“BUSCANDO A HELGA” (¿ficción ó realidad?)

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Guzmán desayuna en  una cafetería que le trae gratos recuerdos. Allí conoció a una mujer jóven, treinta años, de aspecto distinguido y rasgos nórdicos.”  …Han transcurrido ya tres años y ha comprobado que su aparición su vida significó un cambio de rumbo… Como si se le hubiese aparecido un angel –aunque un angel que fue algo cruel — descubrió desde entonces que el ideal de su vida, la cosmovisión, los valores, la verdad, belleza y nobleza por la que él había luchado toda su vida, estaban encarnados en  (por lo menos, en su imaginación) aquella jóven y bella mujer…

Es muy sorprendente la forma como intimaron… La había visto, desde la distancia de unas tres mesas, tomar café y leer el periódico… Era, pensó, la clásica turista nórdica –rubia y con ojos azules– con aspecto intelectual…aunque no usaba gafas..

Pasaron algunos días…, como muchas tardes, hacia las 18 horas, un día laborable, como otro cualquiera, Guzmán tomó el metro en la plaza de Castilla, para dirigirse al centro….. Como es habitual en él, iba hojeando una revista o periódico para leer en el trayecto… Atento a la lectura no reparó en las personas que junto a él, entraban en el vagón del tren… Tomó asiento y tuvo una grata sorpresa… cuando descubrió que a su derecha… estaba sentada la nórdica e interesante dama que había visto en la cafetería, y también leyendo…su habitual  “El País”… Cómo era inevitable, en este encuentro diría que predestinado, la saludó y le dijo que la había visto en varias ocasiones… Le comentó algo trivial acerca del diario que tenía ella en las manos y de la prensa en general, aprovechando para presumir de ser  un “veterano periodista”… y que su experiencia le había enseñado que la prensa sólo “trae tres noticias verídicas: la fecha, el título y el precio… y a veces se equivocan en la fecha…”.

Ella resultó ser muy receptiva… Le dijo su nombre…  ¿Helga!, exclamé, “Bravo!”… y añadió su nombre, a modo de presentación: “Guzmán …” Y sin pausa, le explicó que “Helga” es nombre de origen germánico y que en ruso se dice “Helge”. “Significa…Sublime, santa…”. Esta vez Guzmán dijo su nombre verdadero, aunque tenía la vieja y metódica manía de decir cualquier nombre más sonoro y evocador que el suyo, tal como Alejandro, Julio, etc…,

Y para darse aires de persona aventurera, añadió:  —“En mi época de universitario, yo había adoptado el nombre de Kalininger…(Kafka+Lenin+Heisenberg), pero esto es otra historia…”

Inmediatamente, en el escaso tiempo de media hora, ya estaban hablando de lo divino y de lo humano… Helga y Guzman, realmente cierto, tenían previsto apearse en la misma estación de metro, “Iglesia”.

Salieron a la calle… y Guzmán acompañó a Helga por la calle Eloy Gonzalo hasta la esquina con calle Trafalgar…Guzmán pensaba que era obligado no despedirse sin intercambiar los teléfonos…pero no se atrevió …Y,  estaba decidido a no dejar escapar la ocasión de trabar amistad con una mujer tan excepcional… Ella no aceptó la invitación de tomar una cerveza  en algún bar…, porque  dijo tener prisa,  pues tenía que escribir unas cartas…

Helga dijo que vivía sola….

Finalmente , quedaron en que el sábado siguiente…se verían  a las 11 en la cafetería…de Quevedo. Guzmán entendió, por el tono de la voz y por la mirada que la promesa de cita por parte de ella era  sincera. Espontáneamente, tras darse la mano para despedirse, se  dieron un besito en las mejillas… (¡Guzmán pensó la ironía de la situación –el hecho de los besitos–que él mismo había juzgado cómica!)

Guzmán continuó su camino hacia la glorieta de Quevedo, donde se debería encontrar con un amigo, Adrián, que le estaba iniciando en el complejo mundo de la especulación bursátil… (compras y ventas a crédito, futuros, etc)… Se habían conocido en una conferencia del acreditado especialista en Bolsa y catedrático,  Alfredo Sanz.  Por cierto que Guzmán tenía una cierta admiración por dicho profesor, de quien tenía noticia a través de Radio Intereconomía, y que le había sorprendido al no tener inconveniente en citar, ante sus alumnos,  el libro, tan denostado, de “Los protocolos de los Sabios de Sión” para dar una idea de por donde se ubica el poder del dinero “que mueve el mundo”. Guzmán había leído varias obras del historiador francés Henry Coston, un nombre casi clandestino y desconocido en el entorno de los ingenuos y conformistas que se  creen todo lo que dicen los medios de comunicación.  Guzmán sabía del tema más incluso que el profesor y catedrático.

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Así empieza este relato…   que continuará en Abril  de 2008, en IRANIA

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