el siniestro Rogelio Herqués Ibarreta

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Rogelio Herques Ibarreta, escritor y excomulgado, fratricida y suicida

A finales de la primavera de 1888, Rogelio Herques Ibarreta, entroncado en una acaudalada estirpe sahagunesa de origen germanoholandés, mató a su hermano Robustiano y a la esposa de este último disparando sobre ellos el cargador completo del revólver en una mansión de Montecarlo y, acto seguido, se suicidó de un tiro en la sien. En el momento del crimen, Robustiano abría una botella de champán para coronar una cena exquisita con el fratricida.

 22/02/2004 FÉLIX PACHO REYERO | texto 

EL SEPULCRO DEL DIABLO, MONUMENTO FUNERARIO DE UNA RAMA DE LOS HERQUES EN EL CEMENTERIO DE SAHAGÚN
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EL SEPULCRO DEL DIABLO, MONUMENTO FUNERARIO DE UNA RAMA DE LOS HERQUES EN EL CEMENTERIO DE SAHAGÚN

Rogelio, ex banquero de medio pelo en Nueva York, ateo militante y jugador empedernido, era autor excomulgado del libro La religión al alcance de todos (con decenas de ediciones hasta la fecha). Se han descartado los móviles pasionales que sugiere una novela de Blasco Ibáñez con arreglo a la cual Rogelio Herques habría mantenido, por añadidura, un lío de faldas con su cuñada ( El fantasma de las alas de oro , Ed. Alba, Barcelona, 1997, p. 67). Todo el mundo habla de Rogelio Herques y nadie aporta datos de su vida. Sahagún, la villa donde residía sólo a temporadas y a la que, sin embargo, se mantuvo onírica y fervorosamente unido, lo ha convertido en mito y leyenda. Los más viejos oyeron hablar de él como de un cubano millonario, dueño de la en un tiempo lujosísima y misteriosa Casa del Duende o Casa del Americano (hoy Villa Ángeles y propiedad de la familia asturiana Torre). Dicen, también en la citada localidad leonesa, que al autor de La Religión al alcance de todos lo enterraron secretamente en un monumento funerario de perfiles masónicos conocido popularmente como El Sepulcro del Diablo y erigido muy cerca de la capilla responsorial del cementerio de Sahagún, aunque no figure allí su nombre junto al de su tía Teresa Herques Ibarreta y al de dos labradores hacendados y solterones, Hipólito y Silverio Flórez Herques, primos de Rogelio y hermanos del sahagunense Pablo Flórez Herques (uno de los hombres más ricos de León en el siglo XIX). Pero retrocedamos un tanto A finales de la década de 1830, León Herques Ibarreta casa con Inocencia Navas García. De este matrimonio nacieron Robustiano, Rogelio y Luisa. Además de ejercer como abogado con despacho en Sahagún, León fue diputado provincial y nacional, magistrado en varias ciudades españolas y presidente de la Audiencia Pretorial de La Habana. El 6-12-1880 la Junta de Pensiones de Cuba declara a Inocencia Navas García su derecho a pensión de 5.000 pesetas anuales al reconocerla oficialmente viuda de León Herques Ibarreta. El causante percibía sueldo de 32.500 pesetas anuales en su último destino. Se le debe abonar a Inocencia la pensión desde el día 23-5-1880, que fue el siguiente del fallecimiento de León Herques, «mientras permanezca viuda» y con obligación de educar y sostener a su hija Luisa Emilia Herques y Navas «mientras permanezca soltera», establece la Junta de Pensiones. Luisa Herques Navas nació en Madrid el 25 de agosto de 1850 y, en 1895, ya viuda, residía también en Madrid. Si la documentación sobre León Herques no resulta abundante, la de Rogelio resulta prácticamente nula. Fernando Sánchez Gómez, vinculado por sangre y afinidad a los Herques, farmacéutico y empresario agrícola de Sahagún, archivo viviente de la villa, con más de cien años cumplidos en completa lucidez, oyó decenas de anécdotas sobre Rogelio a quienes le conocieron. -Mi padre y mi abuelo, que también fueron farmacéuticos, tuvieron mucho trato con él y contaban que era hereje y anticlerical rabioso, alto y magníficamente plantado, buen mozo, un tipo juerguista y deslenguado, disoluto, pendenciero y amante de la buena vida, generoso e independiente. A mi suegro le regaló un magnífico reloj de pared que yo conservo. Aunque