen en sus planes de lograr un rebaño internacional fácilmente manipulable y despojado de identidad ―en suma, la identidad, el poder del grupo, del “yo soy”, resulta ser un obstáculo en la consecución de una esclavitud mundial. Y para demoler tal obstáculo, los círculos del poder internacional conceden su apoyo a todos los círculos que tienden a desestabilizar todo lo “tradicional” y a destruir todas las identidades humanas del planeta, ya sean raciales, nacionales, religiosas, sexuales, familiares, etc. Promoviendo el mito de la hoxualidad griega, esos grupos de poder matan dos pájaros de un tiro: por un lado promueven la disgregación sexual y la inevitable disolución social que sigue a ésta tarde o temprano, y por el otro, contaminan también uno de los grandes puntos de referencia de la identidad europea y de cualquier renacimiento occidental.

Por otro lado, los grupos hoxuales, que naturalmente desean ver sus inclinaciones extendidas y reconocidas, desean que su gente no se sienta despreciada ni minusvalorada por la historia y la sociedad. Y puesto que los helenos son un modelo de civilización para muchos, ¿qué mejor modo de justificar la hoxualidad que conectándola con la grandeza y belleza de la civilización griega? ¿Qué mejor manera de proporcionar cobertura a algo repugnante para la mayor parte de la sociedad que invocando a la Hélade, admirada y respetada en todo el mundo? No pocos se basan en la supuesta hoxualidad griega para predicar la legalización y tolerancia de la hoxualidad. Estas buenas gentes deberían saber que, históricamente, la poligamia y las relaciones sexuales con mujeres menores de edad, estaban infinitamente más extendidas que la hoxualidad. ¿Significa eso que deberíamos correr a legalizarlas?

En suma, este artículo no es sino un ejemplo de que la cultura, leer las obras originales, siempre evitará que venga álguien a decirnos qué es lo que debemos pensar respecto a algo. Esto va por todos, y para cualquier caso: no aceptéis lo que os digan gratuitamente en cualquier revista o cualquier página web. Desgraciadamente, lo que viene ocurriendo es que si uno quiere fiabilidad, debe correr a averiguarlo por su cuenta.

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pág. 106:

Para sobrevivir a la contaminación biológica y la molicie impuesta por la civilización, la especie deberá estar constituida por hombres-macho y mujeres-hembra, y cuando no corresponda a estos dos arquetipos dadores de vida y procreadores de belleza y de amor, debería simplemente quedar fuera de cualquier plan biopolítico serio. “Familia nórdica“, Wolfgang Willrich.

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Fuente: (24/06/2011 17:47 Europa Soberana #. Historia)

http://europa-soberana.blogia.com/2011/062406–homosexualidad-en-la-antigua-grecia-el-mito-se-esta-derrumbando.php

FIN////////////////////////////////////////////////////////////////

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Una respuesta to “la sexualidad en la Hélade (y V)”

  1. César Quintal Mazapanes Says:

    La existencia de un lobby gay es incuestionable. Afortunadamente está empezando a haber voces valientes que se atreven a denunciarlo abiertamente. En este sentido, las declaraciones de Monseñor Demetrio Fernández acerca de la UNESCO y su plan de homosexualización general, han puesto de manifiesto cómo la trama está intentando copar las instituciones internacionales. http://www.gabitogrupos.com/FORMACIONDELCRISTIANO/template.php?nm=1294308353

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