la traducción del Pater Noster sí es una ofensa…

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Todo lo que se hace o decide en las las altas instituciones del poder político  tiene que tener un objetivo, una razón, que no siempre es la que se declara.  Así por ejemplo, el gobierno “español” tiene demasiado interés en abolir la pena de muerte… incluso en tiempos de guerra… Evidentemente este detalle deja indefensa a la nación frente al espionaje del enemigo o en caso de traición a la patria…en un momento tan delicado como es la guerra. Lo interesante es que se trata de un “desarme” unilateral, pues posiblemente el Enemigo aplique, si quiere, la pena de muerte para defender sus intereses.

En un orden diferente, el religioso… hubo hace medio siglo un cambio fundamental en la traducción a lenguas vernáculas del texto latino de la oración primordial del Cristianismo. Nunca se ha explicado convincentemente el por qué tanto interés por parte de los “progresistas” de la Iglesia en traducir “debita nostra” por “nuestras ofensas”, cuando secularmente la traducción era “nuestras deudas”. Esta falta de información en explicar el por qué y para qué de la nueva traducción del “Pater Noster” sí que parece ser una ofensa o falta de respeto a los creyentes y que no se crea que se trata de una diferencia baladí… pues si es así, ¿por qué no se permite la antigua traducción?

Pedro Rizo, colaborador de “minuto digital“,  comenta este importante tema:

La misa de Pablo VI es un rito de la Iglesia, implantada universalmente durante más de medio siglo. En su rito me integro cuando la necesidad lo manda, como es el caso que cito al comienzo. Y en ella recito en español el Padrenuestro según la traducción libre que le aplicó la jerarquía española. Cosa que siempre me causa escozores de repulsión. Recuerdo haber oído en unos Ejercicios Espirituales, allá por los años 50, que los sacerdotes liberacionistas de Hispanoamérica proponían el cambio de deudas por ofensas. Pensemos que no puede ser trivial intervenir la oración emblema que el mismo Jesús nos enseñó. ¡Tocar el Padrenuestro! Sin duda algo había detrás. Algo importante para la Iglesia progre entronizada en España por sus tutores los nuncios Luigi Dadaglio y Antonio Innocenti. Desde entonces los españoles no recitan el Padrenuestro como infinidad de otros católicos; al menos no igual que los fieles de lengua inglesa o italiana.

Lo que se lee en el nuevo Canon de la Misa (Novus Ordo) es: «[…] et dimítte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;» (“[…] y perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.) Vamos, que en latín el misal nuevo dice lo siempre dicho. Pero la trampa se reservó para la traducción a las lenguas nativas. En español, y en gallego y en catalán, hemos de decir: «[…] perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Esta es una muestra más del método de “cambiar palabras para inducir pensamientos; transformar los pensamientos para influir en las voluntades”.

A la vista está que el Padrenuestro se pasó a manipular con orientación, esterilizadora de la combatividad propia del católico. Esa pólvora mojada de que no podemos hablar de Cristo a nadie porque le podemos molestar. Un pacifismo idiota que roza el escándalo en la traducción del Sanctus y su extraño “Dios del universo”, sin eco en la Escrituras donde se nos señala por partida doble al “Señor y Dios de los ejércitos”. El propósito oculto en la misa nueva era debilitar la fuerza educadora de la liturgia católica forzándola hacia objetivos sectarios, paradójicamente llamados ecuménicos. Porque conformarse en no ofender induce un espíritu de rácana pasividad, de dejar hacer y, por el contrario, las deudas implican una conciencia constructiva global. Con la nueva fórmula se nos propone el falso pacifismo del “yo no ofendo y déjenme en paz”, en sustitución del sentido de deuda que nos enseña “lo-que-debemos-hacer”.

Pero las ofensas son sólo ofensas e, incluso, puede haber quien crea – muchísimos – jamás haber ofendido a nadie. Incluso es al revés, tendemos a creer que hemos sido ofendidos. Pero “las deudas” del Padrenuestro, por el contrario, señalan un campo universal de actitudes pro-activas hacia el prójimo. Porque deudas las hay de todo tipo. No se limitan al perdón de una ofensa. Aparte de las de dinero, que cuentan pero, como decía San Agustín, no son tan importantes, hay muchas otras deudas. Como las de amor, de socorro, de compañía, de fidelidad a una promesa, de lealtad frente a toda justificación de huida. Lo son las de gratitud a quien nos ayudó algún día, las de humildad para aceptar nuestra inclinación al pecado. Las huidizas de la propagación del Evangelio, las de perdón a quien nos hirió, las de amistad buscada y las de amistad acogida. Deudas infinitas en horas y en detalles. Y, entre todas, las de estado, deber tantas veces abandonado por disculpa de elevadas miras que encubren simple vagancia o cobardía. Y la más importante de todas las deudas, por la que tenemos tanto que rogar a Dios: la de luchar contra nuestro acorchamiento interior que le entierra en la rutina de una religión simplemente social, convencional, ética…

La enseñanza del Padrenuestro es que la perfección cristiana se condensa en un camino de preciosas deudas. No es solamente el frío humanismo de los masones de no ofender para no ser ofendido sino, principalmente, el amar por Dios a todo lo que sin Él sería miserable. Las deudas con Dios, a través de lo que nos rodea, y siempre con respecto a nuestra relación con Él, son permanentemente reconocibles y abarcan la vida entera. Pero las ofensas al prójimo, y no digamos a Dios, son casi siempre confusas, difíciles de reconocer. Y siendo tan espinoso su reconocimiento todas las ambigüedades se hacen posibles. De nuevo en este cambio se enfrentan dos actitudes: la cómoda conciencia del fariseo y la humildad realista del publicano. Por cierto, curiosa casualidad es que en las misas del nuevo Padrenuestro se esté delante del Señor de pie, como el fariseo orgulloso, siendo su publicidad la de la llaneza. A la vista está que somos llanos en función de rebajar a Dios su majestad y situarnos iguales a Él en dignidad.