viajaba de continuo, tenía su domicilio oficial en Sahagún, con una gran biblioteca a su disposición (aparte de un tercerola, eso sí, sobre la mesa de lectura), y aquí escribió el libro. Vivía de las rentas y del juego. Varias de las pinceladas de Fernando Sánchez quedan confirmadas con un vistazo a la colección de 24 espléndidas fotos de Rogelio Herques de que dispone el autor de estas líneas gracias a la gentileza de amigos de buena ley. Rogelio, vestido siempre con elegancia y leontina de oro al chaleco, no aparece casi nunca totalmente rasurado sino con un mostachón de puntas largas y raramente con barba o con chistera. Para conocer algunos aspectos biográficos y de la personalidad de Rogelio Herques, vamos a repasar su libro, utilizando concretamente la edición de CAYMI (Buenos Aires, 1958). Rogelio ha vivido en Estados Unidos, país por el que siente gran admiración (p. 21), ha estado en Roma (32) y en diversos lugares del mundo (5, 62, 134), muy particularmente en Tierra Santa (39, 112), de la que dice en una nota (64) de transcripción literal: «Nosotros hemos recorrido con los Evangelios en la mano todos los puntos principales de que en ellos se habla, y, por lo tanto, podemos hablar con perfecto conocimiento de causa.» Aunque viajero cosmopolita, conoce y estima localismos y conductas de los labradores (9, 13, 19, 90 y 96), los pares lucidos de mulas(153) y el mercado de los sábados en Sahagún (19), pueblo «donde residimos.» Se reconcome con un anticlericalismo no ya pasado de moda sino hasta arqueológico al día de hoy (90-92), se muestra como un eclesioclasta rabioso (65-86), entusiasta de la imprenta a la que llama «la palanca más poderosa de la civilización moderna» (154) y anticolonialista (los conquistadores españoles «no fueron más que carniceros de sus semejantes», 131), establece una especie de bienaventuranzas del ciudadano perfecto (145-146), entre las que figura la buena vida («haríais una buena obra comiendo bien y bebiendo vinos, si en ello teníais gusto, y mejor todavía si convidáis a vuestros amigos», 146) y se muestra bastante machista (la infidelidad matrimonial existe sólo, da la sensación, por parte de la mujer, «cuyo raciocinio es más limitado que el del hombre,» 37 y 147). R. H. Ibarreta es un ricachón que se mueve con holgura en el coche-salón de los ferrocarriles (19), sabe bien lo que es una cacería (37), y admira la de los judíos Rotschild como la mayor fortuna del mundo (78). No sabemos si Rogelio Herques era soltero, casado o divorciado, ni si tenía hijos. Tampoco sabemos si tenían hijos los asesinados, es decir el matrimonio formado por el hermano mayor y su esposa. La tradición popular de Sahagún dice que Rogelio era soltero y que el citado matrimonio no tenía hijos. El hecho de que Luisa Herques reclamase la herencia de Rogelio parece confirmar que éste no tenía descendencia. Desconocemos, no obstante, si reclamó la herencia de su hermano mayor. Aunque las más manipuladas de todo el libro (y es un aviso para navegantes, es decir para editores golfantes y oportunistas), con interpolaciones, cortes y capítulos añadidos, lo cierto es que en las premonitorias páginas finales de todas las ediciones de La religión al alcance de todos , Rogelio Herques Ibarreta justifica el asesinato y el suicidio, presintiendo o diagramando de alguna manera el desastre de Montecarlo, convertido así en un crimen de diseño. El martes 5 de junio de 1888, apareció en Journal de Monaco la siguiente nota: «Al cerrar esta edición, hemos podido saber que, ayer por la tarde, la villa Anita, en la Rousse, ha sido teatro de un drama familiar, debido a disensiones de orden puramente privado. M¿, de origen español, acababa de llegar, como de costumbre, a cenar con su hermano y su cuñada, propietarios de la villa. Cuando la criada se disponía a servir los postres, oyó varios disparos de revólver y, corriendo hacia el comedor, vio cómo el invitado hizo nuevos disparos sobre el dueño y la dueña de la mansión. La sirvienta corrió a la calle pidiendo socorro, pero el asesino, volviendo el arma contra sí mismo, se había suicidado. Los carabineros