EL AGUILA DESTRONADA DE BERLIN

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En el barrio berlinés de Tiergarten se alza la Embajada de España….De sus tres fachadas han sido desalojadas las tres imponentes  Aguilas que adornaban sendos escudos de España.  Estos escudos han sido desmontados y ahora, sólo en la fachada principal hay  un escudo de España, sin el Águila y lamentablemente no muy acorde con el estilo arquitectónico del edificio. Coronando una amplia terraza había un escudo monumental con majestuosa Aguila, y sobre ella la leyenda “Una, Grande, Libre”, y a sus pies el Yugo y las Flechas de los Reyes Católicos. Parece como si el afán iconoclasta, destructivo y nada respetuoso con el arte y la historia, hubiera renacido. La historia y la leyenda envuelven este edificio del estilo llamado neoclasicismo prusiano, que comenzó a construirse el 15 de diciembre de 1938, según un proyecto de los hermanos Walter y Johannes Krúger.  Estos alumnos del jefe de la Dirección General de construcciones del Reich, Albert Speer fueron asesorados por el español Pedro de Muguruza, arquitecto del Ministerio de Exteriores del Gobierno de Burgos.  El solar de la obra fue una compensación por la pérdida del lujoso palacio de la Tiele-Wmckler, la anterior Embajada de España, expropiada por las autoridades nazis para realizar sus planes urbanísticos. El Gobierno alemán creó un “barrio diplomático prometió correr con los gastos.La obra se prolongó más de lo previsto. En octubre de 1939 tuvo que ser paralizada por falta de mano de obra y de materiales de construcción y de hierro, necesario para la guerra. Por fin, el 15 de febrero de 1943, el edificio fue entregado al embajador Ginés Vidal y Saura.El inmueble no llegó a tener una vida plena. En junio de 1943, `Vidal y Saura se quejaba al ministerio de la falta de muebles y cortinas que le iban a impedir recibir a la colonia española para celebrar la fiesta del Dieciocho de Julio, según cuenta la historiadora María Ocón. Como el Reich ya no podía atender sus compromisos económicos, el arquitecto Muguruza se desplazó a Berlín y con ayuda de obreros españoles reparó los muebles de la antigua embajada y los instaló en la nueva. Apenas nueve meses después de su estreno, los bombardeos aliados del 23 y el 24 de noviembre de 1943 destruyeron gran parte de la zona administrativa. El edificio, parcialmente clausurado, continuó funcionando como sede diplomática hasta la entrada de los soviéticos en Berlín.En la posguerra, fue saqueado y su estado era ya lamentable cuando el mando aliado entregó la administración del distrito al alcalde del Gran Berlín, en septiembre de 1949.En las cercanías de la Embajada, pacen los antílopes de la sección africana del zoológico. Y al otro lado de la calle, el café Am Neuen See. Este local se alza en el exterior de uno de los muchos bunkeres que perforan Berlín. También la embajada tiene su búnker de sólidas puertas de hierro.

En 1961, el Gobierno español instaló un consulado y la vivienda del cónsul en una de las alas. Enrique Iranzo, que fue cónsul en Berlín entre 1988 y 1992 compara la relación entre el espacio que él ocupaba y el resto del conjunto fantasmal con la relación entre el “consciente” y el “subconsciente”. “En el consciente yo vivía y trabajaba, y en el subconsciente anidaban los murciélagos y crecían los champiñones en la oscuridad”.

La necesidad de salvaguardar los edificios representativos de la época nazi que quedan en pie es hoy parte de la política municipal berlinesa. Por esta razón, el Senado se resistió a aceptar la total destrucción del interior del edificio. El órgano administrativo del Senado para la conservación del patrimonio arquitectónico (Denkmlschutz) se ha resignado ante el proyecto de remodelación del edificio. Sin embargo, los impactos de bala y metralla que acribillan los muros se mantendrán con carácter testimonial

Quedan los detalles, las decenas de reliquias que van a ser salvadas y que en parte se reciclarán en la nueva construcción. Los fragmentos recogidos por orden de los responsables de la conservación del patrimonio arquitectónico van desde estucados de paisajes españoles hasta alta tecnología alemana de los cuarenta (marca Siemens): el motor del aire acondicionado, los interruptores y el cuadro general de electricidad.

En el tejado, Ricardo López cree haber detectado los cimientos de un puesto de ametralladora. En el jardín se ha detectado un claustro, copia de otro del siglo XV, pero aún seguía allí una estatua de la Virgen. En el interior, una capilla de mosaico decorada con el Espíritu Santo. Estas piedras, hablan de una época, que a lo sumo, será una pincelada en un proyecto de otra bien distinta.

En al terreno de 3.400 metros cuadrados que España recibió en el Tiergarten a cambio del palacete de Tiele-Winckler fue resultado de la expropiación de cuatro parcelas pertenecientes a varios ciudadanos que residían en aquel elegante barrio, según la historiadora María Ocón, que hizo una tesis de licenciatura sobre la embajada y ha publicado varios trabajos sobre ella.

En muchos casos, las expropiaciones para construir el “barrio diplomático” de Berlín afectaban a judíos, obligados a vender sus propiedades a la municipalidad y, en última instancia, al Reich, explica Ocón, que es profesora en la Universidad Libre de Berlín. Las expropiaciones eran reguladas por una ley, promulgada en octubre de 1937. Otra ley, de diciembre de 1938, regulaba la venta y apropiación del patrimonio judío. Los propietarios de las fincas del “barrio diplomático”, eran en muchos casos judíos, señala Ocón, según la cual para indemnizarles, o bien se les ofreció otro terreno o una suma de dinero. Para las nuevas medidas de planificación urbanística de Berlín iban a destruirse 7.964 viviendas de propietarios judíos, dice Ocón, citando un documento de abril de 1941.

El 1 de marzo de 1938, el jefe del protocolo del Ministerio de Negocios extranjeros del Reich, Bülow-Schwante, se dirigió al entonces embajador de España, Antonio Magaz, para ofrecerle las cuatro parcelas. El 5 de marzo, contestó a Bülow-Schwante y le informó que habla inspeccionado los terrenos y agradecía la superficie asignada. El decreto que creaba el barrio diplomático de Berlín se promulgó el 19 de marzo de 1938.

 

 

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