Cuando en su día se explicaron las traducciones alguien apuntó que serían gran remedio contra el “espíritu levantisco” de los españoles. Una mentecatez. La razón intrínseca era la nueva religión del hombre.

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8 comentarios to “la traducción del Pater Noster sí es una ofensa…”

  1. León Riente Says:

    La deriva tomada por la Iglesia Católica a partir del Concilio Vaticano II ha sido desastrosa y de consecuencias muy negativas para ella misma. Parece la labor de unos infiltrados (marxistas, por ejemplo) ajenos a su tradición y con intereses muchas veces inconfesables en subvertir lo mejor de esta tradición.
    Tarde o temprano los frentes tendrán que ir definiéndose, eso es seguro. Y este asunto no será ajeno a este proceso.

  2. eduardo Says:

    El cambio realizado en la oración más emblemática del catolicismo, efectuado luego de cerca de 2000 años manteniendo un contenido ajustado a la traducción resulta incomprensible excepto para quienes como los curas progresistas por no decir abiertamente marxistas que tuvieron un particular ionterés en la modificación.

    Cabe señalar que los términos “deudas” y “ofensas” NO SON SINÓNIMOS y que su sentido y aplicación para inducir pensamientos resulta marcadamente diferente.

    En síntesis puede asegurarse que el cambio introducido en esa oración NO FUE CASUAL NI OBEDECE A ALGO BANAL, pues de ser así ¿para qué el cambio? Más aún sabiendo sobradamente que el término “deudas” es el que se ajusta a la traducción y así se mantiene en griego, latín, italiano e inglés y sólo se aplica el cambio por “ofensas” en español, catalán y gallego..

    Las casualidades en asuntos tan importantes NO EXISTEN y sería de particular interés conocer quienes propusieron el cambio, como lo sustentaron y quien aprobó esa medida, si no la próxima vez introducirán otro cambio en el Padre Nuestro o en el Ave María.

    Cabría pensar en u.na influencia de carácter masónico en esa medida

  3. tresmontes Says:

    tiene usted mucha razón… no son palabras sinónimas y desde luego, supongo que la clave en substituir “perdona nuestras DEUDAS así como nosotros perdonamos a nuestros DEUDORES” está en que, con esta oración nos inducen a comulgar con las ruedas de molino del PACIFISMO, ideología que nos desarma frente a todo tipo de enemigos e invasores exteriores. Así… si decimos que “perdonamos a quienes NOS OFENDEN”, resulta que ya no podemos resistir o contraatacar a quienes nos agreden, es decir ofenden… y caémos en pasividad e indiferentismo moral. Por otra parte, pretender que nosotros OFENDEMOS a Dios es casi una petulancia y soberbia… En realidad nosotros no tenemos tanta altura como para ofender a Dios… Tenemos sí obligaciones, es decir deudas hacia Él, deudas de agradecimiento y en reparación por nuestras culpas… Pero, como suele decirse, no ofende quien quiere sino quien puede…
    Y respecto a los enemigos exteriores, es decir auténticos Enemigos públicos de la Cristiandad no tenemos obligación de perdonar siempre sus ofensas. Es distinto en cuanto a enemigos privados, a quienes podemos perdonar sus DEUDAS u obligaciones que tengan hacia nosotros porque nos deban algo… pero no siempre tenemos ni podemos perdonar a quien nos ha “OFENDIDO”, aunque sí podemos hacerlo siempre que su crimen no sea `perseguible por la justicia al margen de nuestro perdón… Por ejemplo: el asesinato de un hijo, de un padre, etc… Podemos perdonar… pero eso no impide que tomemos medidas de defensa e incluso de contraofensiva…
    Creo que está claro que los “curas” de la “teología de la liberación” y lois pacifistas en general querían introducir un mensaje de lo que ahora se llama “buenismo” del tipo ZP en “alianza de civilizaciones”.

  4. tyewywty Says:

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  5. Cecilia Says:

    Buscando información en internet del cambio del término “deuda” por “ofensa”, me topé con este artículo. Pues a Uds. españoles les ha parecido una cosa MUY DISTINTA que la lectura que se hace en latinoamérica. Es justamente en los años 80 cuando la ILEGÍTIMA DEUDA externa de nuestros países trepó a cifras imposibles, que a nuestra iglesia, motivada quizás por intereses ajenos, que se le ocurrió cambiar el término “deuda” por “ofensa”, no vaya a ser que millones rezando “perdona nuestras deudas” ofendieran a nuestros acreedores y crearan la conciencia de la IRREGULARIDAD de la deuda que nos es exigida. Lamento por lo tanto contradecirlos absolutamente, pero como “origen” del cambio en la Argentina, en el 80, creo que mi explicación es más plausible que la vuestra.!

  6. Cristian Says:

    El comentario de Cecilia es impecable. Creo que los españoles pueden quedarse tranquilos que no tiene nada que ver con un avance de progresistas, sino todo lo contrario, un avance del conservadurismo para hacer a la Iglesia mas eficaz como institucion politica de control social.

  7. Anónimo Says:

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