de San Román y los agentes de policía, que acudieron ante los gritos de la doncella, sólo pudieron constatar la muerte de tres personas, que fue confirmada, pocos momentos después, por el doctor Colignon». M. H. era el Sr. Herques, el fratricida, como puede comprobarse por la información publicada el martes 12 de junio, en primera página, por el mismo Journal de Monaco y que decía así: «De informes obtenidos sobre las causas del drama de familia que dimos a conocer en nuestro último número, resulta que, desde hace largo tiempo, una cuestión de intereses se movía entre los dos hermanos Herques. Los dos habían tenido a su cargo, sucesivamente, un comercio que no había conseguido buenos resultados. Según parece, el padre había entregado inicialmente los dineros para una sociedad comercial en comandita dirigida por el hijo mayor y donde el segundo no pasaba de un simple empleado. Este último reclamaba a su hermano el rembolso de una parte de los anticipos del padre, y había declarado a un testigo que si su hermano no mantenía la promesa que le había hecho de pagarle una cierta suma el lunes, le mataría. Él llevaba desde hace tiempo armas que inquietaban a su cuñada. Se puede creer que la promesa habría sido eludida, probablemente a resultas de una negativa de la señora Herques a suministrar los fondos, y que el asesino, que había hecho abundantes libaciones durante todo el día, habría ejecutado el fatal proyecto que había participado confidencialmente a su amigo M¿ Él era portador de dos puñales y de tres revólveres, de los que fueron disparados siete tiros. En la misma fecha había llegado desde Madrid una insistente demanda de dinero a la dirección del más joven de los dos hermanos». El periódico anticlerical El Motín, de Madrid, dirigido por José Nakens, amigo personal y el mayor apologeta de la obra del escritor sahagunés, no publicó ni una línea sobre la masacre de Villa-Anita. Robustiano había sido corresponsal del periódico El Día, que ni dio noticia de su muerte. El Imparcial se limitó a publicar, el 10 de junio de 1888, una nota que ya identifica al hermano mayor como Robustiano. El Liberal del 11-06-1888 recoge ampliamente la noticia del fratricidio y ofrece múltiples detalles bajo el título de «La tragedia de Montecarlo»: «Del sumario instruido resulta que Rogelio Herques había sido hace algunos años en Nueva York empleado de su hermano, que dirigía una casa de banca». «Robustiano Herques hizo liquidación de su casa en condiciones muy ventajosas, pero no sin suscitar de parte de su hermano enérgicas protestas.» «Hace tres meses llegaba a Monte-Carlo y se instalaba en el hotel, sosteniendo con su hermanos las relaciones, al parecer, más amistosas. Todos los días iba a comer a Villa-Anita, donde a menudo se entablaban discusiones relativas a la liquidación de la casa de Nueva York». «Robustiano Herques significó a su hermano que si quería vivir en buena armonía con él no se hablase más de ese asunto, y entonces Rogelio resolvió matar, no sólo a su hermano, sino también a su cuñada». «Robustiano, que sabía que Rogelio era un jugador y derrochador, había consentido en darle algunos miles de francos para obligarle a partir; pero no quería entregárselos hasta el momento de su marcha, para que no los gastase en el acto». «En el momento en que ha matado a su hermano de un tiro de revólver, éste destapaba para ofrecerle una botella de Champagne». «D. Robustiano estuvo establecido en Nueva York, al frente de una casa que hacía importantes negocios, y hará unos cinco o seis años pasó a La Habana con el cargo de director de la Compañía de gas de dicha ciudad». Rogelio había nacido, al parecer, en 1843 y Robustiano un par de años antes. Nada se sabe sobre la posible repatriación de los tres cadáveres. Las nebulosas que tapan la vera effigies de Rogelio Herques Ibarreta penetran hasta en la autoría de su obra literaria. No existió realmente ningún Rogelio Herques Ibarreta y sí existió un Rogelio Herques Navas (Rogelio Herques Navas Ibarreta Rubio) que pudo trastocar el orden de los apellidos, adoptando los dos apellidos de su padre y ninguno de