Freikorps ó CUERPOS FRANCOS hacia el III Reich

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Un historiador jóven y valiente, del cual no suelen hablar los grandes medios de “in-comunicación”…, debido precisamente a que lo que escribe es muy diferente a lo que publica su pariente,  escritor y exmiembro del PCE (evidentemente nos referimos a Jorge Semprún, que utilizó el pseudónimo de Feredico Sánchez).

El autor que nos interesa  es José Semprún. Hemos conocido su  última obra “Los Cuerpos Francos, el camino al III Reich” [Freikorps] a través de dos fuentes:una es minuto digital, y la otra, es el blog de juan fernández krohn, cuyo post reproducimos seguidamente:

Habían pasado grosso modo veinticinco años sin volver a verle, pero no fallé en reconocerle desde del primer golpe de vista, al cruzarmelo ayer en plena calle, en mi primer día de estancia en Madrid de la visita de breves días que ahora inicio, y me refiero a mi viejo amigo de los tiempos de la Universidad -por más que militásemos en grupos diferentes-, José Semprún del que ignoraba (palabra) su importante obra editorial de corte histórico que descubro ahora por vez primera de ojos absortos.

José Semprún, de un increíble parecido físico -mucho mayor ahora que en los años aquellos cuando le traté- con su tío, el antiguo ministro de cultura (PSOE) Jorge Semprún del que se vio siempre situado por razones familiares además de ideológicas en el otro bando de la linea divisoria (invisible) de trincheras heredada de la guerra civil española -“la otra rama de la familia” como lo describía él ayer en nuestro breve encuentro- se ve convertido hoy, me doy cuenta ahora, en un nombre importante e insoslayable de la historiografía española políticamente incorrecta en temas siempre en ascuas como el genio militar de Franco, la historia de la guerra civil desde una óptica militar, la guerra de independencia americana desde el punto de vista -silenciado implacablemente durante dos siglos- del bando favorable a la causa de España en América y el capitulo crucial de la historia del siglo XX en el periodo de la entreguerras reservado a los cuerpos francos (frei korps), que jugarían un papel crucial en el advenimiento del III Reich y vendrían a ser fatalmente chivo expiatorio -me refiero al grueso de sus miembros y dirigentes- de la tensiones y contradicciones internas del régimen nacional socialista con ocasión de la noche de los cuchillos largos (en el 34)

Los cuerpos francos (frei korps) que dieron su nombre a las unidades de reservistas y voluntarios que hicieron frente al desmembramiento del estado prusiano/alemán tras la derrota en la Gran Guerra (del 14-18) y al estallido de la revolución bolchevique en la Unión Soviética, en fase (amenazante) de expansión puertas afuera desde el día siguiente del final de la primera guerra mundial, son punto fuerte de la literatura de corte histórico -de un innegable sello neoromántico sobre el tema- que habrá florecido durante décadas, y en las que sus protagonistas se verían invariablemente presentados bajo los trazos de héroes idealistas desarraigados y de hombres de acción sin escrúpulos y sin convicciones (fijas) a la vez, condenados a a arrastrar fatalmente el sambenito de “reprobados” y de “malditos” en la memoria colectiva y en particular en los países de lengua y cultura alemana antes y despues del 45.

Semprún que es español -como yo- y del que desconozco en principio el menor lazo de filiación o ascendencia alemana, es sin duda un claro exponente de ese interés legítimo en muchos españoles por la historia de la segunda guerra mundial y en particular del III Reich y del nacionalsocialismo, hilo conductor como lo seria, de una tareas de búsqueda e indagación sobre el tema que se vería plasmado en las útimas décadas en trabajos de innegable valor y calidad literaria innegable a la vez como la obra que aquí abordamos, y rica además en enseñanzas de la gran lección de historia universal que supondría la derrota alemana.

Los pueblos que no aprenden de la historia esta condenados a repetirla. Y es evidente que la derrota alemana encierra hoy como ayer todo tipo de moralejas y ofrece pasto inagotable a la formulación de conclusiones, tanto de orden prático como teóricas. Para no repetir los mismos errores setenta años después aunque solo sea (…)
Hace ya un rato que la historiografía de la segunda guerra mundial dejó de ser un tabú espesos en Alemania y paso a ser al contrario campo libre de de investigación por lo menos en muchos de su capítulos.

