conocer Nuestra Historia para orientarnos

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Creo que fue un poeta quien escribió que tenía que viajar a China…para orientarse…

Yo opino que tenemos que conocer nuestra Historia…, de España y de Europa… para saber quienes somos,… a donde vamos y de dónde venimos…

Para empezar, supongo que seria buena idea comprar y leer un gran volumen de Historia de España recientemente escrito por Pio Moa y que, como era de esperar… está siendo boycoiteado… por los medios “progres” y por otros medios…

Copio del blog de Pio Moa lo siguiente:

 

En la historiografía española encontramos corrientes diversas que formulan visiones también muy distintas de nuestro pasado Una polémica famosa fue la que enfrentó a Américo Castro y a Claudio Sánchez Albornoz. Para el primero, España se había formado después de la invasión musulmana, y no como una pugna o reconquista,” sino como una básica convivencia entre las “tres culturas” (cristiana, islámica y judía). En esa combinación, los elementos realmente progresistas y propiamente cultos serían el musulmán y el hebreo, y el cristiano el más próximo a la barbarie (“La insidiosa reconquista”, la llama J. L. Cebrián). Castro llevaba su lucubración hasta explicar por la expulsión de judíos y moriscos una supuesta propensión de los españoles a la guerra civil. A la luz de los hechos históricos, estas versiones apenas merecen el calificativo de disparates. La lucha entre España y Al Ándalus fue excluyente por ambas partes. De haber ganado Al Ándalus, la península se parecería hoy al Magreb, donde la cultura cristiana y latina es arqueología; como lo es la islámica en España, aunque ahora se intenta reimplantarla desde el gobierno. Y comparado con los demás países europeos, no digamos con el norte de África, la propensión española a la guerra civil fue muy moderada, ya antes de ser expulsados judíos y moriscos. Solo en el siglo XIX hubo en España guerracivilismo.

Albornoz rebatió a Castro con mil datos y argumentos, no obstante lo cual ha sido el segundo el más influyente, debido a que era presentado con marchamo progresista. Con la misma técnica se ha presentado en tiempos recientes a stalinistas, marxistas, anarquistas, golpistas y racistas, y al mismo Stalin como defensores de la democracia en España. Estupideces evidentísimas, pero repetidas masivamente. En muchos aspectos vivimos en el reino de la estupidez programada.

Con todo, Nueva historia de España no constituye una reivindicación de Sánchez Albornoz. Este lleva su refutación a Castro demasiado lejos cuando intenta explicar gran parte de nuestra historia por una “herencia temperamental” desde siglos o milenios antes de Roma. De ahí surge, creo, una historia mítica que, además, lleva a hablar de una “España musulmana”, verdadera contradicción en los términos. Nueva historia se apoya, por el contrario, en la herencia cultural, ofreciendo una visión histórica distinta, que rebate de modo más completo teorías como las de Castro.

Por otra parte, el marxismo –a menudo en versiones groseras– ha contaminado extraordinariamente los estudios históricos en España. Y no solo los de izquierda, que siguen impertérritos con su “método”, sino también los de gran parte de la derecha, como se aprecia, por poner un caso, en la Breve historia de España, de García de Cortázar, o en sus interpretaciones de la república, la guerra civil o la era de Franco. La derecha hispana nunca hizo una crítica fundada al marxismo, y con frecuencia ha intentado integrarlo eclécticamente al lado de otros enfoques, produciendo notables batiburrillos.

También ha solido narrarse nuestra historia demasiado aparte del entorno cultural europeo, de donde han surgido, tanto en la derecha como en la izquierda, versiones extravagantes, que contrastaban una imaginaria “Europa” homogénea con una España considerada excepción negativa. Estas distorsiones se manifiestan de mil maneras en la historiografía hispana más habitual.

Otro desenfoque que afecta sobre todo a los estudios con óptica de derecha es una especie de fijación con la etapa del Siglo de Oro, interpretada de manera sumaria y a menudo retórica, de lo que deriva un victimismo proclive a explicar la decadencia como causada, ante todo, por la enemistad de potencias exteriores, cuando no de sociedades secretas. Un poco en contra todo ello está escrita Nueva historia de España, expuesta a su vez, como es natural, a la crítica.

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