la madre, al menos para firmar con seudónimo La religión al alcance de todos. El baile de cifras en cuanto a la difusión del libro de Rogelio Herques Ibarreta resulta delirante. Se habla de medio millón de ejemplares vendidos y de doscientas ediciones, la última quizás la de Júcar (Gijón, 1978). Jesús Medina Junco afirma sobre La religión al alcance de todos : «De él han corrido por España más de quinientos mil ejemplares según nuestros cálculos. En una gran factoría industrial se repartieron un día unos tres mil ejemplares de él, uno a cada obrero, según salían del trabajo». ( Espiritualismo contra marxismo , Ediciones Afrodisio Aguado, Madrid, 1940), prólogo, p. 10. Libro publicado en la recién estrenada euforia franquista del nacionalcatolicismo). Entendemos, por lo que se infiere de las notas aparecidas en El Motín, que la primera edición de La religión al alcance de todos se hace por cuenta y riesgo del autor, para repartirla como propaganda y entre los amigos, sobre todo en Sahagún. Sería la impresión de 1883. Luego vendrían las ediciones en cadena de El Motín. La edición de Maucci añade a los originales de La religión al alcance de todos unas declaraciones extemporáneas de 10 páginas densas y apretadas. Claro que se han producido reacciones de católicos extremistas ante el libro de Rogelio Herques y refutaciones como las Pedro Sala, Justo Hernández o Medina Junco y las del pastor evangélico Samuel Vila. Da la sensación de que muchos prelados e intelectuales católicos de altura no se hubieran tomado el libro demasiado en serio o lo considerasen poco más que una burda ingenuidad. En cambio, un obispo de Mallorca, José Miralles y Sbert, convocó, en 1936, un concurso para refutar el libro de Ibarreta que quedó en agua de borrajas ante la llegada de la guerra civil. El que, agrandando escándalos y haciéndose publicidad, vio enseguida excomuniones y anatemas por todas partes fue El Motín. Pero en el boletín oficial del Obispado de Toledo (Madrid aún no era diócesis y pertenecía a la de Toledo) no constan excomuniones de R. H. Ibarreta, cuya obra tampoco figura en el Index librorum prohibitorum de León XIII (1900 y 1901) ni en el de Pío XII (1948). En la presentación del libro de Rogelio Herques (pp. 3-4), el responsable de la edición de Daniel’s (Barcelona, 1987) hace ponderaciones y enjuiciamientos como los siguientes: «Sabemos perfectamente que La religión al alcance de todos no puede constituir hoy un atentado a la fe de los verdaderos creyentes que han tenido que combatir críticas mucho más acerbas y profundas. La liberalidad con que la Iglesia ha defendido sus ideas, la apertura hacia posiciones más humanas adoptadas por las autoridades eclesiásticas hacen del libro de Ibarreta más una curiosidad que un instrumento dialéctico.» El libro utiliza «una crítica que a veces roza lo pueril» y «una postura curiosa, divertida, interesante y que, lo queramos o no, forma ya parte de los clásicos que el obrero de este siglo comentaba en ardientes reuniones». ¿Son acaso acertadas las palabras de Daniel’s?

Una respuesta to “el siniestro Rogelio Herqués Ibarreta”

  1. Gutemberg Says:

    Hay que separar al autor de su obra. No se puede juzgar la calidad, así como las verdades o falsedades de un libro, por las cualidades buenas o malas de quien lo escribió. El hacerlo de esta manera es un sofisma denominado argumento ad hominem.

    Nadie dice que los escritos del Padre de la Iglesia Orígenes sean malos por el hecho de que se auto castró para evitar tentaciones sexuales. Ni que El viejo y el mar del Premio Nobel Ernest Hemingway sea una porquería por la circunstancia de que su autor se suicidara pegándose un tiro, como hizo Ibarreta.

    A la inversa, tampoco se puede afirmar que alguien sea un santo por el hecho de haber escrito maravillosos trabajos sobre ética y moral.

    Por lo anterior, el único camino para saber como es el libro La Religión al alcance de todos es leyéndolo, y no prejuzgándolo según como fue la vida de su autor.

    Podéis hacerlo en esta dirección.

    Un saludo

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