Y fue concretamente la llamada querella de los historiadores alemanes -“historikerstreit”- en los años que precedieron inmediatamente a la caída del muro, el detonante en el giro drástico y decisivo en materia historiográfica que sentaría un precedente marcando a la vez rumbos a las nuevas tendencias historiográficas en la materia, gracias al protagonismo y a la pluma de algunos hombres ilustres de la historiografía contemporánea y entre los que destacaría en particular el escritor y catedrático “emérito” (jubilado) Ernst Nolte de cuya amistad me precio desde hace ya bastantes años.

La gran polémica sobre la historia de la segunda guerra mundial a nivel académico como en el terreno de la opinión pública en la Alemania de finales de los década de los ochenta fue una batalla campal que tuvo tanto de historiográfico como de político e ideológico en el fondo, y en la que llevo a partir una lanza nada menos que el presidente de la república federal alemana entonces Von Weizsacker con una declaración retumbante -por sus partidismo, en favor de los “correctos”- justo antes de la caída del muro, tras lo que las tornas cambiaron radicalmente y lo que perecía ya una derrota cantada de los revisionistas se convertiría como por arte de magia en una resonante victoria en toda regla en contra de los primeros.

Y está claro que aquel lance crucial en la historia de la posguerra europea seria un factor decisivo en la aparición de nuevos nombres como el del amigo que aquí evoco. Semprún escribe con éxito y gran divulgación -y en buena hora- libros que no hubieran podido tener la más mínima posibilidad de ver la luz hace quince o veinte años a penas -y le hubieran valido incluso serias sinsabores- en países como Alemania, y sin duda en la mayor parte de los países europeos.

Historia y memoria son -yo diría- dos terrenos o dos “fenómenos” si se prefiere, íntimamente ligados, hermanos siameses incluso por lo inseparables (e inextricables). Y yo me voy a a permitir en este comentario a la obra sobre los cuerpos francos de mi amigo José Semprún, no digo una corrección sino un puntualización -necesaria e indispensable- al tratamiento historiográfico (tan valioso) sobre el tema que aquí estaños abordando.

Los cuerpos francos (frerikrops) fueron una creación del rey Federico II de Prusia -Federico el Buen Ladrón le llamaba Nietzsche- en la Guerra de los Siete Años, y lo constituían unidades irregulares o auxiliares (o provisionales); una especie de somatén (alemán) de los tiempos aquellos. La Guerra de los Siete Años a su vez fue el gran conflicto internacional del siglo XVIII, en suelo europeo como del otro lado del charco, y enfrentó “grosso modo” a las potencias católicas que habían sustituido (y desplazado) a España -y a nuestro Imperio- de su vieja posición hegemónica, contra las potencias protestantes aliadas “in fine” de Catalina II, emperatriz de todas las Rusias (de confesión ortodoxa)

Madre del cordero, la guerra de lo siete Años en la génesis de los grandes conflictos que se seguirían a escala internacional en los dos siglos venideros; como lo fue la guerra civil castellana (1366-1369) en la génesis de todas la guerras civiles de nuestra historia (venidera) Y en una de sus obras que contiene sustancialmente la polémica amistosa que mantuvo con el historiador francés, Francois Furet, el profesor Nolte recordaba su apego sentimental -y en el terreno de e los principios- a la causa de María Teresa de Austria y calificaba de “agresión injusta” la ruptura de hostilidades entonces por parte de Federico.

Y me ha venido todo ello a la mente -como a borbotones- a la vista de la referencia (“rarissima avis”) mencionada en libro de José Semprún sobre la batalla del monte Ana (Annaberg) -en la Alta Silesia- que libraron los cuerpos francos en contra de los polacos, y que se convertiría en hito insoslayable del martirologio nacionalista polaco del periodo de entre dos guerras por las acusaciones de practicas a las que se vería inevitablemente asociadas, de genocidio (anti-eslavo) por parte de los cuerpos francos.

Lo que traería fatalmente consigo un despertar molesto e incordiante para la otra parte es cierto- de la Memoria colectiva y no me refiero sobre todo entre polacos: Y era en la medida que para los polacos no podía menos de ver un precedente de aquello en otras viejas acusaciones polacas y en general de origen católico- remontándose a la Guerra de los Siete Años cuando las tropas de Federico II se habrían ya librado a prácticas de exterminio contra los polacos (católicos) de la Alta Silesia que formaba parte entonces del imperio (católico) de María Teresa (de Habsburgo)

Eslabón esencial de una interpretación histórica de signo polaco/nacionalista que tendría su desenlace histórico mas reciente en la insurrección anti-alemana de Varsovia de agosto del 44 que las tropas soviéticas de Stalin apostadas ya a las puertas de la villa vieron aplastar impasibles (sin mover un dedo siquiera) Y pieza indispensables desde luego, todo lo que precede, del rompecabezas que sigue representando la hostilidad secular germano/polaca para españoles.

“España libra en Europa la batalla de la unidad; la libra y a la vez la pierde” escribió proféticamente José Antonio en su ensayo “España, germanos contra bereberes”, pocas semanas antes de su muerte. Porque lo mismo que la guerra de los siete Años es insoslayable a la hora de dar una explicación convicente de la génesis histórica -en sus causas remotas, y antecedentes más o menos próximos- de la Revolución Francesa, cabe decir también que la Guerra de los Siete Años donde nacieron los cuerpos francos como acabamos de verlo mas arriba es inexplicable sin el marco geopolítico de la Europa de entonces resultante directa del desenlace de la Guerra de los Treinta Años y de la Paz de Westfalia donde España perdería hasta hoy -en la palestra de la política internacional-su hegemonía.

La derrota alemana -lo dije en mi poema “Franco y José Antonio, dióscuros del tiempo nuevo” y lo mantengo- fue una gran tragedia pero fue la suya propia antes que nada. Y en la que los españoles si se exceptua la gesta de la División Azul tuvimos poca parte de resultas de una actitud de neutralidad en concreto que se acabaría imponiendo en la España de Franco, explicable mucho más que por factores de orden coyuntural condicionantes de la política internacional del régimen de Franco en aquel momento, por otros de orden histórico remontándose a nuestra derrota mundial en la guerra de los Treinta Años. Y en esa perspectiva cabe decir la gesta de los cuerpos francos que mi amigo Semprún evoca hora se ve cuajada de lecciones en la recordación histórica (y de moralejas)

Y más aún, por obra y gacia de la distancia emocional imprencisdible que nos impone a los españoles el conflicto secular entre “las dos memorias” -Ricoeur- que desgarra la conciencia europea desde los tiempos de la guerras de religión (entre católicos y protestantes).

Nota de URANIA: ACTAS EDITORIAL, la casa que acaba de publicar el último libro de José semprún, da la siguiente reseña del autor: José Semprún, historiador, es autor de El ejército realista en la independencia america­na (Madrid, 1992); Capitanes y virreyes (Premio Ejército de Investigación 1997) (Madrid, 1999); El genio militar de Franco. Precisiones a la obra del coronel Blanco Escolá «La in­competencia militar de Franco» (Ed. Actas, Madrid, 2000); La división infernal (Madrid, 2000); Del hacho al Pirineo. El Ejército Nacional en la Guerra de España (Ed. Actas, Madrid, 2003) y Bajo la cruz del Sur. Campañas del virrey Abascal.

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Una respuesta to “Freikorps ó CUERPOS FRANCOS hacia el III Reich”

  1. Héctor Says:

    Verdaderamente estoy angustiado por no heberte conocido antes, porque eres un humanista. Defender a Hitler y a Franco te coloca entre los mas grandes hijos de puta de la actualidad. Es todo un mérito. Seguramente serás adorador de Bush, de Reagan, de los papas, de los sacerdotes católicos pederastas, etc.

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